• « ¿No has sentido alguna vez esa necesidad de estar con alguien? »

    Una pregunta habitual. Entre confidencias, entre risas y anécdotas; siempre terminaba asomándose esa pregunta silenciosa e incómoda. La conversación parecía girar, una y otra vez, sobre la misma respuesta ambigua que daba cada vez.

    "No realmente."

    No. Realmente no necesitaba a alguien como decía. Realmente no sentía la necesidad de compartir, o más bien abrir, tanto su vida a otra persona. Los años desde su última relación le habían hecho desarrollar un gusto por la soledad o, quizá, por esa falta de rutina que se atiene a los horarios y gustos de alguien más. No debía levantarse temprano en los días de descanso para prepararse ante las visitas, no debía quebrarse la cabeza pensando qué almorzarian ese día ni tenía que complicarse con planes elaborados de actividades para hacer a lo largo del día. Cosas habituales que se habían vuelto una rutina cansada, agotadora, que odiaba volver a repetir.

    Cuando ya estaba tan metido en sí mismo, en su vida y su espacio, acostumbrado a sus horarios y opciones; ¿cómo iba a acoplarse nuevamente a alguien que intempestivamente cambiara sus esquemas? ¿Cómo iba decirle que, por ese día o unas horas, prefería no verle y pasar el tiempo encerrado en casa jugando video juegos o mirando televisión? ¿Cómo hacerlo sin que se malinterpretara o los sentimientos mermaran? Una relación, a esas alturas de su vida, era una ruptura en su rutina, en su esencia. En su comodidad.

    "No es algo que necesite".

    No ahora. No pronto. No hasta quién sabe cuando. A Vincent siempre le había costado visualizarse en todo; era el último en responder esa pregunta cliché que hacía recursos humanos para motivar a los trabajadores: "¿cómo te ves de aquí a cinco años?" Su respuesta siempre era la misma, pero no tenía sentido ni lograba hacerse a la idea. Desde la universidad no se había imaginado en una relación, mucho menos casado y ni hablar de los hijos. En alguna ocasión la idea le cruzó por la cabeza, fugaz y de ensueño, pero con el tiempo se evaporó hasta ser olvidada.

    El amor, últimamente, se le hacía complicado y más complejo le resultaba conocer personas. Siempre estaba trabajando y, cuando no lo hacía, estaba en casa con sus gatos. Vincent nunca había sido una persona de salir ni de verse extrovertido, siempre era reservado, tímido y callado. Con esos factores en contra, ¿cómo es que iba a conocer a alguien? En el trabajo no había nadie que ocasionara esa chispa, esa curiosidad, ese gusto. Para él solo era una rutina donde sus compañeros eran eso y nada más, amigos y compañeros con los que mantenía una estabilidad social mas no una compatibilidad emocional. Si en el único lugar que frecuentaba no sentía nada, ¿cómo iba a poder desarrollar una relación?

    ¿Presentarle a alguien? Ni hablar. ¿Una cita a ciegas? Ni de broma. ¿Siquiera por curiosidad? No, podía morir perfectamente sin saber cómo se sentía amar o, más bien, cómo volver a amar.

    Vincent sabía lo que quería y lo que no quería. Mantener su libertad sin perder sus gustos, respetar sus límites sin arriesgar su seguridad, tener la cabez fría y no dejar que su corazón tomara nuevamente decisiones equivocadas. Y, al final, siempre terminaba negándose a experimentar porque sus conocidos no eran los casos de éxito ideales: Infidelidades, divorcios apresurados por engaños, demandas de atención excesivas, posesión desmedida y ciclos repetitivos de violencia difíciles de romper. ¿Con qué ánimos se podía aventurar a volver a experimentar cuando nada le motivaba a intentar?

    Y, aún así, siempre existía la espinita que lo hacía reflexionar. ¿Alguna vez se iba a poder enamorar? ¿Alguna vez iba a poder sentir otra vez ese calor en el pecho por la emoción? ¿Sentiria de nuevo las mariposas en el estómago? ¿Alguna vez hallaría paz y seguridad en otra persona? Quizá sí, quizá no. El tiempo le daría algún día la respuesta, tendría la razón o la vida lo golpearía por su error.

