[ 02:14 a.m. / Prenzlauer Berg / Berlín / Alemania / Alte Gerberei „Eastern Tannery“... ]






 El aire dentro del edificio no era aire; era una sopa espesa entre incienso negro, sudor rancio y el olor metálico de la sangre fresca. En primer piso de la parte baja, en todo el centro del edifici, rodeados de velas hechas con grasa humana y símbolos grabados en la carne de los muros, los miembros de aquel culto demoniaco se retorcían en éxtasis. Habían pasado meses cometiendo actos tan viles e inhumanos que el diseccionamiento de inocentes mientras aún estaban vivos era algo sutil... Todo lo hicieron bajo la promesa de un poder que los sacaría de su mediocridad resentida, llevaban tiempo preparándose para este momento, la noche del gran sacrificio. Tenían todo preparado, solo era cuestión de iniciar, pero el poder que descendió sobre ellos aquella noche no fue el de su amo oscuro... Sino el de la Santa Iglesia




¡Chuak-chuak-chuak-chuak-chuak-chuak-chuak-chuak!...

 












 Algo resonaba, una, dos, cuatro, ocho veces. Y el sonido persistía, era limpio, letal; el sonido de carne humeda chocando, siendo brutalmente golpeada y sin impedimento alguno




¡Plaf!...





‎ El cuerpo de aquel seguidor del culto caía al suelo, su cara completamente desfigurada los pocos dientes que le quedaban estaban deformes, los restos de lo que alguna vez fue su nariz parecía una fuente de sangre que por cada intento de respirar le generaba una desagradable tos que al final fue detenida por un pisotón al cuello





¡CRACK!

 




 El sonido del los huesos quebrándose fue lo último que se escucho del seguidor. Aquel cazador que le había arrebatado la vida se disponía avanzar, se acomodaba los guantes de su mano derecha, esa misma con la que molio carne como si fuera su pasión, sus nudillos seguramente estaban magullados pero en su ojos —pues era lo unico de su rostro que dejaba ver su uniforme— no había ni una pizca de dolor, ni si quiera asco anta las gotas de sangre salpicada y ya seca en su pasamontañas, con rapidez fue a por su arma que había dejado apoyada en el marco de la puerta, una vez listo salió de la habitación... Esa noche no hubo negociaciones en el edificio. No hubo una invitación al arrepentimiento, las puertas de madera volaban hacia adentro, no por explosivos, sino por el impacto coordinado de arietes bendecidos. ‎Los condotieros eran los que entraban primero. No parecían hombres; envueltos en sus trajes y capuchas oscuras, bajo la luz estroboscópica de las granadas cegadoras, parecían arcángeles de obsidiana. Se movían con una sincronización que rozaba lo sobrenatural, el fruto de un entrenamiento diseñado para quebrar la voluntad antes que el cuerpo 




¡Por la justicia y la purificación!




 Ese era uno de los tantos gritos que se escuchaban en aquel nivel subterraneo, el Inquisidor Serra, era el encomendado a dirigir este ataque, sus pisadas eran lentas, se mantenía unos cuantos pasos por detras del ultimo equipo que avanzaba, observaba los movimientos de sus cazadores, estudiaba el lugar para confirmar si era exactamente como le habían dicho, entrecerraba los ojos al ver en horror en que habían convertido estos bastardos a los sotanos de ese viejo edificio de curtido; Serra se mantuvo dando órdenes claras a sus cazadores, su voz que solía ser la de un padre alentando a sus hijos, ahora se reducía a una sentencia administrativa. Un ocultista, armado con un cuchillo ritual y los ojos inyectados en sangre por la demencia, cargó hacia uno de los cazadores, el Condotiero ni siquiera alteró su paso, en su lugar realizo un movimiento fluido para guardar su arma de fuego y cambiarla por su hacha de mercurio con la cual trazó un arco perfecto que no solo cortó el acero del cuchillo que intentaba pararlo, sino que logro separar buena parte del torso de aquel hombre, el hacha detuvo su recorrido pues uno de los ultimos huesos de la costilla le freno, pero no por mucho  

 












