• -Madame M ofreció un masaje a Vincent "gratuitamente" él aceptó inocentemente, pero no leyó la letra pequeña ¿la condición? Vestirse como una elegante dama.

    Se quedó en silencio, evitando las miradas de los demás, con la esperanza de que nadie sepa quién era-.

    Matenme....
    -Madame M ofreció un masaje a Vincent "gratuitamente" él aceptó inocentemente, pero no leyó la letra pequeña ¿la condición? Vestirse como una elegante dama. Se quedó en silencio, evitando las miradas de los demás, con la esperanza de que nadie sepa quién era-. Matenme....
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  • ❝Si tienes la fortuna de sobrevivir a la sentencia de sus ojos, haz una reverencia y huye. No hay refugio para las pesadillas que habitan en tu mente. Dime, ¿qué es lo que más temes en el fondo de tu alma? Guarda silencio. Nunca dejes que ella lo averigüe.❞
    ❝Si tienes la fortuna de sobrevivir a la sentencia de sus ojos, haz una reverencia y huye. No hay refugio para las pesadillas que habitan en tu mente. Dime, ¿qué es lo que más temes en el fondo de tu alma? Guarda silencio. Nunca dejes que ella lo averigüe.❞
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  • ( 𝐁𝐄𝐓𝐓𝐄𝐑 𝐃𝐀𝐘𝐒. )
    ⸺ 𝖿𝖾𝖺𝗍. 𝓨𝐯𝐨𝐧𝐧𝐞

    Los negocios seguían abiertos, las puertas de algunos locales expulsaban música hacia las aceras y el tráfico convertía las avenidas principales en ríos interminables de luces y claxonazos impacientes. La gente volvía a casa arrastrando cansancio en los hombros, cargando bolsas, hablando por teléfono o caminando deprisa sin molestarse en mirar demasiado alrededor... Y eso le convenía, Entre menos rostros hubiese, más fácil era pasar desapercibido.

    El calor atrapado entre las calles todavía persistía y la luz restante le permitía orientarse mejor sin necesidad de esconderse por completo. Aun así, mantenía las manos ocultas en los bolsillos y la cabeza ligeramente inclinada, evitando cualquier contacto innecesario.

    No podía dejar de pensar en lo extraño que resultaba estar haciendo aquello, el ir a recoger a alguien. La idea seguía sintiéndose ajena dentro de su cabeza, casi absurda. Durante meses sólo había caminado por necesidad, buscar piezas o sobrevivir un día más. Nunca porque alguien lo estuviera esperando al otro lado del trayecto.

    Pero ahora Yvonne sí lo estaba esperando, ese pensamiento le producía una incomodidad justo debajo de las costillas.
    Cruzó un par de avenidas aprovechando los cambios de semáforo y se internó por calles más tranquilas, donde los árboles comenzaban a proyectar sombras largas sobre el pavimento. Allí el ruido de la ciudad disminuía apenas un poco; ya no había tantos motores rugiendo cerca, sólo el murmullo lejano del tráfico mezclado con aves cantando entre jardines descuidados.

    Había memorizado cada esquina desde la primera vez, las casas con cercas altas, el tramo del pavimiento donde debía tener cuidado al pisar. Le resultaba bastante cómico, pero ahí estaba.
    Cuando finalmente llegó a la calle de Yvonne, redujo apenas el paso.

    El vecindario se sentía distinto a las zonas que solía atravesar. Más silencioso. Más limpio. Las casas parecían demasiado grandes vistas desde fuera, con jardines modestos y ventanas iluminadas que dejaban escapar destellos cálidos hacia el exterior.

    Por un momento permaneció quieto observando la vivienda desde la distancia, como si necesitara convencerse de acercarse otra vez.
    Tomó un respiro, una silenciosa inhalación que le infló el pecho y regresó vitalidad a sus piernas.

    ¿Cómo se supone que debía avisarle que había llegado?, sintió comezón en la nuca por la sola idea. No podía tocar la puerta porque, no sabía si los padres de Yvonne aún estaban en casa.
    Asomaba la cabeza de vez en cuando, porque quizá ella estaría esperándolo en el jardín pero nada.