    El amor es complicado. Más para los asustados a salir lastimados otra vez, y para los que temen perder nuevamente sus sentimientos valiosos por error.
    « ¿No has sentido alguna vez esa necesidad de estar con alguien? » Una pregunta habitual. Entre confidencias, entre risas y anécdotas; siempre terminaba asomándose esa pregunta silenciosa e incómoda. La conversación parecía girar, una y otra vez, sobre la misma respuesta ambigua que daba cada vez. "No realmente." No. Realmente no necesitaba a alguien como decía. Realmente no sentía la necesidad de compartir, o más bien abrir, tanto su vida a otra persona. Los años desde su última relación le habían hecho desarrollar un gusto por la soledad o, quizá, por esa falta de rutina que se atiene a los horarios y gustos de alguien más. No debía levantarse temprano en los días de descanso para prepararse ante las visitas, no debía quebrarse la cabeza pensando qué almorzarian ese día ni tenía que complicarse con planes elaborados de actividades para hacer a lo largo del día. Cosas habituales que se habían vuelto una rutina cansada, agotadora, que odiaba volver a repetir. Cuando ya estaba tan metido en sí mismo, en su vida y su espacio, acostumbrado a sus horarios y opciones; ¿cómo iba a acoplarse nuevamente a alguien que intempestivamente cambiara sus esquemas? ¿Cómo iba decirle que, por ese día o unas horas, prefería no verle y pasar el tiempo encerrado en casa jugando video juegos o mirando televisión? ¿Cómo hacerlo sin que se malinterpretara o los sentimientos mermaran? Una relación, a esas alturas de su vida, era una ruptura en su rutina, en su esencia. En su comodidad. "No es algo que necesite". No ahora. No pronto. No hasta quién sabe cuando. A Vincent siempre le había costado visualizarse en todo; era el último en responder esa pregunta cliché que hacía recursos humanos para motivar a los trabajadores: "¿cómo te ves de aquí a cinco años?" Su respuesta siempre era la misma, pero no tenía sentido ni lograba hacerse a la idea. Desde la universidad no se había imaginado en una relación, mucho menos casado y ni hablar de los hijos. En alguna ocasión la idea le cruzó por la cabeza, fugaz y de ensueño, pero con el tiempo se evaporó hasta ser olvidada. El amor, últimamente, se le hacía complicado y más complejo le resultaba conocer personas. Siempre estaba trabajando y, cuando no lo hacía, estaba en casa con sus gatos. Vincent nunca había sido una persona de salir ni de verse extrovertido, siempre era reservado, tímido y callado. Con esos factores en contra, ¿cómo es que iba a conocer a alguien? En el trabajo no había nadie que ocasionara esa chispa, esa curiosidad, ese gusto. Para él solo era una rutina donde sus compañeros eran eso y nada más, amigos y compañeros con los que mantenía una estabilidad social mas no una compatibilidad emocional. Si en el único lugar que frecuentaba no sentía nada, ¿cómo iba a poder desarrollar una relación? ¿Presentarle a alguien? Ni hablar. ¿Una cita a ciegas? Ni de broma. ¿Siquiera por curiosidad? No, podía morir perfectamente sin saber cómo se sentía amar o, más bien, cómo volver a amar. Vincent sabía lo que quería y lo que no quería. Mantener su libertad sin perder sus gustos, respetar sus límites sin arriesgar su seguridad, tener la cabez fría y no dejar que su corazón tomara nuevamente decisiones equivocadas. Y, al final, siempre terminaba negándose a experimentar porque sus conocidos no eran los casos de éxito ideales: Infidelidades, divorcios apresurados por engaños, demandas de atención excesivas, posesión desmedida y ciclos repetitivos de violencia difíciles de romper. ¿Con qué ánimos se podía aventurar a volver a experimentar cuando nada le motivaba a intentar? Y, aún así, siempre existía la espinita que lo hacía reflexionar. ¿Alguna vez se iba a poder enamorar? ¿Alguna vez iba a poder sentir otra vez ese calor en el pecho por la emoción? ¿Sentiria de nuevo las mariposas en el estómago? ¿Alguna vez hallaría paz y seguridad en otra persona? Quizá sí, quizá no. El tiempo le daría algún día la respuesta, tendría la razón o la vida lo golpearía por su error. El amor es complicado. Más para los asustados a salir lastimados otra vez, y para los que temen perder nuevamente sus sentimientos valiosos por error.
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  • Las cinco.
    Fandom MENTES CRIMINALES
    Categoría Drama
    𝘚𝑇𝘈𝑅𝘛𝐸𝘙 𝘗𝐴𝘙𝐴 𝑹𝒐𝒘𝒂𝒏 𝑯𝒂𝒍𝒆
    ㅤㅤ
    ㅤㅤㅤ
    ㅤㅤ

    Nota de usuario:
    Contenido NSFW. Este starter tiene contenido sensible y referencias a crímenes debido al fandom al que pertenece. Se ruega leerlo bajo propia discreción.


    𝐹𝘓𝐴𝘚𝐻𝘉𝐴𝘊𝐾



    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝙼𝚊𝚢𝚘, 𝟸00𝟷
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝙳𝚎𝚗𝚟𝚎𝚛, 𝙲𝚘𝚕𝚘𝚛𝚊𝚍𝚘

    Aun le daba vértigo la rapidez con la que habia escalado su carrera laboral. De la fiscalía de Seattle a los SWAT. Y antes de darse cuenta habia ingresado en la división de Seattle del FBI. Aun llegaba a esbozar una tenue sonrisa nostálgica en sus labios al recordar sus nervios cuatro años atrás cuando, en el parque Golden Gate de San Francisco habia sido el encargado de ilustrar a Dave Rossi acerca de los cuerpos encontrados. Aquel era su caso, Dave Rossi llevaba trabajando en este desde 1992, y aun asi no tuvo reparos en contar con su ayuda. Puede que fuera el propio Rossi quien pidió la promoción del joven Hotchner a la Unidad de Análisis de Conducta de Quántico… Nunca se lo dijo. Y Hotchner nunca preguntó. Pero no necesitaba saberlo.

    Como digo, habían pasado cuatro años desde que Aaron Hotchner comenzara a formar parte de la joya de la corona de la ciencia conductual en un departamento que, si bien comenzó a gestarse desde finales de los años setenta, todavia en 2001 parecía operar con pocos agentes. Y es que, por aquel entonces, Aaron Hotchner habia sido, si no bien el primer agente contratado para operar en el equipo, el primero en trabajar como agente de campo junto a Jason Gideon y Dave Rossi. Los dos hombres que crearon aquella Unidad. Era todo un logro para el joven Hotchner. Y aun entonces, cuatro años después, seguía sintiendo cierto síndrome del impostor.

    Aunque sabia muy bien como disimularlo.

    >> El primer cadáver habia aparecido hacía poco más de una semana. Marjorie Ringwall. 17 años. Secuestrada en una fiesta. Su cuerpo habia aparecido semidesnudo y semienterrado en una cuneta. Habia sido abusada sexualmente y tenía un golpe en el cráneo.

