• ¿Ya dije que tengo sueño? (?)
    Pues, tengo sueño.
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    Me enjaja
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  • ¿Alguna vez te has sentido con ganas de ser chiquito, peludito, esponjosito y muy bonito? ¡Pues estás de suerte!

    Ahora mismo te vengo ofreciendo mi producto estrella: "Cat I am"

    -- presento una botella azul, con un líquido dentro --

    Con solo beber un trago de este producto tu mayor sueño se hará ¡Realidad!, ¡podrás convertirte en un gatito como yo! ¿Que esperas para probarlo?

    [ADVERTENCIA: NO SE RECOMIENDA SU USO PARA NIÑOS MENORES DE 10 AÑOS O MUJERES EMBARAZADAS, LA INGESTA DE ESTE PRODUCTO DEBE SER CONTROLADA Y MONITOREADA POR UN MÉDICO EN TODO MOMENTO, SI PRESENTA SINTOMAS TALES COMO: COMEZÓN, SARPULLIDO, CAÍDA DE LA PIEL, DESORIENTACIÓN, MIGRAÑA, TUMORES Y UNA NECESIDAD DE TOMAR LECHE LAS 24/7 FAVOR DE CONTACTARSE DIRECTAMENTE CON SUS FAMILIARES Y ESCRIBIR SU TESTAMENTO. EL GATO QUE PUBLICITÓ EL PRODUCTO NO ES UN DOCTOR DE VERDAD, NO DEJES QUE TE TOQUE]
    ¿Alguna vez te has sentido con ganas de ser chiquito, peludito, esponjosito y muy bonito? ¡Pues estás de suerte! Ahora mismo te vengo ofreciendo mi producto estrella: "Cat I am" -- presento una botella azul, con un líquido dentro -- Con solo beber un trago de este producto tu mayor sueño se hará ¡Realidad!, ¡podrás convertirte en un gatito como yo! ¿Que esperas para probarlo? [ADVERTENCIA: NO SE RECOMIENDA SU USO PARA NIÑOS MENORES DE 10 AÑOS O MUJERES EMBARAZADAS, LA INGESTA DE ESTE PRODUCTO DEBE SER CONTROLADA Y MONITOREADA POR UN MÉDICO EN TODO MOMENTO, SI PRESENTA SINTOMAS TALES COMO: COMEZÓN, SARPULLIDO, CAÍDA DE LA PIEL, DESORIENTACIÓN, MIGRAÑA, TUMORES Y UNA NECESIDAD DE TOMAR LECHE LAS 24/7 FAVOR DE CONTACTARSE DIRECTAMENTE CON SUS FAMILIARES Y ESCRIBIR SU TESTAMENTO. EL GATO QUE PUBLICITÓ EL PRODUCTO NO ES UN DOCTOR DE VERDAD, NO DEJES QUE TE TOQUE]
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  • El reloj de pared marcaba las doce cuando Alberto dejó su copa sobre la mesa de madera, el eco del cristal resonando en el silencio del salón. La luz de la luna se filtraba por el ventanal, bañando la estancia de un azul plata que apenas permitía distinguir las siluetas. Ella estaba frente a él, tan cerca que Alberto podía percibir el suave aroma a jazmín que emanaba de su piel, un perfume que parecía haber invadido sus sentidos desde que entraron en la casa.

    Él dio un paso al frente, acortando la escasa distancia que los separaba. Notó cómo la respiración de la joven se volvía más errática, un compás desigual que delataba su nerviosismo. Alberto no apartó la mirada; sus ojos, oscuros y decididos, recorrieron el rostro de ella con una lentitud casi dolorosa, deteniéndose en sus labios entreabiertos.

    —Te dije que esta noche sería diferente —susurró Alberto, con una voz que era poco más que un rastro de aire, profunda y cargada de una promesa silenciosa.

    Extendió la mano y, con la yema de los dedos, rozó apenas el contorno de su mandíbula. Fue un contacto eléctrico. Ella cerró los ojos ante la caricia, dejando escapar un suspiro que terminó de romper la última barrera de contención de Alberto. Sin mediar más palabras, él inclinó la cabeza, buscando el calor de su cuello, mientras sus manos encontraban apoyo en la cintura de ella, atrayéndola con una firmeza que hizo que el mundo exterior dejara de existir por completo. En ese rincón en sombras, el tiempo se detuvo, dejando que solo el pulso acelerado de ambos dictara el ritmo de lo que estaba por venir.

