• 𝐄𝐬𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐯𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐯𝐢𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐬𝐞𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨 𝐦𝐚𝐬 𝐚𝐠𝐫𝐚𝐝𝐚𝐛𝐥𝐞 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐂𝐚𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐑𝐨𝐬𝐞 𝐲 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐥𝐞𝐯𝐞𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐠𝐨 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐝𝐞 𝐯𝐚𝐥𝐨𝐫 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐌𝐨𝐧𝐞𝐝𝐚, 𝐀𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞 ¡𝐈𝐦𝐩𝐫𝐞𝐬𝐢ó𝐧𝐚𝐦𝐞! ¡𝐉𝐚𝐣𝐚𝐣𝐚!
    🌹 𝐄𝐬𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐯𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐯𝐢𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐬𝐞𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨 𝐦𝐚𝐬 𝐚𝐠𝐫𝐚𝐝𝐚𝐛𝐥𝐞 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐂𝐚𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐑𝐨𝐬𝐞 𝐲 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐥𝐞𝐯𝐞𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐠𝐨 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐝𝐞 𝐯𝐚𝐥𝐨𝐫 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐌𝐨𝐧𝐞𝐝𝐚, 𝐀𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞 ¡𝐈𝐦𝐩𝐫𝐞𝐬𝐢ó𝐧𝐚𝐦𝐞! ¡𝐉𝐚𝐣𝐚𝐣𝐚! 🌹
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  • [ A las afueras de las Praderas de Ocaso ]

    < La maldición ya ha vuelto el pueblo un siniestro fantasma de penas y dolor. Las almas de los habitantes se desplazan entre los pocos sobrevivientes quienes no cuentan con mucho tiempo de vida.

    El azote de la verdad es ineludible, la cura no llego a tiempo e inclusive si fuera de esa forma nada podía erradicar el mal que el propio ser humano alimenta.

    Gemidos de dolor.
    Caminatas sin rumbo.
    Pareciesen muertos vivientes, pero la verdad son solo huéspedes de los parásitos sobrevivientes de la bestia asesinada y se han multiplicado poniendo en peligro las regiones comerciales y caminos más cercanos. >

    ¿𝓓𝓮𝓼𝓮𝓪𝓼 𝓬𝓸𝓷𝓽𝓲𝓷𝓾𝓪𝓻.ᐣ
    [ A las afueras de las Praderas de Ocaso ] < La maldición ya ha vuelto el pueblo un siniestro fantasma de penas y dolor. Las almas de los habitantes se desplazan entre los pocos sobrevivientes quienes no cuentan con mucho tiempo de vida. El azote de la verdad es ineludible, la cura no llego a tiempo e inclusive si fuera de esa forma nada podía erradicar el mal que el propio ser humano alimenta. Gemidos de dolor. Caminatas sin rumbo. Pareciesen muertos vivientes, pero la verdad son solo huéspedes de los parásitos sobrevivientes de la bestia asesinada y se han multiplicado poniendo en peligro las regiones comerciales y caminos más cercanos. > ¿𝓓𝓮𝓼𝓮𝓪𝓼 𝓬𝓸𝓷𝓽𝓲𝓷𝓾𝓪𝓻.ᐣ
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  • 𝙰𝚜𝚞𝚗𝚝𝚘: 𝚅𝚒𝚜𝚒𝚝𝚊 𝚘𝚏𝚒𝚌𝚒𝚊𝚕 𝚊 𝚕𝚊 𝙺𝚒𝚗𝚐’𝚜 𝙶𝚊𝚕𝚕𝚎𝚛𝚢 – 𝙸𝚗𝚏𝚘𝚛𝚖𝚎 𝚙𝚛𝚎𝚕𝚒𝚖𝚒𝚗𝚊𝚛 𝚢 𝚙𝚛𝚘𝚙𝚞𝚎𝚜𝚝𝚊 𝚍𝚎 𝚎𝚡𝚝𝚎𝚗𝚜𝚒𝚘́𝚗 𝚍𝚎 𝚎𝚜𝚝𝚊𝚗𝚌𝚒𝚊

    𝙴𝚜𝚝𝚒𝚖𝚊𝚍𝚘 𝙳𝚛. 𝚆𝚑𝚒𝚝𝚖𝚘𝚛𝚎,

    𝙻𝚎 𝚎𝚜𝚌𝚛𝚒𝚋𝚘 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚒𝚗𝚏𝚘𝚛𝚖𝚊𝚛𝚕𝚎 𝚚𝚞𝚎 𝚕𝚊 𝚟𝚒𝚜𝚒𝚝𝚊 𝚘𝚏𝚒𝚌𝚒𝚊𝚕 𝚊 𝚕𝚊 𝙺𝚒𝚗𝚐’𝚜 𝙶𝚊𝚕𝚕𝚎𝚛𝚢, 𝚎𝚗 𝚎𝚕 𝙿𝚊𝚕𝚊𝚌𝚒𝚘 𝚍𝚎 𝙱𝚞𝚌𝚔𝚒𝚗𝚐𝚑𝚊𝚖, 𝚜𝚎 𝚍𝚎𝚜𝚊𝚛𝚛𝚘𝚕𝚕𝚘́ 𝚌𝚘𝚗 𝚝𝚘𝚝𝚊𝚕 𝚗𝚘𝚛𝚖𝚊𝚕𝚒𝚍𝚊𝚍 𝚢 𝚌𝚘𝚗𝚏𝚘𝚛𝚖𝚎 𝚊𝚕 𝚒𝚝𝚒𝚗𝚎𝚛𝚊𝚛𝚒𝚘 𝚙𝚛𝚎𝚟𝚒𝚜𝚝𝚘.

