Vale. Se supone que ganamos. Creímos hacerlo.
Derrotamos a Dios. Sí, al cabronazo de Chuck y ya dejó de escribir nuestras vidas como si fuéramos personajes de su demencial novela.
Jack ahora está al cargo. Es el puto jefazo del universo. ¿Quién lo hubiera dicho? Y es un alivio, lo fue… al menos durante un tiempo.
Prometió calma, paz. Sin entrometerse, o sea, libre albedrío total. Lo opuesto a Chuck.
¿Y sabes qué? Eso debería ser bueno pero resulta que cuando le quitas la pluma al escritor… la historia busca otra narrativa desesperadamente.
Y si no la encuentra… la roba.
Los mundos están empezando a chocar. Versiones distintas, variantes de nosotros mismos empiezan a aparecer, joder…
Otros yo. Otros Sam. Incluso otros que murieron hace mucho… Y otras cosas que no deberían estar aquí.
No se trataba de portales, o eso asegura Sammy. Es algo peor: nos enfrentamos a la inexistencia en sí. Cuando los mundos chocan… se devoran en busca de una línea narrativa cerrada, como solían tener. Puede que solo uno quede en pie. O no.
Y esta vez no es ‘humanos’ contra ‘monstruos’. Es ‘todos contra la extinción’. Porque si el universo, el azar, lo que coño sea, tiene que elegir qué versión sobrevive… No pienso quedarme mirando, y sé que tú tampoco lo harás.
Dean Winchester, el original.