• La mañana estaba en silencio, de ese tipo de silencio que solo existe antes de que el mundo empiece a moverse de verdad. Sentado en el sofá, con la luz entrando por la ventana, Cameron hojeaba el periódico con gesto concentrado, como si cada titular pudiera esconder algo más que simples noticias.

    Para la mayoría de la gente era solo lectura matutina. Para él, no.

    Entre columnas sobre política mágica, rumores exagerados y artículos sensacionalistas, su mirada buscaba lo que otros no veían: pequeños detalles, nombres que se repetían demasiado, incidentes que parecían triviales pero no lo eran. Años de trabajo le habían enseñado que muchos problemas empezaban exactamente así, escondidos entre líneas.

    Pasó la página con calma, tal vez no encontrara nada hoy.
    Pero sabia que si estaba atento, encontraría un hilo del que tirar.

    #Personajes3D #3D #Comunidad3D
    La mañana estaba en silencio, de ese tipo de silencio que solo existe antes de que el mundo empiece a moverse de verdad. Sentado en el sofá, con la luz entrando por la ventana, Cameron hojeaba el periódico con gesto concentrado, como si cada titular pudiera esconder algo más que simples noticias. Para la mayoría de la gente era solo lectura matutina. Para él, no. Entre columnas sobre política mágica, rumores exagerados y artículos sensacionalistas, su mirada buscaba lo que otros no veían: pequeños detalles, nombres que se repetían demasiado, incidentes que parecían triviales pero no lo eran. Años de trabajo le habían enseñado que muchos problemas empezaban exactamente así, escondidos entre líneas. Pasó la página con calma, tal vez no encontrara nada hoy. Pero sabia que si estaba atento, encontraría un hilo del que tirar. #Personajes3D #3D #Comunidad3D
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  • Giros, existe el cielo y un estado de coma.

    ​La jornada se había extendido hasta volverse asfixiante; una ironía molesta para el día de su cumpleaños. Sin embargo, la necesidad dictaba sus pasos: sus ahorros se habían desangrado, gota a gota, entre las estériles paredes del hospital. Ahora, se hallaba inmerso en el gélido abrazo del invierno citadino. Resultaba asombroso cómo la nieve persistía en su danza interminable; aunque el calendario sugería que el final de febrero o los albores de marzo marcarían el retiro del frío, el paisaje blanco parecía reclamar un dominio eterno. No es que detestara el invierno, pero anhelaba la caricia reconfortante del verano, ese calor que su cuerpo, delgado y quebradizo por una fragilidad congénita, rara vez lograba retener. Un onsen, pensó con un suspiro, sería el paraíso en ese instante.

    ​Afortunadamente, su corazón le daba una tregua. Tras un largo periodo sin incidentes, el deseo de celebrar, aunque fuese de forma mínima, comenzaba a germinar en su pecho. Consideró la idea de beber con sus antiguos compañeros de orquesta, una noción que oscilaba entre lo agradable y lo agridulce. Sabía que la velada derivaría en esa insistente e incómoda pregunta: ¿por qué no volvía al violín? No podía culparlos por su curiosidad; después de todo, se había guardado para sí los motivos que lo obligaron a abandonar las cuerdas a mitad de su carrera, protegiendo su secreto con un celo casi religioso.

    ​Había abandonado su puesto de trabajo al filo de la noche. Tras encadenar sesiones de canto y piano, el agotamiento pesaba en sus hombros; sentía las manos agarrotadas y la garganta como un desierto de ceniza. Definitivamente, necesitaba un trago. Nada pretencioso: un gurin sería el capricho perfecto para sellar la jornada.

    ​Al cruzar el umbral hacia el exterior, observó cómo la última luz del sol agonizaba en el horizonte. El frío golpeó con saña, tiñendo de carmín sus mejillas y nariz, mientras sus dedos se entumecían pese al resguardo de sus preciados guantes de lana. Sin paraguas, inició una caminata pausada, permitiendo que el dolor sordo de sus articulaciones marcara el ritmo de sus pasos. De pronto, el cielo arreció en su nevada, obligándolo a apresurarse. Su abrigo, aunque generoso, dejaba su rostro a merced de los copos que, como fragmentos de cristal, se enredaban en sus cortas pestañas. Pese a la inclemencia, una chispa de júbilo le iluminó el rostro; caminaba con una sonrisa discreta, casi risueña, abriéndose paso entre la multitud anónima de la metrópoli.

    ​Alcanzó el bar antes de lo previsto. Nunca había sido un devoto de la ciudad; prefería el susurro del campo o la salitre de la costa, la claridad del aire y el calor húmedo que abraza la piel. No obstante, empezaba a comprender que debía hacer las paces con su entorno. Se acomodó en una mesa retirada, lejos de la corriente de la puerta y del bullicio excesivo. Al despojarse de la chaqueta con un movimiento un tanto brusco, la tela se ciñó revelando la prominencia de su cadera, un vestigio de su delgadez. Finalmente se sentó, entregándose a la espera de ese primer sorbo del sake y ron japonés en el gurin, cuyo aroma azucarado prometía adormecer sus sentidos en una solitaria y necesaria celebración.
    Giros, existe el cielo y un estado de coma. ​La jornada se había extendido hasta volverse asfixiante; una ironía molesta para el día de su cumpleaños. Sin embargo, la necesidad dictaba sus pasos: sus ahorros se habían desangrado, gota a gota, entre las estériles paredes del hospital. Ahora, se hallaba inmerso en el gélido abrazo del invierno citadino. Resultaba asombroso cómo la nieve persistía en su danza interminable; aunque el calendario sugería que el final de febrero o los albores de marzo marcarían el retiro del frío, el paisaje blanco parecía reclamar un dominio eterno. No es que detestara el invierno, pero anhelaba la caricia reconfortante del verano, ese calor que su cuerpo, delgado y quebradizo por una fragilidad congénita, rara vez lograba retener. Un onsen, pensó con un suspiro, sería el paraíso en ese instante. ​Afortunadamente, su corazón le daba una tregua. Tras un largo periodo sin incidentes, el deseo de celebrar, aunque fuese de forma mínima, comenzaba a germinar en su pecho. Consideró la idea de beber con sus antiguos compañeros de orquesta, una noción que oscilaba entre lo agradable y lo agridulce. Sabía que la velada derivaría en esa insistente e incómoda pregunta: ¿por qué no volvía al violín? No podía culparlos por su curiosidad; después de todo, se había guardado para sí los motivos que lo obligaron a abandonar las cuerdas a mitad de su carrera, protegiendo su secreto con un celo casi religioso. ​Había abandonado su puesto de trabajo al filo de la noche. Tras encadenar sesiones de canto y piano, el agotamiento pesaba en sus hombros; sentía las manos agarrotadas y la garganta como un desierto de ceniza. Definitivamente, necesitaba un trago. Nada pretencioso: un gurin sería el capricho perfecto para sellar la jornada. ​Al cruzar el umbral hacia el exterior, observó cómo la última luz del sol agonizaba en el horizonte. El frío golpeó con saña, tiñendo de carmín sus mejillas y nariz, mientras sus dedos se entumecían pese al resguardo de sus preciados guantes de lana. Sin paraguas, inició una caminata pausada, permitiendo que el dolor sordo de sus articulaciones marcara el ritmo de sus pasos. De pronto, el cielo arreció en su nevada, obligándolo a apresurarse. Su abrigo, aunque generoso, dejaba su rostro a merced de los copos que, como fragmentos de cristal, se enredaban en sus cortas pestañas. Pese a la inclemencia, una chispa de júbilo le iluminó el rostro; caminaba con una sonrisa discreta, casi risueña, abriéndose paso entre la multitud anónima de la metrópoli. ​Alcanzó el bar antes de lo previsto. Nunca había sido un devoto de la ciudad; prefería el susurro del campo o la salitre de la costa, la claridad del aire y el calor húmedo que abraza la piel. No obstante, empezaba a comprender que debía hacer las paces con su entorno. Se acomodó en una mesa retirada, lejos de la corriente de la puerta y del bullicio excesivo. Al despojarse de la chaqueta con un movimiento un tanto brusco, la tela se ciñó revelando la prominencia de su cadera, un vestigio de su delgadez. Finalmente se sentó, entregándose a la espera de ese primer sorbo del sake y ron japonés en el gurin, cuyo aroma azucarado prometía adormecer sus sentidos en una solitaria y necesaria celebración.
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  • —Hola cómo están está tarde les contaré la historia de Cinthia espero y disfruten del relato —

    hace cinco años, cuando tenía 20, vivía con mi madre, mis tías y mi abuela en una antigua casa de campo a las afueras del pueblo. Desde que tengo memoria, ellas se habían dedicado a la brujería, algo que, aunque no compartía, había aceptado como parte de mi vida. No obstante, esa noche en particular fue diferente, pues nunca antes había presenciado uno de sus rituales.

