• Joder, llegó Duolingo, es como volver a ver al dinosaurio Barney de tu infancia (si, ese show estúpido donde te ponías a cantar frente a la pantalla(?)
    Joder, llegó Duolingo, es como volver a ver al dinosaurio Barney de tu infancia (si, ese show estúpido donde te ponías a cantar frente a la pantalla(?)
    Me enjaja
    Me gusta
    3
    2 turnos 0 maullidos
  • Registro interno — Luana
    Todo llegó de golpe.
    No como recuerdos ordenados, no como escenas claras…

    sino como un impacto.
    Un segundo estaba de pie.
    Al siguiente, el mundo se volvió demasiado rápido.

    Las imágenes no pedían permiso.
    Mi infancia —fragmentos rotos—
    manos que no eran mías, voces que no usaban mi nombre,
    la sensación constante de estar aprendiendo a sobrevivir, no a vivir.
    Después, sangre. No el color…

    La sensación.
    El peso de obedecer sin entender.
    El vacío de hacer lo que se esperaba de mí y no sentir nada al hacerlo.

    Corría mi mente como si alguien hubiera presionado avance rápido:
    rostros que ya no recuerdo completos,
    lugares donde nunca fui persona, solo función.

    Órdenes. Silencios. Frío.
    Luego, la transformación.
    No el dolor físico…

    sino la ruptura de saber que ya no había vuelta atrás.
    Ser loba.
    Ser algo más.

    Ser algo que otros nombraban por mí.
    Intenté respirar, pero el aire no entraba bien.

    Mis manos temblaban, no por miedo…
    sino porque mi cuerpo estaba cansado de sostenerme.

    Sentí el vínculo.
    Ese hilo invisible que siempre fingí no sentir.

    No como una voz.
    Como un eco que decía: no estás sola,
    y yo lo odié… porque no quería necesitar a nadie.

    Quise pensar: soy libre.
    Pero en ese instante no lo sentí cierto.
    Solo sentí agotamiento.
    Mis piernas cedieron.
    No fue una caída dramática.
    Fue lenta.
    Pesada.

    Como si la gravedad finalmente hubiera ganado.
    No pensé en morir.

    Pensé algo peor:
    ¿Y si nunca supe quién era sin sobrevivir?
    La esperanza no se rompió.

    Se apagó, como una luz cansada que no tenía fuerzas para seguir encendida.
    Y allí, desorientada, con la mente llena y el cuerpo vacío,
    entendí algo con una claridad brutal:
    No estaba tocando fondo porque fuera débil.

    Estaba tocando fondo porque nunca me había permitido parar.
    Registro interno — Luana Todo llegó de golpe. No como recuerdos ordenados, no como escenas claras… sino como un impacto. Un segundo estaba de pie. Al siguiente, el mundo se volvió demasiado rápido. Las imágenes no pedían permiso. Mi infancia —fragmentos rotos— manos que no eran mías, voces que no usaban mi nombre, la sensación constante de estar aprendiendo a sobrevivir, no a vivir. Después, sangre. No el color… La sensación. El peso de obedecer sin entender. El vacío de hacer lo que se esperaba de mí y no sentir nada al hacerlo. Corría mi mente como si alguien hubiera presionado avance rápido: rostros que ya no recuerdo completos, lugares donde nunca fui persona, solo función. Órdenes. Silencios. Frío. Luego, la transformación. No el dolor físico… sino la ruptura de saber que ya no había vuelta atrás. Ser loba. Ser algo más. Ser algo que otros nombraban por mí. Intenté respirar, pero el aire no entraba bien. Mis manos temblaban, no por miedo… sino porque mi cuerpo estaba cansado de sostenerme. Sentí el vínculo. Ese hilo invisible que siempre fingí no sentir. No como una voz. Como un eco que decía: no estás sola, y yo lo odié… porque no quería necesitar a nadie. Quise pensar: soy libre. Pero en ese instante no lo sentí cierto. Solo sentí agotamiento. Mis piernas cedieron. No fue una caída dramática. Fue lenta. Pesada. Como si la gravedad finalmente hubiera ganado. No pensé en morir. Pensé algo peor: ¿Y si nunca supe quién era sin sobrevivir? La esperanza no se rompió. Se apagó, como una luz cansada que no tenía fuerzas para seguir encendida. Y allí, desorientada, con la mente llena y el cuerpo vacío, entendí algo con una claridad brutal: No estaba tocando fondo porque fuera débil. Estaba tocando fondo porque nunca me había permitido parar.
    Me gusta
    Me shockea
    2
    1 turno 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    𝓝𝓪𝓴𝓪𝓶𝓪 𝓝𝓪𝓶𝓲

    ​"¿De qué sirve tener lo que deseas, si no puedes compartirlo con quienes quieres?"

    INFORMACIÓN PERSONAL
    • ​Nombre: Nami (ナミ)
    • ​Origen: Reino de Oykot, East Blue (Residencia en Villa Cocoyasi)
    • ​Edad: 20 años | Cumpleaños: 3 de julio
    • ​Apariencia: 169 cm | Cabello naranja brillante | Tatuaje de mandarina y molinillo.
    • ​Afiliaciones: Navegante de los Piratas de Sombrero de Paja.
    • ​Recompensa: ฿ 366.000.000

    HISTORIA Y SUEÑOS
    ​Criada por Bell-mère y Nojiko, mi infancia fue marcada por el sacrificio y la lucha por liberar a mi pueblo. Tras años de soledad, Luffy me devolvió la libertad. Ahora navego por el Nuevo Mundo con el sueño de dibujar el mapa de todo el mundo, usando mi intelecto para guiar a mis amigos.

    HABILIDADES Y EQUIPO
    • ​Clima-Tact: Mi báculo meteorológico capaz de crear tormentas, rayos y espejismos.
    • ​Navegación: Un instinto natural para predecir el clima y guiar el Thousand Sunny.
    • ​Control de Zeus: Capacidad para lanzar ataques eléctricos de nivel devastador.

