▶▶ Maggie guardó silencio unos segundos, observando aquellos profundos iris verdosos que tanto habia temido mirar el día que lo conoció, y que tanto habia odiado cuando solo eran un mal recuerdo. Esos iris que ahora parecían tan cansados como ella. Ese silencio… no era tenso, más bien una antesala calma. Esa clase de silencios que se aposentan cuando ha pasado la tormenta. Inspiró profundamente.
-No sé qué hacer contigo…- reconoció de forma sincera- Y no lo digo como amenaza, ni como acusación… -negó discretamente con la cabeza- Todo esto es tan inverosímil… Durante años todo fue más facil porque te habia puesto una etiqueta. Monstruo. Ya está. Punto final -sus labios se curvaron en una mueca- No habia nada que pensar, no habia dudas. No tenía que hacerme preguntas.
Se humedeció los labios con la punta de la lengua antes de dejar pasear su mirada por el rostro ajeno.
-Y ahora que ya no encajas ahí… No se si me cabrea, me confunde… o se aclaran todas las dudas… Tienes razón… Una parte de mi siempre ha sabido que Glenn no querría esto para mí. Él te habría perdonado. Era asi. Si tan solo hubieras matado a Abraham, él habría terminado por encontrar algo bueno en ti al final de todo… -inspiró profundamente- Ya no quiero seguir viviendo asi, porque Hershel ha visto que odiarte es todo lo que me queda de Glenn…
Se quedó allí unos segundos, respirando despacio, consciente del calor del cuerpo masculino tan cerca del propio, y de su propia pierna sobre la ajena.
-Eso es lo que no sé cómo manejar… Y es muy frustrante…- sonrió de forma cómplice- Saber que Glenn lo habría hecho mucho mejor que yo. Porque no soy él… No tengo su paciencia y ya no veo el mundo como él. Yo me aferré al odio porque creí que era todo lo que tenía…
Movió su cuerpo para acomodarlo mejor sobre el colchón haciendo que irremediablemente este se acercara al cuerpo del salvador, aunque solo fuera un par de centímetros.
-Ahora mismo… ya no me siento en peligro contigo… Y eso, para mí, ya lo cambia absolutamente todo. Porque por primera vez ya no quiero huir de ti… Asi que… Dime una cosa… -una suave sonrisa amistosa y algo curiosa se esbozó en sus labios. Era la primera vez que tenía interés en mantener una conversación con Negan y quería aprovecharlo- ¿Quién eres ahora cuando ya no quiero seguir huyendo de ti?
▶▶ Maggie guardó silencio unos segundos, observando aquellos profundos iris verdosos que tanto habia temido mirar el día que lo conoció, y que tanto habia odiado cuando solo eran un mal recuerdo. Esos iris que ahora parecían tan cansados como ella. Ese silencio… no era tenso, más bien una antesala calma. Esa clase de silencios que se aposentan cuando ha pasado la tormenta. Inspiró profundamente.
-No sé qué hacer contigo…- reconoció de forma sincera- Y no lo digo como amenaza, ni como acusación… -negó discretamente con la cabeza- Todo esto es tan inverosímil… Durante años todo fue más facil porque te habia puesto una etiqueta. Monstruo. Ya está. Punto final -sus labios se curvaron en una mueca- No habia nada que pensar, no habia dudas. No tenía que hacerme preguntas.
Se humedeció los labios con la punta de la lengua antes de dejar pasear su mirada por el rostro ajeno.
-Y ahora que ya no encajas ahí… No se si me cabrea, me confunde… o se aclaran todas las dudas… Tienes razón… Una parte de mi siempre ha sabido que Glenn no querría esto para mí. Él te habría perdonado. Era asi. Si tan solo hubieras matado a Abraham, él habría terminado por encontrar algo bueno en ti al final de todo… -inspiró profundamente- Ya no quiero seguir viviendo asi, porque Hershel ha visto que odiarte es todo lo que me queda de Glenn…
Se quedó allí unos segundos, respirando despacio, consciente del calor del cuerpo masculino tan cerca del propio, y de su propia pierna sobre la ajena.
-Eso es lo que no sé cómo manejar… Y es muy frustrante…- sonrió de forma cómplice- Saber que Glenn lo habría hecho mucho mejor que yo. Porque no soy él… No tengo su paciencia y ya no veo el mundo como él. Yo me aferré al odio porque creí que era todo lo que tenía…
Movió su cuerpo para acomodarlo mejor sobre el colchón haciendo que irremediablemente este se acercara al cuerpo del salvador, aunque solo fuera un par de centímetros.
-Ahora mismo… ya no me siento en peligro contigo… Y eso, para mí, ya lo cambia absolutamente todo. Porque por primera vez ya no quiero huir de ti… Asi que… Dime una cosa… -una suave sonrisa amistosa y algo curiosa se esbozó en sus labios. Era la primera vez que tenía interés en mantener una conversación con Negan y quería aprovecharlo- ¿Quién eres ahora cuando ya no quiero seguir huyendo de ti?
⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 [Here.Is.Negan] ⸻
Hola… sí, soy Ren. Japonés, joven… aparentemente… porque emocionalmente ya estoy como anciano en geriátrico. O sea, yo no celebro San Valentín, yo celebro sobreviví otro año viendo parejas empalagosas’
El 14 de febrero para mí empieza igual todos los años: me despierto, abro redes sociales… y ¡pum! fotos de parejas desayunando fresas con chocolate, cartas románticas, gente diciendo ‘mi media naranja’… ¿media naranja? Yo ya soy jugo concentrado de limón, hermano.
Encima en Japón las chicas regalan chocolate… ¿y saben qué recibí yo? Diabetes emocional… porque ni chocolate real llegó. Ni el del supermercado en oferta. Ni el que viene con forma rara. Nada. Cero. Vacío. Silencio. Como cuarto de geriátrico a las 3 a.m.
Y la gente enamorada: ‘ay, Ren, ya llegará la persona correcta’. ¿Cuándo? ¿Cuando ya esté en silla de ruedas peleando por gelatina sin azúcar? Yo ya estoy listo para decir: ‘abuela, ¿tu nieto está soltero o qué?’.
Luego ves a las parejas caminando de la mano… lento… coordinados… mirándose a los ojos… y yo caminando solo hablando con el semáforo: ‘bro, al menos tú cambias por mí’.
Y no es que yo sea mala persona… bueno… tal vez un poquito… porque cuando veo a una pareja muy empalagosa pienso: *‘ojalá se separen… o mínimo que les dé diabetes por tanto chocolate’*. Pero lo digo con amor… con amor amargo… como café sin azúcar… como mi vida.
Además, los restaurantes llenos… precios por las nubes… menús románticos… y yo comiendo ramen instantáneo con una vela porque se fue la luz. Ambiente romántico nivel: ‘Ren y su soledad’.
Pero ¿saben qué? Ser soltero también tiene ventajas: nadie te roba las papas fritas, nadie te dice ‘¿con quién hablas?’, y puedes llorar viendo anime sin que nadie te juzgue… bueno… excepto tu reflejo en la pantalla negra cuando termina el episodio.
Así que a ustedes, enamorados… pásenla bien… disfruten… ámense… y si terminan… acuérdense de Ren… que acepta chocolates atrasados, sobras de postres… y también terapia gratis… porque yo ya soy experto en sobrevivir al 14 de febrero como anciano del geriátrico emocional.
Gracias… ahora me voy… tengo cita… conmigo mismo… y una pizza familiar que claramente no es para compartir.
𝐲𝐨 𝐲 𝐞𝐥 𝟏𝟒 𝐝𝐞 𝐟𝐞𝐛𝐫𝐞𝐫𝐨
Hola… sí, soy Ren. Japonés, joven… aparentemente… porque emocionalmente ya estoy como anciano en geriátrico. O sea, yo no celebro San Valentín, yo celebro sobreviví otro año viendo parejas empalagosas’
El 14 de febrero para mí empieza igual todos los años: me despierto, abro redes sociales… y ¡pum! fotos de parejas desayunando fresas con chocolate, cartas románticas, gente diciendo ‘mi media naranja’… ¿media naranja? Yo ya soy jugo concentrado de limón, hermano.
Encima en Japón las chicas regalan chocolate… ¿y saben qué recibí yo? Diabetes emocional… porque ni chocolate real llegó. Ni el del supermercado en oferta. Ni el que viene con forma rara. Nada. Cero. Vacío. Silencio. Como cuarto de geriátrico a las 3 a.m.
Y la gente enamorada: ‘ay, Ren, ya llegará la persona correcta’. ¿Cuándo? ¿Cuando ya esté en silla de ruedas peleando por gelatina sin azúcar? Yo ya estoy listo para decir: ‘abuela, ¿tu nieto está soltero o qué?’.
Luego ves a las parejas caminando de la mano… lento… coordinados… mirándose a los ojos… y yo caminando solo hablando con el semáforo: ‘bro, al menos tú cambias por mí’.
Y no es que yo sea mala persona… bueno… tal vez un poquito… porque cuando veo a una pareja muy empalagosa pienso: *‘ojalá se separen… o mínimo que les dé diabetes por tanto chocolate’*. Pero lo digo con amor… con amor amargo… como café sin azúcar… como mi vida.
Además, los restaurantes llenos… precios por las nubes… menús románticos… y yo comiendo ramen instantáneo con una vela porque se fue la luz. Ambiente romántico nivel: ‘Ren y su soledad’.
Pero ¿saben qué? Ser soltero también tiene ventajas: nadie te roba las papas fritas, nadie te dice ‘¿con quién hablas?’, y puedes llorar viendo anime sin que nadie te juzgue… bueno… excepto tu reflejo en la pantalla negra cuando termina el episodio.
Así que a ustedes, enamorados… pásenla bien… disfruten… ámense… y si terminan… acuérdense de Ren… que acepta chocolates atrasados, sobras de postres… y también terapia gratis… porque yo ya soy experto en sobrevivir al 14 de febrero como anciano del geriátrico emocional.
Gracias… ahora me voy… tengo cita… conmigo mismo… y una pizza familiar que claramente no es para compartir.