• 。 𝗧𝗵𝗶𝘀 𝗰𝗶𝘁𝘆 𝗻𝗲𝘃𝗲𝗿 𝗳𝘂𝗰𝗸𝗶𝗻𝗴 𝘀𝗹𝗲𝗲𝗽.
    Categoría Original
    La lluvia no caía.

    Se desplomaba.

    Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes.

    Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez.

    La ciudad seguía viva.

    Y ese era el problema.

    Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso.

    Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza.

    Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler.

    OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE.


    En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él.

    El cazador.

    Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia.

    Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda.

    En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana.

    El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él.

    O lo que quedaba.

    Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota:

    — Error... Error... Error…

    El cazador soltó humo por la nariz.

    — Bienvenido al club, idiota.

    A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas.

    — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme.

    El cazador giró la cabeza.

    Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión.

    Tampoco orgullo.

    Solo hastío.

    — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no?

    La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa.

    — La corporación no pagará el total.

    El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver.

    — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo.

    Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre.

    Nadie se detuvo. Nadie preguntó.

    En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana.

    El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre.

    Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos.

    — Al menos esto sí vale algo.

    La mujer dio un paso atrás.

    — Eso es propiedad privada.

    Él la miró.

    Pesado.

    Despacio.

    Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada.

    — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito.

    Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo.

    Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto.

    Entonces su comunicador vibró.

    Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada.
    Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto.

    El cazador suspiró.

    — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí.

    Aceptó la llamada.

    Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua.

    — Tenemos otro trabajo para ti.

    Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas.

    Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más.

    — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz.

    La voz continuó.

    — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida. 

    El cazador se quedó quieto.

    La lluvia golpeó el ala de su sombrero.

    Una gota bajó por el borde de su parche.

    — ¿Con vida? Eso es complicado.

    — Solo nos sirve con vida. No lo arruines.

    Él soltó una risa baja, áspera, sin humor.

    — Pero ese es mi encanto.

    Hubo un silencio al otro lado de la línea.

    — El riesgo es elevado. La paga alta.

    El cazador cerró el ojo.

    Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa.

    Luego sonrió.

    Una mueca desgastada.

    Cansada.

    — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo.

    Cortó la llamada.

    A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz.

    El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar.

    Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón.

    — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda.

    Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre.

    Solo existían distintos precios para la misma condena.
    La lluvia no caía. Se desplomaba. Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes. Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez. La ciudad seguía viva. Y ese era el problema. Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso. Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza. Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler. OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE. En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él. El cazador. Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia. Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda. En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana. El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él. O lo que quedaba. Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota: — Error... Error... Error… El cazador soltó humo por la nariz. — Bienvenido al club, idiota. A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas. — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme. El cazador giró la cabeza. Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión. Tampoco orgullo. Solo hastío. — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no? La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa. — La corporación no pagará el total. El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver. — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo. Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre. Nadie se detuvo. Nadie preguntó. En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana. El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre. Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos. — Al menos esto sí vale algo. La mujer dio un paso atrás. — Eso es propiedad privada. Él la miró. Pesado. Despacio. Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada. — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito. Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo. Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto. Entonces su comunicador vibró. Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada. Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto. El cazador suspiró. — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí. Aceptó la llamada. Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua. — Tenemos otro trabajo para ti. Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas. Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más. — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz. La voz continuó. — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida.  El cazador se quedó quieto. La lluvia golpeó el ala de su sombrero. Una gota bajó por el borde de su parche. — ¿Con vida? Eso es complicado. — Solo nos sirve con vida. No lo arruines. Él soltó una risa baja, áspera, sin humor. — Pero ese es mi encanto. Hubo un silencio al otro lado de la línea. — El riesgo es elevado. La paga alta. El cazador cerró el ojo. Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa. Luego sonrió. Una mueca desgastada. Cansada. — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo. Cortó la llamada. A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz. El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar. Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón. — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda. Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre. Solo existían distintos precios para la misma condena.
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  • Venga a mí
    muerte violenta
    con propósito de lucha.

    O
    de no ser el caso
    el calor del vino y de la sangre atada en un respiro agitado en la caricia tosca del vaivén irregular
    en el respiro exhilarante aún tras la calma del silencio agudo
    que aúlla el fin de la violencia
    y vaticina la quietud
    O el desenfreno.
    Venga a mí muerte violenta con propósito de lucha. O de no ser el caso el calor del vino y de la sangre atada en un respiro agitado en la caricia tosca del vaivén irregular en el respiro exhilarante aún tras la calma del silencio agudo que aúlla el fin de la violencia y vaticina la quietud O el desenfreno.
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  • El laboratorio de la calle Monreat
    Fandom N/A
    Categoría Suspenso
    El laboratorio de contención vibraba con el zumbido constante de las luces fluorescentes. Filas de monitores parpadeaban mostrando signos vitales imposibles de interpretar; la frecuencia cardíaca del huésped subía y bajaba como si varias personas respiraran dentro del mismo cuerpo. Tras el grueso cristal reforzado de la cámara de aislamiento, el paciente permanecía sujeto a una camilla metálica, cubierto de cables y vendas húmedas. Cada tanto, su espalda se arqueaba con violencia, provocando que las herramientas quirúrgicas tintinearan sobre las bandejas.

    Los científicos discutían desesperados entre sí. Nadie tenía respuestas. Algunos evitaban siquiera mirar directamente al huésped; había algo en él que provocaba una incomodidad instintiva, como si el cuerpo humano estuviera intentando imitar algo que no comprendía del todo.
    El paciente apenas levantó la cabeza. Sus labios se abrieron lentamente, pero de su garganta surgieron varias voces superpuestas al mismo tiempo.

    Entonces las puertas del laboratorio se abrieron de golpe. El sonido seco de unos pasos resonó entre las alarmas y el murmullo nervioso del personal. Un joven cura irrumpió en la escena y bajo un brazo sostenía un viejo maletín de cuero.

    Los guardias intentaron detenerlo, pero el cura ni siquiera les prestó atención. Sus ojos estaban clavados en el huésped.
    El joven dio una lenta calada a su cigarro antes de hablar con voz grave. Dentro de la cámara, el huésped empezó a sonreír de una forma antinatural.
    El laboratorio de contención vibraba con el zumbido constante de las luces fluorescentes. Filas de monitores parpadeaban mostrando signos vitales imposibles de interpretar; la frecuencia cardíaca del huésped subía y bajaba como si varias personas respiraran dentro del mismo cuerpo. Tras el grueso cristal reforzado de la cámara de aislamiento, el paciente permanecía sujeto a una camilla metálica, cubierto de cables y vendas húmedas. Cada tanto, su espalda se arqueaba con violencia, provocando que las herramientas quirúrgicas tintinearan sobre las bandejas. Los científicos discutían desesperados entre sí. Nadie tenía respuestas. Algunos evitaban siquiera mirar directamente al huésped; había algo en él que provocaba una incomodidad instintiva, como si el cuerpo humano estuviera intentando imitar algo que no comprendía del todo. El paciente apenas levantó la cabeza. Sus labios se abrieron lentamente, pero de su garganta surgieron varias voces superpuestas al mismo tiempo. Entonces las puertas del laboratorio se abrieron de golpe. El sonido seco de unos pasos resonó entre las alarmas y el murmullo nervioso del personal. Un joven cura irrumpió en la escena y bajo un brazo sostenía un viejo maletín de cuero. Los guardias intentaron detenerlo, pero el cura ni siquiera les prestó atención. Sus ojos estaban clavados en el huésped. El joven dio una lenta calada a su cigarro antes de hablar con voz grave. Dentro de la cámara, el huésped empezó a sonreír de una forma antinatural.
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  • "La primera marcha."
    Fandom Roleplay Literario.
    Categoría Acción
    -La ciudad latia con la fuerza de miles de vidas al mismo tiempo. Las avenidas rebosaban movimiento, peatones cruzando entre semaforos, ejecutivos saliendo de edificios de cristal con el telefono aun en la mano, vendedores ambulantes llamando clientes desde las esquinas, cafeterias llenas de voces mezcladas con el aroma a cafe recien hecho, tiendas abiertas iluminando las veredas con escaparates brillantes. El sonido de motores, bocinas, conversaciones y musica urbana se elevaba entre las fachadas de los grandes edificios. Todo avanzaba como siempre. Como cualquier otro dia, Nadie imaginaba que, bajo sus propios pies, algo antiguo aguardaba su momento-

