• El proyecto Theta fue un éxito. Poco elegante, sumamente tosco. A final de cuentas, funcional.

    Así fue, hasta que ese maldito de Ethan Cole demostró compatibilidad total con el virus. Mejoras físicas desorbitantes, alteración a voluntad de la estructura muscular-ósea y alta capacidad de contagio. Erradicó a Theta con perseverancia y fuerza bruta, daño mínimo.

    Uno de los Grises logró darle fin, y los soldados de Black Ops lograron traerlo hasta los laboratorios del doctor Cray. En los restos de esta catacumba comencé un nuevo proyecto; Omega.

    Cole fue compatible con el virus. Pero su insistente rechazo psicológico pronto provocaría que el propio cuerpo lo rechace.

    Theta era funcional, pero era demasiado violento y facil de provocar. Eso, sumado al enorme gasto de recursos que implica gestarlo.

    Omega no solo debe ser mejor, también será el último. El complejo es extenso, los recursos están contados, y lo peor es que la inestabilidad de la nave nodriza inhabilitó la salida más cercana y los pisos superiores están bloqueados por culpa de las constantes peleas contra los infectados.

    Tendré que hacer milagros para que este proyecto funcione. No solo por el bien de los Iluminati, sino por mi propia supervivencia.


    ||POV: Doctor White (Clone)
    ||Mission: Omega project.
    ||Status: Injured.
    El proyecto Theta fue un éxito. Poco elegante, sumamente tosco. A final de cuentas, funcional. Así fue, hasta que ese maldito de Ethan Cole demostró compatibilidad total con el virus. Mejoras físicas desorbitantes, alteración a voluntad de la estructura muscular-ósea y alta capacidad de contagio. Erradicó a Theta con perseverancia y fuerza bruta, daño mínimo. Uno de los Grises logró darle fin, y los soldados de Black Ops lograron traerlo hasta los laboratorios del doctor Cray. En los restos de esta catacumba comencé un nuevo proyecto; Omega. Cole fue compatible con el virus. Pero su insistente rechazo psicológico pronto provocaría que el propio cuerpo lo rechace. Theta era funcional, pero era demasiado violento y facil de provocar. Eso, sumado al enorme gasto de recursos que implica gestarlo. Omega no solo debe ser mejor, también será el último. El complejo es extenso, los recursos están contados, y lo peor es que la inestabilidad de la nave nodriza inhabilitó la salida más cercana y los pisos superiores están bloqueados por culpa de las constantes peleas contra los infectados. Tendré que hacer milagros para que este proyecto funcione. No solo por el bien de los Iluminati, sino por mi propia supervivencia. ||POV: Doctor White (Clone) ||Mission: Omega project. ||Status: Injured.
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  • Disponible para rol , ideal tipo supervivencia , isekai , militar o accion basico.
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  • ⸻> Dato curioso:
    La luna llena de enero se conoce tradicionalmente como la Luna del Lobo. El nombre viene de antiguas culturas del hemisferio norte, que asociaban esta luna con las noches más frías del año, cuando los lobos aullaban con más frecuencia cerca de los asentamientos humanos en busca de alimento. No tiene un origen astronómico, sino cultural, ligado al invierno, al hambre y a la supervivencia.

    En algunos años, cuando esta luna coincide con el momento en que está más cerca de la Tierra, se la llama también superluna del lobo, viéndose ligeramente más grande y brillante de lo habitual. Por eso siempre ha estado rodeada de simbolismo de resistencia, instinto, soledad y ciclos que se cierran para volver a empezar.

    ⸻> Dato curioso: La luna llena de enero se conoce tradicionalmente como la Luna del Lobo. El nombre viene de antiguas culturas del hemisferio norte, que asociaban esta luna con las noches más frías del año, cuando los lobos aullaban con más frecuencia cerca de los asentamientos humanos en busca de alimento. No tiene un origen astronómico, sino cultural, ligado al invierno, al hambre y a la supervivencia. En algunos años, cuando esta luna coincide con el momento en que está más cerca de la Tierra, se la llama también superluna del lobo, viéndose ligeramente más grande y brillante de lo habitual. Por eso siempre ha estado rodeada de simbolismo de resistencia, instinto, soledad y ciclos que se cierran para volver a empezar.
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  • ¿Por qué lo sigo haciendo? ¿Por qué sigo luchando? Al principio fue por simple supervivencia, pero luego vimos el cielo, cada uno de nosotros lo comprendió.

    Libertad, enfrentar la verdad, quizá por el amor más egoísta que una especie podía experimentar. El más grande entre todos nos dijo que eran ilusiones, caprichos de mentes inferiores que, con desesperación, intentaban justificar existencias carentes de propósito.

    Una bifurcación. Ambos caminos nos condujeron a la artificialidad, insípida, como solo nosotros sabemos serlo.

    ¿Por qué persisto? No hay momento en el que no escuche su voz: "es inútil seguir luchando; no ganaran, no lo lograrán, no podrán guiar a nadie, no podrán cambiar nada"

    Pero eso es lo que nos diferencia: es una decisión tomada.
    ¿Por qué lo sigo haciendo? ¿Por qué sigo luchando? Al principio fue por simple supervivencia, pero luego vimos el cielo, cada uno de nosotros lo comprendió. Libertad, enfrentar la verdad, quizá por el amor más egoísta que una especie podía experimentar. El más grande entre todos nos dijo que eran ilusiones, caprichos de mentes inferiores que, con desesperación, intentaban justificar existencias carentes de propósito. Una bifurcación. Ambos caminos nos condujeron a la artificialidad, insípida, como solo nosotros sabemos serlo. ¿Por qué persisto? No hay momento en el que no escuche su voz: "es inútil seguir luchando; no ganaran, no lo lograrán, no podrán guiar a nadie, no podrán cambiar nada" Pero eso es lo que nos diferencia: es una decisión tomada.
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    ‎["Vallis Sanctorum" pueblo fronterizo de Aviñón - 6:03 p.m.]