 El condotiero le arranco el hacha para tomar impulso y terminar su trabajo, dejando así una explosión de vísceras que, aunque no demostraba la gloria de los guerreros de dios, si que dejaba en claro su insana eficiencia... Minutos transcurrieron desde que inicio el ataque, el caos ya se había apoderado de todo el lugar, pero era un caos unidireccional; Los ocultistas, que momentos antes se sentían dioses sobre sus pobres víctimas —algunas sin tendones para moverse, otras encadenadas cual animales— que lastimosamente no podían ver con sus propios ojos como estos malnacidos tambien se convertían en ganado y sufrían un destino tan horrible como ellos. Algunos corrían, tropezaban y gritaban, pero los cazadores eran implacables. Un grupo de mujeres del culto se arrodilló, implorando una piedad que la Santa Iglesia había retirado de su léxico hacía siglos. Un cazador golpeó a la que tenía más cerca con la culata de su escopeta de perdigones de plata, no le importo ni un poco si le había roto la mandíbula, otro compañero detuvo con una patada en el rostro a otra mujer que intento huir después de ver cómo golpeaban a su "hermana", ambas caían fuertemente al suelo desarrollando así una contusión en su cráneos, ninguno de los cazadores ni condotieros detenían lo que hacían para mirar si estaban bien. Para ellos, estas mujeres así como cualquier otro individuo que este o forme parte de algún culto satánico dejan de ser "prójimos" para ellos, ahora solo eran escoria; células cancerígenas en el cuerpo de la humanidad que debían ser extirpadas con hierro caliente, ese al que ellos representaban



 ¡P-Por favor! ¡D-Deténganse! ¡¿Qué no ven que somos huma- ¡AAHHG! 




 Aquel grito venía de uno de los líderes del culto y que ahora se arrastraba por el suelo esperando llegar hasta una salida, pero no lo logro. Un condotiero le alcanzo y le clavó su cuchillo saex en una pierna anclándolo al suelo. El lider intento voltearse para sacarse el cuchillo pero su torso volvió al suelo al sentir un peso en su espalda, el condotiero usaba su rodilla para hundir al sujeto, el peso suyo sumado con el de su equipo le facilitaban el trabajo, el hombre se quedó sin aire y con un gran dolor. El condotiero desde su posición le saco el cuchillo de la pierna, con su otra mano jalo del cabello al sujeto, se inclinó para ponerle el cuchillo en la garganta y decirle, con una voz gélida que resonó en el oido de aquel hombre:  



Renunciaste a tu humanidad el día que tocaste lo que no te pertenece. Teraz už len trpíš, ty prekliata obluda!



 El sujeto ya se esperaba que le degolláran el cuello, pero no... Esto no terminaría tan pronto para el, su cara golpeó duramente el suelo, el condotiero comenzo a apuñalar cada una de sus extremidades, con rapidez y sin detenerse ni inmutarse por los gritos desgarradores del sujeto, si esta escoria no se detuvo cuando las personas inocentes se lo pidieron ¿Por que él haría lo mismo? Y así se mantuvo el eslovaco... 

 












[ Segundo nivel subterráneo... ]





 

 Mientras tanto, los cazadores que ya habían despejado la primera planta continuaban bajando, dándole cacería a los demás ocultistas que buscaban huir y esconderse en los niveles inferiores. Allí pasando desapercibido, había un armario, entrecerrado. Un hombre se mantenía allí aguantando la respiración mientras afuera se escuchaban los gritos de sus "hermanos y hermanas" la única luz además de las de emergencia que iluminaba el lugar eran la de los flashes que generaban los disparos de los cazadores; de pronto, los gritos y los disparos se escuchaban a lo lejos, se alejaban de aquella sala, silencio era todo lo que albergaba el lugar. El seguidor del culto suspiraba aliviado, bajo la mirada al suelo, pero su respiración se corto al notar una sombra al otro lado, con rapidez levantó la mirada par- 




Shhk 


 

 El sonido sutil de un objeto corto punzante llegó a los oídos del sujeto, un dolor en la sona abdominal vino poco después seguido de la humedad de su sangre brotando de la herida poco profunda, su mirada termino de subir hasta encontrarse con una totalmente imperturbable, aquellos ojos solo transmitían... Calma 







 






 
Nada que ver con las acciones de la persona, con un movimiento rápido extrajo el arma blanca para acto seguido atravesar la puerta del armario con su puño limpio conectando con el rostro del sujeto al que luego tomo por el cuello y lo jaló hacia afuera. El seguidor del culto caía estrepitosamente al suelo, intento ponerse de pie pero un machete fue arrojado y clavado a escasos milímetros de su rostro, de reojo observó al cazador al que se enfrentaba, pero ese no era un cazador cualquiera, era el mismísimo Inquisidor Serra. Mientras los cazadores continuaban avanzando, el se mantenía atrás no porque evitara ensuciarse las manos con sangre, sino para asegurarse de erradicar por completo a todos estos malnacidos y que no se les escape ni uno; el sujeto quería correr pero ver aquel hombre acercarse como si nada le dejaba en claro que no había fallado ese lanzamiento por suerte... 