    𝙴𝚕 𝚛𝚎𝚌𝚘𝚛𝚛𝚒𝚍𝚘 𝚐𝚞𝚒𝚊𝚍𝚘 𝚙𝚘𝚛 𝚕𝚊 𝚌𝚘𝚕𝚎𝚌𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚛𝚎𝚜𝚞𝚕𝚝𝚘́ 𝚙𝚊𝚛𝚝𝚒𝚌𝚞𝚕𝚊𝚛𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎 𝚛𝚎𝚕𝚎𝚟𝚊𝚗𝚝𝚎 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚗𝚞𝚎𝚜𝚝𝚛𝚊𝚜 𝚕ɪ́𝚗𝚎𝚊𝚜 𝚍𝚎 𝚒𝚗𝚟𝚎𝚜𝚝𝚒𝚐𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚊𝚌𝚝𝚞𝚊𝚕𝚎𝚜. 𝙻𝚊 𝚍𝚒𝚜𝚙𝚘𝚜𝚒𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚌𝚞𝚛𝚊𝚝𝚘𝚛𝚒𝚊𝚕 𝚜𝚞𝚋𝚛𝚊𝚢𝚊 𝚗𝚘 𝚜𝚘𝚕𝚘 𝚎𝚕 𝚟𝚊𝚕𝚘𝚛 𝚊𝚛𝚝ɪ́𝚜𝚝𝚒𝚌𝚘 𝚍𝚎 𝚕𝚊𝚜 𝚙𝚒𝚎𝚣𝚊𝚜, 𝚜𝚒𝚗𝚘 𝚜𝚞 𝚌𝚘𝚗𝚝𝚎𝚡𝚝𝚘 𝚑𝚒𝚜𝚝𝚘́𝚛𝚒𝚌𝚘 𝚢 𝚍𝚒𝚙𝚕𝚘𝚖𝚊́𝚝𝚒𝚌𝚘, 𝚊𝚕𝚐𝚘 𝚚𝚞𝚎 𝚌𝚘𝚗𝚜𝚒𝚍𝚎𝚛𝚘 𝚎𝚜𝚙𝚎𝚌𝚒𝚊𝚕𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎 𝚙𝚎𝚛𝚝𝚒𝚗𝚎𝚗𝚝𝚎 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚗𝚞𝚎𝚜𝚝𝚛𝚘 𝚙𝚛𝚘𝚢𝚎𝚌𝚝𝚘 𝚜𝚘𝚋𝚛𝚎 𝚌𝚘𝚛𝚛𝚎𝚜𝚙𝚘𝚗𝚍𝚎𝚗𝚌𝚒𝚊 𝚙𝚛𝚒𝚟𝚊𝚍𝚊 𝚢 𝚛𝚎𝚙𝚛𝚎𝚜𝚎𝚗𝚝𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚜𝚒𝚖𝚋𝚘́𝚕𝚒𝚌𝚊 𝚍𝚎𝚕 𝚙𝚘𝚍𝚎𝚛 𝚎𝚗 𝚎𝚕 𝚜𝚒𝚐𝚕𝚘 𝚇𝙸𝚇.

    𝚃𝚞𝚟𝚎 𝚊𝚌𝚌𝚎𝚜𝚘 𝚊 𝚍𝚘𝚌𝚞𝚖𝚎𝚗𝚝𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚕𝚎𝚖𝚎𝚗𝚝𝚊𝚛𝚒𝚊 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚒𝚟𝚊 𝚊 𝚌𝚒𝚎𝚛𝚝𝚘𝚜 𝚛𝚎𝚝𝚛𝚊𝚝𝚘𝚜 𝚏𝚊𝚖𝚒𝚕𝚒𝚊𝚛𝚎𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚙𝚘𝚍𝚛ɪ́𝚊𝚗 𝚎𝚜𝚝𝚊𝚋𝚕𝚎𝚌𝚎𝚛 𝚟ɪ́𝚗𝚌𝚞𝚕𝚘𝚜 𝚒𝚗𝚍𝚒𝚛𝚎𝚌𝚝𝚘𝚜 𝚌𝚘𝚗 𝚕𝚘𝚜 𝚊𝚛𝚌𝚑𝚒𝚟𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚎𝚜𝚝𝚊𝚖𝚘𝚜 𝚌𝚊𝚝𝚊𝚕𝚘𝚐𝚊𝚗𝚍𝚘. 𝙰𝚞𝚗𝚚𝚞𝚎 𝚊𝚞́𝚗 𝚎𝚜 𝚙𝚛𝚎𝚖𝚊𝚝𝚞𝚛𝚘 𝚊𝚏𝚒𝚛𝚖𝚊𝚛𝚕𝚘 𝚌𝚘𝚗 𝚌𝚎𝚛𝚝𝚎𝚣𝚊, 𝚙𝚎𝚛𝚌𝚒𝚋𝚘 𝚞𝚗𝚊 𝚘𝚙𝚘𝚛𝚝𝚞𝚗𝚒𝚍𝚊𝚍 𝚟𝚊𝚕𝚒𝚘𝚜𝚊 𝚍𝚎 𝚌𝚘𝚕𝚊𝚋𝚘𝚛𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚎𝚗𝚝𝚛𝚎 𝚊𝚖𝚋𝚊𝚜 𝚒𝚗𝚜𝚝𝚒𝚝𝚞𝚌𝚒𝚘𝚗𝚎𝚜.