    Era una noche oscura y lúgubre, en la que apenas se distinguía la luz de la luna entre las nubes. Había un aire pesado y denso que me rodeaba, como si presintiera que algo extraño estaba a punto de suceder. Mi familia decidió realizar un ritual para alejar las malas vibras de nuestra casa, y aunque no era mi costumbre, decidí unirme a ellas.

    Nos dirigimos hacia una cueva ubicada cerca de nuestra casa, un lugar que siempre me había parecido tenebroso y del cual había evitado acercarme. Sin embargo, esta vez me encontraba caminando hacia allí, acompañada por el sonido de nuestras pisadas en la hojarasca y el murmullo de las ramas moviéndose por el viento.

    Al llegar a la entrada de la cueva, mis tías encendieron velas, mientras mi abuela sostenía en sus manos unos libros antiguos y polvorientos cuyo contenido desconocía. La luz de las velas proyectaba sombras fantasmagóricas en las paredes de la cueva, lo que acentuaba mi creciente sensación de inquietud.

    Mis tías comenzaron a preparar el ritual, disponiendo todo lo necesario en el suelo. Entre los elementos que utilizarían, había una botella con sangre de cabra y un mechón de cabello del cual no sabía su procedencia. La simple visión de esos objetos aumentaba mi temor, pero decidí mantener la compostura y seguir adelante.

    A medida que el ritual avanzaba, mis tías y mi abuela recitaban palabras en un idioma que no reconocía, y yo me mantenía en silencio, observando cada movimiento con cautela. No podía evitar sentir que algo no estaba bien, que aquel ritual tenía un propósito más oscuro del que me habían contado.

    No obstante, me encontraba allí, en medio de la oscuridad, junto a mi familia, sintiendo cómo una energía inquietante se apoderaba de la cueva. En mi mente, una mezcla de miedo y curiosidad me impulsaba a quedarme y descubrir qué sucedería a continuación, sin saber que aquella noche sería solo el comienzo de una serie de aterradores acontecimientos que cambiarían mi vida para siempre.

    En ese momento, casi al finalizar el ritual, mi abuela mencionó el nombre de mi novio, Jorge. Sentí cómo mi corazón se detenía por un instante y mi sangre se helaba en las venas. A pesar de mi miedo, la ira comenzó a apoderarse de mí. No podía creer que mi familia estuviera haciendo algo en contra de la persona a la que amaba.

    Enfurecida, me abalancé sobre el altar improvisado y arrojé al suelo las velas y la sangre que estaba en un florero. La oscuridad invadió la cueva mientras las llamas se apagaban, y el eco de mis acciones retumbaba en las paredes de piedra.

    Mis tías y mi abuela me miraron sorprendidas, mientras mi madre intentaba justificar sus acciones, diciéndome que Jorge no me convenía, que no tenía trabajo y era poco agraciado, y que yo merecía a alguien mejor. En ese momento, mi enojo alcanzó su punto máximo y, sin poder contenerme, les grité que no se metieran en mi vida.

    La cueva parecía vibrar con la intensidad de mis palabras, como si las propias paredes pudieran sentir mi ira y mi dolor. Mi madre y mis tías bajaron la mirada, mientras mi abuela me observaba con una expresión indescifrable en su rostro arrugado.

    La ira se disipó lentamente, dejando tras de sí un profundo sentimiento de tristeza y traición. Me di cuenta de que, en su afán por protegerme y guiarme, mi familia había cruzado un límite que no debieron traspasar. A pesar del amor que sentía por ellas, sabía que ya no podría confiar en ellas de la misma manera.

    En silencio, recogí las velas apagadas y salí de la cueva, dejando atrás a mi familia y el ritual inconcluso. La noche había recuperado su oscuridad y frío, pero mi corazón ardiendo de furia e indignación me mantenía caliente mientras me alejaba de aquel lugar.

    No sabía qué me depararía el futuro después de esa traición, pero estaba decidida a enfrentar cualquier desafío por mi cuenta, sin dejarme influenciar por las creencias y deseos de mi familia. Lo que no imaginaba era que aquella noche de traición y furia sería solo el inicio de una serie de eventos escalofriantes que pondrían a prueba mi valentía y cambiarían mi vida para siempre.

    Apenas llegué a casa, tomé una maleta y comencé a llenarla con mi ropa y pertenencias más importantes, decidida a irme a casa de Jorge, quien vivía a poca distancia. No quería pasar ni un segundo más en ese lugar donde mi familia había intentado manipular mi vida sin mí consentimiento.

    Estaba a punto de salir por la puerta cuando las brujas de mi familia aparecieron frente a mí. Una de mis tías me miró con seriedad y me dijo que entendía mi enojo, pero que lo que había hecho estaba muy mal. Me explicó que dejar un ritual inconcluso podría traer graves consecuencias, ya que estaba jugando con fuerzas que no debían ser tomadas a la ligera. Hizo alusión a que el diablo no toleraba ese tipo de juegos.

    A pesar de sus palabras, no podía dejar de sentir coraje hacia ellas. Les respondí con firmeza que no me importaban las consecuencias y que me iba de esa casa para que no me molestaran más. Les pedí que dejaran en paz a Jorge y que no intentaran interferir en nuestra relación de nuevo.

    Mis tías y mi madre parecieron sorprendidas por mi determinación, pero mi abuela me observó con una expresión preocupada en su rostro. A pesar de su reacción, me mantuve firme en mi decisión y salí de la casa, sintiendo un peso en mi pecho que me oprimía.

    Llegué a casa de Jorge y le conté lo sucedido, buscando consuelo y apoyo en él. Él me abrazó con fuerza, prometiéndome que estaríamos juntos y enfrentaríamos cualquier cosa que se nos presentara. Aunque sus palabras me reconfortaron, no pude evitar sentir un temor creciente en mi interior, como si el abismo de lo desconocido se abriera ante mí.

    La advertencia de mi tía sobre las consecuencias de dejar un ritual inconcluso retumbaba en mi mente, pero me negaba a darle importancia. No quería que el miedo gobernara mi vida y mis decisiones, pero lo que no sabía era que esa noche había desatado fuerzas oscuras que no tardarían en manifestarse.

    Las primeras semanas en casa de Jorge transcurrieron sin incidentes. Nos sentíamos felices y seguros juntos, y yo comenzaba a olvidar los eventos aterradores que habían llevado a mi huida de la casa de mi familia. Sin embargo, esa tranquilidad no duró mucho.

    Una noche, mientras estábamos acostados en la cama, comenzamos a escuchar un extraño sonido, como si algo estuviera arañando las paredes. Nos miramos con inquietud, pero no le dimos mayor importancia, atribuyéndolo a algún animal nocturno o al viento.

    Otra noche, Jorge metió la mano debajo de la cama para buscar algo que había dejado caer y sintió que algo lamió su mano. Retiró la mano rápidamente, describiendo una lengua fría, rasposa y asquerosa. Ambos nos quedamos estupefactos y asustados, pero no encontramos ninguna explicación lógica para lo sucedido.

    El miedo comenzó a apoderarse de nosotros cuando, en otra ocasión, mientras dormíamos, fuimos despertados por ruidos en la habitación. Al abrir los ojos, vimos algo que parecía sacado de nuestras peores pesadillas: dos de los peluches de Jorge parecían haber cobrado vida y se burlaban de nosotros, señalándonos y riéndose con malicia.

    El terror nos invadió por completo, y comenzamos a cuestionarnos si lo que estaba sucediendo tenía alguna conexión con el ritual inconcluso que había interrumpido semanas atrás. La advertencia de mi tía resonaba en mi mente, y no pude evitar sentir que, en mi desesperación por proteger a Jorge, había desatado fuerzas oscuras y peligrosas que ahora nos acechaban.

    Sabía que debía enfrentar el problema y buscar una solución antes de que las cosas empeoraran, pero no tenía idea de cómo hacerlo. Había dejado atrás a mi familia y sus conocimientos sobre brujería, y ahora me encontraba atrapada en una situación que amenazaba con destruir la vida que había construido junto a Jorge.

    Con cada nueva manifestación de esas fuerzas oscuras, la tensión y el miedo se apoderaban cada vez más de nuestras vidas. La incertidumbre y la angustia nos atormentaban día y noche, y sabíamos que debíamos encontrar una manera de detener ese tormento antes de que fuera demasiado tarde.