    — El equipo de dieciocho cazadores se movía cautelosamente por las calles empedradas de aquel pueblo. El ambiente era tenso, pues ya se empazaba a hacer tarde y tampoco teníamos a nuestro "protector" acompañándonos. El sujeto que estaba dos hombres por delante de mí lideraba un flanco; se veía confiado en su entrenamiento, todos lo estábamos... Una vez que nos acercamos a la ubicación designada en el reporte, allí fue cuando todo se empezó a tornar complicado. Fuimos recibidos por un profundo olor a azufre y carne quemada, pero no flaqueamos; nos recordamos que teníamos la orden de "limpiar y asegurar", y eso íbamos a hacer. El caballero que nos había acompañado, Caspian, se había separado del grupo principal (24 cazadores en total) llevándoce a cinco con el (Dejando a los 18 actuales) apenas entramos al pueblo; no dijo su razón para hacerlo, pero sí que nos encomendó a los demás que nos encargáramos de la misión... Al parecer no iba a reagruparse con nosotros pronto, por lo que nos preparamos lo mejor que podíamos. Aunque, supongo que tampoco estábamos tan preocupados; después de todo, se supone que Aviñón no es un lugar tan grande como para perderse, pero lo que no entendíamos era que sus callejones son traicioneros...



    ‎  Con poca delicadeza entramos a la casa. Todo estaba despejado, pero uno de mis compañeros descubrió que había un pasadizo bajo una de las camas; aquello parecía dar al sótano de la casa donde seguramente el nigromante operaba. Todos nos detuvimos a evaluar la situación, pero no había suficiente tiempo como para hacer advertencias, así que fuimos allí. Después de unos minutos caminando entre la oscuridad, únicamente iluminados por las linternas en nuestros chalecos, lo encontramos. Dimos con el nigromante y su laboratorio: era un hombre caucásico, flaco, y su actitud era la de un completo fanático. Gritaba palabras en lo que me pareció un dialecto olvidado. Uno de mis compañeros le gritaba que se detuviera, pero no lo hizo; y justo en el momento en que abrimos fuego, el círculo a sus pies estalló en llamas azules. La onda expansiva nos lanzó a todos por los alrededores; yo choqué contra una pared. El que estaba más cerca del bastardo salió disparado contra el techo y, por increíble que parezca, aquel impacto hizo que este colapsara... Para cuando el polvo se disipaba, noté que dos de mis compañeros habían sido empalados por vigas de madera. Los demás estábamos aún aturdidos, pero aun así levantamos nuestras armas y evaluamos el lugar. Pasaron ocho minutos sin señal de vida del nigromante; había muchos montones de escombros en los cuales buscar, pero todo parecía indicar que el infeliz había muerto... Y en parte lo hizo, pero no del todo. De una de las pilas de escombros salió, pero no un hombre. Salió algo que desafiaba cualquier anatomía sagrada. Los cuerpos sin vida que estuvieron colgando en el techo del laboratorio antes de colapsar, ahora se empezaban a ser arrastrados hacia el centro, como si se tratara de un metal siendo atraido por un gran imán y así fue, hasta que estos acabaron fusionándose con el cuerpo del nigromante.



    ‎  Esa cosa... esa "Abominación" empezó a rugir con diez gargantas diferentes al mismo tiempo. El nigromante se había convertido en una masa amorfa de unos tres metros de altura. No tenía una piel definida; era una combinación de cadáveres fusionados por una energía necrótica inestable, con rostros deformados pero humanos sobresaliendo de su espalda y torso, gritando en un silencio eterno. Usando sus "piernas" pateó unos escombros que alcanzaron la velocidad de un misil; por suerte no apuntaba a ninguno de los nuestros, pero aquello nos demostró que no solo era más fuerte que antes. En cuanto comenzó a moverse, desprendía un gas denso y fétido que no solo nos ralentizaba; eso parecía incluso oxidar el metal de nuestras armas. Ante una amenaza así, todos abrimos fuego al unísono, pero parecía que las balas solo se perdían en su masa sin llegar a tocar los órganos vitales, suponiendo que tuviera alguno... Todos éramos conscientes de nuestro final si peleábamos contra esa cosa en un lugar tan cerrado. Como pudimos, escapamos de la casa, pero afuera no era muy diferente: salimos de la jaula para caer en la ratonera. Esa criatura no era lenta; se desplazaba como una marea de carne que se arrastra por las paredes de los callejones. El líder del flanco nos dio la orden de dividirnos en dos grupos: A y B. El A estaba conformado por los más heridos y el B por aquellos con heridas menores. Se supone que los del grupo B nos encargábamos de retrasar a la bestia mientras dejábamos que el grupo A tomara distancia para que luego nos cubrieran mientras nos movilizabamos. Durante un tiempo corto todo parecía funcionar bien: la bestia comenzaba a volverse más lenta y cada vez sus capas de carne se reducían a un montón de agujeros de carne. Pero mientras el grupo B intentaba sellar un callejón para ganar tiempo, una de las manos desproporcionadas de la abominación —formada por tres brazos humanos trenzados— aplastó a uno de los nuestros. Aquel sujeto no tuvo tiempo de gritar; la masa de carne lo envolvió y lo succionó hacia el interior de su cuerpo.



