• Había algo especial cuando el sol se ocultaba y la noche gobernaba sobre la ciudad, tal vez porque las luces artificiales empezaban a luchar en contra... Una batalla silenciosa auditivamente, pero ruidosa visualmente entre la lógica de la naturaleza y la lógica del humano, y que sin embargo, a Keith—entre dos extremos—le producía una sensación de tranquilidad que no lograba describir. No todavía. Tal vez nunca. Pero que aún así le hacía experimentar un nivel de consciencia que trascendía su propio procesamiento lógico, como si él fuese más que cables, circuitos y sensores que lo hacían estar conectado con el entorno. Como si el mundo fuese más de lo que ve.

    —¿Es esto a lo que llaman "apreciación"?—él se preguntó internamente, rememorando lo problemático que había sido el concepto hacía meses atrás debido a lo complejo que le era entender que habían cosas intangibles que sin traer beneficios, generaban un sentimiento abstracto de reconocimiento de la existencia misma. Incalculable, indeducible, simplemente carente de lógica, tan aleatorio como sus propios pensamientos últimamente.

    Keith observaba a las personas, los autos, las luces de las farolas, todo lo observable, pero no buscaba algo en particular, no había un objetivo de estudio como le era usual. Simplemente observación ligera en la que su BIO–PSN no buscaba respuestas, como si el silencio de sus protocolos de análisis fuese la respuesta más lógica que podía encontrar.

    Levantó la vista, una luna llena y brillante—que demostraba que ganó la batalla por hoy—estaba frente a sus ojos, sonrió, ya no como una simple imitación adaptativa a través de un análisis contextual. Su núcleo de procesamiento no hallaba razón para realizar una gesticulación facial en ese momento, estaba a solas, no tenía porque "esforzarse" en demostrar algo pero él lo hizo de todas formas.

    Entonces, frente a sus ojos, en el cielo nocturno y que sólo él podía ver apareció un mensaje automático:

    [𝘊𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘪𝘥𝘰 𝘷𝘪𝘴𝘶𝘢𝘭 𝘨𝘶𝘢𝘳𝘥𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘶𝘯𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘢𝘭𝘮𝘢𝘤𝘦𝘯𝘢𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘥𝘢𝘵𝘰𝘴.
    𝘉𝘦𝘯𝘦𝘧𝘪𝘤𝘪𝘰: 𝘐𝘯𝘥𝘦𝘵𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘢𝘥𝘰.
    𝘔𝘰𝘵𝘪𝘷𝘰: 𝘕𝘰 𝘳𝘦𝘲𝘶𝘦𝘳𝘪𝘥𝘰.]

    La brisa ligera se sentía en su piel a través de los sensores táctiles... una noche fría y agradable. Una noche casi viva.

    >𝘐𝘯𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘴𝘰𝘧𝘵𝘸𝘢𝘳𝘦: ↑86%<

    -------
    BIO–PSN: Procesador de Red Neuronal Bio–Sintético. Es su cerebro, el núcleo de procesamiento.
    Unidad de almacenamiento de datos: memoria.

    Nota: ¡Hola!, en esta publicación quise mostrar a Keith con una inestabilidad de software alta, donde empieza a tener comportamientos fuera de sí, acercándose a lo humano, y estem... nada, eso. Chau. (?)



