—Ah, por fin. Si intentas levantarte, esto va a ser una conversación muy corta —advierto con la voz tranquila. El pulso de acero—. Tengo una buena noticia y una mala. La buena es que sigues vivo. La mala es que llevo treinta horas sin dormir y mi paciencia se acabó hace diez.
—Ah, por fin. Si intentas levantarte, esto va a ser una conversación muy corta —advierto con la voz tranquila. El pulso de acero—. Tengo una buena noticia y una mala. La buena es que sigues vivo. La mala es que llevo treinta horas sin dormir y mi paciencia se acabó hace diez.
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