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    ;; ¡AYER Cameron Lee Keane Y YO HICIMOS OCHO AÑOS DE OTP! 🩷

    Ocho años repletos de aventuras, de idas y venidas. No ha sido fácil, no voy a mentir. Cuando tienes una otp tan longeva a veces cuesta crear tramas nuevas. Y ya ni os cuento cuando intentas cuadrar una trama de tres otps...

    Pero volvería a repetirlo todo otra vez. Una y otra vez. Siempre. Porque tengo a la mejor compañera de rol y porque mi Violet encontró al mejor compañero de vida gracias a ella. Ocho años y los que nos quedan, mamor. Estoy impaciente por todo lo que va a venir a partir de aquí 🩶
    ;; ¡AYER [xLKeane] Y YO HICIMOS OCHO AÑOS DE OTP! 🩷💜 Ocho años repletos de aventuras, de idas y venidas. No ha sido fácil, no voy a mentir. Cuando tienes una otp tan longeva a veces cuesta crear tramas nuevas. Y ya ni os cuento cuando intentas cuadrar una trama de tres otps... Pero volvería a repetirlo todo otra vez. Una y otra vez. Siempre. Porque tengo a la mejor compañera de rol y porque mi Violet encontró al mejor compañero de vida gracias a ella. Ocho años y los que nos quedan, mamor. Estoy impaciente por todo lo que va a venir a partir de aquí 🤍🩶
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  • -La lluvia negra caia sobre las torres infinitas del reino del Eclipse Carmesi, resbalando por los muros de obsidiana y perdiendose en abismos de luz roja. Vaelith avanzaba entre las ruinas silenciosas de aquella prision cosmica, su capa oscura arrastrandose sobre la piedra mientras sus ojos rojizos seguian el rastro de una presencia molesta. No gobernaba un reino de subditos ni ciudadanos. Gobernaba una Jaula y aquella noche, una de sus peores criaturas habia roto sus cadenas, La entidad se movia entre dimensiones desgarradas como una sombra viva. Su mera existencia devoraba leyes naturales, dejando tras de si fragmentos de universos muertos. Si lograba escapar, incontables realidades desaparecerian antes de que sus habitantes comprendieran lo que ocurria-

    -Vaelith observo como el monstruo rasgaba el cielo del Eclipse, intentando abrir una grieta hacia mundos desconocidos. Su expresion permanecio serena, aunque la oscuridad alrededor comenzo a agitarse como un oceano enfurecido, El combate fue brutal y silencioso. Cada golpe de la criatura partia montañas enteras, mientras Vaelith respondia con corrientes de Eclipse Liquido y cadenas de vacio capaces de aprisionar estrellas moribundas. El choque de ambos distorsiono el horizonte, doblando la realidad sobre si misma. Durante un Instante, el monstruo logro alcanzar el portal que habia creado, extendiendo sus innumerables extremidades hacia la libertad-

