• Si? , algo interesante ademas del Ragnarok podria pasar ¿necesito nuevas ideas?
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  • — ¿Quieres ver lo que hay debajo de ésta ropa, cariño?
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  • Hola humanos les presento a mi nueva Presa su nombre es Erick , alguien me quiere ayudar jsjs
    Hola humanos les presento a mi nueva Presa su nombre es Erick , alguien me quiere ayudar jsjs :STK-19:
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  • Creo que me voy a costar a dormir un poco , necesito un poco de energia para cuidar los sueños de los serles que havitan esta vida.
    Creo que me voy a costar a dormir un poco , necesito un poco de energia para cuidar los sueños de los serles que havitan esta vida.
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  • ──── Clases de ligue con Santi. (100% efectivas + Descuentos) Doy clases los lunes y jueves. ──── Voz de Shrek de fondo. [?]
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  • La puerta estaba entreabierta. Constantin no necesitó mucho para encontrarla; el silencio del lugar era demasiado elocuente. Sus pasos pesados resonaron apenas, pero él no la llamó. Se detuvo en el marco, cruzando los brazos, y la observó.

    Luna estaba encogida sobre el sofá, la luz tibia acariciando su rostro cansado. Tenía los auriculares colgando del cuello, pero no había música. Sus ojos estaban perdidos en algún punto lejano, demasiado lejos para notar que alguien más estaba allí.

    Constantin apretó la mandíbula. No era la primera vez que la veía así, aunque para él sí lo era. Toda su vida había luchado para mantenerla a salvo desde las sombras, y ahora que por fin la tenía a unos metros, se encontraba con esa imagen: su hermana rota por el peso del mundo, abandonada en una penumbra que nunca mereció cargar.

    —Siempre sola… —murmuró para sí mismo, con un tono áspero.

    Se apoyó en el marco, la chaqueta abierta como si la misma sala no pudiera contener su presencia. Por un instante quiso acercarse, posar una mano en su hombro, decirle que ya no tendría que seguir soportando todo aquello. Pero el recuerdo de los años ocultos, las decisiones tomadas, lo retuvo.

    "¿Cómo mirarla a los ojos después de tanto silencio?", pensó.

    Apretó el taco de billar que aún sostenía en una mano; lo había traído sin darse cuenta desde el bar, como si necesitara algo que le recordara que aún sabía manejar la tensión.

    Un suspiro largo escapó de él.

    —Pronto… lo sabrás todo, Luna. —dijo, lo bastante bajo para que no lo escuchara, pero lo bastante fuerte para convencerse a sí mismo.
    La puerta estaba entreabierta. Constantin no necesitó mucho para encontrarla; el silencio del lugar era demasiado elocuente. Sus pasos pesados resonaron apenas, pero él no la llamó. Se detuvo en el marco, cruzando los brazos, y la observó. Luna estaba encogida sobre el sofá, la luz tibia acariciando su rostro cansado. Tenía los auriculares colgando del cuello, pero no había música. Sus ojos estaban perdidos en algún punto lejano, demasiado lejos para notar que alguien más estaba allí. Constantin apretó la mandíbula. No era la primera vez que la veía así, aunque para él sí lo era. Toda su vida había luchado para mantenerla a salvo desde las sombras, y ahora que por fin la tenía a unos metros, se encontraba con esa imagen: su hermana rota por el peso del mundo, abandonada en una penumbra que nunca mereció cargar. —Siempre sola… —murmuró para sí mismo, con un tono áspero. Se apoyó en el marco, la chaqueta abierta como si la misma sala no pudiera contener su presencia. Por un instante quiso acercarse, posar una mano en su hombro, decirle que ya no tendría que seguir soportando todo aquello. Pero el recuerdo de los años ocultos, las decisiones tomadas, lo retuvo. "¿Cómo mirarla a los ojos después de tanto silencio?", pensó. Apretó el taco de billar que aún sostenía en una mano; lo había traído sin darse cuenta desde el bar, como si necesitara algo que le recordara que aún sabía manejar la tensión. Un suspiro largo escapó de él. —Pronto… lo sabrás todo, Luna. —dijo, lo bastante bajo para que no lo escuchara, pero lo bastante fuerte para convencerse a sí mismo.
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  • -Después de una ducha post trabajo en el huerto y de haber cenado, me disponía para ponerme la bata para ir a dormir pronto.-

    Ha pasado lento esta semana la verdad.
    -Después de una ducha post trabajo en el huerto y de haber cenado, me disponía para ponerme la bata para ir a dormir pronto.- Ha pasado lento esta semana la verdad. :STK-67:
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  • La luz tenue del billar dibujaba sombras largas en las paredes manchadas de humo. Constantin sostenía el taco con calma, midiendo cada ángulo como si fuese una partida mucho más importante que un simple juego. La chaqueta resbalaba de su hombro, pero no le importaba; nunca había tenido necesidad de aparentar nada.

    Con un movimiento firme empujó la bola. El golpe seco resonó y las demás se dispersaron por la mesa. Sus ojos, sin embargo, apenas siguieron la jugada. Estaban fijos en un punto más allá, en la puerta cerrada, en esa sensación incómoda que lo acompañaba desde que había decidido dejar de esconderse.