    La situación empeoró considerablemente. Un día, mientras Jorge se bañaba, escuché un grito desgarrador que provenía del baño. Corrí hacia allí y lo encontré temblando de miedo. Me contó que el agua de la ducha había salido hirviendo de repente, la luz del baño se había apagado y, además, había escuchado a alguien pronunciar su nombre en repetidas ocasiones.

    Al escuchar su relato, mi corazón latía a mil por hora y el miedo recorrió todo mi ser. Lo abracé con fuerza y le dije que todo estaría bien, pero en mi interior sabía que estaba equivocada. Aquella misma noche, uno de los peores presagios se manifestó: una de las cruces que Jorge tenía en su cuarto, ya que era católico, se cayó y se partió en pedazos sin razón aparente.

    Para colmo, Jorge comenzó a sentirse muy mal. Le dio fiebre, tos y su piel se tornó pálida. Su estado empeoró rápidamente e incluso empezó a vomitar cabellos, algo que me dejó horrorizada y sin saber qué hacer. No podía negar más la realidad: las fuerzas oscuras desatadas por el ritual inconcluso estaban afectando a Jorge, y era mi culpa.

    Desesperada y sintiendo que no tenía otra opción, decidí enfrentar mi miedo y regresar a la casa de mi familia para pedirles ayuda. A pesar de todo lo que había ocurrido, sabía que ellas eran las únicas que podrían enfrentar y detener las fuerzas que ahora amenazaban nuestras vidas.

    Con el corazón en un puño y la determinación de proteger a Jorge, me dispuse a enfrentar a mi familia y a las sombras del pasado que ahora se cernían sobre nosotros. No tenía idea de lo que encontraría al regresar a aquella casa ni de si podríamos detener el mal que nos acechaba, pero estaba dispuesta a hacer todo lo necesario para salvar a Jorge y recuperar nuestras vidas.

    Regresé a la casa de mi familia con el corazón lleno de temor y resentimiento. A pesar de que no quería estar allí, sabía que era la única opción que tenía para proteger a Jorge y poner fin a la pesadilla que estábamos viviendo.

    Mis tías, mi madre y mi abuela estaban felices de verme de vuelta, pero yo no podía olvidar lo que habían intentado hacerle a Jorge. Aun así, les conté todo lo que nos había sucedido en los últimos días, esperando que pudieran ayudarnos a detener las fuerzas oscuras que nos atormentaban.

    Para mi sorpresa, no parecieron sorprendidas por lo que les conté. Con seriedad, prometieron ayudarnos y aseguraron que todo mejoraría. Incluso afirmaron que dejarían de interferir en mi relación con Jorge, reconociendo que habían cruzado un límite que no debieron traspasar.

    A pesar de sus palabras, no podía evitar sentir cierta desconfianza. Sin embargo, sabía que no tenía otra opción que confiar en ellas y en su conocimiento sobre brujería para enfrentar las fuerzas malignas que habíamos desatado.

    Mis tías, mi madre y mi abuela comenzaron a preparar un ritual de purificación y protección, con el objetivo de limpiar nuestra energía y alejar las entidades oscuras que nos acechaban. Me pidieron que participara en el ritual y les confiara mis miedos y preocupaciones, algo que hice con cierta reticencia, pero también con la esperanza de que podría salvar a Jorge y a mí de la oscuridad que nos envolvía.

    Con temor y resignación, volví a la cueva en la que había interrumpido el ritual anterior. Mi madre me explicó que, para solucionar el problema que yo misma había creado, tendría que realizar un sacrificio de sangre. Me entregaron una gallina, que debía sacrificar para obtener un poco de su sangre y así completar el ritual.

    A pesar de sentirme horrorizada ante la idea, sabía que no tenía otra opción si quería salvar a Jorge y a mí de la oscuridad que nos acechaba. Con manos temblorosas, sacrifiqué a la gallina y recogí su sangre en un recipiente.

    Luego, mis tías, mi madre y mi abuela comenzaron a recitar palabras en un idioma que no entendía. Me pidieron que las repitiera, aunque no sabía qué significaban. Mientras lo hacía, mi abuela me limpiaba con hierbas y mis tías me escupían alcohol para purificar mi cuerpo y mi espíritu.

    El ritual se volvió cada vez más intenso, y las energías en la cueva parecían vibrar a nuestro alrededor. Podía sentir que algo estaba cambiando, aunque no sabía si era para bien o para mal. En mi corazón, solo deseaba que todo terminara y que Jorge y yo pudiéramos recuperar nuestras vidas.

    Cuando finalmente el ritual llegó a su fin, mis tías, mi madre y mi abuela parecían satisfechas y aliviadas. Me aseguraron que las fuerzas oscuras que habíamos desatado estarían ahora bajo control y que no tendríamos que preocuparnos más por ellas.

    Aunque quería creer en sus palabras, una parte de mí seguía temiendo que el mal que habíamos desencadenado fuera demasiado poderoso como para ser contenido. Sin embargo, por el bien de Jorge y el mío, decidí confiar en mi familia y esperar que, de alguna manera, las cosas volvieran a la normalidad.

    Al regresar a casa, comencé a sentir una paz que no había experimentado desde que iniciaron los horribles sucesos. Decidí perdonar a mi familia, quienes se mostraron muy felices y aseguraron que solo querían lo mejor para mí. Sin embargo, había un terrible secreto que ocultaban y que no descubriría hasta más tarde.

    Mi confianza en ellas comenzó a crecer, ya que los eventos sobrenaturales habían cesado y todo parecía haber vuelto a la normalidad. Cuando le pregunté a Jorge cómo se sentía, me dijo que se encontraba mucho mejor y que no había experimentado nada extraño en los últimos días. Ambos nos sentíamos aliviados y agradecidos por la aparente calma.

    Aproveché la oportunidad para disculparme con Jorge por todos los aterradores acontecimientos que había vivido a causa de mi culpa y la de mi familia. Para mi alivio, él lo entendió y me perdonó, demostrando una vez más el amor profundo que sentía por mí.

    Por un tiempo, parecía que todo iba bien y que las cosas estaban volviendo a la normalidad. Pero en el fondo, no podía quitarme la sensación de que algo no estaba del todo bien y que el mal que habíamos desencadenado seguía al acecho, esperando el momento adecuado para volver a manifestarse. A pesar de mi inquietud, traté de ignorar esos pensamientos y disfrutar de la paz y la tranquilidad que había en nuestra vida. Sin embargo, no pasaría mucho tiempo antes de que el terrible secreto de mi familia saliera a la luz y cambiara todo para siempre.

    Mi temor y desesperación crecieron a medida que la normalidad aparente comenzó a desmoronarse. Una madrugada, mientras dormía, escuché un golpe en mi ventana. Al principio, creí que se trataba de algo sobrenatural, pero luego escuché la voz de Jorge llamándome. Abrí la ventana y lo vi empapado en sudor, con el rostro pálido y llorando desconsoladamente. Lo hice entrar a escondidas en mi casa para que me explicara qué había sucedido.

    Una vez dentro, Jorge me contó que su abuelo había fallecido hacía apenas una hora. Habían escuchado un grito de terror, y cuando corrieron a verlo, ya no respondía. Sus palabras hicieron que mi corazón se llenara de angustia, no solo por el miedo a lo desconocido, sino también por la tristeza de perder a alguien que había sido muy amable conmigo durante el tiempo de mi relación con Jorge. Su abuelo siempre había mostrado afecto y comprensión hacia mí, y no pude evitar sentir un profundo pesar por su pérdida.

    Lo que dijo a continuación fue aún más aterrador. Al salir a pedir ayuda, había visto a una de mis tías espiándolo en plena oscuridad, vestida de negro.

    El pánico se apoderó de mí al comprender que, de alguna manera, mi familia todavía estaba involucrada en todo esto. A pesar de sus promesas de ayudarnos y de no interferir en nuestra relación, habían seguido manipulando nuestras vidas y causando sufrimiento.

    No sabía qué hacer ni en quién confiar. Mi mundo se había vuelto oscuro y aterrador, y sentía que estaba siendo arrastrada hacia un abismo del que no había escapatoria. Decidí que no podía seguir permitiendo que mi familia destruyera nuestras vidas y que debía enfrentarme a ellas y descubrir la verdad detrás de sus acciones y el oscuro secreto que ocultaban.

