• 𝙲𝙰𝙿𝙸𝚃𝚄𝙻𝙾 [𝙸] ──── 𝙽𝙴𝙶𝙾𝙲𝙸𝙾𝚂 𝚈 𝙽𝚄𝙴𝚅𝙰𝚂 𝙲𝙰𝚁𝙰𝚂.
    Categoría Acción
    𝚆𝚒𝚝𝚑 : 𝙀𝙧𝙞𝙣

    La niebla se enredaba entre las columnas de piedra agrietada del viejo mausoleo olvidado, un rincón oculto en el cementerio de las afueras donde ni siquiera los más osados mortales se atrevían a entrar después del anochecer.

    El lugar olía a tierra húmeda, musgo y décadas de abandono. Apenas un par de velas negras titilaban sobre un altar improvisado, proyectando sombras largas que bailaban sobre los nombres borrados de los sepulcros.

    Santiago permanecía de pie, inmóvil como una estatua, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en la única entrada visible entre los muros derruidos.

    Su traje oscuro se confundía con la penumbra, y solo el leve brillo plateado de sus ojos delataba su impaciencia contenida.

    Había elegido aquel sitio precisamente porque casi nadie acudía allí; ni vivos ni muertos. Un terreno neutral, discreto y cargado de historia. Era un punto de encuentro por ahora.

    Por varios medios se entero de la existencia de Erin y tenía en cuenta que era un elemento importante en la política vampírica actual, y Santiago no tenía intención de desperdiciar esta reunión.

    Los negocios que debían tratar eran delicados, de aquellos que podían inclinar balanzas de poder si se manejaban con astucia.

    Sacó un reloj de bolsillo antiguo, lo miró un instante y lo guardó de nuevo.

    ──── 𝘠𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳á. . . 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰. ────

    Su con voz baja y grave resonando en el ambiente.

    El silencio del mausoleo era absoluto, roto solo por el ocasional aleteo de algún murciélago en las alturas.

    Sonrió ligeramente, paciente, pero con esa tensión propia de quien sabe que está a punto de jugar una partida peligrosa. No sabe lo que le espera; no sabe como será ella, solo espera no llevarse una desilusión y no llegar a un acuerdo mutuo.
    𝚆𝚒𝚝𝚑 : [Black.Rose] La niebla se enredaba entre las columnas de piedra agrietada del viejo mausoleo olvidado, un rincón oculto en el cementerio de las afueras donde ni siquiera los más osados mortales se atrevían a entrar después del anochecer. El lugar olía a tierra húmeda, musgo y décadas de abandono. Apenas un par de velas negras titilaban sobre un altar improvisado, proyectando sombras largas que bailaban sobre los nombres borrados de los sepulcros. Santiago permanecía de pie, inmóvil como una estatua, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en la única entrada visible entre los muros derruidos. Su traje oscuro se confundía con la penumbra, y solo el leve brillo plateado de sus ojos delataba su impaciencia contenida. Había elegido aquel sitio precisamente porque casi nadie acudía allí; ni vivos ni muertos. Un terreno neutral, discreto y cargado de historia. Era un punto de encuentro por ahora. Por varios medios se entero de la existencia de Erin y tenía en cuenta que era un elemento importante en la política vampírica actual, y Santiago no tenía intención de desperdiciar esta reunión. Los negocios que debían tratar eran delicados, de aquellos que podían inclinar balanzas de poder si se manejaban con astucia. Sacó un reloj de bolsillo antiguo, lo miró un instante y lo guardó de nuevo. ──── 𝘠𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳á. . . 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰. ──── Su con voz baja y grave resonando en el ambiente. El silencio del mausoleo era absoluto, roto solo por el ocasional aleteo de algún murciélago en las alturas. Sonrió ligeramente, paciente, pero con esa tensión propia de quien sabe que está a punto de jugar una partida peligrosa. No sabe lo que le espera; no sabe como será ella, solo espera no llevarse una desilusión y no llegar a un acuerdo mutuo.
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  • “𝑾𝒆 𝒂𝒓𝒆 𝒂𝒔 𝒕𝒉𝒆 𝒈𝒐𝒅𝒔 𝒎𝒂𝒅𝒆 𝒖𝒔. 𝑺𝒕𝒓𝒐𝒏𝒈 𝒂𝒏𝒅 𝒘𝒆𝒂𝒌, 𝒈𝒐𝒐𝒅 𝒂𝒏𝒅 𝒃𝒂𝒅, 𝒄𝒓𝒖𝒆𝒍 𝒂𝒏𝒅 𝒌𝒊𝒏𝒅, 𝒉𝒆𝒓𝒐𝒊𝒄 𝒂𝒏𝒅 𝒔𝒆𝒍𝒇𝒊𝒔𝒉. 𝑲𝒏𝒐𝒘 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒊𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒘𝒐𝒖𝒍𝒅 𝒓𝒖𝒍𝒆 𝒐𝒗𝒆𝒓 𝒕𝒉𝒆 𝒌𝒊𝒏𝒈𝒅𝒐𝒎 𝒐𝒇 𝒎𝒆𝒏.”
    “𝑾𝒆 𝒂𝒓𝒆 𝒂𝒔 𝒕𝒉𝒆 𝒈𝒐𝒅𝒔 𝒎𝒂𝒅𝒆 𝒖𝒔. 𝑺𝒕𝒓𝒐𝒏𝒈 𝒂𝒏𝒅 𝒘𝒆𝒂𝒌, 𝒈𝒐𝒐𝒅 𝒂𝒏𝒅 𝒃𝒂𝒅, 𝒄𝒓𝒖𝒆𝒍 𝒂𝒏𝒅 𝒌𝒊𝒏𝒅, 𝒉𝒆𝒓𝒐𝒊𝒄 𝒂𝒏𝒅 𝒔𝒆𝒍𝒇𝒊𝒔𝒉. 𝑲𝒏𝒐𝒘 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒊𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒘𝒐𝒖𝒍𝒅 𝒓𝒖𝒍𝒆 𝒐𝒗𝒆𝒓 𝒕𝒉𝒆 𝒌𝒊𝒏𝒈𝒅𝒐𝒎 𝒐𝒇 𝒎𝒆𝒏.”
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  • "𝙏𝙤 𝙡𝙞𝙫𝙚 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙧𝙚𝙢𝙚𝙢𝙗𝙚𝙧, 𝙖𝙣𝙙 𝙩𝙤 𝙗𝙚 𝙧𝙚𝙢𝙚𝙢𝙗𝙚𝙧𝙚𝙙 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙗𝙚 𝙜𝙞𝙫𝙚𝙣 𝙡𝙞𝙛𝙚. 𝙏𝙤 𝙙𝙞𝙚 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙛𝙤𝙧𝙜𝙚𝙩, 𝙖𝙣𝙙 𝙩𝙤 𝙗𝙚 𝙛𝙤𝙧𝙜𝙤𝙩𝙩𝙚𝙣 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙩𝙧𝙪𝙡𝙮 𝙘𝙚𝙖𝙨𝙚 𝙩𝙤 𝙚𝙭𝙞𝙨𝙩."
    "𝙏𝙤 𝙡𝙞𝙫𝙚 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙧𝙚𝙢𝙚𝙢𝙗𝙚𝙧, 𝙖𝙣𝙙 𝙩𝙤 𝙗𝙚 𝙧𝙚𝙢𝙚𝙢𝙗𝙚𝙧𝙚𝙙 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙗𝙚 𝙜𝙞𝙫𝙚𝙣 𝙡𝙞𝙛𝙚. 𝙏𝙤 𝙙𝙞𝙚 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙛𝙤𝙧𝙜𝙚𝙩, 𝙖𝙣𝙙 𝙩𝙤 𝙗𝙚 𝙛𝙤𝙧𝙜𝙤𝙩𝙩𝙚𝙣 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙩𝙧𝙪𝙡𝙮 𝙘𝙚𝙖𝙨𝙚 𝙩𝙤 𝙚𝙭𝙞𝙨𝙩."
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  • #Headcanon #DesmondSterling


