• Gran tejedora de oro, salvama de esa aberración...

    [Salte a los brazos de la tejedora, ya que Stelle se acercó a mi con una serpiente]
    Gran tejedora de oro, salvama de esa aberración... [Salte a los brazos de la tejedora, ya que Stelle se acercó a mi con una serpiente]
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  • -Para empezar todo esto es TU culpa jefe con todo mi respeto.. si tu hubieras dicho lo que yo te dije que dijieras no estariamos en una cabaña tratando de escapar de una sociedad de criminales.

    ||Rol abierto nuevo personaje <3 ya tengo ficha por si quieren ver
    -Para empezar todo esto es TU culpa jefe con todo mi respeto.. si tu hubieras dicho lo que yo te dije que dijieras no estariamos en una cabaña tratando de escapar de una sociedad de criminales. ||Rol abierto nuevo personaje <3 ya tengo ficha por si quieren ver
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  • **La Alienígena Kryptoniana está tomando una siesta que incluso recorrió las cortinas para dormir tranquila pero el cristal que le habia dado su madre en vida, no dejaba de resplandecer.**
    **La Alienígena Kryptoniana está tomando una siesta que incluso recorrió las cortinas para dormir tranquila pero el cristal que le habia dado su madre en vida, no dejaba de resplandecer.**
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  • Qué lástima por ti, pero... yo... yo... yo aún no puedo morir aquí. Por eso... ¡ mueres tú!
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  • Debería salir un rato de mi hogar, suficiente estuve aquí... ¿Que habrá de interesante fuera? Quizás debería tener mas experiencias calientes para mis libros, tener... Experiencia en el tema para escribir, aunque con los filmes me satisfago pero seguramente necesite mas

    -Se levantó suspirando, acarició a su doberman guardián de la mansión, tomó su capa y salió sacando un cigarro, la noche era joven decían, pues el quería disfrutarla. Salió de su hogar para dirigirse a la ciudad buscando "victimas" para socializar-
    Debería salir un rato de mi hogar, suficiente estuve aquí... ¿Que habrá de interesante fuera? Quizás debería tener mas experiencias calientes para mis libros, tener... Experiencia en el tema para escribir, aunque con los filmes me satisfago pero seguramente necesite mas -Se levantó suspirando, acarició a su doberman guardián de la mansión, tomó su capa y salió sacando un cigarro, la noche era joven decían, pues el quería disfrutarla. Salió de su hogar para dirigirse a la ciudad buscando "victimas" para socializar-
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  • Vienes por mi, pero no estoy en ninguna parte~
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  • Qué lástima por ti, pero... yo... yo... yo aún no puedo morir aquí. Por eso... ¡ mueres tú!
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  • Mientras no tenga , tu sangre en mis manos .... Mocosa ni el rey de caos podrá protegerte y verás lo que yo siento .... Cada parte de ti .
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  • La mansión de Aurelian Kwon yacía envuelta en la penumbra, como si incluso la noche temiera perturbar la calma del dios del fuego. Afuera, el viento se arrastraba entre los jardines de mármol y las estatuas de antiguos amantes petrificados, pero dentro… sólo reinaba el sonido suave del papel al deslizarse entre sus dedos.

    Una vela solitaria ardía sobre el escritorio de ónix, y su llama —dorada como su cabello— danzaba al ritmo de su respiración. La luz acariciaba su rostro, revelando los destellos carmesí de su mirada, esa mezcla imposible entre deseo y divinidad que pocos podían sostener sin perder el aliento.
    Frente a él, abierto sobre la superficie pulida, reposaba un manuscrito: su más reciente obra, aún oculta del mundo mortal. “El Himno del Cuerpo y del Alma.” Una historia que no solo narraba el encuentro entre dioses y hombres, sino el del fuego con la carne, el del deseo con la eternidad.

    Sus labios se curvaron en una sonrisa lenta, casi cruel, mientras su voz —grave, templada, hipnótica— empezó a recitar lo que había escrito:

    “Y cuando su aliento tocó mi piel, el universo ardió en silencio.
    No había cielo ni infierno, solo el cuerpo… solo el alma…
    y el fuego que los unía.”

    Las palabras parecieron despertar algo antiguo en la habitación. El aire se volvió cálido, la vela se alzó como si respondiera a su creador, y el resplandor del fuego empezó a dibujar formas —silhuetas efímeras de cuerpos entrelazados, besos que se disolvían en humo dorado.