    𝙴𝚗 𝚎𝚜𝚎 𝚜𝚎𝚗𝚝𝚒𝚍𝚘, 𝚢 𝚝𝚛𝚊𝚜 𝚞𝚗𝚊 𝚌𝚘𝚗𝚟𝚎𝚛𝚜𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚒𝚗𝚒𝚌𝚒𝚊𝚕 𝚌𝚘𝚗 𝚎𝚕 𝚎𝚚𝚞𝚒𝚙𝚘 𝚍𝚎 𝚌𝚘𝚗𝚜𝚎𝚛𝚟𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗, 𝚑𝚎 𝚜𝚒𝚍𝚘 𝚒𝚗𝚟𝚒𝚝𝚊𝚍𝚊 𝚊 𝚙𝚎𝚛𝚖𝚊𝚗𝚎𝚌𝚎𝚛 𝚎𝚗 𝙻𝚘𝚗𝚍𝚛𝚎𝚜 𝚍𝚘𝚜 𝚍ɪ́𝚊𝚜 𝚊𝚍𝚒𝚌𝚒𝚘𝚗𝚊𝚕𝚎𝚜 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚎𝚡𝚙𝚕𝚘𝚛𝚊𝚛 𝚕𝚊 𝚙𝚘𝚜𝚒𝚋𝚒𝚕𝚒𝚍𝚊𝚍 𝚍𝚎 𝚊𝚋𝚛𝚒𝚛 𝚞𝚗 𝚌𝚊𝚗𝚊𝚕 𝚏𝚘𝚛𝚖𝚊𝚕 𝚍𝚎 𝚒𝚗𝚝𝚎𝚛𝚌𝚊𝚖𝚋𝚒𝚘 𝚊𝚌𝚊𝚍𝚎́𝚖𝚒𝚌𝚘. 𝙲𝚛𝚎𝚘 𝚚𝚞𝚎 𝚞𝚗𝚊 𝚌𝚘𝚘𝚙𝚎𝚛𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚎𝚜𝚝𝚛𝚞𝚌𝚝𝚞𝚛𝚊𝚍𝚊 —𝚊𝚞𝚗𝚚𝚞𝚎 𝚜𝚎𝚊 𝚎𝚗 𝚞𝚗𝚊 𝚏𝚊𝚜𝚎 𝚙𝚛𝚎𝚕𝚒𝚖𝚒𝚗𝚊𝚛— 𝚙𝚘𝚍𝚛ɪ́𝚊 𝚏𝚊𝚌𝚒𝚕𝚒𝚝𝚊𝚛 𝚏𝚞𝚝𝚞𝚛𝚊𝚜 𝚌𝚘𝚗𝚜𝚞𝚕𝚝𝚊𝚜 𝚌𝚛𝚞𝚣𝚊𝚍𝚊𝚜 𝚢, 𝚎𝚟𝚎𝚗𝚝𝚞𝚊𝚕𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎, 𝚙𝚛𝚎́𝚜𝚝𝚊𝚖𝚘𝚜 𝚍𝚘𝚌𝚞𝚖𝚎𝚗𝚝𝚊𝚕𝚎𝚜 𝚜𝚞𝚙𝚎𝚛𝚟𝚒𝚜𝚊𝚍𝚘𝚜.

    𝚂𝚒 𝚎𝚜𝚝𝚊́ 𝚍𝚎 𝚊𝚌𝚞𝚎𝚛𝚍𝚘, 𝚖𝚎 𝚐𝚞𝚜𝚝𝚊𝚛ɪ́𝚊 𝚊𝚙𝚛𝚘𝚟𝚎𝚌𝚑𝚊𝚛 𝚎𝚜𝚝𝚊 𝚍𝚒𝚜𝚙𝚘𝚜𝚒𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚏𝚊𝚟𝚘𝚛𝚊𝚋𝚕𝚎 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚜𝚘𝚜𝚝𝚎𝚗𝚎𝚛 𝚛𝚎𝚞𝚗𝚒𝚘𝚗𝚎𝚜 𝚖𝚊́𝚜 𝚝𝚎́𝚌𝚗𝚒𝚌𝚊𝚜 𝚊𝚗𝚝𝚎𝚜 𝚍𝚎 𝚛𝚎𝚐𝚛𝚎𝚜𝚊𝚛. 𝙽𝚊𝚝𝚞𝚛𝚊𝚕𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎, 𝚊𝚜𝚞𝚖𝚒𝚛𝚎́ 𝚕𝚊 𝚛𝚎𝚘𝚛𝚐𝚊𝚗𝚒𝚣𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚍𝚎 𝚖𝚒 𝚊𝚐𝚎𝚗𝚍𝚊 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚎𝚗𝚜𝚊𝚛 𝚎𝚜𝚝𝚘𝚜 𝚍ɪ́𝚊𝚜.

