• 𝐋𝐚 𝐧𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧.





    El hombre habla con la urgencia de quien teme que el silencio revele demasiado. Sus palabras llegan en ráfagas desordenadas: insomnio, ansiedad, una irritación constante que dice no comprender. Intenta hilar los hechos como si fuesen síntomas de algo externo, algo que pudiera señalarse, nombrarse, tratarse.

    Frente a él, el Dr. Lecter permanece inmóvil.

    Las manos descansan entrelazadas por encima de una de sus rodillas, las cuales están cruzadas una encima de la otra. La postura es impecable, la expresión serena, casi indulgente. A primera vista parece la imagen perfecta de la atención profesional. El paciente interpreta esa quietud como paciencia. Como compasión.

    Es un error garrafal como delicado, cabe mencionar. Hannibal escucha, sí, pero no las palabras.

    Observa.

    El ritmo irregular de la respiración. La forma en que los dedos del hombre se crispan cuando menciona a su hermano. La manera casi imperceptible en que su mirada se aparta cada vez que la conversación se aproxima a algo que preferiría no mirar directamente. Las confesiones humanas rara vez se encuentran en lo que dice.

    𝑆𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜𝑠 𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑣𝑎𝑠𝑖𝑜́𝑛.

    Qué criatura más transparente, piensa Hannibal con una calma que roza lo contemplativo.

    El paciente continúa hablando, ahora más rápido, como si el simple acto de hablar pudiera mantener a raya aquello que se agita en su interior. Habla de frustración. De rabia contenida, o de una incomodidad de impulso.

    La palabra no llega siquiera a pronunciarse. No todavía.

    Hannibal inclina apenas la cabeza, observándolo como un conservador de museo examinaría una pintura antigua bajo una luz más cuidadosa. Cada grieta en la superficie revela algo del artista.

    Cada silencio revela algo del alma.

    El paciente finalmente se queda sin palabras. El aire del consultorio se aquieta, cargado con esa tensión suave que aparece cuando alguien espera ser juzgado.

    El Dr. Lecter sostiene su mirada durante un instante. Luego una leve sonrisa, tan educada como inescrutable, aparece en sus labios.

    —Es curioso —dice finalmente, con una voz baja y perfectamente cálida—.

    Una pausa elegante, casi pensativa.

    —Las personas suelen venir aquí creyendo que desean respuestas.

    Sus ojos permanecen tranquilos, atentos.

    —Pero con frecuencia... lo que realmente buscan es permiso para reconocer aquello que ya saben.
    𝐋𝐚 𝐧𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧. El hombre habla con la urgencia de quien teme que el silencio revele demasiado. Sus palabras llegan en ráfagas desordenadas: insomnio, ansiedad, una irritación constante que dice no comprender. Intenta hilar los hechos como si fuesen síntomas de algo externo, algo que pudiera señalarse, nombrarse, tratarse. Frente a él, el Dr. Lecter permanece inmóvil. Las manos descansan entrelazadas por encima de una de sus rodillas, las cuales están cruzadas una encima de la otra. La postura es impecable, la expresión serena, casi indulgente. A primera vista parece la imagen perfecta de la atención profesional. El paciente interpreta esa quietud como paciencia. Como compasión. Es un error garrafal como delicado, cabe mencionar. Hannibal escucha, sí, pero no las palabras. Observa. El ritmo irregular de la respiración. La forma en que los dedos del hombre se crispan cuando menciona a su hermano. La manera casi imperceptible en que su mirada se aparta cada vez que la conversación se aproxima a algo que preferiría no mirar directamente. Las confesiones humanas rara vez se encuentran en lo que dice. 𝑆𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜𝑠 𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑣𝑎𝑠𝑖𝑜́𝑛. Qué criatura más transparente, piensa Hannibal con una calma que roza lo contemplativo. El paciente continúa hablando, ahora más rápido, como si el simple acto de hablar pudiera mantener a raya aquello que se agita en su interior. Habla de frustración. De rabia contenida, o de una incomodidad de impulso. La palabra no llega siquiera a pronunciarse. No todavía. Hannibal inclina apenas la cabeza, observándolo como un conservador de museo examinaría una pintura antigua bajo una luz más cuidadosa. Cada grieta en la superficie revela algo del artista. Cada silencio revela algo del alma. El paciente finalmente se queda sin palabras. El aire del consultorio se aquieta, cargado con esa tensión suave que aparece cuando alguien espera ser juzgado. El Dr. Lecter sostiene su mirada durante un instante. Luego una leve sonrisa, tan educada como inescrutable, aparece en sus labios. —Es curioso —dice finalmente, con una voz baja y perfectamente cálida—. Una pausa elegante, casi pensativa. —Las personas suelen venir aquí creyendo que desean respuestas. Sus ojos permanecen tranquilos, atentos. —Pero con frecuencia... lo que realmente buscan es permiso para reconocer aquello que ya saben.
    Me encocora
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • ㅤㅤㅤ ⎯ؗ⎯𝓝𝓮𝔀

