'╭❥ Te volverás adicto aún siendo selectivo. ~
https://www.youtube.com/watch?v=gmgcRWxhmqY
En sus orejas llevaba puestos un par de audífonos inalámbricos, de los que se escapaba una melodía suave, como si el mundo mismo le susurrara una canción secreta al oído. Aquella música envolvía su mente, acompañando cada uno de sus movimientos con un ritmo sutil, perfecto para el momento. Bajo la tenue luz de la luna, su silueta se deslizaba con agilidad felina sobre los tejados y azoteas de la gran ciudad, como una sombra danzante que apenas rozaba el concreto con la punta de los pies.
Saltaba con ligereza, dejando tras de sí un susurro de viento, un eco fugaz de presencia. Su cabello, libre, se ondeaba con gracia tras cada movimiento, acariciado por la brisa nocturna que parecía seguirla con devoción. Llevaba los ojos bien abiertos, atentos a cada rincón, a cada callejón oculto entre luces y sombras, como si su mirada pudiera penetrar la oscuridad misma. Y, sin embargo, en medio de esa vigilancia constante, en medio de esa misión silenciosa, encontraba un instante de calma.
Aquel era su momento favorito: cuando el mundo dormía y ella danzaba sobre él. Había algo profundamente liberador en recorrer la ciudad desde las alturas, en sentirse parte de ella sin ser vista.
'╭❥ Te volverás adicto aún siendo selectivo. ~
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En sus orejas llevaba puestos un par de audífonos inalámbricos, de los que se escapaba una melodía suave, como si el mundo mismo le susurrara una canción secreta al oído. Aquella música envolvía su mente, acompañando cada uno de sus movimientos con un ritmo sutil, perfecto para el momento. Bajo la tenue luz de la luna, su silueta se deslizaba con agilidad felina sobre los tejados y azoteas de la gran ciudad, como una sombra danzante que apenas rozaba el concreto con la punta de los pies.
Saltaba con ligereza, dejando tras de sí un susurro de viento, un eco fugaz de presencia. Su cabello, libre, se ondeaba con gracia tras cada movimiento, acariciado por la brisa nocturna que parecía seguirla con devoción. Llevaba los ojos bien abiertos, atentos a cada rincón, a cada callejón oculto entre luces y sombras, como si su mirada pudiera penetrar la oscuridad misma. Y, sin embargo, en medio de esa vigilancia constante, en medio de esa misión silenciosa, encontraba un instante de calma.
Aquel era su momento favorito: cuando el mundo dormía y ella danzaba sobre él. Había algo profundamente liberador en recorrer la ciudad desde las alturas, en sentirse parte de ella sin ser vista.