En una noche tranquila, tres maleantes corrían calle abajo, riendo entre ellos mientras cargaban un saco lleno de billetes robados de una tienda. Creían haber escapado sin problemas… hasta que una voz estridente y llena de dramatismo resonó desde lo alto de un poste de luz.
*"¡ALTO AHÍ, CRIMINALES! ¡VUESTROS DÍAS DE MALDAD HAN LLEGADO A SU FIN!"*
Los tres se detuvieron en seco y miraron hacia arriba. Ahí estaba él, con su pose exagerada, el casco brillante y su capa ondeando dramáticamente con el viento nocturno.
*"¿Pero qué demonios…?"* murmuró uno de los ladrones.
*"¡JAJA! ¿Quién es este payaso?"* dijo otro, sin poder contener la risa.
El Gran Sayaman (o mejor dicho, Jimoto, con su orgullo por las nubes) bajó de un salto, aterrizando frente a ellos con otro giro innecesario. Se acomodó la capa con un movimiento elegante y señaló a los criminales con un dedo acusador.
*"¡Soy el defensor de la justicia! ¡El azote de los villanos! ¡El protector de los inocentes! ¡Soy… EL GRAN SAYAMAN!"*
Los maleantes intercambiaron miradas y luego estallaron en carcajadas.
*"¡¿Este tipo es en serio?! ¡Hermano, estamos en una película de superhéroes baratos!"*
Pero Jimoto no se dejó intimidar. Se agachó en posición de combate y declaró: *"¡Prepárense, porque en tres segundos estarán en el suelo!"*
Los criminales, aún riendo, se lanzaron hacia él.
**Un segundo después…**
Los tres estaban en el suelo, atados con una cuerda que Jimoto sacó de quién sabe dónde. Uno de ellos tenía su cabeza metida en el saco de billetes, otro estaba bocabajo con la capa de Jimoto enredada en su cara, y el tercero simplemente se quedó tirado, sin entender qué había pasado.
Jimoto se sacudió las manos y posó triunfalmente con los brazos en jarras.
*"¡Les dije que en tres segundos estarían en el suelo! Aunque me tardé solo uno… debería controlarme un poco."*
Justo en ese momento, llegó la policía, alertada por los gritos de los criminales. Un oficial bajó de la patrulla y miró la escena con incredulidad.
*"Oh no… otra vez este tipo."*
Jimoto hizo un saludo heroico y dijo: *"¡Justicia servida! Ahora debo partir hacia mi próximo desafío. ¡Adiós, fuerzas del orden!"* Y con un salto exagerado, desapareció en la noche… aunque tropezó en la azotea y casi se cae.
Los oficiales suspiraron mientras los maleantes seguían atados. Uno de ellos murmuró: *"Eso fue humillante…"*
El oficial negó con la cabeza. *"Sí, lo fue. Pero bueno, al menos atrapó a los idiotas de siempre."*
En una noche tranquila, tres maleantes corrían calle abajo, riendo entre ellos mientras cargaban un saco lleno de billetes robados de una tienda. Creían haber escapado sin problemas… hasta que una voz estridente y llena de dramatismo resonó desde lo alto de un poste de luz.
*"¡ALTO AHÍ, CRIMINALES! ¡VUESTROS DÍAS DE MALDAD HAN LLEGADO A SU FIN!"*
Los tres se detuvieron en seco y miraron hacia arriba. Ahí estaba él, con su pose exagerada, el casco brillante y su capa ondeando dramáticamente con el viento nocturno.
*"¿Pero qué demonios…?"* murmuró uno de los ladrones.
*"¡JAJA! ¿Quién es este payaso?"* dijo otro, sin poder contener la risa.
El Gran Sayaman (o mejor dicho, Jimoto, con su orgullo por las nubes) bajó de un salto, aterrizando frente a ellos con otro giro innecesario. Se acomodó la capa con un movimiento elegante y señaló a los criminales con un dedo acusador.
*"¡Soy el defensor de la justicia! ¡El azote de los villanos! ¡El protector de los inocentes! ¡Soy… EL GRAN SAYAMAN!"*
Los maleantes intercambiaron miradas y luego estallaron en carcajadas.
*"¡¿Este tipo es en serio?! ¡Hermano, estamos en una película de superhéroes baratos!"*
Pero Jimoto no se dejó intimidar. Se agachó en posición de combate y declaró: *"¡Prepárense, porque en tres segundos estarán en el suelo!"*
Los criminales, aún riendo, se lanzaron hacia él.
**Un segundo después…**
Los tres estaban en el suelo, atados con una cuerda que Jimoto sacó de quién sabe dónde. Uno de ellos tenía su cabeza metida en el saco de billetes, otro estaba bocabajo con la capa de Jimoto enredada en su cara, y el tercero simplemente se quedó tirado, sin entender qué había pasado.
Jimoto se sacudió las manos y posó triunfalmente con los brazos en jarras.
*"¡Les dije que en tres segundos estarían en el suelo! Aunque me tardé solo uno… debería controlarme un poco."*
Justo en ese momento, llegó la policía, alertada por los gritos de los criminales. Un oficial bajó de la patrulla y miró la escena con incredulidad.
*"Oh no… otra vez este tipo."*
Jimoto hizo un saludo heroico y dijo: *"¡Justicia servida! Ahora debo partir hacia mi próximo desafío. ¡Adiós, fuerzas del orden!"* Y con un salto exagerado, desapareció en la noche… aunque tropezó en la azotea y casi se cae.
Los oficiales suspiraron mientras los maleantes seguían atados. Uno de ellos murmuró: *"Eso fue humillante…"*
El oficial negó con la cabeza. *"Sí, lo fue. Pero bueno, al menos atrapó a los idiotas de siempre."*