    -Pero Vaelith aparecio frente a el antes de que pudiera cruzarlo. Con una sola mirada, sello la grieta dimensional y atraveso el corazon de la criatura con una lanza nacida de la oscuridad Carmesi. El rugido de la entidad se perdio en la eternidad mientras era arrastrada nuevamente a las profundidades de su prision. Cuando todo termino, El Rey del Eclipse Carmesi permanecio inmovil bajo la tormenta, observando el vacio en silencio. Nadie celebraria aquella victoria. Nadie conoceria su nombre. Y, sin embargo, otro universo habia sobrevivido una noche mas gracias a la soledad de su vigilancia-
    -La lluvia negra caia sobre las torres infinitas del reino del Eclipse Carmesi, resbalando por los muros de obsidiana y perdiendose en abismos de luz roja. Vaelith avanzaba entre las ruinas silenciosas de aquella prision cosmica, su capa oscura arrastrandose sobre la piedra mientras sus ojos rojizos seguian el rastro de una presencia molesta. No gobernaba un reino de subditos ni ciudadanos. Gobernaba una Jaula y aquella noche, una de sus peores criaturas habia roto sus cadenas, La entidad se movia entre dimensiones desgarradas como una sombra viva. Su mera existencia devoraba leyes naturales, dejando tras de si fragmentos de universos muertos. Si lograba escapar, incontables realidades desaparecerian antes de que sus habitantes comprendieran lo que ocurria- -Vaelith observo como el monstruo rasgaba el cielo del Eclipse, intentando abrir una grieta hacia mundos desconocidos. Su expresion permanecio serena, aunque la oscuridad alrededor comenzo a agitarse como un oceano enfurecido, El combate fue brutal y silencioso. Cada golpe de la criatura partia montañas enteras, mientras Vaelith respondia con corrientes de Eclipse Liquido y cadenas de vacio capaces de aprisionar estrellas moribundas. El choque de ambos distorsiono el horizonte, doblando la realidad sobre si misma. Durante un Instante, el monstruo logro alcanzar el portal que habia creado, extendiendo sus innumerables extremidades hacia la libertad- -Pero Vaelith aparecio frente a el antes de que pudiera cruzarlo. Con una sola mirada, sello la grieta dimensional y atraveso el corazon de la criatura con una lanza nacida de la oscuridad Carmesi. El rugido de la entidad se perdio en la eternidad mientras era arrastrada nuevamente a las profundidades de su prision. Cuando todo termino, El Rey del Eclipse Carmesi permanecio inmovil bajo la tormenta, observando el vacio en silencio. Nadie celebraria aquella victoria. Nadie conoceria su nombre. Y, sin embargo, otro universo habia sobrevivido una noche mas gracias a la soledad de su vigilancia-
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  • —Un momento, se me acaba de ocurrir una nueva aventura... Si Veyra, Kazuha y todo ellos pueden abrir portales... Eso significa que quizá puedan abrir uno a Vailak, buscamos las catacumbas dónde está tu padre en letargo, rompemos el sello y buscamos sus cuerpos petrificados para que sus esencias vuelvan a ellos mientras peleamos contra todos los Vairant del planeta para intentar salvarlos... ¡Es una posibilidad! —Divagaba porque no tenía sueño.

    Tras algunos segundos de silencio, la voz de Yzis interrumpió sus pensamientos. "¿Y si mejor vas y matas a todos y luego te suicidas? Básicamente es lo mismo pero más rápido y sin darle el gusto a Daió." Respondió. —Nah, tu no le sabes a las aventuras locas, solo sabes estar ahí, mirando lo que yo miro... Un momento... —Y ahí va de nuevo. (?)
    —Un momento, se me acaba de ocurrir una nueva aventura... Si Veyra, Kazuha y todo ellos pueden abrir portales... Eso significa que quizá puedan abrir uno a Vailak, buscamos las catacumbas dónde está tu padre en letargo, rompemos el sello y buscamos sus cuerpos petrificados para que sus esencias vuelvan a ellos mientras peleamos contra todos los Vairant del planeta para intentar salvarlos... ¡Es una posibilidad! —Divagaba porque no tenía sueño. Tras algunos segundos de silencio, la voz de Yzis interrumpió sus pensamientos. "¿Y si mejor vas y matas a todos y luego te suicidas? Básicamente es lo mismo pero más rápido y sin darle el gusto a Daió." Respondió. —Nah, tu no le sabes a las aventuras locas, solo sabes estar ahí, mirando lo que yo miro... Un momento... —Y ahí va de nuevo. (?)
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  • — Una nueva llama acaba de nacer, es tenue, débil, con un brillo apenas perceptible. Pero sé que se volverá muy grande en un futuro no muy lejado, por eso ahora es cuando más debo ser fuerte, para protegerla hasta que sea capaz de superarme, será un largo camino en el que por fortuna no estaré solo.
    — Una nueva llama acaba de nacer, es tenue, débil, con un brillo apenas perceptible. Pero sé que se volverá muy grande en un futuro no muy lejado, por eso ahora es cuando más debo ser fuerte, para protegerla hasta que sea capaz de superarme, será un largo camino en el que por fortuna no estaré solo.
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  • 𝐶𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑒𝑔𝑚𝑒𝑦𝑒𝑟 — 𝑆𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 𝑁𝑒𝑔𝑟𝑎
    Fandom OC
    Categoría Fantasía
    Estaba sentado sobre una roca helada, con la capa pesada de nieve y mi espada descansando sobre las rodillas, contemplaba a lo lejos aquel gran bastión. Sus torres se alzaban imponentes entre la ventisca, envueltas en un halo de misterio. Valdrakkar. Calculé que aún me faltaban tres días de marcha dura para llegar, cruzar el barranco helado, atravesar los bosques densos y subir la última cordillera. Tres días de frío que cala hasta los huesos, incluso para alguien como yo. El viento aullaba, la nieve caía sin descanso, y yo solo pensaba en el camino que tenía por delante.