    De repente, abrió los ojos perplejo, con el cabello pegado al rostro por las perlas de sudor que le recorrían la frente. ¿Había sido un sueño?
    El reloj de pared marcaba las doce cuando Alberto dejó su copa sobre la mesa de madera, el eco del cristal resonando en el silencio del salón. La luz de la luna se filtraba por el ventanal, bañando la estancia de un azul plata que apenas permitía distinguir las siluetas. Ella estaba frente a él, tan cerca que Alberto podía percibir el suave aroma a jazmín que emanaba de su piel, un perfume que parecía haber invadido sus sentidos desde que entraron en la casa. Él dio un paso al frente, acortando la escasa distancia que los separaba. Notó cómo la respiración de la joven se volvía más errática, un compás desigual que delataba su nerviosismo. Alberto no apartó la mirada; sus ojos, oscuros y decididos, recorrieron el rostro de ella con una lentitud casi dolorosa, deteniéndose en sus labios entreabiertos. —Te dije que esta noche sería diferente —susurró Alberto, con una voz que era poco más que un rastro de aire, profunda y cargada de una promesa silenciosa. Extendió la mano y, con la yema de los dedos, rozó apenas el contorno de su mandíbula. Fue un contacto eléctrico. Ella cerró los ojos ante la caricia, dejando escapar un suspiro que terminó de romper la última barrera de contención de Alberto. Sin mediar más palabras, él inclinó la cabeza, buscando el calor de su cuello, mientras sus manos encontraban apoyo en la cintura de ella, atrayéndola con una firmeza que hizo que el mundo exterior dejara de existir por completo. En ese rincón en sombras, el tiempo se detuvo, dejando que solo el pulso acelerado de ambos dictara el ritmo de lo que estaba por venir. De repente, abrió los ojos perplejo, con el cabello pegado al rostro por las perlas de sudor que le recorrían la frente. ¿Había sido un sueño?
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  • —Y esta es la parte en donde veo cómo ha avanzado la humanidad y… pierdo la esperanza.
    Tanta maldad, tanto odio, tantas pérdidas.

    Desde lo alto observo un mundo que brilla por fuera y se quiebra por dentro.
    Veo progreso sin compasión, voces sin amor, futuros construidos sobre ruinas.

    Soy la esperanza…
    Pero la esperanza se agota

    Pero mientras alguien sueñe,
    mientras alguien ame,
    mientras alguien se levante después de caer…

    yo no puedo desaparecer.
    —Y esta es la parte en donde veo cómo ha avanzado la humanidad y… pierdo la esperanza. Tanta maldad, tanto odio, tantas pérdidas. Desde lo alto observo un mundo que brilla por fuera y se quiebra por dentro. Veo progreso sin compasión, voces sin amor, futuros construidos sobre ruinas. Soy la esperanza… Pero la esperanza se agota Pero mientras alguien sueñe, mientras alguien ame, mientras alguien se levante después de caer… yo no puedo desaparecer.
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  • La plaza estaba viva. El sol del mediodía brillaba fuerte sobre las piedras del suelo, calentándolas apenas, y las palomas revoloteaban entre los bancos y las fuentes. Pero lo que realmente llenaba el aire no era el calor ni los pasos apresurados de los transeúntes, sino la música.

    Un grupo de músicos se había instalado en el corazón del lugar: un contrabajo viejo, una guitarra desgastada pero afinada con esmero, una trompeta brillante y una caja rítmica que marcaba el compás como el latido de un corazón animado. La gente se detenía, sonreía, lanzaba unas monedas al sombrero que habían dejado abierto frente a ellos. El ambiente estaba envuelto en melodía y alegría.

    Fue entonces que apareció el Vermilinguo Sniffles.