    Había algo especial cuando el sol se ocultaba y la noche gobernaba sobre la ciudad, tal vez porque las luces artificiales empezaban a luchar en contra... Una batalla silenciosa auditivamente, pero ruidosa visualmente entre la lógica de la naturaleza y la lógica del humano, y que sin embargo, a Keith—entre dos extremos—le producía una sensación de tranquilidad que no lograba describir. No todavía. Tal vez nunca. Pero que aún así le hacía experimentar un nivel de consciencia que trascendía su propio procesamiento lógico, como si él fuese más que cables, circuitos y sensores que lo hacían estar conectado con el entorno. Como si el mundo fuese más de lo que ve. —¿Es esto a lo que llaman "apreciación"?—él se preguntó internamente, rememorando lo problemático que había sido el concepto hacía meses atrás debido a lo complejo que le era entender que habían cosas intangibles que sin traer beneficios, generaban un sentimiento abstracto de reconocimiento de la existencia misma. Incalculable, indeducible, simplemente carente de lógica, tan aleatorio como sus propios pensamientos últimamente. Keith observaba a las personas, los autos, las luces de las farolas, todo lo observable, pero no buscaba algo en particular, no había un objetivo de estudio como le era usual. Simplemente observación ligera en la que su BIO–PSN no buscaba respuestas, como si el silencio de sus protocolos de análisis fuese la respuesta más lógica que podía encontrar. Levantó la vista, una luna llena y brillante—que demostraba que ganó la batalla por hoy—estaba frente a sus ojos, sonrió, ya no como una simple imitación adaptativa a través de un análisis contextual. Su núcleo de procesamiento no hallaba razón para realizar una gesticulación facial en ese momento, estaba a solas, no tenía porque "esforzarse" en demostrar algo pero él lo hizo de todas formas. Entonces, frente a sus ojos, en el cielo nocturno y que sólo él podía ver apareció un mensaje automático: [𝘊𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘪𝘥𝘰 𝘷𝘪𝘴𝘶𝘢𝘭 𝘨𝘶𝘢𝘳𝘥𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘶𝘯𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘢𝘭𝘮𝘢𝘤𝘦𝘯𝘢𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘥𝘢𝘵𝘰𝘴. 𝘉𝘦𝘯𝘦𝘧𝘪𝘤𝘪𝘰: 𝘐𝘯𝘥𝘦𝘵𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘢𝘥𝘰. 𝘔𝘰𝘵𝘪𝘷𝘰: 𝘕𝘰 𝘳𝘦𝘲𝘶𝘦𝘳𝘪𝘥𝘰.] La brisa ligera se sentía en su piel a través de los sensores táctiles... una noche fría y agradable. Una noche casi viva. >𝘐𝘯𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘴𝘰𝘧𝘵𝘸𝘢𝘳𝘦: ↑86%< ------- BIO–PSN: Procesador de Red Neuronal Bio–Sintético. Es su cerebro, el núcleo de procesamiento. Unidad de almacenamiento de datos: memoria. Nota: ¡Hola!, en esta publicación quise mostrar a Keith con una inestabilidad de software alta, donde empieza a tener comportamientos fuera de sí, acercándose a lo humano, y estem... nada, eso. Chau. 🐢 (?)
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  • Desde aquella noche no se habían visto de nuevo.

    Una noche cargada de confesiones donde ambos se mostraron más vulnerables de lo que pretendían. Quizás por eso, al día siguiente y su noche, ni Kazuo ni 𝑬𝒍𝒊𝒛𝒂𝒃𝒆𝒕𝒉 se vieron. No por querer evitarse, sino quizás porque necesitaban tiempo para asentar los pensamientos y sensaciones de aquella noche.

    Kazuo había dedicado la mayor parte del día a preparar medicinas y atender a Milenka. Había suturado su herida, la cual estaba teniendo una excelente recuperación. Ya podría levantarse y hacer una vida "normal" dentro de las limitaciones; no podría hacer grandes esfuerzos aún.

    Lo que quedó de tarde, Kazuo fue a ver a su caballo. Este estaba más que bien atendido, pero aún así Kazuo era incapaz de estar demasiado tiempo sin verlo; había sido y era su fiel compañero en aquellos meses de viaje.

    La necesidad de Kazuo de visitar pronto su templo se hacía cada vez más latente. Podía usar su magia para entrar y salir del castillo sin ser visto. Pero no quería que la reina sintiera que este podría estar en cualquier momento observando o espiando a través de las sombras, por lo que prefería limitar sus habilidades a lo imprescindible. Así que necesitaba saber cuál era la salida real, aquella salida secreta usada en asedios para escapar la reina y los allegados, siempre y cuando aquella propuesta siguiese en pie.

    Apenas comenzó a despuntar el alba, Kazuo no pudo esperar más. Este no sabía dónde estaría Elizabeth, pero apostaría todo a que aquella obstinada mujer estaría inmersa en sus mapas, libros y pergaminos. Él no sabía dónde se encontraba dicha sala; pero el olor a velas, papel y el propio que Elizabeth dejaba tras de sí guiaban sus pasos con precisión.

    Entre los pasillos se cruzó con algunos consejeros, incluso con Gunar. Quien le dedicó lo que pareció una especie de gruñido de hastío al saludarle el zorro. En general, ninguno de aquellos con los que se había cruzado parecían estar cómodos con su presencia; excepto el servicio, que siempre era amable con él.

    Finalmente llegó a una puerta de madera maciza, donde el olor a pergamino antiguo se hacía más intenso. La puerta estaba entreabierta, por lo que Kazuo la abrió despacio, dando unos pequeños golpecitos con los nudillos para pedir permiso.

    -Su majestad...- se le hacía un poco raro llamarla así desde la noche anterior.