    Él es "Luciel" y es mi mascota. ¿No es lindo? Aunque es un glotón, por eso está gordo. Es chistoso.. pero más chistoso porque me pidieron que modelara con él.

    - Lo presentó en el foro grupal. Modelar con algo exótico era parte de su trabajo, pero no le gusta exponer a su mascota. Pero no podía escapar porque su agencia ya conocía de Luciel. Bueno, esperaba que no le sucediera nada malo durante su jornada laboral.

    #SliceOfLife #Vampire
    ㅤㅤㅤ ⎯ؗ⎯𝓝𝓮𝔀 Él es "Luciel" y es mi mascota. ¿No es lindo? Aunque es un glotón, por eso está gordo. Es chistoso.. pero más chistoso porque me pidieron que modelara con él. - Lo presentó en el foro grupal. Modelar con algo exótico era parte de su trabajo, pero no le gusta exponer a su mascota. Pero no podía escapar porque su agencia ya conocía de Luciel. Bueno, esperaba que no le sucediera nada malo durante su jornada laboral. #SliceOfLife #Vampire
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • ㅤㅤㅤ ⎯ؗ⎯𝓝𝓮𝔀

    “ Tiempo sutil. ”

    En ese Verano, las hojas secas caían con sutileza y fragancia de olvido al suelo sin esperanza alguna. Jasperth las observaba, casi hipnotizado mientras estaba parado en una colina poco transcurrida de Transilvania. Irónicamente, estaba de vacaciones en el país donde su especie tenía cierta historia o mito antiguo.

    Pero el clima era todo, menos caluroso. El viento soplaba causando escalofríos. Estornudó tres veces y en las tres veces maldijo. No por el clima, sino porque sabía que si no hubiera seguido una alimentación de humanos, tal vez su metabolismo sería más fuerte y realmente, podría parecer un vampiro de sus antepasados.

    No importa, pensó. Ya se había acostumbrado a sentir lo que los humanos sienten.

    Respiró profundo una última vez el ambiente natural, antes de sacar de su bolsillo un paquete de cigarrillos; colocó uno entre sus dientes y lo encendió sin problema. Tomó una calada y exhaló el humo hacia la atmósfera; aparentemente inofensivo, pero en realidad, mortal.

    Su agencia lo explotaba laboralmente. Estaba frustrado. Bien pudo haber acabado con ellos en más de una ocasión cuando perdió el control, pero prefirió escaparse a un lugar sin avisarle a nadie. Su teléfono estaba en silencio y había ignorado todas las llamadas posibles. No importaba, sabía cómo generar dinero aparte de ser modelo.

    Los humanos eran desgastantes a veces.