    El segundo cadáver apareció dos dias después. Stephanie Lammarck. 16 años. Desaparecida a la salida del instituto dos dias atrás. En este caso el patrón de violencia habia escalado: habia sido abusada y estrangulada con violencia. El asesino lo habia vuelto más personal. Abandonada cerca del rio.

    Fue entonces cuando la policía de Denver se puso en contacto con la Unidad. Al ver la espiral de crecimiento de violencia ejercida, Jason Gideon, Dave Rossi y Aaron Hotchner viajaron sin perder más tiempo hasta el escenario de tan cruentos crímenes. Para cuando llegaron… el tercer cadáver habia aparecido. Sally Monroe. 17 años. Abusada. Asesinada por múltiples puñaladas y abandonada en el maizal de una granja. Desaparecida el día anterior mientras regresaba de la biblioteca

    Según la policía dos chicas más habían desaparecido sin dejar rastro mientras iban a un ensayo en el instituto: Bethany Moller y Rowan Hale.

    Tenían que trabajar a contrarreloj. Los tres miembros de la Unidad revisaron los informes de la policía y en la primera hora se dieron cuenta de que el secuestro múltiple no habia sido al azar. El sudes buscaba un tipo concreto de chica. Rubias. Adolescentes. Entre los 16 y 17 años. Todas ellas habían sido raptadas en lugares donde eran vulnerables, en plena calle y desprotegidas. Los secuestros estaban cuidadosamente planeados, buscando mantener el control.

    El progresivo aumento de la violencia llamó la atención de Hotchner. La escalada de agresividad era insólita, pero tenia una explicación: el asesino tenia una obsesion por el control y experimentaba con sus víctimas. Seguía un ritual psicológico.

    Llegó el momento de establecer un perfil geográfico, delimitado por las zonas donde los cadáveres habían aparecido. No les costó demasiado tiempo triangular la zona. Aunque sí llevó más tiempo encontrar un nombre que encajase en el perfil:

    Varón. Entre 30 y 35 años. Trabajaría en algo que lo permitiera pasar desapercibido. Algo como bibliotecario, administrativo, técnico de laboratorio. Un trabajo que lo hiciera sentir inferior. Inteligente y meticuloso. Introvertido, evitaría el contacto social y no miraría a los ojos. Tremendamente obsesionado con el control seria siempre puntual y perdería los nervios con quien no lo fuera.

    Y ese perfil les dio cinco sospechosos que trabajaban en la zona cercana a la aparición de los cuerpos. Inmediatamente la comisaria envio policías a las residencias y lugares de trabajo de los cinco hombres.

    Lo tenían casi todo. Las victimas de las mismas edades, todas de cabello oscuro y ojos marrones y de carácter introspectivo. La única que no encajaba era Rowan… Rubia, ojos azules, abierta y alegre…

    -Fue un daño colateral -declaró Hotch levantándose de la mesa donde habia estado repasando el caso y acudiendo hasta la pizarra donde tenían las fotografías de las chicas- Marjorie, Stephany, Sally y Bethany son morenas, introvertidas. Chicas que pasarían desapercibidas…- señaló la foto de Rowan- Ella es quien no encaja. No iba a por ella. Pero tuvo que llevársela. Bethany era su objetivo pero no podía dejar que Rowan se fuera… Creo que por eso no la ha matado aun. No sabe qué hacer con ella.

    El escaso optimismo que habían sentido se esfumó cuando la radio informó de la aparición del cuerpo de Bethany Moller.

    -¿Señor? -preguntó un oficial desde su mesa, apartando el auricular de su teléfono y apartándolo con una mano- Hastings ha ido hasta la fábrica de toallitas de Coller Lane. Dicen que Fallon Turner no ha ido a trabajar desde hace dos dias.

    -Le tenemos… -Gideon se levantó de la mesa- ¿Qué propiedades tiene Turner? -preguntó acercándose al joven, quien se puso a rebuscar rápidamente entre los informes sobre su mesa. Tres años más tarde la Unidad de Análisis de Conducta contrataría a la mejor Analista de Sistemas del país, pero mientras tanto…

    -Tie-tiene una casa en el centro del pueblo pero heredó la granja de su familia cuando sus padres murieron hace dos años. Está deshabitada y en riesgo por embargo… -respondió el chico.

    Gideon tomó apresuradamente un post-it y anoto la dirección antes de coger su chaqueta y empezar a caminar hacia la puerta. Rossi y Hotch lo siguieron.

    >> Dos coches del FBI y dos patrullas se internaban veinte minutos más tarde en los terrenos de la familia Turner. Hotch bajó de su coche y sacó su arma. Gideon y Rossi descendieron de su coche imitando el gesto del más joven. La ávida mirada de Hotch recorrió el escenario y, al mismo tiempo que Gideon y Rossi, vio como Fallon Turner los miraba desde el interior de la casa antes de echar a correr hacia la puerta trasera. En el fondo de la habitación una mujer rubia permanecía atada a una silla.

    -¡Hotchner! ¡Ocúpate de la chica! -gritó Gideon mientras Rossi y él ya rodeaban la casa por ambos flancos.

    Aaron no perdió ni siquiera dos segundos. Derribó la puerta de madera de una patada y entró con el arma de frente, revisando toda la estancia a su alrededor. Más por protocolo y precaución que por advertencia de una verdadera amenaza. Al resolver que no quedaban más individuos, caminó hasta la habitación que quedaba a su derecha y guardó el arma en la cartuchera mientras se acercaba rápidamente hasta Rowan.

