[ 09:14 a.m. / Valerius Avenue / London / Inglaterra / Sede principal de "Aegis Solution"... ]
"Number 22, Valerius Avenue, St Mary Axe, London EC3A 8BF". Esta es la dirección de un edificio que no busca destacar: Aegis Solutions. Una estructura de doce plantas revestida de un polímero de vidrio oscuro que absorbe la luz en lugar de reflejarla, haciendo que parezca una sombra sólida entre los rascacielos brillantes de su entorno. Es una presencia imponente, considerando que se erige en la misma calle emblemática donde se encuentra el famoso "The Gherkin". Allí, entre callejones medievales y torres de cristal que desafían las nubes, es donde circula el capital que nunca duerme. El edificio late en el corazón del sector de seguros y riesgos globales. En la entrada, solo una placa de bronce cepillado reza: “AEGIS SOLUTIONS - Global Risk Management”. No hay recepción visible desde la acera, solo una puerta giratoria de vidrio reforzado que exige un escaneo biométrico antes de ceder el paso. Si decides adentrarte, te recibe el vestíbulo: un espacio inmenso y minimalista, con paredes de mármol negro e iluminación indirecta que parece emanar de las superficies mismas. El silencio es absoluto, perturbado únicamente por el zumbido de los servidores en los niveles superiores
Del piso uno al ocho se distribuyen las oficinas de consultoría de riesgos, análisis satelital y departamentos legales (la fachada "limpia" para los auditores gubernamentales). Entre las plantas nueve y once se encuentran las zonas de briefing y las suites de lujo para clientes de alto perfil. En la planta doce —el ático— se despliega un jardín zen y un helipuerto privado con conexión directa a Heathrow. Se podría pensar que eso es todo, pero bajo el asfalto, la "magia" de Aegis ocurre en los niveles subterráneos, del -1 al -4. Desde enfermerías de alta complejidad hasta barracones de entrenamiento y armerías; es en los niveles negativos donde los activos mantienen sus habilidades afiladas antes de cada despliegue...
[ Piso 10 / En la sala de Briefing "B"... ]
Allí se encontraba un grupo selecto de diez hombres, recibiendo las órdenes de su próximo encargo, entre ellos se encontraba cierto pelirrojo luchando disimuladamente con el nudo de su corbata, que sentía como una soga mal ajustada. Este no era otro que Elijah Vítkov con su traje gris oscuro, aunque cortado a medida, se sentía como una piel ajena; una armadura de seda que restringía el movimiento de sus hombros y el acceso rápido al equipo que solía portar bajo su uniforme de condotiero —Pero el tenía claro que tampoco es como que las necesitara está vez...— en este despacho, el aroma a pólvora y hierro de sus misiones habituales había sido sustituido por el olor a desinfectante cítrico y aire acondicionado seco; Frente a él, sobre una mesa de cristal pulido, descansaba una tablet con el dossier. William Flek, el director de operaciones de la firma —Y el hombre que servía de puente con la "Iglesia" y supervisaba los contratos mundanos a realizar— revisaba los documentos que describían minuciosamente a donde iba este equipo selecto, pero lo hacía con una impaciencia mal disimulada ...
— Bueno... En efecto, esto no será como las típicas y caóticas extracciones grupales, ni mucho menos una de las cacerías en las que se solicita su presencia en conjunto, caballeros —Sentenció Flek sin levantar la vista— considérenlo una auditoría en zona caliente. El cliente es el director de una destacada startup y, por si fuera poco, el Director Financiero del Clan Tojo. Un hombre que procesa el mundo a través de hojas de cálculo. Lo que requerimos de ustedes es eficiencia, discreción y... Bueno, esto en realidad solo se los exijo yo por si no lo tiene muy claro... No quiero que respiren si él no se los ordena
Al decir aquello, Flek alzó la mirada. La iluminación de la sala resaltó su expresión gélida formada por aquellas facciones finas pero curtidas de su rostro. Una cicatriz quirúrgica nacía bajo su ojo derecho, surcando la mejilla hasta morir en la mandíbula; un mapa de supervivencia contra horrores que superaban la comprensión humana, también se veían unas sutiles ojeras que más que expresar cansancio, demostraban las incontables noches en que estuvo dejando la vida por sobrevivir, ya sea contra abominaciones o contra los mismos seres humanos, que a veces ni provocaba proteger... El director apoyó una mano sobre su pierna y la otra en su barbilla, analizando la reacción de sus subordinados...