    #SliceOfLife #Vampire
    ㅤㅤㅤ ⎯ؗ⎯𝓝𝓮𝔀 “ Tiempo sutil. ” En ese Verano, las hojas secas caían con sutileza y fragancia de olvido al suelo sin esperanza alguna. Jasperth las observaba, casi hipnotizado mientras estaba parado en una colina poco transcurrida de Transilvania. Irónicamente, estaba de vacaciones en el país donde su especie tenía cierta historia o mito antiguo. Pero el clima era todo, menos caluroso. El viento soplaba causando escalofríos. Estornudó tres veces y en las tres veces maldijo. No por el clima, sino porque sabía que si no hubiera seguido una alimentación de humanos, tal vez su metabolismo sería más fuerte y realmente, podría parecer un vampiro de sus antepasados. No importa, pensó. Ya se había acostumbrado a sentir lo que los humanos sienten. Respiró profundo una última vez el ambiente natural, antes de sacar de su bolsillo un paquete de cigarrillos; colocó uno entre sus dientes y lo encendió sin problema. Tomó una calada y exhaló el humo hacia la atmósfera; aparentemente inofensivo, pero en realidad, mortal. Su agencia lo explotaba laboralmente. Estaba frustrado. Bien pudo haber acabado con ellos en más de una ocasión cuando perdió el control, pero prefirió escaparse a un lugar sin avisarle a nadie. Su teléfono estaba en silencio y había ignorado todas las llamadas posibles. No importaba, sabía cómo generar dinero aparte de ser modelo. Los humanos eran desgastantes a veces. #SliceOfLife #Vampire
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    La cantidad de cazadores de vampiros y vampiros clasistas aumentó.
    Si me disculpan, volveré a mi laboratorio y a modelar mi ropa enfrente de mi espejo sin cobre ni plomo, beber mimosas y ver los resultados de los experimentos de ayer- ~ ♡
    La cantidad de cazadores de vampiros y vampiros clasistas aumentó. Si me disculpan, volveré a mi laboratorio y a modelar mi ropa enfrente de mi espejo sin cobre ni plomo, beber mimosas y ver los resultados de los experimentos de ayer- ~ ♡
    Me enjaja
    2
    0 comentarios 0 compartidos
  • Pagando Un Favor A Un Gatito En La Playa Mujeres!
    Fandom FICROL!
    Categoría Crossover
    un viento perfecto, frio pues el agua del mar lo hacia enfriarse, podia oirse las mini olas chocar y esparcirse en la arena, la cual, estaba algo caliente.
    en la playa estaba joshua, quien, tenia ropa mas colorida de lo usual, parecia manejar un bar hecho de madera lleno de bebidas de todo tipo, se limpiaba una gota de sudor de su frente que le susurro al oido "odio trabajar en la playa.." aunque el pensamiento de la gota de sudor se veia opacado por la musica alegre y movida de los altavoces y los gritos de algunas personas jugando voley o simplemente festejando a lo lejos

    Pero..

    ¿Como habia llegado a esto?

    Una sintesis simple; Joshua le debia un favor a un gato oscuro que por alguna razon sabia hablar, y hoy parecia el dia de saldar su deuda visto que le pidio ser bartender en un evento en mexico, en la zona norte de la isla/playa.

    Un suspiro seco, el gato le habia negado beber sin pagar de las botellas o bidones, joshua no tenia dinero asique era.. una sentencia de muerte, solo se limitaba a ver a la gente pasear por la playa, atender a algunos, todos eran unicos en algun punto, extremidades extra.. pelaje.. escamas? se preguntaba que clase de evento en la playa era este..

    "Me vere raro? (Nunca estuve en una playa.. talvez tengo la ropa equivocada)"