    En ese preciso momento, mientras yo observaba el castillo con serenidad, sin sospechar nada, dentro de sus muros ya había comenzado el infierno. Una orden de asesinos se había infiltrado como sombras silenciosas. Dagas envenenadas, pasos que no hacían ruido sobre la nieve de los tejados. Guardias caían uno tras otro, nobles eran degollados en sus salones, y la traición se extendía como una plaga por los pasillos de Valdrakkar. El reino que desde lejos parecía un refugio de paz ya sangraba por dentro.

    Yo no lo sabía, simplemente me levanté, me ajusté el yelmo y continué mi camino con pasos firmes, dejando huellas profundas en la nieve, ajeno todavía al caos que me esperaba al final de esas tres jornadas.

    Cuando crucé las puertas de Valdrakkar, el castillo ya era un matadero. El olor a sangre caliente mezclada con nieve me golpeó como un puñetazo. Apenas había dado unos pasos cuando las sombras se movieron. Eran muchos. Demasiados. Al menos una docena de aquellos asesinos se lanzaron sobre mí desde los balcones, los pasillos y las vigas del techo. Vestían negro absoluto, máscaras lisas sin ojos.

    Sus dagas envenenadas buscaban las juntas de mi armadura. Desenvainé mi espada, con un movimiento corté el aire con un rugido metálico. Partí a dos de un solo tajo, el impacto resonando en las placas de mi peto. Giré, y mi codo blindado aplastó el cráneo de otro contra una columna. La nieve y la sangre salpicaban mi yelmo mientras avanzaba, es una de las razones por las que llevo armadura, menos posibilidades de quedar incapacitado de golpe.

    Aun así eran demasiados. Sus golpes llovían sobre mí, dagas resbalando contra el acero, pero algunas encontraron las uniones. Una se hundió bajo la axila, otra atravesó la juntura del muslo, y varias más perforaron la espalda donde las placas se unían. Sentí el veneno entrar como fuego líquido que quemaba a través de la carne bajo el metal. Aun así seguí luchando. Maté tantos que el salón principal era un matadero de sombras y acero. Mi armadura resonaba con cada impacto, abollada y rayada, pero yo seguía en pie.
    Hasta que me rodearon por completo.
    Un golpe de maza en la parte trasera del yelmo me hizo caer de rodillas con un estruendo metálico. Luego vinieron las dagas: una docena perforando las juntas, clavándose profundo. El líder de los asesinos hundió su hoja larga directamente a través de la visera de mi yelmo, atravesándome el ojo y el cerebro.
    Todo se volvió negro dentro del acero.

    Tras unos minutos mi cuerpo inmortal se rebeló. Dentro de la armadura, el infierno comenzó. El veneno ardía como ácido fundido, quemando venas y órganos, mientras la regeneración luchaba contra él. Se podía oír desde fuera, el crujido grotesco de huesos recomponiéndose, la carne retorciéndose y burbujeando bajo las placas, expulsando chorros de sangre ennegrecida y veneno por las juntas del yelmo y los guanteletes. Mi espalda se arqueaba violentamente dentro del peto, haciendo que la armadura entera se sacudiera y crujiera como si un demonio estuviera naciendo dentro de ella. Trozos de carne muerta y venenosa salían expulsados por las aberturas del yelmo, humeando en el aire frío.

