UN DIA NORMAL COMO TODOS LOS DIAS
En el instituto Haedong era un lugar donde los golpes hablaban más fuerte que las palabras.
Los profesores llegaban tarde, ignoraban los problemas y dejaban que los estudiantes resolvieran todo entre ellos. Los pasillos estaban llenos de rumores, peleas y miedo. Ahí dentro, si no sabías defenderte, terminabas convertido en una víctima.
Yo Kang Woo-Ming llevaba pocas semanas en el instituto.
Siempre ocupaba el asiento del fondo, junto a la ventana. Dormía durante las clases con la capucha puesta y los auriculares alrededor del cuello, como si el resto del mundo no le importara. Nadie sabía mucho sobre él, excepto que entrenaba boxeo y artes marciales mixtas desde hacía años.
Sus nudillos marcados y los moretones constantes en sus brazos hablaban por sí solos.
Aquella tarde la lluvia golpeaba fuerte las ventanas del salón 2-B. El profesor todavía no llegaba y el aula estaba completamente fuera de control.
Algunos gritaban. Otros jugaban en sus celulares. Y varios observaban en silencio una escena que se repetía casi todos los días.
Yoo Jae-Han estaba siendo arrinconado contra los pupitres por Park Tae-Jun y su grupo.
—¿No entiendes cuando te hablamos? —dijo Tae-Jun empujándolo del pecho.
Jae-Han intentó apartarse, pero otro estudiante lo sujetó del hombro mientras las risas llenaban el salón.
—Mírenlo, parece que va a llorar otra vez.
Un golpe seco hizo que Jae-Han cayera contra el suelo.
Nadie intervenía.
Nadie quería convertirse en el siguiente objetivo.
En la última fila, Kang Woo-Ming seguía dormido con la cabeza apoyada sobre el brazo… hasta que el sonido de una silla arrastrándose violentamente por el piso rompió el ambiente.
Sus ojos se abrieron lentamente.
El salón quedó en silencio apenas levantó la mirada.
Woo-Ming observó a Jae-Han en el suelo y después a Tae-Jun.
Su expresión era fría. Molesta.
Como alguien a quien acababan de despertar en el peor momento.
—Oye —murmuró con voz baja—. ¿Pueden cerrar la boca?
Tae-Jun soltó una risa burlona.
—¿Y tú qué vas a hacer?
Woo-Ming se levantó despacio de su asiento.
El sonido de sus zapatillas contra el piso hizo que varios estudiantes retrocedieran instintivamente.
No parecía enfadado. Eso era lo peor.
Caminó hasta quedar frente a Tae-Jun y miró brevemente a Jae-Han antes de volver la vista hacia el bully.
—Déjalo.
—Hazme.
El golpe salió sin aviso.
Un jab directo al rostro.
Rápido. Preciso. Limpio.
La cabeza de Tae-Jun se movió hacia atrás mientras retrocedía tambaleándose entre las mesas. Los estudiantes soltaron exclamaciones sorprendidas.
Nadie esperaba que alguien golpeara primero a Tae-Jun.
Mucho menos Kang Woo-Ming.
La expresión del bully cambió inmediatamente de burla a rabia.
—¡Maldito bastardo!
Tae-Jun agarró una silla metálica cercana y la levantó violentamente para lanzársela encima.
Pero Woo-Ming reaccionó al instante.
Esquivó el golpe moviendo apenas el cuerpo hacia un lado mientras la silla pasaba rozándolo y chocaba contra un pupitre.
Y entonces contraatacó.
Jab.
Otro jab.
Otro más.
Golpes rápidos y secos impactaron directamente sobre el rostro de Tae-Jun. Su boxeo era demasiado técnico para una pelea escolar. Cada golpe encontraba el mismo lugar: nariz, mandíbula, boca.
Tae-Jun intentó cubrirse, pero Woo-Ming no le daba espacio.
Los puños salían como reflejos automáticos.
Retroceder. Esquivar. Golpear.
Todo perfectamente calculado.
Un último cross impactó de lleno en la mandíbula del bully, haciéndolo caer pesadamente contra el suelo entre las sillas.
Silencio.
Completo silencio.
Incluso los amigos de Tae-Jun habían retrocedido.
Woo-Ming respiró lentamente mientras bajaba las manos. Miró al chico tirado en el piso y luego giró la cabeza hacia el resto del salón.
La tensión seguía flotando en el aire.
Y justo en ese momento, la puerta del aula comenzó a abrirse.
La puerta apenas comenzaba a abrirse cuando Park Tae-Jun volvió a levantarse del suelo.
Respiraba agitado, con sangre bajándole por la nariz y una mirada completamente llena de rabia. Las risas silenciosas de algunos compañeros terminaron de romperle el orgullo.
—Te voy a matar… —escupió entre dientes.
Woo-Ming ni siquiera se movió.
Seguía de pie frente a él, relajado, con las manos bajas como si aquella pelea no significara nada.
Fue entonces cuando Tae-Jun tomó nuevamente la silla metálica caída junto a los pupitres.
Esta vez no dudó.