    𝚀𝚞𝚎𝚍𝚘 𝚊𝚝𝚎𝚗𝚝𝚊 𝚊 𝚜𝚞 𝚊𝚙𝚛𝚘𝚋𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚢 𝚊 𝚌𝚞𝚊𝚕𝚚𝚞𝚒𝚎𝚛 𝚒𝚗𝚍𝚒𝚌𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚊𝚍𝚒𝚌𝚒𝚘𝚗𝚊𝚕 𝚚𝚞𝚎 𝚌𝚘𝚗𝚜𝚒𝚍𝚎𝚛𝚎 𝚙𝚎𝚛𝚝𝚒𝚗𝚎𝚗𝚝𝚎.

    𝙰𝚝𝚎𝚗𝚝𝚊𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎,
    𝚂𝚘𝚏ɪ́𝚊 𝙲𝚊𝚕𝚕𝚊𝚑𝚊𝚗
    𝙰𝚜𝚞𝚗𝚝𝚘: 𝚅𝚒𝚜𝚒𝚝𝚊 𝚘𝚏𝚒𝚌𝚒𝚊𝚕 𝚊 𝚕𝚊 𝙺𝚒𝚗𝚐’𝚜 𝙶𝚊𝚕𝚕𝚎𝚛𝚢 – 𝙸𝚗𝚏𝚘𝚛𝚖𝚎 𝚙𝚛𝚎𝚕𝚒𝚖𝚒𝚗𝚊𝚛 𝚢 𝚙𝚛𝚘𝚙𝚞𝚎𝚜𝚝𝚊 𝚍𝚎 𝚎𝚡𝚝𝚎𝚗𝚜𝚒𝚘́𝚗 𝚍𝚎 𝚎𝚜𝚝𝚊𝚗𝚌𝚒𝚊 𝙴𝚜𝚝𝚒𝚖𝚊𝚍𝚘 𝙳𝚛. 𝚆𝚑𝚒𝚝𝚖𝚘𝚛𝚎, 𝙻𝚎 𝚎𝚜𝚌𝚛𝚒𝚋𝚘 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚒𝚗𝚏𝚘𝚛𝚖𝚊𝚛𝚕𝚎 𝚚𝚞𝚎 𝚕𝚊 𝚟𝚒𝚜𝚒𝚝𝚊 𝚘𝚏𝚒𝚌𝚒𝚊𝚕 𝚊 𝚕𝚊 𝙺𝚒𝚗𝚐’𝚜 𝙶𝚊𝚕𝚕𝚎𝚛𝚢, 𝚎𝚗 𝚎𝚕 𝙿𝚊𝚕𝚊𝚌𝚒𝚘 𝚍𝚎 𝙱𝚞𝚌𝚔𝚒𝚗𝚐𝚑𝚊𝚖, 𝚜𝚎 𝚍𝚎𝚜𝚊𝚛𝚛𝚘𝚕𝚕𝚘́ 𝚌𝚘𝚗 𝚝𝚘𝚝𝚊𝚕 𝚗𝚘𝚛𝚖𝚊𝚕𝚒𝚍𝚊𝚍 𝚢 𝚌𝚘𝚗𝚏𝚘𝚛𝚖𝚎 𝚊𝚕 𝚒𝚝𝚒𝚗𝚎𝚛𝚊𝚛𝚒𝚘 𝚙𝚛𝚎𝚟𝚒𝚜𝚝𝚘. 𝙴𝚕 𝚛𝚎𝚌𝚘𝚛𝚛𝚒𝚍𝚘 𝚐𝚞𝚒𝚊𝚍𝚘 𝚙𝚘𝚛 𝚕𝚊 𝚌𝚘𝚕𝚎𝚌𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚛𝚎𝚜𝚞𝚕𝚝𝚘́ 𝚙𝚊𝚛𝚝𝚒𝚌𝚞𝚕𝚊𝚛𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎 𝚛𝚎𝚕𝚎𝚟𝚊𝚗𝚝𝚎 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚗𝚞𝚎𝚜𝚝𝚛𝚊𝚜 𝚕ɪ́𝚗𝚎𝚊𝚜 𝚍𝚎 𝚒𝚗𝚟𝚎𝚜𝚝𝚒𝚐𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚊𝚌𝚝𝚞𝚊𝚕𝚎𝚜. 𝙻𝚊 𝚍𝚒𝚜𝚙𝚘𝚜𝚒𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚌𝚞𝚛𝚊𝚝𝚘𝚛𝚒𝚊𝚕 𝚜𝚞𝚋𝚛𝚊𝚢𝚊 𝚗𝚘 𝚜𝚘𝚕𝚘 𝚎𝚕 𝚟𝚊𝚕𝚘𝚛 𝚊𝚛𝚝ɪ́𝚜𝚝𝚒𝚌𝚘 𝚍𝚎 𝚕𝚊𝚜 𝚙𝚒𝚎𝚣𝚊𝚜, 𝚜𝚒𝚗𝚘 𝚜𝚞 𝚌𝚘𝚗𝚝𝚎𝚡𝚝𝚘 𝚑𝚒𝚜𝚝𝚘́𝚛𝚒𝚌𝚘 𝚢 𝚍𝚒𝚙𝚕𝚘𝚖𝚊́𝚝𝚒𝚌𝚘, 𝚊𝚕𝚐𝚘 𝚚𝚞𝚎 𝚌𝚘𝚗𝚜𝚒𝚍𝚎𝚛𝚘 𝚎𝚜𝚙𝚎𝚌𝚒𝚊𝚕𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎 𝚙𝚎𝚛𝚝𝚒𝚗𝚎𝚗𝚝𝚎 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚗𝚞𝚎𝚜𝚝𝚛𝚘 𝚙𝚛𝚘𝚢𝚎𝚌𝚝𝚘 𝚜𝚘𝚋𝚛𝚎 𝚌𝚘𝚛𝚛𝚎𝚜𝚙𝚘𝚗𝚍𝚎𝚗𝚌𝚒𝚊 𝚙𝚛𝚒𝚟𝚊𝚍𝚊 𝚢 𝚛𝚎𝚙𝚛𝚎𝚜𝚎𝚗𝚝𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚜𝚒𝚖𝚋𝚘́𝚕𝚒𝚌𝚊 𝚍𝚎𝚕 𝚙𝚘𝚍𝚎𝚛 𝚎𝚗 𝚎𝚕 𝚜𝚒𝚐𝚕𝚘 𝚇𝙸𝚇. 