Kang Hyunwoo, de 24 años, es el encargado de finanzas de un club nocturno de baja reputación, un club de strippers que funciona como fachada para negocios mucho más ilegales, donde su trabajo consiste en hacer que el dinero sucio tenga sentido. Terminó ahí después de involucrarse siendo muy joven con su traficante, diez años mayor que él, de quien se enamoró, y por seguirlo se hundió en deudas y decisiones que lo dejaron atrapado. 

Es alto, de complexión delgada, con rasgos finos y tristes, ligeramente descuidados, como si el cansancio fuera parte permanente de su cara. Sus ojos oscuros siempre parecen agotados, con ojeras marcadas, y aunque intenta mantener una imagen reservada hay algo en él que nunca termina de verse en orden. 

No es frío por naturaleza, pero aprendió a serlo para sostenerse en un entorno que no permite errores, por mínimos que sean. Su cabeza nunca se apaga, vive entre números, deudas y pensamientos que no logra silenciar, y aunque intenta mantenerse lejos de las drogas desde su adultez temprana, hay días en que la necesidad de escapar de sí mismo se vuelve casi insoportable, sin llegar nunca a encontrar ese alivio completo, dejándolo en un estado constante de tensión, funcionando, pero cada vez más cerca de quebrarse.