    Un sonido provocó un respingo involuntario, girándose de golpe hacia el origen de donde provenía. Cerca de unos contenedores de basura había un perro pequeño, ridículamente pequeño observándolo con desconfianza absoluta. El animal apenas le llegaba a media pantorrilla, pero aún así ladraba como si no tuviese a salir volando de una patada. El susto le había tensado todos los músculos durante un instante, suspirando al ver que no era gran amenaza.

    Frunció apenas el ceño mirando al diminuto animal.

    — ... Cállate.

    Murmuró en voz baja, más confundido que molesto.
    Y aún no había señal alguna de la mujer tras esa puerta.
    ( 𝐁𝐄𝐓𝐓𝐄𝐑 𝐃𝐀𝐘𝐒. ) ⸺ 𝖿𝖾𝖺𝗍. [doucevi3] Los negocios seguían abiertos, las puertas de algunos locales expulsaban música hacia las aceras y el tráfico convertía las avenidas principales en ríos interminables de luces y claxonazos impacientes. La gente volvía a casa arrastrando cansancio en los hombros, cargando bolsas, hablando por teléfono o caminando deprisa sin molestarse en mirar demasiado alrededor... Y eso le convenía, Entre menos rostros hubiese, más fácil era pasar desapercibido. El calor atrapado entre las calles todavía persistía y la luz restante le permitía orientarse mejor sin necesidad de esconderse por completo. Aun así, mantenía las manos ocultas en los bolsillos y la cabeza ligeramente inclinada, evitando cualquier contacto innecesario. No podía dejar de pensar en lo extraño que resultaba estar haciendo aquello, el ir a recoger a alguien. La idea seguía sintiéndose ajena dentro de su cabeza, casi absurda. Durante meses sólo había caminado por necesidad, buscar piezas o sobrevivir un día más. Nunca porque alguien lo estuviera esperando al otro lado del trayecto. Pero ahora Yvonne sí lo estaba esperando, ese pensamiento le producía una incomodidad justo debajo de las costillas. Cruzó un par de avenidas aprovechando los cambios de semáforo y se internó por calles más tranquilas, donde los árboles comenzaban a proyectar sombras largas sobre el pavimento. Allí el ruido de la ciudad disminuía apenas un poco; ya no había tantos motores rugiendo cerca, sólo el murmullo lejano del tráfico mezclado con aves cantando entre jardines descuidados. Había memorizado cada esquina desde la primera vez, las casas con cercas altas, el tramo del pavimiento donde debía tener cuidado al pisar. Le resultaba bastante cómico, pero ahí estaba. Cuando finalmente llegó a la calle de Yvonne, redujo apenas el paso. El vecindario se sentía distinto a las zonas que solía atravesar. Más silencioso. Más limpio. Las casas parecían demasiado grandes vistas desde fuera, con jardines modestos y ventanas iluminadas que dejaban escapar destellos cálidos hacia el exterior. Por un momento permaneció quieto observando la vivienda desde la distancia, como si necesitara convencerse de acercarse otra vez. Tomó un respiro, una silenciosa inhalación que le infló el pecho y regresó vitalidad a sus piernas. ¿Cómo se supone que debía avisarle que había llegado?, sintió comezón en la nuca por la sola idea. No podía tocar la puerta porque, no sabía si los padres de Yvonne aún estaban en casa. Asomaba la cabeza de vez en cuando, porque quizá ella estaría esperándolo en el jardín pero nada. Un sonido provocó un respingo involuntario, girándose de golpe hacia el origen de donde provenía. Cerca de unos contenedores de basura había un perro pequeño, ridículamente pequeño observándolo con desconfianza absoluta. El animal apenas le llegaba a media pantorrilla, pero aún así ladraba como si no tuviese a salir volando de una patada. El susto le había tensado todos los músculos durante un instante, suspirando al ver que no era gran amenaza. Frunció apenas el ceño mirando al diminuto animal. — ... Cállate. Murmuró en voz baja, más confundido que molesto. Y aún no había señal alguna de la mujer tras esa puerta.
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  • El silencio siempre fue su melodía predilecta, pero nunca imaginó que terminaría convirtiéndose en su única compañía durante siglos. El olor a hierro y ceniza impregnaba el aire de lo que alguna vez fue un palacio majestuoso. Aquel humano no poseía ni la fuerza ni la magia para doblegar a una estirpe tan antigua, pero portaba un arma mucho más letal: los secretos más profundos del clan, entregados en bandeja de plata por la misma sangre de la demonio, su propia hermana.