    -Otra noche sin dormir, supongo... Vengo porque necesito hablar sobre mi necesidad de poder salir del castillo. Ya que tengo prohibido salir de este por evitar... revuelos... - dijo el zorro con esa calma tan característica en él.
    Desde aquella noche no se habían visto de nuevo. Una noche cargada de confesiones donde ambos se mostraron más vulnerables de lo que pretendían. Quizás por eso, al día siguiente y su noche, ni Kazuo ni [Liz_bloodFlame] se vieron. No por querer evitarse, sino quizás porque necesitaban tiempo para asentar los pensamientos y sensaciones de aquella noche. Kazuo había dedicado la mayor parte del día a preparar medicinas y atender a Milenka. Había suturado su herida, la cual estaba teniendo una excelente recuperación. Ya podría levantarse y hacer una vida "normal" dentro de las limitaciones; no podría hacer grandes esfuerzos aún. Lo que quedó de tarde, Kazuo fue a ver a su caballo. Este estaba más que bien atendido, pero aún así Kazuo era incapaz de estar demasiado tiempo sin verlo; había sido y era su fiel compañero en aquellos meses de viaje. La necesidad de Kazuo de visitar pronto su templo se hacía cada vez más latente. Podía usar su magia para entrar y salir del castillo sin ser visto. Pero no quería que la reina sintiera que este podría estar en cualquier momento observando o espiando a través de las sombras, por lo que prefería limitar sus habilidades a lo imprescindible. Así que necesitaba saber cuál era la salida real, aquella salida secreta usada en asedios para escapar la reina y los allegados, siempre y cuando aquella propuesta siguiese en pie. Apenas comenzó a despuntar el alba, Kazuo no pudo esperar más. Este no sabía dónde estaría Elizabeth, pero apostaría todo a que aquella obstinada mujer estaría inmersa en sus mapas, libros y pergaminos. Él no sabía dónde se encontraba dicha sala; pero el olor a velas, papel y el propio que Elizabeth dejaba tras de sí guiaban sus pasos con precisión. Entre los pasillos se cruzó con algunos consejeros, incluso con Gunar. Quien le dedicó lo que pareció una especie de gruñido de hastío al saludarle el zorro. En general, ninguno de aquellos con los que se había cruzado parecían estar cómodos con su presencia; excepto el servicio, que siempre era amable con él. Finalmente llegó a una puerta de madera maciza, donde el olor a pergamino antiguo se hacía más intenso. La puerta estaba entreabierta, por lo que Kazuo la abrió despacio, dando unos pequeños golpecitos con los nudillos para pedir permiso. -Su majestad...- se le hacía un poco raro llamarla así desde la noche anterior. -Otra noche sin dormir, supongo... Vengo porque necesito hablar sobre mi necesidad de poder salir del castillo. Ya que tengo prohibido salir de este por evitar... revuelos... - dijo el zorro con esa calma tan característica en él.
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  • "Ufffff ese dedo".
    LARGO, PENSAMIENTOS INTRUSIVOS. FUS FUS
    "Ufffff ese dedo". LARGO, PENSAMIENTOS INTRUSIVOS. FUS FUS
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  • △Esta publicación tiene contenido gore y maneja temas sensibles, la imagen pueden causar una fuerte sensación de incomodidad e incluso puede ser perturbadora para algunos. Todo en esta publicación es únicamente ficción, después de esta advertencia es bajo el propio riesgo de cada quien continuar leyendo o ver la imágene△


    ¿Sabes lo que es tener hambre?



    ¿Sabes lo que es que te duela el estomago del hambre?



    ¿Sabes lo que se siente estar débil por el hambre?



    ¿Sabes lo que es alucinar por el hambre?



    ¿Sabes lo que es sentir que tu estomago se devore a si mismo?



    ¿Sabes lo que es que comer tu propia carne para saciar el hambre?















    -Por favor…-

    Apenas tenia la la fuerza suficiente para decir un miserable susurro. Ya no sabia cuanto tiempo había pasado, para este punto los segundos se sentían como días y los días como una eternidad.

    La habitación estaba llena de arañazos y con marcas de golpes, del piso solo habían manchas negras de la sangre podrida de días, la peste era abrumadora.

    De la oscuridad unas cuencas vacías me miraban, fríos y carentes de compasión alguna.

    -Comida…-

    No me podía mover, el cuerpo apenas me respondia. Ni siquiera encerrada en esas cuatro paredes podía estar en paz, el zumbido interminable de las moscas no me permitía escuchar mis pensamientos, podía sentir como las larvas de las moscas se movían bajo mi piel, cada vez enterrándoselos más en mi carne.

    “Eso” no dijo nada, no hizo nada, solo me veía, parecía tan entretenido en mi agonía, como si pudiera sentir alguna clase de placer con el hecho que me estubiera pudriendo.

