• Las pesadas puertas del gran salón se cerraron tras el anuncio de la llegada de la reina al lugar. Elizabeth quien hace unos minutos había sufrido por el esfuerzo de vendarse sus heridas recién tratadas, ahora caminaba erguida como si el dolor no acuchillara su costado en cada paso. Al entrar, quedó claro que su llegada había interrumpido una acalorada discusión, y no tardó en descifrar el motivo

    ​—Es una imprudencia —dijo Sigurd al resto del séquito, golpeando suavemente la mesa de madera tallada— Los rumores vuelan rápido... Dicen que hace milagros, que cura lo incurable. Si el Rey del Norte llega a escuchar que ocultamos a un ser con semejante poder, lo tomará como una provocación de guerra o, peor aún, como un arma que le estamos robando.
    ​Elizabeth, cuya figura destacaba bajo la luz de los vitrales, cruzó sus brazos con calma. Sus ojos rojos recorrieron la mesa, silenciando los murmullos con una sola mirada.

    ​—El pueblo no es tonto —continuó otro consejero—. Su apariencia ya es un factor demasiado llamativo. Hay aldeanos, bueno... mas aldeanas que aldeanos, que llevan horas apostadas en las grandes puertas, ignorando sus labores solo para intentar verle el rostro. No podemos tenerlo en el castillo. Es un riesgo político que no podemos permitirnos. Debe irse, y debe hacerlo antes del amanecer.

    ​✴ ─ El extranjero se queda —la voz de Elizabeth cortó el aire como una hoja de acero.

    ​Un silencio sepulcral cayó sobre la sala. Elizabeth dio un paso al frente, y apoyo ambas manos en el mesón su presencia llenó el espacio con una autoridad que no admitía réplicas.

    ​✴ ─ Se ha ganado el derecho de ser hospedado en estos muros —declaró ella con firmeza—
    ​Se acercó a la ventana que daba al patio principal, observando las siluetas de los aldeanos a lo lejos.

    ​✴ ─Mantendremos el secreto a puertas cerradas. Refuercen la guardia en las alas privadas y asegúrense de que nadie, absolutamente nadie externo al consejo, vuelva a verlo. Su apariencia podrá ser inusual, pero mientras esté dentro de estos muros, es un asunto de la corona. Si el Rey del Norte quiere respuestas, tendrá que pedírmelas a mí directamente.

    La reina había hablado, pero el consejo real no compartía su decisión. Sabían que el sanador no era un simple huésped, era un peligro latente para todo Brattvåg.

    ──────────
    Continuación de https://ficrol.com/posts/359883
    Las pesadas puertas del gran salón se cerraron tras el anuncio de la llegada de la reina al lugar. Elizabeth quien hace unos minutos había sufrido por el esfuerzo de vendarse sus heridas recién tratadas, ahora caminaba erguida como si el dolor no acuchillara su costado en cada paso. Al entrar, quedó claro que su llegada había interrumpido una acalorada discusión, y no tardó en descifrar el motivo ​—Es una imprudencia —dijo Sigurd al resto del séquito, golpeando suavemente la mesa de madera tallada— Los rumores vuelan rápido... Dicen que hace milagros, que cura lo incurable. Si el Rey del Norte llega a escuchar que ocultamos a un ser con semejante poder, lo tomará como una provocación de guerra o, peor aún, como un arma que le estamos robando. ​Elizabeth, cuya figura destacaba bajo la luz de los vitrales, cruzó sus brazos con calma. Sus ojos rojos recorrieron la mesa, silenciando los murmullos con una sola mirada. ​—El pueblo no es tonto —continuó otro consejero—. Su apariencia ya es un factor demasiado llamativo. Hay aldeanos, bueno... mas aldeanas que aldeanos, que llevan horas apostadas en las grandes puertas, ignorando sus labores solo para intentar verle el rostro. No podemos tenerlo en el castillo. Es un riesgo político que no podemos permitirnos. Debe irse, y debe hacerlo antes del amanecer. ​✴ ─ El extranjero se queda —la voz de Elizabeth cortó el aire como una hoja de acero. ​Un silencio sepulcral cayó sobre la sala. Elizabeth dio un paso al frente, y apoyo ambas manos en el mesón su presencia llenó el espacio con una autoridad que no admitía réplicas. ​✴ ─ Se ha ganado el derecho de ser hospedado en estos muros —declaró ella con firmeza— ​Se acercó a la ventana que daba al patio principal, observando las siluetas de los aldeanos a lo lejos. ​✴ ─Mantendremos el secreto a puertas cerradas. Refuercen la guardia en las alas privadas y asegúrense de que nadie, absolutamente nadie externo al consejo, vuelva a verlo. Su apariencia podrá ser inusual, pero mientras esté dentro de estos muros, es un asunto de la corona. Si el Rey del Norte quiere respuestas, tendrá que pedírmelas a mí directamente. La reina había hablado, pero el consejo real no compartía su decisión. Sabían que el sanador no era un simple huésped, era un peligro latente para todo Brattvåg. ────────── Continuación de https://ficrol.com/posts/359883
    Me encocora
    Me gusta
    3
    1 turno 1 maullido
  • Bien! No hay reto que sea grande para mi, voy a detener y acabar con todos los bandidos.
    Bien! No hay reto que sea grande para mi, voy a detener y acabar con todos los bandidos.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • ¡Feliz cumpleaños a mi!