    La hoja, impulsada por el poder de la traición, golpeó su pecho, pero no logró arrancar su alma; en su lugar, rasgó su conciencia y la arrastró hacia un abismo oscuro.

    Antes de que el sueño de muerte la consumiera y el sarcófago sellara su destino, el dolor se transmutó en un odio puro, frío e imborrable, grabando en la oscuridad un juramento silencioso contra su propia sangre.

    Desde entonces, el tiempo dejó de existir para ella. Oculta en las entrañas de su ataúd, ajena a los milenios que marchitan el mundo exterior, Kaelith descansa, esperando el día en que un incauto cometa el error de romper el sello.
    El silencio siempre fue su melodía predilecta, pero nunca imaginó que terminaría convirtiéndose en su única compañía durante siglos. El olor a hierro y ceniza impregnaba el aire de lo que alguna vez fue un palacio majestuoso. Aquel humano no poseía ni la fuerza ni la magia para doblegar a una estirpe tan antigua, pero portaba un arma mucho más letal: los secretos más profundos del clan, entregados en bandeja de plata por la misma sangre de la demonio, su propia hermana. La hoja, impulsada por el poder de la traición, golpeó su pecho, pero no logró arrancar su alma; en su lugar, rasgó su conciencia y la arrastró hacia un abismo oscuro. Antes de que el sueño de muerte la consumiera y el sarcófago sellara su destino, el dolor se transmutó en un odio puro, frío e imborrable, grabando en la oscuridad un juramento silencioso contra su propia sangre. Desde entonces, el tiempo dejó de existir para ella. Oculta en las entrañas de su ataúd, ajena a los milenios que marchitan el mundo exterior, Kaelith descansa, esperando el día en que un incauto cometa el error de romper el sello.
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  • 《 ARCHIVE 002 - A CRIME WITHOUT A CULPRIT 》
    La luz tenue del candelabro de cristal apenas conseguía disipar las sombras que se alargaban por el salón. Joon Bokkel permanecía de pie en medio de aquella opulenta habitación, con la cabeza ligeramente inclinada y una mano enguantada presionando su sien, como si intentara contener el torrente de pensamientos que lo invadían.

    El nuevo expediente descansaba sobre el piano de cola, abierto como una herida fría y silenciosa. Otro caso. Otro escenario impecable.

    No había huellas que no pertenecieran a la víctima. No había señales de forcejeo. Ningún rastro de ADN extraño, ni una sola cámara en los alrededores que hubiera captado algo más que oscuridad. El crimen había sido ejecutado con una precisión quirúrgica, casi artística, dejando solo un vacío absoluto donde debería haber estado el culpable.

    Era uno de esos casos que parecían burlarse de la razón misma: un rompecabezas sin piezas. Un asesino que se había desvanecido como humo entre las cortinas de terciopelo y los muebles antiguos.

    Joon exhaló lentamente, su mirada cansada recorriendo los detalles del salón. La chaqueta oscura le pesaba sobre los hombros. A sus 28 años, había aprendido que los peores monstruos no siempre dejaban sangre en las manos; a veces dejaban solo silencio, elegancia y una ausencia tan perfecta que rayaba en lo insultante.

    Se acercó al piano con pasos lentos. Sus dedos rozaron el borde del expediente, deteniéndose sobre una fotografía de la escena.