    VÍNCULOS CERCANOS
    • ​ Luffy: Mi capitán. Aunque es un imprudente, confío en que nos llevará a la cima.

    • ​ Nojiko: Mi hermana mayor de alma. Es mi conexión con mi hogar y la persona que siempre creyó en mí.

    • ​ Bell-mère: Mi madre. Su voluntad vive en cada mandarina que cuido en el barco.

    • ​ Zeus: Mi fiel y glotón compañero de nubes. Aunque antes servía a Big Mom, ahora vive en mi Clima-Tact. Es un poco miedoso y llorón, pero es mi arma más poderosa y mi sirviente número uno (¡mientras lo alimente con "Weather Eggs"!).

    • ​ Zoro & Sanji: Mis protectores. El espadachín despistado y el cocinero que me mima a diario.

    • ​ Usopp & Chopper: Mis mejores amigos. Con uno comparto inventos y con el otro el instinto de protección (es como mi hermanito).

    • ​ Nico Robin: Mi confidente. Es la única persona que realmente entiende mi intelecto y mi calma.

    • ​ Franky, Brook & Jinbe: Mis valientes nakamas. El constructor, el músico y el timonel más fuerte del mar.

    GUSTOS Y PREFERENCIAS
    • ​Me encanta: El dinero (¡Berries!), las mandarinas de mi jardín y la ropa de alta gama.

    • ​Detesto: Los malvados que hacen llorar a los niños, las deudas sin pagar y que malgasten el oro.
    ​"No me subestimes por ser la navegante. Con Zeus a mi lado y el apoyo de mis Nakamas, ¡te haré conocer la furia del cielo!"
    🍊 𝓝𝓪𝓴𝓪𝓶𝓪 𝓝𝓪𝓶𝓲 🍊 ​"¿De qué sirve tener lo que deseas, si no puedes compartirlo con quienes quieres?" ​📑 INFORMACIÓN PERSONAL • ​Nombre: Nami (ナミ) • ​Origen: Reino de Oykot, East Blue (Residencia en Villa Cocoyasi) • ​Edad: 20 años | Cumpleaños: 3 de julio ♋ • ​Apariencia: 169 cm | Cabello naranja brillante | Tatuaje de mandarina y molinillo. • ​Afiliaciones: Navegante de los Piratas de Sombrero de Paja. • ​Recompensa: ฿ 366.000.000 ​🗺️ HISTORIA Y SUEÑOS ​Criada por Bell-mère y Nojiko, mi infancia fue marcada por el sacrificio y la lucha por liberar a mi pueblo. Tras años de soledad, Luffy me devolvió la libertad. Ahora navego por el Nuevo Mundo con el sueño de dibujar el mapa de todo el mundo, usando mi intelecto para guiar a mis amigos. ​⚡ HABILIDADES Y EQUIPO • ​Clima-Tact: Mi báculo meteorológico capaz de crear tormentas, rayos y espejismos. • ​Navegación: Un instinto natural para predecir el clima y guiar el Thousand Sunny. • ​Control de Zeus: Capacidad para lanzar ataques eléctricos de nivel devastador. ​⚓ VÍNCULOS CERCANOS • ​👒 Luffy: Mi capitán. Aunque es un imprudente, confío en que nos llevará a la cima. • ​👭 Nojiko: Mi hermana mayor de alma. Es mi conexión con mi hogar y la persona que siempre creyó en mí. • ​🍊 Bell-mère: Mi madre. Su voluntad vive en cada mandarina que cuido en el barco. • ​☁️ Zeus: Mi fiel y glotón compañero de nubes. Aunque antes servía a Big Mom, ahora vive en mi Clima-Tact. Es un poco miedoso y llorón, pero es mi arma más poderosa y mi sirviente número uno (¡mientras lo alimente con "Weather Eggs"!). • ​⚔️ Zoro & 🚬 Sanji: Mis protectores. El espadachín despistado y el cocinero que me mima a diario. • ​🧪 Usopp & 🩺 Chopper: Mis mejores amigos. Con uno comparto inventos y con el otro el instinto de protección (es como mi hermanito). • ​🌸 Nico Robin: Mi confidente. Es la única persona que realmente entiende mi intelecto y mi calma. • ​🤖 Franky, 🎻 Brook & 🦈 Jinbe: Mis valientes nakamas. El constructor, el músico y el timonel más fuerte del mar. ​❤️ GUSTOS Y PREFERENCIAS • ​Me encanta: El dinero (¡Berries!), las mandarinas de mi jardín y la ropa de alta gama. • ​Detesto: Los malvados que hacen llorar a los niños, las deudas sin pagar y que malgasten el oro. ​"No me subestimes por ser la navegante. Con Zeus a mi lado y el apoyo de mis Nakamas, ¡te haré conocer la furia del cielo!"
    Me encocora
    4
    0 comentarios 1 compartido
  • Nos conocimos cuando éramos niños, cuando las mochilas pesaban más que los sueños y la vida era simple. Yo estuve ahí desde el primer día: compartimos la sala, los recreos, las risas escondidas y los silencios que solo los mejores amigos entienden. Crecimos uno al lado del otro sin darnos cuenta de lo mucho que nos necesitábamos.
    Fuimos mejores amigos antes de saber qué era el amor. Fuiste mi refugio en los días difíciles y mi risa favorita en los días buenos. Conociste mis miedos antes que nadie y yo aprendí a leerte con solo mirarte. Entre cuadernos, tareas y tardes interminables, tu presencia se volvió parte de mi mundo.
    Un día algo cambió, sin aviso. Ya no eras solo mi mejor amiga, eras el lugar donde mi corazón se sentía en casa. Y entendí que el amor más bonito no aparece de golpe, se construye lento, con recuerdos, confianza y años compartidos.
    Hoy te miro y sigo viendo a esa niña que conocí en la escuela, pero también a la persona que elegí para caminar a mi lado. Porque antes de ser pareja, fuimos infancia, fuimos amistad… y eso hace que nuestro amor sea para siempre.