    -¿Rowan? -preguntó acercándose a ella con un nudo en la garganta temiendo haber llegado tarde. Pero al fin ella alzó el rostro de forma cansada- Soy el agente Hotchner. Estás a salvo… Estás a salvo…- dijo llevando las manos a la mordaza que llevaba a la boca y la desató- ¿Estás bien? Voy a desatarte…- sacó una pequeña navaja de su bolsillo y con rapidez soltó las bridas que la mantenían atada a la silla- Vamos a llevarte a casa, ¿de acuerdo? -dijo ayudándola a levantarse para tomarla en volandas.
    𝘚𝑇𝘈𝑅𝘛𝐸𝘙 𝘗𝐴𝘙𝐴 [RO.WAN] ㅤㅤ ㅤㅤㅤ ㅤㅤ ㅤ 🚨 Nota de usuario: Contenido NSFW. Este starter tiene contenido sensible y referencias a crímenes debido al fandom al que pertenece. Se ruega leerlo bajo propia discreción. 𝐹𝘓𝐴𝘚𝐻𝘉𝐴𝘊𝐾 ㅤ ㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝙼𝚊𝚢𝚘, 𝟸00𝟷 ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝙳𝚎𝚗𝚟𝚎𝚛, 𝙲𝚘𝚕𝚘𝚛𝚊𝚍𝚘 Aun le daba vértigo la rapidez con la que habia escalado su carrera laboral. De la fiscalía de Seattle a los SWAT. Y antes de darse cuenta habia ingresado en la división de Seattle del FBI. Aun llegaba a esbozar una tenue sonrisa nostálgica en sus labios al recordar sus nervios cuatro años atrás cuando, en el parque Golden Gate de San Francisco habia sido el encargado de ilustrar a Dave Rossi acerca de los cuerpos encontrados. Aquel era su caso, Dave Rossi llevaba trabajando en este desde 1992, y aun asi no tuvo reparos en contar con su ayuda. Puede que fuera el propio Rossi quien pidió la promoción del joven Hotchner a la Unidad de Análisis de Conducta de Quántico… Nunca se lo dijo. Y Hotchner nunca preguntó. Pero no necesitaba saberlo. Como digo, habían pasado cuatro años desde que Aaron Hotchner comenzara a formar parte de la joya de la corona de la ciencia conductual en un departamento que, si bien comenzó a gestarse desde finales de los años setenta, todavia en 2001 parecía operar con pocos agentes. Y es que, por aquel entonces, Aaron Hotchner habia sido, si no bien el primer agente contratado para operar en el equipo, el primero en trabajar como agente de campo junto a Jason Gideon y Dave Rossi. Los dos hombres que crearon aquella Unidad. Era todo un logro para el joven Hotchner. Y aun entonces, cuatro años después, seguía sintiendo cierto síndrome del impostor. Aunque sabia muy bien como disimularlo. >> El primer cadáver habia aparecido hacía poco más de una semana. Marjorie Ringwall. 17 años. Secuestrada en una fiesta. Su cuerpo habia aparecido semidesnudo y semienterrado en una cuneta. Habia sido abusada sexualmente y tenía un golpe en el cráneo. El segundo cadáver apareció dos dias después. Stephanie Lammarck. 16 años. Desaparecida a la salida del instituto dos dias atrás. En este caso el patrón de violencia habia escalado: habia sido abusada y estrangulada con violencia. El asesino lo habia vuelto más personal. Abandonada cerca del rio. Fue entonces cuando la policía de Denver se puso en contacto con la Unidad. Al ver la espiral de crecimiento de violencia ejercida, Jason Gideon, Dave Rossi y Aaron Hotchner viajaron sin perder más tiempo hasta el escenario de tan cruentos crímenes. Para cuando llegaron… el tercer cadáver habia aparecido. Sally Monroe. 17 años. Abusada. Asesinada por múltiples puñaladas y abandonada en el maizal de una granja. Desaparecida el día anterior mientras regresaba de la biblioteca Según la policía dos chicas más habían desaparecido sin dejar rastro mientras iban a un ensayo en el instituto: Bethany Moller y Rowan Hale. Tenían que trabajar a contrarreloj. Los tres miembros de la Unidad revisaron los informes de la policía y en la primera hora se dieron cuenta de que el secuestro múltiple no habia sido al azar. El sudes buscaba un tipo concreto de chica. Rubias. Adolescentes. Entre los 16 y 17 años. Todas ellas habían sido raptadas en lugares donde eran vulnerables, en plena calle y desprotegidas. Los secuestros estaban cuidadosamente planeados, buscando mantener el control. El progresivo aumento de la violencia llamó la atención de Hotchner. La escalada de agresividad era insólita, pero tenia una explicación: el asesino tenia una obsesion por el control y experimentaba con sus víctimas. Seguía un ritual psicológico. Llegó el momento de establecer un perfil geográfico, delimitado por las zonas donde los cadáveres habían aparecido. No les costó demasiado tiempo triangular la zona. Aunque sí llevó más tiempo encontrar un nombre que encajase en el perfil: Varón. Entre 30 y 35 años. Trabajaría en algo que lo permitiera pasar desapercibido. Algo como bibliotecario, administrativo, técnico de laboratorio. Un trabajo que lo hiciera sentir inferior. Inteligente y meticuloso. Introvertido, evitaría el contacto social y no miraría a los ojos. Tremendamente obsesionado con el control seria siempre puntual y perdería los nervios con quien no lo fuera. Y ese perfil les dio cinco sospechosos que trabajaban en la zona cercana a la aparición de los cuerpos. Inmediatamente la comisaria envio policías a las residencias y lugares de trabajo de los cinco hombres. Lo tenían casi todo. Las victimas de las mismas edades, todas de cabello oscuro y ojos marrones y de carácter introspectivo. La única que no encajaba era Rowan… Rubia, ojos azules, abierta y alegre… -Fue un daño colateral -declaró Hotch levantándose de la mesa donde habia estado repasando el caso y acudiendo hasta la pizarra donde tenían las fotografías de las chicas- Marjorie, Stephany, Sally y Bethany son morenas, introvertidas. Chicas que pasarían desapercibidas…- señaló la foto de Rowan- Ella es quien no encaja. No iba a por ella. Pero tuvo que llevársela. Bethany era su objetivo pero no podía dejar que Rowan se fuera… Creo que por eso no la ha matado aun. No sabe qué hacer con ella. El escaso optimismo que habían sentido se esfumó cuando la radio informó de la aparición del cuerpo de Bethany Moller. -¿Señor? -preguntó un oficial desde su mesa, apartando el auricular de su teléfono y apartándolo con una mano- Hastings ha ido hasta la fábrica de toallitas de Coller Lane. Dicen que Fallon Turner no ha ido a trabajar desde hace dos dias. -Le tenemos… -Gideon se levantó de la mesa- ¿Qué propiedades tiene Turner? -preguntó acercándose al joven, quien se puso a rebuscar rápidamente entre los informes sobre su mesa. Tres años más tarde la Unidad de Análisis de Conducta contrataría a la mejor Analista de Sistemas del país, pero mientras tanto… -Tie-tiene una casa en el centro del pueblo pero heredó la granja de su familia cuando sus padres murieron hace dos años. Está deshabitada y en riesgo por embargo… -respondió el chico. Gideon tomó apresuradamente un post-it y anoto la dirección antes de coger su chaqueta y empezar a caminar hacia la puerta. Rossi y Hotch lo siguieron. >> Dos coches del FBI y dos patrullas se internaban veinte minutos más tarde en los terrenos de la familia Turner. Hotch bajó de su coche y sacó su arma. Gideon y Rossi descendieron de su coche imitando el gesto del más joven. La ávida mirada de Hotch recorrió el escenario y, al mismo tiempo que Gideon y Rossi, vio como Fallon Turner los miraba desde el interior de la casa antes de echar a correr hacia la puerta trasera. En el fondo de la habitación una mujer rubia permanecía atada a una silla. -¡Hotchner! ¡Ocúpate de la chica! -gritó Gideon mientras Rossi y él ya rodeaban la casa por ambos flancos. Aaron no perdió ni siquiera dos segundos. Derribó la puerta de madera de una patada y entró con el arma de frente, revisando toda la estancia a su alrededor. Más por protocolo y precaución que por advertencia de una verdadera amenaza. Al resolver que no quedaban más individuos, caminó hasta la habitación que quedaba a su derecha y guardó el arma en la cartuchera mientras se acercaba rápidamente hasta Rowan. -¿Rowan? -preguntó acercándose a ella con un nudo en la garganta temiendo haber llegado tarde. Pero al fin ella alzó el rostro de forma cansada- Soy el agente Hotchner. Estás a salvo… Estás a salvo…- dijo llevando las manos a la mordaza que llevaba a la boca y la desató- ¿Estás bien? Voy a desatarte…- sacó una pequeña navaja de su bolsillo y con rapidez soltó las bridas que la mantenían atada a la silla- Vamos a llevarte a casa, ¿de acuerdo? -dijo ayudándola a levantarse para tomarla en volandas.
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  • Quien fuerza las alas antes de que aprendan el dolor del encierro, no libera… sentencia.