    Familias destrozadas esperaban respuestas. La prensa empezaba a murmurar sobre “el crimen imposible”. Y él… él solo sentía ese fuego familiar ardiendo en el pecho: la obstinada negativa a aceptar que existiera un caso sin culpable.
    《 ARCHIVE 002 - A CRIME WITHOUT A CULPRIT 》 La luz tenue del candelabro de cristal apenas conseguía disipar las sombras que se alargaban por el salón. Joon Bokkel permanecía de pie en medio de aquella opulenta habitación, con la cabeza ligeramente inclinada y una mano enguantada presionando su sien, como si intentara contener el torrente de pensamientos que lo invadían. El nuevo expediente descansaba sobre el piano de cola, abierto como una herida fría y silenciosa. Otro caso. Otro escenario impecable. No había huellas que no pertenecieran a la víctima. No había señales de forcejeo. Ningún rastro de ADN extraño, ni una sola cámara en los alrededores que hubiera captado algo más que oscuridad. El crimen había sido ejecutado con una precisión quirúrgica, casi artística, dejando solo un vacío absoluto donde debería haber estado el culpable. Era uno de esos casos que parecían burlarse de la razón misma: un rompecabezas sin piezas. Un asesino que se había desvanecido como humo entre las cortinas de terciopelo y los muebles antiguos. Joon exhaló lentamente, su mirada cansada recorriendo los detalles del salón. La chaqueta oscura le pesaba sobre los hombros. A sus 28 años, había aprendido que los peores monstruos no siempre dejaban sangre en las manos; a veces dejaban solo silencio, elegancia y una ausencia tan perfecta que rayaba en lo insultante. Se acercó al piano con pasos lentos. Sus dedos rozaron el borde del expediente, deteniéndose sobre una fotografía de la escena. Familias destrozadas esperaban respuestas. La prensa empezaba a murmurar sobre “el crimen imposible”. Y él… él solo sentía ese fuego familiar ardiendo en el pecho: la obstinada negativa a aceptar que existiera un caso sin culpable.
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  • La mañana apenas comenzaba en Mondstadt, y aun así las luces de la oficina de la Gran Maestra Interina ya permanecían encendidas.

    Jean llevaba allí desde antes del amanecer.

    Sentada detrás de su amplio escritorio de roble, repasaba informes militares y registros comerciales mientras el vapor de una taza de café recién servido ascendía lentamente junto a ella. Afuera, la ciudad apenas despertaba bajo el viento suave de la madrugada, pero una extraña sensación de inquietud había acompañado a Jean desde que abrió los ojos aquella mañana.

    Como si algo estuviera por ocurrir.

    Tres golpes suaves resonaron en la puerta.

    —Adelante.

    La puerta se abrió apenas lo suficiente para revelar a Noelle sosteniendo varias cartas cuidadosamente acomodadas entre sus brazos.

    +Gran Maestra Jean, llegó la correspondencia de esta mañana.

    —Déjala aquí, gracias, Noelle.

    La joven obedeció con una sonrisa amable, colocando el montón de sobres sobre el escritorio. Sin embargo, en lugar de marcharse enseguida, permaneció cerca de la puerta, acomodando discretamente sus guantes mientras observaba a Jean revisar los documentos.

    Jean apenas comenzaba a separar la correspondencia cuando algo llamó su atención.

    Un sello plateado grabado sobre cera oscura.

    Un copo de nieve rodeado por adornos espinosos.

    Fatui.

    El ambiente pareció enfriarse de golpe.

    Jean frunció el ceño apenas tomó el sobre.

    Noelle notó el cambio en su expresión casi al instante.

    +¿Ocurre algo…?

    Jean guardó silencio unos segundos antes de romper el sello con cuidado. Luego, en vez de quedarse detrás del escritorio, se acomodó sobre el borde del mismo, cruzando lentamente las piernas mientras comenzaba a leer.

    La luz de la mañana iluminaba parcialmente su uniforme blanco y azul, reflejándose sobre los detalles dorados de la oficina mientras sus ojos recorrían cada línea de la carta.

    —Como imaginaba… —murmuró en voz baja.

    Noelle dudó un momento antes de acercarse un poco más.

    +¿Es una mala noticia?

    Jean dejó escapar un suspiro cansado.

    —Depende de cómo se mire.

    Sus dedos sostuvieron la carta con firmeza mientras levantaba la vista hacia Noelle.

    —Es una invitación formal de los Fatui. Quieren una cena diplomática.

    Noelle parpadeó sorprendida.

    +¿Una cena…?

    —Mhm. Oficialmente hablan de cooperación comercial, seguridad en rutas y relaciones entre Mondstadt y Snezhnaya…

    Jean hizo una pequeña pausa antes de bajar la mirada nuevamente hacia la carta.

    —Pero el verdadero objetivo es otro.

    Noelle se acercó un poco más, curiosa y preocupada al mismo tiempo.

    +¿Qué quieren realmente?

    Jean apoyó la carta sobre su muslo y tomó lentamente la taza de café a su lado.

    —Quieren establecer una base logística permanente cerca de Mondstadt.

    Noelle abrió apenas los ojos.