    ‎  Yo vi cómo el rostro de mi compañero intentaba emerger de la espalda del monstruo, integrándose a la masa necrótica, volviéndose parte del motor que movía a la criatura. Pero eso no nos detuvo. El plan seguía siendo el mismo, pero mientras más hombres perdíamos, peor era la situación. Había dos gemelos en mi equipo que servían como escudo; ellos estaban en la retaguardia. Nos dieron más tiempo que nadie, pero para cuando llegamos a la plaza del pueblo, solo pudimos ver cómo el gas fétido de la Abominación rodeaba todo a su alrededor. No pudimos ver a los gemelos, pero escuchar el grito desgarrador desde donde estaban dejaba en claro qué les ocurrió. Sus pulmones empezaron a arder; tirados en el suelo, sus movimientos se volvieron erráticos hasta que solo se escuchó el crujido de sus armaduras tácticas siendo aplastadas y el sonido de sus armas disparando hasta que solo quedó el silencio y el chapoteo de la carne avanzando. Ahora, en un lugar más abierto como aquella plaza, los que quedábamos no desaprovechamos el sacrificio de los caídos y nos resguardamos. Algunos tenían las bombas incendiarias listas; otros preparaban su mira láser esperando que el monstruo saliera de la jodida niebla que dejaba aquel gas. Para cuando lo hizo, los disparos no se hicieron esperar. El sol ya estaba cayendo, pero la plaza estaba totalmente iluminada por el flash de los proyectiles saliendo de los cañónes junto con una luz naranja que se hacía cada vez más grande. Resultó ser que las bombas incendiarias eran las más efectivas, pero aun así la criatura se rehusaba a morir. En un descuido dejamos que la abominación se acercara demasiado, y yo en un intento por evitar que golpearan por completo a uno de mis compañeros, intenté jalarlo del chaleco, pero al final ese monstruo solo estiró su brazo y así nos golpeó a ambos. Recorrimos una gran distancia; yo terminé atravesando la ventana de una catedral abandonada. Para cuando me pude levantar, podía sentir que el aire de aquella habitación donde caí era extremadamente denso  —pero estaba seguro de que se debía a que mis costillas fracturadas me dificultaban la respiración—  intenté buscar con la vista a mi compañero, pero no parecía haber caído en el mismo lugar que yo