    Este dia parecia lejos de acabar, por suerte no estaba esa cosa que lo perseguia sin descanso.. eso era un alivio como mucho, un pensamiento que, con solo entrar en su cabeza, hizo que olvidara sus preocupaciones, que importaba si la mayoria no sabia hablar español y le pedian bebidas en un idioma raro que no entendia, que importaba que el no supiera comunicarse bien pues llevaba años sin hablar con personas.. que importaba si el no tenia la menor idea de como hacer un daikicomosellame.. estaba aqui trabajando y eso iba a hacer!
    un viento perfecto, frio pues el agua del mar lo hacia enfriarse, podia oirse las mini olas chocar y esparcirse en la arena, la cual, estaba algo caliente. en la playa estaba joshua, quien, tenia ropa mas colorida de lo usual, parecia manejar un bar hecho de madera lleno de bebidas de todo tipo, se limpiaba una gota de sudor de su frente que le susurro al oido "odio trabajar en la playa.." aunque el pensamiento de la gota de sudor se veia opacado por la musica alegre y movida de los altavoces y los gritos de algunas personas jugando voley o simplemente festejando a lo lejos Pero.. ¿Como habia llegado a esto? Una sintesis simple; Joshua le debia un favor a un gato oscuro que por alguna razon sabia hablar, y hoy parecia el dia de saldar su deuda visto que le pidio ser bartender en un evento en mexico, en la zona norte de la isla/playa. Un suspiro seco, el gato le habia negado beber sin pagar de las botellas o bidones, joshua no tenia dinero asique era.. una sentencia de muerte, solo se limitaba a ver a la gente pasear por la playa, atender a algunos, todos eran unicos en algun punto, extremidades extra.. pelaje.. escamas? se preguntaba que clase de evento en la playa era este.. "Me vere raro? (Nunca estuve en una playa.. talvez tengo la ropa equivocada)" Este dia parecia lejos de acabar, por suerte no estaba esa cosa que lo perseguia sin descanso.. eso era un alivio como mucho, un pensamiento que, con solo entrar en su cabeza, hizo que olvidara sus preocupaciones, que importaba si la mayoria no sabia hablar español y le pedian bebidas en un idioma raro que no entendia, que importaba que el no supiera comunicarse bien pues llevaba años sin hablar con personas.. que importaba si el no tenia la menor idea de como hacer un daikicomosellame.. estaba aqui trabajando y eso iba a hacer!
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    1
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • *sacaría su guitarra y la pondría en su regazo y empezaría a cantar con una voz angelical*

    Cómo estarán en la ensenada, el viejo ceibal
    Los jazmineros y orquídeas en flor?
    Donde cantó dulcemente el zorzal
    Quiero volver a contemplarme en tus ojos cambá
    Y que me beses como te besé
    Bajo la sombra del jacarandá
    Niño, apoyate en mis recuerdos, intentá dormir en paz
    Siento el peso en tu conciencia por el llanto de mamá
    Vi que el miedo al abandono no te deja respirar
    Siento el nudo de tu panza cuando te hablan de papá
    Niño, haz las paces con la vida, no es de piedra el pastizal
    La nostalgia de tu antes no te deja caminar
    ¿Quién mató tu sonrisita de ilusión y de bondad?
    Sé que te querés dormir pa' no volver a despertar
    Amor, no llores, veo luz en tus males
    Siguiéndote el corazón, bailando en un canto de zorzales
    Niño, soy un hombre con tristeza, sé del peso en tu verdad
    Escaparte por robar porque robás para cenar
    Vi tus dedos en el barro con olor a libertad
    Sé que te querés dormir pa' no volver a despertar
    Por el mundo vas de pillo con alma de caramelo
    Vi la vida en tus nudillos y su odio en tus hoyuelos (ah, ah, ah, ah)
    Le rezaste a unos amigos, pues no todos van al cielo
    Pero vos sos un grial
    Amor, no llores, veo luz en tus males
    Siguiéndote el corazón, bailando en un canto de zorzal
    Amor, no llores, veo luz en tus males
    Siguiéndote el corazón
    Hijo, me robaron tus ojitos los momentos que perdí
    Pedí tiempo a mi destino, y dijo, "hoy te toca a ti"
    Sé que un día serás grande, sé que un día entenderás
    Los consejos de tu viejo, estoy descansando en paz
    *sacaría su guitarra y la pondría en su regazo y empezaría a cantar con una voz angelical* Cómo estarán en la ensenada, el viejo ceibal Los jazmineros y orquídeas en flor? Donde cantó dulcemente el zorzal Quiero volver a contemplarme en tus ojos cambá Y que me beses como te besé Bajo la sombra del jacarandá Niño, apoyate en mis recuerdos, intentá dormir en paz Siento el peso en tu conciencia por el llanto de mamá Vi que el miedo al abandono no te deja respirar Siento el nudo de tu panza cuando te hablan de papá Niño, haz las paces con la vida, no es de piedra el pastizal La nostalgia de tu antes no te deja caminar ¿Quién mató tu sonrisita de ilusión y de bondad? Sé que te querés dormir pa' no volver a despertar Amor, no llores, veo luz en tus males Siguiéndote el corazón, bailando en un canto de zorzales Niño, soy un hombre con tristeza, sé del peso en tu verdad Escaparte por robar porque robás para cenar Vi tus dedos en el barro con olor a libertad Sé que te querés dormir pa' no volver a despertar Por el mundo vas de pillo con alma de caramelo Vi la vida en tus nudillos y su odio en tus hoyuelos (ah, ah, ah, ah) Le rezaste a unos amigos, pues no todos van al cielo Pero vos sos un grial Amor, no llores, veo luz en tus males Siguiéndote el corazón, bailando en un canto de zorzal Amor, no llores, veo luz en tus males Siguiéndote el corazón Hijo, me robaron tus ojitos los momentos que perdí Pedí tiempo a mi destino, y dijo, "hoy te toca a ti" Sé que un día serás grande, sé que un día entenderás Los consejos de tu viejo, estoy descansando en paz
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Caminaba por los pasillos del castillo Sparda hasta que mis pasos se detuvieron frente al imponente retrato del patriarca. Al posar mi mano sobre el lienzo, un suspiro de nostalgia escapó de mis labios; el tiempo se sentía eterno desde que partió a su misión. Aunque lo mantenía al tanto con mensajes y fotos que mostraban lo sano y fuerte que crecía nuestro hijo, el vacío de su ausencia era innegable. Con lentitud, me alejé y descendí las escaleras, dejando que el recuerdo de nuestro primer encuentro inundara mi mente. Impulsado por la esperanza de invocar su presencia, hice aparecer mi micrófono y permití que mi voz llenara el eco del inmenso salón.