    El dia que el agente murio
    [𝐀𝐮 𝐫𝐞𝐯𝐨𝐢𝐫 / 𝐅𝐫𝐚𝐠𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐫𝐨𝐭𝐨 𝐩𝐭.𝟐]
    𝟐𝟎/𝟎𝟓/𝟐𝟎𝟐𝟑 𝐂𝐚𝐭𝐡𝐞𝐝𝐫𝐚𝐥𝐞 𝐒𝐚𝐢𝐧𝐭𝐞 𝐂𝐫𝐨𝐢𝐱, 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬, 𝐅𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚.

    —¡Sólo repórtalo con Grey! ¡No tengo tiempo para estas cosas!

    Abandonó la escena del crimen sin mirar atrás, sin dar más detalles sobre el arresto y quebrando el frágil protocolo que lo venía asfixiando desde su juventud. Las calles barrocas de Orleans se convirtieron en un simple borrón bajo sus pisadas aceleradas, corría con la desesperación de quien intenta ganarle al tiempo, cruzando aquella ciudad nostálgica que, sin querer, se había adherido a su identidad; o al menos, eso era lo que su espíritu le suplicaba creer.

    La luz ambarina del ocaso comenzaba a caer, anunciando lo inevitable, era demasiado tarde; pues la promesa estaba rota; la única promesa que juró preservar, aun sin tener la certeza de poder hacerlo. Lo único que le dio la bienvenida al funesto evento fue el tañido implacable de las campanas marcando las seis de la tarde. El sonido lo devolvió de golpe a la realidad, a una verdad que no pudo sostener; en el día más importante de su vida, no solo se había fallado a sí mismo, sino que acababa de romperle el alma a la única mujer que juró no decepcionar tras aquel incidente en años anteriores en el este asiático.

    —¡SÉRAPHINE!

    No fue un grito; fue la voz rota de un hombre suplicándole al destino que se le concediera un rastro de piedad, pero, el destino le devolvió la mirada, y no de la manera que él anhelaba. La novia estaba de espaldas, frente al altar vacío.

    Sus brazos caían inertes a los costados y las flores del ramo yacían desparramadas sobre la piedra fría. No hubo una respuesta explosiva, ni llantos histéricos, ni escándalo. Ella simplemente giró con una lentitud sepulcral; tenía el maquillaje corrido, aquel que le había robado tantas horas de ilusión a la estilista, ahora descendía en surcos oscuros por su rostro.

    —Séraphine… Yo… Lo lamento tant…

    Las palabras del británico murieron en su garganta cuando la pelirroja alzó una mano, exigiendo silencio. Fue un gesto elegante y noble, pero con una carga ahora devastadora. El eco de los tacones de la novia resonó en la nave, sólo para ser devorado por su voz, fina, prístina y cargada de una decepción insondable.

    —Yo también lo lamento, Arthur. Lamento tanto haberme enamorado de ti. Lamento haberle entregado mi corazón a un hombre que prefirió su trabajo antes que a la mujer que se le entregó en cuerpo y alma…

    Arthur guardó silencio. Cuando intentó articular una excusa, fue interrumpido antes de emitir el más mínimo sonido.