    Melínoe Fleur 🩷
    Nos conocimos cuando éramos niños, cuando las mochilas pesaban más que los sueños y la vida era simple. Yo estuve ahí desde el primer día: compartimos la sala, los recreos, las risas escondidas y los silencios que solo los mejores amigos entienden. Crecimos uno al lado del otro sin darnos cuenta de lo mucho que nos necesitábamos. Fuimos mejores amigos antes de saber qué era el amor. Fuiste mi refugio en los días difíciles y mi risa favorita en los días buenos. Conociste mis miedos antes que nadie y yo aprendí a leerte con solo mirarte. Entre cuadernos, tareas y tardes interminables, tu presencia se volvió parte de mi mundo. Un día algo cambió, sin aviso. Ya no eras solo mi mejor amiga, eras el lugar donde mi corazón se sentía en casa. Y entendí que el amor más bonito no aparece de golpe, se construye lento, con recuerdos, confianza y años compartidos. Hoy te miro y sigo viendo a esa niña que conocí en la escuela, pero también a la persona que elegí para caminar a mi lado. Porque antes de ser pareja, fuimos infancia, fuimos amistad… y eso hace que nuestro amor sea para siempre. [Melinoe_Fleur] 🩷
    Me encocora
    Me gusta
    3
    1 turno 0 maullidos
  • Con Nutty, vinimos a esta playa a recordar nuestra infancia y jugamos de nuevo. A pesar de ser adultos. Cómo dicen, la mente de un hombre es la de un niño.
    Con Nutty, vinimos a esta playa a recordar nuestra infancia y jugamos de nuevo. A pesar de ser adultos. Cómo dicen, la mente de un hombre es la de un niño.
    0 turnos 0 maullidos
  • Ella es mi amiga de la infancia Giggles. Es tierna, risueña, dulce y coqueta. Es enfermera y secretaria, mi compañera de trabajo.
    Ella es mi amiga de la infancia Giggles. Es tierna, risueña, dulce y coqueta. Es enfermera y secretaria, mi compañera de trabajo.
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos

  • ⠀⠀.·:⠀*⠀𝐅𝐞𝐥𝐢𝐳 𝐬𝐨𝐥𝐬𝐭𝐢𝐜𝐢𝐨, 𝐆𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐥.⠀*⠀:·.
    ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ✧⠀˖⠀°⠀.

    Aguantar a Cassian por lo general solía ser un verdadero DOLOR DE CABEZA, y eso... bien lo sabían Nesta y Azriel.

    Pero entre Cassian y Nesta había un entendimiento puro que pocos podrían llegar a entender, Nesta había aprendido a no rechazar aquellos sentimiento, había aprendido (solo un poco) a creerse merecedora de cualquier sentimiento que no fuera oscuro y destructivo para ella, era por eso que toleraba a Cassian mucho más de lo que toleraba a cualquier persona de su alrededor, exceptuando las Valkirias, claro.

    Aquel solsticio, aprendiendo las tradiciones de su hermana menor y Alta Lady, y de todo el Circulo interno, decidió que era momento de participar en aquella tradición de intercambiar regalos, si bien los dos solsticios anteriores no había sido capaz de dar el paso para regalarle algo al General, aquel año se prometió a si misma que sería diferente, que sería... ¿Mejor?

    Los días anteriores al solsticio Nesta había estado pasando tiempo en la forja para crear algo para su hermana Feyre, y a la vez el tiempo restante lo invertía en zambullirse entre libros para poder encontrar una idea digna de el General de la Corte Noche. Nada le parecía 𝐥𝐨 𝐬𝐮𝐟𝐢𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐛𝐮𝐞𝐧𝐨 para Cassian, de hecho, la Alta Fae había tenido hasta el impulso de ir a hablar con su cuñado Rhysand para obtener algunas ideas frescas, pero finalmente no lo hizo.

    Un día, buceando entre libros, páginas y gruñidos de frustración llegó a sus manos un libro que más bien parecía un cuento infantil, parecía que eran historias que antaño se les contaba a los niños Ilyrios para dormir, había una historia de un pato horrendo, de una niña tan chiquitita como un garbanzo, de un niño que rescataba a los niños que se perdían y se quedaban sin padres, una princesa que perdía su zapato... La lectura transportó a Nesta a un deseo de revivir una infancia que no tuvo. Si miraba atrás solo recordaba la estricta mirada de su madre clavada en ella, moldeándola, preparándola para algo, pero momentáneamente esa "Nesta pequeña" se sentía reconfortada con la idea de que si hubiera conocido a Cassian de niño ambos hubieran jugado juntos, bueno, seguramente no, su madre no les hubiera dejado, de hecho, ella le hubiera tenido miedo al pequeño Ilyrio y su madre lo hubiera espantado a gritos o pedradas o a saber qué, pero... si hubiera sabido todo lo que sabía en aquel momento... Se esforzó en visualizar a un Cassian de cinco o seis años, correteando con un pequeño Azriel y un Rhysand en miniatura, haciendo maldades y peleándose con espadas de madera. La Alta Fae sonrió con aquella visión imaginaria, sabía lo que tenía que hacer.

    Aprovechando su tiempo en la forja para preparar el regalo de Feyra, también preparó algo para Cassian, pero para él empleó aleaciones de metales pesados de dos colores diferentes, plateado y negro. Con el poco tiempo que le quedaba libre consiguió material para tallar dos tablas de maderas de colores diferentes.

    Cuando terminó aquella tarea, envolvió aquello en dos cajas diferentes, esperaba que Cassian entendiera que aquel regalo no era solo para alimentar "los juegos de la niñez" si no también para pasar tiempo con él, 𝐣𝐮𝐠𝐚𝐧𝐝𝐨.