    Sparda The King Devil

    https://youtu.be/VAgQ8Z6F5OQ?si=uccC1Y_J3ey9n3rV
    Caminaba por los pasillos del castillo Sparda hasta que mis pasos se detuvieron frente al imponente retrato del patriarca. Al posar mi mano sobre el lienzo, un suspiro de nostalgia escapó de mis labios; el tiempo se sentía eterno desde que partió a su misión. Aunque lo mantenía al tanto con mensajes y fotos que mostraban lo sano y fuerte que crecía nuestro hijo, el vacío de su ausencia era innegable. Con lentitud, me alejé y descendí las escaleras, dejando que el recuerdo de nuestro primer encuentro inundara mi mente. Impulsado por la esperanza de invocar su presencia, hice aparecer mi micrófono y permití que mi voz llenara el eco del inmenso salón. [vortex_yellow_pigeon_115] https://youtu.be/VAgQ8Z6F5OQ?si=uccC1Y_J3ey9n3rV
    Me encocora
    Me gusta
    8
    2 turnos 0 maullidos
  • ​Con la respiración entrecortada y el rostro aún tibio por la sangre de una batalla intensa, Elizabeth permanecía en cuclillas sobre el risco más alto del valle. Desde esa posición privilegiada, observaba con satisfacción cómo los restos del ejército enemigo se desintegraban algunos caían rendidos sobre el barro, mientras otros huían patéticamente, arrastrando sus armas para salvar su vida.

    ​Durante años, su existencia había sido un peregrinaje estéril en busca de una estirpe que parecía haberse desvanecido en la historia. Sin embargo, su camino la llevó hasta este rincón del mundo...un pueblo de casas de piedra y calles que exhalaban un aroma a humo de turba y desesperación. La gente de ahí, hombres y mujeres de manos callosas y miradas marchitas por la tiranía, encendieron en ella algo que la búsqueda de su linaje no había logrado.

    ​El nacimiento de un hogar
    ​Lo que comenzó como una revuelta terminó en una revolución donde ella participó con todas sus fuerzas peleando codo a codo.
    Tras la caída de los opresores, el nombre La Dama de Fuego/Reina Escarlata, empezó a susurrarse en cada taberna y hogar reconstruido.

    Elizabeth, que siempre se había sentido una extraña, se vio rodeada por los lugareños; ya no la miraban con el miedo que se le tiene a un monstruo, sino con la devoción que se le profesa a un milagro.
    ​Aunque su primer instinto fue rechazar la "corona" y seguir su rumbo, algo en el silencio de las noches del pueblo la detuvo. Estaba cansada de la tierra bajo sus uñas y de los campamentos improvisados. Por primera vez, el peso de una responsabilidad fija se sentía más ligero que la libertad del vagabundo.

