• “— ͓̽T͓͓̽̽e͓͓̽̽n͓͓̽̽g͓͓̽̽o͓̽ ͓̽e͓͓̽̽x͓̽a͓͓̽̽c͓͓̽̽t͓̽a͓͓̽̽m͓͓̽̽e͓͓̽̽n͓͓̽̽t͓͓̽̽e͓̽ ͓̽5͓̽,͓̽7͓͓̽̽6͓͓̽̽5͓̽ ͓̽h͓͓̽̽i͓͓̽̽j͓͓̽̽o͓͓̽̽s͓̽ ͓̽y͓̽ ͓̽y͓̽a͓̽ ͓̽s͓̽a͓͓̽̽l͓͓̽̽u͓͓̽̽d͓͓̽̽e͓̽ a͓̽ ͓̽u͓͓̽̽n͓͓̽̽o͓̽… ͓̽S͓͓̽̽o͓͓̽̽l͓͓̽̽o͓̽ ͓̽m͓͓̽̽e͓̽ ͓̽f͓̽a͓͓̽̽l͓͓̽̽t͓̽a͓͓̽̽n͓̽ ͓̽5͓̽,͓̽7͓͓̽̽6͓͓̽̽4͓̽ ͓̽m͓̽a͓͓̽̽s͓̽, ͓̽p͓̽a͓͓̽̽n͓̽ ͓̽c͓͓̽̽o͓͓̽̽m͓͓̽̽i͓͓̽̽d͓͓̽̽o͓̽!”
    “— ͓̽T͓͓̽̽e͓͓̽̽n͓͓̽̽g͓͓̽̽o͓̽ ͓̽e͓͓̽̽x͓̽a͓͓̽̽c͓͓̽̽t͓̽a͓͓̽̽m͓͓̽̽e͓͓̽̽n͓͓̽̽t͓͓̽̽e͓̽ ͓̽5͓̽,͓̽7͓͓̽̽6͓͓̽̽5͓̽ ͓̽h͓͓̽̽i͓͓̽̽j͓͓̽̽o͓͓̽̽s͓̽ ͓̽y͓̽ ͓̽y͓̽a͓̽ ͓̽s͓̽a͓͓̽̽l͓͓̽̽u͓͓̽̽d͓͓̽̽e͓̽ a͓̽ ͓̽u͓͓̽̽n͓͓̽̽o͓̽… ͓̽S͓͓̽̽o͓͓̽̽l͓͓̽̽o͓̽ ͓̽m͓͓̽̽e͓̽ ͓̽f͓̽a͓͓̽̽l͓͓̽̽t͓̽a͓͓̽̽n͓̽ ͓̽5͓̽,͓̽7͓͓̽̽6͓͓̽̽4͓̽ ͓̽m͓̽a͓͓̽̽s͓̽, ͓̽p͓̽a͓͓̽̽n͓̽ ͓̽c͓͓̽̽o͓͓̽̽m͓͓̽̽i͓͓̽̽d͓͓̽̽o͓̽!”
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  • —Siguen molestando... Bueno tendré que darle a esas bestias una pequeña lección.
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  • metal te mira amenazadoramente y se acerca con intenciones de atacar mientras el lugar donde se encuentran ambos se empieza a prender fuego
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  • — Durante una tormenta, un rayo púrpura cayó en el templo, estaba cubierto de sangre y con plumas por cuerpo. Pensé que era un animal salvaje y estaba por acabar con su sufrimiento cuando de esa masa salió un hombre con el cabello del atardecer. Premonición o no , ya se había establecido una leyenda de su llegada, es todo lo que puedo decirte. Bran no lo recuerda parece estar bajo un hechizo. Pero pronto lo haré bajar y que visite a su familia, deben saber que siempre estuvo destinado a estar conmigo. Solo espero que su familia lo acepte.

    — Durante una tormenta, un rayo púrpura cayó en el templo, estaba cubierto de sangre y con plumas por cuerpo. Pensé que era un animal salvaje y estaba por acabar con su sufrimiento cuando de esa masa salió un hombre con el cabello del atardecer. Premonición o no , ya se había establecido una leyenda de su llegada, es todo lo que puedo decirte. Bran no lo recuerda parece estar bajo un hechizo. Pero pronto lo haré bajar y que visite a su familia, deben saber que siempre estuvo destinado a estar conmigo. Solo espero que su familia lo acepte.
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  • [ Resumen Rol Isla. 1ª Parte.]

    La noche en París era húmeda y silenciosa, solo el eco de las botas de Darküs retumbaba en los callejones empapados. Patrullaba como siempre, cazando demonios que se arrastraban en la oscuridad. Quería eliminar a los máximos posibles antes de su luna de miel, un regalo de paz para Isla. Llevaba ya cinco cadáveres en su haber cuando escuchó un taconeo detrás de él.

    Frunció el ceño al girar y ver la figura de su prometida. Los mismos gestos, la misma voz, pero no el mismo perfume. Su instinto se tensó. Ella se había quedado en el hotel descansando.

    —¿Qué haces aquí? —gruñó, desconfiando.

    Ella sonrió y se inclinó hacia él. Los labios lo rozaron, pero no hubo chispa, no hubo el cosquilleo que conocía de memoria. Antes de que pudiera reaccionar, sintió el ardor de grilletes de plata cerrándose en sus muñecas y tobillos. La carne chisporroteaba bajo el metal. La mujer que tenía delante sonrió y lo golpeó haciéndole perder el conocimiento.

    Cuando despertó, estaba encadenado, débil, y frente a él, la criatura disfrazada de la mujer que amaba. Su voz era cruel, venenosa.

    —Siempre me han fascinado los perros orgullosos —susurró, lamiendo sus labios prestados—. Los que creen que nunca se arrodillarán.

    Darküs apretó los dientes, la sangre corriéndole por la boca.

    —Te disfrazas de ella porque sabes que es mi debilidad… —gruñó.

    La súcubo rió, cruel, acercándose aún más.

    —No, me disfrazo porque quiero que confundas el amor con la rendición. Quiero ver en tus ojos el momento exacto en que dejas de resistir.

    La mente de Darküs se quebraba poco a poco. Encadenado, debilitado, incapaz de defenderse, fue forzado a ceder. Su alma se sintió mancillada, rota, y humillado como si hubiera traicionado todo lo que era. Y sucumbió sintiéndose culpable y débil.

    Isla, guiada por un presentimiento feroz, corrió por las calles hasta dar con él. El vínculo la guiaba, el dolor en su pecho confirmaba lo que temía. Y cuando lo encontró, encadenado y humillado, algo en ella explotó.

    La loba tomó el control, lanzándose contra la súcubo con furia salvaje. Ambas rodaron por el suelo, y los colmillos de Isla desgarraron la carne hasta arrancar la verdadera forma del demonio. La súcubo chillaba con un grito antinatural, pero nada pudo detener la furia de una loba protegiendo a su pareja. Isla hundió sus garras en su torso hasta escuchar los huesos quebrarse y finalmente arrancó su cabeza.

    Cubierta de sangre y jadeando, giró hacia él. Lo vio encadenado, respirando como un animal moribundo, la piel marcada por la plata, los ojos velados por el dolor y la vergüenza. Se lanzó a su lado, tirando de las cadenas con colmillos y garras, aun cuando el metal le quemaba la piel.

    —No… —gruñó él débilmente, negándose—. Déjame… no merezco…

    Pero Isla ignoró su suplica. Entre gemidos de dolor y sangre, logró romper un eslabón, y él, forzando su último aliento, tiró también. El metal cedió. Darküs cayó contra ella, inconsciente, derrotado, con la mirada rota de alguien que sentía que lo había perdido todo.