    -La primera señal fue leve, un temblor casi imperceptible que hizo vibrar los vidrios de los edificios y mover apenas el agua dentro de los vasos sobre las mesas. Algunos se detuvieron por un segundo. Otros levantaron la vista confundidos. Pensaron en una explosion lejana. Un accidente. Una obra subterranea. Nada mas, pero el suelo volvio a estremecerse... esta vez.. con violencia. El Asfalto crujio como si se quebrara desde sus entrañas. Grietas enormes comenzaron a abrirse a lo largo de la avenida principal, extendiendose entre autos detenidos, semaforos y veredas. El concreto exploto hacia arriba levantando polvo, piedras y fragmentos de pavimento mientras los vehiculos eran empujados hacia los costados y las alarmas empezaban a sonar una tras otra. el Panico se propago mas rapido que el ruido. La gente corrio sin entender que estaba ocurriendo-

    -Desde el centro de aquella ruptura emergieron dos estructuras imposibles. Colosales, dos puertas lapidales se elevaron desde las profundidades como si el mundo las hubiera ocultado durante siglos y finalmente hubiera decidido devolverlas a la superficie. Eran gigantescas, tan altas que parecian tocar los primeros pisos de los edificios cercanos. Oscuras, erosionadas, cubiertas por simbolos tallados que nadie podia comprender. Sus relieves mostraban criaturas deformes, escenas de guerra, montañas de cadaveres y figuras antiguas consumidas por el Tiempo. La Piedra parecia viva, como si respirara bajo el polvo. Como si hubiera despertado por fin.-

    -La Multitud quedo paralizada entre el miedo y la fascinacion, algunos grababan con sus telefonos desde la distancia. Otros gritaban buscando escapar. Muchos simplemente observaban, incapaces de comprender lo que tenian delante. Entonces aquellas puertas comenzaron a abrirse....Lentamente. Con un sonido grave y monstruoso, a medida que se separaban, una oscuridad absoluta aparecio detras de ellas. No habia Luz. No habia Fondo, Solo un vacio profundo, inmovil.. como una herida abierta hacia otro mundo, y de aquella oscuridad... comenzaron a salir.-

    -Primero fueron pequeñas figuras corriendo entre el humo, decenas, luego cientos.. Goblins encorvados y deformes invadieron la calle chillando como animales salvaje, trepando vehiculos volcados, saltando sobre techos y rompiendo escaparates con garras sucias y dientes afilados. Detras de estos molestos goblins, llegaron los Orcos. Masivos, Brutales, armados con acero enegrecido, hachas desproporcionadas y martillos de guerra manchados por antiguas batallas. Sus pasos hacian vibrar el suelo mientras avanzaban destruyendo todo a su alrededor, masacrando a los pobres ilusos que no comprendian el peligro en el que se encontraban, sangre y viseras, miedo y horror. Ghouls arrastrandose entre cuerpos caidos como bestias hambrientas, Vampiros moviendose entre el humo y las sombras con velocidad imposible. Demonios de cuernos inmensos, piel ennegrecida y ojos encendidos como brasas descendiendo sobre la ciudad con una calma aterradora. Una marea de criaturas nacidas de pesadillas comenzo a extenderse por las calles, devorando el centro urbano bajo sangre, fuego y desesperacion-

    -Los gritos llenaron la avenida, las vidrieras estallaban, los autos chocaban intentando escapar. las sirenas comenzaron a sonar desde todas direcciones. El humo subio cubriendo las alturas mientras las luces de la ciudad se mesclaban con incendios nacidos en cada esquina. El concreto moderno se convirtio en un campo de guerra, lo cotidiano desaparecio en segundos. Solo quedo Terror, pero entonces la horda se detuvo. Como Obedeciendo una orden Silenciosa-

    -Los goblins retrocedieron hacia los costados, los Orcos clavaron sus armas contra el suelo, los Demonios inclinaron la Cabeza,Grandes Wyverns sobrevolaban los cielos, derribando helicopteros y aviones que pasaban cerca de las puertas, Los Vampiros se deslizaron hacia la penumbra dejando el centro despejado. Todas aquellas criaturas abrieron un camino inmenso desde las puertas hasta el corazon de la avenida destruida. Un corredor de ruina y Humo, una clara bienvenida, Porque alguien mas estaba por llegar-

    -Desde el interior del Portal resono una respiracion monstruosa. Pesada, profunda.. Despues un rugido que atraveso la ciudad como una onda de choque, haciendo vibrar ventanas a kilometros de distancia. Luego el sonido de Garras contra Piedra, Pezuñas golpeando el suelo y finalmente la silueta aparecio entre la oscuridad-

    -Una Gigantesca Quimera cruzo las puertas envuelta en Humo Negro, Era una Bestia imposible, una bestia mitica de cuentos de hadas, su cuerpo mezclaba musculos salvajes, garras enormes, cuernos retorcidos y colmillos capaces de partir acero. Sus ojos brillaban como fuego vivo. Cada Paso destruia el asfalto bajo sus patas mientras avanzaba hacia la avenida principal dejando marcas profundas en la ciudad, y sobre ella.. Venia el. Vharkhul Braknak, El ogro.-

    -Desde lo Alto de su quimera contemplo humanos corriendo entre vehiculos abandonados, edificios ardiendo, criaturas extendiendose por las calles como una enfermedad viva.. y en medio de todo ello permanecio inmovil, como un Rey entrando en su reino, como una calamidad antigua regresando a un mundo que lo habia olvidado, la invasion habia comenzado, ese mundo seria suyo, el ogro extendio su brazo en el aire y dijo como un Orden-

    "ARRASEN CON TODA LA VIDA EN ESTE MUNDO! NO SE DETENGAN! NO RETROCEDAN! CONQUISTEN! DESTRUYAN! DEBOREN!"