Todos los presentes se mantenían en silencio, nadie se inmutó ante la orden que el director les impuso, algunos agentes mantuvieron una simple mirada que ante los ojos de un desconocido podría parecer absoluto desinterés, pero no, en realidad se trataba de una expresión que el riguroso entrenamiento les marco para mantener a raya las expresiones innecesarias, otros agentes, a pesar del entrenamiento no se cohibieron de mostrar el ceño un tanto fruncido desde que escucharon que su cliente era alguien relacionado con la yakuza —Pero tampoco es como que quisieran reclamar al respecto, el trabajo es trabajo...— Ver como todos seguían escuchando atentamente las instrucciones que el mismo excentrico director les decía, confirmaba el compromiso de este equipo. Elijah observó por un instante la fotografía digital en la tablet: Yoshitaka Mine. Un rostro relativamente joven, impecable, de una serenidad que rozaba lo gélido. No parecía el típico patriarca yakuza que resolvía todo a gritos y demostraba sin pena sus tatuajes; este hombre era poder corporativo destilado
— ¿Operaremos en varios distritos de Viena o solo en uno? —Preguntó uno de los agentes. Su voz sonaba ronca en aquel entorno aséptico; se notaba que era más cazador que guardaespaldas
— Eso dependera enteramente del cliente, pero lo que más les debe importar es la subasta en la que participará —Respondió Flek— el director Yoshitaka va dispuesto a ganarse el odio de muchos y dicho en otras palabras... Irá a "cortar cabezas", metafóricamente hablando. Ustedes deben asegurarse de que nadie corte la suya de forma liter-?
***¡biip!***
Justo en ese momento, un suave pitido interrumpió la sesión. Segundos después una secretaria asomó la cabeza con una tensión evidente al hablar...
— Señor Flek... La secretaria personal del Sr. Yoshitaka está en la línea uno. Quiere confirmar que los especialistas ya esten listos pues el Sr. Yoshitaka ya tiene todo programado, de hecho... Ahora mismo se dirige al aeropuerto
— Muy bien, dile que todo está en marcha y que, en cuanto su vuelo cruce territorio aéreo europeo ya el equipo asignado le estará esperando en el aeropuerto de Viena. Listo para darle una calida bienvenida si es que le hace falta —La secretaria asintió cortésmente y se retiró tan rápido como llegó, mientras que el director Flek consultó fugazmente su reloj antes de dedicarles una última mirada a todos y cada uno de los integrantes del grupo. Había una mezcla entre respeto y advertencia silenciosa en sus ojos...
— Ya escucharon. Su cliente ya está en camino, terminen de prepararse. su vuelo saldrá en unas cuatro horas aproximadamente. Se que ya lo tienen grabado pero igual se los recuerdo: nada de latín y nada de actuar como perros de presa. Son profesionales de la seguridad con un historial limpio; si Mine les mira fijamente, asegúrense de que solo vea un escudo de acero y no a unos cazadores de la santa iglesia. Retirense
Elijah así como los demás agentes se pusieron de pie, ajustándose las chaquetas de los trajes. A través de los ventanales, los rascacielos de Londres parecían una jungla de cristal donde los depredadores vestían de seda... El eslovaco sabía que, en las próximas horas, su capacidad para leer la malicia humana sería tan vital como su capacidad para detectar lo profano
— A ideme tu znova... —Murmuró Elijah, mientras salía y se colocaba junto a uno de sus compañeros mientras avanzaban por el pasillo su mirada estaba fija en la puerta del ascensor abriéndose

Pero su mente... En su mente se preguntaba cómo será el momento en que la variable "Yoshitaka" hiciera su entrada en la ecuación que representaba su trabajo. Las puertas del ascensor se cerraron con un susurro neumático —Dejando atrás la pulcritud de la planta diez, así como a los demás agentes que decidieron tomar las escaleras y el otro ascensor— mientras el indicador descendía rápidamente hacia los niveles negativos, el aire acondicionado con olor a cítricos fue acompañado por la voz de uno de los presentes:
— "Nada de latín", dice... —Masculló Draco con ironía, él era uno de los operativos cuya tasa de éxito era ese molesto 97% que aparecía en los informes...— Por supuesto que no vamos a andar por ahí hablando en una lengua muerte, ni mucho menos vamos a recitar salmos. Pero tampoco es como que el instinto se pudiera apagar con un manual de conducta...
