• Recuerdo incompleto — I

    Hay enemigos con los que no se puede negociar; así rezan los supervivientes.

    Los hombres son esclavos de sus razones: incluso de haber florecido bajo la guía de un dogma demencial, aquellos descarriados del camino de la cordura pueden ser abordados para alabar la blasfemia y nombrar correctamente los males que los someten. Son impuros en el juego de la supervivencia, mas en la certidumbre que necesitan los mortales hallan en la fechoría un sitio donde anidar.

    De las bestias se ha de reclamar que, si estas aún lamentan el llanto del mundo, el comportamiento goza de predictibilidad. El temor surge frente a lo desconocido, y los que han nacido sin oír la doliente voz de la Gran Bestia no son sino parásitos de la piel muerta de esta. Afinidades, lenguas extrañas y la veneración son necesarias para lograr una comunión y hacer de cada fiera recelosa un aliado.

    Sombras comunes, todos y cada uno de ellos; incapaces de una convivencia plena, mas conocedores del lenguaje universal de la violencia. No porque busquen atentar contra quienes comparten la miseria, sino porque incluso en la vulgaridad hay un límite que marca la decadencia terrenal de aquella que está intacta de vergüenza.

    No son los sacerdotes de la esencia fundamental, sino los vástagos moldeados a imagen y semejanza de un pecado original.

    Un alma anónima una vez habló: «Hay rugidos que quiebran voluntades. Desde que me hice esta herida en el brazo, en situaciones límites el pecho se retuerce ante el abrazo de mil espinas, pero de solo recordar cómo esas monstruosidades gruñían, siento cómo el calor se escapa por la garganta. Olieron el miedo; juro que los escuché reír mientras se daban un festín con el resto de los compañeros. Al salir el sol, con los milicianos pretendimos buscar los restos, pero ni los huesos quedaron, y donde la sangre de aquellos fue derramada, los árboles y las flores se pudrieron».

    Entre lágrimas, y con palabras tanto burdas como titubeantes, el recuerdo se expresaba así.
    Y entre todos los presentes uno en particular lo escuchó; tal fue la indignación que de su asiento se levantó y con una agresividad impertinente exigió: «Muéstrame exactamente dónde los has visto». Ni siquiera los más bravos pudieron ignorar tal orden.

    Prendas largas que no se asemejaban al gardecorps habitual. El andar pesado desvelaba la presencia de una cota de mallas y el trinar de unas placas, mas el abrigo oscuro impedía vislumbrar detalle alguno. La imponente silueta portaba un rostro resguardado de la nariz hacia abajo, reacio a enseñar el rostro, presuntamente por la presencia de heridas que carecían de estética. De por sí destacaba demasiado, pero no conforme con eso, el cabello cenizo, coincidente con una jovial vejez, era oculto bajo un bycocket de proporciones incoherentes. Admitía sin palabras un origen foráneo, pero si entre creyentes caminaba era por algo más que la necesidad de un cuerpo dedicado al exterminio y la servidumbre.

    En las fronteras de la oscura arboleda, el extranjero de ojos desgastados prescindió de cualquier apoyo militar. No fue lo imperante las sospechas, sino una genuina preocupación por quien había sido recordado por honrar con ferviente devoción a un grupo de campesinos desaparecidos ante la ignorancia de la durmiente luna.

    El coraje tiñó la voz, incluso cuando intentó actuar en disonancia; en la rigidez de su postura, con un desprecio humano comunicó: allí el resto de los hombres entendió que un aliado ellos habían encontrado. Y de no quedar claro, se expresó en una súplica que le permitió mantenerse digno:

    «No me ha de ser menester lastrar con tal pérdida a varones íntegros a quienes en sus lares aguardan; que los hijos de estos jamás hereden la memoria de un enemigo tan desamorado.»

    Y aquel hombre marchó, dejándose engullir por las fauces de la noche.

    No ha de ser una sorpresa que de él nada más se supo. Los vientos gélidos provenientes del distante norte evocan la voz, así como aquella promesa cumplida sin jamás haber sido formulada: ni siquiera fue necesaria la presencia del alba para que los infantes volvieran a dormitar en paz y las almas de bien contaran con la certeza de un mañana alejado de una tragedia que no había sido perpetuada por ídolos humanos.
    Recuerdo incompleto — I Hay enemigos con los que no se puede negociar; así rezan los supervivientes. Los hombres son esclavos de sus razones: incluso de haber florecido bajo la guía de un dogma demencial, aquellos descarriados del camino de la cordura pueden ser abordados para alabar la blasfemia y nombrar correctamente los males que los someten. Son impuros en el juego de la supervivencia, mas en la certidumbre que necesitan los mortales hallan en la fechoría un sitio donde anidar. De las bestias se ha de reclamar que, si estas aún lamentan el llanto del mundo, el comportamiento goza de predictibilidad. El temor surge frente a lo desconocido, y los que han nacido sin oír la doliente voz de la Gran Bestia no son sino parásitos de la piel muerta de esta. Afinidades, lenguas extrañas y la veneración son necesarias para lograr una comunión y hacer de cada fiera recelosa un aliado. Sombras comunes, todos y cada uno de ellos; incapaces de una convivencia plena, mas conocedores del lenguaje universal de la violencia. No porque busquen atentar contra quienes comparten la miseria, sino porque incluso en la vulgaridad hay un límite que marca la decadencia terrenal de aquella que está intacta de vergüenza. No son los sacerdotes de la esencia fundamental, sino los vástagos moldeados a imagen y semejanza de un pecado original. Un alma anónima una vez habló: «Hay rugidos que quiebran voluntades. Desde que me hice esta herida en el brazo, en situaciones límites el pecho se retuerce ante el abrazo de mil espinas, pero de solo recordar cómo esas monstruosidades gruñían, siento cómo el calor se escapa por la garganta. Olieron el miedo; juro que los escuché reír mientras se daban un festín con el resto de los compañeros. Al salir el sol, con los milicianos pretendimos buscar los restos, pero ni los huesos quedaron, y donde la sangre de aquellos fue derramada, los árboles y las flores se pudrieron». Entre lágrimas, y con palabras tanto burdas como titubeantes, el recuerdo se expresaba así. Y entre todos los presentes uno en particular lo escuchó; tal fue la indignación que de su asiento se levantó y con una agresividad impertinente exigió: «Muéstrame exactamente dónde los has visto». Ni siquiera los más bravos pudieron ignorar tal orden. Prendas largas que no se asemejaban al gardecorps habitual. El andar pesado desvelaba la presencia de una cota de mallas y el trinar de unas placas, mas el abrigo oscuro impedía vislumbrar detalle alguno. La imponente silueta portaba un rostro resguardado de la nariz hacia abajo, reacio a enseñar el rostro, presuntamente por la presencia de heridas que carecían de estética. De por sí destacaba demasiado, pero no conforme con eso, el cabello cenizo, coincidente con una jovial vejez, era oculto bajo un bycocket de proporciones incoherentes. Admitía sin palabras un origen foráneo, pero si entre creyentes caminaba era por algo más que la necesidad de un cuerpo dedicado al exterminio y la servidumbre. En las fronteras de la oscura arboleda, el extranjero de ojos desgastados prescindió de cualquier apoyo militar. No fue lo imperante las sospechas, sino una genuina preocupación por quien había sido recordado por honrar con ferviente devoción a un grupo de campesinos desaparecidos ante la ignorancia de la durmiente luna. El coraje tiñó la voz, incluso cuando intentó actuar en disonancia; en la rigidez de su postura, con un desprecio humano comunicó: allí el resto de los hombres entendió que un aliado ellos habían encontrado. Y de no quedar claro, se expresó en una súplica que le permitió mantenerse digno: «No me ha de ser menester lastrar con tal pérdida a varones íntegros a quienes en sus lares aguardan; que los hijos de estos jamás hereden la memoria de un enemigo tan desamorado.» Y aquel hombre marchó, dejándose engullir por las fauces de la noche. No ha de ser una sorpresa que de él nada más se supo. Los vientos gélidos provenientes del distante norte evocan la voz, así como aquella promesa cumplida sin jamás haber sido formulada: ni siquiera fue necesaria la presencia del alba para que los infantes volvieran a dormitar en paz y las almas de bien contaran con la certeza de un mañana alejado de una tragedia que no había sido perpetuada por ídolos humanos.
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  • ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    -: 〩 :- 𝕃𝕠𝕤 𝕙𝕚𝕝𝕠𝕤 𝕕𝕖 𝕦𝕟𝕒 𝕒𝕞𝕚𝕤𝕥𝕒𝕕
    ℂ𝕒𝕡𝕚𝕥𝕦𝕝𝕠 𝟙: 𝕞𝕒𝕤 𝕒𝕝𝕝𝕒 𝕕𝕖 𝕝𝕒 𝕡𝕒𝕟𝕥𝕒𝕝𝕝𝕒