    -Y asi, todos esas criaturas que habian guardado silencio, comenzaron a gritar al unisono el nombre de su rey, Vharkhul Braknak, para luego comenzaron la invasion-
    -La ciudad latia con la fuerza de miles de vidas al mismo tiempo. Las avenidas rebosaban movimiento, peatones cruzando entre semaforos, ejecutivos saliendo de edificios de cristal con el telefono aun en la mano, vendedores ambulantes llamando clientes desde las esquinas, cafeterias llenas de voces mezcladas con el aroma a cafe recien hecho, tiendas abiertas iluminando las veredas con escaparates brillantes. El sonido de motores, bocinas, conversaciones y musica urbana se elevaba entre las fachadas de los grandes edificios. Todo avanzaba como siempre. Como cualquier otro dia, Nadie imaginaba que, bajo sus propios pies, algo antiguo aguardaba su momento- -La primera señal fue leve, un temblor casi imperceptible que hizo vibrar los vidrios de los edificios y mover apenas el agua dentro de los vasos sobre las mesas. Algunos se detuvieron por un segundo. Otros levantaron la vista confundidos. Pensaron en una explosion lejana. Un accidente. Una obra subterranea. Nada mas, pero el suelo volvio a estremecerse... esta vez.. con violencia. El Asfalto crujio como si se quebrara desde sus entrañas. Grietas enormes comenzaron a abrirse a lo largo de la avenida principal, extendiendose entre autos detenidos, semaforos y veredas. El concreto exploto hacia arriba levantando polvo, piedras y fragmentos de pavimento mientras los vehiculos eran empujados hacia los costados y las alarmas empezaban a sonar una tras otra. el Panico se propago mas rapido que el ruido. La gente corrio sin entender que estaba ocurriendo- -Desde el centro de aquella ruptura emergieron dos estructuras imposibles. Colosales, dos puertas lapidales se elevaron desde las profundidades como si el mundo las hubiera ocultado durante siglos y finalmente hubiera decidido devolverlas a la superficie. Eran gigantescas, tan altas que parecian tocar los primeros pisos de los edificios cercanos. Oscuras, erosionadas, cubiertas por simbolos tallados que nadie podia comprender. Sus relieves mostraban criaturas deformes, escenas de guerra, montañas de cadaveres y figuras antiguas consumidas por el Tiempo. La Piedra parecia viva, como si respirara bajo el polvo. Como si hubiera despertado por fin.- -La Multitud quedo paralizada entre el miedo y la fascinacion, algunos grababan con sus telefonos desde la distancia. Otros gritaban buscando escapar. Muchos simplemente observaban, incapaces de comprender lo que tenian delante. Entonces aquellas puertas comenzaron a abrirse....Lentamente. Con un sonido grave y monstruoso, a medida que se separaban, una oscuridad absoluta aparecio detras de ellas. No habia Luz. No habia Fondo, Solo un vacio profundo, inmovil.. como una herida abierta hacia otro mundo, y de aquella oscuridad... comenzaron a salir.- -Primero fueron pequeñas figuras corriendo entre el humo, decenas, luego cientos.. Goblins encorvados y deformes invadieron la calle chillando como animales salvaje, trepando vehiculos volcados, saltando sobre techos y rompiendo escaparates con garras sucias y dientes afilados. Detras de estos molestos goblins, llegaron los Orcos. Masivos, Brutales, armados con acero enegrecido, hachas desproporcionadas y martillos de guerra manchados por antiguas batallas. Sus pasos hacian vibrar el suelo mientras avanzaban destruyendo todo a su alrededor, masacrando a los pobres ilusos que no comprendian el peligro en el que se encontraban, sangre y viseras, miedo y horror. Ghouls arrastrandose entre cuerpos caidos como bestias hambrientas, Vampiros moviendose entre el humo y las sombras con velocidad imposible. Demonios de cuernos inmensos, piel ennegrecida y ojos encendidos como brasas descendiendo sobre la ciudad con una calma aterradora. Una marea de criaturas nacidas de pesadillas comenzo a extenderse por las calles, devorando el centro urbano bajo sangre, fuego y desesperacion- -Los gritos llenaron la avenida, las vidrieras estallaban, los autos chocaban intentando escapar. las sirenas comenzaron a sonar desde todas direcciones. El humo subio cubriendo las alturas mientras las luces de la ciudad se mesclaban con incendios nacidos en cada esquina. El concreto moderno se convirtio en un campo de guerra, lo cotidiano desaparecio en segundos. Solo quedo Terror, pero entonces la horda se detuvo. Como Obedeciendo una orden Silenciosa- -Los goblins retrocedieron hacia los costados, los Orcos clavaron sus armas contra el suelo, los Demonios inclinaron la Cabeza,Grandes Wyverns sobrevolaban los cielos, derribando helicopteros y aviones que pasaban cerca de las puertas, Los Vampiros se deslizaron hacia la penumbra dejando el centro despejado. Todas aquellas criaturas abrieron un camino inmenso desde las puertas hasta el corazon de la avenida destruida. Un corredor de ruina y Humo, una clara bienvenida, Porque alguien mas estaba por llegar- -Desde el interior del Portal resono una respiracion monstruosa. Pesada, profunda.. Despues un rugido que atraveso la ciudad como una onda de choque, haciendo vibrar ventanas a kilometros de distancia. Luego el sonido de Garras contra Piedra, Pezuñas golpeando el suelo y finalmente la silueta aparecio entre la oscuridad- -Una Gigantesca Quimera cruzo las puertas envuelta en Humo Negro, Era una Bestia imposible, una bestia mitica de cuentos de hadas, su cuerpo mezclaba musculos salvajes, garras enormes, cuernos retorcidos y colmillos capaces de partir acero. Sus ojos brillaban como fuego vivo. Cada Paso destruia el asfalto bajo sus patas mientras avanzaba hacia la avenida principal dejando marcas profundas en la ciudad, y sobre ella.. Venia el. Vharkhul Braknak, El ogro.- -Desde lo Alto de su quimera contemplo humanos corriendo entre vehiculos abandonados, edificios ardiendo, criaturas extendiendose por las calles como una enfermedad viva.. y en medio de todo ello permanecio inmovil, como un Rey entrando en su reino, como una calamidad antigua regresando a un mundo que lo habia olvidado, la invasion habia comenzado, ese mundo seria suyo, el ogro extendio su brazo en el aire y dijo como un Orden- "ARRASEN CON TODA LA VIDA EN ESTE MUNDO! NO SE DETENGAN! NO RETROCEDAN! CONQUISTEN! DESTRUYAN! DEBOREN!" -Y asi, todos esas criaturas que habian guardado silencio, comenzaron a gritar al unisono el nombre de su rey, Vharkhul Braknak, para luego comenzaron la invasion-
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  • — Bueno, prometí bajarle a mi violencia y actividades destructivas, así que pensé en maneras de gastar toda esa energía en algo que no fuera hacer estallar ciertos vehículos de dos ruedas (?). Entonces salí a correr por la madrugada, como hace Kieran.

    Resultado: Lo odié. ¿Qué clase de enfermo hace esto por gusto? Y me dicen que yo soy la loca. — (?)
    — Bueno, prometí bajarle a mi violencia y actividades destructivas, así que pensé en maneras de gastar toda esa energía en algo que no fuera hacer estallar ciertos vehículos de dos ruedas (?). Entonces salí a correr por la madrugada, como hace Kieran. Resultado: Lo odié. ¿Qué clase de enfermo hace esto por gusto? Y me dicen que yo soy la loca. — (?)
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  • El joven cura caminaba con tranquilidad por los estrechos callejones húmedos, ignorando las miradas hostiles que aparecían entre la oscuridad. El sonido de sus botas resonaba contra el pavimento mientras sostenía con firmeza la vieja maleta junto a su costado. Graso error.