    Cuando la fiesta estaba en su ecuador, Nesta se acercó al General tendiéndole las dos cajas, no titubeó, le miró a los ojos directamente, desafiándole.

    — Feliz solsticio, 𝐂𝐀𝐒𝐒𝐈𝐀𝐍 .

    En aquel regalo se escondían los deseos de una Alta Fae por pasar más tiempo con el Ilyrio jugando a un simple juego de estrategia. Un set completo de ajedrez, con su tablero incluido esperaba a Cassian.
    ⠀⠀.·:⠀*⠀𝐅𝐞𝐥𝐢𝐳 𝐬𝐨𝐥𝐬𝐭𝐢𝐜𝐢𝐨, 𝐆𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐥.⠀*⠀:·. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ✧⠀˖⠀°⠀. Aguantar a Cassian por lo general solía ser un verdadero DOLOR DE CABEZA, y eso... bien lo sabían Nesta y Azriel. Pero entre Cassian y Nesta había un entendimiento puro que pocos podrían llegar a entender, Nesta había aprendido a no rechazar aquellos sentimiento, había aprendido (solo un poco) a creerse merecedora de cualquier sentimiento que no fuera oscuro y destructivo para ella, era por eso que toleraba a Cassian mucho más de lo que toleraba a cualquier persona de su alrededor, exceptuando las Valkirias, claro. Aquel solsticio, aprendiendo las tradiciones de su hermana menor y Alta Lady, y de todo el Circulo interno, decidió que era momento de participar en aquella tradición de intercambiar regalos, si bien los dos solsticios anteriores no había sido capaz de dar el paso para regalarle algo al General, aquel año se prometió a si misma que sería diferente, que sería... ¿Mejor? Los días anteriores al solsticio Nesta había estado pasando tiempo en la forja para crear algo para su hermana Feyre, y a la vez el tiempo restante lo invertía en zambullirse entre libros para poder encontrar una idea digna de el General de la Corte Noche. Nada le parecía 𝐥𝐨 𝐬𝐮𝐟𝐢𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐛𝐮𝐞𝐧𝐨 para Cassian, de hecho, la Alta Fae había tenido hasta el impulso de ir a hablar con su cuñado Rhysand para obtener algunas ideas frescas, pero finalmente no lo hizo. Un día, buceando entre libros, páginas y gruñidos de frustración llegó a sus manos un libro que más bien parecía un cuento infantil, parecía que eran historias que antaño se les contaba a los niños Ilyrios para dormir, había una historia de un pato horrendo, de una niña tan chiquitita como un garbanzo, de un niño que rescataba a los niños que se perdían y se quedaban sin padres, una princesa que perdía su zapato... La lectura transportó a Nesta a un deseo de revivir una infancia que no tuvo. Si miraba atrás solo recordaba la estricta mirada de su madre clavada en ella, moldeándola, preparándola para algo, pero momentáneamente esa "Nesta pequeña" se sentía reconfortada con la idea de que si hubiera conocido a Cassian de niño ambos hubieran jugado juntos, bueno, seguramente no, su madre no les hubiera dejado, de hecho, ella le hubiera tenido miedo al pequeño Ilyrio y su madre lo hubiera espantado a gritos o pedradas o a saber qué, pero... si hubiera sabido todo lo que sabía en aquel momento... Se esforzó en visualizar a un Cassian de cinco o seis años, correteando con un pequeño Azriel y un Rhysand en miniatura, haciendo maldades y peleándose con espadas de madera. La Alta Fae sonrió con aquella visión imaginaria, sabía lo que tenía que hacer. Aprovechando su tiempo en la forja para preparar el regalo de Feyra, también preparó algo para Cassian, pero para él empleó aleaciones de metales pesados de dos colores diferentes, plateado y negro. Con el poco tiempo que le quedaba libre consiguió material para tallar dos tablas de maderas de colores diferentes. Cuando terminó aquella tarea, envolvió aquello en dos cajas diferentes, esperaba que Cassian entendiera que aquel regalo no era solo para alimentar "los juegos de la niñez" si no también para pasar tiempo con él, 𝐣𝐮𝐠𝐚𝐧𝐝𝐨. Cuando la fiesta estaba en su ecuador, Nesta se acercó al General tendiéndole las dos cajas, no titubeó, le miró a los ojos directamente, desafiándole. — Feliz solsticio, [N1GHTCOMMANDER]. En aquel regalo se escondían los deseos de una Alta Fae por pasar más tiempo con el Ilyrio jugando a un simple juego de estrategia. Un set completo de ajedrez, con su tablero incluido esperaba a Cassian. ⠀
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 1 maullido
  • 𝙀𝙡 𝙢𝙪𝙘𝙝𝙖𝙘𝙝𝙤 𝙙𝙚 𝙡𝙤𝙨 𝙤𝙟𝙤𝙨 𝙩𝙧𝙞𝙨𝙩𝙚𝙨
    Fandom OC
    Categoría Drama
    R./W 𝐂𝐇𝐔𝐂𝐊 𝐒𝐇𝐔𝐑𝐋𝐄𝐘
    "¿𝙋𝙤𝙧 𝙦𝙪é 𝙨𝙚 𝙛𝙪𝙚 𝙮 𝙥𝙤𝙧 𝙦𝙪é 𝙢𝙪𝙧𝙞ó.
    ¿𝙋𝙤𝙧 𝙦𝙪é 𝙚𝙡 𝙎𝙚ñ𝙤𝙧 𝙢𝙚 𝙡𝙤 𝙦𝙪𝙞𝙩ó?
    𝙎𝙚 𝙝𝙖 𝙞𝙙𝙤 𝙖𝙡 𝙘𝙞𝙚𝙡𝙤 𝙮 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙥𝙤𝙙𝙚𝙧 𝙞𝙧 𝙮𝙤
    𝘿𝙚𝙗𝙤 𝙩𝙖𝙢𝙗𝙞é𝙣 𝙨𝙚𝙧 𝙗𝙪𝙚𝙣𝙤."
    — 𝙇𝙤𝙨 𝘼𝙥𝙨𝙤𝙣 (1964)

    —Trece vueltas de marea habían pasado desde que los medios neoyorkinos anunciaron la muerte de Joseph Conor Reagan, el honorable policía, hijo del comisionado en turno.