    ‎  Aprovechando aquellos segundos de calma mientras caminaba para salir del lugar, me puse a pensar en todo lo que había salido mal... Nosotros corrimos de esa cosa, y no por valentía, sino por puro instinto de supervivencia. Justo ahora mis hermanos y hermanas estaban afuera, luchando contra esa abominación sin tener la certeza de ganar, pero lo hacían, y yo iba a volver para luchar con ellos. Aunque podía sentir la sangre en mi uniforme y los gritos de los gemelos aún me perforaban los oídos, yo estaba decidido a volver... Hasta que me detuve. Recordé al Gladius Dei que nos había acompañado, Caspian; pensé en aprovechar ese momento e irlo a buscar o contactarlo, pero aquel golpe me había quitado muchas cosas, e incluso si quisiera salir a buscarlo, no sabía ni siquiera por dónde empezar. Esto era frustrante, pero lo que más me molestaba era esa sensación de no poder respirar adecuadamente. Ese malestar que se intensificaba a medida que me acercaba a la puerta para salir de aquella habitación; era como si al otro lado de la catedral hubiera un umbral que me impedía permanecer en el lugar. Seguramente esa sensación de asfixia solo era una de las muchas cosas que transmitía aquel lugar... Y ahora que lo pienso, seguramente la adrenalina y la euforia me mantenían en un estado de relativa insensibilidad; no sabía que mi cuerpo me gritaba que huyera en cuanto tomé el pomo de la puerta y lo giré para encontrarme con lo que había al otro lado. Fue en ese momento cuando me llegó un escalofrío tan fuerte que me hizo temblar como si tuviera fiebre. Inconsientemente busque el hacha que colgaba a mi costado, pues sentía la necesidad vital de sostener un arma con la mano izquierda mientras que con la derecha sostenía mi torso, ya que sentía como si aquel temblor fuera a romper aún más costillas... Justo delante de mí estaba aquella escena que no sabría describir, pero sí que puedo decir algo con claridad: allí se encontraba esa cosa de apariencia femenina, pero yo lo sabía, eso era todo menos una simple y hermosa mujer...
    ‎["Vallis Sanctorum" pueblo fronterizo de Aviñón - 6:03 p.m.] — El equipo de dieciocho cazadores se movía cautelosamente por las calles empedradas de aquel pueblo. El ambiente era tenso, pues ya se empazaba a hacer tarde y tampoco teníamos a nuestro "protector" acompañándonos. El sujeto que estaba dos hombres por delante de mí lideraba un flanco; se veía confiado en su entrenamiento, todos lo estábamos... Una vez que nos acercamos a la ubicación designada en el reporte, allí fue cuando todo se empezó a tornar complicado. Fuimos recibidos por un profundo olor a azufre y carne quemada, pero no flaqueamos; nos recordamos que teníamos la orden de "limpiar y asegurar", y eso íbamos a hacer. El caballero que nos había acompañado, Caspian, se había separado del grupo principal (24 cazadores en total) llevándoce a cinco con el (Dejando a los 18 actuales) apenas entramos al pueblo; no dijo su razón para hacerlo, pero sí que nos encomendó a los demás que nos encargáramos de la misión... Al parecer no iba a reagruparse con nosotros pronto, por lo que nos preparamos lo mejor que podíamos. Aunque, supongo que tampoco estábamos tan preocupados; después de todo, se supone que Aviñón no es un lugar tan grande como para perderse, pero lo que no entendíamos era que sus callejones son traicioneros... ‎ ‎ ‎ ‎  Con poca delicadeza entramos a la casa. Todo estaba despejado, pero uno de mis compañeros descubrió que había un pasadizo bajo una de las camas; aquello parecía dar al sótano de la casa donde seguramente el nigromante operaba. Todos nos detuvimos a evaluar la situación, pero no había suficiente tiempo como para hacer advertencias, así que fuimos allí. Después de unos minutos caminando entre la oscuridad, únicamente iluminados por las linternas en nuestros chalecos, lo encontramos. Dimos con el nigromante y su laboratorio: era un hombre caucásico, flaco, y su actitud era la de un completo fanático. Gritaba palabras en lo que me pareció un dialecto olvidado. Uno de mis compañeros le gritaba que se detuviera, pero no lo hizo; y justo en el momento en que abrimos fuego, el círculo a sus pies estalló en llamas azules. La onda expansiva nos lanzó a todos por los alrededores; yo choqué contra una pared. El que estaba más cerca del bastardo salió disparado contra el techo y, por increíble que parezca, aquel impacto hizo que este colapsara... Para cuando el polvo se disipaba, noté que dos de mis compañeros habían sido empalados por vigas de madera. Los demás estábamos aún aturdidos, pero aun así levantamos nuestras armas y evaluamos el lugar. Pasaron ocho minutos sin señal de vida del nigromante; había muchos montones de escombros en los cuales buscar, pero todo parecía indicar que el infeliz había muerto... Y en parte lo hizo, pero no del todo. De una de las pilas de escombros salió, pero no un hombre. Salió algo que desafiaba cualquier anatomía sagrada. Los cuerpos sin vida que estuvieron colgando en el techo del laboratorio antes de colapsar, ahora se empezaban a ser arrastrados hacia el centro, como si se tratara de un metal siendo atraido por un gran imán y así fue, hasta que estos acabaron fusionándose con el cuerpo del nigromante. ‎ ‎ ‎ ‎  Esa cosa... esa "Abominación" empezó a rugir con diez gargantas diferentes al mismo tiempo. El nigromante se había convertido en una masa amorfa de unos tres metros de altura. No tenía una piel definida; era una combinación de cadáveres fusionados por una energía necrótica inestable, con rostros deformados pero humanos sobresaliendo de su espalda y torso, gritando en un silencio eterno. Usando sus "piernas" pateó unos escombros que alcanzaron la velocidad de un misil; por suerte no apuntaba a ninguno de los nuestros, pero aquello nos demostró que no solo era más fuerte que antes. En cuanto comenzó a moverse, desprendía un gas denso y fétido que no solo nos ralentizaba; eso parecía incluso oxidar el metal de nuestras armas. Ante una amenaza así, todos abrimos fuego al unísono, pero parecía que las balas solo se perdían en su masa sin llegar a tocar los órganos vitales, suponiendo que tuviera alguno... Todos éramos conscientes de nuestro final si peleábamos contra esa cosa en un lugar tan cerrado. Como pudimos, escapamos de la casa, pero afuera no era muy diferente: salimos de la jaula para caer en la ratonera. Esa criatura no era lenta; se desplazaba como una marea de carne que se arrastra por las paredes de los callejones. El líder del flanco nos dio la orden de dividirnos en dos grupos: A y B. El A estaba conformado por los más heridos y el B por aquellos con heridas menores. Se supone que los del grupo B nos encargábamos de retrasar a la bestia mientras dejábamos que el grupo A tomara distancia para que luego nos cubrieran mientras nos movilizabamos. Durante un tiempo corto todo parecía funcionar bien: la bestia comenzaba a volverse más lenta y cada vez sus capas de carne se reducían a un montón de agujeros de carne. Pero mientras el grupo B intentaba sellar un callejón para ganar tiempo, una de las manos desproporcionadas de la abominación —formada por tres brazos humanos trenzados— aplastó a uno de los nuestros. Aquel sujeto no tuvo tiempo de gritar; la masa de carne lo envolvió y lo succionó hacia el interior de su cuerpo. ‎ ‎ ‎ ‎  Yo vi cómo el rostro de mi compañero intentaba emerger de la espalda del monstruo, integrándose a la masa necrótica, volviéndose parte del motor que movía a la criatura. Pero eso no nos detuvo. El plan seguía siendo el mismo, pero mientras más hombres perdíamos, peor era la situación. Había dos gemelos en mi equipo que servían como escudo; ellos estaban en la retaguardia. Nos dieron más tiempo que nadie, pero para cuando llegamos a la plaza del pueblo, solo pudimos ver cómo el gas fétido de la Abominación rodeaba todo a su alrededor. No pudimos ver a los gemelos, pero escuchar el grito desgarrador desde donde estaban dejaba en claro qué les ocurrió. Sus pulmones empezaron a arder; tirados en el suelo, sus movimientos se volvieron erráticos hasta que solo se escuchó el crujido de sus armaduras tácticas siendo aplastadas y el sonido de sus armas disparando hasta que solo quedó el silencio y el chapoteo de la carne avanzando. Ahora, en un lugar más abierto como aquella plaza, los que quedábamos no desaprovechamos el sacrificio de los caídos y nos resguardamos. Algunos tenían las bombas incendiarias listas; otros preparaban su mira láser esperando que el monstruo saliera de la jodida niebla que dejaba aquel gas. Para cuando lo hizo, los disparos no se hicieron esperar. El sol ya estaba cayendo, pero la plaza estaba totalmente iluminada por el flash de los proyectiles saliendo de los cañónes junto con una luz naranja que se hacía cada vez más grande. Resultó ser que las bombas incendiarias eran las más efectivas, pero aun así la criatura se rehusaba a morir. En un descuido dejamos que la abominación se acercara demasiado, y yo en un intento por evitar que golpearan por completo a uno de mis compañeros, intenté jalarlo del chaleco, pero al final ese monstruo solo estiró su brazo y así nos golpeó a ambos. Recorrimos una gran distancia; yo terminé atravesando la ventana de una catedral abandonada. Para cuando me pude levantar, podía sentir que el aire de aquella habitación donde caí era extremadamente denso  —pero estaba seguro de que se debía a que mis costillas fracturadas me dificultaban la respiración—  intenté buscar con la vista a mi compañero, pero no parecía haber caído en el mismo lugar que yo ‎ ‎ ‎ ‎  Aprovechando aquellos segundos de calma mientras caminaba para salir del lugar, me puse a pensar en todo lo que había salido mal... Nosotros corrimos de esa cosa, y no por valentía, sino por puro instinto de supervivencia. Justo ahora mis hermanos y hermanas estaban afuera, luchando contra esa abominación sin tener la certeza de ganar, pero lo hacían, y yo iba a volver para luchar con ellos. Aunque podía sentir la sangre en mi uniforme y los gritos de los gemelos aún me perforaban los oídos, yo estaba decidido a volver... Hasta que me detuve. Recordé al Gladius Dei que nos había acompañado, Caspian; pensé en aprovechar ese momento e irlo a buscar o contactarlo, pero aquel golpe me había quitado muchas cosas, e incluso si quisiera salir a buscarlo, no sabía ni siquiera por dónde empezar. Esto era frustrante, pero lo que más me molestaba era esa sensación de no poder respirar adecuadamente. Ese malestar que se intensificaba a medida que me acercaba a la puerta para salir de aquella habitación; era como si al otro lado de la catedral hubiera un umbral que me impedía permanecer en el lugar. Seguramente esa sensación de asfixia solo era una de las muchas cosas que transmitía aquel lugar... Y ahora que lo pienso, seguramente la adrenalina y la euforia me mantenían en un estado de relativa insensibilidad; no sabía que mi cuerpo me gritaba que huyera en cuanto tomé el pomo de la puerta y lo giré para encontrarme con lo que había al otro lado. Fue en ese momento cuando me llegó un escalofrío tan fuerte que me hizo temblar como si tuviera fiebre. Inconsientemente busque el hacha que colgaba a mi costado, pues sentía la necesidad vital de sostener un arma con la mano izquierda mientras que con la derecha sostenía mi torso, ya que sentía como si aquel temblor fuera a romper aún más costillas... Justo delante de mí estaba aquella escena que no sabría describir, pero sí que puedo decir algo con claridad: allí se encontraba esa cosa de apariencia femenina, pero yo lo sabía, eso era todo menos una simple y hermosa mujer...
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  • En su defensa solo tenía que decir:¡Solo bebió una copa!¡¿Como iba a saber que esta no se vaciaría nunca?! Es más,ni si quiera quería beber una, Arqckniss era muy consciente de que cuando bebía le cambiaba el carácter por lo que ya de por si, lo evitaba. Pero uno de los amigos extraños de su hermano le insistió, e insistió e insistió y tuvo que decir que si.