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El cielo sobre el distrito comercial no difería mucho del que cubría los muelles de Kanagawa: una amalgama de nubes bajas y densas que amenazaban con una llovizna fina, tiñendo el hormigón de los edificios de un gris monótono y convencional. El tiempo marcaba las cuatro y cincuenta y ocho de la tarde, Saito ya se encontraba de pie junto a la salida norte de la estación de trenes, inmóvil como una columna de granito en mitad del flujo constante de peatones. No vestía su traje de oficina habitual, pero la camisa de lino de color azul pálido, perfectamente planchada, y los pantalones oscuros delataban que el concepto de "ropa informal" era algo que su mente estructurada todavía no terminaba de asimilar.

    Con dos dedos de la mano izquierda, deslizó las gafas de carey un milímetro arriba sobre el puente de su nariz, observando el gigantesco cartel luminoso que colgaba del edificio de enfrente. La pantalla digital parpadeaba con violencia, mostrando espadas de píxeles, criaturas mitológicas y tipografías góticas ensangrentadas que anunciaban el lanzamiento de medianoche de una de las sagas más vendidas del mercado global. Para el rubio, toda esa parafernalia visual no era más que ruido innecesario.

    Pero comencemos desde el principio...

    Su incursión en el mundo digital jamás había tenido que ver con la fantasía, la evasión o el coleccionismo de figuras de resina. Para él, la pantalla era un tablero de ajedrez hipertrófico; un entramado de algoritmos, matrices de probabilidad y optimización de recursos donde la eficiencia matemática dictaba quién vivía y quién moría en los servidores de alta estrategia.

    Había terminado liderando uno de los clanes más antiguos y respetados de la comunidad de WoW no por carisma, sino porque trataba la logística de doscientos jugadores virtuales con la misma rigidez militar con la que un general coordina un suministro de campaña.

    Sabía cuántos segundos tardaba en regenerarse una barra de energía y el porcentaje exacto de rendimiento de una formación defensiva bajo condiciones adversas dentro del juego. Fuera de esa aritmética pura, el universo del gaming le resultaba un territorio tan ajeno como caótico.

    Y sin embargo, allí estaba. Convencido por una de las pocas anomalías que su lógica no había descartado a lo largo de los años.

    Lenore figuraba como su contraparte, desafiando su orden y estructura ortodoxa. Se conocían desde hacía el tiempo suficiente como para que Kenji tolerara sus excentricidades y asimilara su compañía, habituado a sus intervenciones en los canales de voz donde ella saltaba de un género interactivo a otro con una pasión que él consideraba un gasto ineficiente de energía mental.

    Por esa razón, cuando lo citó con la condición innegociable de que la acompañara a la apertura de un comercio especializado con el fin de adquirir esa nueva entrega, Saito no supo cómo negarse sin recurrir a una descortesía que su estricta educación le impedía perpetrar. Después de todo, ella comprendía los problemas de lógica que él planteaba en los foros, incluso si los envolvía en un entusiasmo que a él le daba dolor de cabeza.

    Fue entonces cuando el reloj de pulsera de Kenji emitió un clic sordo al marcar exactamente las cinco de la tarde. El aire del callejón lateral traía el olor a aceite quemado de los puestos de comida rápida y el zumbido eléctrico de las consolas de demostración que ya empezaban a atraer a las primeras filas de fanáticos.