    Quien abre la semilla con manos impacientes, no salva el brote… lo condena a no nacer jamás.

    Y quien sacude una mente que aún duerme, no la ilumina… la arroja al abismo de aquello que no puede comprender.
    Existen procesos que rehúyen la caridad.
    No admiten rescate ni misericordia.
    Solo obedecen a la lenta, inevitable violencia de crecer desde las entrañas hacia la luz.
    Quien fuerza las alas antes de que aprendan el dolor del encierro, no libera… sentencia. Quien abre la semilla con manos impacientes, no salva el brote… lo condena a no nacer jamás. Y quien sacude una mente que aún duerme, no la ilumina… la arroja al abismo de aquello que no puede comprender. Existen procesos que rehúyen la caridad. No admiten rescate ni misericordia. Solo obedecen a la lenta, inevitable violencia de crecer desde las entrañas hacia la luz.
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  • La fe: la forma más fácil de manipular a la gente.
    Es el atajo más rápido para dominar a alguien. No necesitas demostrar nada. Sólo prometerlo.
    Cuando una persona cree, baja la guardia.
    Entrega su duda, su criterio, su miedo.
    Y en ese espacio vacío entra la voz que dice: "Dios quiere esto".
    Con fe puedes hacer que alguien soporte abuso.
    Que justifique pobreza.
    Que acepte dolor como prueba.
    Que obedezca sin entender.
    No hace falta violencia. La creencia hace el trabajo sucio.
    Todo en nombre de algo invisible.
    La fe convierte órdenes humanas en mandatos divinos.
    Y contra Dios no se discute.
    Por eso es tan peligrosa en manos equivocadas. Porque no controla el cuerpo: controla la conciencia.
    No te quitan la libertad. Te hacen creer que entregarla es virtud.
    Y cuando dudar se vuelve pecado, la manipulación ya no necesita cadenas.
    Sólo necesita creencias.
    La fe: la forma más fácil de manipular a la gente. Es el atajo más rápido para dominar a alguien. No necesitas demostrar nada. Sólo prometerlo. Cuando una persona cree, baja la guardia. Entrega su duda, su criterio, su miedo. Y en ese espacio vacío entra la voz que dice: "Dios quiere esto". Con fe puedes hacer que alguien soporte abuso. Que justifique pobreza. Que acepte dolor como prueba. Que obedezca sin entender. No hace falta violencia. La creencia hace el trabajo sucio. Todo en nombre de algo invisible. La fe convierte órdenes humanas en mandatos divinos. Y contra Dios no se discute. Por eso es tan peligrosa en manos equivocadas. Porque no controla el cuerpo: controla la conciencia. No te quitan la libertad. Te hacen creer que entregarla es virtud. Y cuando dudar se vuelve pecado, la manipulación ya no necesita cadenas. Sólo necesita creencias.
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  • “𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒄𝒉𝒐𝒓𝒓𝒐 𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒗𝒐 𝒂𝒎𝒐…”