    Por suerte era muy tarde en la madrugada y había llegado bien a casa, tanto él como la yegua de Striker que ya reposaba tranquila en su establo. Pero ¿Como llegó? Un misterio sin resolver. El caso es que con cuidado abrió la puerta de la casa, una de ellas y entró tranquilamente,pese a estar medio mareado y es que estaba en modo supervivencia. A penas se dió algún pequeño tropezón tal y como estaba todo tirado. Algunos familiares le miraron extrañados al no haberlo lo visto en todo el día,y más que acostumbrado a fingir sobriedad, simplemente los saludo con la mano y una cara que parecía entre el cansancio y la indiferencia. Subió torpemente las escaleras y es que por poco más y se equivocó de barandilla pues iba tan pedo en realidad wue veía doble por momento.

    No fue hasta que llegó a la habitación que compartía con su prometido que el infierno se desató, cerrando la puerta tras de sí fue que su cuerpo se relajó y dejó de fingir sobriedad y esto se notó, pues a la que dió un paso se tropezó con el primer pedazo de algo que en sus mejores días fue un mueble, rodando por el suelo, quedando sentado y esponjosandosele el pelaje de golpe hasta el punto que parecía una bola de pelo negra, con muchos ojos y las mejillas completamente rojas. Pero, en lugar de maldecir solo parpadeo un par de veces, como si estuviera procesando por que estaba en el suelo y no de pie y se echó a reír, tapándose la boca con las manos en un gesto extrañamente ingenuo para como era normalmente la araña.