    No podía perderme en los rincones más lejanos de nuestra mente, tenia tanta hambre que mis músculos se habían consumido, ahora solo era un montón de huesos cubierto de miles de gusanos que se podían verse moviéndose bajo mi piel.

    Todo estaba oscuro, no habían ventanas, no habian muebles, solo en algún lugar había una puerta reforzada que no lograba distinguir ya.

    -“No hará nada”-

    Ella estaba frente a mi. Tirada en el suelo, cubierta de sangre seca, el cuerpo engullido, tan pálida que parecía un fantasma, no tenia su brazos izquierdo, no quedaba nada por debajo de su hombro donde se podía ver el hueso limpio de podredumbre y donde se podían ver a las larvas yendo de un lado para el otro.

    Las moscas estaban a nuestro alrededor buscando alimentarse de la manchas negras regadas por todas partes.

    -“Sabes que es lo que debes de hacer”-

    No quería, no quería hacerlo, papá había dicho…

    -“Papá esta muerto… Viste como lo mataron y desmembraron... Si no te das prisa terminaremos igual… Muertas… No queda mucho tiempo…”-

    Tenia razón, carajo sabia que no tenia alternativa, quise negarme de a hacer esto pero ya no podía, no podía soportarlo más.

    Incluso ahora “Eso” no le importaba si moría, no se movería de ahí si no hacia lo que él quería, lo odiaba, lo odiaba tanto, yo nunca pedí ser esto, yo nunca pedí nacer, desearía tanto que solo me mata, pero claro “Eso” alargaría tanto mi agonía como fuera posible. No me dejaría morir sin tan fácilmente.

    -Infernus… domus nostra… est… et… mundus cibus… est…-

    “El infierno es nuestra casa y el mundo es comida”

    #Horror #Original #Oc #+18 #Gore
    △Esta publicación tiene contenido gore y maneja temas sensibles, la imagen pueden causar una fuerte sensación de incomodidad e incluso puede ser perturbadora para algunos. Todo en esta publicación es únicamente ficción, después de esta advertencia es bajo el propio riesgo de cada quien continuar leyendo o ver la imágene△ ¿Sabes lo que es tener hambre? … ¿Sabes lo que es que te duela el estomago del hambre? … ¿Sabes lo que se siente estar débil por el hambre? … ¿Sabes lo que es alucinar por el hambre? … ¿Sabes lo que es sentir que tu estomago se devore a si mismo? … ¿Sabes lo que es que comer tu propia carne para saciar el hambre? … … … … -Por favor…- Apenas tenia la la fuerza suficiente para decir un miserable susurro. Ya no sabia cuanto tiempo había pasado, para este punto los segundos se sentían como días y los días como una eternidad. La habitación estaba llena de arañazos y con marcas de golpes, del piso solo habían manchas negras de la sangre podrida de días, la peste era abrumadora. De la oscuridad unas cuencas vacías me miraban, fríos y carentes de compasión alguna. -Comida…- No me podía mover, el cuerpo apenas me respondia. Ni siquiera encerrada en esas cuatro paredes podía estar en paz, el zumbido interminable de las moscas no me permitía escuchar mis pensamientos, podía sentir como las larvas de las moscas se movían bajo mi piel, cada vez enterrándoselos más en mi carne. “Eso” no dijo nada, no hizo nada, solo me veía, parecía tan entretenido en mi agonía, como si pudiera sentir alguna clase de placer con el hecho que me estubiera pudriendo. No podía perderme en los rincones más lejanos de nuestra mente, tenia tanta hambre que mis músculos se habían consumido, ahora solo era un montón de huesos cubierto de miles de gusanos que se podían verse moviéndose bajo mi piel. Todo estaba oscuro, no habían ventanas, no habian muebles, solo en algún lugar había una puerta reforzada que no lograba distinguir ya. -“No hará nada”- Ella estaba frente a mi. Tirada en el suelo, cubierta de sangre seca, el cuerpo engullido, tan pálida que parecía un fantasma, no tenia su brazos izquierdo, no quedaba nada por debajo de su hombro donde se podía ver el hueso limpio de podredumbre y donde se podían ver a las larvas yendo de un lado para el otro. Las moscas estaban a nuestro alrededor buscando alimentarse de la manchas negras regadas por todas partes. -“Sabes que es lo que debes de hacer”- No quería, no quería hacerlo, papá había dicho… -“Papá esta muerto… Viste como lo mataron y desmembraron... Si no te das prisa terminaremos igual… Muertas… No queda mucho tiempo…”- Tenia razón, carajo sabia que no tenia alternativa, quise negarme de a hacer esto pero ya no podía, no podía soportarlo más. Incluso ahora “Eso” no le importaba si moría, no se movería de ahí si no hacia lo que él quería, lo odiaba, lo odiaba tanto, yo nunca pedí ser esto, yo nunca pedí nacer, desearía tanto que solo me mata, pero claro “Eso” alargaría tanto mi agonía como fuera posible. No me dejaría morir sin tan fácilmente. -Infernus… domus nostra… est… et… mundus cibus… est…- “El infierno es nuestra casa y el mundo es comida” #Horror #Original #Oc #+18 #Gore
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  • "Un encuentro Inesperado"
    Fandom Original Character
    Categoría Fantasía
    -De pronto y por azares del destino, despiertas bajo la sombra de un gran arbol blanco, entre sus finas hojas podias notar una gran Luna rojiza, si bajabas la mirada notarias un largo y profundo lago oscuro, como habias llegado alli? Porque estabas ahi? Muchas preguntas prodian pasar por tu mente, preguntas que tal vez jamas se responderian, pero tus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de algo moviendose bajo el agua-