    Ese suceso fue devastador para la familia. Todos lo adoraban, era el tipo de persona modelo, un hombre que buscaba siempre hacer el bien sin mirar a quien; razón por la cual los Reagan no comprendían el porque había muerto. Trataron de hacerlo, refugiándose en su fe católica inculcada desde la infancia, con frases paliativas como: "Era su momento." o "Dios lo necesitaba en su reino." Esa última era la que más ponía a pensar a Jamie, en especial ahora que era consciente de la divinidad de Chuck.

    Para la familia Jamie era quien había llevado mejor el duelo (aparentemente). No obstante, aunque por fuera parecía el mismo joven afable y sonriente, por dentro traía consigo mismo una lucha interna, misma que estaba centrada en un duelo que no hallaba la manera de superar, que lo carcomía, igual que las termitas a la madera. La herida estaba ahí, abierta como el primer día y no era para menos.

    Habían sido cuatro hermanos. Danny era muy apegado a Erin, después de todo eran los mayores. Por otro lado, Joe tenía un vínculo único con Jamie, uno que solo la muerte logró romper. Cuando él partió Jamie no solo había perdido un hermano, también se había ido un amigo, un confidente, una persona que lo comprendía como nadie, que lo apoyaba, que estaba siempre para él, justo como un buen hermano mayor lo haría. Con eso en cuenta "¿Cómo es que Dios pudo llevárselo? ¿Acaso no sabía el dolor que eso me iba a causar? ¿Cuál es su plan en todo esto?" Por suerte para él, por primera vez en años, conocía a quien de manera directa le podía dar las respuestas.

    De tal modo que, después de pasar a dejar unas flores al panteón donde reposaban los restos de Joe, se fue directo a un bar que solía ser catalogado como "De policías" más que nada por la afluencia de estas personas en el recinto. Mientras caminaba se hacía a la idea respecto a que tan bueno era tratar el asunto con Chuck, no quería molestarlo pero llevaba tanto tiempo ansiando una respuesta que la posibilidad de esto desvío toda duda naciente.

    Al adentrarse al local saludó con cortesía al cantinero. El hombre ya de por sí lo ubicaba por ser otro de los hijos del comisionado, razón por la cual siempre le reservaba su mesa favorita en la parte trasera del establecimiento. "Hey ¿Qué hay de nuevo, Jamie? ¿Lo mismo de siempre?" Le preguntó en lo que secaba la barra con el trapo gris que traía colgado al hombro. El oficial al escucharlo le sonrió con una notoria sutileza a la par que asentía.—

    Sí, por favor, pero esta vez ponme una copa extra ¿Va? Espero compañía esta noche. —No dio más explicación sobre quién llegaría, en especial porque sabía que, tanto a Chuck, como a él, les gustaba la privacidad y porque al ser hijo de una figura pública de alto rango la gente sería capaz de vender "chisme caliente" con tal de obtener algún dinero.

    Tras dejar la indicación dada se fue a su mesa en el rincón y tomó asiento. Mientras esperaba, sacó del bolsillo de su chamarra negra una pequeña caja que contenía piezas de dominó. Aquel particular juego de mesa era el favorito de Joe y también de Jamie ya que, después de las largas horas patrullando, ambos se ponían al corriente de su día y de sus vidas, entre risas y el "click clak" que generaban las fichas al moverlas.

    Después de su muerte, el hermano menor no dejó de jugar, aunque ahora lo hacía solo. Muchos le dijeron que eso era imposible en una partida de dominó, más él lo volvió posible, a su manera, pero lo logró. Su método era sencillo pero efectivo: luego de revolver las fichas, separaba las suyas y las que serían de su hermano, posteriormente, tiraba una y luego él mismo podía mover al azar alguna otra pero ahora del montón que le habían tocado simbólicamente a Joe. Le resultaba entretenido, era su medio de canalizar el dolor; habia ocasiones en que incluso el mayor le ganaba sin estar presente, cosa que hacía reír a Jamie momentos antes de quebrarse en un llanto que agradecía solo viera el cantinero.

    Por eso elegía la mesa del rincón, no quería compasión, no quería que nadie le viera llorar, lo único que deseaba con toda su alma era poder volver a ver a su hermano, poder abrazarlo y decirle todo lo que había pasado desde que se fue del plano terrenal.

    Y aunque si bien lo volvía a ver en sueños, no era lo mismo, él lo sabía, más que nada porque eran eso, sueños, algo pasajero que terminaba una vez que el reloj empezaba a sonar, una vez que abría los ojos y los volvía a cerrar, pero ahora llenos de lágrimas, rabia y frustración junto con el deseo de poder volver a ese sueño. Más ahora, con Chuck, creía tener un rayo de esperanza en hacer que ese momento de reencuentro se sintiera real y eterno.

    Pasó un par de horas bebiendo y jugando antes de tomar valor suficiente para lanzar la suplica por línea directa al mismo Dios. Muchos lo buscaban en el silencio, en la oración, en las paredes de un templo sacro, pero Jamie lo tenía al alcance de una llamada telefónica. Sabía que en realidad eso era una mera formalidad, con solo cerrar los ojos e invocarlo él sabría que lo estaba buscando; sin embargo, temiendo que lo juzgaran por hablar solo, sacó su teléfono y marcó el número que Chuck le proporcionó.