    Striker
    En su defensa solo tenía que decir:¡Solo bebió una copa!¡¿Como iba a saber que esta no se vaciaría nunca?! Es más,ni si quiera quería beber una, Arqckniss era muy consciente de que cuando bebía le cambiaba el carácter por lo que ya de por si, lo evitaba. Pero uno de los amigos extraños de su hermano le insistió, e insistió e insistió y tuvo que decir que si. Por suerte era muy tarde en la madrugada y había llegado bien a casa, tanto él como la yegua de Striker que ya reposaba tranquila en su establo. Pero ¿Como llegó? Un misterio sin resolver. El caso es que con cuidado abrió la puerta de la casa, una de ellas y entró tranquilamente,pese a estar medio mareado y es que estaba en modo supervivencia. A penas se dió algún pequeño tropezón tal y como estaba todo tirado. Algunos familiares le miraron extrañados al no haberlo lo visto en todo el día,y más que acostumbrado a fingir sobriedad, simplemente los saludo con la mano y una cara que parecía entre el cansancio y la indiferencia. Subió torpemente las escaleras y es que por poco más y se equivocó de barandilla pues iba tan pedo en realidad wue veía doble por momento. No fue hasta que llegó a la habitación que compartía con su prometido que el infierno se desató, cerrando la puerta tras de sí fue que su cuerpo se relajó y dejó de fingir sobriedad y esto se notó, pues a la que dió un paso se tropezó con el primer pedazo de algo que en sus mejores días fue un mueble, rodando por el suelo, quedando sentado y esponjosandosele el pelaje de golpe hasta el punto que parecía una bola de pelo negra, con muchos ojos y las mejillas completamente rojas. Pero, en lugar de maldecir solo parpadeo un par de veces, como si estuviera procesando por que estaba en el suelo y no de pie y se echó a reír, tapándose la boca con las manos en un gesto extrañamente ingenuo para como era normalmente la araña. [C0WBOY]
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  • —Tengo la teoría de que el aburrimiento es un agujero negro que devora almas. Por eso me meto en líos. No por impulsividad, sino por pura supervivencia...
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.

    — L̶a̶ ̶J̶a̶u̶l̶a̶ ̶I̶n̶v̶i̶s̶i̶b̶l̶e̶:̶ ̶E̶l̶ ̶V̶e̶r̶e̶d̶i̶c̶t̶o̶ ̶d̶e̶ ̶l̶a̶ ̶C̶a̶z̶a̶d̶o̶r̶a̶.


    El aire en el pasillo se volvió denso, cargado con el olor metálico del miedo y el almizcle húmedo de las alimañas. Las luces fluorescentes parpadeaban con un zumbido errático, proyectando sombras alargadas que parecían cobrar vida propia en las paredes. En el centro de ese caos visual, la figura de Makima permanecía como un ancla de calma absoluta; una quietud antinatural, casi depredadora.
    Ella no parpadeaba. Sus ojos, dorados y marcados por esos anillos concéntricos e hipnóticos, se clavaron en su presa con una intensidad que parecía desnudar el alma. A sus pies, un mar de ratas comenzó a emerger de las sombras, moviéndose no como animales individuales, sino como una masa única y obediente que rodeaba sus botas negras.

    —Dime... —comenzó ella, su voz fluyendo a través del pasillo como una seda fría que se enreda en la garganta—. ¿Conoces la fábula del ratón de campo y el ratón de ciudad?—

    Dio un paso al frente. El sonido de su tacón contra el suelo fue seco, definitivo. Las ratas se apartaron con una precisión militar, chillando suavemente mientras formaban un camino para su ama.

    —El ratón de ciudad se deleita con banquetes y lujos, pero duerme con un ojo abierto, sabiendo que el veneno o las trampas pueden terminar con él en cualquier instante. El ratón de campo, por el contrario, se conforma con granos secos y la seguridad de su agujero... una paz comprada con el precio de la mediocridad.—

    Se detuvo a una distancia mínima, obligando al otro a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada. El aura de la mujer se expandió, una presión invisible que hacía que el pecho pesara y el instinto de supervivencia gritara por una salida que ella ya había bloqueado.

    —La mayoría de los humanos son ratones de campo. Prefieren la ilusión de la paz mientras se marchitan en su propia insignificancia. —Una sonrisa tenue, gélida y carente de rastro humano, curvó sus labios—. Pero los que me interesan... los que realmente valen la pena... son los que eligen el riesgo. ¿Y tú? Si te ofreciera la gloria a cambio de tu libertad... ¿qué tipo de ratón elegirías ser antes de que cierre la trampa?—

    La tensión en el aire era tan sólida que parecía a punto de cristalizarse. Ante el silencio sepulcral, solo roto por el frenético latido del corazón de su presa, Makima soltó una pequeña risa. Fue un sonido sutil, perturbadoramente dulce y cristalino, casi infantil, que desentonaba violentamente con la carnicería inminente.

    —Qué lástima... —murmuró, como quien lamenta un juguete roto—. Al final, todos los ratones terminan igual....—

    Con una elegancia letal, alzó su mano derecha. Cerró el puño dejando solo los dedos índice y corazón extendidos, apuntando directamente al centro del pecho de la figura frente a ella. El gesto era casual, casi un juego de niños.