La levantó por encima del hombro y corrió directamente hacia Woo-Ming dispuesto a golpearlo de lleno.
Varias personas gritaron.
El sonido del metal cortando el aire resonó en el salón.
Pero Woo-Ming reaccionó por puro instinto de combate.
Dio un paso corto hacia adelante, entrando dentro del rango antes de que la silla pudiera tomar fuerza completa.
Y golpeó.
Un puño directo al hígado.
Seco. Rápido. Preciso.
Tae-Jun soltó el aire de golpe, doblándose por el dolor mientras la silla resbalaba de sus manos.
Woo-Ming aprovechó el momento.
Otro golpe al abdomen.
Luego un jab corto al rostro que terminó de hacerlo retroceder.
El bully apenas podía respirar.
Sus piernas temblaban mientras intentaba mantenerse de pie.
Y justo en ese instante—
—¡¡¿QUÉ ESTÁN HACIENDO?!!
La voz atravesó el salón entero.
La profesora Suzy acababa de entrar al aula.
Todos se congelaron inmediatamente.
Woo-Ming giró apenas la cabeza al escuchar el grito y luego miró de nuevo a Tae-Jun, que seguía intentando levantar la silla.
El chico soltó un suspiro cansado antes de hablar con total tranquilidad.
—Oye… baja la silla.
Tae-Jun quedó inmóvil.
—Te dije que tus problemas mentales no son asunto mío.
El salón explotó en murmullos y risas ahogadas.
La profesora Suzy caminó rápidamente hacia ellos con expresión furiosa.
—¡¿Quién empezó esta pelea?!
Por primera vez, Tae-Jun parecía completamente perdido.
Woo-Ming observó a la profesora unos segundos y luego, de manera inesperada, bajó la cabeza educadamente.
—Lo siento, profesora.
Después tomó a Tae-Jun de la parte trasera del uniforme y lo obligó a inclinarse también frente a ella.
—Pide perdón.
—¿Qué…?
Woo-Ming apretó un poco más el agarre.
—Hazlo.
Tae-Jun, todavía sin aire y humillado frente a todo el salón, terminó bajando la cabeza a la fuerza.
—…Lo siento.
Las carcajadas comenzaron inmediatamente.
Varios estudiantes se taparon la boca para no reír más fuerte al ver al bully del instituto obligado a disculparse como un niño pequeño.
Incluso algunos grababan escondidos con el celular.
El rostro de Tae-Jun se puso rojo de vergüenza.
Mientras tanto, Kang Woo-Ming simplemente soltó el uniforme del chico y volvió a acomodarse la manga del hoodie como si nada hubiera pasado.
UN DIA NORMAL COMO TODOS LOS DIAS
En el instituto Haedong era un lugar donde los golpes hablaban más fuerte que las palabras.
Los profesores llegaban tarde, ignoraban los problemas y dejaban que los estudiantes resolvieran todo entre ellos. Los pasillos estaban llenos de rumores, peleas y miedo. Ahí dentro, si no sabías defenderte, terminabas convertido en una víctima.
Yo Kang Woo-Ming llevaba pocas semanas en el instituto.
Siempre ocupaba el asiento del fondo, junto a la ventana. Dormía durante las clases con la capucha puesta y los auriculares alrededor del cuello, como si el resto del mundo no le importara. Nadie sabía mucho sobre él, excepto que entrenaba boxeo y artes marciales mixtas desde hacía años.
Sus nudillos marcados y los moretones constantes en sus brazos hablaban por sí solos.
Aquella tarde la lluvia golpeaba fuerte las ventanas del salón 2-B. El profesor todavía no llegaba y el aula estaba completamente fuera de control.
Algunos gritaban. Otros jugaban en sus celulares. Y varios observaban en silencio una escena que se repetía casi todos los días.
Yoo Jae-Han estaba siendo arrinconado contra los pupitres por Park Tae-Jun y su grupo.
—¿No entiendes cuando te hablamos? —dijo Tae-Jun empujándolo del pecho.
Jae-Han intentó apartarse, pero otro estudiante lo sujetó del hombro mientras las risas llenaban el salón.
—Mírenlo, parece que va a llorar otra vez.
Un golpe seco hizo que Jae-Han cayera contra el suelo.
Nadie intervenía.
Nadie quería convertirse en el siguiente objetivo.
En la última fila, Kang Woo-Ming seguía dormido con la cabeza apoyada sobre el brazo… hasta que el sonido de una silla arrastrándose violentamente por el piso rompió el ambiente.
Sus ojos se abrieron lentamente.
El salón quedó en silencio apenas levantó la mirada.
Woo-Ming observó a Jae-Han en el suelo y después a Tae-Jun.
Su expresión era fría. Molesta.
Como alguien a quien acababan de despertar en el peor momento.
—Oye —murmuró con voz baja—. ¿Pueden cerrar la boca?
Tae-Jun soltó una risa burlona.
—¿Y tú qué vas a hacer?
Woo-Ming se levantó despacio de su asiento.
El sonido de sus zapatillas contra el piso hizo que varios estudiantes retrocedieran instintivamente.
No parecía enfadado. Eso era lo peor.
