[ 𝐓𝐖𝐎 𝐂𝐇𝐎𝐈𝐂𝐄𝐒 𝐀𝐍𝐃 𝐍𝐎 𝐆𝐎𝐎𝐃 𝐑𝐄𝐒𝐔𝐋𝐓𝐒 ]
¿Cuánto tiempo llevaba debatiéndose entre qué hacer y qué no? Días, semanas… Parecía que fue ayer cuando conoció a Ryan en aquella fiesta pero en realidad ya había pasado un tiempo desde ese día. Cada vez que lo recordaba no podía evitar sonreír; pensando en cómo Pelusa se había presentado cuando Ryan y ella estaban en los jardines de la mansión del hombre.
Extrañaba al tigre… así como también al italiano. Y por ese preciso motivo aún no había podido cumplir con su misión.
Los Di Conti empezaban a impacientarse, cuestionándose si en realidad Ayla era tan buena en su trabajo como decían o si por el contrario no era más que una embustera. Ella les daba largas; evitaba sus llamadas y cuando no tenía más remedio que hablar con ellos les decía que aún debía ganarse un poco más la confianza del italiano.
En realidad llevaba quedando con Ryan desde hacía un tiempo. Todos los domingos se veían para que él le enseñara italiano, y si aparte podían verse otro día de la semana no se lo pensaban dos veces. Un claro ejemplo fue cuando, por su cumpleaños, Ryan la invitó a cenar. Todavía llevaba puesto el anillo que le regaló, pues no se lo quitaba casi nunca.
Pero se le estaba acabando el tiempo, y lo sabía. Los Di Conti no iban a esperar para siempre y Ayla tenía que tomar una decisión. O seguir con la misión principal y traicionar a Ryan o traicionar a su familia y elegirlo a él. Al final daba igual lo que escogiera; ella no iba a salir bien parada. Sin embargo, más que preocuparse por sí misma, le inquietaba la idea de cómo reaccionaría Ryan si le contara el motivo por el cual se había acercado a él en un principio. ¿Con qué expresión le miraría?
Mientras pensaba en diferentes escenarios posibles se encontraba fumando bajo de su casa con aparente tranquilidad. No lo hacía a menudo, y mucho menos cuando faltaba menos de una hora para que Ryan fuera a buscarla, pero en ese momento lo necesitaba.
Antes de siquiera aceptar el trabajo sabía que nada bueno le podía pasar metiéndose entre dos mafias, pero aún así tomó el encargo. ¿Por qué? Bueno, había una razón oculta, una que no se acercaba para nada ni al dinero ni al poder. De todas formas ahora tenía sentimientos encontrados, eso estaba claro.
“Si de una manera u otra voy a acabar muerta, prefiero hacer lo que crea correcto”.
— En fin… —Le dio una ultima calada al cigarillo antes de desecharlo y se encaminó tranquilamente hacia el lugar en el que Ryan la recogería.
Por el momento continuaría sin decir nada, simplemente seguiría disfrutando de la compañía del italiano un poco más, aunque eso le hiciera ser una persona egoísta.
¿Cuánto tiempo llevaba debatiéndose entre qué hacer y qué no? Días, semanas… Parecía que fue ayer cuando conoció a Ryan en aquella fiesta pero en realidad ya había pasado un tiempo desde ese día. Cada vez que lo recordaba no podía evitar sonreír; pensando en cómo Pelusa se había presentado cuando Ryan y ella estaban en los jardines de la mansión del hombre.
Extrañaba al tigre… así como también al italiano. Y por ese preciso motivo aún no había podido cumplir con su misión.
Los Di Conti empezaban a impacientarse, cuestionándose si en realidad Ayla era tan buena en su trabajo como decían o si por el contrario no era más que una embustera. Ella les daba largas; evitaba sus llamadas y cuando no tenía más remedio que hablar con ellos les decía que aún debía ganarse un poco más la confianza del italiano.
En realidad llevaba quedando con Ryan desde hacía un tiempo. Todos los domingos se veían para que él le enseñara italiano, y si aparte podían verse otro día de la semana no se lo pensaban dos veces. Un claro ejemplo fue cuando, por su cumpleaños, Ryan la invitó a cenar. Todavía llevaba puesto el anillo que le regaló, pues no se lo quitaba casi nunca.