[ Tercer nivel subterráneo...  ]







Un poco más abajo, justo en donde se encontraba la última resistencia por parte de los del culto, unos les disparaban a los cazadores que respondían al fuego contrario y salían cual depredadores de entre el humo que esparcían las bombas lacrimógenas que tiraban; no muy lejos de la refriega, se encontraba un laboratorio que apestaba a formaldehído y azufre. Allí era donde el culto había intentado "cultivar" su milagro, entre tubos de ensayo rotos y cadáveres de niños y niñas que no sobrevivieron al proceso, una pequeña figura se encogía en un rincón de una jaula para perros grandes... Era un niño. Su piel estaba pálida, marcada por cicatrices quirúrgicas que brillaban con una luz violácea residual, sus ojos entreabiertos y apesar del escandalo afuera, el estaba completamente quieto simplemente abrazando sus rodillas —se notaba que había visto cosas que derretirían la cordura de cualquier adulto— de pronto, al lugar entro un sujeto del culto completamente asustado, sus movimientos eran freneticos, buscaba anotaciones, paginas que estaban regadas por los mesones las metía en un bolso una vez que termino fue apresurado hasta la jaula donde se encontraba el niño, la abrió y tomó al chico de la muñeca, comenzó  a llevárselo, pero antes de que pudiera salir por la puerta un cazador la atraveso —pero no de forma decente o como se esperaría— literal quebro la puerta con su espalda, al notar aquello el seguidor rápidamente, mientras el condotiero se ponía de pie otro seguidor del culto entraba al laboratorio, este medía unos dos metros y su contextura era robusta pero eso no era lo más atemorizante, sino la motosierra que alzaba con la intención de rebanar a todo aquel que se interponga en su camino













‎ 
El condotiero mantenía la distancia mientras le disparaba, pero los disparos no le detenían y gracias a su altura cerraba el espacio entre ellos sin mucho esfuerzo, el condotiero debía esforzarse por no ser rebanado a la mitad como si lo eran algunas mesas y bancos del laboratorio por cada ataque fallido mientras el condotiero rodaba sobre los mesones y le arrojaba frascos de vidrio que aunque era inutil, le salvaban la vida por centímetros. El otro seguidor junto con el niño intentaban moverse sigilosamente por el lugar pero cuando estaban por llegar a la salida, otro cazador entro al laboratorio buscando la manera de ayudar a su compañero, quien diría que en el proceso se encontraría al ocultista y al niño... Su primer movimiento fue alzar el arma apenas los observo, pero el seguidor se abalanzo al instante en contra de el, dejando al niño quien, ahora fuera de su jaula estaba mucho más asustado pues no entendía que estaba ocurriendo ¿Quienes eran estos con los que peleaban sus captores? El niño en su ignorancia no podía teorizar nada pero algo si daba por hecho, y era que estas personas con trajes y armamento no los veía como sus "salvadores". Afuera del laboratorio se observaba como los cazadores ejecutaban a los otros miembros del culto, los herían con una frialdad mecánica, entre esos heridos estaban algunos de los científicos que habían experimentado con el chico, el sabía que esos bastardos eran unos monstruos que habían acabado con las vidas de otros chicos al igual que el, pero cierto era que, a sus ojos, estás misteriosas personas con uniforme eran como verdugos que recitaban salmos con la misma monotonía con la que un carnicero cuenta sus reses antes de comenzar a cortarlas. El niño no vio esperanza en los cazadores de la Danta Iglesia; vio otra forma de terror. Una más organizada, una más definitiva y en su mente trastornada la conclusión surgió...



 ‎( Si quiero sobrevivir ¡Debo escapar de aquí! )



‎ El niño de inmediato corrió lejos del laboratorio, como pudo esquivó los combates que se desarrollaban, los intercambios de balas, en un punto tuvo que deslizarse para pasar por debajo de un cazador y un ocultista— al cual le estaban enterrando unos pulgares en los ojos— que se interponían en su camino, con todo eso el niño logró llegar a la sala y en medio del estruendo, de los disparos y los gritos de algunos seguidores que comenzaban a ser quemados vivos, el niño logró visualizar el sistema de ventilación; tal vez esa podría ser su salida o eso pensaba antes de que alguien de los seguidores del culto arrojará una granada, pero esta fue bateada por otro cazador hacia arriba y fue allí cuando explotó. El techo colapsó... Una densa nube de humo y escombros llenó el laboratorio, creando un velo de ceguera temporal, el niño se levantaba aturdido pero no muy lejos también aparecía el seguidor con la motosierra