Caminó hasta quedar frente a Tae-Jun y miró brevemente a Jae-Han antes de volver la vista hacia el bully.
—Déjalo.
—Hazme.
El golpe salió sin aviso.
Un jab directo al rostro.
Rápido. Preciso. Limpio.
La cabeza de Tae-Jun se movió hacia atrás mientras retrocedía tambaleándose entre las mesas. Los estudiantes soltaron exclamaciones sorprendidas.
Nadie esperaba que alguien golpeara primero a Tae-Jun.
Mucho menos Kang Woo-Ming.
La expresión del bully cambió inmediatamente de burla a rabia.
—¡Maldito bastardo!
Tae-Jun agarró una silla metálica cercana y la levantó violentamente para lanzársela encima.
Pero Woo-Ming reaccionó al instante.
Esquivó el golpe moviendo apenas el cuerpo hacia un lado mientras la silla pasaba rozándolo y chocaba contra un pupitre.
Y entonces contraatacó.
Jab.
Otro jab.
Otro más.
Golpes rápidos y secos impactaron directamente sobre el rostro de Tae-Jun. Su boxeo era demasiado técnico para una pelea escolar. Cada golpe encontraba el mismo lugar: nariz, mandíbula, boca.
Tae-Jun intentó cubrirse, pero Woo-Ming no le daba espacio.
Los puños salían como reflejos automáticos.
Retroceder. Esquivar. Golpear.
Todo perfectamente calculado.
Un último cross impactó de lleno en la mandíbula del bully, haciéndolo caer pesadamente contra el suelo entre las sillas.
Silencio.
Completo silencio.
Incluso los amigos de Tae-Jun habían retrocedido.
Woo-Ming respiró lentamente mientras bajaba las manos. Miró al chico tirado en el piso y luego giró la cabeza hacia el resto del salón.
La tensión seguía flotando en el aire.
Y justo en ese momento, la puerta del aula comenzó a abrirse.
La puerta apenas comenzaba a abrirse cuando Park Tae-Jun volvió a levantarse del suelo.
Respiraba agitado, con sangre bajándole por la nariz y una mirada completamente llena de rabia. Las risas silenciosas de algunos compañeros terminaron de romperle el orgullo.
—Te voy a matar… —escupió entre dientes.
Woo-Ming ni siquiera se movió.
Seguía de pie frente a él, relajado, con las manos bajas como si aquella pelea no significara nada.
Fue entonces cuando Tae-Jun tomó nuevamente la silla metálica caída junto a los pupitres.
Esta vez no dudó.
La levantó por encima del hombro y corrió directamente hacia Woo-Ming dispuesto a golpearlo de lleno.
Varias personas gritaron.
El sonido del metal cortando el aire resonó en el salón.
Pero Woo-Ming reaccionó por puro instinto de combate.
Dio un paso corto hacia adelante, entrando dentro del rango antes de que la silla pudiera tomar fuerza completa.
Y golpeó.
Un puño directo al hígado.
Seco. Rápido. Preciso.
Tae-Jun soltó el aire de golpe, doblándose por el dolor mientras la silla resbalaba de sus manos.
Woo-Ming aprovechó el momento.
Otro golpe al abdomen.
Luego un jab corto al rostro que terminó de hacerlo retroceder.
El bully apenas podía respirar.
Sus piernas temblaban mientras intentaba mantenerse de pie.
Y justo en ese instante—
—¡¡¿QUÉ ESTÁN HACIENDO?!!
La voz atravesó el salón entero.
La profesora Suzy acababa de entrar al aula.
Todos se congelaron inmediatamente.
Woo-Ming giró apenas la cabeza al escuchar el grito y luego miró de nuevo a Tae-Jun, que seguía intentando levantar la silla.
El chico soltó un suspiro cansado antes de hablar con total tranquilidad.
—Oye… baja la silla.
Tae-Jun quedó inmóvil.
—Te dije que tus problemas mentales no son asunto mío.
El salón explotó en murmullos y risas ahogadas.
La profesora Suzy caminó rápidamente hacia ellos con expresión furiosa.
—¡¿Quién empezó esta pelea?!
Por primera vez, Tae-Jun parecía completamente perdido.
Woo-Ming observó a la profesora unos segundos y luego, de manera inesperada, bajó la cabeza educadamente.
—Lo siento, profesora.
Después tomó a Tae-Jun de la parte trasera del uniforme y lo obligó a inclinarse también frente a ella.
—Pide perdón.
—¿Qué…?
Woo-Ming apretó un poco más el agarre.
—Hazlo.
Tae-Jun, todavía sin aire y humillado frente a todo el salón, terminó bajando la cabeza a la fuerza.
—…Lo siento.
Las carcajadas comenzaron inmediatamente.
Varios estudiantes se taparon la boca para no reír más fuerte al ver al bully del instituto obligado a disculparse como un niño pequeño.
Incluso algunos grababan escondidos con el celular.
El rostro de Tae-Jun se puso rojo de vergüenza.
Mientras tanto, Kang Woo-Ming simplemente soltó el uniforme del chico y volvió a acomodarse la manga del hoodie como si nada hubiera pasado.