[ 09:00 a.m. / Canton de l'Ouroboros En alguna parte de la Ciudad del Vaticano / Roma / Italia /
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El aire en la Cámara del Cónclave era una mezcla opresiva de incienso antiguo y el zumbido eléctrico de los inhibidores de frecuencia. No había ventanas; solo paredes de piedra reforzada con láminas de plomo y plata. En el centro, una mesa circular de obsidiana reflejaba los rostros de los doce hombres en la Santa Iglesia que movían los hilos del mundo bajo la apariencia de piedad...
— ...Ya, pasando a otro tema. Este último informe es... Insatisfactorio, inquisidora general

— ¡Mediocre diría yo! Y la mediocridad en este nivel se traduce en apostasía... —La voz del cardenal D’Amboise primero se alzó por encima de la de su compañero, solo para después terminar hablando en un siseó como una serpiente sobre el mármol
— "Ángeles entre los humanos, con una aparente luz que sana los pecados..." Si estos testimonios llegan a más personas, estas empezaran a alejarse de las iglesias en busca del consuelo de estos supuestos ángeles —Decía el cardenal Barthom mientras citaba una pequeña parte del informe con una genuina preocupación
— Exacto, y lo peor no es tanto que se alejen y dejen de arrodillarse en nuestras catedrales, sino que en esa búsqueda acaben en esquinas oscuras donde en lugar de un milagro encuentren todo lo contrario... Puedo ver que hasta ahora, las personas que han sido ayudadas por estos ángeles no presentan síntomas secundarios ni mucho cambio en su comportamiento, pero eso no significa que hay que confiarnos —El cardenal que hablaba golpeó la mesa con un anillo de oro macizo y dijo— Inquisidor Kaelen, recuerdenos lo que el incidente en Ozerogorsk nos enseñó...
Un inquisidor con una cicatriz mal cicatrizada en el medio del rostro avanzó unos pasos hacía el frente, aunque su apariencia era la de un hombre gentil, su semblante era sombrío mientras hablaba:
— Si un milagro no viene de parte de la Santa Iglesia, es muy probable que sea una maldición disfrazada... —Dijo el inquisidor con algo de pesar, las vidas que fueron perdidas en ese incidente aún pesan sobre sus hombros
— ¡Bueno! A mí en lo personal no me molestaría tanto que se pierdan algunos de los corderos más débiles de pensamiento, digo, eliminar a las manzanas podridas antes de que pudran al resto siempre sera una buena decisión —El cardenal Vane, un hombre cuya piel parecía pergamino estirado sobre un cráneo, dijo mientras otro compañero cardenal asentía con fervor fanático a sus palabras
— No Vane, esto no es solo un problema de fe, es una brecha de seguridad. Estas... "Entidades" están operando en sectores bajo nuestra jurisdicción. Ya sea que lo hagan absorbiendo las penas o alterando la psique de los civiles, el punto es que eso se considera una anomalía de clase IV ¡Y por eso exijo que se desplieguen a los Gladius Dei de inmediato! Hay que limpiar las calles con fuego divino antes de que el rumor se convierta en culto —dijo el cardenal D’Amboise
El inquisidor al notar que los cardenales volvían a discutir entre ellos volvió a su rincon en las sombras, frente a cada una de las columnas se veían a otros tres Inquisidores que permanecían inmóviles como estatuas de hierro. Entre ellos, el Inquisidor Serra mantenía sus manos en la espalda, escuchando con una mezcla de fascinación y temor. Los Gladius Dei eran la unidad mítica de la Santa Iglesia, seres cuya humanidad era una duda y cuya letalidad era una leyenda. Escuchar que los Cardenales los invocaban por un puñado de "milagros callejeros" indicaba que el pánico estaba ganando esta partida pero no por mucho, aun faltaba alguien por hablar en esa habitación... La Inquisidora general Eleonora. Ella ni se inmutó ante las palabras de los cardenales, permanecía de pie, con su uniforme impecable y la mirada fija en la carpeta abierta que se posaba sobre la obsidiana; cuando habló, su voz cortó la discusión como un escalpelo frío
— Eminencias... No se molesten mucho pensando en usar a los Gladius Dei, pues les recuerdo que sus recursos están... Comprometidos aún, por lo que no están disponibles e incluso si lo estuvieran, no los enviaría a cazar luces en los callejones
— ¡¿Comprometidos?! —D’Amboise se puso de pie, su rostro enrojeciendo— Nada es más importante que mantener la seguridad en los dominios de la Santa Iglesia
( O más bien en mantener el monopolio de la divinidad... )
Aquello lo penso el inquisidor Bronson mientras una mueca de disgusto se asomaba en su rostro mientras continuaba escuchando al cardenal, ahora preguntando
— ¡¿En qué podrían estar tan ocupados que supere esta afrenta?!