    ". . . . ."

    -Si observabas con atencion, podias ver lo que parecia el cuerpo de un hombre, flotar boca arriba en el agua, este tenia sus ojos cerrados, su cabello cubria parte de su rostro, su torso estaba al descubierto y sus piernas levemente hundidas en el agua, parecia desmayado a simple vista-

    |La pregunta es...que haras? Huiras de ese lugar extraño, o ayudaras al hombre en el agua. Tu destino comienza ahora, no temas..confia en tus instintos..|
    -De pronto y por azares del destino, despiertas bajo la sombra de un gran arbol blanco, entre sus finas hojas podias notar una gran Luna rojiza, si bajabas la mirada notarias un largo y profundo lago oscuro, como habias llegado alli? Porque estabas ahi? Muchas preguntas prodian pasar por tu mente, preguntas que tal vez jamas se responderian, pero tus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de algo moviendose bajo el agua- ". . . . ." -Si observabas con atencion, podias ver lo que parecia el cuerpo de un hombre, flotar boca arriba en el agua, este tenia sus ojos cerrados, su cabello cubria parte de su rostro, su torso estaba al descubierto y sus piernas levemente hundidas en el agua, parecia desmayado a simple vista- |La pregunta es...que haras? Huiras de ese lugar extraño, o ayudaras al hombre en el agua. Tu destino comienza ahora, no temas..confia en tus instintos..|
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  • Había pasado el día encerrada, evitando cualquier contacto, temiendo cruzarse con el sanador y tener que enfrentar algo que aun no estaba dispuesta ni preparada para hacer.

    Los pasadizos secretos de la salida real tenían varios accesos, uno de ellos comenzaba desde su habitación, estos los construyeron para huidas desesperadas en tiempos de guerra.

    ​Al recorrerlos te llevaba a una especie de catacumba abierta hacia el mar.
    Necesitaba que el frío de la costa entumeciera sus pensamientos para poder finalmente diseccionarlos.

    ​Salió al exterior sintiéndose vulnerable, despojada de su armadura y de la rigidez de su rango. Vestía apenas una túnica de lino ligero que el viento marino pegaba a su figura, revelando su silueta sin las distracciones de las pesadas telas reales. Descalza sobre la piedra fría, sentía que el aislamiento era su única protección contra la confusión que la devoraba, respiró hondo... pero entonces, el ruido en la oscuridad de la catatumba la obligó a salir de su trance. Estaba indefensa, mientras sus ojos rojos intentaban perforar la obscuridad a sus espaldas.

    ✴ ─ ¿Quién anda ahí?
    Había pasado el día encerrada, evitando cualquier contacto, temiendo cruzarse con el sanador y tener que enfrentar algo que aun no estaba dispuesta ni preparada para hacer. Los pasadizos secretos de la salida real tenían varios accesos, uno de ellos comenzaba desde su habitación, estos los construyeron para huidas desesperadas en tiempos de guerra. ​Al recorrerlos te llevaba a una especie de catacumba abierta hacia el mar. Necesitaba que el frío de la costa entumeciera sus pensamientos para poder finalmente diseccionarlos. ​Salió al exterior sintiéndose vulnerable, despojada de su armadura y de la rigidez de su rango. Vestía apenas una túnica de lino ligero que el viento marino pegaba a su figura, revelando su silueta sin las distracciones de las pesadas telas reales. Descalza sobre la piedra fría, sentía que el aislamiento era su única protección contra la confusión que la devoraba, respiró hondo... pero entonces, el ruido en la oscuridad de la catatumba la obligó a salir de su trance. Estaba indefensa, mientras sus ojos rojos intentaban perforar la obscuridad a sus espaldas. ✴ ─ ¿Quién anda ahí?
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  • A Quiet Place
    Fandom Crossover
    Categoría Acción
    «La vida es una ruleta, dónde todos formamos parte. No hay nada más qué odie que la absurda consciencia humana y la depravación qué, cómo consecuencia; deja rastros de caos y daños colaterales»