    Marioneta de un poder ajeno. Mente débil, sin voluntad propia. Dormía a la espera de una palabra clave: un susurro bastaba para liberar la violencia que mantenía contenida en la fragilidad de su interior.

    No le importaba la liberación del hombre. No había mejor manera de obtener una victoria que destruir al enemigo desde dentro, usando sus propios juguetes. Redirigió el disparador a su creador.

    ──── Un disparador tan simple lo condena. Me sorprende la poca inteligencia de tu amo, demasiado novato para liderar una manada que no le pertenece. Ahora, solo queda esperar a ver quién será el siguiente en caer.
    “𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒄𝒉𝒐𝒓𝒓𝒐 𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒗𝒐 𝒂𝒎𝒐…” Marioneta de un poder ajeno. Mente débil, sin voluntad propia. Dormía a la espera de una palabra clave: un susurro bastaba para liberar la violencia que mantenía contenida en la fragilidad de su interior. No le importaba la liberación del hombre. No había mejor manera de obtener una victoria que destruir al enemigo desde dentro, usando sus propios juguetes. Redirigió el disparador a su creador. ──── Un disparador tan simple lo condena. Me sorprende la poca inteligencia de tu amo, demasiado novato para liderar una manada que no le pertenece. Ahora, solo queda esperar a ver quién será el siguiente en caer.
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  • Se dejó caer con cuidado en la orilla del lago, apoyando la espalda contra una roca húmeda, el agua estaba inmóvil, como si el mundo entero hubiese decidido guardar silencio después de la violencia de la noche. A su lado, el hacha descansaba manchada de sangre oscura, y ella la limpiaba lentamente con un trozo de tela arrancado de su chaqueta.

    Sus brazos dolían, los hombros le ardían y cada músculo le recordaba las horas que pasó despejando caminantes uno por uno. Aun así, su postura seguía alerta, la mirada turquesa recorría los árboles, el reflejo del agua, cualquier sombra que pudiera moverse.

    El aire frío del amanecer le llenó los pulmones, y por primera vez desde hacía mucho, no escuchó gruñidos, ni pasos arrastrados, ni gritos humanos. Solo el leve murmullo del agua y el canto lejano de un ave, apoyó los codos sobre las rodillas, bajó un poco la cabeza y cerró los ojos unos segundos, no era descanso verdadero, pero era lo más cercano a la paz que ese mundo le permitía, por ahora era suficiente.
    Se dejó caer con cuidado en la orilla del lago, apoyando la espalda contra una roca húmeda, el agua estaba inmóvil, como si el mundo entero hubiese decidido guardar silencio después de la violencia de la noche. A su lado, el hacha descansaba manchada de sangre oscura, y ella la limpiaba lentamente con un trozo de tela arrancado de su chaqueta. Sus brazos dolían, los hombros le ardían y cada músculo le recordaba las horas que pasó despejando caminantes uno por uno. Aun así, su postura seguía alerta, la mirada turquesa recorría los árboles, el reflejo del agua, cualquier sombra que pudiera moverse. El aire frío del amanecer le llenó los pulmones, y por primera vez desde hacía mucho, no escuchó gruñidos, ni pasos arrastrados, ni gritos humanos. Solo el leve murmullo del agua y el canto lejano de un ave, apoyó los codos sobre las rodillas, bajó un poco la cabeza y cerró los ojos unos segundos, no era descanso verdadero, pero era lo más cercano a la paz que ese mundo le permitía, por ahora era suficiente.
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  • Los ojos de Chantle Parte II
    Fandom Linaje Queen
    Categoría Acción
    Akane Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar Akane
    Hannah Queen Queen Hannah
    Ryu リュウ・イシュタル・ヨキン Ryu
    Chantle Queen Ishtar Chantle
    Jenny Queen Orc Jenny
    𝐀yane 𝐈𝐬𝐡𝐭𝐚𝐫 Ayane
    Jason Jaegerjaquez Ishtar Jason

    El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad.

    No es una construcción.
    Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua.

    Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama.

    Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra.

    En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona.

    Las paredes se mueven con violencia.

    El suelo cruje.

    Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne.

    —Un laberinto… —alcanza a decir Akane.

    El castillo intenta separarnos.
    Confundirnos.
    Jugar con nosotras.
    Y entonces algo dentro de mí revienta.

    La imagen de Jason cayendo.
    Su despedida.
    El sacrificio que no pude impedir.

    No.
    No voy a seguirle el juego a este maldito lugar.
    Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño.

    El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede.

    Igual que cuando era pequeña.
    Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar.
    El día que conocí a Oz.
    El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea.

    —¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas!

    Vuelvo a golpear.
    El castillo tiembla, pero se burla.

    —¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate!

    Un tercer golpe.

