<Rol abierto>

Su andar persistió hasta llegar a un poblado; desde lejos se lograba apreciar ese aroma a comida casera, uno que otro auto por las pocas carreteras; se recalcaban las bestias que eran montadas por los pueblerinos y las bicicletas que marcaban las ruedas sobre la terracería.

Con una maleta en mano, un arma en la espalda que era cubierta con la chamarra oscura que portaba, se dirigió a una posada sumamente humilde, la que era atendida por un anciano gruñón que fumaba un cigarrillo, con el ceño fruncido, al limpiar una vieja escopeta. -

— ¡Buenas tardes!.- Saludó el exmilitar al llegar frente a aquel hombre, cual estaba tras un mostrador, mismo que no dudó en ignorar las palabras contrarias. - Necesito una habitación. -dijo respetuosamente, el ajeno se detuvo al mirar a "B", sin mucha importancia, dejó la franela polvosa encima del arma y descolgó de una base oxidada la llave. 

— $200.00 la noche, pague por adelantado. - El anciano dejó la llave en el mostrador, con la intención de que el contrario la tomara; Abel sacó de su bolsillo una cartera de piel seminueva, dejó unos cuantos billetes sobre el mostrador, tomando la llave con el número 8 marcado en ella. — ¡Forasteros!, mala idea llegar a este lugar invadido por "ratas".- Musitó entre dientes al anciano, que continuó limpiando la escopeta, tras ver al desconocido entrar a la habitación y cerrar la puerta. 
<Rol abierto> Su andar persistió hasta llegar a un poblado; desde lejos se lograba apreciar ese aroma a comida casera, uno que otro auto por las pocas carreteras; se recalcaban las bestias que eran montadas por los pueblerinos y las bicicletas que marcaban las ruedas sobre la terracería. Con una maleta en mano, un arma en la espalda que era cubierta con la chamarra oscura que portaba, se dirigió a una posada sumamente humilde, la que era atendida por un anciano gruñón que fumaba un cigarrillo, con el ceño fruncido, al limpiar una vieja escopeta. - — ¡Buenas tardes!.- Saludó el exmilitar al llegar frente a aquel hombre, cual estaba tras un mostrador, mismo que no dudó en ignorar las palabras contrarias. - Necesito una habitación. -dijo respetuosamente, el ajeno se detuvo al mirar a "B", sin mucha importancia, dejó la franela polvosa encima del arma y descolgó de una base oxidada la llave.  — $200.00 la noche, pague por adelantado. - El anciano dejó la llave en el mostrador, con la intención de que el contrario la tomara; Abel sacó de su bolsillo una cartera de piel seminueva, dejó unos cuantos billetes sobre el mostrador, tomando la llave con el número 8 marcado en ella. — ¡Forasteros!, mala idea llegar a este lugar invadido por "ratas".- Musitó entre dientes al anciano, que continuó limpiando la escopeta, tras ver al desconocido entrar a la habitación y cerrar la puerta. 
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