Pero se le estaba acabando el tiempo, y lo sabía. Los Di Conti no iban a esperar para siempre y Ayla tenía que tomar una decisión. O seguir con la misión principal y traicionar a Ryan o traicionar a su familia y elegirlo a él. Al final daba igual lo que escogiera; ella no iba a salir bien parada. Sin embargo, más que preocuparse por sí misma, le inquietaba la idea de cómo reaccionaría Ryan si le contara el motivo por el cual se había acercado a él en un principio. ¿Con qué expresión le miraría?
Mientras pensaba en diferentes escenarios posibles se encontraba fumando bajo de su casa con aparente tranquilidad. No lo hacía a menudo, y mucho menos cuando faltaba menos de una hora para que Ryan fuera a buscarla, pero en ese momento lo necesitaba.
Antes de siquiera aceptar el trabajo sabía que nada bueno le podía pasar metiéndose entre dos mafias, pero aún así tomó el encargo. ¿Por qué? Bueno, había una razón oculta, una que no se acercaba para nada ni al dinero ni al poder. De todas formas ahora tenía sentimientos encontrados, eso estaba claro.
“Si de una manera u otra voy a acabar muerta, prefiero hacer lo que crea correcto”.
— En fin… —Le dio una ultima calada al cigarillo antes de desecharlo y se encaminó tranquilamente hacia el lugar en el que Ryan la recogería.
Por el momento continuaría sin decir nada, simplemente seguiría disfrutando de la compañía del italiano un poco más, aunque eso le hiciera ser una persona egoísta.
[ 𝐓𝐖𝐎 𝐂𝐇𝐎𝐈𝐂𝐄𝐒 𝐀𝐍𝐃 𝐍𝐎 𝐆𝐎𝐎𝐃 𝐑𝐄𝐒𝐔𝐋𝐓𝐒 ]
¿Cuánto tiempo llevaba debatiéndose entre qué hacer y qué no? Días, semanas… Parecía que fue ayer cuando conoció a Ryan en aquella fiesta pero en realidad ya había pasado un tiempo desde ese día. Cada vez que lo recordaba no podía evitar sonreír; pensando en cómo Pelusa se había presentado cuando Ryan y ella estaban en los jardines de la mansión del hombre.
Extrañaba al tigre… así como también al italiano. Y por ese preciso motivo aún no había podido cumplir con su misión.
Los Di Conti empezaban a impacientarse, cuestionándose si en realidad Ayla era tan buena en su trabajo como decían o si por el contrario no era más que una embustera. Ella les daba largas; evitaba sus llamadas y cuando no tenía más remedio que hablar con ellos les decía que aún debía ganarse un poco más la confianza del italiano.
En realidad llevaba quedando con Ryan desde hacía un tiempo. Todos los domingos se veían para que él le enseñara italiano, y si aparte podían verse otro día de la semana no se lo pensaban dos veces. Un claro ejemplo fue cuando, por su cumpleaños, Ryan la invitó a cenar. Todavía llevaba puesto el anillo que le regaló, pues no se lo quitaba casi nunca.
Pero se le estaba acabando el tiempo, y lo sabía. Los Di Conti no iban a esperar para siempre y Ayla tenía que tomar una decisión. O seguir con la misión principal y traicionar a Ryan o traicionar a su familia y elegirlo a él. Al final daba igual lo que escogiera; ella no iba a salir bien parada. Sin embargo, más que preocuparse por sí misma, le inquietaba la idea de cómo reaccionaría Ryan si le contara el motivo por el cual se había acercado a él en un principio. ¿Con qué expresión le miraría?
Mientras pensaba en diferentes escenarios posibles se encontraba fumando bajo de su casa con aparente tranquilidad. No lo hacía a menudo, y mucho menos cuando faltaba menos de una hora para que Ryan fuera a buscarla, pero en ese momento lo necesitaba.
Antes de siquiera aceptar el trabajo sabía que nada bueno le podía pasar metiéndose entre dos mafias, pero aún así tomó el encargo. ¿Por qué? Bueno, había una razón oculta, una que no se acercaba para nada ni al dinero ni al poder. De todas formas ahora tenía sentimientos encontrados, eso estaba claro.
“Si de una manera u otra voy a acabar muerta, prefiero hacer lo que crea correcto”.
— En fin… —Le dio una ultima calada al cigarillo antes de desecharlo y se encaminó tranquilamente hacia el lugar en el que Ryan la recogería.
Por el momento continuaría sin decir nada, simplemente seguiría disfrutando de la compañía del italiano un poco más, aunque eso le hiciera ser una persona egoísta.