𝚃𝚞𝚟𝚎 𝚊𝚌𝚌𝚎𝚜𝚘 𝚊 𝚍𝚘𝚌𝚞𝚖𝚎𝚗𝚝𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚕𝚎𝚖𝚎𝚗𝚝𝚊𝚛𝚒𝚊 𝚛𝚎𝚕𝚊𝚝𝚒𝚟𝚊 𝚊 𝚌𝚒𝚎𝚛𝚝𝚘𝚜 𝚛𝚎𝚝𝚛𝚊𝚝𝚘𝚜 𝚏𝚊𝚖𝚒𝚕𝚒𝚊𝚛𝚎𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚙𝚘𝚍𝚛ɪ́𝚊𝚗 𝚎𝚜𝚝𝚊𝚋𝚕𝚎𝚌𝚎𝚛 𝚟ɪ́𝚗𝚌𝚞𝚕𝚘𝚜 𝚒𝚗𝚍𝚒𝚛𝚎𝚌𝚝𝚘𝚜 𝚌𝚘𝚗 𝚕𝚘𝚜 𝚊𝚛𝚌𝚑𝚒𝚟𝚘𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚎𝚜𝚝𝚊𝚖𝚘𝚜 𝚌𝚊𝚝𝚊𝚕𝚘𝚐𝚊𝚗𝚍𝚘. 𝙰𝚞𝚗𝚚𝚞𝚎 𝚊𝚞́𝚗 𝚎𝚜 𝚙𝚛𝚎𝚖𝚊𝚝𝚞𝚛𝚘 𝚊𝚏𝚒𝚛𝚖𝚊𝚛𝚕𝚘 𝚌𝚘𝚗 𝚌𝚎𝚛𝚝𝚎𝚣𝚊, 𝚙𝚎𝚛𝚌𝚒𝚋𝚘 𝚞𝚗𝚊 𝚘𝚙𝚘𝚛𝚝𝚞𝚗𝚒𝚍𝚊𝚍 𝚟𝚊𝚕𝚒𝚘𝚜𝚊 𝚍𝚎 𝚌𝚘𝚕𝚊𝚋𝚘𝚛𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚎𝚗𝚝𝚛𝚎 𝚊𝚖𝚋𝚊𝚜 𝚒𝚗𝚜𝚝𝚒𝚝𝚞𝚌𝚒𝚘𝚗𝚎𝚜. 𝙴𝚗 𝚎𝚜𝚎 𝚜𝚎𝚗𝚝𝚒𝚍𝚘, 𝚢 𝚝𝚛𝚊𝚜 𝚞𝚗𝚊 𝚌𝚘𝚗𝚟𝚎𝚛𝚜𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚒𝚗𝚒𝚌𝚒𝚊𝚕 𝚌𝚘𝚗 𝚎𝚕 𝚎𝚚𝚞𝚒𝚙𝚘 𝚍𝚎 𝚌𝚘𝚗𝚜𝚎𝚛𝚟𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗, 𝚑𝚎 𝚜𝚒𝚍𝚘 𝚒𝚗𝚟𝚒𝚝𝚊𝚍𝚊 𝚊 𝚙𝚎𝚛𝚖𝚊𝚗𝚎𝚌𝚎𝚛 𝚎𝚗 𝙻𝚘𝚗𝚍𝚛𝚎𝚜 𝚍𝚘𝚜 𝚍ɪ́𝚊𝚜 𝚊𝚍𝚒𝚌𝚒𝚘𝚗𝚊𝚕𝚎𝚜 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚎𝚡𝚙𝚕𝚘𝚛𝚊𝚛 𝚕𝚊 𝚙𝚘𝚜𝚒𝚋𝚒𝚕𝚒𝚍𝚊𝚍 𝚍𝚎 𝚊𝚋𝚛𝚒𝚛 𝚞𝚗 𝚌𝚊𝚗𝚊𝚕 𝚏𝚘𝚛𝚖𝚊𝚕 𝚍𝚎 𝚒𝚗𝚝𝚎𝚛𝚌𝚊𝚖𝚋𝚒𝚘 𝚊𝚌𝚊𝚍𝚎́𝚖𝚒𝚌𝚘. 𝙲𝚛𝚎𝚘 𝚚𝚞𝚎 𝚞𝚗𝚊 𝚌𝚘𝚘𝚙𝚎𝚛𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚎𝚜𝚝𝚛𝚞𝚌𝚝𝚞𝚛𝚊𝚍𝚊 —𝚊𝚞𝚗𝚚𝚞𝚎 𝚜𝚎𝚊 𝚎𝚗 𝚞𝚗𝚊 𝚏𝚊𝚜𝚎 𝚙𝚛𝚎𝚕𝚒𝚖𝚒𝚗𝚊𝚛— 𝚙𝚘𝚍𝚛ɪ́𝚊 𝚏𝚊𝚌𝚒𝚕𝚒𝚝𝚊𝚛 𝚏𝚞𝚝𝚞𝚛𝚊𝚜 𝚌𝚘𝚗𝚜𝚞𝚕𝚝𝚊𝚜 𝚌𝚛𝚞𝚣𝚊𝚍𝚊𝚜 𝚢, 𝚎𝚟𝚎𝚗𝚝𝚞𝚊𝚕𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎, 𝚙𝚛𝚎́𝚜𝚝𝚊𝚖𝚘𝚜 𝚍𝚘𝚌𝚞𝚖𝚎𝚗𝚝𝚊𝚕𝚎𝚜 𝚜𝚞𝚙𝚎𝚛𝚟𝚒𝚜𝚊𝚍𝚘𝚜. 