    —¡Mentiroso!
    —¡Tramposo!
    —¡Estoy aquí… padre!

    El último impacto abre mi piel.
    La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene.

    Durante un instante eterno, nada se mueve.

    La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración.

    Entonces, cede.

    Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa.

    La biblioteca.

    Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido.

    Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario.
    Su mirada se fija directamente en Chantle.

    —Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—.
    —Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto...

    Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente.

    Hannah se aferra a mí.
    Y entonces ocurre.
    Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas.

    ¿Magia Elunai?
    ¿La protección de Selin?
    No lo sé. Solo sé que funciona.
    Respiro de nuevo.
    Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio.

    No lo ofrece a nadie más.
    Solo a Chantle.
    Y en ese instante, un frío recorre mi espalda.

    —¿Ayane…? —susurro.
    Miro alrededor.
    No está.

    La comprensión llega tarde.

    Demasiado tarde.
    [akane_qi] Akane [stellar_white_bear_102] Hannah [Ryu] Ryu [frost_platinum_hare_393] Chantle [queen_0] Jenny [Ayane_Ishtar] Ayane [Jason07] Jason El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad. No es una construcción. Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua. Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama. Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra. En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona. Las paredes se mueven con violencia. El suelo cruje. Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne. —Un laberinto… —alcanza a decir Akane. El castillo intenta separarnos. Confundirnos. Jugar con nosotras. Y entonces algo dentro de mí revienta. La imagen de Jason cayendo. Su despedida. El sacrificio que no pude impedir. No. No voy a seguirle el juego a este maldito lugar. Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño. El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede. Igual que cuando era pequeña. Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar. El día que conocí a Oz. El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea. —¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas! Vuelvo a golpear. El castillo tiembla, pero se burla. —¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate! Un tercer golpe. —¡Mentiroso! —¡Tramposo! —¡Estoy aquí… padre! El último impacto abre mi piel. La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene. Durante un instante eterno, nada se mueve. La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración. Entonces, cede. Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa. La biblioteca. Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido. Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario. Su mirada se fija directamente en Chantle. —Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—. —Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto... Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente. Hannah se aferra a mí. Y entonces ocurre. Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas. ¿Magia Elunai? ¿La protección de Selin? No lo sé. Solo sé que funciona. Respiro de nuevo. Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio. No lo ofrece a nadie más. Solo a Chantle. Y en ese instante, un frío recorre mi espalda. —¿Ayane…? —susurro. Miro alrededor. No está. La comprensión llega tarde. Demasiado tarde.
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  • Dean no había planeado terminar en un bar de Lebanon esa noche. En realidad, su idea original era “solo una cerveza rápida” después de una cacería particularmente asquerosa. Pero el Rusty Spur estaba más lleno de lo normal: luces de neón parpadeando, música country demasiado alta y un grupo de personas reunidas alrededor de algo que parecía… divertido.

    Un toro mecánico.

    Dean levantó una ceja.
    —Esto es nuevo —murmuró, entrando como si aquel fuera su territorio natural.

    Un cartel hecho con cartulina anunciaba: TORNEO DE TORO MECÁNICO – GANADOR: BEBIDAS GRATIS TODA LA NOCHE.

    Sus ojos brillaron con la intensidad de alguien que acababa de encontrar su propósito en la vida.

    Se apoyó en la barra y pidió una cerveza mientras observaba a los participantes: un tipo demasiado borracho cayó a los tres segundos, una chica aguantó casi veinte antes de salir volando entre risas, y otro terminó enredado con la cuerda como si el toro lo hubiera declarado enemigo personal.

    Dean sonrió de medio lado.
    —Vamos, cariño… tú y yo tenemos asuntos pendientes.

    Cuando anunciaron su turno, algunos lo miraron con curiosidad: camisa de franela, botas gastadas, expresión confiada. El operador del toro le explicó las reglas con voz aburrida.

    —El que dure más tiempo gana.

    Dean se subió al toro con una facilidad insultante y se ajustó el agarre.

    —Hazlo interesante —le dijo al operador—. No seas tímido.

    La música subió. El toro empezó lento, casi burlón. Dean se balanceaba con naturalidad, como si hubiera nacido para eso. La gente comenzó a animar. Luego el toro aceleró, giró con violencia, saltó de un lado a otro.
    Dean apretó los dientes cuando el toro hizo un giro brusco que habría lanzado a cualquiera al suelo. Pero él se mantuvo firme, una mano en alto, la otra aferrada como si fuera una cacería más.

    —¡Vamos! —gritó alguien desde la barra.

    El operador subió la dificultad al máximo. El toro parecía poseído por algo del infierno. Dean estuvo a punto de caer cuando el animal dio un latigazo final… pero logró recuperar el equilibrio con una risa salvaje.

    Y entonces… se detuvo.

    Silencio.

    Un segundo después, el bar explotó en aplausos y vítores.

    —¡Tenemos ganador! —anunció el camarero—. ¡El vaquero de cuadros!

    Dean se dejó caer al suelo, respirando agitado, con una sonrisa enorme.

    —Eso… ha sido lo mejor de la semana —dijo, levantándose.

    Alguien le puso una cerveza en la mano. Luego otra. Y otra más.

    Durante el resto de la noche fue tratado como una leyenda local: palmadas en la espalda, fotos con desconocidos y comentarios como “Ese tipo montó el toro como si fuera el Apocalipsis”.

    Cuando volvió al búnker horas después, oliendo a cerveza y gloria, Sam lo miró desde la mesa de mapas.

    —¿Dónde estabas?

    Dean dejó el trofeo sobre la mesa con orgullo.

    —Ganando el primero torneo de toro mecánico de Lebanon.