    —«¿Quién se enamoraría de una simple bibliotecaria? Él es mucho para una mujer tan mediocre, era obvio que la dejaría plantada en el altar…». Eso es lo que decían. Lo que todos murmuraban a mis espaldas…

    La voz le tembló, pero sus ojos se clavaron en él como dagas.

    —Y tú… tú les diste toda la razón al no venir. Sabiendo que habíamos planeado esto durante meses… O quizá nunca me amaste, y solo fui una más en tu vida.

    Séraphine terminó de acortar la distancia hasta quedar frente a quien, hace unas horas, debía convertirse en su esposo. Levantó una mano temblorosa mientras las lágrimas caían sin contención, terminando de arruinar su casi inexistente maquillaje de novia; quiso abofetearlo. Quiso golpearlo con todas sus fuerzas, pero comprendió que cualquier castigo físico sería ínfimo en comparación con lo que él merecía. En lugar de eso, dejó caer la mano y lo escudriñó con un vacío tan absoluto que heló la sangre del británico.

    —Me hiciste creer que este amor era real, cuando para ti solo era un pasatiempo entre tus juicios y tu prestigioso bufete…

    Murmuró ella, con la voz ahogada en llanto, instantes antes de que el dolor mutara en una frialdad gélida. Enderezó la postura, aferrándose a la tela de su vestido blanco con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su prístina voz resonó en el silencio sepulcral de la iglesia, destilando veneno y pura agonía.

    —Tu m’abandonnes sur cet autel comme une vulgaire fille de joie dont tu t'es lassé...
    (Me abandonas en este altar como a una vulgar ramera de la que te has cansado…)

    Arthur intentó dar un paso hacia ella, un reflejo inútil, pero Séraphine retrocedió al instante, mirándolo con absoluta repulsión.

    —Tu n'es pas un homme. Tu n'es qu'une coquille vide et égoïste... Tu es un misérable!
    (No eres un hombre. No eres más que un cascarón vacío y egoísta... ¡Eres un miserable!).

    El silencio cayó de nuevo, más pesado que el plomo. El espía, aquel hombre entrenado para resistir la tortura y mirar a la muerte a los ojos sin parpadear, no supo cómo soportar el aplastante peso de esa mirada llena de asco.

    Séraphine dio media vuelta lentamente. Ya no había ira en sus movimientos, solo la abrumadora pesadez de un duelo absoluto. Antes de dar el primer paso por el pasillo central, giró el rostro un milímetro, regalándole un último susurro; el tiro de gracia que destrozaría cualquier rastro de humanidad que aún habitara en él.

    —Au revoir... mon ange.
    (Adiós... mi ángel).

    El eco de los tacones sobre la piedra fría de la iglesia fue el único sonido que acompañó a Arthur Brubeck, mientras veía desaparecer a la única mujer que lo había amado por lo que fingía ser.

