• Hmm... *se esconde dentro de un mueble, no se siente seguro.*
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  • mi amor...

    *Te abrazo fuerte y cariñoso.*

    ¡Felices cinco meses de novios cariño hermoso!
    TE AMO ♥️🩵🩷
    :STK-26: mi amor... *Te abrazo fuerte y cariñoso.* ¡Felices cinco meses de novios cariño hermoso! :STK-69: :STK-13: TE AMO ♥️🤍💙🤍🩵💕💓💌❤️‍🩹🩷🌺
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  • La noche seguía su curso en silencio, y las luces de la ciudad se filtraban por las ventanas amplias del ático.
    Luna Aurelian Reis permanecía de pie frente al espejo, la misma mirada perdida que tantas veces había llevado cuando el peso del mundo se posaba sobre sus hombros. Pero ahora era distinto: no había lágrimas, ni rabia, ni vacío. Solo una calma fría… esa que llega cuando por fin se acepta que algunas batallas no se ganan, solo se sobrellevan.

    Su reflejo se multiplicaba, fragmentado, como si el vidrio se empeñara en recordarle que no era solo una —que había muchas Lunas coexistiendo: la madre, la empresaria, la hermana, la mujer que amó demasiado.
    El eco de los flashes de la gala aún resonaba en su mente, junto con las preguntas de los medios sobre su regreso, sobre REI-TECH, sobre su vida sentimental.
    Pero nadie preguntaba por lo importante: por cómo había logrado mantenerse en pie después de tanto.

    Ajustó el collar de oro en su cuello, un diseño sencillo pero simbólico, regalo de su hermano Constantin años atrás.
    Suspiró.
    El reflejo frente a ella parpadeó —o al menos eso le pareció. La imagen distorsionada mostraba un leve movimiento, como si una de sus versiones en el espejo la observara directamente.

    —“A veces te pierdes entre todas las que fuiste, ¿verdad?” —susurró una voz conocida, suave y grave a la vez.

    Luna no se giró. No necesitaba hacerlo para saber quién era.
    Yūrei Veyrith se materializó en la penumbra, su silueta etérea mezclándose con la luz tenue. Aquella híbrida entre demonio y ángel seguía siendo igual de imponente, aunque la distancia entre ambas ahora era casi tangible.

    —Pensé que no volverías —murmuró Luna, sin apartar la vista del espejo.

    —No vine a quedarme. Solo quería verte… verte de verdad —respondió Yūrei, con un dejo de tristeza en la voz—. Lo lograste, Luna. REI-TECH está en la cima otra vez. Pero tú… —dio un paso más cerca— ¿sigues siendo feliz ahí arriba?

    Luna se giró lentamente, sus ojos azules brillando con ese tono melancólico que siempre la había definido.
    —La felicidad no fue nunca mi objetivo. Solo la paz.

    Un silencio denso se apoderó del lugar. Las dos mujeres quedaron frente a frente, cargando con años de amor, culpa e inseguridades no resueltas.
    Y por un instante, en medio de aquel reflejo múltiple, parecieron dos fantasmas que se buscaban sin encontrarse del todo.

    —Entonces espero que la hayas hallado —dijo finalmente Yūrei, su voz desvaneciéndose junto a su figura, que se disipó como niebla bajo la luz.

    Luna volvió a quedar sola. Se observó una vez más en el espejo, y esta vez su reflejo no se movió. Solo le devolvió una mirada firme, serena, con una chispa de fuego en el fondo.

    “Sí… la encontré. A mi manera.”

    Tomó aire, apagó las luces y salió del cuarto, dejando atrás el eco de una historia que, aunque rota, seguía viva en su memoria.