    Sam parpadeó.
    —…¿Por qué no me sorprende?

    Dean se encogió de hombros, sonriendo.

    —Hay cosas que simplemente están escritas en mi destino, Sammy.

    Y esa noche, el destino llevaba botas, música country y bebidas gratis.
    Dean no había planeado terminar en un bar de Lebanon esa noche. En realidad, su idea original era “solo una cerveza rápida” después de una cacería particularmente asquerosa. Pero el Rusty Spur estaba más lleno de lo normal: luces de neón parpadeando, música country demasiado alta y un grupo de personas reunidas alrededor de algo que parecía… divertido. Un toro mecánico. Dean levantó una ceja. —Esto es nuevo —murmuró, entrando como si aquel fuera su territorio natural. Un cartel hecho con cartulina anunciaba: TORNEO DE TORO MECÁNICO – GANADOR: BEBIDAS GRATIS TODA LA NOCHE. Sus ojos brillaron con la intensidad de alguien que acababa de encontrar su propósito en la vida. Se apoyó en la barra y pidió una cerveza mientras observaba a los participantes: un tipo demasiado borracho cayó a los tres segundos, una chica aguantó casi veinte antes de salir volando entre risas, y otro terminó enredado con la cuerda como si el toro lo hubiera declarado enemigo personal. Dean sonrió de medio lado. —Vamos, cariño… tú y yo tenemos asuntos pendientes. Cuando anunciaron su turno, algunos lo miraron con curiosidad: camisa de franela, botas gastadas, expresión confiada. El operador del toro le explicó las reglas con voz aburrida. —El que dure más tiempo gana. Dean se subió al toro con una facilidad insultante y se ajustó el agarre. —Hazlo interesante —le dijo al operador—. No seas tímido. La música subió. El toro empezó lento, casi burlón. Dean se balanceaba con naturalidad, como si hubiera nacido para eso. La gente comenzó a animar. Luego el toro aceleró, giró con violencia, saltó de un lado a otro. Dean apretó los dientes cuando el toro hizo un giro brusco que habría lanzado a cualquiera al suelo. Pero él se mantuvo firme, una mano en alto, la otra aferrada como si fuera una cacería más. —¡Vamos! —gritó alguien desde la barra. El operador subió la dificultad al máximo. El toro parecía poseído por algo del infierno. Dean estuvo a punto de caer cuando el animal dio un latigazo final… pero logró recuperar el equilibrio con una risa salvaje. Y entonces… se detuvo. Silencio. Un segundo después, el bar explotó en aplausos y vítores. —¡Tenemos ganador! —anunció el camarero—. ¡El vaquero de cuadros! Dean se dejó caer al suelo, respirando agitado, con una sonrisa enorme. —Eso… ha sido lo mejor de la semana —dijo, levantándose. Alguien le puso una cerveza en la mano. Luego otra. Y otra más. Durante el resto de la noche fue tratado como una leyenda local: palmadas en la espalda, fotos con desconocidos y comentarios como “Ese tipo montó el toro como si fuera el Apocalipsis”. Cuando volvió al búnker horas después, oliendo a cerveza y gloria, Sam lo miró desde la mesa de mapas. —¿Dónde estabas? Dean dejó el trofeo sobre la mesa con orgullo. —Ganando el primero torneo de toro mecánico de Lebanon. Sam parpadeó. —…¿Por qué no me sorprende? Dean se encogió de hombros, sonriendo. —Hay cosas que simplemente están escritas en mi destino, Sammy. Y esa noche, el destino llevaba botas, música country y bebidas gratis.
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  • En un mundo de violencia,
    Son los pequeños momentos los que pueden ser de redención o condena...
    ¿Quien soy yo?
    ¡solo un gato!
    ¿Y tu?
    No sé, ¿qué solias ser antes de ser un gato?
    En un mundo de violencia, Son los pequeños momentos los que pueden ser de redención o condena... ¿Quien soy yo? ¡solo un gato! ¿Y tu? No sé, ¿qué solias ser antes de ser un gato?
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  • ÚLTIMA HORA | EL HORROR TIENE NUEVA DIRECCIÓN: HALLAZGO INDESCRIBIBLE EN LA CIUDAD

    "No hay palabras": La policía ha sellado un perímetro de tres manzanas tras el descubrimiento de una escena de violencia tan extrema que los reportes oficiales han sido clasificados de inmediato.

    "He visto cosas terribles en mi carrera, pero esto... esto no tiene nombre. No es solo un crimen, es una carnicería que desafía la lógica humana. Es como si una bestia hubiera sido liberada en este almacén." — Declaración anónima de un oficial en la escena.

    Los peritos confirman que, aunque hay claros indicios de una lucha desesperada, la naturaleza de las marcas y la dispersión de los restos sugieren que el asesino posiblemente tenga problemas psicológicos.
    ÚLTIMA HORA | EL HORROR TIENE NUEVA DIRECCIÓN: HALLAZGO INDESCRIBIBLE EN LA CIUDAD "No hay palabras": La policía ha sellado un perímetro de tres manzanas tras el descubrimiento de una escena de violencia tan extrema que los reportes oficiales han sido clasificados de inmediato. "He visto cosas terribles en mi carrera, pero esto... esto no tiene nombre. No es solo un crimen, es una carnicería que desafía la lógica humana. Es como si una bestia hubiera sido liberada en este almacén." — Declaración anónima de un oficial en la escena. Los peritos confirman que, aunque hay claros indicios de una lucha desesperada, la naturaleza de las marcas y la dispersión de los restos sugieren que el asesino posiblemente tenga problemas psicológicos.
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