    Saito exhaló un suspiro imperceptible, el aire frío condensándose apenas frente a sus labios, mientras guardaba las manos en los bolsillos y mantenía la mirada fija en la marea de personas en busca del rostro familiar de Lenore sumergido entre la multitud que comenzaba a agolparse bajo los neones.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    Co: 𝔏𝔢𝔫𝔬𝔯𝔢 𝔊𝔯𝔞𝔳𝔢𝔰
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ -: 〩 :- 𝕃𝕠𝕤 𝕙𝕚𝕝𝕠𝕤 𝕕𝕖 𝕦𝕟𝕒 𝕒𝕞𝕚𝕤𝕥𝕒𝕕 ℂ𝕒𝕡𝕚𝕥𝕦𝕝𝕠 𝟙: 𝕞𝕒𝕤 𝕒𝕝𝕝𝕒 𝕕𝕖 𝕝𝕒 𝕡𝕒𝕟𝕥𝕒𝕝𝕝𝕒 ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El cielo sobre el distrito comercial no difería mucho del que cubría los muelles de Kanagawa: una amalgama de nubes bajas y densas que amenazaban con una llovizna fina, tiñendo el hormigón de los edificios de un gris monótono y convencional. El tiempo marcaba las cuatro y cincuenta y ocho de la tarde, Saito ya se encontraba de pie junto a la salida norte de la estación de trenes, inmóvil como una columna de granito en mitad del flujo constante de peatones. No vestía su traje de oficina habitual, pero la camisa de lino de color azul pálido, perfectamente planchada, y los pantalones oscuros delataban que el concepto de "ropa informal" era algo que su mente estructurada todavía no terminaba de asimilar. Con dos dedos de la mano izquierda, deslizó las gafas de carey un milímetro arriba sobre el puente de su nariz, observando el gigantesco cartel luminoso que colgaba del edificio de enfrente. La pantalla digital parpadeaba con violencia, mostrando espadas de píxeles, criaturas mitológicas y tipografías góticas ensangrentadas que anunciaban el lanzamiento de medianoche de una de las sagas más vendidas del mercado global. Para el rubio, toda esa parafernalia visual no era más que ruido innecesario. Pero comencemos desde el principio... Su incursión en el mundo digital jamás había tenido que ver con la fantasía, la evasión o el coleccionismo de figuras de resina. Para él, la pantalla era un tablero de ajedrez hipertrófico; un entramado de algoritmos, matrices de probabilidad y optimización de recursos donde la eficiencia matemática dictaba quién vivía y quién moría en los servidores de alta estrategia. Había terminado liderando uno de los clanes más antiguos y respetados de la comunidad de WoW no por carisma, sino porque trataba la logística de doscientos jugadores virtuales con la misma rigidez militar con la que un general coordina un suministro de campaña. Sabía cuántos segundos tardaba en regenerarse una barra de energía y el porcentaje exacto de rendimiento de una formación defensiva bajo condiciones adversas dentro del juego. Fuera de esa aritmética pura, el universo del gaming le resultaba un territorio tan ajeno como caótico. Y sin embargo, allí estaba. Convencido por una de las pocas anomalías que su lógica no había descartado a lo largo de los años. Lenore figuraba como su contraparte, desafiando su orden y estructura ortodoxa. Se conocían desde hacía el tiempo suficiente como para que Kenji tolerara sus excentricidades y asimilara su compañía, habituado a sus intervenciones en los canales de voz donde ella saltaba de un género interactivo a otro con una pasión que él consideraba un gasto ineficiente de energía mental. Por esa razón, cuando lo citó con la condición innegociable de que la acompañara a la apertura de un comercio especializado con el fin de adquirir esa nueva entrega, Saito no supo cómo negarse sin recurrir a una descortesía que su estricta educación le impedía perpetrar. Después de todo, ella comprendía los problemas de lógica que él planteaba en los foros, incluso si los envolvía en un entusiasmo que a él le daba dolor de cabeza. Fue entonces cuando el reloj de pulsera de Kenji emitió un clic sordo al marcar exactamente las cinco de la tarde. El aire del callejón lateral traía el olor a aceite quemado de los puestos de comida rápida y el zumbido eléctrico de las consolas de demostración que ya empezaban a atraer a las primeras filas de fanáticos. Saito exhaló un suspiro imperceptible, el aire frío condensándose apenas frente a sus labios, mientras guardaba las manos en los bolsillos y mantenía la mirada fija en la marea de personas en busca del rostro familiar de Lenore sumergido entre la multitud que comenzaba a agolparse bajo los neones. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ Co: [Lenore_Graves13]
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  • -Cadáveres frente a el, sangre en el suelo, su ropa era mas de civil que tactica. Cabello largo, barba crecida lleva tiempo andando solo. Salia de las sombras sin su mascara ouesto que estaba analizando como acaba de matar a 5 jovenes militares enviados por los hombres que lo torturaron por siglos. -

    Les dije que se rindieran...

    -dijo el sabueso con frialdad notandose en su rostro una mirada de seriedad. No arrepentimiento debido a que aquellos chicos pudieron elegir y tomaron la peor decisión. Pelear con lo que se consideraria un dios, no lo es debido a que no es tan inmortal como se cree-
    -Cadáveres frente a el, sangre en el suelo, su ropa era mas de civil que tactica. Cabello largo, barba crecida lleva tiempo andando solo. Salia de las sombras sin su mascara ouesto que estaba analizando como acaba de matar a 5 jovenes militares enviados por los hombres que lo torturaron por siglos. - Les dije que se rindieran... -dijo el sabueso con frialdad notandose en su rostro una mirada de seriedad. No arrepentimiento debido a que aquellos chicos pudieron elegir y tomaron la peor decisión. Pelear con lo que se consideraria un dios, no lo es debido a que no es tan inmortal como se cree-
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  • ╔════════════❖[𝙰 𝚀𝚄𝙸𝙲𝙺-𝙵𝙸𝚇-]❖════════════╗

    <<El viaje inició después de completar las actividades que ya tenían programadas a mitad de la noche. ¿Por qué a esas horas? Simple… porque la oscuridad de la noche les protegería de los posibles testigos entorpeciendo su buena visión ante la escasez de la luz del astro rey. Impidiendo ser identificados a ojo de los curiosos, que seguramente se volverían testigos importantes de aquel suceso. O al menos que los hayasen encontrado por mera casualidad.

    Sólo así se reducían los riesgos.

    Tres tripulantes abordaron el auto negro y se dieron a la fuga a gran velocidad, logrando salir de aquella ciudad tras cumplir dos ciclos de aquella manecilla larga del reloj.

    Giovanni se había sentado a la derecha del conductor que era el mismo Boris, un hombre corpulento al que conoció al poco tiempo de salir del servicio militar. Giovanni giró su cabeza para mirar hacia el asiento trasero de dicho auto. Un Mercedes Sedán negro, sin placas.

    Al mirar al tercer hombre en la zona de pasajeros, un semblante lleno de disgusto apareció en su rostro. Orillándolo a fruncir el entrecejo.

    — ¿Qué es lo que haces? Te dije que te sentaras en el asiento de en medio. — llevó su mano izquierda hasta el puente de su entrecejo y apretó, era una clara señal de estrés y hartazgo. — ¿Por qué tenemos que andar haciendo esto repetidamente? — cuestiona, la molestia era clara.

    — ¿Es mucho pedir un poco de cortesía cuando prácticamente nosotros te estamos llevando en auto? — Siguió moviendo la misma mano en un acto de sincronización con lo que decía, tratando de evocar algo de empatía por lo que ellos hacían con aquel pasajero. Giovanni cambió su expresión a consternación. — ¿Acaso no establecimos que nuestro límite de simetría está por aquí? — Señaló el punto medio entre asientos.

    Ahora se tornaba un reclamo.
    — Claramente no te das cuenta de que tu desprecio por la armonía geométrica espacial se está yendo a la mierda con tu muy molesta necedad. — Alzó una ceja sin dejar de mirarlo. Quería hacerle entender que a veces habían que seguir ciertos protocolos y, éste, era el suyo. — En serio, dime… ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que quieres lograr? — Le miró inquisitivo, pareciera que la necedad de aquel pasajero desafiaba al mismo Giovanni Di Vincenzo. — ¡¿Es eso?! ¡¿Asimetría?! — Exclamó al sujeto atrás.