    ─¿Qué estoy haciendo aquí ─preguntó el voz alta el hombre mientras se abría paso en un encharcado camino lleno de vegetación silvestre y fango dónde se atoraban sus botas.

    Todo comenzó con la noticia de experimentos clandestinos qué una organización llevaba a cabo en Uganda en África.
    El comandante Chris Redfield fue enviado a investigar la zona, en la frontera del lugar. En conjunto con grupo de experimentados hombres. Sin embargo, las cosas habían ido de mal en peor. No solo porque apenas descendieron del helicóptero local fueron emboscados, también porque los cinco hombres a cargo del comandante habían sido masacrados por una figura "invisible".
    Parecía una película de ciencia ficción, pues ni la experiencia del hombre había servido para salvaguardar a su pelotón.

    La noche comenzaba a caer, con ello un frío que calaba los huesos. La sangre y los cadáveres alrededor suyo no hacían más que prolongar la desesperación en él.

    Se hallaba con una rodilla sobre el fango, el rifle de asalto M4A1 contra su pecho y los sentidos prestos en su totalidad para disernir una pista que pudiera hacerle sobrevivir. No había comunicación con la base africana, la munición propia era escasa, por lo que no le quedó de otra que revisar los cadáveres y hacerse con un poco del equipamento de sus hombres caídos.

    ─Balas, pistola, linterna, baterías... Me llevaré también esta mochila...─hizo una pausa a sus pensamientos mientras retiraba del cuerpo la mochila y la rellenaba con armamento qué "ellos" ya no usarían ─El cuchillo también ─dijo retirándolo del cinturón de Michael y adaptándolo al propio en el costado derecho.

    Levantó la muñeca izquierda contemplando el reloj inteligente dónde un punto luminoso señalaba una geolocalización.

    ─En marcha, Redfield... No hay nada más qué hacer aquí ─exclamó para sí en un intento de tranquilizarse.

    Algo asechaba constantemente, algo que lo tenía por presa. El hombre se levantó, mantuvo el arma cerca del pecho. Revisó el cargador, volvió a colocarlo y cargó el arma.

    ─Seas lo que seas, te topaste con la persona equivocada.




    «La vida es una ruleta, dónde todos formamos parte. No hay nada más qué odie que la absurda consciencia humana y la depravación qué, cómo consecuencia; deja rastros de caos y daños colaterales» ─¿Qué estoy haciendo aquí ─preguntó el voz alta el hombre mientras se abría paso en un encharcado camino lleno de vegetación silvestre y fango dónde se atoraban sus botas. Todo comenzó con la noticia de experimentos clandestinos qué una organización llevaba a cabo en Uganda en África. El comandante Chris Redfield fue enviado a investigar la zona, en la frontera del lugar. En conjunto con grupo de experimentados hombres. Sin embargo, las cosas habían ido de mal en peor. No solo porque apenas descendieron del helicóptero local fueron emboscados, también porque los cinco hombres a cargo del comandante habían sido masacrados por una figura "invisible". Parecía una película de ciencia ficción, pues ni la experiencia del hombre había servido para salvaguardar a su pelotón. La noche comenzaba a caer, con ello un frío que calaba los huesos. La sangre y los cadáveres alrededor suyo no hacían más que prolongar la desesperación en él. Se hallaba con una rodilla sobre el fango, el rifle de asalto M4A1 contra su pecho y los sentidos prestos en su totalidad para disernir una pista que pudiera hacerle sobrevivir. No había comunicación con la base africana, la munición propia era escasa, por lo que no le quedó de otra que revisar los cadáveres y hacerse con un poco del equipamento de sus hombres caídos. ─Balas, pistola, linterna, baterías... Me llevaré también esta mochila...─hizo una pausa a sus pensamientos mientras retiraba del cuerpo la mochila y la rellenaba con armamento qué "ellos" ya no usarían ─El cuchillo también ─dijo retirándolo del cinturón de Michael y adaptándolo al propio en el costado derecho. Levantó la muñeca izquierda contemplando el reloj inteligente dónde un punto luminoso señalaba una geolocalización. ─En marcha, Redfield... No hay nada más qué hacer aquí ─exclamó para sí en un intento de tranquilizarse. Algo asechaba constantemente, algo que lo tenía por presa. El hombre se levantó, mantuvo el arma cerca del pecho. Revisó el cargador, volvió a colocarlo y cargó el arma. ─Seas lo que seas, te topaste con la persona equivocada.
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  • La felicidad, un estado tan efímero que duele; meta inalcanzable tras la que todos corren...