 





 Agujeros en su cuerpo chorreaban sangre, su hombro estaba doblado en un ángulo irregular, pero aún así tenía la suficiente voluntad cómo para caminar y no soltar su arma, este vió al niño y lo reconoció al instante, era el sacrificio; el sujeto vió a su alrededor por unos instantes y en sus ojos se vió el momento en que entendió lo que debía hacer, no dejaría que la santa iglesia se haga con su experimento, así por eso se abalanzó con toda la furia que le quedaba por dentro hasta el chico, alzó la motosierra aún encendida y justo cuando estaba por bajarla y así rebanar al pequeñ-!
 







[ 5 minutos después... ]







 
¡Mar... Co... ¡MARC... ¡MARCO!



‎ El condotiero al que llamaban abrió los ojos de golpe, miro de un lado al otro asustado, luego vió su cuerpo temiendo que le faltará alguna extremidad, pero no, por suerte no era el caso y esto hizo que el joven suspirara aliviado. Elija, quién lo sostenía del chaleco —pues de esta manera lo jamaqueo para que despertara— lo soltó sin delicadeza dejando que el golpe terminara de despertarlo 



 ‎
 
¡Ahg! ¿Pero que mierda te pasa Vítkov?



No es tiempo de quedar inconsciente, no aquí... ¿Qué fue lo que pasó? —Pregunto el eslovaco



Pues... ¿Alguna vez jugaste resident evil 4? ¿Recuerdas a esos tipos que tenían una motosierra y se abalanzaban para matarte? Bueno... Resulta que estos imbéciles tenían unas copias vivientes de esos, que hijos de perra tan molestos —Marco contestaba con una sonrisa amarga mientras intentaba ponerse de pie
regunto el eslovaco




— 
¿Me estás diciendo que unos tipos con motosierras hicieron todo esto? Elijah no entendía a qué se refería su compañero con esa descripción, pero lo que decía no tenía el más mínimo sentido para lo que el estaba viendo



¿Todo qu-! 



‎ Marco, ahora de pie, podía ver a lo que se  refería el eslovaco, en el centro de aquella sala había un cráter, y uno de los sujetos con motosierra —o más bien, los restos de el— se encontraban adheridos de forma grotesca al suelo, como si algo lo hubiera golpeado repetidas veces hasta dejarlo prácticamente pegado al suelo. Ver aquello le dió un fuerte dolor de cabeza a Marco, mientras esté se sostenía la cabeza los recuerdos recientes volvían a su memoria, pero como fragmentos, un niño pasando por debajo de él mientras acababa con un ocultista, intento seguir en la refriega, pero se le dificultaba, luego todos escucharon un grito que creo todo un estruendo. Aquellos que se encontraban cerca —Asi como Marco— fueron enviados a volar, en las paredes de formaron grietas, los ojos, oídos y narices de todos los presentes estaban sangrando, Marco levantó la mirada por unos segundos y allí fue cuando lo vio, a unos cuantos metros estaba el niño, sus se veían completamente negros, la silueta de una figura demoniaca a sus espaldas y por último unas letras misteriosas —como si fueran cicatrices mal curadas— brillando en su piel, frente a él estaba uno de estos sujetos con motosierra pero antes de poder ver algo más, todo se hizo oscuro pues el condotiero cayó inconsiente; Marco ahora sostenía su cabeza con una mano mientras que con la otra fue y sujeto el hombro del eslovaco junto a el



Vítkov... ¿Dónde está el Inquisidor Serra? Tengo que hablar con el...







En otro lugar del tercer piso, segundos antes de que el estallido sucediera... ]






‎‎

 Algunos del culto —Mayormente líderes y unos que otros que aún conservaban una pizca de su instinto de supervivencia por encima del fanatismo— fueron a unas de las salidas de emergencias que habían preparado, un grupo se quedó esperando al sujeto que fue enviado a buscar al niño para llevárselo con ellos, pues ese niño era el seguro de vida de todos, todo su ser era el precio a pagar para obtener lo que han buscado durante todo ese tiempo, con ese niño todo habrá valido la pena al final, por eso, en cuanto vieron que el sujeto volvía, cojeando, sosteniendose un brazo por una herida de bala y con una mochila a sus espaldas, no se sorprendieron tanto, su expresión simplemente se tornó sombría y no por qué el seguidor viniera completamente herido, sino que no traía al niño con el...