𝚂𝚒 𝚎𝚜𝚝𝚊́ 𝚍𝚎 𝚊𝚌𝚞𝚎𝚛𝚍𝚘, 𝚖𝚎 𝚐𝚞𝚜𝚝𝚊𝚛ɪ́𝚊 𝚊𝚙𝚛𝚘𝚟𝚎𝚌𝚑𝚊𝚛 𝚎𝚜𝚝𝚊 𝚍𝚒𝚜𝚙𝚘𝚜𝚒𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚏𝚊𝚟𝚘𝚛𝚊𝚋𝚕𝚎 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚜𝚘𝚜𝚝𝚎𝚗𝚎𝚛 𝚛𝚎𝚞𝚗𝚒𝚘𝚗𝚎𝚜 𝚖𝚊́𝚜 𝚝𝚎́𝚌𝚗𝚒𝚌𝚊𝚜 𝚊𝚗𝚝𝚎𝚜 𝚍𝚎 𝚛𝚎𝚐𝚛𝚎𝚜𝚊𝚛. 𝙽𝚊𝚝𝚞𝚛𝚊𝚕𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎, 𝚊𝚜𝚞𝚖𝚒𝚛𝚎́ 𝚕𝚊 𝚛𝚎𝚘𝚛𝚐𝚊𝚗𝚒𝚣𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚍𝚎 𝚖𝚒 𝚊𝚐𝚎𝚗𝚍𝚊 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚎𝚗𝚜𝚊𝚛 𝚎𝚜𝚝𝚘𝚜 𝚍ɪ́𝚊𝚜. 𝚀𝚞𝚎𝚍𝚘 𝚊𝚝𝚎𝚗𝚝𝚊 𝚊 𝚜𝚞 𝚊𝚙𝚛𝚘𝚋𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚢 𝚊 𝚌𝚞𝚊𝚕𝚚𝚞𝚒𝚎𝚛 𝚒𝚗𝚍𝚒𝚌𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚊𝚍𝚒𝚌𝚒𝚘𝚗𝚊𝚕 𝚚𝚞𝚎 𝚌𝚘𝚗𝚜𝚒𝚍𝚎𝚛𝚎 𝚙𝚎𝚛𝚝𝚒𝚗𝚎𝚗𝚝𝚎. 𝙰𝚝𝚎𝚗𝚝𝚊𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎, 𝚂𝚘𝚏ɪ́𝚊 𝙲𝚊𝚕𝚕𝚊𝚑𝚊𝚗
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ¿𝐘𝐨? 𝐦𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨.
    𝐓ú 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞𝐬 𝐝𝐢𝐬𝐭𝐫𝐚𝐞𝐫𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐨.
    ¿𝐘𝐨? 𝐦𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨. 𝐓ú 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞𝐬 𝐝𝐢𝐬𝐭𝐫𝐚𝐞𝐫𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐨.
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  • ──── 𝑈𝑛 𝑎𝑟𝑔𝑒𝑛𝑡𝑖𝑛𝑜, 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑢𝑗𝑒𝑟, 𝑦 𝑢𝑛𝑎 𝑟𝑎𝑡𝑎 𝑚𝑢𝑒𝑟𝑡𝑎. ────