    Con su mochila tras la espalda, ropa clásica que lo hacen ver más mayor de que es, este se detuvo a unos metros del grupo, completamente maravillado. Aunque su expresión era más apática con su característica seriedad.
    La plaza estaba viva. El sol del mediodía brillaba fuerte sobre las piedras del suelo, calentándolas apenas, y las palomas revoloteaban entre los bancos y las fuentes. Pero lo que realmente llenaba el aire no era el calor ni los pasos apresurados de los transeúntes, sino la música. Un grupo de músicos se había instalado en el corazón del lugar: un contrabajo viejo, una guitarra desgastada pero afinada con esmero, una trompeta brillante y una caja rítmica que marcaba el compás como el latido de un corazón animado. La gente se detenía, sonreía, lanzaba unas monedas al sombrero que habían dejado abierto frente a ellos. El ambiente estaba envuelto en melodía y alegría. Fue entonces que apareció el Vermilinguo Sniffles. Con su mochila tras la espalda, ropa clásica que lo hacen ver más mayor de que es, este se detuvo a unos metros del grupo, completamente maravillado. Aunque su expresión era más apática con su característica seriedad.
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  • "Ven y baila conmigo"
    Fandom El que sea (adaptable)
    Categoría Fantasía
    El roce de sus pies descalzos contra la piedra marca el inicio del ritual, lento y contenido, como si el suelo mismo la guiara. El arpa descansa a un lado, aún vibrando en el recuerdo de la melodía, mientras su cuerpo continúa el canto que las cuerdas ya no sostienen. Alza los brazos y las telas claras describen arcos suaves, dorados por la luz, girando con cautela, confiando más en la bendición del dios del sol que en su propia coordinación.
    Cada movimiento es una ofrenda silenciosa, un intento por traer calma, por envolver el espacio en una paz frágil pero sincera. No baila para impresionar, sino para aquietar el ánimo y sostener el orden por un instante más.
    Cuando el último giro se extingue y el silencio regresa, baja la mirada y respira hondo. Luego se acerca con pasos tímidos hacia aquella persona, las mejillas aún tibias por el esfuerzo.
    —¿Lo hice bien…? —pregunta en voz baja, con una sonrisa insegura, aguardando la respuesta como si en ella reposara el juicio del propio sol.
    El roce de sus pies descalzos contra la piedra marca el inicio del ritual, lento y contenido, como si el suelo mismo la guiara. El arpa descansa a un lado, aún vibrando en el recuerdo de la melodía, mientras su cuerpo continúa el canto que las cuerdas ya no sostienen. Alza los brazos y las telas claras describen arcos suaves, dorados por la luz, girando con cautela, confiando más en la bendición del dios del sol que en su propia coordinación. Cada movimiento es una ofrenda silenciosa, un intento por traer calma, por envolver el espacio en una paz frágil pero sincera. No baila para impresionar, sino para aquietar el ánimo y sostener el orden por un instante más. Cuando el último giro se extingue y el silencio regresa, baja la mirada y respira hondo. Luego se acerca con pasos tímidos hacia aquella persona, las mejillas aún tibias por el esfuerzo. —¿Lo hice bien…? —pregunta en voz baja, con una sonrisa insegura, aguardando la respuesta como si en ella reposara el juicio del propio sol.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    15
    Estado
    Disponible
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  • Otra vez , tuve ese sueño donde tu mi lancelot me dabas un anillo .... y luego desperte por los gritos de tristan!
    Otra vez , tuve ese sueño donde tu mi lancelot me dabas un anillo .... y luego desperte por los gritos de tristan!
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  • ♡: Leo tenía veintiún años cuando por fin encontró una forma de decir su nombre sin que sonara a una disculpa. Había pasado mucho tiempo desde el diagnóstico, desde aquella palabra clínica y absurda que los médicos usaron para nombrar su condición, "una alteración rarísima del metabolismo que lo hacía depender de la sangre humana para sobrevivir". No era una metáfora ni una invención suya, era una realidad y una necesidad física.

    Al principio nada parecía fuera de lo común, fué un niño "normal", uno que se desmayaba con facilidad, que enfermaba seguido, hasta que a los trece años su cuerpo empezó a fallar de maneras que nadie entendía. La sangre en pequeñas cantidades y controladas lo mantenía con vida. Sin ella, su corazón se volvía lento, su vista se nublaba y el mundo parecía alejarse como si estuviera hundiéndose en agua oscura.

    El problema no fue la condición, fueron las personas. A los dieciséis años, Leo todavía creía que podía ocultarlo. Que si caminaba con la cabeza baja y si fingía normalidad, el mundo le permitiría existir en silencio, pero se equivocó.

    Aquella tarde, hace cinco años, el cielo estaba gris y el patio trasero de la escuela olía a tierra mojada, es un recuerdo vívido. Leo salía por la reja lateral cuando escuchó pasos apresurados detrás de él.

    Ahí va el vampiro
    - Dijo una voz burlona -

    - Se detuvo. No por valentía, sino porque sabía que correr solo empeoraría las cosas -

    Déjenme en paz
    - Leo murmuró sin girarse y aquellas risas lo rodearon -

    ¿Escucharon eso?
    - Dijo otro chico -
    El monstruo sabe hablar

    - Uno de ellos lo empujó contra la pared. Leo sintió el golpe seco en la espalda y el aire salirle del pecho -

    ¿Es cierto que bebes sangre?
    - Preguntó uno, acercándose demasiado -
    ¿O solo eres un enfermo asqueroso?

    No es así…
    - Leo intentó decir con la voz temblándole -
    Yo no elegí esto...