Eleonora simplemente se inclinó hacia adelante, la poca luz que iluminaba el lugar en donde se encontraba de pie parecía de repente remarcar las cicatrices invisibles de su autoridad. Ella bajó el tono, obligando a los cardenales a silenciarse para escucharla decir:
— La guerra contra cierto ente aún no ha terminado ¿O sí cardenal D’Amboise? —Dijo ella, y sin necesidad de especificar aquel ser al que se refería, todos los cardenales procedieron a recordar un nombre que pareció absorber el calor de la habitación— "Este enemigo" sigue allá afuera, moviéndose entre las sombras, quién sabe en donde, y probablemente su general este reagrupando lo que queda de su estirpe. No olviden que yo he enviado a la mayoría de los Gladius Dei para buscar su rastro. Así que discúlpenme si no les parece lo mejor, pero mi intención tampoco es desproteger el cuello de esta institución ni del mundo, simplemente considero innecesario enviar a nuestros guerreros más fuertes para perseguir a unos "ángeles" que bien podrían ser simples anomalías menores
Aquellas palabras provocaron un escalofrío entre los inquisidores de custodia. Serra intercambió una mirada fugaz con el más joven de sus compañeros, el inquisidor Simon. Ambos estaban escarbando en sus memorias intentando recordar alguno de los registros de bajo nivel que les dijera a que enemigo se referían, ellos recordaban algunos que parecían más bien mitos, pues hablaban de seres que parecían deidades caídas, otros trataban sobre sus enemigos primordiales, los vampiros. Ver la conmoción en los cardenales, a la Inquisidora general evitando mencionar un nombre pero recalcándoles que había una guerra activa, sugería que era algo que iba más alla... Ambos inquisidores notaron al instante que ninguno estaba al tanto de nada por lo que volvieron la mirada al frente, Simon veía el miedo en los cardenales y esto le hizo cuestionarse si tal vez todo lo que les habían enseñado sobre la victoria de la Iglesia era una fachada... ¿Quién era este "enemigo" realmente? ¿Y qué tan cerca estaba de destruir a la Santa Iglesia como para tener a unos cuantos Gladius Dei buscándolo? Pocos sabían la respuesta a esa pregunta, pero lo cierto era que esas palabras alfin hicieron que el cardenal D’Amboise guardara silencio, el miedo reemplazo la arrogancia en sus ojos por un breve segundo pero fue más que suficiente para que la inquisidora lo notara y le diera una letal—y muy significativa— mirada, aquello fue un recuerdo de que ninguno de ellos podía presionar a Eleonora...

— Muy bien inquisidora, pero si no usaremos a los Gladius Dei...—Comenzó a decir el cardenal Vane, intentando hacer que se recuperara la compostura en la sala— ¿Cómo piensa detener esta "santidad" no autorizada?
Eleonora se enderezó y cruzó las manos frente a sí mientras respondía:
— Usaremos el protocolo de Infiltración de Bajo Perfil. No enviaremos escuadrones de purga que alerten a la población ni tampoco enviaremos a inquisidores especializados, con enviar a nuestros rastreadores predilectos debería bastar: algunos condotieros y cazadores, vestidos de civil, mezclados entre los civiles normales. Ellos buscaran la manera de identificar los objetivos. Podría ser arriesgado, pero de ser viable se les encomendará ganar su confianza si es necesario para interrogarlos un poco sin necesidad de secuestrarlos. Ya si no pueden conseguir información util sobre qué son o cómo operan, pues se tomaran las medidas para traer uno como minimo y así... Averiguar y entender exactamente con que estamos lidiando, como hemos hecho siempre —Cluyó Eleonora con una frialdad absoluta—Si son ángeles, veremos si es cierto que no pueden sangrar... Pero si son monstruos, ni siquiera les agradeceremos el servicio antes de quemarlos
Una vez que la inquisidora termino de hablar, los cardenales compartieron miradas antes de darle el visto bueno a lo que planteaba, sonaba lo suficientemente satisfactorio y aunque algunos lo aceptaban a regañadientes otros le agradecían por su consideración al no comenzar directamente con las hostilidades; pocos minutos transcurrieron después de eso, ya llevaban un par de horas desde que había iniciado esta reunión, ya con todos los temas zanjados pues la reunión terminó, sin bendiciones. Los doce cardenales se retiraron en silencio, formando grupos de cuatro, cada uno custodiados y escoltados por sus propios guardias y guiados por un inquisidor a la cabeza. Eleonora se quedó en la sala al finalizar la reunión, por un momento, se quedo observando la gran puerta o eso parecía, pero en realidad su mente estaba en otro lado... Hasta que fue sacada de sus pensamientos
— Yo creí que nos enviaría a nosotros Inquisidora general ¿Por qué no lo hizo?... — Aquellas palabras venían del inquisidor Simon, el unico que se había quedado atras para escoltar a Eleonora

— Inquisidor Simon ¿Cierto?... ¿Ninguno de los otros Inquisidores te ha comentado que no necesito que me escolten? —le dijo la inquisidora general
— ¡Sí, pero las reglas estipulan que finalizado el conclave todos deben ser acompañados por un inquisidor hast-? —Simone fue interrumpido por la mujer
— Chico, cuando tu aún ibas en la secundaria ya yo me estaba aprendiendo todo eso, que intentes recordármelo así como así... Se nota que eres el más nuevo
— Bueno, si se me permite decirlo... A usted se le nota que esta evitando mi pregunta anterior, Inquisidora general —Menciono Simone con calma y sin intenciones de mostrarse altanero
— ¡JAJAJAJA! Pero mira nada más a este recién consagrado... Eres un Inquisidor listo ¿Eh? —La Inquisidora general procedió a reirse muy fuerte después de las palabras del chico, luego se acerco a este invadiendo su espacio personal y sin importarle en lo absoluto que el chico fuera un pie más grande que ella, le miro directo a los ojos y con una sonrisa escalofriante le dijo— Los que son como tu no suelen durar tanto con vida...
El inquisidor no le respondió esta vez, se aguanto las ganas de retroceder al tenerla tan cerca y simplemente trago saliva mientras mantenía la compostura, la inquisidora entrecerró los ojos y asintió levemente como gesto de aprobación a su actitud y volvió a alejarse, ahora caminando hacia las puertas le respondío:
— No envie a ninguno de los inquisidores porque no lo considero necesario, aunque es cierto que esas cosas pueden ser una gran amenaza y no tenemos claro si pueden manipular las emociones o las mentes humanas en sí... Prefiero asegurarme primero. Todo apunta a que no son hostiles pero de llegar a equivocarme, al menos no me arrepentiré de haber perdido a algunos mis hombres más capaces averiguandolo. Ahora vamonos, ya que vas a seguirme por un tiempo, hazme un favor y llama a la oficina del censor para oficializar las nuevas ordenes, esos equipos deben estar preparados antes de que pasen 48 horas
Tanto ella como el inquisidor comenzaron a caminar apresurados antes de desaparecer por la puerta adentrándose en los pasillos de piedra, una vez que la orden este puesta en marcha... Una nueva cacería dará comienzo...