    En lugar de enfrentar a toda mi familia de una vez, decidí comenzar por hablar con mi tía en privado. Desperté a mi tía con cuidado para no hacer mucho ruido y le pedí que fuera a mi habitación para que me diera una explicación.

    Una vez en mi habitación, mi tía me reveló que el último ritual que habían realizado en realidad no había sido para protegerme a mí y a Jorge, sino para asegurarse de que yo estuviera bien, pero a costa del sufrimiento de mi novio. Ellas no querían que estuviéramos juntos y habían tomado medidas extremas para separarnos.

    Mi tía me confesó que entendía cómo me sentía, pero que no podía hacer nada al respecto. Me contó que, hace muchos años, mi abuela tampoco había permitido que ella estuviera con el amor de su vida. Mi tía se vio obligada a abandonar a su novio para evitar que mi abuela enterrara un muñeco vudú en el panteón, lo que habría resultado en la muerte de su amado. Prefería sacrificar su relación antes que poner en peligro la vida del hombre que amaba.

    La revelación de mi tía me dejó conmocionada y angustiada. No solo había descubierto que mi familia había estado manipulando nuestras vidas y causando sufrimiento a Jorge, sino que también aprendí que este tipo de intervenciones y sacrificios se habían repetido en el pasado. Me pregunté cuántas veces habían hecho esto antes y cuántas vidas habían sido afectadas por sus acciones.