    Aceptó quedarse, no como una tirana, sino como el escudo de aquellos que apenas aprendían a ser libres.

    ​Elizabeth volcó su vida en la defensa de su nuevo hogar. Transformó la plaza central en un campo de entrenamiento donde el choque del acero resonaba desde el alba. Aplicó la disciplina brutal de Knaresborough, el lugar donde ella misma fue forjada. Allí, a los "Llamas de Sangre" se les enseñaba a ser máquinas de matar antes incluso de aprender a leer, y Elizabeth no conocía otra forma de vida que no fuera quemar cualquier obstáculo.
    ​Sin embargo, al ver a los jóvenes del pueblo empuñar las espadas y a la gente, campesinos y artesanos que ahora caminaban con la espalda erguida,​ sentía una mezcla de orgullo y extraña paz.

    Ya no quemaba puentes para avanzar, ahora construía muros para proteger lo que era suyo.

    ​Con la respiración entrecortada y el rostro aún tibio por la sangre de una batalla intensa, Elizabeth permanecía en cuclillas sobre el risco más alto del valle. Desde esa posición privilegiada, observaba con satisfacción cómo los restos del ejército enemigo se desintegraban algunos caían rendidos sobre el barro, mientras otros huían patéticamente, arrastrando sus armas para salvar su vida. ​Durante años, su existencia había sido un peregrinaje estéril en busca de una estirpe que parecía haberse desvanecido en la historia. Sin embargo, su camino la llevó hasta este rincón del mundo...un pueblo de casas de piedra y calles que exhalaban un aroma a humo de turba y desesperación. La gente de ahí, hombres y mujeres de manos callosas y miradas marchitas por la tiranía, encendieron en ella algo que la búsqueda de su linaje no había logrado. ​El nacimiento de un hogar ​Lo que comenzó como una revuelta terminó en una revolución donde ella participó con todas sus fuerzas peleando codo a codo. Tras la caída de los opresores, el nombre La Dama de Fuego/Reina Escarlata, empezó a susurrarse en cada taberna y hogar reconstruido. Elizabeth, que siempre se había sentido una extraña, se vio rodeada por los lugareños; ya no la miraban con el miedo que se le tiene a un monstruo, sino con la devoción que se le profesa a un milagro. ​Aunque su primer instinto fue rechazar la "corona" y seguir su rumbo, algo en el silencio de las noches del pueblo la detuvo. Estaba cansada de la tierra bajo sus uñas y de los campamentos improvisados. Por primera vez, el peso de una responsabilidad fija se sentía más ligero que la libertad del vagabundo. Aceptó quedarse, no como una tirana, sino como el escudo de aquellos que apenas aprendían a ser libres. ​ ​Elizabeth volcó su vida en la defensa de su nuevo hogar. Transformó la plaza central en un campo de entrenamiento donde el choque del acero resonaba desde el alba. Aplicó la disciplina brutal de Knaresborough, el lugar donde ella misma fue forjada. Allí, a los "Llamas de Sangre" se les enseñaba a ser máquinas de matar antes incluso de aprender a leer, y Elizabeth no conocía otra forma de vida que no fuera quemar cualquier obstáculo. ​Sin embargo, al ver a los jóvenes del pueblo empuñar las espadas y a la gente, campesinos y artesanos que ahora caminaban con la espalda erguida,​ sentía una mezcla de orgullo y extraña paz. Ya no quemaba puentes para avanzar, ahora construía muros para proteger lo que era suyo.
    Me encocora
    Me endiabla
    Me gusta
    6
    2 turnos 0 maullidos
  • - Maldito nombre, hasta fic se burla de mi y sus maravillosos eventos. Me voy a ir una temporada a una península, nada de islas.