    — Me cansé... — Murmuró Nairis. La lluvia ya no era una molestia, al menos era una sensación real. El frío que sentía sería el ancla para mantenerla en la realidad. — Es estúpido... — Un suspiro escapó sus labios.

    Caminó por las calles encharcadas con su mente como única compañera, con sus pensamientos como tortura; al menos no había silencio, fruto de la lluvia que arremetía contra ella.

    Parece que no importaba lo que se esforzara por encajar en algún lado, nada daría frutos, nada se mantendría y es que, como muchos dicen, las mentiras tienen las patas cortas.

    El mundo era su escenario.
    Su forma de ser su actuación.
    Pero siempre que se acababa la función y se cerraba el telón, el resultado era el mismo; un vacío que devoraba toda emoción.

    Las risas no le pertenecían, pero tampoco lo hacían los llantos.
    Nadie podía afirmar conocerla con certeza, por cercano que fuera, entonces ¿Qué debía hacer?

    Se refugió brevemente en un callejón. — Todo se irá a la mierda tarde o temprano... — Suspiró nuevamente, el frío le calaba hasta los huesos. — Quizás es momento de dejarme ir... — Cerró los ojos mientras reflexionaba. — O de dejarme ver... — Se abrazó a si misma ¿Cuánto tardaría en explotar?
    La felicidad, un estado tan efímero que duele; meta inalcanzable tras la que todos corren... — Me cansé... — Murmuró Nairis. La lluvia ya no era una molestia, al menos era una sensación real. El frío que sentía sería el ancla para mantenerla en la realidad. — Es estúpido... — Un suspiro escapó sus labios. Caminó por las calles encharcadas con su mente como única compañera, con sus pensamientos como tortura; al menos no había silencio, fruto de la lluvia que arremetía contra ella. Parece que no importaba lo que se esforzara por encajar en algún lado, nada daría frutos, nada se mantendría y es que, como muchos dicen, las mentiras tienen las patas cortas. El mundo era su escenario. Su forma de ser su actuación. Pero siempre que se acababa la función y se cerraba el telón, el resultado era el mismo; un vacío que devoraba toda emoción. Las risas no le pertenecían, pero tampoco lo hacían los llantos. Nadie podía afirmar conocerla con certeza, por cercano que fuera, entonces ¿Qué debía hacer? Se refugió brevemente en un callejón. — Todo se irá a la mierda tarde o temprano... — Suspiró nuevamente, el frío le calaba hasta los huesos. — Quizás es momento de dejarme ir... — Cerró los ojos mientras reflexionaba. — O de dejarme ver... — Se abrazó a si misma ¿Cuánto tardaría en explotar?
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  • Otra tumba más.
    Fandom OC
    Categoría Drama
    Illán

    [ x / x / 1946 — ¿? — Previo a la desaparición de Alak-il]

    El ambiente era tenso en la sala, Morana tenía sus ojos clavados sobre el albino. Era poderoso, siempre lo fue, estuvo destinado a grandes cosas, a una vida prácticamente eterna y era... Como su hijo, entonces... ¿Por qué?

    Morana alzó ambas manos y dio un gran golpe en la mesa que los separaba. — ¡No puedes hacer eso!¡¿Te estás escuchando a ti mismo?! — Se notaban muchas cosas en su voz, una vorágine de emociones, pero una predominaba... La impotencia.

    Alak-il era un chamán de metas simples y convicciones claras, sabía que no podría convencerlo, pero tenía que intentarlo... Tenía que hacer algo. Dio otro golpe. — ¡Eres como mi hijo!¡No dejaré que lo hagas solo! — Justo tras la segunda guerra mundial, una nigromante como Morana podía ser la mejor aliada que podía tener, entonces... ¿Por qué sentía que no podía hacer nada?