    Aurelian observó su propia creación manifestarse ante él. No era magia, ni ilusión. Era la consecuencia natural de su poder. Todo lo que él imaginaba… ardía con vida.

    Se recostó en el sillón de cuero oscuro, dejando que el silencio se llenara de respiraciones ajenas, ecos de pasión que solo los dioses podían soportar. Cerró el manuscrito lentamente, dejando reposar su mano sobre la tapa, como si temiera liberar otra tormenta de fuego.

    —Ningún mortal está listo para esto aún —murmuró, su voz profunda rompiendo la quietud—. Ni siquiera los dioses deberían leerme cuando ardo.

    La llama titiló, como si lo desafiara. Y por un instante, en sus ojos dorados, se encendió un brillo nuevo: el del creador que no teme al pecado… porque él mismo es la tentación hecha carne.

    En algún rincón del cuarto, la oscuridad susurró su nombre —como si el propio deseo lo reclamara.
    Aurelian sonrió.
    Sabía que pronto, cuando la luna se rindiera al sol, el mundo entero conocería su obra… y ardería con ella.
    La mansión de Aurelian Kwon yacía envuelta en la penumbra, como si incluso la noche temiera perturbar la calma del dios del fuego. Afuera, el viento se arrastraba entre los jardines de mármol y las estatuas de antiguos amantes petrificados, pero dentro… sólo reinaba el sonido suave del papel al deslizarse entre sus dedos. Una vela solitaria ardía sobre el escritorio de ónix, y su llama —dorada como su cabello— danzaba al ritmo de su respiración. La luz acariciaba su rostro, revelando los destellos carmesí de su mirada, esa mezcla imposible entre deseo y divinidad que pocos podían sostener sin perder el aliento. Frente a él, abierto sobre la superficie pulida, reposaba un manuscrito: su más reciente obra, aún oculta del mundo mortal. “El Himno del Cuerpo y del Alma.” Una historia que no solo narraba el encuentro entre dioses y hombres, sino el del fuego con la carne, el del deseo con la eternidad. Sus labios se curvaron en una sonrisa lenta, casi cruel, mientras su voz —grave, templada, hipnótica— empezó a recitar lo que había escrito: “Y cuando su aliento tocó mi piel, el universo ardió en silencio. No había cielo ni infierno, solo el cuerpo… solo el alma… y el fuego que los unía.” Las palabras parecieron despertar algo antiguo en la habitación. El aire se volvió cálido, la vela se alzó como si respondiera a su creador, y el resplandor del fuego empezó a dibujar formas —silhuetas efímeras de cuerpos entrelazados, besos que se disolvían en humo dorado. Aurelian observó su propia creación manifestarse ante él. No era magia, ni ilusión. Era la consecuencia natural de su poder. Todo lo que él imaginaba… ardía con vida. Se recostó en el sillón de cuero oscuro, dejando que el silencio se llenara de respiraciones ajenas, ecos de pasión que solo los dioses podían soportar. Cerró el manuscrito lentamente, dejando reposar su mano sobre la tapa, como si temiera liberar otra tormenta de fuego. —Ningún mortal está listo para esto aún —murmuró, su voz profunda rompiendo la quietud—. Ni siquiera los dioses deberían leerme cuando ardo. La llama titiló, como si lo desafiara. Y por un instante, en sus ojos dorados, se encendió un brillo nuevo: el del creador que no teme al pecado… porque él mismo es la tentación hecha carne. En algún rincón del cuarto, la oscuridad susurró su nombre —como si el propio deseo lo reclamara. Aurelian sonrió. Sabía que pronto, cuando la luna se rindiera al sol, el mundo entero conocería su obra… y ardería con ella.
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  • Si , no puedo tener la sangre ni la vida de esa mocosa en mis manos , are sufrir poco a poco será su castigo .

    -rompienso y tirado todo por su ira -

    Hasta que sienta lo que yo estoy sintiendo, la irá que está mi
    Si , no puedo tener la sangre ni la vida de esa mocosa en mis manos , are sufrir poco a poco será su castigo . -rompienso y tirado todo por su ira - Hasta que sienta lo que yo estoy sintiendo, la irá que está mi
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