    Yūrei Veyrith
    La noche seguía su curso en silencio, y las luces de la ciudad se filtraban por las ventanas amplias del ático. Luna Aurelian Reis permanecía de pie frente al espejo, la misma mirada perdida que tantas veces había llevado cuando el peso del mundo se posaba sobre sus hombros. Pero ahora era distinto: no había lágrimas, ni rabia, ni vacío. Solo una calma fría… esa que llega cuando por fin se acepta que algunas batallas no se ganan, solo se sobrellevan. Su reflejo se multiplicaba, fragmentado, como si el vidrio se empeñara en recordarle que no era solo una —que había muchas Lunas coexistiendo: la madre, la empresaria, la hermana, la mujer que amó demasiado. El eco de los flashes de la gala aún resonaba en su mente, junto con las preguntas de los medios sobre su regreso, sobre REI-TECH, sobre su vida sentimental. Pero nadie preguntaba por lo importante: por cómo había logrado mantenerse en pie después de tanto. Ajustó el collar de oro en su cuello, un diseño sencillo pero simbólico, regalo de su hermano Constantin años atrás. Suspiró. El reflejo frente a ella parpadeó —o al menos eso le pareció. La imagen distorsionada mostraba un leve movimiento, como si una de sus versiones en el espejo la observara directamente. —“A veces te pierdes entre todas las que fuiste, ¿verdad?” —susurró una voz conocida, suave y grave a la vez. Luna no se giró. No necesitaba hacerlo para saber quién era. Yūrei Veyrith se materializó en la penumbra, su silueta etérea mezclándose con la luz tenue. Aquella híbrida entre demonio y ángel seguía siendo igual de imponente, aunque la distancia entre ambas ahora era casi tangible. —Pensé que no volverías —murmuró Luna, sin apartar la vista del espejo. —No vine a quedarme. Solo quería verte… verte de verdad —respondió Yūrei, con un dejo de tristeza en la voz—. Lo lograste, Luna. REI-TECH está en la cima otra vez. Pero tú… —dio un paso más cerca— ¿sigues siendo feliz ahí arriba? Luna se giró lentamente, sus ojos azules brillando con ese tono melancólico que siempre la había definido. —La felicidad no fue nunca mi objetivo. Solo la paz. Un silencio denso se apoderó del lugar. Las dos mujeres quedaron frente a frente, cargando con años de amor, culpa e inseguridades no resueltas. Y por un instante, en medio de aquel reflejo múltiple, parecieron dos fantasmas que se buscaban sin encontrarse del todo. —Entonces espero que la hayas hallado —dijo finalmente Yūrei, su voz desvaneciéndose junto a su figura, que se disipó como niebla bajo la luz. Luna volvió a quedar sola. Se observó una vez más en el espejo, y esta vez su reflejo no se movió. Solo le devolvió una mirada firme, serena, con una chispa de fuego en el fondo. “Sí… la encontré. A mi manera.” Tomó aire, apagó las luces y salió del cuarto, dejando atrás el eco de una historia que, aunque rota, seguía viva en su memoria. [shade_emerald_donkey_775]
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  • La habitación estaba bañada por una luz rojiza proveniente del neón junto a la ventana. Luna Aurelian Reis se había tomado un raro momento para sí misma, lejos de las reuniones, los informes financieros y los susurros de la prensa.
    Había vuelto de la gala la noche anterior, aún con el eco de los flashes en su mente… y aunque había sonreído ante el mundo, dentro de ella seguía ese silencio antiguo, el mismo que llevaba desde hacía años.

    Ahora, sentada en el suelo de su vestidor, con el cabello suelto y una chaqueta informal, se observaba en el espejo del teléfono. Su reflejo ya no era el de la ejecutiva inquebrantable, sino el de una mujer que había aprendido a sobrevivir en la tormenta.
    Una caja de cereal frente a ella, la cámara encendida, y una mueca traviesa que contrastaba con la elegancia fría con la que todos la conocían.
    Apretó los labios, levantó dos dedos en señal de paz y se tomó la foto —una que probablemente nunca publicaría, pero que guardaría como recordatorio de que aún era humana, pese a todo.

    —Mamá poderosa del año, comiendo cereal a las tres de la mañana… —murmuró con una sonrisa cansada, su voz apenas un suspiro.

    El sonido de un mensaje entrante la hizo mirar la pantalla: era Eliana, preguntándole si había dormido algo.
    Luna respondió con un emoji neutral, sin entrar en detalles. A veces no sabía cómo acercarse a sus hijos sin que la sombra del pasado se interpusiera.
    Sain le hablaba poco, y cuando lo hacía, siempre con esa mezcla de distancia y respeto que le dolía más que cualquier herida.

    Luna dejó el móvil a un lado, apoyando la cabeza en la pared. Miró su reflejo una vez más, pero esta vez no vio a la empresaria, ni a la madre, ni a la viuda, ni a la mujer traicionada.
    Vio a Luna, simplemente.
    La mujer que había construido un imperio desde sus cenizas y que, incluso en los días más solitarios, seguía encontrando fuerza en los pequeños gestos —en un espejo, una caja de cereal, y la certeza de que aún tenía más por vivir.