    -¿hm? No quiero problemas. Ustedes tampoco quieren problemas conmigo.

    Un grupo de pandilleros emergió desde las sombras, bloqueándole el paso. Entre risas burlonas y una lluvia de insultos, comenzaron a rodearlo como animales hambrientos. Zelkova intentó retroceder con calma, pero uno de ellos sacó una navaja oxidada y se lanzó directo hacia él.

    -Estupido.

    El reflejo fue inmediato, apartó el brazo armado de un golpe seco y respondió con el puño desnudo, impactando el rostro del agresor. Entonces todo se volvió caos. Recibió golpes en el abdomen, otro directo al rostro que le abrió la ceja y lo hizo caer contra el suelo mojado. La maleta casi resbaló de sus manos, pero la sujetó con desesperación antes de volver a levantarse. Respiraba con dificultad.

    -¡Vengan cuantos quieran!

    Otro pandillero se abalanzó sobre él y Zelkova respondió con violencia torpe pero decidida, usando el peso de su cuerpo y años de cargar culpa más que experiencia en peleas. Un codazo, un empujón contra la pared, otro golpe recibido en las costillas. Sangre descendía lentamente por su rostro mientras seguía levantándose una y otra vez.

    -Tengo un Dios que me hará ganar mis guerras. ¡Porque él es ÉL!

    Hasta que finalmente el callejón quedó en silencio.

    -S-se los dije...

    Los agresores huyeron maldiciendo, dejando al joven sacerdote solo entre respiraciones agitadas y el eco lejano de la ciudad nocturna.

    -Esperen... aún pueden encaminarse...

    Zelkova terminó apoyado contra la pared de ladrillo, temblando ligeramente. La sangre recorría su mejilla y caía desde su frente hasta el cuello del abrigo. Entre sus brazos abrazaba con fuerza la maleta que contenía la vasija, como si temiera que el mundo entero quisiera arrebatársela.

    -Aquí estás...te tengo..

    Cerró los ojos unos segundos y dejó escapar una sonrisa rota, apenas visible.

    -Por una vez… pude protegerte…
    El joven cura caminaba con tranquilidad por los estrechos callejones húmedos, ignorando las miradas hostiles que aparecían entre la oscuridad. El sonido de sus botas resonaba contra el pavimento mientras sostenía con firmeza la vieja maleta junto a su costado. Graso error. -¿hm? No quiero problemas. Ustedes tampoco quieren problemas conmigo. Un grupo de pandilleros emergió desde las sombras, bloqueándole el paso. Entre risas burlonas y una lluvia de insultos, comenzaron a rodearlo como animales hambrientos. Zelkova intentó retroceder con calma, pero uno de ellos sacó una navaja oxidada y se lanzó directo hacia él. -Estupido. El reflejo fue inmediato, apartó el brazo armado de un golpe seco y respondió con el puño desnudo, impactando el rostro del agresor. Entonces todo se volvió caos. Recibió golpes en el abdomen, otro directo al rostro que le abrió la ceja y lo hizo caer contra el suelo mojado. La maleta casi resbaló de sus manos, pero la sujetó con desesperación antes de volver a levantarse. Respiraba con dificultad. -¡Vengan cuantos quieran! Otro pandillero se abalanzó sobre él y Zelkova respondió con violencia torpe pero decidida, usando el peso de su cuerpo y años de cargar culpa más que experiencia en peleas. Un codazo, un empujón contra la pared, otro golpe recibido en las costillas. Sangre descendía lentamente por su rostro mientras seguía levantándose una y otra vez. -Tengo un Dios que me hará ganar mis guerras. ¡Porque él es ÉL! Hasta que finalmente el callejón quedó en silencio. -S-se los dije... Los agresores huyeron maldiciendo, dejando al joven sacerdote solo entre respiraciones agitadas y el eco lejano de la ciudad nocturna. -Esperen... aún pueden encaminarse... Zelkova terminó apoyado contra la pared de ladrillo, temblando ligeramente. La sangre recorría su mejilla y caía desde su frente hasta el cuello del abrigo. Entre sus brazos abrazaba con fuerza la maleta que contenía la vasija, como si temiera que el mundo entero quisiera arrebatársela. -Aquí estás...te tengo.. Cerró los ojos unos segundos y dejó escapar una sonrisa rota, apenas visible. -Por una vez… pude protegerte…
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  • 𝙩𝙞𝙩𝙖𝙣𝙞𝙖! 𓃠 ⸻ .
    ㅤ ㅤ⠀ㅤ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠ


    El sol de Shurima ardía con un peso insoportable, pero para Titania aquello no era más que otro campo de batalla disfrazado de desierto. Sus manos y pies estaban sujetos por grilletes pesados, las cadenas clavándose en su piel curtida. La tela raída que cubría su cuerpo apenas ocultaba las cicatrices de un pasado labrado entre guerras y contratos manchados de sangre. Su mirada, dorada y fiera bajo la sombra de su flequillo, no mostraba sumisión, aunque todo en su postura aparentaba lo contrario.ᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ

    Los soldados noxianos que la escoltaban marchaban con aire de victoria. Habían capturado a “la Inquebrantable”, la vastaya que había dado muerte a uno de los voceros de Swain en Shurima. La orden era clara: llevarla viva a Noxus, encadenada, para que sirviera de ejemplo ante otros mercenarios que osaran alzarse contra la voluntad del Gran General.ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ

    ─────Mírenla… ─────rió uno de los guardias, escupiendo al suelo—. Famosa por su fuerza y ahora reducida a poco más que una bestia encadenada.
    ─────Que disfrute el silencio ─────gruñó otro, tensando la cadena de su cuello—. Cuando llegue a Noxus, sus gritos no se apagarán tan fácilmente.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Titania no respondió. Su boca permaneció cerrada, sus orejas atentas a cada palabra, a cada vibración en el aire. El desierto era su cómplice, y el sudor de sus captores comenzaba a delatarlos. Los notaba impacientes, agotados, convencidos de que aquella mujer con mirada salvaje había sido quebrada.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Caminó en silencio hasta que la noche cubrió las dunas con un manto oscuro. Fue entonces cuando los soldados hicieron un alto, encendiendo una hoguera en medio de la nada. Uno de ellos se permitió reír mientras le ofrecía un trozo de pan duro.ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ

    ─────¿Quieres, perra? Come. Mañana quizá no tengas fuerzas ni para arrastrarte.─────
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Titania alzó la vista, sus ojos brillando con un destello frío.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    ─────Las bestias no ruegan ─────respondió, su voz grave, cargada de amenaza contenida.───── Las bestias muerden.─────
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    El soldado apenas alcanzó a fruncir el ceño antes de que la cadena que colgaba de su cuello chirriara violentamente. Titania, tensando los músculos de sus brazos como si el acero no fuera más que barro, giró bruscamente y partió el eslabón que lo unía al suelo. El movimiento fue tan rápido que el guardia apenas pudo gritar antes de sentir cómo la vastaya le enterraba el grillete de sus muñecas en el rostro, destrozándole el cráneo.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    ─────¡Está libre! ¡Sujétenla! ─────rugió otro, desenvainando la espada.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Pero ya era demasiado tarde. Titania se lanzó contra él, con una violencia descomunal, embistiendo con su hombro y quebrando costillas al contacto. Con un movimiento seco, arrebató su arma y atravesó su garganta. La sangre tiñó la arena bajo la luz rojiza del fuego.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Los demás reaccionaron tarde, confiados en que la cadena la mantendría débil. Ella, en cambio, usó los grilletes de sus tobillos como armas, girando con una patada brutal que impactó de lleno en la sien de otro soldado. Cayó muerto antes de tocar el suelo.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    ─────¡Monstruo! ─────vociferó el último, retrocediendo mientras veía a sus camaradas desplomarse uno tras otro.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Titania caminó hacia él con calma, la espada goteando sangre, el fuego iluminando su silueta imponente.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    ─────No… ─────balbuceó el hombre, temblando. ─────El General… sabrá lo que has hecho…
    ─────Entonces que sepa que la cacería continúa ─────sentenció Titania, atravesando su pecho con un solo movimiento.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    El silencio regresó al desierto. Solo quedaban los cuerpos, la hoguera y el tintineo de las cadenas al caer al suelo. Titania respiró hondo, el aire nocturno llenando sus pulmones como un recordatorio de que aún era libre.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Se inclinó sobre el cadáver del capitán, arrancando un cuchillo de su cinturón. Con precisión, cortó el cuero que sostenía el mapa de la ruta hacia Noxus. Sonrió con fiereza mientras lo guardaba.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    ─────Creyeron que estaba derrotada… ─────murmuró, alzando la vista al horizonte.───── Ahora, me llevaré la guerra hasta sus puertas.─────
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Y con paso firme, Titania desapareció entre las dunas, dejando tras de sí solo muerte y un rastro de temor que pronto llegaría a oídos de Swain.
    𝙩𝙞𝙩𝙖𝙣𝙞𝙖! 𓃠 ⸻ . ㅤ ㅤ⠀ㅤ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠ ᅠ El sol de Shurima ardía con un peso insoportable, pero para Titania aquello no era más que otro campo de batalla disfrazado de desierto. Sus manos y pies estaban sujetos por grilletes pesados, las cadenas clavándose en su piel curtida. La tela raída que cubría su cuerpo apenas ocultaba las cicatrices de un pasado labrado entre guerras y contratos manchados de sangre. Su mirada, dorada y fiera bajo la sombra de su flequillo, no mostraba sumisión, aunque todo en su postura aparentaba lo contrario.ᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Los soldados noxianos que la escoltaban marchaban con aire de victoria. Habían capturado a “la Inquebrantable”, la vastaya que había dado muerte a uno de los voceros de Swain en Shurima. La orden era clara: llevarla viva a Noxus, encadenada, para que sirviera de ejemplo ante otros mercenarios que osaran alzarse contra la voluntad del Gran General.ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────Mírenla… ─────rió uno de los guardias, escupiendo al suelo—. Famosa por su fuerza y ahora reducida a poco más que una bestia encadenada. ─────Que disfrute el silencio ─────gruñó otro, tensando la cadena de su cuello—. Cuando llegue a Noxus, sus gritos no se apagarán tan fácilmente. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Titania no respondió. Su boca permaneció cerrada, sus orejas atentas a cada palabra, a cada vibración en el aire. El desierto era su cómplice, y el sudor de sus captores comenzaba a delatarlos. Los notaba impacientes, agotados, convencidos de que aquella mujer con mirada salvaje había sido quebrada. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Caminó en silencio hasta que la noche cubrió las dunas con un manto oscuro. Fue entonces cuando los soldados hicieron un alto, encendiendo una hoguera en medio de la nada. Uno de ellos se permitió reír mientras le ofrecía un trozo de pan duro.ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────¿Quieres, perra? Come. Mañana quizá no tengas fuerzas ni para arrastrarte.───── ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Titania alzó la vista, sus ojos brillando con un destello frío. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────Las bestias no ruegan ─────respondió, su voz grave, cargada de amenaza contenida.───── Las bestias muerden.───── ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ El soldado apenas alcanzó a fruncir el ceño antes de que la cadena que colgaba de su cuello chirriara violentamente. Titania, tensando los músculos de sus brazos como si el acero no fuera más que barro, giró bruscamente y partió el eslabón que lo unía al suelo. El movimiento fue tan rápido que el guardia apenas pudo gritar antes de sentir cómo la vastaya le enterraba el grillete de sus muñecas en el rostro, destrozándole el cráneo. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────¡Está libre! ¡Sujétenla! ─────rugió otro, desenvainando la espada. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Pero ya era demasiado tarde. Titania se lanzó contra él, con una violencia descomunal, embistiendo con su hombro y quebrando costillas al contacto. Con un movimiento seco, arrebató su arma y atravesó su garganta. La sangre tiñó la arena bajo la luz rojiza del fuego. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Los demás reaccionaron tarde, confiados en que la cadena la mantendría débil. Ella, en cambio, usó los grilletes de sus tobillos como armas, girando con una patada brutal que impactó de lleno en la sien de otro soldado. Cayó muerto antes de tocar el suelo. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────¡Monstruo! ─────vociferó el último, retrocediendo mientras veía a sus camaradas desplomarse uno tras otro. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Titania caminó hacia él con calma, la espada goteando sangre, el fuego iluminando su silueta imponente. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────No… ─────balbuceó el hombre, temblando. ─────El General… sabrá lo que has hecho… ─────Entonces que sepa que la cacería continúa ─────sentenció Titania, atravesando su pecho con un solo movimiento. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ El silencio regresó al desierto. Solo quedaban los cuerpos, la hoguera y el tintineo de las cadenas al caer al suelo. Titania respiró hondo, el aire nocturno llenando sus pulmones como un recordatorio de que aún era libre. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Se inclinó sobre el cadáver del capitán, arrancando un cuchillo de su cinturón. Con precisión, cortó el cuero que sostenía el mapa de la ruta hacia Noxus. Sonrió con fiereza mientras lo guardaba. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────Creyeron que estaba derrotada… ─────murmuró, alzando la vista al horizonte.───── Ahora, me llevaré la guerra hasta sus puertas.───── ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Y con paso firme, Titania desapareció entre las dunas, dejando tras de sí solo muerte y un rastro de temor que pronto llegaría a oídos de Swain.
    Me encocora
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  • ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝑨𝑼: 𝑫𝑨𝑹𝑲 𝑭𝑨𝑵𝑻𝑨𝑺𝒀/𝑺𝑶𝑼𝑳𝑺𝑩𝑶𝑹𝑵𝑬



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝐷𝑖𝑐𝑒𝑛 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑜𝑠 𝑽𝒂𝒆𝒍𝒕𝒂𝒋𝒂 𝑛𝑜 𝑛𝑎𝑐𝑖𝑒𝑟𝑜𝑛 𝘩𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒𝑠, 𝑠𝑖𝑛𝑜 𝑏𝑒𝑠𝑡𝑖𝑎𝑠❞

    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎



    ‎❛ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Nacieron durante el invierno en que los caminos dejaron de conducir a los pueblos y comenzaron a llevar únicamente hacia las tumbas. Fue una época donde la nieve cubría los cuerpos antes de que las familias pudieran reclamarlos y los lobos aprendieron a seguir el sonido de las campanas funerarias.