    Y era en la parte de atrás, un hombre atado de manos y pies, amordazado con un pedazo de tela, querían evitar que hablara o gritara para pedir ayuda. Aquel sujeto miró a Giovanni igual que un perrito regañado, confundido por lo que sucedía y lo que estaba por ocurrir con él.

    Pasaron unos segundos.
    Giovanni le miró molesto y en reacción, aquel sujeto se acomodó como pudo pues estaba recostado en el asiento a base de saltitos hasta sentarse nuevamente en donde le indicó. Mientras tanto, Boris miró por el retrovisor para cerciorarse de que nadie les estuviese siguiendo.

    ???: — ¿Mn-mmf? (¿Así?) — cuestionó el sujeto con cara de arrepentimiento, alzando sus cejas y descenso que no sacaran su arma y terminasen el trabajo ahí.

    — Sí… es una mejora, muchas gracias por comprender. — Respondió Giovanni con su calma habitual, complacido por que aquel sujeto entendió su punto. Pero eso no quedó ahí, pues no tardó aquel sujeto en comenzar a sollozar con el sonido ahogado por la mordaza. No se dió cuenta aquel sujeto que lloraba cerca de Boris, eso sin duda le molestó. Tanto, que giró su rostro para gruñirle e intimidar al chico cautivo.

    Boris: — ¡Aaaaagh! ¡Basta! — Exclamó hasta asustar a su rehén, ocasionando que éste se recorriera al asiento atrás de Giovanni, a lo que éste último no tardó en expresar su disgusto y protesta.

    — Ví eso y lo hiciste a propósito… — apuntó con su índice a Boris.

    Boris: — ¡Agh! Ya vamos a empezar… ¡Siempre estan llorando al oído, y eso me desconcentra de conducir! ¡Son molestos! — replicó sin mostrar miedo hacia su jefe, más que nada era una plática entre dos personas, antes de la relación jefe-subordinado.

    — ¿Por qué no mejor admites que odias la simetría? ¡Nunca te gustó! — contradijo Giovanni.
    Boris: — ¡Y también tu ruido! — volvió a decir.
    — Dime una cosa… ¿También me mentiste cuando dijiste que te gustaba la gramática? — volvió a argumentar. Esto ya se estaba saliendo de proporción.
    Boris: — ¡Nada de lo que dices tiene sentido! — ya se estaba molestando, no tardaba en soltar sus puños contra Gio.

    — ¡Eres un fraude! ¡Incluso tu fachada es toda una mentira asimetrica! — reclamó a su amigo, pues era cierto que Boris tenía algunas cicatrices que dejaban su rostro disparejo, en especial las quemaduras de su lado izquierdo. — ¡Pero ahorita voy a arreglar eso! — Amenazó Giovanni.

    Ambos comenzaron a pelear, se tomaron de los cuellos de sus camisas y comenzaron a forcejear, dejando que el auto se sacudiera por la falta de control en su dirección. Se salieron de camino y se internaron a un campo de maíz mientras que el chico maniatado atrás se sacudió a lo ancho del vehículo, golpeándose en ambos lados del mismo.

    Tan pronto como la marcha se detuvo, una gallina voló golpeando el parabrisas hasta que los hombres al frente detuvieron su pelea para mirar a su alrededor. Se quedaron inmóviles ante el momento. No sabían exactamente qué lugar era ese, pero unos segundos después se encargaron de su pasajero, lo sacaron del auto y terminaron su trabajo…

    Minutos más tarde Boris y Giovanni entraron al auto, excepto su peculiar pasajero. Ambos condujeron de vuelta a la ciudad.>>
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    ╔════════════❖[𝙰 𝚀𝚄𝙸𝙲𝙺-𝙵𝙸𝚇-]❖════════════╗ <<El viaje inició después de completar las actividades que ya tenían programadas a mitad de la noche. ¿Por qué a esas horas? Simple… porque la oscuridad de la noche les protegería de los posibles testigos entorpeciendo su buena visión ante la escasez de la luz del astro rey. Impidiendo ser identificados a ojo de los curiosos, que seguramente se volverían testigos importantes de aquel suceso. O al menos que los hayasen encontrado por mera casualidad. Sólo así se reducían los riesgos. Tres tripulantes abordaron el auto negro y se dieron a la fuga a gran velocidad, logrando salir de aquella ciudad tras cumplir dos ciclos de aquella manecilla larga del reloj. Giovanni se había sentado a la derecha del conductor que era el mismo Boris, un hombre corpulento al que conoció al poco tiempo de salir del servicio militar. Giovanni giró su cabeza para mirar hacia el asiento trasero de dicho auto. Un Mercedes Sedán negro, sin placas. Al mirar al tercer hombre en la zona de pasajeros, un semblante lleno de disgusto apareció en su rostro. Orillándolo a fruncir el entrecejo. — ¿Qué es lo que haces? Te dije que te sentaras en el asiento de en medio. — llevó su mano izquierda hasta el puente de su entrecejo y apretó, era una clara señal de estrés y hartazgo. — ¿Por qué tenemos que andar haciendo esto repetidamente? — cuestiona, la molestia era clara. — ¿Es mucho pedir un poco de cortesía cuando prácticamente nosotros te estamos llevando en auto? — Siguió moviendo la misma mano en un acto de sincronización con lo que decía, tratando de evocar algo de empatía por lo que ellos hacían con aquel pasajero. Giovanni cambió su expresión a consternación. — ¿Acaso no establecimos que nuestro límite de simetría está por aquí? — Señaló el punto medio entre asientos. Ahora se tornaba un reclamo. — Claramente no te das cuenta de que tu desprecio por la armonía geométrica espacial se está yendo a la mierda con tu muy molesta necedad. — Alzó una ceja sin dejar de mirarlo. Quería hacerle entender que a veces habían que seguir ciertos protocolos y, éste, era el suyo. — En serio, dime… ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que quieres lograr? — Le miró inquisitivo, pareciera que la necedad de aquel pasajero desafiaba al mismo Giovanni Di Vincenzo. — ¡¿Es eso?! ¡¿Asimetría?! — Exclamó al sujeto atrás. Y era en la parte de atrás, un hombre atado de manos y pies, amordazado con un pedazo de tela, querían evitar que hablara o gritara para pedir ayuda. Aquel sujeto miró a Giovanni igual que un perrito regañado, confundido por lo que sucedía y lo que estaba por ocurrir con él. Pasaron unos segundos. Giovanni le miró molesto y en reacción, aquel sujeto se acomodó como pudo pues estaba recostado en el asiento a base de saltitos hasta sentarse nuevamente en donde le indicó. Mientras tanto, Boris miró por el retrovisor para cerciorarse de que nadie les estuviese siguiendo. ???: — ¿Mn-mmf? (¿Así?) — cuestionó el sujeto con cara de arrepentimiento, alzando sus cejas y descenso que no sacaran su arma y terminasen el trabajo ahí. — Sí… es una mejora, muchas gracias por comprender. — Respondió Giovanni con su calma habitual, complacido por que aquel sujeto entendió su punto. Pero eso no quedó ahí, pues no tardó aquel sujeto en comenzar a sollozar con el sonido ahogado por la mordaza. No se dió cuenta aquel sujeto que lloraba cerca de Boris, eso sin duda le molestó. Tanto, que giró su rostro para gruñirle e intimidar al chico cautivo. Boris: — ¡Aaaaagh! ¡Basta! — Exclamó hasta asustar a su rehén, ocasionando que éste se recorriera al asiento atrás de Giovanni, a lo que éste último no tardó en expresar su disgusto y protesta. — Ví eso y lo hiciste a propósito… — apuntó con su índice a Boris. Boris: — ¡Agh! Ya vamos a empezar… ¡Siempre estan llorando al oído, y eso me desconcentra de conducir! ¡Son molestos! — replicó sin mostrar miedo hacia su jefe, más que nada era una plática entre dos personas, antes de la relación jefe-subordinado. — ¿Por qué no mejor admites que odias la simetría? ¡Nunca te gustó! — contradijo Giovanni. Boris: — ¡Y también tu ruido! — volvió a decir. — Dime una cosa… ¿También me mentiste cuando dijiste que te gustaba la gramática? — volvió a argumentar. Esto ya se estaba saliendo de proporción. Boris: — ¡Nada de lo que dices tiene sentido! — ya se estaba molestando, no tardaba en soltar sus puños contra Gio. — ¡Eres un fraude! ¡Incluso tu fachada es toda una mentira asimetrica! — reclamó a su amigo, pues era cierto que Boris tenía algunas cicatrices que dejaban su rostro disparejo, en especial las quemaduras de su lado izquierdo. — ¡Pero ahorita voy a arreglar eso! — Amenazó Giovanni. Ambos comenzaron a pelear, se tomaron de los cuellos de sus camisas y comenzaron a forcejear, dejando que el auto se sacudiera por la falta de control en su dirección. Se salieron de camino y se internaron a un campo de maíz mientras que el chico maniatado atrás se sacudió a lo ancho del vehículo, golpeándose en ambos lados del mismo. Tan pronto como la marcha se detuvo, una gallina voló golpeando el parabrisas hasta que los hombres al frente detuvieron su pelea para mirar a su alrededor. Se quedaron inmóviles ante el momento. No sabían exactamente qué lugar era ese, pero unos segundos después se encargaron de su pasajero, lo sacaron del auto y terminaron su trabajo… Minutos más tarde Boris y Giovanni entraron al auto, excepto su peculiar pasajero. Ambos condujeron de vuelta a la ciudad.>> ╚═══════════❖═════════════❖═══════════╝
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  • [Gracias a la información que obtuvo de forma poco amigable, Alexander ahora sabía que necesitaba tener una reunión con un hombre al que conocían como el Sr.Guroshi. lamentablemente no era fácil reunirse con el debido a que era muy misterioso y pocas veces se dejaba ver en público, esto llevo a Alex a investigar un poco sobre su única hija llamada Amber con la cual pudo conseguir una cita en la cafetería después de unos días conociéndola por internet]

