Veythra Lili Queen Ishtar
Arconte Lili — La Umbrélun
Hay nombres que pesan.
Y hay nombres que despiertan cosas.
El mío no nació en una cuna tranquila.
Nació entre eclipse y error divino.
Soy hija de Jennifer Queen,
descendiente del linaje Ishtar,
nieta espiritual del Caos que una vez fue llamado Oz,
y marcada por la luna que sostuvo a Selin cuando todo se rompió.
Pero cuando nací, no estaba sola.
Veythra — la hija que nunca pudo respirar porque Selin murió embarazada —
no desapareció.
Fue anclada a mí.
Durante mucho tiempo dijeron que era inestabilidad.
Que éramos fractura.
Que una sostenía mientras la otra colapsaba.
Ya no.
Ahora convivimos.
No es posesión.
No es relevo de emergencia.
Es conversación interna constante.
Si hablo y mi voz se vuelve fría, es Veythra afinando la decisión.
Si sonrío demasiado suave en medio del caos, soy yo, Lili, recordando por qué aún vale la pena sentir.
No competimos.
Nos entendimos.
Y cuando una duda, la otra sostiene.
Hace poco algo cambió.
Me gané el favor de Sasha.
O quizá fue al revés.
No importan los detalles.
Lo que importa es que aquel gesto — pequeño hacia fuera, fué enorme hacia dentro —
me elevó del último peldaño de la familia Ishtar
al más alto.
No por sangre.
No por apellido.
Por decisión.
Me llamó Arconte.
Arconte Lili.
Y con el título vino la transformación y
el cuadriunvirato Ishtar gobernado por
Sasha, Ayane, Henry... Y yo.
Las súcubo Alpha de mi familia miden entre dos y tres metros.
Imponen por presencia física.
Sombras largas, alas que eclipsan salones enteros.
Yo mido 1,55.
Y aun así, cuando la forma despierta… el aire se comprime.
No soy grande.
Soy densa.
Como si todo el poder que debería expandirse hubiera decidido quedarse contenido en un núcleo pequeño y peligroso.
Aún estoy estudiando por qué.
Quizá la Umbrélun no necesita altura.
Necesita precisión.
Sigo alimentándome de penumbra.
Sigo resonando con la luna cuando hay eclipse o lluvia de estrellas.
El Caos sigue latiendo dentro de mí.
Pero ya no es algo que deba controlar para no romperme.
Es algo que sostengo sin temblar.
Porque ahora sé quién soy.
Y no camino sola.
Ryu es mi pulso más humano.
Chantle es el ancla que me recuerda que incluso las sombras pueden criar luz.
Y con Akane…
Con Akane nació algo que reescribió la historia.
Hannah Queen Queen.
Nuestra hija.
No fue casualidad.
Fue cierre.
Fue redención.
El alma que una vez levantó la mano contra Selin regresó muda, no como castigo… sino como memoria.
Nació de dos Queen.
De luna y caos reconciliados.
Y cuando la sostuve en brazos por primera vez, Veythra guardó silencio.
Por primera vez en siglos, no había nada que ejecutar.
Solo algo que proteger.
Hannah no es peso.
Es sentido.
Hoy no soy inestable.
Soy doble.
Soy Arconte.
Soy Umbrélun.
Y si hace falta, hablaremos las dos.
Pero no porque estemos rotas.
Sino porque estamos completas.