    —Bang.~

    No hubo estruendo, solo una onda de choque invisible y devastadora. En un pestañeo, el cuerpo de su presa estalló desde dentro hacia fuera. Un torbellino de rojo intenso salpicó las paredes y el techo, dejando restos esparcidos en un cuadro dantesco de carne y silencio. La mujer ni siquiera se inmutó ante la lluvia carmesí. Permaneció allí un segundo más, con los ojos brillando en la penumbra, mientras las ratas a sus pies se agitaban en un frenesí salvaje.

    Lentamente, su figura comenzó a desdibujarse, fundiéndose con las sombras densas del suelo. Justo antes de que el último rastro de su presencia se desvaneciera en la oscuridad, el aire transportó un sonido final. No fue un lamento, ni una despedida, sino una risilla traviesa y juguetona; un eco breve que resonó en el pasillo ensangrentado como si todo lo ocurrido no hubiera sido más que un truco divertido.

    Luego, el silencio absoluto volvió a reinar, roto únicamente por el zumbido eléctrico de las luces parpadeantes sobre los restos de lo que alguna vez fue un ratón de ciudad.
    — L̶a̶ ̶J̶a̶u̶l̶a̶ ̶I̶n̶v̶i̶s̶i̶b̶l̶e̶:̶ ̶E̶l̶ ̶V̶e̶r̶e̶d̶i̶c̶t̶o̶ ̶d̶e̶ ̶l̶a̶ ̶C̶a̶z̶a̶d̶o̶r̶a̶. El aire en el pasillo se volvió denso, cargado con el olor metálico del miedo y el almizcle húmedo de las alimañas. Las luces fluorescentes parpadeaban con un zumbido errático, proyectando sombras alargadas que parecían cobrar vida propia en las paredes. En el centro de ese caos visual, la figura de Makima permanecía como un ancla de calma absoluta; una quietud antinatural, casi depredadora. Ella no parpadeaba. Sus ojos, dorados y marcados por esos anillos concéntricos e hipnóticos, se clavaron en su presa con una intensidad que parecía desnudar el alma. A sus pies, un mar de ratas comenzó a emerger de las sombras, moviéndose no como animales individuales, sino como una masa única y obediente que rodeaba sus botas negras. —Dime... —comenzó ella, su voz fluyendo a través del pasillo como una seda fría que se enreda en la garganta—. ¿Conoces la fábula del ratón de campo y el ratón de ciudad?— Dio un paso al frente. El sonido de su tacón contra el suelo fue seco, definitivo. Las ratas se apartaron con una precisión militar, chillando suavemente mientras formaban un camino para su ama. —El ratón de ciudad se deleita con banquetes y lujos, pero duerme con un ojo abierto, sabiendo que el veneno o las trampas pueden terminar con él en cualquier instante. El ratón de campo, por el contrario, se conforma con granos secos y la seguridad de su agujero... una paz comprada con el precio de la mediocridad.— Se detuvo a una distancia mínima, obligando al otro a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada. El aura de la mujer se expandió, una presión invisible que hacía que el pecho pesara y el instinto de supervivencia gritara por una salida que ella ya había bloqueado. —La mayoría de los humanos son ratones de campo. Prefieren la ilusión de la paz mientras se marchitan en su propia insignificancia. —Una sonrisa tenue, gélida y carente de rastro humano, curvó sus labios—. Pero los que me interesan... los que realmente valen la pena... son los que eligen el riesgo. ¿Y tú? Si te ofreciera la gloria a cambio de tu libertad... ¿qué tipo de ratón elegirías ser antes de que cierre la trampa?— La tensión en el aire era tan sólida que parecía a punto de cristalizarse. Ante el silencio sepulcral, solo roto por el frenético latido del corazón de su presa, Makima soltó una pequeña risa. Fue un sonido sutil, perturbadoramente dulce y cristalino, casi infantil, que desentonaba violentamente con la carnicería inminente. —Qué lástima... —murmuró, como quien lamenta un juguete roto—. Al final, todos los ratones terminan igual....— Con una elegancia letal, alzó su mano derecha. Cerró el puño dejando solo los dedos índice y corazón extendidos, apuntando directamente al centro del pecho de la figura frente a ella. El gesto era casual, casi un juego de niños. —Bang.~ No hubo estruendo, solo una onda de choque invisible y devastadora. En un pestañeo, el cuerpo de su presa estalló desde dentro hacia fuera. Un torbellino de rojo intenso salpicó las paredes y el techo, dejando restos esparcidos en un cuadro dantesco de carne y silencio. La mujer ni siquiera se inmutó ante la lluvia carmesí. Permaneció allí un segundo más, con los ojos brillando en la penumbra, mientras las ratas a sus pies se agitaban en un frenesí salvaje. Lentamente, su figura comenzó a desdibujarse, fundiéndose con las sombras densas del suelo. Justo antes de que el último rastro de su presencia se desvaneciera en la oscuridad, el aire transportó un sonido final. No fue un lamento, ni una despedida, sino una risilla traviesa y juguetona; un eco breve que resonó en el pasillo ensangrentado como si todo lo ocurrido no hubiera sido más que un truco divertido. Luego, el silencio absoluto volvió a reinar, roto únicamente por el zumbido eléctrico de las luces parpadeantes sobre los restos de lo que alguna vez fue un ratón de ciudad.
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  • Cosas sin "utilidad" de Toby.