    Amber: está es la primera vez que alguien se atreve a invitarme a una cita, normalmente todos le temen a mí padre y huyen.

    Bueno eso no me sorprende todos saben que tu padre es uno de los mejores fabricantes de armas militares, tiene una reputación inquebrantable.

    Amber: ay por favor no hables de mí padre mejor cuéntame más sobre ti para conocernos, ¿Tienes un trabajo estable?

    Emily: ¿¡Que pregunta es esa!? ¡Es una interesada!

    Trabajo para una de las mejores empresas financieras, no es por presumir pero tengo un gran puesto laboral ahí.

    Amber: eso es interesante yo no puedo trabajar debido a que mí padre me lo impide, siempre dice que el me dará todo lo que yo pida. (Así que una empresa financiera ¿Eh? Podría sacarle provecho a salir con este tonto)

    Jajaja
    bueno es normal que un padre quiera consentir a su única hija no lo culpo. (Si finjo tener una relación con esta mocosa podré acercarme a el, será sencillo)
    [Gracias a la información que obtuvo de forma poco amigable, Alexander ahora sabía que necesitaba tener una reunión con un hombre al que conocían como el Sr.Guroshi. lamentablemente no era fácil reunirse con el debido a que era muy misterioso y pocas veces se dejaba ver en público, esto llevo a Alex a investigar un poco sobre su única hija llamada Amber con la cual pudo conseguir una cita en la cafetería después de unos días conociéndola por internet] Amber: está es la primera vez que alguien se atreve a invitarme a una cita, normalmente todos le temen a mí padre y huyen. Bueno eso no me sorprende todos saben que tu padre es uno de los mejores fabricantes de armas militares, tiene una reputación inquebrantable. Amber: ay por favor no hables de mí padre mejor cuéntame más sobre ti para conocernos, ¿Tienes un trabajo estable? Emily: ¿¡Que pregunta es esa!? ¡Es una interesada! Trabajo para una de las mejores empresas financieras, no es por presumir pero tengo un gran puesto laboral ahí. Amber: eso es interesante yo no puedo trabajar debido a que mí padre me lo impide, siempre dice que el me dará todo lo que yo pida. (Así que una empresa financiera ¿Eh? Podría sacarle provecho a salir con este tonto) Jajaja bueno es normal que un padre quiera consentir a su única hija no lo culpo. (Si finjo tener una relación con esta mocosa podré acercarme a el, será sencillo)
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  • 。 𝗧𝗵𝗶𝘀 𝗰𝗶𝘁𝘆 𝗻𝗲𝘃𝗲𝗿 𝗳𝘂𝗰𝗸𝗶𝗻𝗴 𝘀𝗹𝗲𝗲𝗽.
    Categoría Original
    La lluvia no caía.

    Se desplomaba.

    Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes.

    Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez.

    La ciudad seguía viva.

    Y ese era el problema.

    Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso.

    Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza.

    Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler.

    OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE.


    En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él.

    El cazador.

    Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia.

    Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda.

    En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana.

    El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él.

    O lo que quedaba.

    Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota:

    — Error... Error... Error…

    El cazador soltó humo por la nariz.

    — Bienvenido al club, idiota.

    A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas.

    — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme.

    El cazador giró la cabeza.

    Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión.

    Tampoco orgullo.

    Solo hastío.

    — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no?

    La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa.

    — La corporación no pagará el total.

    El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver.

    — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo.

    Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre.

    Nadie se detuvo. Nadie preguntó.

    En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana.

    El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre.

    Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos.

    — Al menos esto sí vale algo.

    La mujer dio un paso atrás.

    — Eso es propiedad privada.