    Los asesinos que aún quedaban retrocedieron aterrorizados al ver cómo la figura blindada se levantaba sola, tambaleante, con líquido negro chorreando por todas las ranuras de la armadura. El yelmo, abollado y perforado, se giró hacia ellos con un movimiento lento y antinatural.

    — Un monstruo... — Susurró uno.

    Mi espada volvió a alzarse, aún empuñada por una mano que se regeneraba dentro del guantelete. Maté a los últimos en un frenesí brutal y lento, cada golpe acompañado del sonido metálico de mi armadura y los sonidos húmedos y grotescos de mi carne reconstruyéndose.
    Cuando todo terminó, me derrumbé contra una pared, la armadura abollada y chorreando sangre y veneno. Respiraba con dificultad dentro del yelmo, el dolor aún recorriéndome como llamas eternas. La hija del señor y los pocos supervivientes me observaban entre horror y esperanza.

    En cuanto pude levantarme nuevamente me marche de allí, siempre odie esa mirada de agradecimiento falsa, ya habían reportado el incidente a la Orden. No tardarían en llegar a intentar terminar lo que alguna vez comenzaron.
    Estaba sentado sobre una roca helada, con la capa pesada de nieve y mi espada descansando sobre las rodillas, contemplaba a lo lejos aquel gran bastión. Sus torres se alzaban imponentes entre la ventisca, envueltas en un halo de misterio. Valdrakkar. Calculé que aún me faltaban tres días de marcha dura para llegar, cruzar el barranco helado, atravesar los bosques densos y subir la última cordillera. Tres días de frío que cala hasta los huesos, incluso para alguien como yo. El viento aullaba, la nieve caía sin descanso, y yo solo pensaba en el camino que tenía por delante. En ese preciso momento, mientras yo observaba el castillo con serenidad, sin sospechar nada, dentro de sus muros ya había comenzado el infierno. Una orden de asesinos se había infiltrado como sombras silenciosas. Dagas envenenadas, pasos que no hacían ruido sobre la nieve de los tejados. Guardias caían uno tras otro, nobles eran degollados en sus salones, y la traición se extendía como una plaga por los pasillos de Valdrakkar. El reino que desde lejos parecía un refugio de paz ya sangraba por dentro. Yo no lo sabía, simplemente me levanté, me ajusté el yelmo y continué mi camino con pasos firmes, dejando huellas profundas en la nieve, ajeno todavía al caos que me esperaba al final de esas tres jornadas. Cuando crucé las puertas de Valdrakkar, el castillo ya era un matadero. El olor a sangre caliente mezclada con nieve me golpeó como un puñetazo. Apenas había dado unos pasos cuando las sombras se movieron. Eran muchos. Demasiados. Al menos una docena de aquellos asesinos se lanzaron sobre mí desde los balcones, los pasillos y las vigas del techo. Vestían negro absoluto, máscaras lisas sin ojos. Sus dagas envenenadas buscaban las juntas de mi armadura. Desenvainé mi espada, con un movimiento corté el aire con un rugido metálico. Partí a dos de un solo tajo, el impacto resonando en las placas de mi peto. Giré, y mi codo blindado aplastó el cráneo de otro contra una columna. La nieve y la sangre salpicaban mi yelmo mientras avanzaba, es una de las razones por las que llevo armadura, menos posibilidades de quedar incapacitado de golpe. Aun así eran demasiados. Sus golpes llovían sobre mí, dagas resbalando contra el acero, pero algunas encontraron las uniones. Una se hundió bajo la axila, otra atravesó la juntura del muslo, y varias más perforaron la espalda donde las placas se unían. Sentí el veneno entrar como fuego líquido que quemaba a través de la carne bajo el metal. Aun así seguí luchando. Maté tantos que el salón principal era un matadero de sombras y acero. Mi armadura resonaba con cada impacto, abollada y rayada, pero yo seguía en pie. Hasta que me rodearon por completo. Un golpe de maza en la parte trasera del yelmo me hizo caer de rodillas con un estruendo metálico. Luego vinieron las dagas: una docena perforando las juntas, clavándose profundo. El líder de los asesinos hundió su hoja larga directamente a través de la visera de mi yelmo, atravesándome el ojo y el cerebro. Todo se volvió negro dentro del acero. Tras unos minutos mi cuerpo inmortal se rebeló. Dentro de la armadura, el infierno comenzó. El veneno ardía como ácido fundido, quemando venas y órganos, mientras la regeneración luchaba contra él. Se podía oír desde fuera, el crujido grotesco de huesos recomponiéndose, la carne retorciéndose y burbujeando bajo las placas, expulsando chorros de sangre ennegrecida y veneno por las juntas del yelmo y los guanteletes. Mi espalda se arqueaba violentamente dentro del peto, haciendo que la armadura entera se sacudiera y crujiera como si un demonio estuviera naciendo dentro de ella. Trozos de carne muerta y venenosa salían expulsados por las aberturas del yelmo, humeando en el aire frío. Los asesinos que aún quedaban retrocedieron aterrorizados al ver cómo la figura blindada se levantaba sola, tambaleante, con líquido negro chorreando por todas las ranuras de la armadura. El yelmo, abollado y perforado, se giró hacia ellos con un movimiento lento y antinatural. — Un monstruo... — Susurró uno. Mi espada volvió a alzarse, aún empuñada por una mano que se regeneraba dentro del guantelete. Maté a los últimos en un frenesí brutal y lento, cada golpe acompañado del sonido metálico de mi armadura y los sonidos húmedos y grotescos de mi carne reconstruyéndose. Cuando todo terminó, me derrumbé contra una pared, la armadura abollada y chorreando sangre y veneno. Respiraba con dificultad dentro del yelmo, el dolor aún recorriéndome como llamas eternas. La hija del señor y los pocos supervivientes me observaban entre horror y esperanza. En cuanto pude levantarme nuevamente me marche de allí, siempre odie esa mirada de agradecimiento falsa, ya habían reportado el incidente a la Orden. No tardarían en llegar a intentar terminar lo que alguna vez comenzaron.
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  • - Mi hermana me ha invitado a un lugar interesante. ~