    Estamos de fiesta porque hoy cumplo un año más de vida. ¡Se logró! Con alguien como yo es todo un logro...

    Agradezco a mis padres que siempre han estado ahí para mi.
    Agradezco tener a [radiant_silve_spider_297], la mejor hermana del mundo.
    Y Leo Carter, el amor de mi vida, el hombre de mis sueños y padre de nuestro futuro bebé.

    He cometido errores, he tenido aciertos, he cumplido mis sueños, me he aventurado...
    Es un año más de sueños, de locuras, de metas cumplidas y nuevos retos.

    No dejes de ser como eres Francine, estoy orgullosa de ti
    ¡Feliz cumpleaños a mi! 💕 Estamos de fiesta porque hoy cumplo un año más de vida. ¡Se logró! Con alguien como yo es todo un logro... Agradezco a mis padres que siempre han estado ahí para mi. Agradezco tener a [radiant_silve_spider_297], la mejor hermana del mundo. Y [flash_amber_bear_709], el amor de mi vida, el hombre de mis sueños y padre de nuestro futuro bebé. He cometido errores, he tenido aciertos, he cumplido mis sueños, me he aventurado... Es un año más de sueños, de locuras, de metas cumplidas y nuevos retos. No dejes de ser como eres Francine, estoy orgullosa de ti 💕
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Quiero ofrecer disculpas por mi ausencia. Tuve algunos fuertes problemas de salud, pero afortunadamente ya estoy mejor ahora. Por tanto, poco a poco iré retomando el ritmo de actividad aquí. Muchas gracias por su paciencia a todas las bellas señoritas que me han esperado. Voy a recompensar esa paciencia como se debe, lo prometo.
    Quiero ofrecer disculpas por mi ausencia. Tuve algunos fuertes problemas de salud, pero afortunadamente ya estoy mejor ahora. Por tanto, poco a poco iré retomando el ritmo de actividad aquí. Muchas gracias por su paciencia a todas las bellas señoritas que me han esperado. Voy a recompensar esa paciencia como se debe, lo prometo.
    Me gusta
    Me encocora
    Me entristece
    5
    2 comentarios 0 compartidos
  • El Silencio de los Lazarev
    Categoría Otros
    Moscú, febrero. El hielo no solo cubre las calles.

    Sasha Lazarev no creía en los segundos platos. Nunca los había necesitado. Cuando algo quería, lo tomaba. Cuando algo —o alguien— le pertenecía, lo marcaba con la misma precisión quirúrgica con la que sus hombres marcaban a los traidores: sin piedad, sin borrón, para siempre.
    Estaba de pie en el balcón de su penthouse en la Torre Imperia, el viento mordiendo su rostro como un amante impaciente. Moscú brillaba bajo ella, una constelación de luces frías que ella misma había encendido y extinguido a su antojo. Los viejos del bratva la llamaban belaya smert —muerte blanca— porque nunca advertía, nunca negociaba, nunca perdonaba.
    Y esa noche, la muerte blanca tenía un nombre nuevo en sus labios.
    —On prishël -murmuró Dmitri desde la penumbra del salón. —Ya está aquí.
    Sasha no se volvió de inmediato. Disfrutaba de ese instante previo, de la electricidad que precede a la tormenta. Se llevó el vaso de vodka a los labios, cristal tallado, herencia de su abuela, la única mujer que había amado sin reservas, y dejó que el líquido le quemara las entrañas antes de girarse.
    El hombre que los suyos habían traído arrastrado, más bien, no parecía un prisionero. No parecía nada que ella hubiera visto antes. Estaba arrodillado sobre la alfombra persa, manos atadas a la espalda, ropa de diseñador manchada de sangre que no era suya. Pero sus ojos..., sus ojos. Ámbar oscuro, con una calma que no correspondía a la situación. Una calma que Sasha reconocía porque ella misma la había cultivado durante años, capa sobre capa, hasta convertirla en armadura.
    —Tu..—dijo, y su voz salió más baja de lo que pretendía, ronca como el roce de terciopelo contra navaja—.
    El prisionero inclinó la cabeza. No en señal de sumisión. En algo más peligroso. Curiosidad.
    —Depende —respondió, y su acento era un misterio, mitad San Petersburgo aristocrático, mitad algo que ella no pudo ubicar—. ¿De si la ofrenda es un regalo... o una trampa camuflada?
    Sasha dejó el vaso sobre la mesa de obsidiana. El sonido resonó como un disparo en la habitación silenciosa. Dio tres pasos hacia él, sus tacones de Louboutin hundiéndose en la alfombra con cada golpe deliberado. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para oler su piel, sudor, sí, pero también algo amargo, algo eléctrico, como tormenta contenida. Se agachó. Un dedo enguantado de cuero le levantó la barbilla.
    —Tus tíos me prometieron que serías fácil de romper —murmuró, casi para sí misma—. Que eres un cobarde con gusto por el arte y las mujeres de compañía. Que lloraría.
    Sonrió. No una sonrisa de súplica. Una sonrisa que iluminó algo oscuro en el rostro de Sasha, algo que ella había enterrado bajo cimientos de cadáveres.
    —Tus informantes mienten, Sasha Lazarev —dijo él, pronunciando su nombre como si lo estuviera probando, como si fuera un vino caro o un veneno exótico—. O quizás... —inclinó la cabeza, y por un instante sus labios estuvieron peligrosamente cerca de su oreja— ...quizás tú y yo somos el mismo tipo de mentira.
    Sasha se tensó. Nadie se atrevía a invadir su espacio así. Su mano se movió instintivamente hacia la navaja que llevaba en el muslo, pero se detuvo. Porque no había retrocedido. Porque algo en su mirada decía que él también tenía un cuchillo escondido, que él también sabía exactamente dónde apuntar para hacer sangrar.
    —Llévenselo —ordenó, enderezándose bruscamente, y su voz recuperó el filo de acero habitual—. Al sótano. Quiero que el Doktor Sokolov lo examine. Cada centímetro de su piel, cada cicatriz, cada secreto.
    Cuando sus hombres lo llevan fuera de la habitación, Sasha permaneció inmóvil, mirando las huellas de sangre que dejaba en su alfombra. Su alfombra. Su espacio. Su prisionero.