    Los viejos relatos cuentan que un rey, desesperado por terminar una guerra imposible, pidió ayuda a algo que dormía debajo del mundo. No un dios, no las raíces de las montañas, ni siquiera el fuego de un demonio del mundo antiguo. Los dioses todavía exigen amor o fe; esto solo tenía hambre. Y el hambre respondió.

    Los Vaeltaja llegaron después de eso. Altos, silenciosos, cubiertos con pieles oscuras y hierro ennegrecido. Nunca marchaban en grupo, pero los campos quedaban vacíos tras su paso al igual que si hubieran atravesado llanuras oscuras o ejércitos enteros. No tomaban prisioneros, no levantaban estandartes; solo aparecían cuando el invierno era especialmente cruel o una tierra había acumulado demasiados muertos sin enterrar. La gente comenzó a dejarles ofrendas fuera de las aldeas. Carne, herramientas, a veces niños enfermos que no sobrevivirían otra nevada, y todo para que les dieran un entierro digno.

    𝑆𝑖𝑛 𝑒𝑚𝑏𝑎𝑟𝑔𝑜, 𝑒𝑙𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑎𝑠𝑖 𝑛𝑢𝑛𝑐𝑎 𝑎𝑐𝑒𝑝𝑡𝑎𝑏𝑎𝑛 𝑒𝑙 𝑜𝑟𝑜, 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒 𝑠𝑒 𝑙𝑙𝑒𝑣𝑎𝑏𝑎𝑛 𝑎𝑙𝑔𝑜.

    Con el tiempo dejaron de ser vistos como hombres y comenzaron a convertirse en mal augurio, en advertencia. Las madres decían a sus hijos que no siguieran las voces en medio de la tormenta, porque los Vaeltaja imitaban los tonos de quienes uno extrañaba. Otros aseguraban que bajo sus cascos no había rostro, solo dientes pálidos y un vacío que respiraba. Nadie logró comprobarlo nunca.

    Los pocos que sobrevivían a encontrarlos hablaban de algo peor: 𝑙𝑎 𝑐𝑎𝑙𝑚𝑎.

    Porque un Vaeltaja jamás parecía furioso a simple vista. Ni siquiera durante la matanza. Caminaban entre cuerpos con la misma quietud con la que un alto sacerdote recorre una catedral vacía. Como si matar no fuese violencia para ellos, sino un oficio. Como si cada hueso roto obedeciera una ley antigua que el resto del mundo había olvidado.

    Pero hay otro relato. Uno menos... "𝑟𝑒𝑝𝑒𝑡𝑖𝑑𝑜".

    Dicen que un Vaeltaja, hace mucho tiempo, permaneció demasiado tiempo cerca de una aldea. No cazó, no habló. Solo regresaba una y otra vez al mismo lugar, observando desde el bosque como un animal incapaz de abandonar algo que no entiende. Y cuando finalmente volvió a marcharse, el invierno lo siguió detrás. La aldea desapareció antes de la primavera, pues no encontraron cuerpos, solo huellas alrededor de las casas. Él no llevaba estandarte ni juramento visible. El hierro negro de su armadura estaba tan gastado que parecía haber sido arrastrado por el fondo de algún lugar. Atravesó pueblos enfermos, fosas abiertas y bosques donde incluso los lobos evitaban entrar.

    Un pueblo pequeño enterrado entre montañas negras, demasiado lejos de todo para importar realmente. El hambre ya había llegado antes que las bestias; las chimeneas dejaron de encenderse una por una, y la nieve cubría los techos como una mortaja blanca. Él permaneció ahí; quizá el deber, quizá un juramento. Pero se quedó porque todavía había alguien respirando.

    Las historias dicen que las criaturas del bosque comenzaron a rodear el valle la última nevada. Miles de ojos moviéndose entre los árboles al caer la noche y nadie sabe cuánto duró realmente esa nevada. Algunos hablan de días. Otros de semanas enteras donde el sonido del hierro y los gritos jamás se detuvieron.

    Cuando llegó la primavera, el pueblo seguía en pie. No estaba vacío, y encontraron que la aldea estaba llena y prosperando. Ni bestias, ni rastro de batalla. Ni sangre, ni vísceras.

    𝑆𝑜𝑙𝑜 𝑙𝑎 𝑛𝑖𝑒𝑣𝑒 𝑑𝑒𝑟𝑟𝑒𝑡𝑖𝑑𝑎, 𝑎𝑢𝑔𝑢𝑟𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑎𝑛̃𝑎𝑛𝑎.


    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᛁᚴᛁ ᚢᛅᚱᚦᛘᛅᚦᛦ ᛋᚾᚢᛦ ᚼᚱᛅᛁᚾ ᚼᛅᛁᛘ
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❝𝘕𝘰 𝘨𝘶𝘢𝘳𝘥𝘪𝘢𝘯 𝘳𝘦𝘵𝘶𝘳𝘯𝘴 𝘩𝘰𝘮𝘦 𝘤𝘭𝘦𝘢𝘯❞