    Él la miró.

    Pesado.

    Despacio.

    Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada.

    — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito.

    Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo.

    Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto.

    Entonces su comunicador vibró.

    Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada.
    Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto.

    El cazador suspiró.

    — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí.

    Aceptó la llamada.

    Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua.

    — Tenemos otro trabajo para ti.

    Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas.

    Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más.

    — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz.

    La voz continuó.

    — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida. 

    El cazador se quedó quieto.

    La lluvia golpeó el ala de su sombrero.

    Una gota bajó por el borde de su parche.

    — ¿Con vida? Eso es complicado.

    — Solo nos sirve con vida. No lo arruines.

    Él soltó una risa baja, áspera, sin humor.

    — Pero ese es mi encanto.

    Hubo un silencio al otro lado de la línea.

    — El riesgo es elevado. La paga alta.

    El cazador cerró el ojo.

    Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa.

    Luego sonrió.

    Una mueca desgastada.

    Cansada.

    — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo.

    Cortó la llamada.

    A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz.

    El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar.

    Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón.

    — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda.

    Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre.

    Solo existían distintos precios para la misma condena.
    La lluvia no caía. Se desplomaba. Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes. Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez. La ciudad seguía viva. Y ese era el problema. Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso. Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza. Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler. OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE. En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él. El cazador. Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia. Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda. En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana. El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él. O lo que quedaba. Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota: — Error... Error... Error… El cazador soltó humo por la nariz. — Bienvenido al club, idiota. A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas. — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme. El cazador giró la cabeza. Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión. Tampoco orgullo. Solo hastío. — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no? La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa. — La corporación no pagará el total. El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver. — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo. Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre. Nadie se detuvo. Nadie preguntó. En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana. El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre. Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos. — Al menos esto sí vale algo. La mujer dio un paso atrás. — Eso es propiedad privada. Él la miró. Pesado. Despacio. Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada. — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito. Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo. Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto. Entonces su comunicador vibró. Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada. Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto. El cazador suspiró. — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí. Aceptó la llamada. Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua. — Tenemos otro trabajo para ti. Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas. Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más. — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz. La voz continuó. — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida.  El cazador se quedó quieto. La lluvia golpeó el ala de su sombrero. Una gota bajó por el borde de su parche. — ¿Con vida? Eso es complicado. — Solo nos sirve con vida. No lo arruines. Él soltó una risa baja, áspera, sin humor. — Pero ese es mi encanto. Hubo un silencio al otro lado de la línea. — El riesgo es elevado. La paga alta. El cazador cerró el ojo. Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa. Luego sonrió. Una mueca desgastada. Cansada. — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo. Cortó la llamada. A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz. El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar. Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón. — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda. Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre. Solo existían distintos precios para la misma condena.
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  • *Había escuchado hablar sobre una Teniente Militar con poderes de electricidad, incluso dicho por ella misma, se hace llamar una Semi Diosa, entonces ella vió una gran oportunidad de dialogar con ella, y averiguar para quién sirve, y si podría ayudarla a ella y a sus compañeras del Consejo con un problema que vienen teniendo, dónde necesitan de mucha ayuda por las circunstancias a las que se encuentran.*

    *Para dar con aquella teniente militar de origen Estadounidense, tuvo que dirigirse a una base militar en la que no se le haría fácil entrar así cómo a así por cuestiones obvias, entonces ella tuvo que hacer uso de su poder construcción para fabricar una especie de documento de autorización falso para poder pasar y hablar con la teniente, la autorización parecía real ya que la copió usando una copia virtual, entonces los soldados no sospecharon y creyeron que el permiso era real, entonces la han dejado pasar, algunos de ellos la acompañan detrás unos para guiarla y otros para vigilarla a ella. Una vez que llega al despacho de la teniente, ella toca la puerta de su oficina y espera a que la teniente la reciba.*

    Rihanna Carther
    *Había escuchado hablar sobre una Teniente Militar con poderes de electricidad, incluso dicho por ella misma, se hace llamar una Semi Diosa, entonces ella vió una gran oportunidad de dialogar con ella, y averiguar para quién sirve, y si podría ayudarla a ella y a sus compañeras del Consejo con un problema que vienen teniendo, dónde necesitan de mucha ayuda por las circunstancias a las que se encuentran.* *Para dar con aquella teniente militar de origen Estadounidense, tuvo que dirigirse a una base militar en la que no se le haría fácil entrar así cómo a así por cuestiones obvias, entonces ella tuvo que hacer uso de su poder construcción para fabricar una especie de documento de autorización falso para poder pasar y hablar con la teniente, la autorización parecía real ya que la copió usando una copia virtual, entonces los soldados no sospecharon y creyeron que el permiso era real, entonces la han dejado pasar, algunos de ellos la acompañan detrás unos para guiarla y otros para vigilarla a ella. Una vez que llega al despacho de la teniente, ella toca la puerta de su oficina y espera a que la teniente la reciba.* [storm_lavender_shark_168]
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  • Se había propuesto un nuevo entrenamiento, uno más formal y que pudiera hacerse en público y a la vista de la sociedad (??), así que, a la mañana siguiente -y aprovechando plenamente su estatus de desempleo/empleo informal-, estaba ahí, usando su único pantalón deportivo y su única camisa de tirantes, porque era muy austero. (?)

    Había decidido invitar a su hermana, sólo esta vez. ¿Por qué? Más que nada, para despertarla temprano soplándole un silbato directo en el oído, como en academia militar. Siempre había querido hacer eso. (?)

    —Bien, supongo que ya saben que las cosas están un poco críticas. Entre el mensaje/advertencia que Kyrie recibió de... cierto individuo, la cantidad de gente que nos persigue, ese maldito video en el que yo aparezco, y que Veyra Leˑron NO DEJA DE COMPARTIR EN REDES SOCIALES —hizo mucho hincapié en eso (?) —y que simplemente somos un desastre (?)... tenemos que aprender a mantener todo bajo control, o alguien más eventualmente nos va a obligar a hacerlo.

    Talló su sien, masajeándola con los dedos. Después, miró a Kazuha .

    —Y el propósito, también, es que sigas aprendiendo a manipular y mantener bajo control tus habilidades, Kazuha. Entonces, vamos a... —sin embargo, a mitad de su discurso matutino motivacional, un rugir de su estómago lo interrumpió. —... a desayunar ptimero. Primero el diente que el pendiente, como dicen. (?) ¡Pero después, sin excusas! Vamos a entrenar, ahora sí, en serio.
    Se había propuesto un nuevo entrenamiento, uno más formal y que pudiera hacerse en público y a la vista de la sociedad (??), así que, a la mañana siguiente -y aprovechando plenamente su estatus de desempleo/empleo informal-, estaba ahí, usando su único pantalón deportivo y su única camisa de tirantes, porque era muy austero. (?) Había decidido invitar a su hermana, sólo esta vez. ¿Por qué? Más que nada, para despertarla temprano soplándole un silbato directo en el oído, como en academia militar. Siempre había querido hacer eso. (?) —Bien, supongo que ya saben que las cosas están un poco críticas. Entre el mensaje/advertencia que [forever.broken] recibió de... cierto individuo, la cantidad de gente que nos persigue, ese maldito video en el que yo aparezco, y que [vey.ra] NO DEJA DE COMPARTIR EN REDES SOCIALES —hizo mucho hincapié en eso (?) —y que simplemente somos un desastre (?)... tenemos que aprender a mantener todo bajo control, o alguien más eventualmente nos va a obligar a hacerlo. Talló su sien, masajeándola con los dedos. Después, miró a [K4zuha]. —Y el propósito, también, es que sigas aprendiendo a manipular y mantener bajo control tus habilidades, Kazuha. Entonces, vamos a... —sin embargo, a mitad de su discurso matutino motivacional, un rugir de su estómago lo interrumpió. —... a desayunar ptimero. Primero el diente que el pendiente, como dicen. (?) ¡Pero después, sin excusas! Vamos a entrenar, ahora sí, en serio.
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  • Si eres de la raza dragón seguramente recordarás que esto solían contarte cuando te portadas mal o no querías dormir

    Así es me refiero a la historia del legendario dragón sepulcral que a muchos en su momento nos dio miedo, ¿Empezamos?

    ×Sostenia el libro en mis manos y me acercaria a una silla para ponerme comodo y mirar al público con una leve sonrisa para después abrir dicho libro y empezar a leer×

    LA HISTORIA DEL DRAGON SEPULCRAL
    (Basada en hechos reales)

    Cuando este dragón nació su familia lo llamo Zeldri y tenía un rol muy importante en la historia de nuestra raza pues el era nada más ni nada menos que un príncipe.

    Sus padres murieron a causa de una enfermedad cuando el tenía solo 15 años así que fue criado por los sirvientes del castillo hasta que finalmente llego a la adolescencia.

    Su trabajo como heredero al trono estaba iniciando pero le hacía falta una mujer que lo acompañará el resto de su vida, todos pensaron que el elegiría a una dragona.

    Pero el príncipe terminaria cometiendo el mayor error de su vida el cual fue enamorarse de una mujer humana.. cuando esto ocurrió nadie lo acepto todos querían oponerse ya que sentían que esa humana tramaba algo

    El príncipe no hizo caso a las muchas advertencias que se le daban y con tal de hacerlos callar ataco a su propia gente para demostrar que él está por encima de ellos y que no debían cuestionar sus decisiones.

    Pero claramente el príncipe fue muy ingenuo al no hacer caso a dichas advertencias, una noche la mujer humana llego a la ciudad pero no venía sola la acompañaba un grupo de mercenarios que sin dudarlo una sola ves atacaron a los habitantes y quemaron sus hogares, fue toda una masacre..

    El último en morir fue el príncipe Zeldri pero antes de soltar su último aliento miro a los humanos y dijo..

    "Los maldigo a todos ustedes por haberme engañado.. juro que aunque muera aquí voy a regresar, volveré convertido en la peor pesadilla de todos ustedes.. no dejaré ni un solo pueblo sin aniquilar"

    Después de su muerte los humanos destruyeron su reino para construir uno nuevo pero solo con habitantes humanos, todo parecía ir de maravilla como si la maldición de Zeldri no fueran más que palabras.

    Pero cuando pasaron 20 años desde lo ocurrido comenzaron a llegar reportes día tras día sobre un dragón inmortal que estaba arrasando tanto con fortalezas militares como también ciudades.. cuando ese dragón pasaba solo dejaba muerte y destrucción a su paso, era una bestia enfurecida y con una insaciable sed de sangre.

    Según la historia ese dragón llego a la antigua ciudad de Zeldri y destrozo hasta los cimientos.. se dice que hasta el día de hoy ese dragón sigue volando alrededor del planeta tierra buscando saciar esa sed de sangre.

    Muchos se siguen haciendo la pregunta.. ¿Será el fantasma de Zeldri? ¿O algo más allá de nuestro entendimiento?

    Son preguntas que nunca se responderán pero todos los padres dragones usaron esta historia para sus hijos pronunciando lo siguiente.

    "Si te portas mal o no duermes bien el gran dragón sepulcral vendrá a buscar tu carne y alma porque el no tiene piedad con los niños traviesos"

    Dudo mucho que esa historia siga asustando a alguien pero tenía que compartirla con ustedes jajaja
    Si eres de la raza dragón seguramente recordarás que esto solían contarte cuando te portadas mal o no querías dormir Así es me refiero a la historia del legendario dragón sepulcral que a muchos en su momento nos dio miedo, ¿Empezamos? ×Sostenia el libro en mis manos y me acercaria a una silla para ponerme comodo y mirar al público con una leve sonrisa para después abrir dicho libro y empezar a leer× LA HISTORIA DEL DRAGON SEPULCRAL (Basada en hechos reales) Cuando este dragón nació su familia lo llamo Zeldri y tenía un rol muy importante en la historia de nuestra raza pues el era nada más ni nada menos que un príncipe. Sus padres murieron a causa de una enfermedad cuando el tenía solo 15 años así que fue criado por los sirvientes del castillo hasta que finalmente llego a la adolescencia. Su trabajo como heredero al trono estaba iniciando pero le hacía falta una mujer que lo acompañará el resto de su vida, todos pensaron que el elegiría a una dragona. Pero el príncipe terminaria cometiendo el mayor error de su vida el cual fue enamorarse de una mujer humana.. cuando esto ocurrió nadie lo acepto todos querían oponerse ya que sentían que esa humana tramaba algo El príncipe no hizo caso a las muchas advertencias que se le daban y con tal de hacerlos callar ataco a su propia gente para demostrar que él está por encima de ellos y que no debían cuestionar sus decisiones. Pero claramente el príncipe fue muy ingenuo al no hacer caso a dichas advertencias, una noche la mujer humana llego a la ciudad pero no venía sola la acompañaba un grupo de mercenarios que sin dudarlo una sola ves atacaron a los habitantes y quemaron sus hogares, fue toda una masacre.. El último en morir fue el príncipe Zeldri pero antes de soltar su último aliento miro a los humanos y dijo.. "Los maldigo a todos ustedes por haberme engañado.. juro que aunque muera aquí voy a regresar, volveré convertido en la peor pesadilla de todos ustedes.. no dejaré ni un solo pueblo sin aniquilar" Después de su muerte los humanos destruyeron su reino para construir uno nuevo pero solo con habitantes humanos, todo parecía ir de maravilla como si la maldición de Zeldri no fueran más que palabras. Pero cuando pasaron 20 años desde lo ocurrido comenzaron a llegar reportes día tras día sobre un dragón inmortal que estaba arrasando tanto con fortalezas militares como también ciudades.. cuando ese dragón pasaba solo dejaba muerte y destrucción a su paso, era una bestia enfurecida y con una insaciable sed de sangre. Según la historia ese dragón llego a la antigua ciudad de Zeldri y destrozo hasta los cimientos.. se dice que hasta el día de hoy ese dragón sigue volando alrededor del planeta tierra buscando saciar esa sed de sangre. Muchos se siguen haciendo la pregunta.. ¿Será el fantasma de Zeldri? ¿O algo más allá de nuestro entendimiento? Son preguntas que nunca se responderán pero todos los padres dragones usaron esta historia para sus hijos pronunciando lo siguiente. "Si te portas mal o no duermes bien el gran dragón sepulcral vendrá a buscar tu carne y alma porque el no tiene piedad con los niños traviesos" Dudo mucho que esa historia siga asustando a alguien pero tenía que compartirla con ustedes jajaja
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  • ────────────────── 𝕸𝖊𝖗𝖈𝖆𝖙𝖔𝖗 𝖁𝖊𝖓𝖊𝖓𝖎.
    Categoría Aventura
    { Ambient: https://open.spotify.com/intl-es/track/6V8ERjRVcuP3FsKrCr2DL2?si=7786de6c1e6649ab }