    Y sin embargo, cuando cerró los ojos esa noche —horas después, con el vodka ya convertido en ceniza en su estómago— no vio el rostro de su padre asesinado. No vio la venganza que había perseguido durante quince años.
    Vio ojos ámbar. Vio una sonrisa que no temía a la muerte.
    Vio, por primera vez en décadas, algo que no sabía cómo destruir.
    Moscú, febrero. El hielo no solo cubre las calles. Sasha Lazarev no creía en los segundos platos. Nunca los había necesitado. Cuando algo quería, lo tomaba. Cuando algo —o alguien— le pertenecía, lo marcaba con la misma precisión quirúrgica con la que sus hombres marcaban a los traidores: sin piedad, sin borrón, para siempre. Estaba de pie en el balcón de su penthouse en la Torre Imperia, el viento mordiendo su rostro como un amante impaciente. Moscú brillaba bajo ella, una constelación de luces frías que ella misma había encendido y extinguido a su antojo. Los viejos del bratva la llamaban belaya smert —muerte blanca— porque nunca advertía, nunca negociaba, nunca perdonaba. Y esa noche, la muerte blanca tenía un nombre nuevo en sus labios. —On prishël -murmuró Dmitri desde la penumbra del salón. —Ya está aquí. Sasha no se volvió de inmediato. Disfrutaba de ese instante previo, de la electricidad que precede a la tormenta. Se llevó el vaso de vodka a los labios, cristal tallado, herencia de su abuela, la única mujer que había amado sin reservas, y dejó que el líquido le quemara las entrañas antes de girarse. El hombre que los suyos habían traído arrastrado, más bien, no parecía un prisionero. No parecía nada que ella hubiera visto antes. Estaba arrodillado sobre la alfombra persa, manos atadas a la espalda, ropa de diseñador manchada de sangre que no era suya. Pero sus ojos..., sus ojos. Ámbar oscuro, con una calma que no correspondía a la situación. Una calma que Sasha reconocía porque ella misma la había cultivado durante años, capa sobre capa, hasta convertirla en armadura. —Tu..—dijo, y su voz salió más baja de lo que pretendía, ronca como el roce de terciopelo contra navaja—. El prisionero inclinó la cabeza. No en señal de sumisión. En algo más peligroso. Curiosidad. —Depende —respondió, y su acento era un misterio, mitad San Petersburgo aristocrático, mitad algo que ella no pudo ubicar—. ¿De si la ofrenda es un regalo... o una trampa camuflada? Sasha dejó el vaso sobre la mesa de obsidiana. El sonido resonó como un disparo en la habitación silenciosa. Dio tres pasos hacia él, sus tacones de Louboutin hundiéndose en la alfombra con cada golpe deliberado. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para oler su piel, sudor, sí, pero también algo amargo, algo eléctrico, como tormenta contenida. Se agachó. Un dedo enguantado de cuero le levantó la barbilla. —Tus tíos me prometieron que serías fácil de romper —murmuró, casi para sí misma—. Que eres un cobarde con gusto por el arte y las mujeres de compañía. Que lloraría. Sonrió. No una sonrisa de súplica. Una sonrisa que iluminó algo oscuro en el rostro de Sasha, algo que ella había enterrado bajo cimientos de cadáveres. —Tus informantes mienten, Sasha Lazarev —dijo él, pronunciando su nombre como si lo estuviera probando, como si fuera un vino caro o un veneno exótico—. O quizás... —inclinó la cabeza, y por un instante sus labios estuvieron peligrosamente cerca de su oreja— ...quizás tú y yo somos el mismo tipo de mentira. Sasha se tensó. Nadie se atrevía a invadir su espacio así. Su mano se movió instintivamente hacia la navaja que llevaba en el muslo, pero se detuvo. Porque no había retrocedido. Porque algo en su mirada decía que él también tenía un cuchillo escondido, que él también sabía exactamente dónde apuntar para hacer sangrar. —Llévenselo —ordenó, enderezándose bruscamente, y su voz recuperó el filo de acero habitual—. Al sótano. Quiero que el Doktor Sokolov lo examine. Cada centímetro de su piel, cada cicatriz, cada secreto. Cuando sus hombres lo llevan fuera de la habitación, Sasha permaneció inmóvil, mirando las huellas de sangre que dejaba en su alfombra. Su alfombra. Su espacio. Su prisionero. Y sin embargo, cuando cerró los ojos esa noche —horas después, con el vodka ya convertido en ceniza en su estómago— no vio el rostro de su padre asesinado. No vio la venganza que había perseguido durante quince años. Vio ojos ámbar. Vio una sonrisa que no temía a la muerte. Vio, por primera vez en décadas, algo que no sabía cómo destruir.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Jennifer JJ Jareau Se gira en su silla cuando la rubia entra en la "cueva del genio" y clava en ella su mirada tras las gafas de color azul histriónico.