    +¿Los Fatui… aquí?

    —“Temporal”, según ellos —respondió Jean con una ligera ironía—. Pero los Fatui rara vez hacen algo sin una intención más profunda.

    La oficina quedó en silencio unos instantes.

    Noelle observó a Jean con atención. Aunque mantenía aquella postura elegante y serena sobre el escritorio, podía notar el cansancio oculto detrás de su expresión.

    La presión.

    La responsabilidad.

    Las decisiones imposibles.

    +Entonces… ¿rechazará la invitación?

    Jean permaneció callada unos segundos mientras el vapor del café ascendía lentamente entre ambas.

    Finalmente negó con la cabeza.

    —No puedo hacerlo.

    La respuesta salió más suave de lo esperado.

    —Si los ignoramos, podrían usarlo como excusa diplomática. Y si aceptamos demasiado rápido… podrían interpretarlo como debilidad.

    Noelle bajó ligeramente la mirada.

    +Eso suena difícil…

    Jean dejó escapar una pequeña sonrisa cansada al escucharla.

    —Bienvenida al trabajo administrativo de los Caballeros de Favonius.

    Aquello hizo que Noelle sonriera apenas.

    Jean volvió a mirar por la ventana de la oficina, observando cómo la luz del amanecer comenzaba a cubrir lentamente la ciudad.

    —Asistiré a la cena —dijo finalmente—. Pero no pienso permitir que los Fatui crean que pueden poner un pie en Mondstadt sin supervisión.

    Noelle asintió con firmeza casi de inmediato.

    +Entonces me aseguraré de que todo esté preparado para usted, Gran Maestra Jean.

    Jean la miró de reojo y, por primera vez esa mañana, su expresión se suavizó ligeramente.

    —Gracias, Noelle.
    La mañana apenas comenzaba en Mondstadt, y aun así las luces de la oficina de la Gran Maestra Interina ya permanecían encendidas. Jean llevaba allí desde antes del amanecer. Sentada detrás de su amplio escritorio de roble, repasaba informes militares y registros comerciales mientras el vapor de una taza de café recién servido ascendía lentamente junto a ella. Afuera, la ciudad apenas despertaba bajo el viento suave de la madrugada, pero una extraña sensación de inquietud había acompañado a Jean desde que abrió los ojos aquella mañana. Como si algo estuviera por ocurrir. Tres golpes suaves resonaron en la puerta. —Adelante. La puerta se abrió apenas lo suficiente para revelar a Noelle sosteniendo varias cartas cuidadosamente acomodadas entre sus brazos. +Gran Maestra Jean, llegó la correspondencia de esta mañana. —Déjala aquí, gracias, Noelle. La joven obedeció con una sonrisa amable, colocando el montón de sobres sobre el escritorio. Sin embargo, en lugar de marcharse enseguida, permaneció cerca de la puerta, acomodando discretamente sus guantes mientras observaba a Jean revisar los documentos. Jean apenas comenzaba a separar la correspondencia cuando algo llamó su atención. Un sello plateado grabado sobre cera oscura. Un copo de nieve rodeado por adornos espinosos. Fatui. El ambiente pareció enfriarse de golpe. Jean frunció el ceño apenas tomó el sobre. Noelle notó el cambio en su expresión casi al instante. +¿Ocurre algo…? Jean guardó silencio unos segundos antes de romper el sello con cuidado. Luego, en vez de quedarse detrás del escritorio, se acomodó sobre el borde del mismo, cruzando lentamente las piernas mientras comenzaba a leer. La luz de la mañana iluminaba parcialmente su uniforme blanco y azul, reflejándose sobre los detalles dorados de la oficina mientras sus ojos recorrían cada línea de la carta. —Como imaginaba… —murmuró en voz baja. Noelle dudó un momento antes de acercarse un poco más. +¿Es una mala noticia? Jean dejó escapar un suspiro cansado. —Depende de cómo se mire. Sus dedos sostuvieron la carta con firmeza mientras levantaba la vista hacia Noelle. —Es una invitación formal de los Fatui. Quieren una cena diplomática. Noelle parpadeó sorprendida. +¿Una cena…? —Mhm. Oficialmente hablan de cooperación comercial, seguridad en rutas y relaciones entre Mondstadt y Snezhnaya… Jean hizo una pequeña pausa antes de bajar la mirada nuevamente hacia la carta. —Pero el verdadero objetivo es otro. Noelle se acercó un poco más, curiosa y preocupada al mismo tiempo. +¿Qué quieren realmente? Jean apoyó la carta sobre su muslo y tomó lentamente la taza de café a su lado. —Quieren establecer una base logística permanente cerca de Mondstadt. Noelle abrió apenas los ojos. +¿Los Fatui… aquí? —“Temporal”, según ellos —respondió Jean con una ligera ironía—. Pero los Fatui rara vez hacen algo sin una intención más profunda. La oficina quedó en silencio unos instantes. Noelle observó a Jean con atención. Aunque mantenía aquella postura elegante y serena sobre el escritorio, podía notar el cansancio oculto detrás de su expresión. La presión. La responsabilidad. Las decisiones imposibles. +Entonces… ¿rechazará la invitación? Jean permaneció callada unos segundos mientras el vapor del café ascendía lentamente entre ambas. Finalmente negó con la cabeza. —No puedo hacerlo. La respuesta salió más suave de lo esperado. —Si los ignoramos, podrían usarlo como excusa diplomática. Y si aceptamos demasiado rápido… podrían interpretarlo como debilidad. Noelle bajó ligeramente la mirada. +Eso suena difícil… Jean dejó escapar una pequeña sonrisa cansada al escucharla. —Bienvenida al trabajo administrativo de los Caballeros de Favonius. Aquello hizo que Noelle sonriera apenas. Jean volvió a mirar por la ventana de la oficina, observando cómo la luz del amanecer comenzaba a cubrir lentamente la ciudad. —Asistiré a la cena —dijo finalmente—. Pero no pienso permitir que los Fatui crean que pueden poner un pie en Mondstadt sin supervisión. Noelle asintió con firmeza casi de inmediato. +Entonces me aseguraré de que todo esté preparado para usted, Gran Maestra Jean. Jean la miró de reojo y, por primera vez esa mañana, su expresión se suavizó ligeramente. —Gracias, Noelle.
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  • El silencio consumia el lugar, los unicos sonidos audibles eran los pasos de Nova al correr por los pasillo y el sonido de la spuertas abriendose, no improtaba cuanto corria avanzaba ni donde entraba, solo encontraba habitaciones vacias y pasillos interminables.

