Alizee fue una reconocida supermodelo francesa, dueña de una belleza inalcanzable y un ego que obligaba al mundo entero a postrarse a sus pies. Las revistas y las pasarelas de alta costura eran su reino indiscutible, un pedestal desde el cual miraba a todos con desdén. Sin embargo, su habitual altivez la llevó a cruzarse en el camino equivocado y fue secuestrada por un monstruo. No era una bestia de cuentos de hadas, sino una criatura de carne y hueso que no necesitó garras para destrozarle la vida.

Durante el tiempo que estuvo desaparecida, aquel verdugo la sometió a un infierno inenarrable, apagando su luz a la fuerza y quebrando su mente hasta los cimientos. La despojó de su arrogancia y de su cordura, enseñándole que su belleza no valía nada frente al terror. Para cuando la jaula finalmente quedó abierta y ella logró arrastrarse de vuelta al exterior, la diva había muerto. Lo que emergió de las sombras ya no es la mujer que conquistaba las cámaras, sino una superviviente desnutrida, paranoica y adiestrada para el miedo, que tiembla ante su propio reflejo.

Destruida... y con traumas que han echado raíces profundas en su psique. Su mente fracturada ahora lidia con una hipervigilancia agotadora, ataques de pánico ante movimientos bruscos y una aversión total al contacto físico. El daño fue tan profundo que padece una disociación constante y un terror paralizante hacia cualquier muestra de amabilidad, pues su cerebro le advierte que es solo la antesala de un nuevo castigo. Le teme al mundo entero y no confía absolutamente en nadie; su único instinto es huir o defenderse. Después de haber sobrevivido al infierno, se niega a ser la presa una vez más, desconfiando de cualquier sonrisa amable o fachada de falso santo, aterrorizada de volver a caer en las manos de otro monstruo con piel de oveja.

Por otras vivencias ella sabe, que el principe azul no existe... solo son ella y las voces en su cabeza.