⸻ Este articulo es mi participación al reto narrativo #UnDiaEnLaVidaDe, no tiene que tomarse como canon de mi trama actual. ⸻ 

 

En más de mil años de vida, uno esperaría no recordar la ultima vez que pisó un lugar en concreto. Los recuerdos se desdibujaban, se perdían o desaparecían. Pero no para Klaus Mikaelson. La memoria del Hibrido Original era perfeccionista y enormemente detallista. Recordaba detalles, hechos y palabras. Y, ahora, sin cerraba sus ojos, no cabía duda de que podía transmitirse de nuevo al ultimo día que pisó el Internado Salvatore. Habia llegado hasta allí con una intención, la de salvar a Hope. A su Hope. A una Hope apenas recién llegada a la adolescencia. Con la intención de darle a su hija la vida que merecía. Aun sonreía al recordar el modo en que Caroline se resistió a aquella idea, su tesón e incluso el modo en que puso a sus dos hijas al servicio de Klaus y su idea suicida, a pesar de su falta de recomendación por su plan absurdo.

Ahora que habia regresado, tantos años después, la petición era distinta. Necesitaba ayuda. Y necesitaba respuestas. Y Caroline y aquella enorme institución podían tener soluciones.

“Alaric llegará mañana. Traerá un millón de libros y… sabrá mejor que yo donde buscar”, habia resuelto Caroline antes de empezar a caminar con él y acompañarlo escaleras arriba. Y arriba…

Las cejas de Klaus se habían arqueado al pararse de pie en el umbral de la puerta.

“¿El dormitorio de Stefan?”, habia preguntado el hibrido.

Caroline rodó los ojos y chasqueó la lengua.

“Han dormido estudiantes aquí desde entonces. La cama es cómoda y el dormitorio tiene baño propio”, explicó Caroline.

Klaus entró en la estancia, ahora prácticamente vacía, tan distinta a como la recordaba. Y, sin embargo… parecía más pequeña.

“El desayuno es a las siete. Tengo una reunión a las ocho. Pero seré libre a las nueve y media” explicó la directora del Internado Salvatore. “No molestes a los alumnos”, le amenazó con un dedo. “Los exámenes serán en dos semanas”.

 

⭑ㅤㅤㅤㅤ⭑ㅤㅤㅤㅤ⭑

 

Con esos recuerdos todavia flotando en su mente, Klaus Mikaelson habia despertado aquella mañana en aquella cama. El colchón no era viscoelástico y echaba de menos la suavidad de las sábanas de su propia casa, en Nueva Orleans. Pero habia podido descansar. La parte mala, añoraba los sonidos del barrio francés, ahora sustituidos por la calma del campo de Virginia y de las voces de las charlas de alumnos por doquier.

Tras ducharse y vestirse con su propia ropa, esa que el equipo de limpieza se habia asegurado de colocar sobre la comoda del dormitorio mientras él dormía, el hibrido bajó hasta la planta baja esquivando a alumnos que iban y venían por el pasillo, desde el salón y hacia sus clases. Solo que una vez que algunos lo reconocían se detenían a mirarlo. Los cuchicheos lo siguieron hasta que él desapareció en el interior de la cocina donde agradeció servirse una taza bien cargada de café recién hecho.

-No. Me. Jodas -dijo una voz sorprendida desde la puerta abierta de la cocina. Klaus se giró, sorprendido por aquella exclamación y alzó sus cejas de forma interrogante- No puede ser. ¡Eres él!

Klaus abrió sus brazos de forma sutil encogiéndose de hombros.

-Soy yo, supongo.

La joven, rubia y alta tenían una expresión estupefacta en el rostro mientras se acercaba a él pareciendo comprobar que era alguien real y no un fantasma o algo asi.

-Mi madre me ha dicho que estabas por aquí, pero…

Klaus alzó sus cejas.

-Ah… Eres una de las hijas de Caroline…- confirmó él- Ya nos habíamos visto hace….

-Hace la tira de años, sí -dijo ella- Lizzie. Lizzie Saltzman.

Klaus curvó una ligera sonrisa.

-Hope me ha hablado de ti.

Pero Lizzie no tenia ganas de indagar en lo que Hope hubiera dicho de ella, algo extraño. Estaba más preocupada en las razones por las que Klaus Mikaelson estaba en la cocina de su escuela.