    La felina movía su cola con curiosidad viendo que aventuras podría vivir o que maldades/travesuras podría hacer.

    - Nueva vida, nuevas travesuras. ~
    - Mi hermana me ha invitado a un lugar interesante. ~ La felina movía su cola con curiosidad viendo que aventuras podría vivir o que maldades/travesuras podría hacer. - Nueva vida, nuevas travesuras. ~
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  • Dra Luna Steel Elina Drakon

    -Tras el encuentro entre la científica y la dragona.-

    -La misma noche, sin saberlo, las dos mujeres contemplaron el mismo sueño.-

    -La dragona y la científica.-

    -Dos desconocidas unidas únicamente por una roca que ninguna máquina conseguía comprender.-

    -En el sueño no había laboratorios.-

    -No había tecnología.-

    -No había nombres.-

    -Solo un inmenso océano de estrellas extendiéndose hasta el infinito.-

    -Y allí, suspendida en el vacío primordial, flotaba una pequeña criatura dracónica de escamas blancas y rojizas.-

    -Dormía.-

    -Como si hubiera estado durmiendo desde antes del nacimiento de los mundos.-

    -Como si el tiempo no tuviera significado para ella.-

    -Y mientras dormía, una vieja melodía parecía recorrer el cosmos.-

    -La misma nana olvidada que una vez cantaron dos seres capaces de desafiar la guerra eterna.-