Los otros dos agentes en el elevador asintieron con sonrisas comprensivas, Vítkov no respondió nada. Se limitó a observar su propio reflejo en las puertas de acero inoxidable; el traje gris le sentaba bien, sí, pero bajo la tela sentía una ausencia, la falta de libertad para ser un verdugo. Ahora era un "activo de mitigación". Un eufemismo que le provocaba una amargura seca en la garganta...
[ Nivel -4 / En los barracones... ]
Al llegar, los cuatro agentes se dispersaron . Aquí no había trajes ni modales. Los hombres se despojaron de las chaquetas de diseño, revelando fundas axilares de polímero y sensores de pulso. Elijah se acercó a su casillero privado. Al abrirlo, el brillo de su equipo habitual le devolvió la mirada, pero hoy la selección sería diferente. Pasó los dedos por el mango de una daga saex que hace tiempo le habían obsequiado, una herramienta que había probado la carne de seres que alguien como el director Mine solo debería conocer en sus peores pesadillas. La guardó en una funda oculta en la base de la espalda, ajustándola para que no rompiera la línea de la sastrería italiana. Luego, seleccionó una pistola de perfil bajo, una compacta de 9mm con silenciador integrado. Arma sutil, para problemas delicados
— Vítkov —Llamó Standford, uno de los agentes que había bajado en el ascensor y que ahora le observaba desde el umbral de la armería, listo para salir

Elijah se ajustó el collar con crucifijo que llevaba en su cuello —El único objeto "fuera de lugar" que el condotiero conservaba bajo el traje de marca— su compañero al notar que aún seguía en lo suyo, se acercó y le entrego un pequeño auricular de titanio, casi invisible mientras decía:
— ¿Recuerdas a Arthur? Uno de los consultores de riesgo, su oficina está en-? —El agente se detuvo al notar que el eslovaco tenía una expresión en el rostro que le decía: "No sé de quién carajo me hablas, hombre"— ...Bueno, no importa, este sujeto comento que Yoshitaka Mine era un hombre de "detalles". Por lo que deberíamos asumir que si nos nota incómodos o algo por el estilo, pensará que somos débiles; si alguien como el piensa eso en cuanto nos ve, seguramente intentará probarnos
— Ok... ¿A donde quieres llegar? —Preguntaba Elijah mientras cerraba su casillero...
— Quiero llegar a que si el director Yoshitaka te prueba a ti en específico... —Murmuró Elijah, mientras salía y se colocaba junto a uno de sus compañeros mientras avanzaban por el pasillo su mirada estaba fija en la puerta del ascensor abriéndose— hazme un favor y no hagas algo que atente contra su integridad, necesitamos que todo salga bien... No que vengan y nos demanden por lesiones al cliente
— No soy un animal, Luke —Respondió Elijah con una calma gélida, aunque sus nudillos, levemente enrojecidos por la sesión de entrenamiento de hace unas noches, parecían decir lo contrario...— Solo soy un profesional que prefiere trabajar con herramientas que no necesiten una corbata
— Y lo entiendo, pero en este trabajo, la corbata es la herramienta y arma principal... Eso es lo que nos separa de los carniceros de la calle, o de ser los cazadores que bien sabemos que somos. Solo digo que lo recuerdes colega... —Con eso dicho, Stanford se retiró del lugar...
Elijah simplemente asintió en silencio, se colocó la chaqueta de nuevo. El peso de la pistola y la daga lo hicieron sentir, paradójicamente, más ligero. El "disfraz" estaba completo... Minutos después, el equipo de diez hombres avanzaba por el garaje hacia un convoy de camionetas negras blindadas. El rugido de los motores diesel resonaba en las paredes de concreto como un latido de guerra. Mientras subía al vehículo que los llevaría a la terminal privada, Elijah miró por la ventana el cielo gris de Londres, en algún lugar sobre el pacífico, el vuelo de Yoshitaka Mine estaba preparándose para elevarse y cortar las nubes, rumbo hacia su destino en común
