Otro domingo amanecía con la tienda cerrada, una costumbre instaurada por su abuelo desde los inicios del negocio, hacía ya tantos años. Para Pietro, el domingo era un día sagrado destinado a la familia. Después de una semana extenuante de trabajo y atención al público, ansiaba compartir un día juntos como cualquier otra familia normal. A pesar de las críticas de quienes señalaban que los domingos eran días de altas ventas, Pietro se mantuvo firme en su convicción. Actualmente, tanto Carmina como su abuela preservaban esa tradición. Aunque claro, eso no significaba que descuidara su entorno; cada domingo salía a limpiar la calle frente a la tienda y su hogar. Armada con un balde de agua y una escoba, la pelirroja se dispuso a su tarea mientras cantaba: —Vuélveme a querer, no me lastimes. ¿Cómo debo hacer para romper este silencio cruel de no saber mas de ti, de ti? ~ — repetía una y otra vez, frustrada por no poder recordar el resto de la letra. Las interrupciones ocasionales de vecinas que pasaban saludando eran respondidas por Carmina con una sonrisa radiante y un entusiasta "buenos días".
Otro domingo amanecía con la tienda cerrada, una costumbre instaurada por su abuelo desde los inicios del negocio, hacía ya tantos años. Para Pietro, el domingo era un día sagrado destinado a la familia. Después de una semana extenuante de trabajo y atención al público, ansiaba compartir un día juntos como cualquier otra familia normal. A pesar de las críticas de quienes señalaban que los domingos eran días de altas ventas, Pietro se mantuvo firme en su convicción. Actualmente, tanto Carmina como su abuela preservaban esa tradición. Aunque claro, eso no significaba que descuidara su entorno; cada domingo salía a limpiar la calle frente a la tienda y su hogar. Armada con un balde de agua y una escoba, la pelirroja se dispuso a su tarea mientras cantaba: —Vuélveme a querer, no me lastimes. ¿Cómo debo hacer para romper este silencio cruel de no saber mas de ti, de ti? ~ — repetía una y otra vez, frustrada por no poder recordar el resto de la letra. Las interrupciones ocasionales de vecinas que pasaban saludando eran respondidas por Carmina con una sonrisa radiante y un entusiasta "buenos días".