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛦ


    ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛‎ ‎ https://youtu.be/8B-oncQtgAM‎
    ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝑨𝑼: 𝑫𝑨𝑹𝑲 𝑭𝑨𝑵𝑻𝑨𝑺𝒀/𝑺𝑶𝑼𝑳𝑺𝑩𝑶𝑹𝑵𝑬 ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝐷𝑖𝑐𝑒𝑛 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑜𝑠 𝑽𝒂𝒆𝒍𝒕𝒂𝒋𝒂 𝑛𝑜 𝑛𝑎𝑐𝑖𝑒𝑟𝑜𝑛 𝘩𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒𝑠, 𝑠𝑖𝑛𝑜 𝑏𝑒𝑠𝑡𝑖𝑎𝑠❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Nacieron durante el invierno en que los caminos dejaron de conducir a los pueblos y comenzaron a llevar únicamente hacia las tumbas. Fue una época donde la nieve cubría los cuerpos antes de que las familias pudieran reclamarlos y los lobos aprendieron a seguir el sonido de las campanas funerarias. Los viejos relatos cuentan que un rey, desesperado por terminar una guerra imposible, pidió ayuda a algo que dormía debajo del mundo. No un dios, no las raíces de las montañas, ni siquiera el fuego de un demonio del mundo antiguo. Los dioses todavía exigen amor o fe; esto solo tenía hambre. Y el hambre respondió. Los Vaeltaja llegaron después de eso. Altos, silenciosos, cubiertos con pieles oscuras y hierro ennegrecido. Nunca marchaban en grupo, pero los campos quedaban vacíos tras su paso al igual que si hubieran atravesado llanuras oscuras o ejércitos enteros. No tomaban prisioneros, no levantaban estandartes; solo aparecían cuando el invierno era especialmente cruel o una tierra había acumulado demasiados muertos sin enterrar. La gente comenzó a dejarles ofrendas fuera de las aldeas. Carne, herramientas, a veces niños enfermos que no sobrevivirían otra nevada, y todo para que les dieran un entierro digno. 𝑆𝑖𝑛 𝑒𝑚𝑏𝑎𝑟𝑔𝑜, 𝑒𝑙𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑎𝑠𝑖 𝑛𝑢𝑛𝑐𝑎 𝑎𝑐𝑒𝑝𝑡𝑎𝑏𝑎𝑛 𝑒𝑙 𝑜𝑟𝑜, 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒 𝑠𝑒 𝑙𝑙𝑒𝑣𝑎𝑏𝑎𝑛 𝑎𝑙𝑔𝑜. Con el tiempo dejaron de ser vistos como hombres y comenzaron a convertirse en mal augurio, en advertencia. Las madres decían a sus hijos que no siguieran las voces en medio de la tormenta, porque los Vaeltaja imitaban los tonos de quienes uno extrañaba. Otros aseguraban que bajo sus cascos no había rostro, solo dientes pálidos y un vacío que respiraba. Nadie logró comprobarlo nunca. Los pocos que sobrevivían a encontrarlos hablaban de algo peor: 𝑙𝑎 𝑐𝑎𝑙𝑚𝑎. Porque un Vaeltaja jamás parecía furioso a simple vista. Ni siquiera durante la matanza. Caminaban entre cuerpos con la misma quietud con la que un alto sacerdote recorre una catedral vacía. Como si matar no fuese violencia para ellos, sino un oficio. Como si cada hueso roto obedeciera una ley antigua que el resto del mundo había olvidado. Pero hay otro relato. Uno menos... "𝑟𝑒𝑝𝑒𝑡𝑖𝑑𝑜". Dicen que un Vaeltaja, hace mucho tiempo, permaneció demasiado tiempo cerca de una aldea. No cazó, no habló. Solo regresaba una y otra vez al mismo lugar, observando desde el bosque como un animal incapaz de abandonar algo que no entiende. Y cuando finalmente volvió a marcharse, el invierno lo siguió detrás. La aldea desapareció antes de la primavera, pues no encontraron cuerpos, solo huellas alrededor de las casas. Él no llevaba estandarte ni juramento visible. El hierro negro de su armadura estaba tan gastado que parecía haber sido arrastrado por el fondo de algún lugar. Atravesó pueblos enfermos, fosas abiertas y bosques donde incluso los lobos evitaban entrar. Un pueblo pequeño enterrado entre montañas negras, demasiado lejos de todo para importar realmente. El hambre ya había llegado antes que las bestias; las chimeneas dejaron de encenderse una por una, y la nieve cubría los techos como una mortaja blanca. Él permaneció ahí; quizá el deber, quizá un juramento. Pero se quedó porque todavía había alguien respirando. Las historias dicen que las criaturas del bosque comenzaron a rodear el valle la última nevada. Miles de ojos moviéndose entre los árboles al caer la noche y nadie sabe cuánto duró realmente esa nevada. Algunos hablan de días. Otros de semanas enteras donde el sonido del hierro y los gritos jamás se detuvieron. Cuando llegó la primavera, el pueblo seguía en pie. No estaba vacío, y encontraron que la aldea estaba llena y prosperando. Ni bestias, ni rastro de batalla. Ni sangre, ni vísceras. 𝑆𝑜𝑙𝑜 𝑙𝑎 𝑛𝑖𝑒𝑣𝑒 𝑑𝑒𝑟𝑟𝑒𝑡𝑖𝑑𝑎, 𝑎𝑢𝑔𝑢𝑟𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑎𝑛̃𝑎𝑛𝑎. ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᛁᚴᛁ ᚢᛅᚱᚦᛘᛅᚦᛦ ᛋᚾᚢᛦ ᚼᚱᛅᛁᚾ ᚼᛅᛁᛘ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❝𝘕𝘰 𝘨𝘶𝘢𝘳𝘥𝘪𝘢𝘯 𝘳𝘦𝘵𝘶𝘳𝘯𝘴 𝘩𝘰𝘮𝘦 𝘤𝘭𝘦𝘢𝘯❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛦ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛‎ ‎ https://youtu.be/8B-oncQtgAM‎ ❜
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    La habitación subterránea estaba demasiado fría incluso para alguien como Cerberus. El aire acondicionado industrial rugía sobre su cabeza con un zumbido constante que se mezclaba con el parpadeo blanco de las pantallas y el olor agresivo del desinfectante, el permanecía sentado frente a la mesa metálica, inmóvil, enorme, con los hombros tensos bajo el uniforme negro mientras las imágenes de los objetivos aparecían una tras otra frente a sus ojos


    No necesitaba tomar notas; jamás las necesitó, su mente había sido mutilada y reconstruida específicamente para recordar rostros, voces, patrones de respiración, peso corporal aproximado, lesiones antiguas visibles en la postura, posibles rutas de escape… todo quedaba atrapado dentro de él como un animal encerrado detrás de barrotes, sin embargo, lo más importante nunca eran las fotografías.

    Era el olor. Siempre el olor.

    El miedo olía distinto en cada persona y Cerberus podía recordarlo durante años, el sudor ácido de un hombre paranoico, el perfume demasiado dulce de alguien intentando ocultar ansiedad, la pólvora impregnada en las manos de un guardaespaldas; para él, los seres humanos eran poco más que carne con aroma identificable.

    La voz detrás del cristal continuó dándole instrucciones con esa calma clínica que solo poseen quienes jamás pisan el campo de batalla, le explicaron quién debía morir primero, quién probablemente intentaría negociar, quién correría, quién gritaría y quién tendría suficiente orgullo para atacar incluso sabiendo que iba a morir.

    Cerberus escuchó todo sin emitir sonido alguno, tenía permitido hablar, no; pero únicamente bajo autorización directa podria hacer preguntas, aunque después de antos años el silencio se había adherido a su garganta como una segunda piel.
    Cuando la última orden terminó, uno de los supervisores se acercó para ajustar la gruesa correa negra alrededor de su cuello; el clic metálico del seguro resonó en la habitación con una familiaridad humillante, a veces se preguntaba si lo hacían por control táctico o simplemente porque disfrutaban recordándole lo que era. Un perro. Un arma. Algo demasiado peligroso para caminar libre.

    El trayecto hasta el objetivo transcurrió en una camioneta, que parecia de civiles, la ciudad estaba enferma de neón y humedad, con las banquetas reflejando luces rojas y azules como heridas abiertas sobre el asfalto.
    Cerberus descendió del vehículo sin prisa, cubierto por una chamarra oscura que apenas lograba ocultar el tamaño monstruoso de su cuerpo.

    El edificio frente a él parecía tranquilo desde afuera, con música baja, humo escapando por las ventanas del segundo piso, personas riendo sin saber que aquella noche iba a partirse en dos.

    Entró sin llamar la atención al principio, caminando entre mesas y conversaciones ajenas mientras el olor comenzaba a llenar sus pulmones...alcohol, tabaco, marihuana, perfume barato.... Sudor nervioso, sangre latiendo debajo de la piel humana.

    Reconoció al primer objetivo antes incluso de verlo directamente, el aroma coincidía perfectamente.
    El hombre giró apenas la cabeza, probablemente sintiendo aquella presencia imposible detrás de él, pero no tuvo tiempo de reaccionar, Cerberus le sujetó el rostro con una mano y lo estampó contra la barra con una violencia tan brutal que el impacto sonó como huesos rompiéndose dentro de una bolsa mojada. El cuerpo cayó convulsionando mientras los gritos comenzaban alrededor.

    Entonces todo ocurrió rápido, demasiado rápido.

    El segundo objetivo intentó sacar un arma, pero Cerberus ya estaba encima de él; le dobló el brazo hasta desgarrar articulaciones y después le hundió el cuchillo táctico bajo la mandíbula con un movimiento seco, preciso, entrenado miles de veces, haciendo que la sangre caliente le salpicó el cuello y parte de la máscara mientras la multitud se dispersaba presa del pánico, algunos intentaron correr hacia las salidas que ya estaban bloqueadas, otros simplemente quedaron paralizados observando la carnicería.

    El tercero fue el único que intentó pelear de verdad, disparó dos veces antes de que Cerberus lograra alcanzarlo, y aunque una bala atravesó limpiamente su costado, aquello no pareció ralentizarlo en absoluto. Lo derribó contra una mesa, aplastando madera y vidrio bajo el peso de ambos, y continuó golpeándolo hasta que el rostro del hombre dejó de parecer humano.

    A su alrededor solo quedaron respiraciones ahogadas, muebles destrozados y el sonido espeso de la sangre escurriendo lentamente por el suelo. El olor metálico era tan intenso que casi resultaba sofocante.

    Así, continuó con todos, no debia quedar ni uno solo, esa era la orden.

    Asi que despues.... Después llegó el silencio.
    Ese silencio terrible que siempre aparecía al final.

    Cerberus permaneció inmóvil en medio del desastre, respirando pesadamente mientras la lluvia golpeaba las ventanas rotas del lugar. Los cadáveres yacían dispersos alrededor de él en posiciones grotescas, algunos aún temblando por reflejos nerviosos tardíos.

    Lentamente, como si el monstruo hubiese abandonado por fin su cuerpo, él terminó arrodillándose sobre el suelo cubierto de sangre, bajó la cabeza y esperó.

    Quieto, obediente , con las manos manchadas descansando sobre sus piernas y el grueso collar negro todavía sujeto alrededor de su cuello, aguardando pacientemente a que alguien atravesara aquella puerta, colocara la cadena y lo llevara de regreso a casa como al perro que le enseñaron a ser.
    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘ 》 S T A R T E R • L I B R E 《 ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘ La habitación subterránea estaba demasiado fría incluso para alguien como Cerberus. El aire acondicionado industrial rugía sobre su cabeza con un zumbido constante que se mezclaba con el parpadeo blanco de las pantallas y el olor agresivo del desinfectante, el permanecía sentado frente a la mesa metálica, inmóvil, enorme, con los hombros tensos bajo el uniforme negro mientras las imágenes de los objetivos aparecían una tras otra frente a sus ojos No necesitaba tomar notas; jamás las necesitó, su mente había sido mutilada y reconstruida específicamente para recordar rostros, voces, patrones de respiración, peso corporal aproximado, lesiones antiguas visibles en la postura, posibles rutas de escape… todo quedaba atrapado dentro de él como un animal encerrado detrás de barrotes, sin embargo, lo más importante nunca eran las fotografías. Era el olor. Siempre el olor. El miedo olía distinto en cada persona y Cerberus podía recordarlo durante años, el sudor ácido de un hombre paranoico, el perfume demasiado dulce de alguien intentando ocultar ansiedad, la pólvora impregnada en las manos de un guardaespaldas; para él, los seres humanos eran poco más que carne con aroma identificable. La voz detrás del cristal continuó dándole instrucciones con esa calma clínica que solo poseen quienes jamás pisan el campo de batalla, le explicaron quién debía morir primero, quién probablemente intentaría negociar, quién correría, quién gritaría y quién tendría suficiente orgullo para atacar incluso sabiendo que iba a morir. Cerberus escuchó todo sin emitir sonido alguno, tenía permitido hablar, no; pero únicamente bajo autorización directa podria hacer preguntas, aunque después de antos años el silencio se había adherido a su garganta como una segunda piel. Cuando la última orden terminó, uno de los supervisores se acercó para ajustar la gruesa correa negra alrededor de su cuello; el clic metálico del seguro resonó en la habitación con una familiaridad humillante, a veces se preguntaba si lo hacían por control táctico o simplemente porque disfrutaban recordándole lo que era. Un perro. Un arma. Algo demasiado peligroso para caminar libre. El trayecto hasta el objetivo transcurrió en una camioneta, que parecia de civiles, la ciudad estaba enferma de neón y humedad, con las banquetas reflejando luces rojas y azules como heridas abiertas sobre el asfalto. Cerberus descendió del vehículo sin prisa, cubierto por una chamarra oscura que apenas lograba ocultar el tamaño monstruoso de su cuerpo. El edificio frente a él parecía tranquilo desde afuera, con música baja, humo escapando por las ventanas del segundo piso, personas riendo sin saber que aquella noche iba a partirse en dos. Entró sin llamar la atención al principio, caminando entre mesas y conversaciones ajenas mientras el olor comenzaba a llenar sus pulmones...alcohol, tabaco, marihuana, perfume barato.... Sudor nervioso, sangre latiendo debajo de la piel humana. Reconoció al primer objetivo antes incluso de verlo directamente, el aroma coincidía perfectamente. El hombre giró apenas la cabeza, probablemente sintiendo aquella presencia imposible detrás de él, pero no tuvo tiempo de reaccionar, Cerberus le sujetó el rostro con una mano y lo estampó contra la barra con una violencia tan brutal que el impacto sonó como huesos rompiéndose dentro de una bolsa mojada. El cuerpo cayó convulsionando mientras los gritos comenzaban alrededor. Entonces todo ocurrió rápido, demasiado rápido. El segundo objetivo intentó sacar un arma, pero Cerberus ya estaba encima de él; le dobló el brazo hasta desgarrar articulaciones y después le hundió el cuchillo táctico bajo la mandíbula con un movimiento seco, preciso, entrenado miles de veces, haciendo que la sangre caliente le salpicó el cuello y parte de la máscara mientras la multitud se dispersaba presa del pánico, algunos intentaron correr hacia las salidas que ya estaban bloqueadas, otros simplemente quedaron paralizados observando la carnicería. El tercero fue el único que intentó pelear de verdad, disparó dos veces antes de que Cerberus lograra alcanzarlo, y aunque una bala atravesó limpiamente su costado, aquello no pareció ralentizarlo en absoluto. Lo derribó contra una mesa, aplastando madera y vidrio bajo el peso de ambos, y continuó golpeándolo hasta que el rostro del hombre dejó de parecer humano. A su alrededor solo quedaron respiraciones ahogadas, muebles destrozados y el sonido espeso de la sangre escurriendo lentamente por el suelo. El olor metálico era tan intenso que casi resultaba sofocante. Así, continuó con todos, no debia quedar ni uno solo, esa era la orden. Asi que despues.... Después llegó el silencio. Ese silencio terrible que siempre aparecía al final. Cerberus permaneció inmóvil en medio del desastre, respirando pesadamente mientras la lluvia golpeaba las ventanas rotas del lugar. Los cadáveres yacían dispersos alrededor de él en posiciones grotescas, algunos aún temblando por reflejos nerviosos tardíos. Lentamente, como si el monstruo hubiese abandonado por fin su cuerpo, él terminó arrodillándose sobre el suelo cubierto de sangre, bajó la cabeza y esperó. Quieto, obediente , con las manos manchadas descansando sobre sus piernas y el grueso collar negro todavía sujeto alrededor de su cuello, aguardando pacientemente a que alguien atravesara aquella puerta, colocara la cadena y lo llevara de regreso a casa como al perro que le enseñaron a ser.
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