    [] 𝐶𝑖𝑢𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 (𝙲𝙳𝙼𝚇 | 𝙼é𝚡𝚒𝚌𝚘 𝙳.𝙵), 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 — 𝟶𝟷 : 𝟶𝟶 𝙰.𝙼.

    La noche en la Ciudad de México se extiende como un manto húmedo y pesado. Las luces de neón parpadean sobre el pavimento mojado por una lluvia reciente, y el rumor de los autos lejanos se mezcla con el eco de pasos solitarios.

    Él camina sin prisa, con una mano metida en el bolsillo de su saco y la otra mano sosteniendo un cigarro. El cuello levantado contra el frío que baja desde las montañas. Sus botas resuenan con un ritmo constante en la banqueta de la colonia Roma, donde las calles angostas aún guardan algo de vida a esas horas.

    De pronto, un grito corto y ahogado rompe la calma. Viene de un callejón a media cuadra, apenas iluminado por el resplandor mortecino de un farol.

    Se detiene. Entre las sombras distingue dos figuras: una mujer joven intenta zafarse mientras un hombre la empuja contra la pared, le arrebata el bolso con violencia y le cruza un golpe en la cara que la hace tambalearse.

    El tipo gruñe algo entre dientes, furioso, y levanta la mano otra vez.

    No lo piensa demasiado. Sus ojos recorren el suelo y encuentran, a unos pasos, un tramo de tubo de hierro oxidado, abandonado junto a una bolsa de basura rota. Lo recoge con una mano; el metal frío le muerde las palmas.

    Camina hacia ellos con pasos firmes, sin gritar, sin anunciar nada hasta que la mujer solo nota su figura, alta, imponente y ojos carmesí que hacían denotar que no era alguien completamente de este plano.

    El asaltante apenas tiene tiempo de girar la cabeza cuando siente el primer movimiento en el aire.

    El tubo describe un arco corto y contundente. El impacto resuena seco contra el cráneo del hombre, un golpe limpio que lo hace soltar a la mujer de inmediato.

    El cuerpo cae de lado como un saco, golpea el pavimento y queda inmóvil, con un hilo de sangre empezando a dibujarse bajo la luz amarilla.

    Suelta el tubo. El metal choca contra el suelo con un tintineo metálico que parece durar más de lo normal. La mujer, aún temblando, se apoya en la pared y lo mira con los ojos muy abiertos, entre el miedo y la incredulidad.

    Él no dice nada y observa el cuerpo tendido a sus pies mientras la adrenalina empieza a retirarse lentamente de sus venas.
    ──── 𝑈𝑛 𝑎𝑟𝑔𝑒𝑛𝑡𝑖𝑛𝑜, 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑢𝑗𝑒𝑟, 𝑦 𝑢𝑛𝑎 𝑟𝑎𝑡𝑎 𝑚𝑢𝑒𝑟𝑡𝑎. ──── [🇲🇽] 𝐶𝑖𝑢𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 (𝙲𝙳𝙼𝚇 | 𝙼é𝚡𝚒𝚌𝚘 𝙳.𝙵), 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 — 𝟶𝟷 : 𝟶𝟶 𝙰.𝙼. La noche en la Ciudad de México se extiende como un manto húmedo y pesado. Las luces de neón parpadean sobre el pavimento mojado por una lluvia reciente, y el rumor de los autos lejanos se mezcla con el eco de pasos solitarios. Él camina sin prisa, con una mano metida en el bolsillo de su saco y la otra mano sosteniendo un cigarro. El cuello levantado contra el frío que baja desde las montañas. Sus botas resuenan con un ritmo constante en la banqueta de la colonia Roma, donde las calles angostas aún guardan algo de vida a esas horas. De pronto, un grito corto y ahogado rompe la calma. Viene de un callejón a media cuadra, apenas iluminado por el resplandor mortecino de un farol. Se detiene. Entre las sombras distingue dos figuras: una mujer joven intenta zafarse mientras un hombre la empuja contra la pared, le arrebata el bolso con violencia y le cruza un golpe en la cara que la hace tambalearse. El tipo gruñe algo entre dientes, furioso, y levanta la mano otra vez. No lo piensa demasiado. Sus ojos recorren el suelo y encuentran, a unos pasos, un tramo de tubo de hierro oxidado, abandonado junto a una bolsa de basura rota. Lo recoge con una mano; el metal frío le muerde las palmas. Camina hacia ellos con pasos firmes, sin gritar, sin anunciar nada hasta que la mujer solo nota su figura, alta, imponente y ojos carmesí que hacían denotar que no era alguien completamente de este plano. El asaltante apenas tiene tiempo de girar la cabeza cuando siente el primer movimiento en el aire. El tubo describe un arco corto y contundente. El impacto resuena seco contra el cráneo del hombre, un golpe limpio que lo hace soltar a la mujer de inmediato. El cuerpo cae de lado como un saco, golpea el pavimento y queda inmóvil, con un hilo de sangre empezando a dibujarse bajo la luz amarilla. Suelta el tubo. El metal choca contra el suelo con un tintineo metálico que parece durar más de lo normal. La mujer, aún temblando, se apoya en la pared y lo mira con los ojos muy abiertos, entre el miedo y la incredulidad. Él no dice nada y observa el cuerpo tendido a sus pies mientras la adrenalina empieza a retirarse lentamente de sus venas.
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  • ━ 𝙴𝚕 𝚎́𝚡𝚒𝚝𝚘 𝚍𝚎 𝚕𝚊 𝚟𝚒𝚍𝚊 𝚗𝚘 𝚜𝚎 𝚖𝚒𝚍𝚎 𝚙𝚘𝚛 𝚎𝚕 𝚌𝚊𝚖𝚒𝚗𝚘 𝚚𝚞𝚎 𝚑𝚊𝚜 𝚌𝚘𝚗𝚚𝚞𝚒𝚜𝚝𝚊𝚍𝚘, 𝚜𝚒𝚗𝚘 𝚙𝚘𝚛 𝚕𝚊𝚜 𝚍𝚒𝚏𝚒𝚌𝚞𝚕𝚝𝚊𝚍𝚎𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚑𝚊𝚜 𝚜𝚞𝚙𝚎𝚛𝚊𝚍𝚘 𝚎𝚗 𝚎𝚕 𝚌𝚊𝚖𝚒𝚗𝚘.
    ━ 𝙴𝚕 𝚎́𝚡𝚒𝚝𝚘 𝚍𝚎 𝚕𝚊 𝚟𝚒𝚍𝚊 𝚗𝚘 𝚜𝚎 𝚖𝚒𝚍𝚎 𝚙𝚘𝚛 𝚎𝚕 𝚌𝚊𝚖𝚒𝚗𝚘 𝚚𝚞𝚎 𝚑𝚊𝚜 𝚌𝚘𝚗𝚚𝚞𝚒𝚜𝚝𝚊𝚍𝚘, 𝚜𝚒𝚗𝚘 𝚙𝚘𝚛 𝚕𝚊𝚜 𝚍𝚒𝚏𝚒𝚌𝚞𝚕𝚝𝚊𝚍𝚎𝚜 𝚚𝚞𝚎 𝚑𝚊𝚜 𝚜𝚞𝚙𝚎𝚛𝚊𝚍𝚘 𝚎𝚗 𝚎𝚕 𝚌𝚊𝚖𝚒𝚗𝚘.
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  • ℰ𝓋𝑒𝓃𝓉𝑜𝓈 𝒹𝑒𝓁 𝒫𝒶𝓈𝒶𝒹𝑜