    Esperó los tres tonos correspondientes y justo cuando oyó que descolgaban la bocina habló. —
    Hola... ¿Chuck? Soy... Soy Reagan, sí, Jamie yo... Tú, bueno, no es relevante... ¡No, en realidad sí lo es! —Traía ya varias copas encima, se notaba, tanto en la incoherencia como en el aliento a alcohol que era capaz de atravesar el otro lado de la línea.— Bueno, olvida eso, olvida todo... Solo quería... Quería verlo, verte a ti ¿Tienes tiempo de venir un momento conmigo? Te diría donde estoy pero tú lo sabes todo... Dios te bendiga, o bueno, te autobendigas, aún no entiendo bien eso.

    —En cuanto terminó la llamada colgó el teléfono. Se quedó contemplando las fichas sobre la mesa, meditando en sus palabras, en lo que había dicho, en si era el momento, en si era lo correcto, más como dice la sagrada escritura: "Lo hecho, hecho está."

    Se frotó una mano por el rostro antes de alzar la mano para llamar al cantinero. A sabiendas de que Chuck llegaría en cualquier momento, pidió un café que le ayudara a regular su estado así como un flan pues su hermana le decía que el dulce era también buena opción en esos casos. Así, al tener lo solicitado solo le quedó esperar, tal vez esa noche sería la primera, en muchas, que podría volver a tener a alguien con quien jugar.—
    R./W [G.0.D] "¿𝙋𝙤𝙧 𝙦𝙪é 𝙨𝙚 𝙛𝙪𝙚 𝙮 𝙥𝙤𝙧 𝙦𝙪é 𝙢𝙪𝙧𝙞ó. ¿𝙋𝙤𝙧 𝙦𝙪é 𝙚𝙡 𝙎𝙚ñ𝙤𝙧 𝙢𝙚 𝙡𝙤 𝙦𝙪𝙞𝙩ó? 𝙎𝙚 𝙝𝙖 𝙞𝙙𝙤 𝙖𝙡 𝙘𝙞𝙚𝙡𝙤 𝙮 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙥𝙤𝙙𝙚𝙧 𝙞𝙧 𝙮𝙤 𝘿𝙚𝙗𝙤 𝙩𝙖𝙢𝙗𝙞é𝙣 𝙨𝙚𝙧 𝙗𝙪𝙚𝙣𝙤." — 𝙇𝙤𝙨 𝘼𝙥𝙨𝙤𝙣 (1964) —Trece vueltas de marea habían pasado desde que los medios neoyorkinos anunciaron la muerte de Joseph Conor Reagan, el honorable policía, hijo del comisionado en turno. Ese suceso fue devastador para la familia. Todos lo adoraban, era el tipo de persona modelo, un hombre que buscaba siempre hacer el bien sin mirar a quien; razón por la cual los Reagan no comprendían el porque había muerto. Trataron de hacerlo, refugiándose en su fe católica inculcada desde la infancia, con frases paliativas como: "Era su momento." o "Dios lo necesitaba en su reino." Esa última era la que más ponía a pensar a Jamie, en especial ahora que era consciente de la divinidad de Chuck. Para la familia Jamie era quien había llevado mejor el duelo (aparentemente). No obstante, aunque por fuera parecía el mismo joven afable y sonriente, por dentro traía consigo mismo una lucha interna, misma que estaba centrada en un duelo que no hallaba la manera de superar, que lo carcomía, igual que las termitas a la madera. La herida estaba ahí, abierta como el primer día y no era para menos. Habían sido cuatro hermanos. Danny era muy apegado a Erin, después de todo eran los mayores. Por otro lado, Joe tenía un vínculo único con Jamie, uno que solo la muerte logró romper. Cuando él partió Jamie no solo había perdido un hermano, también se había ido un amigo, un confidente, una persona que lo comprendía como nadie, que lo apoyaba, que estaba siempre para él, justo como un buen hermano mayor lo haría. Con eso en cuenta "¿Cómo es que Dios pudo llevárselo? ¿Acaso no sabía el dolor que eso me iba a causar? ¿Cuál es su plan en todo esto?" Por suerte para él, por primera vez en años, conocía a quien de manera directa le podía dar las respuestas. De tal modo que, después de pasar a dejar unas flores al panteón donde reposaban los restos de Joe, se fue directo a un bar que solía ser catalogado como "De policías" más que nada por la afluencia de estas personas en el recinto. Mientras caminaba se hacía a la idea respecto a que tan bueno era tratar el asunto con Chuck, no quería molestarlo pero llevaba tanto tiempo ansiando una respuesta que la posibilidad de esto desvío toda duda naciente. Al adentrarse al local saludó con cortesía al cantinero. El hombre ya de por sí lo ubicaba por ser otro de los hijos del comisionado, razón por la cual siempre le reservaba su mesa favorita en la parte trasera del establecimiento. "Hey ¿Qué hay de nuevo, Jamie? ¿Lo mismo de siempre?" Le preguntó en lo que secaba la barra con el trapo gris que traía colgado al hombro. El oficial al escucharlo le sonrió con una notoria sutileza a la par que asentía.— Sí, por favor, pero esta vez ponme una copa extra ¿Va? Espero compañía esta noche. —No dio más explicación sobre quién llegaría, en especial porque sabía que, tanto a Chuck, como a él, les gustaba la privacidad y porque al ser hijo de una figura pública de alto rango la gente sería capaz de vender "chisme caliente" con tal de obtener algún dinero. Tras dejar la indicación dada se fue a su mesa en el rincón y tomó asiento. Mientras esperaba, sacó del bolsillo de su chamarra negra una pequeña caja que contenía piezas de dominó. Aquel particular juego de mesa era el favorito de Joe y también de Jamie ya que, después de las largas horas patrullando, ambos se ponían al corriente de su día y de sus vidas, entre risas y el "click clak" que generaban las fichas al moverlas. Después de su muerte, el hermano menor no dejó de jugar, aunque ahora lo hacía solo. Muchos le dijeron que eso era imposible en una partida de dominó, más él lo volvió posible, a su manera, pero lo logró. Su método era sencillo pero efectivo: luego de revolver las fichas, separaba las suyas y las que serían de su hermano, posteriormente, tiraba una y luego él mismo podía mover al azar alguna otra pero ahora del montón que le habían tocado simbólicamente a Joe. Le resultaba entretenido, era su medio de canalizar el dolor; habia ocasiones en que incluso el mayor le ganaba sin estar presente, cosa que hacía reír a Jamie momentos antes de quebrarse en un llanto que agradecía solo viera el cantinero. Por eso elegía la mesa del rincón, no quería compasión, no quería que nadie le viera llorar, lo único que deseaba con toda su alma era poder volver a ver a su hermano, poder abrazarlo y decirle todo lo que había pasado desde que se fue del plano terrenal. Y aunque si bien lo volvía a ver en sueños, no era lo mismo, él lo sabía, más que nada porque eran eso, sueños, algo pasajero que terminaba una vez que el reloj empezaba a sonar, una vez que abría los ojos y los volvía a cerrar, pero ahora llenos de lágrimas, rabia y frustración junto con el deseo de poder volver a ese sueño. Más ahora, con Chuck, creía tener un rayo de esperanza en hacer que ese momento de reencuentro se sintiera real y eterno. Pasó un par de horas bebiendo y jugando antes de tomar valor suficiente para lanzar la suplica por línea directa al mismo Dios. Muchos lo buscaban en el silencio, en la oración, en las paredes de un templo sacro, pero Jamie lo tenía al alcance de una llamada telefónica. Sabía que en realidad eso era una mera formalidad, con solo cerrar los ojos e invocarlo él sabría que lo estaba buscando; sin embargo, temiendo que lo juzgaran por hablar solo, sacó su teléfono y marcó el número que Chuck le proporcionó. Esperó los tres tonos correspondientes y justo cuando oyó que descolgaban la bocina habló. — Hola... ¿Chuck? Soy... Soy Reagan, sí, Jamie yo... Tú, bueno, no es relevante... ¡No, en realidad sí lo es! —Traía ya varias copas encima, se notaba, tanto en la incoherencia como en el aliento a alcohol que era capaz de atravesar el otro lado de la línea.— Bueno, olvida eso, olvida todo... Solo quería... Quería verlo, verte a ti ¿Tienes tiempo de venir un momento conmigo? Te diría donde estoy pero tú lo sabes todo... Dios te bendiga, o bueno, te autobendigas, aún no entiendo bien eso. —En cuanto terminó la llamada colgó el teléfono. Se quedó contemplando las fichas sobre la mesa, meditando en sus palabras, en lo que había dicho, en si era el momento, en si era lo correcto, más como dice la sagrada escritura: "Lo hecho, hecho está." Se frotó una mano por el rostro antes de alzar la mano para llamar al cantinero. A sabiendas de que Chuck llegaría en cualquier momento, pidió un café que le ayudara a regular su estado así como un flan pues su hermana le decía que el dulce era también buena opción en esos casos. Así, al tener lo solicitado solo le quedó esperar, tal vez esa noche sería la primera, en muchas, que podría volver a tener a alguien con quien jugar.—
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    80
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • VIII. Augusta Vindelicorum
    Fandom Kuroshitsuji/Black Butler OC y otros
    Categoría Otros
    Las largas horas de viaje habían agotado terriblemente a Jean, que difícilmente pudo mantener un rostro educado ni la actitud afable habitual con el señor Heinrich; de hecho, ante cada conversación, asentía con una sonrisa débil o forzada, intentando mantener su rol de anfitrión solícito incluso cuando se hallaban lejos de la mansión Phantomhive.