    El sonido lejano de la lluvia golpeando los ventanales llenó el silencio.
    Ella sonrió levemente, levantando otra vez el teléfono, capturando el instante.
    Porque en esa soledad, en esa calma frágil, Luna Aurelian Reis no era un mito ni una leyenda… era solo una mujer que había aprendido a seguir brillando, incluso en la oscuridad.
    La habitación estaba bañada por una luz rojiza proveniente del neón junto a la ventana. Luna Aurelian Reis se había tomado un raro momento para sí misma, lejos de las reuniones, los informes financieros y los susurros de la prensa. Había vuelto de la gala la noche anterior, aún con el eco de los flashes en su mente… y aunque había sonreído ante el mundo, dentro de ella seguía ese silencio antiguo, el mismo que llevaba desde hacía años. Ahora, sentada en el suelo de su vestidor, con el cabello suelto y una chaqueta informal, se observaba en el espejo del teléfono. Su reflejo ya no era el de la ejecutiva inquebrantable, sino el de una mujer que había aprendido a sobrevivir en la tormenta. Una caja de cereal frente a ella, la cámara encendida, y una mueca traviesa que contrastaba con la elegancia fría con la que todos la conocían. Apretó los labios, levantó dos dedos en señal de paz y se tomó la foto —una que probablemente nunca publicaría, pero que guardaría como recordatorio de que aún era humana, pese a todo. —Mamá poderosa del año, comiendo cereal a las tres de la mañana… —murmuró con una sonrisa cansada, su voz apenas un suspiro. El sonido de un mensaje entrante la hizo mirar la pantalla: era Eliana, preguntándole si había dormido algo. Luna respondió con un emoji neutral, sin entrar en detalles. A veces no sabía cómo acercarse a sus hijos sin que la sombra del pasado se interpusiera. Sain le hablaba poco, y cuando lo hacía, siempre con esa mezcla de distancia y respeto que le dolía más que cualquier herida. Luna dejó el móvil a un lado, apoyando la cabeza en la pared. Miró su reflejo una vez más, pero esta vez no vio a la empresaria, ni a la madre, ni a la viuda, ni a la mujer traicionada. Vio a Luna, simplemente. La mujer que había construido un imperio desde sus cenizas y que, incluso en los días más solitarios, seguía encontrando fuerza en los pequeños gestos —en un espejo, una caja de cereal, y la certeza de que aún tenía más por vivir. El sonido lejano de la lluvia golpeando los ventanales llenó el silencio. Ella sonrió levemente, levantando otra vez el teléfono, capturando el instante. Porque en esa soledad, en esa calma frágil, Luna Aurelian Reis no era un mito ni una leyenda… era solo una mujer que había aprendido a seguir brillando, incluso en la oscuridad.
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  • -Dulce o ...metida de ver.... perdón Mon amour no pude evitarlo
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    Me enjaja
    Me endiabla
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  • Qué lindas y cálidas las personas que me saludaron por mi cumpleaños, muchas gracias... Aunque me hubiera gustado que este año mis padres hubieran podido venir a verme... Supongo que es otro año en el que estaré solo en mi casa.
    Qué lindas y cálidas las personas que me saludaron por mi cumpleaños, muchas gracias... Aunque me hubiera gustado que este año mis padres hubieran podido venir a verme... Supongo que es otro año en el que estaré solo en mi casa.
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    Me entristece
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  • FELIZ CUMPLEAÑOS A MI me siento muy emocionado y pienso festejar en grande la verdad
    FELIZ CUMPLEAÑOS A MI me siento muy emocionado y pienso festejar en grande la verdad
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  • Todos deberían de comer adecuadamente. Y no solo pensar en beber no sean tontos zasshus
    Todos deberían de comer adecuadamente. Y no solo pensar en beber no sean tontos zasshus
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  • -El hombre Veyrith, había encontrado un parque con arboles de flores de cerezo, le había encantado aquel tipo de planta por lo que se quedaba admirandolos, en el cielo no había esas flores, eran mágicos y cada que una flor caía desaparecía, en cuanto a el le cayó una en la mano sonrió para hacerla flotar con su poder-

    Que bueno es este mundo para dejar estas plantas intactas

    -Murmuraba para si mismo, la flor flotó hasta la rama de donde había caído y se volvió a unir a la misma, él era capaz de restaurar la vida, y también de quitarla, pero nunca usaba ese poder para esos fines, aun si la mitad de su sangre era demoniaca-
    -El hombre Veyrith, había encontrado un parque con arboles de flores de cerezo, le había encantado aquel tipo de planta por lo que se quedaba admirandolos, en el cielo no había esas flores, eran mágicos y cada que una flor caía desaparecía, en cuanto a el le cayó una en la mano sonrió para hacerla flotar con su poder- Que bueno es este mundo para dejar estas plantas intactas -Murmuraba para si mismo, la flor flotó hasta la rama de donde había caído y se volvió a unir a la misma, él era capaz de restaurar la vida, y también de quitarla, pero nunca usaba ese poder para esos fines, aun si la mitad de su sangre era demoniaca-
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  • Muchas gracias a las personas que me han dado likes y se han acercando a este joven monje con la intención de saludar.

    Bien dicen que el agradecimiento es la memoria del corazón.

    Y aprecio cada gesto, saludo, o bien una conversación amena.
    Quiero enfatizar en el hecho de que todo lo que me deseen contar lo apreciaré y si se encuentran en mal momento también puedo escucharles sin juzgar.

    Muchas gracias por su apoyo.

    Daozhang Xiao Xingchen
    Muchas gracias a las personas que me han dado likes y se han acercando a este joven monje con la intención de saludar. Bien dicen que el agradecimiento es la memoria del corazón. Y aprecio cada gesto, saludo, o bien una conversación amena. Quiero enfatizar en el hecho de que todo lo que me deseen contar lo apreciaré y si se encuentran en mal momento también puedo escucharles sin juzgar. Muchas gracias por su apoyo. Daozhang Xiao Xingchen
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