    durante una visita al cantante te topaste con algunas paginas desperdigadas por el suelo, la mayoria eran partituras sin embargo una destacaba entre las demas.

    "dia 15: me han tenido que trasladar nuevamente, una nueva familia cada mes como siempre, sin embargo parece que desde un inicio no les agrado, el hijo biologico de la familia me a cortado parte de mi cabello durante la noche"

    "dia 38: parece que lo que les incomodaba era ver a un chico tan femenino, me termine cortando el pelo... quizas asi les agrade mas, admeas ya estaba arruinado desde lo que hizo Adam"
    las siguientes paginas estaban desperdigadas entre las partituras totalmente rotas, parecia que Summer habia encontrado su viejo diario antes de que llegaras, solo encontraste un trozo que decia "no soy yo"

    https://vt.tiktok.com/ZSmDskTVA/
    ℰ𝓋𝑒𝓃𝓉𝑜𝓈 𝒹𝑒𝓁 𝒫𝒶𝓈𝒶𝒹𝑜 durante una visita al cantante te topaste con algunas paginas desperdigadas por el suelo, la mayoria eran partituras sin embargo una destacaba entre las demas. "dia 15: me han tenido que trasladar nuevamente, una nueva familia cada mes como siempre, sin embargo parece que desde un inicio no les agrado, el hijo biologico de la familia me a cortado parte de mi cabello durante la noche" "dia 38: parece que lo que les incomodaba era ver a un chico tan femenino, me termine cortando el pelo... quizas asi les agrade mas, admeas ya estaba arruinado desde lo que hizo Adam" las siguientes paginas estaban desperdigadas entre las partituras totalmente rotas, parecia que Summer habia encontrado su viejo diario antes de que llegaras, solo encontraste un trozo que decia "no soy yo" https://vt.tiktok.com/ZSmDskTVA/
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  • °[𝐈𝐍𝐒𝐓𝐀𝐆𝐑𝐀𝐌 𝐏𝐎𝐒𝐓]°
    @ᴀᴅʀɪáɴᴄʟᴀʀᴋ

    - 𝑸𝒖𝒆 𝒕𝒆𝒏𝒈𝒂𝒏 𝒍𝒊𝒏𝒅𝒂 𝒏𝒐𝒄𝒉𝒆.
    °[𝐈𝐍𝐒𝐓𝐀𝐆𝐑𝐀𝐌 𝐏𝐎𝐒𝐓]° @ᴀᴅʀɪáɴᴄʟᴀʀᴋ - 𝑸𝒖𝒆 𝒕𝒆𝒏𝒈𝒂𝒏 𝒍𝒊𝒏𝒅𝒂 𝒏𝒐𝒄𝒉𝒆.
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  • I'll use you as a focal point, so I don't lose sight of what I want
    Fandom Harry Potter
    Categoría Fantasía
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    La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo.

    Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante.

    Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad.

    La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua.

    Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo...

    ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo.

    Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción.

    Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape.

    Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años.

    Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones.

    Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos?

    Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...?

    Luego trataría de averiguarlo.

    Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo.

    La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas.

    «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche.

    Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor.

    𝙳𝚁𝙰𝙲𝙾 𝙼𝙰𝙻𝙵𝙾𝚈
    STARTER La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo. Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante. Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad. La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua. Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo... ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo. Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción. Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape. Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años. Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones. Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos? Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...? Luego trataría de averiguarlo. Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo. La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas. «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche. Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor. [PUREBL00D]
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