Nunca quise ser Alpha, la verdad es esa. No nací con hambre de mando ni con esa necesidad absurda de que todos inclinen la cabeza cuando paso. Yo era el lobo que caminaba solo, el que no esperaba a nadie y al que nadie esperaba. Y, sin embargo, terminé construyendo una manada. Mi manada. Sangre y elección. Cicatrices compartidas. Una familia que no sabía que necesitaba hasta que ya estaba dentro de mis huesos.

Y ahora voy a entregarla.

 Ashiël siempre estuvo ahí. Mi hermano menor, aunque a veces parecía el mayor. Mi protector cuando el mundo decidió que yo debía ser fuerte antes de tiempo. Él aprendió a leer mis silencios cuando ni yo mismo los entendía. Mientras yo levantaba muros, él encendía fuegos. Mientras yo imponía respeto, él inspiraba lealtad. Supongo que por eso duele menos saber que será él quien tome mi lugar… y duele más al mismo tiempo. Y eso que nadie sabía de él, fue mi mayor secreto guardado, hasta ahora. 

No cedo la manada porque esté cansado, tampoco porque haya perdido el instinto. La cedo porque tengo una misión y no puedo dividirme en dos sin romperlo todo. Mi compañera y yo partimos hacia Edimburgo. Hemos empezado de cero, creemos que podemos viajar en el tiempo y creo en la deuda que tengo con el pasado. Y si existe una mínima posibilidad de arreglar lo que se torció, voy a cruzar ese maldito círculo de roca aunque me arranque la vida.

Miré a mi hermano, él se negaba, sin palabras sabía lo que iba a decir. Al final era como él, no solo compartían sangre sino pensamientos y recuerdos. 

Los dos eran uno. De ser un lobo solitario terminó liderando una manada que ahora tenía que ceder, nunca nació para liderar. Pero su hermano si que tenía ese talento innato que le faltaba a él. Por eso a partir de esta misma noche el Alpha de la manada Volkøv será Ashiël Volkøv.