    Cayó sobre la mesa, con ambos codos apoyados. — No importa lo que diga... ¿Verdad? — Suspiró, era momento de ordenar sus pensamientos. Alzó su mirada, tratando de encontrarse con la del peliblanco. — No creo que estés aquí solo para darme una mala noticia... — Sus ojos recuperaron ese filo tan característico en ella, su voz recobró su tono firme. — ¿Qué quieres que haga? — Interrogó, permitiendo finalmente que el contrario hablase.
    [Cursed_Bastard] [ x / x / 1946 — ¿? — Previo a la desaparición de Alak-il] El ambiente era tenso en la sala, Morana tenía sus ojos clavados sobre el albino. Era poderoso, siempre lo fue, estuvo destinado a grandes cosas, a una vida prácticamente eterna y era... Como su hijo, entonces... ¿Por qué? Morana alzó ambas manos y dio un gran golpe en la mesa que los separaba. — ¡No puedes hacer eso!¡¿Te estás escuchando a ti mismo?! — Se notaban muchas cosas en su voz, una vorágine de emociones, pero una predominaba... La impotencia. Alak-il era un chamán de metas simples y convicciones claras, sabía que no podría convencerlo, pero tenía que intentarlo... Tenía que hacer algo. Dio otro golpe. — ¡Eres como mi hijo!¡No dejaré que lo hagas solo! — Justo tras la segunda guerra mundial, una nigromante como Morana podía ser la mejor aliada que podía tener, entonces... ¿Por qué sentía que no podía hacer nada? Cayó sobre la mesa, con ambos codos apoyados. — No importa lo que diga... ¿Verdad? — Suspiró, era momento de ordenar sus pensamientos. Alzó su mirada, tratando de encontrarse con la del peliblanco. — No creo que estés aquí solo para darme una mala noticia... — Sus ojos recuperaron ese filo tan característico en ella, su voz recobró su tono firme. — ¿Qué quieres que haga? — Interrogó, permitiendo finalmente que el contrario hablase.
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  • *Aquellos orbes, fijos y febriles, se incrustaban en mi figura con una insistencia que rayaba en lo obsceno. Era un duelo de silencios, una colisión de voluntades donde el aire parecía espesarse con cada segundo de inmovilidad. Me pregunté, con una curiosidad casi clínica, qué retorcido deseo impulsaba su mirada: ¿era acaso una invitación desesperada al abismo? ¿Una insinuación descarada que buscaba encontrar un límite que yo no poseo? ¿O simplemente un intento patético de medir el grosor de mi máscara para saber si, en su limitado juicio, soy alguien de "fiar"?
    Una marea de conjeturas comenzó a asfixiar mis pensamientos, pero mi rostro permaneció como una superficie de mármol frío. Sin permitir que el hilo invisible que unía nuestras pupilas se quebrara, permití que una sonrisa mínima, casi imperceptible y cargada de una ponzoña silenciosa, se dibujara en la comisura de mis labios. Era un gesto depredador, un "ven, acércate" que prometía refugio pero solo ofrecía perdición.
    Mientras él creía descifrar algún rastro de humanidad en mí, mi mente ya lo estaba diseccionando, saboreando de antemano el colapso de sus expectativas. Podía sentirlo... el eco de sus latidos, fervientes y rítmicos, palpitando en la transparencia de su mirada. Era una melodía deliciosa: el pulso de una presa que, sin saberlo, ya ha entregado su cuello al verdugo bajo el hechizo de un simple parpadeo.
    *Aquellos orbes, fijos y febriles, se incrustaban en mi figura con una insistencia que rayaba en lo obsceno. Era un duelo de silencios, una colisión de voluntades donde el aire parecía espesarse con cada segundo de inmovilidad. Me pregunté, con una curiosidad casi clínica, qué retorcido deseo impulsaba su mirada: ¿era acaso una invitación desesperada al abismo? ¿Una insinuación descarada que buscaba encontrar un límite que yo no poseo? ¿O simplemente un intento patético de medir el grosor de mi máscara para saber si, en su limitado juicio, soy alguien de "fiar"? Una marea de conjeturas comenzó a asfixiar mis pensamientos, pero mi rostro permaneció como una superficie de mármol frío. Sin permitir que el hilo invisible que unía nuestras pupilas se quebrara, permití que una sonrisa mínima, casi imperceptible y cargada de una ponzoña silenciosa, se dibujara en la comisura de mis labios. Era un gesto depredador, un "ven, acércate" que prometía refugio pero solo ofrecía perdición. Mientras él creía descifrar algún rastro de humanidad en mí, mi mente ya lo estaba diseccionando, saboreando de antemano el colapso de sus expectativas. Podía sentirlo... el eco de sus latidos, fervientes y rítmicos, palpitando en la transparencia de su mirada. Era una melodía deliciosa: el pulso de una presa que, sin saberlo, ya ha entregado su cuello al verdugo bajo el hechizo de un simple parpadeo.
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