    Los recuerdos de su hermano eran suyos al ser su creación, por ende, estaba enamorado de una persona que jamás podría estar con él, lo peor, ella no sabía ni de su existencia. Jamás se atrevió a dar el paso, el lobo tiene miedo al rechazo. Pero, ¿Quién no lo tiene? Que tire la primera piedra quien no sienta como se acelera el corazón cuando hablan de esa persona, cuando se acelera el pulso cuando parece que todo gira a su alrededor. Cuando se te corta la respiración porque no está, porque te falta y piensas que es lo mejor. Sino sabe nada de ti, ni de tu historia.. Solo me falta aprender a ser mejor, solo espero poder un día merecerte no aburrirte y volver a ser ese bonito recuerdo, construir nuevos recuerdos, juntos, algún día daré ese paso cuando por fin sea valiente y digno de ti.

    - Maldito nombre, hasta fic se burla de mi y sus maravillosos eventos. Me voy a ir una temporada a una península, nada de islas. Los recuerdos de su hermano eran suyos al ser su creación, por ende, estaba enamorado de una persona que jamás podría estar con él, lo peor, ella no sabía ni de su existencia. Jamás se atrevió a dar el paso, el lobo tiene miedo al rechazo. Pero, ¿Quién no lo tiene? Que tire la primera piedra quien no sienta como se acelera el corazón cuando hablan de esa persona, cuando se acelera el pulso cuando parece que todo gira a su alrededor. Cuando se te corta la respiración porque no está, porque te falta y piensas que es lo mejor. Sino sabe nada de ti, ni de tu historia.. Solo me falta aprender a ser mejor, solo espero poder un día merecerte no aburrirte y volver a ser ese bonito recuerdo, construir nuevos recuerdos, juntos, algún día daré ese paso cuando por fin sea valiente y digno de ti.
    Me encocora
    Me enjaja
    Me shockea
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • 確信できる今だけ重ねて。
    Mikhail Wolfgang

    Mentiría si no dijera que la asfixia lo había perseguido como una sombra durante todo el día.

    Le costaba horrores sostener las notas altas, robando bocanadas de aire en pausas donde no correspondía; era una situación casi nauseabunda de sobrellevar frente a la clase. Pero Yuiichi no se permitiría detenerse. No iba a abandonar a los niños ni a recortarles el tiempo de lección por un "capricho" de su cuerpo. Con el tiempo, Yuiichi se había vuelto un experto en el arte del disimulo: apoyar la espalda recta contra la pared al cantar para liberar el diafragma, sentarse con frecuencia estratégica mientras ellos copiaban de la pizarra verde, o humedecerse los labios de forma constante sin llegar a beber. La restricción de líquidos era una tortura silenciosa; se estaba muriendo de sed en plena primavera, con la boca pastosa y el pecho rugiendo por un alivio que no llegaba.

    Le atormentaba la sensación de derrota cada vez que ayudaba a un alumno con un instrumento de viento. Recordaba con una punzada de fracaso el día que tuvo que soltar la trompeta, incapaz de mantener la presión necesaria sin sentir que el corazón se le salía por la garganta. Fue el inicio de una búsqueda desesperada por un instrumento que lo hiciera tan feliz como el violín, pero solo encontraba ecos de su propia limitación. Un fracaso tras otro.

    Al terminar la jornada, con los ojos irritados por el cansancio y el cuerpo operando casi en reserva, Yuiichi salió al pasillo buscando un poco de aire. Allí se topó con uno de sus alumnos más jóvenes, un pequeño cuya timidez rozaba el miedo, inherente a la de un niño que empieza a hacer cosas nuevas. El niño alguna vez mencionó que su madre era una persona "rara", una palabra casi dignificante, un eufemismo que a Yuiichi le calaba hasta los huesos; él también había lidiado con una madre "rara" en el mejor de los casos. Le dolía ver ese miedo a decepcionar, esa desolación infantil que él conocía tan bien. Se sentía impotente; al final del día, solo era un docente enfermo tratando de no desmoronarse antes de la última campana. Pero el no podía hacer nada, o al menos no mucho.

    El niño se le acercó como si hubiera visto un fantasma, había tratado de explicar algo que sucedía en la entrada de la institución, no en la reja de la entrada, más bien, en la entrada del edificio. Yuiichi se sorprendió al ver que el hombre extraño seguía allí, estático en los límites de la estructura. Con un paso lento y patoso que no podía evitar, casi arrastrando su propia fatiga, solo se acercó para intervenir.