    -Cuando ambas despertaron, el recuerdo comenzó a difuminarse de inmediato.-

    -Pero la sensación permaneció.-

    -La sensación de haber presenciado algo antiguo.-

    -Algo imposible.-

    -Algo real.-

    -Mientras tanto, en el laboratorio de Umbra Corp, algo había cambiado.-

    -El huevo ya no era exactamente igual.-

    -Las cámaras de vigilancia fueron las primeras en detectarlo.-

    -Luego los sensores de masa.-

    -Luego los escáneres volumétricos.-

    -El objeto había aumentado de tamaño durante la noche.-

    -Y por primera vez desde que fue adquirido al mercader goblin, aparecieron grietas sobre la superficie pétrea.-

    -Finas líneas recorrían algunas de las antiguas escamas fosilizadas.-

    -De ciertas grietas escapaban delicados cristales de escarcha que cubrían lentamente los soportes metálicos cercanos.-

    -De otras surgía un tenue resplandor rojizo semejante a brasas ocultas bajo la roca.-

    -Fuego y escarcha coexistiendo sobre el mismo cascarón.-

    -Como si dos naturalezas opuestas compartieran un mismo corazón.-

    -Cuando Luna llegó al laboratorio y revisó los registros, esta vez el escáner mostraba algo.-

    -Algo que jamás había mostrado antes.-

    -En el interior de la roca aparecía una figura diminuta encogida sobre sí misma.-

    -Con forma humanoide.-

    -Las rodillas recogidas contra el pecho.-

    -Los pequeños cuernos apenas visibles.-

    -Y una larga cola dracónica rodeando su cuerpo como si todavía buscara refugio dentro del huevo.-

    -No se detectaban signos vitales convencionales.-

    -No había pulso.-

    -No había respiración.-

    -No había actividad cerebral medible.-

    -Y sin embargo... allí estaba.-

    -Como si la criatura existiera en algún lugar situado entre la vida, el sueño y el recuerdo.-

    -Por primera vez desde el inicio de la investigación, el laboratorio registró oficialmente una nueva clasificación para el objeto.-