    Fue entonces cuando la luz llenó la habitación. Apolo descendió, dorado y terrible, su sola presencia obligando a Isla a entrecerrar los ojos. Ella abrazó a Darküs con desesperación, cubriéndolo con su cuerpo, como si temiera que la luz lo arrancara de sus brazos.

    —¡No lo dejes morir! —suplicó entre sollozos—. Te lo ruego, no se merece este final.

    Apolo la observó en silencio antes de hablar con voz solemne.

    —No debiste transformarte en tu estado. Has puesto en riesgo la vida de tu hijo. El equilibrio exige un precio. Decide: tu hombre… o el niño que llevas en el vientre.

    (Continuará....)
    [ Resumen Rol Isla. 1ª Parte.] La noche en París era húmeda y silenciosa, solo el eco de las botas de Darküs retumbaba en los callejones empapados. Patrullaba como siempre, cazando demonios que se arrastraban en la oscuridad. Quería eliminar a los máximos posibles antes de su luna de miel, un regalo de paz para Isla. Llevaba ya cinco cadáveres en su haber cuando escuchó un taconeo detrás de él. Frunció el ceño al girar y ver la figura de su prometida. Los mismos gestos, la misma voz, pero no el mismo perfume. Su instinto se tensó. Ella se había quedado en el hotel descansando. —¿Qué haces aquí? —gruñó, desconfiando. Ella sonrió y se inclinó hacia él. Los labios lo rozaron, pero no hubo chispa, no hubo el cosquilleo que conocía de memoria. Antes de que pudiera reaccionar, sintió el ardor de grilletes de plata cerrándose en sus muñecas y tobillos. La carne chisporroteaba bajo el metal. La mujer que tenía delante sonrió y lo golpeó haciéndole perder el conocimiento. Cuando despertó, estaba encadenado, débil, y frente a él, la criatura disfrazada de la mujer que amaba. Su voz era cruel, venenosa. —Siempre me han fascinado los perros orgullosos —susurró, lamiendo sus labios prestados—. Los que creen que nunca se arrodillarán. Darküs apretó los dientes, la sangre corriéndole por la boca. —Te disfrazas de ella porque sabes que es mi debilidad… —gruñó. La súcubo rió, cruel, acercándose aún más. —No, me disfrazo porque quiero que confundas el amor con la rendición. Quiero ver en tus ojos el momento exacto en que dejas de resistir. La mente de Darküs se quebraba poco a poco. Encadenado, debilitado, incapaz de defenderse, fue forzado a ceder. Su alma se sintió mancillada, rota, y humillado como si hubiera traicionado todo lo que era. Y sucumbió sintiéndose culpable y débil. Isla, guiada por un presentimiento feroz, corrió por las calles hasta dar con él. El vínculo la guiaba, el dolor en su pecho confirmaba lo que temía. Y cuando lo encontró, encadenado y humillado, algo en ella explotó. La loba tomó el control, lanzándose contra la súcubo con furia salvaje. Ambas rodaron por el suelo, y los colmillos de Isla desgarraron la carne hasta arrancar la verdadera forma del demonio. La súcubo chillaba con un grito antinatural, pero nada pudo detener la furia de una loba protegiendo a su pareja. Isla hundió sus garras en su torso hasta escuchar los huesos quebrarse y finalmente arrancó su cabeza. Cubierta de sangre y jadeando, giró hacia él. Lo vio encadenado, respirando como un animal moribundo, la piel marcada por la plata, los ojos velados por el dolor y la vergüenza. Se lanzó a su lado, tirando de las cadenas con colmillos y garras, aun cuando el metal le quemaba la piel. —No… —gruñó él débilmente, negándose—. Déjame… no merezco… Pero Isla ignoró su suplica. Entre gemidos de dolor y sangre, logró romper un eslabón, y él, forzando su último aliento, tiró también. El metal cedió. Darküs cayó contra ella, inconsciente, derrotado, con la mirada rota de alguien que sentía que lo había perdido todo. Fue entonces cuando la luz llenó la habitación. Apolo descendió, dorado y terrible, su sola presencia obligando a Isla a entrecerrar los ojos. Ella abrazó a Darküs con desesperación, cubriéndolo con su cuerpo, como si temiera que la luz lo arrancara de sus brazos. —¡No lo dejes morir! —suplicó entre sollozos—. Te lo ruego, no se merece este final. Apolo la observó en silencio antes de hablar con voz solemne. —No debiste transformarte en tu estado. Has puesto en riesgo la vida de tu hijo. El equilibrio exige un precio. Decide: tu hombre… o el niño que llevas en el vientre. (Continuará....)
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  • —Las deudas y las facturas pueden esperar, ¡Me he comprado un caballo!

    El caballo relinchó, y ella acarició el hocico del animal con una ternura muy inusual en ella.

    —Me miró. En el corral, entre todos los demás. ¡Este ser entiende el Caos, y además le caigo muy bien, estoy segurísima de eso!

    Kazuha cree que el caballo la eligió porque reconoció su magia y poder, y claro que eso halaga su ego monumental. Claro que tampoco pensó en los costos de mantenimiento, ni en el veterinario, ni en el esfuerzo de criar un caballo. ¿Pero por qué se preocuparía por detalles aburridos cuando el universo le envía un alma que parece comprender la suya?
    —Las deudas y las facturas pueden esperar, ¡Me he comprado un caballo! El caballo relinchó, y ella acarició el hocico del animal con una ternura muy inusual en ella. —Me miró. En el corral, entre todos los demás. ¡Este ser entiende el Caos, y además le caigo muy bien, estoy segurísima de eso! Kazuha cree que el caballo la eligió porque reconoció su magia y poder, y claro que eso halaga su ego monumental. Claro que tampoco pensó en los costos de mantenimiento, ni en el veterinario, ni en el esfuerzo de criar un caballo. ¿Pero por qué se preocuparía por detalles aburridos cuando el universo le envía un alma que parece comprender la suya?
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  • Pesadilla de Eliana

    La habitación estaba a oscuras, salvo por la luz tenue de la pantalla del celular. Un mensaje brillaba entre las gotas de agua que no debía estar ahí: “I miss you”. Las letras parecían sangrar en cada parpadeo, repitiéndose una y otra vez en su mente como un eco que no la dejaba respirar. El nombre del remitente se borraba y reaparecía, deformándose hasta convertirse en la figura de su padre, alejándose entre sombras.

    Eliana intentaba escribir una respuesta, pero sus dedos temblaban y el teclado se deshacía como ceniza. La pantalla se quebró en mil pedazos, reflejando sus propios ojos apagados, vacíos.

    De pronto, el sonido metálico la envolvió. Cadenas pesadas emergían del suelo, serpenteando como serpientes oxidadas. Se enredaban en su cuello, en sus muñecas, en su pecho. Cada eslabón llevaba grabado un recuerdo: la sonrisa de Sain cubierta de sombras, la silueta de su madre llorando, el rostro severo de su padre dándole la espalda.

    Ella gritaba, pero la voz no salía. Solo un humo negro escapaba de sus labios.

    La Diosa de la Vida estaba atrapada en cadenas que no podía romper. Su poder se descontrolaba en destellos verdes, pero lejos de sanar, marchitaba todo lo que tocaba: sus manos convertían las flores en polvo, su respiración quemaba el aire, su corazón latía con un veneno que no reconocía.

    El dolor se mezclaba con un placer extraño. Pastillas caían del cielo como lluvia, estallando en luces que la cegaban. Eliana las tragaba sin pensar, buscando silencio, buscando olvidar. Pero en vez de calmarla, la arrastraban más profundo al abismo, donde los susurros de su hermano la acusaban, y la figura de su padre se alejaba para siempre.

    Las cadenas se tensaron hasta quebrar sus huesos, y en el último instante, Eliana alcanzó a ver su propio reflejo en la oscuridad: no era la diosa de la vida… era una sombra rota, consumida por los excesos, incapaz de salvarse siquiera a sí misma.

    Y cuando abrió los ojos, empapada en sudor, las marcas de las cadenas seguían rojas en su piel.


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    🌑 Pesadilla de Eliana 🌑 La habitación estaba a oscuras, salvo por la luz tenue de la pantalla del celular. Un mensaje brillaba entre las gotas de agua que no debía estar ahí: “I miss you”. Las letras parecían sangrar en cada parpadeo, repitiéndose una y otra vez en su mente como un eco que no la dejaba respirar. El nombre del remitente se borraba y reaparecía, deformándose hasta convertirse en la figura de su padre, alejándose entre sombras. Eliana intentaba escribir una respuesta, pero sus dedos temblaban y el teclado se deshacía como ceniza. La pantalla se quebró en mil pedazos, reflejando sus propios ojos apagados, vacíos. De pronto, el sonido metálico la envolvió. Cadenas pesadas emergían del suelo, serpenteando como serpientes oxidadas. Se enredaban en su cuello, en sus muñecas, en su pecho. Cada eslabón llevaba grabado un recuerdo: la sonrisa de Sain cubierta de sombras, la silueta de su madre llorando, el rostro severo de su padre dándole la espalda. Ella gritaba, pero la voz no salía. Solo un humo negro escapaba de sus labios. La Diosa de la Vida estaba atrapada en cadenas que no podía romper. Su poder se descontrolaba en destellos verdes, pero lejos de sanar, marchitaba todo lo que tocaba: sus manos convertían las flores en polvo, su respiración quemaba el aire, su corazón latía con un veneno que no reconocía. El dolor se mezclaba con un placer extraño. Pastillas caían del cielo como lluvia, estallando en luces que la cegaban. Eliana las tragaba sin pensar, buscando silencio, buscando olvidar. Pero en vez de calmarla, la arrastraban más profundo al abismo, donde los susurros de su hermano la acusaban, y la figura de su padre se alejaba para siempre. Las cadenas se tensaron hasta quebrar sus huesos, y en el último instante, Eliana alcanzó a ver su propio reflejo en la oscuridad: no era la diosa de la vida… era una sombra rota, consumida por los excesos, incapaz de salvarse siquiera a sí misma. Y cuando abrió los ojos, empapada en sudor, las marcas de las cadenas seguían rojas en su piel. ---
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  • -El joven omega se había terminado de arreglar tomo la invitación ya que hoy habría una subasta y él iba en nombre de sus padres después de horas su chofer se estaciono y el bajo del auto poso para varias fotos ya que había muchos paparazzi el solo sonreía para las cámaras-
    -El joven omega se había terminado de arreglar tomo la invitación ya que hoy habría una subasta y él iba en nombre de sus padres después de horas su chofer se estaciono y el bajo del auto poso para varias fotos ya que había muchos paparazzi el solo sonreía para las cámaras-
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  • El dinero se gana de forma ilegal...
    A veces, si tienes suerte, puedes ganar dinero de forma legal, pero nunca dura.
    La gente es lujuriosa y codiciosa...
    Eso significa alcohol, drogas, sexo...
    El dinero se gana de forma ilegal... A veces, si tienes suerte, puedes ganar dinero de forma legal, pero nunca dura. La gente es lujuriosa y codiciosa... Eso significa alcohol, drogas, sexo...
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  • —Hay char char esto me queda magistral —

    (Así podré estar más cerca de mi adorado Banbi )

    —No te preocupes Char Char que yo te ayudaré tanbien—
    —Hay char char esto me queda magistral — (Así podré estar más cerca de mi adorado Banbi 😍) —No te preocupes Char Char que yo te ayudaré tanbien—
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