    El murmullo del bar era distante, como si todo se hubiera apagado para dejarlo a solas con sus pensamientos. Se inclinó sobre la mesa, dejando que el cabello cayera sobre su frente, y murmuró para sí mismo:

    —Todo este tiempo… creyendo que era por protegerte. —Su voz sonó baja, casi un gruñido. La bola negra rodó lentamente y cayó en el agujero de la esquina.

    Se enderezó, respirando hondo, y en ese instante sus labios se torcieron en una mueca amarga. No había marcha atrás.

    —Ahora… tendrá que conocer la verdad.
    La luz tenue del billar dibujaba sombras largas en las paredes manchadas de humo. Constantin sostenía el taco con calma, midiendo cada ángulo como si fuese una partida mucho más importante que un simple juego. La chaqueta resbalaba de su hombro, pero no le importaba; nunca había tenido necesidad de aparentar nada. Con un movimiento firme empujó la bola. El golpe seco resonó y las demás se dispersaron por la mesa. Sus ojos, sin embargo, apenas siguieron la jugada. Estaban fijos en un punto más allá, en la puerta cerrada, en esa sensación incómoda que lo acompañaba desde que había decidido dejar de esconderse. El murmullo del bar era distante, como si todo se hubiera apagado para dejarlo a solas con sus pensamientos. Se inclinó sobre la mesa, dejando que el cabello cayera sobre su frente, y murmuró para sí mismo: —Todo este tiempo… creyendo que era por protegerte. —Su voz sonó baja, casi un gruñido. La bola negra rodó lentamente y cayó en el agujero de la esquina. Se enderezó, respirando hondo, y en ese instante sus labios se torcieron en una mueca amarga. No había marcha atrás. —Ahora… tendrá que conocer la verdad.
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  • Dicen que todo hombre necesita paz. Que cerrar los ojos frente a un altar trae redención. Pero yo no creo en redención. Solo en silencio… y en la muerte.

    Había pasado semanas haciéndome pasar por un hombre de fe. Una sotana, un collar al cuello, el tono correcto de voz… y de pronto, todos se inclinaban, confiaban, abrían sus pecados frente a mí. Ironía pura, el lobo con piel de pastor.

    Cada confesión era una pista, un mapa que me llevaba directo al objetivo. Escuchaba pecados que no me importaban, historias de adulterios, robos, miedos… pero en medio de esas voces débiles estaba la que buscaba, un nombre, una dirección, un secreto que solo un “siervo del Señor” podía obtener.

    Esa noche, frente al altar vacío, cerré los ojos. No rezaba. No buscaba perdón. Solo repasaba la misión en mi mente, cada movimiento ya medido, cada sombra que usaría como cobertura.

    Cuando el objetivo entró al confesionario, esperaba un hombre santo… pero lo que encontró fue la oscuridad. Con un susurro bastó.

    —Hijo mío, tus pecados ya no tienen absolución.

    Lo demás fue rápido, preciso, como siempre. Un destello metálico, un cuerpo desplomado, y el silencio volvió a llenar la capilla.

    Al salir, la sotana aún cubría mis cicatrices, pero yo sabía la verdad, no hay fe capaz de ocultar lo que soy. Un asesino. Un soldado. Un fantasma.
    Dicen que todo hombre necesita paz. Que cerrar los ojos frente a un altar trae redención. Pero yo no creo en redención. Solo en silencio… y en la muerte. Había pasado semanas haciéndome pasar por un hombre de fe. Una sotana, un collar al cuello, el tono correcto de voz… y de pronto, todos se inclinaban, confiaban, abrían sus pecados frente a mí. Ironía pura, el lobo con piel de pastor. Cada confesión era una pista, un mapa que me llevaba directo al objetivo. Escuchaba pecados que no me importaban, historias de adulterios, robos, miedos… pero en medio de esas voces débiles estaba la que buscaba, un nombre, una dirección, un secreto que solo un “siervo del Señor” podía obtener. Esa noche, frente al altar vacío, cerré los ojos. No rezaba. No buscaba perdón. Solo repasaba la misión en mi mente, cada movimiento ya medido, cada sombra que usaría como cobertura. Cuando el objetivo entró al confesionario, esperaba un hombre santo… pero lo que encontró fue la oscuridad. Con un susurro bastó. —Hijo mío, tus pecados ya no tienen absolución. Lo demás fue rápido, preciso, como siempre. Un destello metálico, un cuerpo desplomado, y el silencio volvió a llenar la capilla. Al salir, la sotana aún cubría mis cicatrices, pero yo sabía la verdad, no hay fe capaz de ocultar lo que soy. Un asesino. Un soldado. Un fantasma.
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  • Y la soledad volvió a mí, pero parece que esta vez es para siempre, el amor de mi vida se fue, y ahora no voy a poder seguir durante un tiempo, si antes estaba mal ahora estoy peor, mi búho ya no está... Lo mejor que me pasó en la vida se fue
    Y la soledad volvió a mí, pero parece que esta vez es para siempre, el amor de mi vida se fue, y ahora no voy a poder seguir durante un tiempo, si antes estaba mal ahora estoy peor, mi búho ya no está... Lo mejor que me pasó en la vida se fue
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