    -EVENTO SIN PRECEDENTES.-
    [Luna_I_UMBRA] [solar_brass_fox_952] -Tras el encuentro entre la científica y la dragona.- -La misma noche, sin saberlo, las dos mujeres contemplaron el mismo sueño.- -La dragona y la científica.- -Dos desconocidas unidas únicamente por una roca que ninguna máquina conseguía comprender.- -En el sueño no había laboratorios.- -No había tecnología.- -No había nombres.- -Solo un inmenso océano de estrellas extendiéndose hasta el infinito.- -Y allí, suspendida en el vacío primordial, flotaba una pequeña criatura dracónica de escamas blancas y rojizas.- -Dormía.- -Como si hubiera estado durmiendo desde antes del nacimiento de los mundos.- -Como si el tiempo no tuviera significado para ella.- -Y mientras dormía, una vieja melodía parecía recorrer el cosmos.- -La misma nana olvidada que una vez cantaron dos seres capaces de desafiar la guerra eterna.- -Cuando ambas despertaron, el recuerdo comenzó a difuminarse de inmediato.- -Pero la sensación permaneció.- -La sensación de haber presenciado algo antiguo.- -Algo imposible.- -Algo real.- -Mientras tanto, en el laboratorio de Umbra Corp, algo había cambiado.- -El huevo ya no era exactamente igual.- -Las cámaras de vigilancia fueron las primeras en detectarlo.- -Luego los sensores de masa.- -Luego los escáneres volumétricos.- -El objeto había aumentado de tamaño durante la noche.- -Y por primera vez desde que fue adquirido al mercader goblin, aparecieron grietas sobre la superficie pétrea.- -Finas líneas recorrían algunas de las antiguas escamas fosilizadas.- -De ciertas grietas escapaban delicados cristales de escarcha que cubrían lentamente los soportes metálicos cercanos.- -De otras surgía un tenue resplandor rojizo semejante a brasas ocultas bajo la roca.- -Fuego y escarcha coexistiendo sobre el mismo cascarón.- -Como si dos naturalezas opuestas compartieran un mismo corazón.- -Cuando Luna llegó al laboratorio y revisó los registros, esta vez el escáner mostraba algo.- -Algo que jamás había mostrado antes.- -En el interior de la roca aparecía una figura diminuta encogida sobre sí misma.- -Con forma humanoide.- -Las rodillas recogidas contra el pecho.- -Los pequeños cuernos apenas visibles.- -Y una larga cola dracónica rodeando su cuerpo como si todavía buscara refugio dentro del huevo.- -No se detectaban signos vitales convencionales.- -No había pulso.- -No había respiración.- -No había actividad cerebral medible.- -Y sin embargo... allí estaba.- -Como si la criatura existiera en algún lugar situado entre la vida, el sueño y el recuerdo.- -Por primera vez desde el inicio de la investigación, el laboratorio registró oficialmente una nueva clasificación para el objeto.- -EVENTO SIN PRECEDENTES.-
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  • Oh, siempre es bueno ver caras conocidas, bienvenido nuevamente.
    Oh, siempre es bueno ver caras conocidas, bienvenido nuevamente.
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  • La luz de la luna entraba suavemente por la ventana, iluminando la habitación con un brillo plateado. Sentada sobre la cama, la joven sostenía una flor negra entre sus manos mientras contemplaba el cielo nocturno. La tranquilidad de la noche envolvía cada rincón del lugar, acompañada únicamente por el suave movimiento de las cortinas agitadas por el viento.
    Su expresión permanecía serena, perdida en pensamientos que nadie más podía conocer. A lo lejos, las luces de la ciudad brillaban como pequeñas estrellas sobre la tierra, mientras el tiempo parecía avanzar más despacio bajo el resplandor de la luna.
    La flor giró lentamente entre sus dedos. No había preocupaciones urgentes ni responsabilidades que reclamarán su atención. Era uno de esos raros momentos en los que podía simplemente existir, disfrutando del silencio y de la calma que la noche le ofrecía.
    Por un instante, cerró los ojos y dejó que la brisa acariciara su rostro. El mundo seguía avanzando más allá de aquellas paredes, pero allí dentro todo permanecía inmóvil, como si la noche hubiera decidido detenerse solo para ella. Al abrir los ojos nuevamente, volvió a observar el firmamento, dejando que la paz de aquel momento llenara el vacío de sus pensamientos.
    La luz de la luna entraba suavemente por la ventana, iluminando la habitación con un brillo plateado. Sentada sobre la cama, la joven sostenía una flor negra entre sus manos mientras contemplaba el cielo nocturno. La tranquilidad de la noche envolvía cada rincón del lugar, acompañada únicamente por el suave movimiento de las cortinas agitadas por el viento. Su expresión permanecía serena, perdida en pensamientos que nadie más podía conocer. A lo lejos, las luces de la ciudad brillaban como pequeñas estrellas sobre la tierra, mientras el tiempo parecía avanzar más despacio bajo el resplandor de la luna. La flor giró lentamente entre sus dedos. No había preocupaciones urgentes ni responsabilidades que reclamarán su atención. Era uno de esos raros momentos en los que podía simplemente existir, disfrutando del silencio y de la calma que la noche le ofrecía. Por un instante, cerró los ojos y dejó que la brisa acariciara su rostro. El mundo seguía avanzando más allá de aquellas paredes, pero allí dentro todo permanecía inmóvil, como si la noche hubiera decidido detenerse solo para ella. Al abrir los ojos nuevamente, volvió a observar el firmamento, dejando que la paz de aquel momento llenara el vacío de sus pensamientos.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    // Ya solo falta la respuesta de Kyrie para hacer mis tiros nuevos * la exhibe en público* (?

    Empecé a introducir poco a poco nuevas mecánicas para que se hagan más interesantes las cosas
    Al grupo de Kyrie le irá peor pero la espero para darles la sorpresa (?
    // Ya solo falta la respuesta de [forever.broken] para hacer mis tiros nuevos * la exhibe en público* (? Empecé a introducir poco a poco nuevas mecánicas para que se hagan más interesantes las cosas Al grupo de Kyrie le irá peor pero la espero para darles la sorpresa (?
    Me enjaja
    Me entristece
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