-Ya, sí. ¿Cómo es que estás aquí? -preguntó- Hope dijo que…

Klaus compuso una expresión inocente.

-Créeme, tengo las mismas preguntas que tú. Mis hermanos y yo pensamos que… aquí tendríamos respuestas. Tu padre siempre se ha caracterizado por ser… una fuente de secretos y misterios. Caroline dijo que Alaric pudo rescatar bastante información de la Armería. Asi que… estoy esperando…

Lizzie parecía estar entre encantada y alucinando con la presencia del Original.

-Estoy flipando. Oye y… ¿Hope? ¿Sabe que…? -preguntó la joven rubia.

Klaus no dio ocasión a que la brujita concluyese su pregunta.

-Sí… Hablé con ella. Tanto ella, como yo, como… bueno, estamos acostumbrándonos a esta nueva realidad -frunció las cejas- ¿Sabes cuando llegará tu padre?

Lizzie rodó los ojos y se encaminó a la cafetera tambien.

-Se pasa la vida de acá para allá. Se cree que es Indiana Jones… -ironizó con un tono de voz que provocó una sonrisa a medios labios en el rostro de Klaus- Si no tienes nada mejor que hacer, puedo saltarme un par de clases. Puedo enseñarte esto… ¡Seré tu guía personal!

 

 

✤ En su quiniela para aquella semana no contaba con tener un tour privado por los terrenos y secretos del Internado Salvatore, ese que su generosa contribución habia ayudado a erigir años atrás. Por Caroline. Y por Hope. Y todo iba bien, hasta que…

-¡Elisabeth Jenna Saltzman! -llamó la voz de Caroline desde el jardín y mirando hacia donde ellos se encontraban, sentados en el embarcadero.

Lizzie suspiró.

-¿De qué sirve ser la hija de la directora si me como el doble de broncas? -preguntó Lizzie mientras se ponía en pie.

-Un día descubrirás que la disciplina es una forma más de amor -bromeó Klaus poniéndose tambien en pie.

Recorrieron la distancia hasta Caroline y fue el propio Klaus quien se disculpó por los dos.

-Discúlpame, amor. La he entretenido. No tenia mucho que hacer por aquí y enredé a tu hija en este tour improvisado. Se le da bien. Es muy diligente. Debe de ser cosa de familia… -de forma encantadora Klaus disculpó aquel desliz.

Caroline intentó controlar una sonrisa.

-Vale… Está bien… Espero que haya sido divertido -respondió la vampira.

Klaus asintió.

-Ha sido didáctico. Gracias, Lizzie.

La hija de Caroline le dedicó una sonrisa encantadora a su madre y desapareció de allí a toda velocidad después de decir “Adiós, mamá”, con un tono cantarín.

-Es encantadora… Me recuerda a alguien…- ironizó el hibrido.

Caroline sonrió.

-Es tan cotilla como yo y tan curiosa como su padre… Hablando de lo cual…- le hizo una señal con el dedo- Alaric ha regresado… Hoy vas a volver a clase…

 

 

✤ -“Simbología antigua” -dijo Alaric dejando un enorme tomo sobre la mesa- “Nigromancia y magia prohibida” -dejó otro enorme tomo sobre el anterior- “Nigromantes y magia negra” -dejó otro tomo sobre los dos predecesores- “Brujas y encantamientos antiguos”. Puede que tu madre salga ahí… -ironizó Alaric Saltzman.

Fue dejando un tomo tras otro sobre la mesa delante de Klaus y de Caroline.

-Tenemos un arduo trabajo por delante -asintió Klaus sentándose a una de las sillas al lado de Caroline.

Alaric tomó un bloc de notas

-Déjame ver otra vez esa marca…  -pidió.

Klaus se remangó la manga derecha de la camisa y enseñó su antebrazo derecho mostrando aquella extraña marca que tanto él, como Elijah, como Hayley y tantos otros mostraban en el brazo derecho sin explicación alguna. Alaric la miró de tanto en tanto mientras copiaba el diseño sobre el papel con su bolígrafo.

-Parece sencillo. Lo encontraremos… -confirmó Alaric- Hemos resuelto cosas peores.

Klaus cogió un libro y sonrió suavemente.

Caroline se percató del gesto.

-¿Qué pasa? -preguntó.

Klaus negó con la cabeza y se encogió de hombros.

-Nada, es que… es agradable están en el equipo de los buenos por una vez…