    Claro que no
    - Respondió otro, dándole un golpe en el estómago -
    Nadie elige ser una cosa tan desagradable

    - Cayó al suelo y las rodillas le ardieron al chocar con el cemento. Aquellos golpes no eran constantes, sino caóticos, como si cada uno quisiera dejar su marca. Patadas, empujones, risas -

    ¿Y si nos muerde?
    - Dijo uno fingiendo miedo -
    Capaz y nos contagia

    Míralo
    - Aañadió otro -
    Da asco, deberían encerrarte

    - Leo se cubrió la cabeza con los brazos. No lloró. Aprendió muy pronto que llorar no detenía nada. Lo que dolía no eran los golpes, sino la certeza de que, para ellos, ya no era humano -

    ¡Fué suficiente!
    - Uno de ellos gritó al final -
    Lárgate, monstruo, no te acerques a nadie normal otra vez

    Cuando se fueron, el silencio fue peor, Leo se quedó ahí unos segundos, temblando, sintiendo cómo su cuerpo pedía aquello que tanto odiaba necesitar... sangre.

    Actualmente, Leo todavía recuerda esa escena con una claridad, la vida para él no siempre fué de color rosa pero aún así hay cosas que nunca se olvidan, nunca dejó de pensar en que tal vez todas las hadas tienen el cabello de dicho color.
    ♡: Leo tenía veintiún años cuando por fin encontró una forma de decir su nombre sin que sonara a una disculpa. Había pasado mucho tiempo desde el diagnóstico, desde aquella palabra clínica y absurda que los médicos usaron para nombrar su condición, "una alteración rarísima del metabolismo que lo hacía depender de la sangre humana para sobrevivir". No era una metáfora ni una invención suya, era una realidad y una necesidad física. Al principio nada parecía fuera de lo común, fué un niño "normal", uno que se desmayaba con facilidad, que enfermaba seguido, hasta que a los trece años su cuerpo empezó a fallar de maneras que nadie entendía. La sangre en pequeñas cantidades y controladas lo mantenía con vida. Sin ella, su corazón se volvía lento, su vista se nublaba y el mundo parecía alejarse como si estuviera hundiéndose en agua oscura. El problema no fue la condición, fueron las personas. A los dieciséis años, Leo todavía creía que podía ocultarlo. Que si caminaba con la cabeza baja y si fingía normalidad, el mundo le permitiría existir en silencio, pero se equivocó. Aquella tarde, hace cinco años, el cielo estaba gris y el patio trasero de la escuela olía a tierra mojada, es un recuerdo vívido. Leo salía por la reja lateral cuando escuchó pasos apresurados detrás de él. Ahí va el vampiro - Dijo una voz burlona - - Se detuvo. No por valentía, sino porque sabía que correr solo empeoraría las cosas - Déjenme en paz - Leo murmuró sin girarse y aquellas risas lo rodearon - ¿Escucharon eso? - Dijo otro chico - El monstruo sabe hablar - Uno de ellos lo empujó contra la pared. Leo sintió el golpe seco en la espalda y el aire salirle del pecho - ¿Es cierto que bebes sangre? - Preguntó uno, acercándose demasiado - ¿O solo eres un enfermo asqueroso? No es así… - Leo intentó decir con la voz temblándole - Yo no elegí esto... Claro que no - Respondió otro, dándole un golpe en el estómago - Nadie elige ser una cosa tan desagradable - Cayó al suelo y las rodillas le ardieron al chocar con el cemento. Aquellos golpes no eran constantes, sino caóticos, como si cada uno quisiera dejar su marca. Patadas, empujones, risas - ¿Y si nos muerde? - Dijo uno fingiendo miedo - Capaz y nos contagia Míralo - Aañadió otro - Da asco, deberían encerrarte - Leo se cubrió la cabeza con los brazos. No lloró. Aprendió muy pronto que llorar no detenía nada. Lo que dolía no eran los golpes, sino la certeza de que, para ellos, ya no era humano - ¡Fué suficiente! - Uno de ellos gritó al final - Lárgate, monstruo, no te acerques a nadie normal otra vez Cuando se fueron, el silencio fue peor, Leo se quedó ahí unos segundos, temblando, sintiendo cómo su cuerpo pedía aquello que tanto odiaba necesitar... sangre. Actualmente, Leo todavía recuerda esa escena con una claridad, la vida para él no siempre fué de color rosa pero aún así hay cosas que nunca se olvidan, nunca dejó de pensar en que tal vez todas las hadas tienen el cabello de dicho color.
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  • - Debería de dormir...pero no puedo. Mi canal del sueño esta terrible. Tocará ponerse a ordenar la habitación mientras canto a todo pulmón [??] -
    - Debería de dormir...pero no puedo. Mi canal del sueño esta terrible. Tocará ponerse a ordenar la habitación mientras canto a todo pulmón [??] -
    Me entristece
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  • En días como estos suelo reproducir la música que me enseñaste, no para extrañarte, para recordarte.
    En días como estos suelo reproducir la música que me enseñaste, no para extrañarte, para recordarte.
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