"Día uno después de Miguel".

El bolígrafo rasgaba el papel con agilidad y soltura. Hope miró aquella línea escrita un momento y tras el nombre de Miguel escribió un punto. Había pasado las ultimas horas pensando en cómo debería sentirse, qué debería hacer ahora o qué pasaría a partir de entonces. Pero donde había pensado que sus dudas se aclararían ahora solo había… vacío. Había pasado tanto tiempo acojonada por la sombra de Miguel amenazando desde los rincones que ahora que había desaparecido estaba…. Perdida. Siempre había tenido un objetivo, un mal mayor. Ahora solo…. Contemplaba el resto de su existencia abriéndose paso ante sus ojos.

Dejó ir un suspiro y negó con la cabeza intentando despejar su mente. Tras aquello regresó a su bolígrafo y a aquel cuaderno.

“Suena demasiado épico. Casi bíblico. Dia uno después de Miguel. El fin de una era. El comienzo del resto de mi vida…  Y la verdad es que ahora mismo no sé qué significa eso. Aunque odio a ese cabrón retorcido con toda mi alma, lo cierto es que hasta debería de darle las gracias. La amenaza de su sola existencia, de algún modo, me puso en el camino de Dean. O a él en el mío… No sé. Pero siento que sin la amenaza de ese cretino alado habríamos sido solo una anécdota en la vida del otro. Allá donde estés Miguel, espero que te quemes en el infierno, pero gracias por todo lo demás…

Curvó una ligera sonrisa irónica y un poquito satisfecha de sí misma.

Llegué a este búnker buscando un refugio, buscando un lugar donde esconderme y donde estar segura de que Miguel no podría encontrarme. Ahora se ha convertido en mi hogar. Las personas que antes eran desconocidos ahora son familia. Dean, Sam, Hati, Jack y Cass… Humanos, tríbridos, seres celestiales y deidades nórdicas… Menuda combinación. El perfecto equipo Libre Albedrio 3.0. Honestamente, faltaba una mano femenina. Pero, los adoro.

Las vueltas que da la vida… Y en todas ellas he terminado encontrando algo mejor de lo que esperaba: el super-equipo, el bunker. Para no dárseme demasiado bien las amistades o la gente, yo diría que lo estoy haciendo bastante bien, ¿no te parece?

 

Detuvo su boli y frunció los labios en una mueca, sintiéndose idiota.

- ¿A quien le estoy hablando? -preguntó antes de negar con la cabeza. Se acomodó mejor sobre la butaca del bunker y buscó una postura más cómoda donde colocar aquella libreta que hacia de diario, o algo así…

Creo que me estoy desviando del tema… Lo que quiero decir es que he regido mi vida en base a la amenaza de ese capullo celestial y ahora… se ha esfumado. Y tengo tantas oportunidades delante de las narices que me siento abrumada. ¿Puede la eternidad abrumar a un vampiro? Bueno, al parecer sí. Por el momento, creo que voy a centrarme en disfrutar del día de hoy. En asumir lo que vivimos ayer aquí, en dejar ir a los muertos y en… No lo sé, en Dean, supongo. Quería poner una metáfora, pero todas me sonaban demasiado cursis. Dean está hecho polvo, se echa la culpa de lo que hizo Miguel… Ojalá llegue el día en que pueda hacerle entrar en razón y quitarle algo de esa carga que se echa a los hombros cada día…

Los orbes azules de la tríbrida se detuvieron a leer sus propias líneas. No era la mejor obra escrita de la historia del mundo, pero al menos se había desahogado. Al ver aparecer a Dean por la puerta de la biblioteca alzó la mirada y cerró la libreta antes de dedicarle una sonrisa.

—Hola, forastero… ¿Has dormido bien? -preguntó ella.