    NOTA: La identidad de Desmond en ese entonces era la de Arthur Brubeck, un abogado inglés que fue contratado temporalmente en un bufete francés.
    #Headcanon #DesmondSterling El dia que el agente murio [𝐀𝐮 𝐫𝐞𝐯𝐨𝐢𝐫 / 𝐅𝐫𝐚𝐠𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐫𝐨𝐭𝐨 𝐩𝐭.𝟐] 𝟐𝟎/𝟎𝟓/𝟐𝟎𝟐𝟑 𝐂𝐚𝐭𝐡𝐞𝐝𝐫𝐚𝐥𝐞 𝐒𝐚𝐢𝐧𝐭𝐞 𝐂𝐫𝐨𝐢𝐱, 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬, 𝐅𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚. —¡Sólo repórtalo con Grey! ¡No tengo tiempo para estas cosas! Abandonó la escena del crimen sin mirar atrás, sin dar más detalles sobre el arresto y quebrando el frágil protocolo que lo venía asfixiando desde su juventud. Las calles barrocas de Orleans se convirtieron en un simple borrón bajo sus pisadas aceleradas, corría con la desesperación de quien intenta ganarle al tiempo, cruzando aquella ciudad nostálgica que, sin querer, se había adherido a su identidad; o al menos, eso era lo que su espíritu le suplicaba creer. La luz ambarina del ocaso comenzaba a caer, anunciando lo inevitable, era demasiado tarde; pues la promesa estaba rota; la única promesa que juró preservar, aun sin tener la certeza de poder hacerlo. Lo único que le dio la bienvenida al funesto evento fue el tañido implacable de las campanas marcando las seis de la tarde. El sonido lo devolvió de golpe a la realidad, a una verdad que no pudo sostener; en el día más importante de su vida, no solo se había fallado a sí mismo, sino que acababa de romperle el alma a la única mujer que juró no decepcionar tras aquel incidente en años anteriores en el este asiático. —¡SÉRAPHINE! No fue un grito; fue la voz rota de un hombre suplicándole al destino que se le concediera un rastro de piedad, pero, el destino le devolvió la mirada, y no de la manera que él anhelaba. La novia estaba de espaldas, frente al altar vacío. Sus brazos caían inertes a los costados y las flores del ramo yacían desparramadas sobre la piedra fría. No hubo una respuesta explosiva, ni llantos histéricos, ni escándalo. Ella simplemente giró con una lentitud sepulcral; tenía el maquillaje corrido, aquel que le había robado tantas horas de ilusión a la estilista, ahora descendía en surcos oscuros por su rostro. —Séraphine… Yo… Lo lamento tant… Las palabras del británico murieron en su garganta cuando la pelirroja alzó una mano, exigiendo silencio. Fue un gesto elegante y noble, pero con una carga ahora devastadora. El eco de los tacones de la novia resonó en la nave, sólo para ser devorado por su voz, fina, prístina y cargada de una decepción insondable. —Yo también lo lamento, Arthur. Lamento tanto haberme enamorado de ti. Lamento haberle entregado mi corazón a un hombre que prefirió su trabajo antes que a la mujer que se le entregó en cuerpo y alma… Arthur guardó silencio. Cuando intentó articular una excusa, fue interrumpido antes de emitir el más mínimo sonido. —«¿Quién se enamoraría de una simple bibliotecaria? Él es mucho para una mujer tan mediocre, era obvio que la dejaría plantada en el altar…». Eso es lo que decían. Lo que todos murmuraban a mis espaldas… La voz le tembló, pero sus ojos se clavaron en él como dagas. —Y tú… tú les diste toda la razón al no venir. Sabiendo que habíamos planeado esto durante meses… O quizá nunca me amaste, y solo fui una más en tu vida. Séraphine terminó de acortar la distancia hasta quedar frente a quien, hace unas horas, debía convertirse en su esposo. Levantó una mano temblorosa mientras las lágrimas caían sin contención, terminando de arruinar su casi inexistente maquillaje de novia; quiso abofetearlo. Quiso golpearlo con todas sus fuerzas, pero comprendió que cualquier castigo físico sería ínfimo en comparación con lo que él merecía. En lugar de eso, dejó caer la mano y lo escudriñó con un vacío tan absoluto que heló la sangre del británico. —Me hiciste creer que este amor era real, cuando para ti solo era un pasatiempo entre tus juicios y tu prestigioso bufete… Murmuró ella, con la voz ahogada en llanto, instantes antes de que el dolor mutara en una frialdad gélida. Enderezó la postura, aferrándose a la tela de su vestido blanco con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su prístina voz resonó en el silencio sepulcral de la iglesia, destilando veneno y pura agonía. —Tu m’abandonnes sur cet autel comme une vulgaire fille de joie dont tu t'es lassé... (Me abandonas en este altar como a una vulgar ramera de la que te has cansado…) Arthur intentó dar un paso hacia ella, un reflejo inútil, pero Séraphine retrocedió al instante, mirándolo con absoluta repulsión. —Tu n'es pas un homme. Tu n'es qu'une coquille vide et égoïste... Tu es un misérable! (No eres un hombre. No eres más que un cascarón vacío y egoísta... ¡Eres un miserable!). El silencio cayó de nuevo, más pesado que el plomo. El espía, aquel hombre entrenado para resistir la tortura y mirar a la muerte a los ojos sin parpadear, no supo cómo soportar el aplastante peso de esa mirada llena de asco. Séraphine dio media vuelta lentamente. Ya no había ira en sus movimientos, solo la abrumadora pesadez de un duelo absoluto. Antes de dar el primer paso por el pasillo central, giró el rostro un milímetro, regalándole un último susurro; el tiro de gracia que destrozaría cualquier rastro de humanidad que aún habitara en él. —Au revoir... mon ange. (Adiós... mi ángel). El eco de los tacones sobre la piedra fría de la iglesia fue el único sonido que acompañó a Arthur Brubeck, mientras veía desaparecer a la única mujer que lo había amado por lo que fingía ser. NOTA: La identidad de Desmond en ese entonces era la de Arthur Brubeck, un abogado inglés que fue contratado temporalmente en un bufete francés.
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  • 𝕸𝖊𝖓 𝖕𝖑𝖆𝖈𝖊 𝖙𝖍𝖊𝖎𝖗 𝖋𝖆𝖎𝖙𝖍 𝖎𝖓 𝕵𝖊𝖘𝖚𝖘, 𝖙𝖍𝖊 𝖘𝖆𝖛𝖎𝖔𝖗 𝖜𝖍𝖔 𝖇𝖔𝖗𝖊
    𝖙𝖍𝖊𝖎𝖗 𝖘𝖎𝖓𝖘 𝖆𝖓𝖉 𝖕𝖊𝖗𝖎𝖘𝖍𝖊𝖉 𝖚𝖕𝖔𝖓 𝖙𝖍𝖊 𝖈𝖗𝖔𝖘𝖘.

    𝖂𝖔𝖒𝖊𝖓, 𝖍𝖔𝖜𝖊𝖛𝖊𝖗, 𝖘𝖍𝖔𝖚𝖑𝖉 𝖕𝖑𝖆𝖈𝖊 𝖙𝖍𝖊𝖎𝖗 𝖋𝖆𝖎𝖙𝖍 𝖎𝖓 𝖍𝖎𝖘 𝖔𝖕𝖕𝖔𝖘𝖎𝖙𝖊—𝖎𝖓 𝖒𝖊.

    𝕴 𝖆𝖒 𝖙𝖍𝖊 𝖉𝖆𝖚𝖌𝖍𝖙𝖊𝖗 𝖔𝖋 𝕷𝖚𝖈𝖎𝖋𝖊𝖗, 𝖆𝖓𝖉 𝕴 𝖕𝖔𝖘𝖘𝖊𝖘𝖘 𝖙𝖍𝖊 𝖕𝖔𝖜𝖊𝖗 𝖙𝖔 𝖗𝖊𝖉𝖚𝖈𝖊 𝖙𝖍𝖎𝖘 𝖜𝖔𝖗𝖑𝖉 𝖙𝖔 𝖆𝖘𝖍𝖊𝖘.
    𝕸𝖊𝖓 𝖕𝖑𝖆𝖈𝖊 𝖙𝖍𝖊𝖎𝖗 𝖋𝖆𝖎𝖙𝖍 𝖎𝖓 𝕵𝖊𝖘𝖚𝖘, 𝖙𝖍𝖊 𝖘𝖆𝖛𝖎𝖔𝖗 𝖜𝖍𝖔 𝖇𝖔𝖗𝖊 𝖙𝖍𝖊𝖎𝖗 𝖘𝖎𝖓𝖘 𝖆𝖓𝖉 𝖕𝖊𝖗𝖎𝖘𝖍𝖊𝖉 𝖚𝖕𝖔𝖓 𝖙𝖍𝖊 𝖈𝖗𝖔𝖘𝖘. 𝖂𝖔𝖒𝖊𝖓, 𝖍𝖔𝖜𝖊𝖛𝖊𝖗, 𝖘𝖍𝖔𝖚𝖑𝖉 𝖕𝖑𝖆𝖈𝖊 𝖙𝖍𝖊𝖎𝖗 𝖋𝖆𝖎𝖙𝖍 𝖎𝖓 𝖍𝖎𝖘 𝖔𝖕𝖕𝖔𝖘𝖎𝖙𝖊—𝖎𝖓 𝖒𝖊. 𝕴 𝖆𝖒 𝖙𝖍𝖊 𝖉𝖆𝖚𝖌𝖍𝖙𝖊𝖗 𝖔𝖋 𝕷𝖚𝖈𝖎𝖋𝖊𝖗, 𝖆𝖓𝖉 𝕴 𝖕𝖔𝖘𝖘𝖊𝖘𝖘 𝖙𝖍𝖊 𝖕𝖔𝖜𝖊𝖗 𝖙𝖔 𝖗𝖊𝖉𝖚𝖈𝖊 𝖙𝖍𝖎𝖘 𝖜𝖔𝖗𝖑𝖉 𝖙𝖔 𝖆𝖘𝖍𝖊𝖘.
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  • ❝ 𝚂𝚑𝚊𝚍𝚘𝚠 𝚊𝚗𝚍 𝚂𝚒𝚕𝚔. ❞ | [ #𝑆𝑒𝑑𝑢𝑐𝑡𝑖𝑣𝑒𝑆𝑢𝑛𝑑𝑎𝑦 ]

    ──── 𝘖𝘯 𝘳𝘶𝘮𝘱𝘭𝘦𝘥 𝘴𝘩𝘦𝘦𝘵𝘴 𝘩𝘦 𝘭𝘪𝘦𝘴, 𝘢 𝘨𝘰𝘭𝘥𝘦𝘯 𝘨𝘰𝘥 𝘩𝘢𝘭𝘧-𝘶𝘯𝘷𝘦𝘪𝘭𝘦𝘥, 𝘳𝘪𝘱𝘱𝘭𝘪𝘯𝘨 𝘢𝘣𝘴 𝘬𝘪𝘴𝘴𝘦𝘥 𝘣𝘺 𝘭𝘪𝘨𝘩𝘵, 𝘣𝘭𝘢𝘤𝘬 𝘧𝘢𝘣𝘳𝘪𝘤 𝘴𝘵𝘳𝘦𝘵𝘤𝘩𝘦𝘥 𝘵𝘪𝘨𝘩𝘵 𝘰𝘷𝘦𝘳 𝘵𝘩𝘦 𝘩𝘢𝘳𝘥 𝘱𝘳𝘰𝘮𝘪𝘴𝘦 𝘣𝘦𝘯𝘦𝘢𝘵𝘩. 𝘏𝘦𝘳 𝘧𝘪𝘯𝘨𝘦𝘳𝘴 𝘢𝘤𝘩𝘦 𝘵𝘰 𝘵𝘳𝘢𝘤𝘦 𝘵𝘩𝘢𝘵 𝘥𝘦𝘦𝘱 𝘝 𝘰𝘧 𝘴𝘪𝘯 𝘢𝘯𝘥 𝘧𝘪𝘳𝘦, 𝘸𝘩𝘦𝘳𝘦 𝘣𝘳𝘦𝘢𝘵𝘩 𝘤𝘢𝘵𝘤𝘩𝘦𝘴 𝘢𝘯𝘥 𝘩𝘶𝘯𝘨𝘦𝘳 𝘣𝘦𝘨𝘪𝘯𝘴. ────
    ❝ 𝚂𝚑𝚊𝚍𝚘𝚠 𝚊𝚗𝚍 𝚂𝚒𝚕𝚔. ❞ | [ #𝑆𝑒𝑑𝑢𝑐𝑡𝑖𝑣𝑒𝑆𝑢𝑛𝑑𝑎𝑦 ] ──── 𝘖𝘯 𝘳𝘶𝘮𝘱𝘭𝘦𝘥 𝘴𝘩𝘦𝘦𝘵𝘴 𝘩𝘦 𝘭𝘪𝘦𝘴, 𝘢 𝘨𝘰𝘭𝘥𝘦𝘯 𝘨𝘰𝘥 𝘩𝘢𝘭𝘧-𝘶𝘯𝘷𝘦𝘪𝘭𝘦𝘥, 𝘳𝘪𝘱𝘱𝘭𝘪𝘯𝘨 𝘢𝘣𝘴 𝘬𝘪𝘴𝘴𝘦𝘥 𝘣𝘺 𝘭𝘪𝘨𝘩𝘵, 𝘣𝘭𝘢𝘤𝘬 𝘧𝘢𝘣𝘳𝘪𝘤 𝘴𝘵𝘳𝘦𝘵𝘤𝘩𝘦𝘥 𝘵𝘪𝘨𝘩𝘵 𝘰𝘷𝘦𝘳 𝘵𝘩𝘦 𝘩𝘢𝘳𝘥 𝘱𝘳𝘰𝘮𝘪𝘴𝘦 𝘣𝘦𝘯𝘦𝘢𝘵𝘩. 𝘏𝘦𝘳 𝘧𝘪𝘯𝘨𝘦𝘳𝘴 𝘢𝘤𝘩𝘦 𝘵𝘰 𝘵𝘳𝘢𝘤𝘦 𝘵𝘩𝘢𝘵 𝘥𝘦𝘦𝘱 𝘝 𝘰𝘧 𝘴𝘪𝘯 𝘢𝘯𝘥 𝘧𝘪𝘳𝘦, 𝘸𝘩𝘦𝘳𝘦 𝘣𝘳𝘦𝘢𝘵𝘩 𝘤𝘢𝘵𝘤𝘩𝘦𝘴 𝘢𝘯𝘥 𝘩𝘶𝘯𝘨𝘦𝘳 𝘣𝘦𝘨𝘪𝘯𝘴. ────
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  • 𝔈𝔩 𝔰𝔢 𝔢𝔫𝔠𝔲𝔢𝔫𝔱𝔯𝔞 𝔢𝔫 𝔲𝔫 𝔅𝔞𝔩𝔠ó𝔫 𝔡𝔢𝔰𝔭𝔲𝔢𝔰 𝔡𝔢 𝔥𝔞𝔟𝔢𝔯 𝔡𝔞𝔡𝔬 𝔩𝔞𝔰 𝔠𝔩𝔞𝔰𝔢𝔰 𝔡𝔢𝔩 𝔡í𝔞 𝔣𝔲𝔪𝔞 𝔢𝔩 𝔡í𝔞 𝔢𝔰 𝔥𝔢𝔯𝔪𝔬𝔰𝔬 𝔭𝔢𝔯𝔬 𝔠𝔞𝔡𝔞 𝔢𝔵𝔭𝔲𝔩𝔰𝔦ó𝔫 𝔡𝔢𝔩 𝔥𝔲𝔪𝔬 𝔠𝔦𝔤𝔞𝔯𝔯𝔬 𝔥𝔞𝔠𝔢 𝔮𝔲𝔢 𝔰𝔲 𝔪𝔢𝔫𝔱𝔢 𝔰𝔢 𝔠𝔢𝔫𝔱𝔯𝔢 𝔢𝔫 𝔢𝔰𝔞𝔰 𝔰𝔬𝔪𝔟𝔯𝔞𝔰 𝔡𝔢 𝔰𝔲 𝔭𝔞𝔰𝔞𝔡𝔬 𝔢𝔰𝔞𝔰 𝔰𝔬𝔪𝔟𝔯𝔞𝔰 𝔮𝔲𝔢 𝔄𝔲𝔫 𝔩𝔬 𝔰𝔦𝔤𝔲𝔢𝔫..
    𝔈𝔩 𝔰𝔢 𝔢𝔫𝔠𝔲𝔢𝔫𝔱𝔯𝔞 𝔢𝔫 𝔲𝔫 𝔅𝔞𝔩𝔠ó𝔫 𝔡𝔢𝔰𝔭𝔲𝔢𝔰 𝔡𝔢 𝔥𝔞𝔟𝔢𝔯 𝔡𝔞𝔡𝔬 𝔩𝔞𝔰 𝔠𝔩𝔞𝔰𝔢𝔰 𝔡𝔢𝔩 𝔡í𝔞 𝔣𝔲𝔪𝔞 𝔢𝔩 𝔡í𝔞 𝔢𝔰 𝔥𝔢𝔯𝔪𝔬𝔰𝔬 𝔭𝔢𝔯𝔬 𝔠𝔞𝔡𝔞 𝔢𝔵𝔭𝔲𝔩𝔰𝔦ó𝔫 𝔡𝔢𝔩 𝔥𝔲𝔪𝔬 𝔠𝔦𝔤𝔞𝔯𝔯𝔬 𝔥𝔞𝔠𝔢 𝔮𝔲𝔢 𝔰𝔲 𝔪𝔢𝔫𝔱𝔢 𝔰𝔢 𝔠𝔢𝔫𝔱𝔯𝔢 𝔢𝔫 𝔢𝔰𝔞𝔰 𝔰𝔬𝔪𝔟𝔯𝔞𝔰 𝔡𝔢 𝔰𝔲 𝔭𝔞𝔰𝔞𝔡𝔬 𝔢𝔰𝔞𝔰 𝔰𝔬𝔪𝔟𝔯𝔞𝔰 𝔮𝔲𝔢 𝔄𝔲𝔫 𝔩𝔬 𝔰𝔦𝔤𝔲𝔢𝔫..
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  • 𝑩𝒍𝒂𝒄𝒌

    𝘼𝙪𝙣𝙦𝙪𝙚 𝙡𝙖 𝘿𝙟𝙞𝙣𝙣 𝙫𝙞𝙤 𝙖 𝙡𝙖 𝙝𝙪𝙢𝙖𝙣𝙞𝙙𝙖𝙙 𝙘𝙧𝙚𝙘𝙚𝙧. 𝙉𝙤 𝙥𝙪𝙙𝙤 𝙨𝙚𝙣𝙩𝙞𝙧𝙨𝙚 𝙢𝙖𝙨 𝙛𝙖𝙨𝙘𝙞𝙣𝙖𝙙𝙖 𝙥𝙤𝙧 𝙚𝙡𝙡𝙖, 𝙎𝙞 𝙦𝙪𝙞𝙩𝙖𝙢𝙤𝙨 𝙨𝙪𝙨 𝙚𝙥𝙞𝙘𝙖𝙨 𝙡𝙚𝙮𝙚𝙣𝙙𝙖𝙨. 𝙋𝙤𝙧 𝙨𝙪 𝙘𝙤𝙢𝙞𝙙𝙖. 𝙀𝙡 𝘽𝙤𝙗𝙖 𝙝𝙖𝙗𝙞𝙖 𝙨𝙞𝙙𝙤 𝙪𝙣𝙖 𝙖𝙙𝙞𝙘𝙘𝙞𝙤𝙣 𝙧𝙚𝙘𝙞𝙚𝙣𝙩𝙚, 𝘾𝙤𝙢𝙤 𝙚𝙡 𝙘𝙤𝙡𝙤𝙧 𝙣𝙚𝙜𝙧𝙤. 𝘼𝙝, 𝙐𝙣 𝙘𝙤𝙡𝙤𝙧 𝙩𝙖𝙣 𝙢𝙚𝙡𝙖𝙣𝙘𝙤𝙡𝙞𝙘𝙤. . . 𝙥𝙚𝙧𝙤 𝙝𝙚𝙧𝙢𝙤𝙨𝙤.
    𝑩𝒍𝒂𝒄𝒌 𝘼𝙪𝙣𝙦𝙪𝙚 𝙡𝙖 𝘿𝙟𝙞𝙣𝙣 𝙫𝙞𝙤 𝙖 𝙡𝙖 𝙝𝙪𝙢𝙖𝙣𝙞𝙙𝙖𝙙 𝙘𝙧𝙚𝙘𝙚𝙧. 𝙉𝙤 𝙥𝙪𝙙𝙤 𝙨𝙚𝙣𝙩𝙞𝙧𝙨𝙚 𝙢𝙖𝙨 𝙛𝙖𝙨𝙘𝙞𝙣𝙖𝙙𝙖 𝙥𝙤𝙧 𝙚𝙡𝙡𝙖, 𝙎𝙞 𝙦𝙪𝙞𝙩𝙖𝙢𝙤𝙨 𝙨𝙪𝙨 𝙚𝙥𝙞𝙘𝙖𝙨 𝙡𝙚𝙮𝙚𝙣𝙙𝙖𝙨. 𝙋𝙤𝙧 𝙨𝙪 𝙘𝙤𝙢𝙞𝙙𝙖. 𝙀𝙡 𝘽𝙤𝙗𝙖 𝙝𝙖𝙗𝙞𝙖 𝙨𝙞𝙙𝙤 𝙪𝙣𝙖 𝙖𝙙𝙞𝙘𝙘𝙞𝙤𝙣 𝙧𝙚𝙘𝙞𝙚𝙣𝙩𝙚, 𝘾𝙤𝙢𝙤 𝙚𝙡 𝙘𝙤𝙡𝙤𝙧 𝙣𝙚𝙜𝙧𝙤. 𝘼𝙝, 𝙐𝙣 𝙘𝙤𝙡𝙤𝙧 𝙩𝙖𝙣 𝙢𝙚𝙡𝙖𝙣𝙘𝙤𝙡𝙞𝙘𝙤. . . 𝙥𝙚𝙧𝙤 𝙝𝙚𝙧𝙢𝙤𝙨𝙤.
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  • 𝑰𝒕'𝒔 𝒎𝒚 𝒍𝒊𝒇𝒆 𝒕𝒂𝒌𝒆 𝒊𝒕 𝒐𝒓 𝒍𝒆𝒂𝒗𝒆 𝒊𝒕
    𝑺𝒆𝒕 𝒎𝒆 𝒇𝒓𝒆𝒆 𝒘𝒉𝒂𝒕'𝒔 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒄𝒓𝒂𝒑 𝒑𝒂𝒑𝒂-𝒌𝒏𝒆𝒘-𝒊𝒕-𝒂𝒍𝒍
    𝑰 𝒈𝒐𝒕 𝒎𝒚 𝒐𝒘𝒏 𝒍𝒊𝒇𝒆 𝒚𝒐𝒖 𝒈𝒐𝒕 𝒚𝒐𝒖𝒓 𝒐𝒘𝒏 𝒍𝒊𝒇𝒆
    𝑳𝒊𝒗𝒆 𝒚𝒐𝒖𝒓 𝒍𝒊𝒇𝒆 𝒂𝒏𝒅 𝒔𝒆𝒕 𝒎𝒆 𝒇𝒓𝒆𝒆
    𝑴𝒊𝒏𝒅 𝒚𝒐𝒖𝒓 𝒃𝒖𝒔𝒊𝒏𝒆𝒔𝒔 𝒂𝒏𝒅 𝒍𝒆𝒂𝒗𝒆 𝒎𝒚 𝒃𝒖𝒔𝒊𝒏𝒆𝒔𝒔
    𝒀𝒐𝒖 𝒌𝒏𝒐𝒘 𝒆𝒗𝒆𝒓𝒚𝒕𝒉𝒊𝒏𝒈 𝒑𝒂𝒑𝒂-𝒌𝒏𝒆𝒘-𝒊𝒕-𝒂𝒍𝒍
    𝑽𝒆𝒓𝒚 𝒍𝒊𝒕𝒕𝒍𝒆 𝒌𝒏𝒐𝒘𝒍𝒆𝒅𝒈𝒆 𝒊𝒔 𝒅𝒂𝒏𝒈𝒆𝒓𝒐𝒖𝒔
    𝑺𝒕𝒐𝒑 𝒃𝒖𝒈𝒈𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒆, 𝒔𝒕𝒐𝒑 𝒃𝒐𝒕𝒉𝒆𝒓𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒆
    𝑺𝒕𝒐𝒑 𝒃𝒖𝒈𝒈𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒆, 𝒔𝒕𝒐𝒑 𝒇𝒐𝒓𝒄𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒆
    𝑺𝒕𝒐𝒑 𝒇𝒊𝒈𝒉𝒕𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒆, 𝒔𝒕𝒐𝒑 𝒚𝒆𝒍𝒍𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒆
    𝑰𝒕'𝒔 𝒎𝒚 𝒍𝒊𝒇𝒆
    𝑰𝒕'𝒔 𝒎𝒚 𝒍𝒊𝒇𝒆 𝒕𝒂𝒌𝒆 𝒊𝒕 𝒐𝒓 𝒍𝒆𝒂𝒗𝒆 𝒊𝒕 𝑺𝒆𝒕 𝒎𝒆 𝒇𝒓𝒆𝒆 𝒘𝒉𝒂𝒕'𝒔 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒄𝒓𝒂𝒑 𝒑𝒂𝒑𝒂-𝒌𝒏𝒆𝒘-𝒊𝒕-𝒂𝒍𝒍 𝑰 𝒈𝒐𝒕 𝒎𝒚 𝒐𝒘𝒏 𝒍𝒊𝒇𝒆 𝒚𝒐𝒖 𝒈𝒐𝒕 𝒚𝒐𝒖𝒓 𝒐𝒘𝒏 𝒍𝒊𝒇𝒆 𝑳𝒊𝒗𝒆 𝒚𝒐𝒖𝒓 𝒍𝒊𝒇𝒆 𝒂𝒏𝒅 𝒔𝒆𝒕 𝒎𝒆 𝒇𝒓𝒆𝒆 𝑴𝒊𝒏𝒅 𝒚𝒐𝒖𝒓 𝒃𝒖𝒔𝒊𝒏𝒆𝒔𝒔 𝒂𝒏𝒅 𝒍𝒆𝒂𝒗𝒆 𝒎𝒚 𝒃𝒖𝒔𝒊𝒏𝒆𝒔𝒔 𝒀𝒐𝒖 𝒌𝒏𝒐𝒘 𝒆𝒗𝒆𝒓𝒚𝒕𝒉𝒊𝒏𝒈 𝒑𝒂𝒑𝒂-𝒌𝒏𝒆𝒘-𝒊𝒕-𝒂𝒍𝒍 𝑽𝒆𝒓𝒚 𝒍𝒊𝒕𝒕𝒍𝒆 𝒌𝒏𝒐𝒘𝒍𝒆𝒅𝒈𝒆 𝒊𝒔 𝒅𝒂𝒏𝒈𝒆𝒓𝒐𝒖𝒔 𝑺𝒕𝒐𝒑 𝒃𝒖𝒈𝒈𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒆, 𝒔𝒕𝒐𝒑 𝒃𝒐𝒕𝒉𝒆𝒓𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒆 𝑺𝒕𝒐𝒑 𝒃𝒖𝒈𝒈𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒆, 𝒔𝒕𝒐𝒑 𝒇𝒐𝒓𝒄𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒆 𝑺𝒕𝒐𝒑 𝒇𝒊𝒈𝒉𝒕𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒆, 𝒔𝒕𝒐𝒑 𝒚𝒆𝒍𝒍𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒆 𝑰𝒕'𝒔 𝒎𝒚 𝒍𝒊𝒇𝒆 🎶🎶
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  • 𝑨𝒍𝒍 𝒕𝒐𝒈𝒆𝒕𝒉𝒆𝒓 𝒏𝒐𝒘
    𝑳𝒊𝒗𝒆 (𝒏𝒂-𝒏𝒂, 𝒏𝒂, 𝒏𝒂-𝒏𝒂)
    𝑳𝒊𝒗𝒆 𝒊𝒔 𝒍𝒊𝒇𝒆 (𝒏𝒂-𝒏𝒂, 𝒏𝒂, 𝒏𝒂-𝒏𝒂)
    𝑳𝒊𝒗𝒆-𝒂-𝒃𝒐𝒑-𝒃𝒐𝒑-𝒃𝒐𝒑, 𝒍𝒊𝒇𝒆
    (𝑵𝒂-𝒏𝒂, 𝒏𝒂, 𝒏𝒂-𝒏𝒂)
    𝑳𝒊𝒗𝒆 𝒊𝒔 𝒍𝒊𝒇𝒆
    (𝑵𝒂-𝒏𝒂, 𝒏𝒂, 𝒏𝒂-𝒏𝒂)
    𝑨𝒍𝒍 𝒕𝒐𝒈𝒆𝒕𝒉𝒆𝒓 𝒏𝒐𝒘 𝑳𝒊𝒗𝒆 (𝒏𝒂-𝒏𝒂, 𝒏𝒂, 𝒏𝒂-𝒏𝒂) 𝑳𝒊𝒗𝒆 𝒊𝒔 𝒍𝒊𝒇𝒆 (𝒏𝒂-𝒏𝒂, 𝒏𝒂, 𝒏𝒂-𝒏𝒂) 𝑳𝒊𝒗𝒆-𝒂-𝒃𝒐𝒑-𝒃𝒐𝒑-𝒃𝒐𝒑, 𝒍𝒊𝒇𝒆 (𝑵𝒂-𝒏𝒂, 𝒏𝒂, 𝒏𝒂-𝒏𝒂) 𝑳𝒊𝒗𝒆 𝒊𝒔 𝒍𝒊𝒇𝒆 (𝑵𝒂-𝒏𝒂, 𝒏𝒂, 𝒏𝒂-𝒏𝒂) 🎶
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