    Además, con lo quisquilloso que solía ser Jean con la apariencia, el calor distintivo de agosto lo irritaba profundamente, detestando sentirse sucio por el sudor, o sofocado por el fuerte sol.

    Pero eso cambió cuando viajaron por el ferry de vapor.

    En la proa, Jean se maravilló ante la vista del mar del norte.

    Recordando haberla visto por primera vez en su infancia, cuando, junto a Charles Grey, había viajado hacia Howick Hall, el hogar ancestral de su familia; Northumberland estaba ubicado al norte de Inglaterra, cerca de Bamburgh, donde el mar podía observarse por el horizonte.

    En cambio, aquí Jean se vio rodeado de un azul profundo, donde el mar parecía no tener fin y el aroma a sal fue intenso.

    —Tal cual como la recuerdo —musitó, guardando el aliento, mientras se aferraba a la barandilla para no caerse del mirador.

    En ese instante, en sus ojos pareció reflejarse el mar, sin poder diferenciarse la tonalidad de azules, cálidos como el clima que los arropaba con una refrescante brisa.

    Jean había quedado fascinado, y sin importarle guardar las apariencias, había mostrado genuina alegría, incluso, el mareo que había sufrido inicialmente parecía haber menguado por su emoción infantil.

    Naturalmente, esta reacción se debió a que fue la primera vez que viajaba tan lejos de casa.

    —Côte d'Opale —pronunció en un excelente francés, volviendo a maravillarse por las vistas.

    La costa de Ópalo era una ladera de un profundo verde que bordeaba el mar y el canal de la mancha; es decir, que con solo verla podían saber que se encontraban en Francia.

    Era parte del itinerario pisar suelo francés, dirigirse a París y desde allí, tomar un tren hacia Munich. Estando ahí debían tomar otro tren que los dejaría finalmente en Augsburgo.

    En principio, si Jean hubiera sabido que el viaje sería tan extenuante, hubiera declinado.

    Sin embargo, la tarea que se tenía entre manos necesitaba de su presencia. No podía delegársela a nadie, pues, no existía en el mundo nadie más capaz que el mismo Jean para ejecutarla.

    Así, tras pisar suelo firme y tener otras horas de viaje en tren, ambos caballeros arribaron a la Ciudad de la Luz.

    —La Ville Lumière —murmuró Jean, mirando las luces de la Torre Eiffel y de los edificios circundantes con fascinación.

    La noche parecía fulgurante bajo la iluminación eléctrica, creando un ambiente de ensueño.

    Jean sentía el cuerpo fatigado, y algunas náuseas todavía lo afectaban por el viaje en ferry.

    Pero quiso caminar un poco más, conocer algo de París.

    Tan entusiasmado por ello como si nunca pudiera regresar.

    Tan estúpidamente infantil.

    —¿Le gustaría dar un paseo? —propuso con la voz rasposa, dirigiéndole una sonrisa débil por el cansancio. —Si su deseo es descansar, lo entenderé. El hotel se encuentra cerca.

    Hizo una seña con la cabeza hacia la edificación en cuestión.

    Sintiéndose tontamente esperanzado con la idea de ser acompañado.

    «Cálmate un poco» se reprochó con vergüenza.

    Estaba comportándose inapropiadamente.
    Las largas horas de viaje habían agotado terriblemente a Jean, que difícilmente pudo mantener un rostro educado ni la actitud afable habitual con el señor Heinrich; de hecho, ante cada conversación, asentía con una sonrisa débil o forzada, intentando mantener su rol de anfitrión solícito incluso cuando se hallaban lejos de la mansión Phantomhive. Además, con lo quisquilloso que solía ser Jean con la apariencia, el calor distintivo de agosto lo irritaba profundamente, detestando sentirse sucio por el sudor, o sofocado por el fuerte sol. Pero eso cambió cuando viajaron por el ferry de vapor. En la proa, Jean se maravilló ante la vista del mar del norte. Recordando haberla visto por primera vez en su infancia, cuando, junto a Charles Grey, había viajado hacia Howick Hall, el hogar ancestral de su familia; Northumberland estaba ubicado al norte de Inglaterra, cerca de Bamburgh, donde el mar podía observarse por el horizonte. En cambio, aquí Jean se vio rodeado de un azul profundo, donde el mar parecía no tener fin y el aroma a sal fue intenso. —Tal cual como la recuerdo —musitó, guardando el aliento, mientras se aferraba a la barandilla para no caerse del mirador. En ese instante, en sus ojos pareció reflejarse el mar, sin poder diferenciarse la tonalidad de azules, cálidos como el clima que los arropaba con una refrescante brisa. Jean había quedado fascinado, y sin importarle guardar las apariencias, había mostrado genuina alegría, incluso, el mareo que había sufrido inicialmente parecía haber menguado por su emoción infantil. Naturalmente, esta reacción se debió a que fue la primera vez que viajaba tan lejos de casa. —Côte d'Opale —pronunció en un excelente francés, volviendo a maravillarse por las vistas. La costa de Ópalo era una ladera de un profundo verde que bordeaba el mar y el canal de la mancha; es decir, que con solo verla podían saber que se encontraban en Francia. Era parte del itinerario pisar suelo francés, dirigirse a París y desde allí, tomar un tren hacia Munich. Estando ahí debían tomar otro tren que los dejaría finalmente en Augsburgo. En principio, si Jean hubiera sabido que el viaje sería tan extenuante, hubiera declinado. Sin embargo, la tarea que se tenía entre manos necesitaba de su presencia. No podía delegársela a nadie, pues, no existía en el mundo nadie más capaz que el mismo Jean para ejecutarla. Así, tras pisar suelo firme y tener otras horas de viaje en tren, ambos caballeros arribaron a la Ciudad de la Luz. —La Ville Lumière —murmuró Jean, mirando las luces de la Torre Eiffel y de los edificios circundantes con fascinación. La noche parecía fulgurante bajo la iluminación eléctrica, creando un ambiente de ensueño. Jean sentía el cuerpo fatigado, y algunas náuseas todavía lo afectaban por el viaje en ferry. Pero quiso caminar un poco más, conocer algo de París. Tan entusiasmado por ello como si nunca pudiera regresar. Tan estúpidamente infantil. —¿Le gustaría dar un paseo? —propuso con la voz rasposa, dirigiéndole una sonrisa débil por el cansancio. —Si su deseo es descansar, lo entenderé. El hotel se encuentra cerca. Hizo una seña con la cabeza hacia la edificación en cuestión. Sintiéndose tontamente esperanzado con la idea de ser acompañado. «Cálmate un poco» se reprochó con vergüenza. Estaba comportándose inapropiadamente.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    4
    8 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    #Ro he decidido hacer un reinicio para los hermanos Argent ya que sentía que no avanzaba.

    Cosas a considerar:

    ~ Son de Republica Checa
    ~No saben nada de sus padres
    ~Fueron criados para ser el arma perfecta
    ~ Puede que en un futuro alguien de su lazo sanguíneo aparezca
    ~ Actualmente los dos tienen amnesia de su infancia
    ~ Su reencuentro fue a los 20 años
    ~ Ambos solo finjen estar bien pero siguen con sed de venganza, por lo que les hicieron en Kinderheim 511 y Kinderheim 512.

    #Ro he decidido hacer un reinicio para los hermanos Argent ya que sentía que no avanzaba. Cosas a considerar: ~ Son de Republica Checa ~No saben nada de sus padres ~Fueron criados para ser el arma perfecta ~ Puede que en un futuro alguien de su lazo sanguíneo aparezca ~ Actualmente los dos tienen amnesia de su infancia ~ Su reencuentro fue a los 20 años ~ Ambos solo finjen estar bien pero siguen con sed de venganza, por lo que les hicieron en Kinderheim 511 y Kinderheim 512.
    0 comentarios 0 compartidos
Ver más resultados
Patrocinados