Quien fuerza las alas antes de que aprendan el dolor del encierro, no libera… sentencia.
Quien abre la semilla con manos impacientes, no salva el brote… lo condena a no nacer jamás.
Y quien sacude una mente que aún duerme, no la ilumina… la arroja al abismo de aquello que no puede comprender.
Existen procesos que rehúyen la caridad.
No admiten rescate ni misericordia.
Solo obedecen a la lenta, inevitable violencia de crecer desde las entrañas hacia la luz.
Quien abre la semilla con manos impacientes, no salva el brote… lo condena a no nacer jamás.
Y quien sacude una mente que aún duerme, no la ilumina… la arroja al abismo de aquello que no puede comprender.
Existen procesos que rehúyen la caridad.
No admiten rescate ni misericordia.
Solo obedecen a la lenta, inevitable violencia de crecer desde las entrañas hacia la luz.
Quien fuerza las alas antes de que aprendan el dolor del encierro, no libera… sentencia.
Quien abre la semilla con manos impacientes, no salva el brote… lo condena a no nacer jamás.
Y quien sacude una mente que aún duerme, no la ilumina… la arroja al abismo de aquello que no puede comprender.
Existen procesos que rehúyen la caridad.
No admiten rescate ni misericordia.
Solo obedecen a la lenta, inevitable violencia de crecer desde las entrañas hacia la luz.