    .



    La lluvia había cesado hacía apenas una hora, pero el bosque seguía respirando humedad. El barro se adhería a las botas como manos débiles intentando arrastrar a los vivos bajo tierra, y entre los árboles desnudos por el frío se extendía una niebla tan espesa que el camino parecía deshacerse a pocos metros de distancia.

    Odette avanzaba sola. Cubierta por su capa de tela gruesa color negro y con la capucha ocultando parte de su rostro, llevaba un pequeño farol de aceite en una mano y su bolso de cuero colgado al costado. Dentro tintineaban frascos, morteros pequeños y envoltorios de hierbas secas. El aire alrededor de ella olía a ajenjo, alcanfor y lirios del bosque.

    Había abandonado el pueblo antes del amanecer tras recibir un encargo peculiar.

    Un cazador había llegado moribundo a la botica la noche anterior. Alcanzó únicamente a murmurar sobre un pantano oculto entre los bosques del norte. Decía que en sus aguas crecía una planta imposible:
    una flor pálida capaz de intensificar cualquier veneno o convertir un remedio en algo letal... Y ahora él estaba muerto.

    Odette no confiaba en historias contadas por hombres agonizantes, pero sí confiaba en la expresión de terror que había visto en sus ojos.

    Se detuvo un instante.

    A lo lejos, entre la niebla, distinguió una luz cálida balanceándose lentamente. No parecía provenir de una casa ni de un campamento militar. Era móvil. Como una luciérnaga atrapada en una botella.
    Un carruaje.
    O algo parecido.
    El sonido metálico de cadenas suaves y el relinchar cansado de un caballo terminaron de confirmar su sospecha.

    Odette entrecerró apenas los ojos.

    No era común encontrar viajeros en aquella ruta olvidada. Mucho menos comerciantes.

    Y muchísimo menos comerciantes armados.

    La herborista abandonó el sendero principal y avanzó entre los árboles húmedos hasta divisar finalmente la figura del desconocido: un mercader acompañado por un carromato repleto de cajas, cuchillos, pequeños frascos y puntas de flecha cuidadosamente envueltas en cuero oscuro.

    Incluso desde lejos podía percibir el olor metálico del veneno.

    Odette observó las mercancías con atención curiosa antes de hablar por primera vez.

    —Tus flechas están impregnadas con eléboro negro… pero las dagas huelen a tejo y cicuta.—Su voz sonó tranquila, casi indiferente.—Una mezcla extraña... Y costosa también.

    Sus ojos finalmente se dirigieron hacia el enano de armadura.

    —¿Eres lo bastante valiente para atravesar el pantano del norte… o simplemente estás perdido?

    Un trueno distante resonó entre los árboles.

    Y por un instante, el bosque entero pareció quedarse en silencio.
    Un silencio muerto. Expectante.
    { Ambient: https://open.spotify.com/intl-es/track/6V8ERjRVcuP3FsKrCr2DL2?si=7786de6c1e6649ab } . ༒ La lluvia había cesado hacía apenas una hora, pero el bosque seguía respirando humedad. El barro se adhería a las botas como manos débiles intentando arrastrar a los vivos bajo tierra, y entre los árboles desnudos por el frío se extendía una niebla tan espesa que el camino parecía deshacerse a pocos metros de distancia. Odette avanzaba sola. Cubierta por su capa de tela gruesa color negro y con la capucha ocultando parte de su rostro, llevaba un pequeño farol de aceite en una mano y su bolso de cuero colgado al costado. Dentro tintineaban frascos, morteros pequeños y envoltorios de hierbas secas. El aire alrededor de ella olía a ajenjo, alcanfor y lirios del bosque. Había abandonado el pueblo antes del amanecer tras recibir un encargo peculiar. Un cazador había llegado moribundo a la botica la noche anterior. Alcanzó únicamente a murmurar sobre un pantano oculto entre los bosques del norte. Decía que en sus aguas crecía una planta imposible: una flor pálida capaz de intensificar cualquier veneno o convertir un remedio en algo letal... Y ahora él estaba muerto. Odette no confiaba en historias contadas por hombres agonizantes, pero sí confiaba en la expresión de terror que había visto en sus ojos. Se detuvo un instante. A lo lejos, entre la niebla, distinguió una luz cálida balanceándose lentamente. No parecía provenir de una casa ni de un campamento militar. Era móvil. Como una luciérnaga atrapada en una botella. Un carruaje. O algo parecido. El sonido metálico de cadenas suaves y el relinchar cansado de un caballo terminaron de confirmar su sospecha. Odette entrecerró apenas los ojos. No era común encontrar viajeros en aquella ruta olvidada. Mucho menos comerciantes. Y muchísimo menos comerciantes armados. La herborista abandonó el sendero principal y avanzó entre los árboles húmedos hasta divisar finalmente la figura del desconocido: un mercader acompañado por un carromato repleto de cajas, cuchillos, pequeños frascos y puntas de flecha cuidadosamente envueltas en cuero oscuro. Incluso desde lejos podía percibir el olor metálico del veneno. Odette observó las mercancías con atención curiosa antes de hablar por primera vez. —Tus flechas están impregnadas con eléboro negro… pero las dagas huelen a tejo y cicuta.—Su voz sonó tranquila, casi indiferente.—Una mezcla extraña... Y costosa también. Sus ojos finalmente se dirigieron hacia el enano de armadura. —¿Eres lo bastante valiente para atravesar el pantano del norte… o simplemente estás perdido? Un trueno distante resonó entre los árboles. Y por un instante, el bosque entero pareció quedarse en silencio. Un silencio muerto. Expectante.
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