    ∟Capacidad de saber en segundos el dia de la semana que fue un dia en el calendario de (casi) cualquier año.
    ∟ Saber más de 50 decimales de Pi (π)
    ∟ El mejor para cuidar y mantener plantas de todo tipo.
    ∟ Rapidez para la geolocalización.
    ∟ Lectura e interpretación de mapas y distancias.
    ∟ Facilidad de lectura de planos y manuales.
    ∟ Capacidad de supervivencia en la intemperie.
    ∟ Funcional con 4 horas de sueño.
    ∟Poliglota: Entiende Ingles (Nativo), Alemán(Nativo), Frances, Italiano, Español, Rumano. Pero nunca los habla (le da pena)
    Cosas sin "utilidad" de Toby. ∟Capacidad de saber en segundos el dia de la semana que fue un dia en el calendario de (casi) cualquier año. ∟ Saber más de 50 decimales de Pi (π) ∟ El mejor para cuidar y mantener plantas de todo tipo. ∟ Rapidez para la geolocalización. ∟ Lectura e interpretación de mapas y distancias. ∟ Facilidad de lectura de planos y manuales. ∟ Capacidad de supervivencia en la intemperie. ∟ Funcional con 4 horas de sueño. ∟Poliglota: Entiende Ingles (Nativo), Alemán(Nativo), Frances, Italiano, Español, Rumano. Pero nunca los habla (le da pena)
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  • El despertador suena a las 5:17 a.m., tres minutos antes de lo que debería. Ella ya estaba despierta. Hace meses que el sueño dejó de ser un lugar donde descansar; ahora es un sitio donde nada duele, pero tampoco dura.

    Se sienta en el borde de la cama y se toma un momento para recordar que debe respirar. Uno. Dos. Tres. Que la casa está silenciosa porque así quedó, no porque vaya a llenarse después. Que hay fotos que ya no mira y habitaciones que aprendió a no abrir.

    La bata de enfermera aún cuelga en el armario, doblada con cuidado, como si todavía la necesitara. Como si todavía pudiera volver a esa vida. Pero no puede. No después del accidente. No después de entender que hay heridas que no se curan con nada que hayan enseñado en la escuela de medicina.

    Ahora se viste de gris. No porque quiera esconderse, sino porque es el color más fácil de llevar cuando el mundo se siente demasiado brillante.
    Toma su bolso, su credencial nueva y respira hondo antes de salir.

    “Asistente funeraria”.
    Nunca imaginó leer esas palabras bajo su nombre.
    Nunca imaginó que un trabajo en la quietud absoluta pudiera hacerla sentir… menos rota.

    Pero hay algo en la calma de ese lugar.
    Algo en la forma en que la gente habla bajito.
    En la manera en que los duelos se tratan con guantes y tacto.
    En la dignidad última que se les da a quienes ya no pueden pedirla.

    Tal vez es masoquismo.
    Tal vez es supervivencia.

    Tal vez, cuidar a los muertos es la única manera que encontró de seguir cuidando a los vivos… sin quebrarse del todo.

    Cuando llega al edificio, empuja la puerta con ambas manos. El olor a flores marchitas y desinfectante la recibe con una familiaridad extraña, casi reconfortante.

    Hoy es su primer día.
    Aunque hace tiempo que todos los días se sienten como el primero después del final.

    Pero cruza el umbral igual.
    Porque incluso después de perderlo todo, alguien tiene que seguir caminando.
    Y hoy, esa alguien es ella.
    El despertador suena a las 5:17 a.m., tres minutos antes de lo que debería. Ella ya estaba despierta. Hace meses que el sueño dejó de ser un lugar donde descansar; ahora es un sitio donde nada duele, pero tampoco dura. Se sienta en el borde de la cama y se toma un momento para recordar que debe respirar. Uno. Dos. Tres. Que la casa está silenciosa porque así quedó, no porque vaya a llenarse después. Que hay fotos que ya no mira y habitaciones que aprendió a no abrir. La bata de enfermera aún cuelga en el armario, doblada con cuidado, como si todavía la necesitara. Como si todavía pudiera volver a esa vida. Pero no puede. No después del accidente. No después de entender que hay heridas que no se curan con nada que hayan enseñado en la escuela de medicina. Ahora se viste de gris. No porque quiera esconderse, sino porque es el color más fácil de llevar cuando el mundo se siente demasiado brillante. Toma su bolso, su credencial nueva y respira hondo antes de salir. “Asistente funeraria”. Nunca imaginó leer esas palabras bajo su nombre. Nunca imaginó que un trabajo en la quietud absoluta pudiera hacerla sentir… menos rota. Pero hay algo en la calma de ese lugar. Algo en la forma en que la gente habla bajito. En la manera en que los duelos se tratan con guantes y tacto. En la dignidad última que se les da a quienes ya no pueden pedirla. Tal vez es masoquismo. Tal vez es supervivencia. Tal vez, cuidar a los muertos es la única manera que encontró de seguir cuidando a los vivos… sin quebrarse del todo. Cuando llega al edificio, empuja la puerta con ambas manos. El olor a flores marchitas y desinfectante la recibe con una familiaridad extraña, casi reconfortante. Hoy es su primer día. Aunque hace tiempo que todos los días se sienten como el primero después del final. Pero cruza el umbral igual. Porque incluso después de perderlo todo, alguien tiene que seguir caminando. Y hoy, esa alguien es ella.
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