    —¿Tienes cotilleos nuevos? Dime que si. Porque yo creo que tengo uno. O algo asi... Te lo cuento si me guardas el secreto.
    [AGENT.JJ] Se gira en su silla cuando la rubia entra en la "cueva del genio" y clava en ella su mirada tras las gafas de color azul histriónico. —¿Tienes cotilleos nuevos? Dime que si. Porque yo creo que tengo uno. O algo asi... Te lo cuento si me guardas el secreto.
    Me gusta
    Me shockea
    2
    2 turnos 0 maullidos
  • - 𝐍𝐨 𝐬𝐨𝐲 𝐦𝐢 𝐦𝐚𝐝𝐫𝐞, 𝐒𝐞𝐥𝐢𝐦.

    El hombre insistía en reafirmar sus alianzas después de una larga sucesión de hechos que lo implicaban públicamente haciendo que se dejen ver muchos procedimientos implicados en la ejecución de otros que iban por vías gubernamentales internos que nos daban cierta inmunidad. No era algo que deba saber porque no lo incluía pero sus actos fueron tan sobresalientes que ponían en riesgo otras operaciones.

    - Fuiste descuidado con tu trabajo. Conoces las reglas de las alianzas. -me levanté y caminé despacio hacia él.-Cuando un asociado quiere jugar más de lo que las cartas le dan, se vuelve torpe e influenciable por otros... Recuerdas a tu amigo Mehmet? Quiso apoderarse de tu empresa solo porque te vio ineficiente. Y esa fue solo su percepción. No hagas que mi percepción cambie, Selim. -llegando al respaldar de su silla, le aprieto los hombros como queriendo sostenerlo.- Quizas, ya lo hiciste...

    Uno de mis empleados deja caer unas fotos, una por una, donde se veía al hombre transando con otros, intercambiando documentos. Tomé una y se la acerqué apoyándome en él.

    -Esto, por ejemplo, lo está haciendo. Me está demostrando lo traidor que puedes ser cuando dejo que otro haga mi trabajo. -tiro la foto en el montón que estaba sobre la mesa y me siento en la silla de al lado- Esto se arregla de dos maneras. La que buscas retractarte de todo lo que compartiste diciendo que es falso o eliminando las evidencias.

    Selim empezó a sudar, tartamudeaba, y yo... yo solo observaba como se retorcía por dentro. -Cr-creo que sería mejor que te encargues- dijo con miedo, casi llorando.

    -Si así lo prefieres, lo haremos rápido. Sin agonía ni dolor. -con una seña leve, me acerqué a uno de los guardias que tenía una semiautomática con silenciador y la tomé de su cintura. Apoyé el cañón en la espalda de Selim y acaricié su rostro.- Espero que mi madre te reciba de la misma manera que cuando estaba viva.. Пусть смерть станет путем к искуплению.
    - 𝐍𝐨 𝐬𝐨𝐲 𝐦𝐢 𝐦𝐚𝐝𝐫𝐞, 𝐒𝐞𝐥𝐢𝐦. El hombre insistía en reafirmar sus alianzas después de una larga sucesión de hechos que lo implicaban públicamente haciendo que se dejen ver muchos procedimientos implicados en la ejecución de otros que iban por vías gubernamentales internos que nos daban cierta inmunidad. No era algo que deba saber porque no lo incluía pero sus actos fueron tan sobresalientes que ponían en riesgo otras operaciones. - Fuiste descuidado con tu trabajo. Conoces las reglas de las alianzas. -me levanté y caminé despacio hacia él.-Cuando un asociado quiere jugar más de lo que las cartas le dan, se vuelve torpe e influenciable por otros... Recuerdas a tu amigo Mehmet? Quiso apoderarse de tu empresa solo porque te vio ineficiente. Y esa fue solo su percepción. No hagas que mi percepción cambie, Selim. -llegando al respaldar de su silla, le aprieto los hombros como queriendo sostenerlo.- Quizas, ya lo hiciste... Uno de mis empleados deja caer unas fotos, una por una, donde se veía al hombre transando con otros, intercambiando documentos. Tomé una y se la acerqué apoyándome en él. -Esto, por ejemplo, lo está haciendo. Me está demostrando lo traidor que puedes ser cuando dejo que otro haga mi trabajo. -tiro la foto en el montón que estaba sobre la mesa y me siento en la silla de al lado- Esto se arregla de dos maneras. La que buscas retractarte de todo lo que compartiste diciendo que es falso o eliminando las evidencias. Selim empezó a sudar, tartamudeaba, y yo... yo solo observaba como se retorcía por dentro. -Cr-creo que sería mejor que te encargues- dijo con miedo, casi llorando. -Si así lo prefieres, lo haremos rápido. Sin agonía ni dolor. -con una seña leve, me acerqué a uno de los guardias que tenía una semiautomática con silenciador y la tomé de su cintura. Apoyé el cañón en la espalda de Selim y acaricié su rostro.- Espero que mi madre te reciba de la misma manera que cuando estaba viva.. Пусть смерть станет путем к искуплению.
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • ❝ 𝐇𝐄𝐑𝐄 𝐖𝐄 𝐆𝐎 𝐀𝐆𝐀𝐈𝐍 ❞ [•]

    ────𝑈𝑛𝑎 𝑛𝑜𝑐ℎ𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑖𝑠𝑖𝑛𝑎 𝑦 𝑠𝑖𝑛 𝑝𝑟𝑒𝑜𝑐𝑢𝑝𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 ────

    [] 𝑃𝑎𝑟í𝑠, 𝐹𝑟𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 ──── (𝟶𝟷:𝟶𝟶 𝐴.𝑀)

    Empujó la pesada puerta de madera del bar con el hombro, y el tintineo discreto de la campanilla se perdió casi de inmediato entre el murmullo cálido de las conversaciones y el jazz suave que salía de un viejo tocadiscos en la esquina.

    El aire olía a tabaco viejo, madera encerada y un leve rastro de coñac caro.

    Se quitó el abrigo húmedo por la llovizna parisina y lo colgó en el perchero junto a la entrada.

    Sin prisa, recorrió con la mirada las mesas bajas de mármol hasta encontrar un taburete libre en la barra, justo donde la luz ámbar de una lámpara caía como miel sobre el zinc bruñido.

    Se sentó, apoyó los antebrazos y dejó escapar un suspiro largo, casi satisfecho.

    ──── 𝘉𝘶𝘦𝘯𝘢𝘴 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦𝘴, 𝘗𝘢𝘶𝘭. ────

    Saludo al barman quién ya sabía perfectamente el pedido.

    Mientras el hombre servía el whisky en un vaso, Santiago giró ligeramente el taburete para observar el local.

    Todo parecía moverse a un ritmo que no tenía nada que ver a lo que acostumbraba a veces.

    El vaso llegó frente a él. El líquido dorado atrapó la luz y la devolvió en destellos lentos.

    Lo levantó un poco, como brindando consigo mismo, y murmuró casi inaudible:

    ────𝘚𝘢𝘭𝘶𝘥, 𝘷𝘪𝘦𝘫𝘰. 𝘓𝘭𝘦𝘨𝘢𝘴𝘵𝘦 𝘩𝘢𝘴𝘵𝘢 𝘢𝘲𝘶í. 𝘕𝘰 𝘦𝘴𝘵á 𝘯𝘢𝘥𝘢 𝘮𝘢𝘭.────

    Dio el primer sorbo pequeño, dejando que el calor le recorriera la garganta y se asentara en el pecho.

    Cerró los ojos un segundo, solo un segundo, y sonrió de lado, esa media sonrisa que usaba cuando nadie lo veía.