    —Disculpe... —Su voz salió más afónica de lo que pretendía. Se vio obligado a tomar una respiración larga y profunda, una que le dolió en el centro del pecho, antes de continuar. No se atrevió a mirarlo a los ojos de inmediato. En su lugar, fijó la vista en las manos del desconocido, buscando cualquier señal de peligro, y luego en sus pies, tratando de estabilizar su propio equilibrio —Esta es una institución educativa... ¿Tiene a algún familiar aquí que venga a buscar? —Hizo una pausa obligatoria, tomando otra bocanada de aire para que sus pulmones no lo traicionaran, aun manteniendo la formalidad con la que se había criado —Si no es así... ¿podría retirarse, por favor?

    Dios, que día largo.
    確信できる今だけ重ねて。 [MishaWolfgang0] Mentiría si no dijera que la asfixia lo había perseguido como una sombra durante todo el día. Le costaba horrores sostener las notas altas, robando bocanadas de aire en pausas donde no correspondía; era una situación casi nauseabunda de sobrellevar frente a la clase. Pero Yuiichi no se permitiría detenerse. No iba a abandonar a los niños ni a recortarles el tiempo de lección por un "capricho" de su cuerpo. Con el tiempo, Yuiichi se había vuelto un experto en el arte del disimulo: apoyar la espalda recta contra la pared al cantar para liberar el diafragma, sentarse con frecuencia estratégica mientras ellos copiaban de la pizarra verde, o humedecerse los labios de forma constante sin llegar a beber. La restricción de líquidos era una tortura silenciosa; se estaba muriendo de sed en plena primavera, con la boca pastosa y el pecho rugiendo por un alivio que no llegaba. Le atormentaba la sensación de derrota cada vez que ayudaba a un alumno con un instrumento de viento. Recordaba con una punzada de fracaso el día que tuvo que soltar la trompeta, incapaz de mantener la presión necesaria sin sentir que el corazón se le salía por la garganta. Fue el inicio de una búsqueda desesperada por un instrumento que lo hiciera tan feliz como el violín, pero solo encontraba ecos de su propia limitación. Un fracaso tras otro. Al terminar la jornada, con los ojos irritados por el cansancio y el cuerpo operando casi en reserva, Yuiichi salió al pasillo buscando un poco de aire. Allí se topó con uno de sus alumnos más jóvenes, un pequeño cuya timidez rozaba el miedo, inherente a la de un niño que empieza a hacer cosas nuevas. El niño alguna vez mencionó que su madre era una persona "rara", una palabra casi dignificante, un eufemismo que a Yuiichi le calaba hasta los huesos; él también había lidiado con una madre "rara" en el mejor de los casos. Le dolía ver ese miedo a decepcionar, esa desolación infantil que él conocía tan bien. Se sentía impotente; al final del día, solo era un docente enfermo tratando de no desmoronarse antes de la última campana. Pero el no podía hacer nada, o al menos no mucho. El niño se le acercó como si hubiera visto un fantasma, había tratado de explicar algo que sucedía en la entrada de la institución, no en la reja de la entrada, más bien, en la entrada del edificio. Yuiichi se sorprendió al ver que el hombre extraño seguía allí, estático en los límites de la estructura. Con un paso lento y patoso que no podía evitar, casi arrastrando su propia fatiga, solo se acercó para intervenir. —Disculpe... —Su voz salió más afónica de lo que pretendía. Se vio obligado a tomar una respiración larga y profunda, una que le dolió en el centro del pecho, antes de continuar. No se atrevió a mirarlo a los ojos de inmediato. En su lugar, fijó la vista en las manos del desconocido, buscando cualquier señal de peligro, y luego en sus pies, tratando de estabilizar su propio equilibrio —Esta es una institución educativa... ¿Tiene a algún familiar aquí que venga a buscar? —Hizo una pausa obligatoria, tomando otra bocanada de aire para que sus pulmones no lo traicionaran, aun manteniendo la formalidad con la que se había criado —Si no es así... ¿podría retirarse, por favor? Dios, que día largo.
    Me gusta
    1
    1 turno 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados