Como cada día desde hace ya casi un año y medio mi vida sea vuelto muy monotona, prácticamente soy un robot que tiene todos los días planeados al milímetro.

De donde vivo de alquiler al club de golf son cuatro paradas exactas en autobus, siempre llego diez minutos antes que el resto de mis compañeras.

Así estoy sola en los vestuarios y puedo cambiarme tranquilamente.

-¡Ji won!

Mi mejor amiga desde la infancia Jung Soo-min, nunca nos hemos separado, como si fueramos hermanas.

 

Por suerte para mí no lo somos.

 

Empieza abrir los armarios viendo toda la ropa, joyas de algunas clientas, mientras como siempre yo me ocupó de todo el trabajo.

-No entiendo como unos pueden tenerlo todo y otros seguir siendo unos don nadie.

-¿Así es como nos ves?.

-No Ji won, nosotras somos increíbles.

-Soo-min, deberías...

No pude terminar la frase, mientras habló la veo abrir el sobre donde los clientes que quieran meten la cantidad que ellos deseen y como siempre primero se queja por lo poco que nos dan y se lleva casi todo.

Dejándome las migajas, lo hace por qué yo siempre le he permitido que me pisotee.

 

Ella es la única amiga que siempre he tenido, se lo permito porqué sin Soo-min estaría sola.

 

-¿Comemos juntas?.

-Si no te importa comer en el comedor junto con el resto de nuestras compañeras.

-Otra vez anda mal de dinero.

Avergonzada vuelvo a quedarme callada, en su lugar me ofrece enseguida una bandeja y tira de mi brazo derecho.

-¡Venga vamos a comer!

Los empleados tenemos cada uno una tarjeta de descuento para el comedor, hay tres plantas, la nuestra se encuentra en la tercera.

Los ejecutivos comen en la segunda planta, la primera es toda entera para nuestro director el señor Aragaki

Haciendo así una completa jerarquía de poderes

               .            .            .          .           .

 

-¿Me estás escuchando?.

-Disculpa.

-Cuando acabemos voy a ir de compras, te invitaría pero...

-Tengo una cita con Andy.

Recibe una llamada en ese momento ni siquiera escuchó lo que le dije, total era una mentira.

 

Hice una parada rápida antes de volver al edificio donde vivo, acabó en una tienda coreana.

Donde compré fideos instanteos con sabor picante y dos botellas de Soju.

 

No puedo continuar, debo ser fuerte y valiente para coger confirmeza las riendas de mi vida.

 

Solo yo puedo cambiar mi destino.