Kiara es una Kitsune de belleza etérea, con ojos que brillan como dos luceros en la oscuridad, reflejando tanto su sabiduría ancestral como el dolor de un pasado marcado por la traición. Su cabello, largo y negro, cae en suaves ondas sobre sus hombros, recordando la cola de un zorro en su forma original. Aunque ha abandonado su forma animal para vivir entre los humanos, su esencia sigue impregnada de magia y misterio.

 

A la edad de 14 años, Kiara fue la única sobreviviente de su pueblo, un lugar donde las leyendas de los Kitsunes eran veneradas y temidas a partes iguales. La tragedia que arrasó su hogar dejó cicatrices profundas en su corazón; cada recuerdo de esa noche fatídica está teñido de rabia y tristeza. Ahora, oculta tras una fachada humana, lleva consigo el peso del legado perdido de su gente.

 

Su vida entre los humanos es una lucha constante. A pesar de su deseo de integrarse y encontrar un nuevo propósito, el odio hacia aquellos que destruyeron su hogar arde dentro de ella como una llama inextinguible. Cada sonrisa falsa que ofrece a quienes la rodean es un recordatorio del dolor que siente; cada amistad forjada es un riesgo que corre al acercarse a aquellos que podrían volver a cazarla.

 

Kiara camina por las calles con una mezcla de desconfianza y anhelo. Su mirada se desliza furtivamente entre las sombras, siempre alerta ante cualquier señal de peligro. Aunque anhela la libertad y la aceptación, el miedo a ser descubierta y cazada nuevamente la mantiene en guardia. En lo más profundo de su ser, sabe que no puede olvidar lo que le sucedió a su pueblo ni perdonar a quienes lo hicieron posible; sin embargo, también lucha con el deseo de encontrar un lugar al que pertenecer en este mundo hostil.

 

Así vive Kiara: atrapada entre dos mundos, con el corazón dividido entre el odio hacia los humanos y el anhelo por una vida en paz.