    ||—En comentarios está la continuación disculpen las molestias —
    —Hola cómo están está tarde les contaré la historia de Cinthia espero y disfruten del relato — hace cinco años, cuando tenía 20, vivía con mi madre, mis tías y mi abuela en una antigua casa de campo a las afueras del pueblo. Desde que tengo memoria, ellas se habían dedicado a la brujería, algo que, aunque no compartía, había aceptado como parte de mi vida. No obstante, esa noche en particular fue diferente, pues nunca antes había presenciado uno de sus rituales. Era una noche oscura y lúgubre, en la que apenas se distinguía la luz de la luna entre las nubes. Había un aire pesado y denso que me rodeaba, como si presintiera que algo extraño estaba a punto de suceder. Mi familia decidió realizar un ritual para alejar las malas vibras de nuestra casa, y aunque no era mi costumbre, decidí unirme a ellas. Nos dirigimos hacia una cueva ubicada cerca de nuestra casa, un lugar que siempre me había parecido tenebroso y del cual había evitado acercarme. Sin embargo, esta vez me encontraba caminando hacia allí, acompañada por el sonido de nuestras pisadas en la hojarasca y el murmullo de las ramas moviéndose por el viento. Al llegar a la entrada de la cueva, mis tías encendieron velas, mientras mi abuela sostenía en sus manos unos libros antiguos y polvorientos cuyo contenido desconocía. La luz de las velas proyectaba sombras fantasmagóricas en las paredes de la cueva, lo que acentuaba mi creciente sensación de inquietud. Mis tías comenzaron a preparar el ritual, disponiendo todo lo necesario en el suelo. Entre los elementos que utilizarían, había una botella con sangre de cabra y un mechón de cabello del cual no sabía su procedencia. La simple visión de esos objetos aumentaba mi temor, pero decidí mantener la compostura y seguir adelante. A medida que el ritual avanzaba, mis tías y mi abuela recitaban palabras en un idioma que no reconocía, y yo me mantenía en silencio, observando cada movimiento con cautela. No podía evitar sentir que algo no estaba bien, que aquel ritual tenía un propósito más oscuro del que me habían contado. No obstante, me encontraba allí, en medio de la oscuridad, junto a mi familia, sintiendo cómo una energía inquietante se apoderaba de la cueva. En mi mente, una mezcla de miedo y curiosidad me impulsaba a quedarme y descubrir qué sucedería a continuación, sin saber que aquella noche sería solo el comienzo de una serie de aterradores acontecimientos que cambiarían mi vida para siempre. En ese momento, casi al finalizar el ritual, mi abuela mencionó el nombre de mi novio, Jorge. Sentí cómo mi corazón se detenía por un instante y mi sangre se helaba en las venas. A pesar de mi miedo, la ira comenzó a apoderarse de mí. No podía creer que mi familia estuviera haciendo algo en contra de la persona a la que amaba. Enfurecida, me abalancé sobre el altar improvisado y arrojé al suelo las velas y la sangre que estaba en un florero. La oscuridad invadió la cueva mientras las llamas se apagaban, y el eco de mis acciones retumbaba en las paredes de piedra. Mis tías y mi abuela me miraron sorprendidas, mientras mi madre intentaba justificar sus acciones, diciéndome que Jorge no me convenía, que no tenía trabajo y era poco agraciado, y que yo merecía a alguien mejor. En ese momento, mi enojo alcanzó su punto máximo y, sin poder contenerme, les grité que no se metieran en mi vida. La cueva parecía vibrar con la intensidad de mis palabras, como si las propias paredes pudieran sentir mi ira y mi dolor. Mi madre y mis tías bajaron la mirada, mientras mi abuela me observaba con una expresión indescifrable en su rostro arrugado. La ira se disipó lentamente, dejando tras de sí un profundo sentimiento de tristeza y traición. Me di cuenta de que, en su afán por protegerme y guiarme, mi familia había cruzado un límite que no debieron traspasar. A pesar del amor que sentía por ellas, sabía que ya no podría confiar en ellas de la misma manera. En silencio, recogí las velas apagadas y salí de la cueva, dejando atrás a mi familia y el ritual inconcluso. La noche había recuperado su oscuridad y frío, pero mi corazón ardiendo de furia e indignación me mantenía caliente mientras me alejaba de aquel lugar. No sabía qué me depararía el futuro después de esa traición, pero estaba decidida a enfrentar cualquier desafío por mi cuenta, sin dejarme influenciar por las creencias y deseos de mi familia. Lo que no imaginaba era que aquella noche de traición y furia sería solo el inicio de una serie de eventos escalofriantes que pondrían a prueba mi valentía y cambiarían mi vida para siempre. Apenas llegué a casa, tomé una maleta y comencé a llenarla con mi ropa y pertenencias más importantes, decidida a irme a casa de Jorge, quien vivía a poca distancia. No quería pasar ni un segundo más en ese lugar donde mi familia había intentado manipular mi vida sin mí consentimiento. Estaba a punto de salir por la puerta cuando las brujas de mi familia aparecieron frente a mí. Una de mis tías me miró con seriedad y me dijo que entendía mi enojo, pero que lo que había hecho estaba muy mal. Me explicó que dejar un ritual inconcluso podría traer graves consecuencias, ya que estaba jugando con fuerzas que no debían ser tomadas a la ligera. Hizo alusión a que el diablo no toleraba ese tipo de juegos. A pesar de sus palabras, no podía dejar de sentir coraje hacia ellas. Les respondí con firmeza que no me importaban las consecuencias y que me iba de esa casa para que no me molestaran más. Les pedí que dejaran en paz a Jorge y que no intentaran interferir en nuestra relación de nuevo. Mis tías y mi madre parecieron sorprendidas por mi determinación, pero mi abuela me observó con una expresión preocupada en su rostro. A pesar de su reacción, me mantuve firme en mi decisión y salí de la casa, sintiendo un peso en mi pecho que me oprimía. Llegué a casa de Jorge y le conté lo sucedido, buscando consuelo y apoyo en él. Él me abrazó con fuerza, prometiéndome que estaríamos juntos y enfrentaríamos cualquier cosa que se nos presentara. Aunque sus palabras me reconfortaron, no pude evitar sentir un temor creciente en mi interior, como si el abismo de lo desconocido se abriera ante mí. La advertencia de mi tía sobre las consecuencias de dejar un ritual inconcluso retumbaba en mi mente, pero me negaba a darle importancia. No quería que el miedo gobernara mi vida y mis decisiones, pero lo que no sabía era que esa noche había desatado fuerzas oscuras que no tardarían en manifestarse. Las primeras semanas en casa de Jorge transcurrieron sin incidentes. Nos sentíamos felices y seguros juntos, y yo comenzaba a olvidar los eventos aterradores que habían llevado a mi huida de la casa de mi familia. Sin embargo, esa tranquilidad no duró mucho. Una noche, mientras estábamos acostados en la cama, comenzamos a escuchar un extraño sonido, como si algo estuviera arañando las paredes. Nos miramos con inquietud, pero no le dimos mayor importancia, atribuyéndolo a algún animal nocturno o al viento. Otra noche, Jorge metió la mano debajo de la cama para buscar algo que había dejado caer y sintió que algo lamió su mano. Retiró la mano rápidamente, describiendo una lengua fría, rasposa y asquerosa. Ambos nos quedamos estupefactos y asustados, pero no encontramos ninguna explicación lógica para lo sucedido. El miedo comenzó a apoderarse de nosotros cuando, en otra ocasión, mientras dormíamos, fuimos despertados por ruidos en la habitación. Al abrir los ojos, vimos algo que parecía sacado de nuestras peores pesadillas: dos de los peluches de Jorge parecían haber cobrado vida y se burlaban de nosotros, señalándonos y riéndose con malicia. El terror nos invadió por completo, y comenzamos a cuestionarnos si lo que estaba sucediendo tenía alguna conexión con el ritual inconcluso que había interrumpido semanas atrás. La advertencia de mi tía resonaba en mi mente, y no pude evitar sentir que, en mi desesperación por proteger a Jorge, había desatado fuerzas oscuras y peligrosas que ahora nos acechaban. Sabía que debía enfrentar el problema y buscar una solución antes de que las cosas empeoraran, pero no tenía idea de cómo hacerlo. Había dejado atrás a mi familia y sus conocimientos sobre brujería, y ahora me encontraba atrapada en una situación que amenazaba con destruir la vida que había construido junto a Jorge. Con cada nueva manifestación de esas fuerzas oscuras, la tensión y el miedo se apoderaban cada vez más de nuestras vidas. La incertidumbre y la angustia nos atormentaban día y noche, y sabíamos que debíamos encontrar una manera de detener ese tormento antes de que fuera demasiado tarde. La situación empeoró considerablemente. Un día, mientras Jorge se bañaba, escuché un grito desgarrador que provenía del baño. Corrí hacia allí y lo encontré temblando de miedo. Me contó que el agua de la ducha había salido hirviendo de repente, la luz del baño se había apagado y, además, había escuchado a alguien pronunciar su nombre en repetidas ocasiones. Al escuchar su relato, mi corazón latía a mil por hora y el miedo recorrió todo mi ser. Lo abracé con fuerza y le dije que todo estaría bien, pero en mi interior sabía que estaba equivocada. Aquella misma noche, uno de los peores presagios se manifestó: una de las cruces que Jorge tenía en su cuarto, ya que era católico, se cayó y se partió en pedazos sin razón aparente. Para colmo, Jorge comenzó a sentirse muy mal. Le dio fiebre, tos y su piel se tornó pálida. Su estado empeoró rápidamente e incluso empezó a vomitar cabellos, algo que me dejó horrorizada y sin saber qué hacer. No podía negar más la realidad: las fuerzas oscuras desatadas por el ritual inconcluso estaban afectando a Jorge, y era mi culpa. Desesperada y sintiendo que no tenía otra opción, decidí enfrentar mi miedo y regresar a la casa de mi familia para pedirles ayuda. A pesar de todo lo que había ocurrido, sabía que ellas eran las únicas que podrían enfrentar y detener las fuerzas que ahora amenazaban nuestras vidas. Con el corazón en un puño y la determinación de proteger a Jorge, me dispuse a enfrentar a mi familia y a las sombras del pasado que ahora se cernían sobre nosotros. No tenía idea de lo que encontraría al regresar a aquella casa ni de si podríamos detener el mal que nos acechaba, pero estaba dispuesta a hacer todo lo necesario para salvar a Jorge y recuperar nuestras vidas. Regresé a la casa de mi familia con el corazón lleno de temor y resentimiento. A pesar de que no quería estar allí, sabía que era la única opción que tenía para proteger a Jorge y poner fin a la pesadilla que estábamos viviendo. Mis tías, mi madre y mi abuela estaban felices de verme de vuelta, pero yo no podía olvidar lo que habían intentado hacerle a Jorge. Aun así, les conté todo lo que nos había sucedido en los últimos días, esperando que pudieran ayudarnos a detener las fuerzas oscuras que nos atormentaban. Para mi sorpresa, no parecieron sorprendidas por lo que les conté. Con seriedad, prometieron ayudarnos y aseguraron que todo mejoraría. Incluso afirmaron que dejarían de interferir en mi relación con Jorge, reconociendo que habían cruzado un límite que no debieron traspasar. A pesar de sus palabras, no podía evitar sentir cierta desconfianza. Sin embargo, sabía que no tenía otra opción que confiar en ellas y en su conocimiento sobre brujería para enfrentar las fuerzas malignas que habíamos desatado. Mis tías, mi madre y mi abuela comenzaron a preparar un ritual de purificación y protección, con el objetivo de limpiar nuestra energía y alejar las entidades oscuras que nos acechaban. Me pidieron que participara en el ritual y les confiara mis miedos y preocupaciones, algo que hice con cierta reticencia, pero también con la esperanza de que podría salvar a Jorge y a mí de la oscuridad que nos envolvía. Con temor y resignación, volví a la cueva en la que había interrumpido el ritual anterior. Mi madre me explicó que, para solucionar el problema que yo misma había creado, tendría que realizar un sacrificio de sangre. Me entregaron una gallina, que debía sacrificar para obtener un poco de su sangre y así completar el ritual. A pesar de sentirme horrorizada ante la idea, sabía que no tenía otra opción si quería salvar a Jorge y a mí de la oscuridad que nos acechaba. Con manos temblorosas, sacrifiqué a la gallina y recogí su sangre en un recipiente. Luego, mis tías, mi madre y mi abuela comenzaron a recitar palabras en un idioma que no entendía. Me pidieron que las repitiera, aunque no sabía qué significaban. Mientras lo hacía, mi abuela me limpiaba con hierbas y mis tías me escupían alcohol para purificar mi cuerpo y mi espíritu. El ritual se volvió cada vez más intenso, y las energías en la cueva parecían vibrar a nuestro alrededor. Podía sentir que algo estaba cambiando, aunque no sabía si era para bien o para mal. En mi corazón, solo deseaba que todo terminara y que Jorge y yo pudiéramos recuperar nuestras vidas. Cuando finalmente el ritual llegó a su fin, mis tías, mi madre y mi abuela parecían satisfechas y aliviadas. Me aseguraron que las fuerzas oscuras que habíamos desatado estarían ahora bajo control y que no tendríamos que preocuparnos más por ellas. Aunque quería creer en sus palabras, una parte de mí seguía temiendo que el mal que habíamos desencadenado fuera demasiado poderoso como para ser contenido. Sin embargo, por el bien de Jorge y el mío, decidí confiar en mi familia y esperar que, de alguna manera, las cosas volvieran a la normalidad. Al regresar a casa, comencé a sentir una paz que no había experimentado desde que iniciaron los horribles sucesos. Decidí perdonar a mi familia, quienes se mostraron muy felices y aseguraron que solo querían lo mejor para mí. Sin embargo, había un terrible secreto que ocultaban y que no descubriría hasta más tarde. Mi confianza en ellas comenzó a crecer, ya que los eventos sobrenaturales habían cesado y todo parecía haber vuelto a la normalidad. Cuando le pregunté a Jorge cómo se sentía, me dijo que se encontraba mucho mejor y que no había experimentado nada extraño en los últimos días. Ambos nos sentíamos aliviados y agradecidos por la aparente calma. Aproveché la oportunidad para disculparme con Jorge por todos los aterradores acontecimientos que había vivido a causa de mi culpa y la de mi familia. Para mi alivio, él lo entendió y me perdonó, demostrando una vez más el amor profundo que sentía por mí. Por un tiempo, parecía que todo iba bien y que las cosas estaban volviendo a la normalidad. Pero en el fondo, no podía quitarme la sensación de que algo no estaba del todo bien y que el mal que habíamos desencadenado seguía al acecho, esperando el momento adecuado para volver a manifestarse. A pesar de mi inquietud, traté de ignorar esos pensamientos y disfrutar de la paz y la tranquilidad que había en nuestra vida. Sin embargo, no pasaría mucho tiempo antes de que el terrible secreto de mi familia saliera a la luz y cambiara todo para siempre. Mi temor y desesperación crecieron a medida que la normalidad aparente comenzó a desmoronarse. Una madrugada, mientras dormía, escuché un golpe en mi ventana. Al principio, creí que se trataba de algo sobrenatural, pero luego escuché la voz de Jorge llamándome. Abrí la ventana y lo vi empapado en sudor, con el rostro pálido y llorando desconsoladamente. Lo hice entrar a escondidas en mi casa para que me explicara qué había sucedido. Una vez dentro, Jorge me contó que su abuelo había fallecido hacía apenas una hora. Habían escuchado un grito de terror, y cuando corrieron a verlo, ya no respondía. Sus palabras hicieron que mi corazón se llenara de angustia, no solo por el miedo a lo desconocido, sino también por la tristeza de perder a alguien que había sido muy amable conmigo durante el tiempo de mi relación con Jorge. Su abuelo siempre había mostrado afecto y comprensión hacia mí, y no pude evitar sentir un profundo pesar por su pérdida. Lo que dijo a continuación fue aún más aterrador. Al salir a pedir ayuda, había visto a una de mis tías espiándolo en plena oscuridad, vestida de negro. El pánico se apoderó de mí al comprender que, de alguna manera, mi familia todavía estaba involucrada en todo esto. A pesar de sus promesas de ayudarnos y de no interferir en nuestra relación, habían seguido manipulando nuestras vidas y causando sufrimiento. No sabía qué hacer ni en quién confiar. Mi mundo se había vuelto oscuro y aterrador, y sentía que estaba siendo arrastrada hacia un abismo del que no había escapatoria. Decidí que no podía seguir permitiendo que mi familia destruyera nuestras vidas y que debía enfrentarme a ellas y descubrir la verdad detrás de sus acciones y el oscuro secreto que ocultaban. En lugar de enfrentar a toda mi familia de una vez, decidí comenzar por hablar con mi tía en privado. Desperté a mi tía con cuidado para no hacer mucho ruido y le pedí que fuera a mi habitación para que me diera una explicación. Una vez en mi habitación, mi tía me reveló que el último ritual que habían realizado en realidad no había sido para protegerme a mí y a Jorge, sino para asegurarse de que yo estuviera bien, pero a costa del sufrimiento de mi novio. Ellas no querían que estuviéramos juntos y habían tomado medidas extremas para separarnos. Mi tía me confesó que entendía cómo me sentía, pero que no podía hacer nada al respecto. Me contó que, hace muchos años, mi abuela tampoco había permitido que ella estuviera con el amor de su vida. Mi tía se vio obligada a abandonar a su novio para evitar que mi abuela enterrara un muñeco vudú en el panteón, lo que habría resultado en la muerte de su amado. Prefería sacrificar su relación antes que poner en peligro la vida del hombre que amaba. La revelación de mi tía me dejó conmocionada y angustiada. No solo había descubierto que mi familia había estado manipulando nuestras vidas y causando sufrimiento a Jorge, sino que también aprendí que este tipo de intervenciones y sacrificios se habían repetido en el pasado. Me pregunté cuántas veces habían hecho esto antes y cuántas vidas habían sido afectadas por sus acciones. ||—En comentarios está la continuación disculpen las molestias —
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  • La ciudad siempre guarda cicatrices, algunas visibles y otras enterradas. Aquella en particular (tres manzanas enteras reducidas a ruinas ennegrecidas) era demasiado difícil de ignorar. Calles partidas, edificios desdentados, restos de autos calcinados y un silencio que parecía ajeno al bullicio que reinaba apenas unas cuadras más allá.

    Connor había escuchado las versiones: un enfrentamiento, un “choque” entre seres que no deberían existir. Fantasías para la mayoría, pero no para él. Demasiadas voces, demasiados detalles coincidentes como para desecharlo. Así que decidió verlo con sus propios ojos.

    Caminaba entre los escombros con la capucha baja, manos en los bolsillos, el paso medido. No había encargo, ni cliente, ni pago de por medio. Solo curiosidad… y esa incomodidad instintiva que lo empujaba a husmear donde otros evitaban mirar.

    El aire olía a polvo viejo y ceniza húmeda. Bajo esa capa, algo más: un rastro metálico, leve, casi imperceptible, que recordaba a sangre seca. Los muros parecían murmurar todavía el eco del choque que los había quebrado.

    Connor se detuvo en mitad de una calle resquebrajada. Bajó un poco el rostro, dejó que sus sentidos se expandieran. Sabía que no estaba solo. Nunca lo estaba en lugares como ese.

    [Absolute_Annihilation]
    La ciudad siempre guarda cicatrices, algunas visibles y otras enterradas. Aquella en particular (tres manzanas enteras reducidas a ruinas ennegrecidas) era demasiado difícil de ignorar. Calles partidas, edificios desdentados, restos de autos calcinados y un silencio que parecía ajeno al bullicio que reinaba apenas unas cuadras más allá. Connor había escuchado las versiones: un enfrentamiento, un “choque” entre seres que no deberían existir. Fantasías para la mayoría, pero no para él. Demasiadas voces, demasiados detalles coincidentes como para desecharlo. Así que decidió verlo con sus propios ojos. Caminaba entre los escombros con la capucha baja, manos en los bolsillos, el paso medido. No había encargo, ni cliente, ni pago de por medio. Solo curiosidad… y esa incomodidad instintiva que lo empujaba a husmear donde otros evitaban mirar. El aire olía a polvo viejo y ceniza húmeda. Bajo esa capa, algo más: un rastro metálico, leve, casi imperceptible, que recordaba a sangre seca. Los muros parecían murmurar todavía el eco del choque que los había quebrado. Connor se detuvo en mitad de una calle resquebrajada. Bajó un poco el rostro, dejó que sus sentidos se expandieran. Sabía que no estaba solo. Nunca lo estaba en lugares como ese. [Absolute_Annihilation]
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  • — SIn incidentes.

    Las navajas con forma de aves planean rápidamente a su diestra y con suavidad terminan sobre la palma de Kasane, posteriormente se retira del lugar.
    — SIn incidentes. Las navajas con forma de aves planean rápidamente a su diestra y con suavidad terminan sobre la palma de Kasane, posteriormente se retira del lugar.
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    Fushiguro siempre había sido tranquilo, meticuloso y distante, pero de alguna manera se encontró constantemente envuelto o siendo arrastrado a situaciones que amenazaban o lograban terminar con la calma. Especialmente después de que Itadori y Nobara se unieron al equipo.

    Un día cualquiera, mientras el grupo se dirigía hacía el lugar en el que debían llevar a cabo una misión, Megumi no pudo evitar reflexionar sobre cómo había cambiado todo desde que esos dos llegaron a su vida. Yuji estaba sentado a su izquierda, desbordando energía como siempre, hablando sin parar de esa extraña película que capturaba toda su atención, al mismo tiempo que insistía en que deberían ir juntos durante su próximo descanso a verla al cine antes de que fuese sacada de la cartelera.
    Mientras tanto, Nobara, que se encontraba sentada a la derecha del usuario de las diez sombras, discutía enérgicamente con Itadori, señalando y afirmando que aquello sería una pérdida de tiempo. Su idea de un día de compras era mucho mejor, de ese modo utilizarían el día libre en algo más productivo y ella tendría a alguien que pudiese ayudarle a cargar sus bolsas.

    No era nada realmente fuera de lo común, ese tipo de peleas surgía incluso cuando se trataba de elegir el lugar en el que comerían o el tipo de comida. Para Fushiguro solo era un desacuerdo bastante trivial sobre cómo maximizar y aprovechar el tiempo libre con el que contaban y claro, como era de esperarse, sus compañeros de equipo expresaban su descontento ante la idea del otro con la misma intensidad con la que discutían sobre cualquier otra cosa.

    Megumi, sin querer o poder evitarlo, estaba atrapado en medio de aquella batalla, observando su celular en completo silencio con una expresión seria, sin tener la más mínima intención de involucrarse, pero uno de los recurrentes comentarios ridículos de Yuji, más el hecho de que literalmente le estaban aplastando, le hizo reaccionar. No iba a dejar pasar la oportunidad para decir un par de cosas.

    —Nunca pensé que mi vida se transformaría de este modo. Antes, las misiones eran simples, la dinámica y el objetivo claros. Yo hacía mi trabajo y todo terminaba rápido y sin incidentes inesperados que reportar o añadir a los informes. — Fushiguro frunció ligeramente el ceño y se recargó contra el respaldo del asiento. — Ahora, todo se ha vuelto un caos. — Hizo una pequeña pausa mientras daba una rápida mirada a sus compañeros antes de continuar.
    —Desde que llegaron, todo se ha convertido en un desfile de desastres y lo peor de todo, es que, aunque lo intento no puedo evitar que ustedes a veces me hagan sonreír con sus estupideces… Desafortunadamente, cada vez que lo hago, siento que pierdo un poco de mi dignidad. — El joven hechicero dejó escapar un suspiro de resignación mientras volvía a centrar su mirada en la pantalla de su dispositivo móvil.

    En ocasiones pensaba que las cosas antes de que Yuji y Nobara llegasen, eran mucho más sencillas.
    Quizás solo le faltaba algo de tiempo para acostumbrarse a este extraño, ruidoso y completamente impredecible equipo. Sin embargo, lo que sí tenía claro, era que, aunque sus días se volvían cada vez más complejos, no podía imaginarse la vida dentro de la escuela de hechicería sin ellos.

    —Supongo que no todo es tan malo. — murmuró para sí mismo sabiendo que no importaba lo que dijese, seguiría atrapado en ese torbellino de caos, incertidumbre y risas ocasionales.





                                                                                                              つづく
    ╭┈ ✶ │⛩️ ; Cʜᴀᴏᴛɪᴄ ᴛᴇᴀᴍ. │ ┆⛩️ ; ❝Lɪғᴇ ɪs ᴄʜᴀᴏs, ᴀɴᴅ ᴡᴇ ᴀʀᴇ ᴊᴜsᴛ ᴛʜᴇ ᴅᴀɴᴄᴇʀs.❞ │    ┆⛩️ ; #JJK ╰───────────────── ┊  ┊  ┊  ┊ ┊  ┊  ┊  ★ ┊  ┊  ☆ ┊  ★ ☆ Fushiguro siempre había sido tranquilo, meticuloso y distante, pero de alguna manera se encontró constantemente envuelto o siendo arrastrado a situaciones que amenazaban o lograban terminar con la calma. Especialmente después de que Itadori y Nobara se unieron al equipo. Un día cualquiera, mientras el grupo se dirigía hacía el lugar en el que debían llevar a cabo una misión, Megumi no pudo evitar reflexionar sobre cómo había cambiado todo desde que esos dos llegaron a su vida. Yuji estaba sentado a su izquierda, desbordando energía como siempre, hablando sin parar de esa extraña película que capturaba toda su atención, al mismo tiempo que insistía en que deberían ir juntos durante su próximo descanso a verla al cine antes de que fuese sacada de la cartelera. Mientras tanto, Nobara, que se encontraba sentada a la derecha del usuario de las diez sombras, discutía enérgicamente con Itadori, señalando y afirmando que aquello sería una pérdida de tiempo. Su idea de un día de compras era mucho mejor, de ese modo utilizarían el día libre en algo más productivo y ella tendría a alguien que pudiese ayudarle a cargar sus bolsas. No era nada realmente fuera de lo común, ese tipo de peleas surgía incluso cuando se trataba de elegir el lugar en el que comerían o el tipo de comida. Para Fushiguro solo era un desacuerdo bastante trivial sobre cómo maximizar y aprovechar el tiempo libre con el que contaban y claro, como era de esperarse, sus compañeros de equipo expresaban su descontento ante la idea del otro con la misma intensidad con la que discutían sobre cualquier otra cosa. Megumi, sin querer o poder evitarlo, estaba atrapado en medio de aquella batalla, observando su celular en completo silencio con una expresión seria, sin tener la más mínima intención de involucrarse, pero uno de los recurrentes comentarios ridículos de Yuji, más el hecho de que literalmente le estaban aplastando, le hizo reaccionar. No iba a dejar pasar la oportunidad para decir un par de cosas. —Nunca pensé que mi vida se transformaría de este modo. Antes, las misiones eran simples, la dinámica y el objetivo claros. Yo hacía mi trabajo y todo terminaba rápido y sin incidentes inesperados que reportar o añadir a los informes. — Fushiguro frunció ligeramente el ceño y se recargó contra el respaldo del asiento. — Ahora, todo se ha vuelto un caos. — Hizo una pequeña pausa mientras daba una rápida mirada a sus compañeros antes de continuar. —Desde que llegaron, todo se ha convertido en un desfile de desastres y lo peor de todo, es que, aunque lo intento no puedo evitar que ustedes a veces me hagan sonreír con sus estupideces… Desafortunadamente, cada vez que lo hago, siento que pierdo un poco de mi dignidad. — El joven hechicero dejó escapar un suspiro de resignación mientras volvía a centrar su mirada en la pantalla de su dispositivo móvil. En ocasiones pensaba que las cosas antes de que Yuji y Nobara llegasen, eran mucho más sencillas. Quizás solo le faltaba algo de tiempo para acostumbrarse a este extraño, ruidoso y completamente impredecible equipo. Sin embargo, lo que sí tenía claro, era que, aunque sus días se volvían cada vez más complejos, no podía imaginarse la vida dentro de la escuela de hechicería sin ellos. —Supongo que no todo es tan malo. — murmuró para sí mismo sabiendo que no importaba lo que dijese, seguiría atrapado en ese torbellino de caos, incertidumbre y risas ocasionales.                                                                                                           つづく
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ¿Has tenido problemas de conexión o quieres revisar si FicRol ha presentado inconvenientes? Hemos creado un sistema de monitoreo en tiempo real en cual podrás verificar si nuestra plataforma ha presentado incidentes, de esta forma puedes confirmar si el problema es por nuestra parte o por la vuestra.

    Este enlace funciona independiente de la plataforma.

    https://status.ficrol.com/
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  • —Se encontraba sentado en la terraza de lo alto de la torre de los V's, observando ciudad pentagrama y pensando en los "incidentes" que estaban sucediendo últimamente en el infierno.

    No podía decir que no sabía nada de nada. Si no más bien, que debía de omitir información ya que no estaba seguro de sus sospechas y tampoco era como si pudiera simplemente expresarlo en voz alta. En silencio y tras exhalar el humo de una calada de su cigarro, tomó un trago de la extraña bebida morada y espesa que contenía una pequeña botella a su lado. Por ahora, sería mejor guardar silencio a cerca del tema. —




    #HazbinHotel
    —Se encontraba sentado en la terraza de lo alto de la torre de los V's, observando ciudad pentagrama y pensando en los "incidentes" que estaban sucediendo últimamente en el infierno. No podía decir que no sabía nada de nada. Si no más bien, que debía de omitir información ya que no estaba seguro de sus sospechas y tampoco era como si pudiera simplemente expresarlo en voz alta. En silencio y tras exhalar el humo de una calada de su cigarro, tomó un trago de la extraña bebida morada y espesa que contenía una pequeña botella a su lado. Por ahora, sería mejor guardar silencio a cerca del tema. — #HazbinHotel
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  • — Ahora me parece absurdo creer que la vida fluye de acuerdo a los planes que hacemos. En la realidad, los proyectos fluyen según los incidentes y accidentes que la vida tenga reservados para nosotros.

    Hace años, mi padre aseguraba que sería el siguiente alcalde de Sapporo y que a mí me aguardaría un lucrativo futuro como idol.

    Pero la muerte le dio una bofetada de realidad. Y de humildad. —
    — Ahora me parece absurdo creer que la vida fluye de acuerdo a los planes que hacemos. En la realidad, los proyectos fluyen según los incidentes y accidentes que la vida tenga reservados para nosotros. Hace años, mi padre aseguraba que sería el siguiente alcalde de Sapporo y que a mí me aguardaría un lucrativo futuro como idol. Pero la muerte le dio una bofetada de realidad. Y de humildad. —
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  • —¡Hola, hola, mis valientes lectores! Primero que nada, quiero felicitar a aquellos que reconocieron la referencia en mi anterior revelación.—

    Álex hace una pausa, con una sonrisa ligeramente burlona.

    —Pero dejando de lado los elogios, vayamos al grano. Permítanme deleitarlos con una explicación sobre SCP-035, esa intrigante máscara que tiene un pequeño detalle... interesante—

    Álex continúa con su explicación, añadiendo pinceladas sarcásticas en su tono de voz.

    —SCP-035, esa máscara de comedia trágica, tiene una peculiaridad que la hace destacar entre los demás. Resulta que cuando alguien tiene la "suerte" de ponerse la máscara, SCP-035 toma control total de su cuerpo y mente. ¡Vaya, qué emocionante!—

    Álex deja escapar una risa sarcástica antes de proseguir.

    —Por supuesto, después de que SCP-035 toma el control, no solo manipula el cuerpo huésped, sino que también emite una sustancia viscosa y corrosiva que deteriora el entorno y al propio huésped. No importa cuánto se intente contenerla, SCP-035 siempre encuentra la manera de causar estragos y desorden.—

    Álex se acomoda en su asiento, disfrutando de su propio sarcasmo.

    —La Fundación SCP, con toda su sabiduría y recursos, ha realizado numerosos intentos para contener a SCP-035 y comprender su verdadero propósito. Colocaron la máscara en una vitrina de cristal reforzada y, aún así, SCP-035 siempre logra influir a aquellos que se acercan demasiado. ¡Imagina eso! Una máscara tan desesperada por sembrar caos que ni siquiera el confinamiento más estricto puede detenerla—

    Álex se lleva una mano al pecho, fingiendo compasión.

    —Y, por supuesto, SCP-035 no solo controla y corrompe, sino que también se comunica con una elocuencia inquietante. Utiliza sus habilidades persuasivas para manipular a los investigadores, prometiendo poder y conocimiento a cambio de su libertad. Pero siempre hay un precio que pagar, y ese precio es la destrucción y el caos.—

    Álex se ríe entre dientes, disfrutando de la ironía de la situación.

    —En fin, aunque la Fundación SCP se enfrenta a desafíos inesperados, siempre hay lecciones que aprender. Y en este caso, han aprendido a no subestimar la astucia y el peligro de SCP-035. De hecho, les contaré un dato curioso. ¿Sabían que SCP-035 solía estar en una colección privada antes de ser descubierta por la Fundación?—

    dijo riendo.

    —Resulta que SCP-035 fue encontrada en una antigua mansión, rodeada de otros artefactos anómalos. El coleccionista pensó que era una simple máscara de teatro, pero pronto descubrió su verdadero poder de control mental y destrucción. Cuando la Fundación SCP finalmente intervino, se dieron cuenta de que habían encontrado una de las anomalías más peligrosas y manipuladoras hasta la fecha.—

    Álex hace una pausa dramática, enfatizando el impacto del descubrimiento.

    —El coleccionista, al darse cuenta del peligro que representaba la máscara, intentó deshacerse de ella, pero fue demasiado tarde. SCP-035 había influenciado a varios de sus empleados y causado una serie de incidentes trágicos. Fue entonces cuando la Fundación SCP intervino y logró contener la máscara en sus instalaciones.—

    Álex se lleva una mano al pecho, fingiendo asombro.

    —Ante este desafortunado suceso, los investigadores de la Fundación SCP se dieron cuenta del inmenso peligro que SCP-035 suponía para la humanidad. Si la máscara lograra salir a la luz pública y comenzar a influir en la sociedad, el caos sería inimaginable.—

    dijo y se acordó.

    —¡Cierto! No saben qué son los consejeros O5. Bueno, en otro artículo explicaré mejor, pero una explicación corta es que son los líderes máximos de la Fundación SCP. Son un grupo selecto de individuos que toman decisiones clave y establecen las políticas de la organización—

    dijo y sonrió levemente.

    —En resumen, SCP-035 es una entidad fascinante y aterradora, con la capacidad de controlar y destruir a través de su influencia maligna. Su habilidad para manipular y corromper ha llevado a la Fundación SCP a tomar medidas extremas para contenerla. Aunque SCP-035 presenta desafíos y situaciones inesperadas, la Fundación SCP continúa trabajando arduamente para comprender y controlar a esta máscara anómala. Cada historia y encuentro con SCP-035 nos muestra su impredecible comportamiento y nos recuerda que en el mundo de lo anómalo, siempre hay sorpresas y peligros acechando en las sombras. Espero que esta explicación les haya resultado interesante y les haya brindado una visión más completa de SCP-035 y su impacto en la Fundación SCP. Si tienen más preguntas o desean explorar otros temas, estaré encantado de ayudar en lo que pueda. ¡Hasta la próxima aventura en el mundo de lo anómalo! —

    sonrie y dice

    — que tal eh ?Bloom Night ? te dije que quizas te intersaria —

    dijo riendo

    — porcierto, la proxima revelacion,habla sobre una persona blanca , de pelo negro con una gran sonrisa y que esta aqui...—




    —¡Hola, hola, mis valientes lectores! Primero que nada, quiero felicitar a aquellos que reconocieron la referencia en mi anterior revelación.— Álex hace una pausa, con una sonrisa ligeramente burlona. —Pero dejando de lado los elogios, vayamos al grano. Permítanme deleitarlos con una explicación sobre SCP-035, esa intrigante máscara que tiene un pequeño detalle... interesante— Álex continúa con su explicación, añadiendo pinceladas sarcásticas en su tono de voz. —SCP-035, esa máscara de comedia trágica, tiene una peculiaridad que la hace destacar entre los demás. Resulta que cuando alguien tiene la "suerte" de ponerse la máscara, SCP-035 toma control total de su cuerpo y mente. ¡Vaya, qué emocionante!— Álex deja escapar una risa sarcástica antes de proseguir. —Por supuesto, después de que SCP-035 toma el control, no solo manipula el cuerpo huésped, sino que también emite una sustancia viscosa y corrosiva que deteriora el entorno y al propio huésped. No importa cuánto se intente contenerla, SCP-035 siempre encuentra la manera de causar estragos y desorden.— Álex se acomoda en su asiento, disfrutando de su propio sarcasmo. —La Fundación SCP, con toda su sabiduría y recursos, ha realizado numerosos intentos para contener a SCP-035 y comprender su verdadero propósito. Colocaron la máscara en una vitrina de cristal reforzada y, aún así, SCP-035 siempre logra influir a aquellos que se acercan demasiado. ¡Imagina eso! Una máscara tan desesperada por sembrar caos que ni siquiera el confinamiento más estricto puede detenerla— Álex se lleva una mano al pecho, fingiendo compasión. —Y, por supuesto, SCP-035 no solo controla y corrompe, sino que también se comunica con una elocuencia inquietante. Utiliza sus habilidades persuasivas para manipular a los investigadores, prometiendo poder y conocimiento a cambio de su libertad. Pero siempre hay un precio que pagar, y ese precio es la destrucción y el caos.— Álex se ríe entre dientes, disfrutando de la ironía de la situación. —En fin, aunque la Fundación SCP se enfrenta a desafíos inesperados, siempre hay lecciones que aprender. Y en este caso, han aprendido a no subestimar la astucia y el peligro de SCP-035. De hecho, les contaré un dato curioso. ¿Sabían que SCP-035 solía estar en una colección privada antes de ser descubierta por la Fundación?— dijo riendo. —Resulta que SCP-035 fue encontrada en una antigua mansión, rodeada de otros artefactos anómalos. El coleccionista pensó que era una simple máscara de teatro, pero pronto descubrió su verdadero poder de control mental y destrucción. Cuando la Fundación SCP finalmente intervino, se dieron cuenta de que habían encontrado una de las anomalías más peligrosas y manipuladoras hasta la fecha.— Álex hace una pausa dramática, enfatizando el impacto del descubrimiento. —El coleccionista, al darse cuenta del peligro que representaba la máscara, intentó deshacerse de ella, pero fue demasiado tarde. SCP-035 había influenciado a varios de sus empleados y causado una serie de incidentes trágicos. Fue entonces cuando la Fundación SCP intervino y logró contener la máscara en sus instalaciones.— Álex se lleva una mano al pecho, fingiendo asombro. —Ante este desafortunado suceso, los investigadores de la Fundación SCP se dieron cuenta del inmenso peligro que SCP-035 suponía para la humanidad. Si la máscara lograra salir a la luz pública y comenzar a influir en la sociedad, el caos sería inimaginable.— dijo y se acordó. —¡Cierto! No saben qué son los consejeros O5. Bueno, en otro artículo explicaré mejor, pero una explicación corta es que son los líderes máximos de la Fundación SCP. Son un grupo selecto de individuos que toman decisiones clave y establecen las políticas de la organización— dijo y sonrió levemente. —En resumen, SCP-035 es una entidad fascinante y aterradora, con la capacidad de controlar y destruir a través de su influencia maligna. Su habilidad para manipular y corromper ha llevado a la Fundación SCP a tomar medidas extremas para contenerla. Aunque SCP-035 presenta desafíos y situaciones inesperadas, la Fundación SCP continúa trabajando arduamente para comprender y controlar a esta máscara anómala. Cada historia y encuentro con SCP-035 nos muestra su impredecible comportamiento y nos recuerda que en el mundo de lo anómalo, siempre hay sorpresas y peligros acechando en las sombras. Espero que esta explicación les haya resultado interesante y les haya brindado una visión más completa de SCP-035 y su impacto en la Fundación SCP. Si tienen más preguntas o desean explorar otros temas, estaré encantado de ayudar en lo que pueda. ¡Hasta la próxima aventura en el mundo de lo anómalo! — sonrie y dice — que tal eh ?[Bloom_Night] ? te dije que quizas te intersaria — dijo riendo — porcierto, la proxima revelacion,habla sobre una persona blanca , de pelo negro con una gran sonrisa y que esta aqui...—
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