 ¡Maldito! ¡¿Dónde está el engendro?! —Siseó uno de los hombres que fue y le sostenía por ambos lados de la cabeza 



‎ El seguidor se arrodillaba avergonzado, cuando estaba por decir que se le escapó en el laboratorio por culpa de unos cazadores una onda expansiva sónica les llegó, incluso los que estaban saliendo por uno de los túneles del desague fueron al piso por la onda, todos sabían lo que eso significaba por lo que aceleraron el paso. El ocultista que había interrogado al seguidor encargado de buscar al niño, se acercó a él y antes de que se pusiera de pie, volvió a tomarlo de la cabeza para así 




¡Crack! 


 

 Romperle el cuello. De nada les servía si no pudo traer al niño que ahora desataba su poder, aquel que ellos mediante sus experimentos crueles le habían otorgado por un propósito mayor; el ocultista junto con los otros —que parecían ser líderes y sus compañeros más cercanos— tomaron otra ruta para salir, uno llevaba la mochila que el difunto seguidor trajo, allí iban las anotaciones y pasos a seguir sobre como llegaron al resultado del experimento, ellos los iban a necesitar ahora que daban por muerto al niño...







[ A las afueras del edificio de curtiduría, siete minutos después del estallido... ]








 Mientras algunos de los cazadores terminaban de convertir los sótanos de la vieja sastrería en una pira funeraria de carne y pecado, un pequeño grupo de seguidores se deslizaba por las cloacas, lejos del juicio del mercurio o eso pensaban, a medida que iban saliendo a la superficie uno tras otro era derribado al suelo, unos condotieros acompañados por el mismo Inquisidor Serra estaban allí, para recibirlos como se lo merecían y manteniendo el mayor silencio posible, pues la gente debía mantener su sueño imperturbable 



 ‎
Inquisidor... Yo no creo que esos fueran todos —Comentaba uno de los condotieros mientras se quitaba la sangre del rostro después de haber lidiado con los que se escapabanregunto el eslovaco



 
La verdad es que yo tampoco, pero por mucho que corran estos bastardos no podrán esconderse de nosotros, vamos a dar con cada un-? —El Inquisidor no pudo terminar de hablar pues recibió la señal de alguien intentando comunicarse por el intercomunicador



 
Inquisidor Serra ¿Se encuentra aún en la curtiduría? —Preguntaba Elijah desde el otro lado



— 
¿Me estás diciendo que unos tipos con motosierras hicieron todo esto? No, estoy a las afueras, pero ya voy en camino otra vez ¿Por qué? ¿Ocurrió algo malo? 



— 
Bueno, es mejor que lo vea usted mismo Inquisidor, pero si le puedo decir que... No es algo bueno —Elijah decía esas palabras mientras se agachaba frente a un gran agujero en una pared



Voy para allá —El inquisidor corto la llamada y junto con el resto se puso en marcha hacía el edificio







[ A las afueras del edificio de curtiduría, siete minutos después del estallido... ]

 





Marco y Elijah estaban en un rincón de la sala, a unos metros de donde estaba el cráter, había un agujero que llevaba directo a la superficie, incluso siguiendo la trayectoria de podía ver la luz de la luna llegando hasta el sitio, lo que quiere decir que lo haya salido ya debe estar en quien sabe donde



 
Mierda... Espero que esa cosa este muerta porque si llega a last-!



 
No le llames cosa, es un niño —Marco interrumpía a su compañero mientras aún terminaba de limpiarse la sangre que había brotado de sus ojos, nariz y oídos



— 
¿Disculpa? ¿Desde cuándo los niños hacen gritos sonicos y cavan agujeros de varios metros a través del concreto? Pero claro que no es un simple niño —Elijah se ponía de pié y le aclaraba a su compañero que lo que sea que hizo todo este embrollo, no fue un simple infante y era estúpido pensar lo contrario 



— 
Vítkov... No voy a discutir contigo, yo sé lo que vi...



‎ Marco quien siempre acostumbraba a tener un carácter risueño y complemente despreocupado, ahora observaba al eslovaco con una seriedad intimidante, después de decir aquello comenzó a caminar hasta las escaleras, el equipo de limpieza comenzaba a llegar al lugar. Elijah suspiro y sin decir más le siguió el paso...



















































































































  Nadie ni del bando de la santa iglesia como del grupo satánico tenía ni la menor idea de que a unos cientos de metros, en un rincón oscuro, yacía el niño. Estaba inconsciente, sudoroso y respirando de forma pesada, ya no había letras en su piel ya no brillaban tanto como antes, ni tampoco sus extremidades se volvían monstruosas; solo era un pobre y desdichado niño...