    ────𝘗𝘢𝘳í𝘴. 𝘚𝘶𝘦𝘯𝘢 𝘳𝘪𝘥í𝘤𝘶𝘭𝘰 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘳𝘭𝘰 𝘦𝘯 𝘷𝘰𝘻 𝘢𝘭𝘵𝘢, ¿𝘯𝘰? 𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘲𝘶é 𝘤𝘢𝘳𝘢𝘫𝘰; 𝘢𝘲𝘶í 𝘦𝘴𝘵𝘰𝘺. ────

    Otro sorbo, más largo esta vez. Apoyó la barbilla en la mano y se quedó mirando el vaso, girándolo despacio entre los dedos, dejando que el mundo se redujera a ese pequeño círculo de cristal y líquido ámbar.
    ❝ 𝐇𝐄𝐑𝐄 𝐖𝐄 𝐆𝐎 𝐀𝐆𝐀𝐈𝐍 ❞ [•] ────𝑈𝑛𝑎 𝑛𝑜𝑐ℎ𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑖𝑠𝑖𝑛𝑎 𝑦 𝑠𝑖𝑛 𝑝𝑟𝑒𝑜𝑐𝑢𝑝𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 ──── [🇫🇷] 𝑃𝑎𝑟í𝑠, 𝐹𝑟𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 ──── (𝟶𝟷:𝟶𝟶 𝐴.𝑀) Empujó la pesada puerta de madera del bar con el hombro, y el tintineo discreto de la campanilla se perdió casi de inmediato entre el murmullo cálido de las conversaciones y el jazz suave que salía de un viejo tocadiscos en la esquina. El aire olía a tabaco viejo, madera encerada y un leve rastro de coñac caro. Se quitó el abrigo húmedo por la llovizna parisina y lo colgó en el perchero junto a la entrada. Sin prisa, recorrió con la mirada las mesas bajas de mármol hasta encontrar un taburete libre en la barra, justo donde la luz ámbar de una lámpara caía como miel sobre el zinc bruñido. Se sentó, apoyó los antebrazos y dejó escapar un suspiro largo, casi satisfecho. ──── 𝘉𝘶𝘦𝘯𝘢𝘴 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦𝘴, 𝘗𝘢𝘶𝘭. ──── Saludo al barman quién ya sabía perfectamente el pedido. Mientras el hombre servía el whisky en un vaso, Santiago giró ligeramente el taburete para observar el local. Todo parecía moverse a un ritmo que no tenía nada que ver a lo que acostumbraba a veces. El vaso llegó frente a él. El líquido dorado atrapó la luz y la devolvió en destellos lentos. Lo levantó un poco, como brindando consigo mismo, y murmuró casi inaudible: ────𝘚𝘢𝘭𝘶𝘥, 𝘷𝘪𝘦𝘫𝘰. 𝘓𝘭𝘦𝘨𝘢𝘴𝘵𝘦 𝘩𝘢𝘴𝘵𝘢 𝘢𝘲𝘶í. 𝘕𝘰 𝘦𝘴𝘵á 𝘯𝘢𝘥𝘢 𝘮𝘢𝘭.──── Dio el primer sorbo pequeño, dejando que el calor le recorriera la garganta y se asentara en el pecho. Cerró los ojos un segundo, solo un segundo, y sonrió de lado, esa media sonrisa que usaba cuando nadie lo veía. ────𝘗𝘢𝘳í𝘴. 𝘚𝘶𝘦𝘯𝘢 𝘳𝘪𝘥í𝘤𝘶𝘭𝘰 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘳𝘭𝘰 𝘦𝘯 𝘷𝘰𝘻 𝘢𝘭𝘵𝘢, ¿𝘯𝘰? 𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘲𝘶é 𝘤𝘢𝘳𝘢𝘫𝘰; 𝘢𝘲𝘶í 𝘦𝘴𝘵𝘰𝘺. ──── Otro sorbo, más largo esta vez. Apoyó la barbilla en la mano y se quedó mirando el vaso, girándolo despacio entre los dedos, dejando que el mundo se redujera a ese pequeño círculo de cristal y líquido ámbar.
    Me encocora
    Me gusta
    Me shockea
    26
    1 turno 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Cuenta cerrada de forma temporal (retorno indefinido)
    Cuenta cerrada de forma temporal (retorno indefinido)
    0 comentarios 8 compartidos
  • — Entre mαs grαnde el secreto, mάs gruesα es lα cαdenα con lα que αtαs el αlmα —
    — Entre mαs grαnde el secreto, mάs gruesα es lα cαdenα con lα que αtαs el αlmα —
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    13
    5 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados