—𝐏apá decía que un corte transversal en el tendón de Aquiles era la forma más efectiva de llegar a la inmovilidad... Pero era un hombre viejo, con técnicas nada novedosas. Yo prefiero la creatividad.
Sus pasos resonaban tranquilos por el pasillo, casi perezosos, mientras seguía el patético avance de la víctima que se arrastraba por el suelo frío. No había rastro de la duda o el cansancio de Elias en esa figura erguida y depredadora; ahora, la parte más fría y quirúrgica de su mente había tomado el control. Vancroft no veía a un ser humano sufriendo en el piso; veía un espécimen defectuoso, una carga inútil para la sociedad que necesitaba, desesperadamente, ser "reparada".
𝚈 𝚎́𝚕 𝚎𝚛𝚊 𝚎𝚕 𝚞́𝚗𝚒𝚌𝚘 𝚌𝚊𝚙𝚊𝚣 𝚍𝚎 𝚑𝚊𝚌𝚎𝚛 𝚎𝚜𝚎 𝚝𝚛𝚊𝚋𝚊𝚓𝚘.
Cada incisión milimétrica que había trazado en los brazos y piernas de su presa estaba diseñada con un doble propósito: generarle una agonía insoportable con cada intento de movimiento, y al mismo tiempo, imitar a la perfección las "heridas de vacilación" típicas de un manual forense sobre suicidios. Cuando la policía encontrara el cuerpo, verían la desesperación de un hombre que intentó cortarse varias veces antes del tajo final, no la obra de un asesino.
—Como puedes ver, el dolor que inunda tu sistema ahora mismo es incomparable. Tus receptores nerviosos están colapsando. Pronto, la agonía de esa fractura expuesta te hará desear fervientemente la muerte... y no te preocupes —susurró, arrodillándose frente a él para clavar su gélida y vacía mirada en los ojos aterrados de su presa—, aquí estoy yo. ⸸
—𝐏apá decía que un corte transversal en el tendón de Aquiles era la forma más efectiva de llegar a la inmovilidad... Pero era un hombre viejo, con técnicas nada novedosas. Yo prefiero la creatividad.
Sus pasos resonaban tranquilos por el pasillo, casi perezosos, mientras seguía el patético avance de la víctima que se arrastraba por el suelo frío. No había rastro de la duda o el cansancio de Elias en esa figura erguida y depredadora; ahora, la parte más fría y quirúrgica de su mente había tomado el control. Vancroft no veía a un ser humano sufriendo en el piso; veía un espécimen defectuoso, una carga inútil para la sociedad que necesitaba, desesperadamente, ser "reparada".
𝚈 𝚎́𝚕 𝚎𝚛𝚊 𝚎𝚕 𝚞́𝚗𝚒𝚌𝚘 𝚌𝚊𝚙𝚊𝚣 𝚍𝚎 𝚑𝚊𝚌𝚎𝚛 𝚎𝚜𝚎 𝚝𝚛𝚊𝚋𝚊𝚓𝚘.
Cada incisión milimétrica que había trazado en los brazos y piernas de su presa estaba diseñada con un doble propósito: generarle una agonía insoportable con cada intento de movimiento, y al mismo tiempo, imitar a la perfección las "heridas de vacilación" típicas de un manual forense sobre suicidios. Cuando la policía encontrara el cuerpo, verían la desesperación de un hombre que intentó cortarse varias veces antes del tajo final, no la obra de un asesino.
—Como puedes ver, el dolor que inunda tu sistema ahora mismo es incomparable. Tus receptores nerviosos están colapsando. Pronto, la agonía de esa fractura expuesta te hará desear fervientemente la muerte... y no te preocupes —susurró, arrodillándose frente a él para clavar su gélida y vacía mirada en los ojos aterrados de su presa—, aquí estoy yo. ⸸