    -Okey Nova... respira y calmate....- miro alrededor tratando de encontrar aunque sea una criatura o una bestia pues eso le daba mas comfort que la soledad absoluta en aquel lugar, su espejo no revelaba ningun tipo de magia o lugares ocultos, estaba atrapado -haber Nova repsira, RES-PI-RA!, como llegaste aqui? okey okey okey- el chico trataba de calmarse asi mismo corriendo sin freno por todo el lugar, no sbaia como llego ni como salir, solo sabia que era el unico que estaba ahí.

    -eh salido de varios territorios de brujas puedo hacer esto.... puedo hacerlo- su espejo era su unica luz, ningun foco funcionaba dejando al lugar en una penumbra pesada e infinfita.

    Soundtrack: https://music.youtube.com/watch?v=toLrnNkxqow&si=1a0iBR1mWfAdO3q6
    El silencio consumia el lugar, los unicos sonidos audibles eran los pasos de Nova al correr por los pasillo y el sonido de la spuertas abriendose, no improtaba cuanto corria avanzaba ni donde entraba, solo encontraba habitaciones vacias y pasillos interminables. -Okey Nova... respira y calmate....- miro alrededor tratando de encontrar aunque sea una criatura o una bestia pues eso le daba mas comfort que la soledad absoluta en aquel lugar, su espejo no revelaba ningun tipo de magia o lugares ocultos, estaba atrapado -haber Nova repsira, RES-PI-RA!, como llegaste aqui? okey okey okey- el chico trataba de calmarse asi mismo corriendo sin freno por todo el lugar, no sbaia como llego ni como salir, solo sabia que era el unico que estaba ahí. -eh salido de varios territorios de brujas puedo hacer esto.... puedo hacerlo- su espejo era su unica luz, ningun foco funcionaba dejando al lugar en una penumbra pesada e infinfita. Soundtrack: https://music.youtube.com/watch?v=toLrnNkxqow&si=1a0iBR1mWfAdO3q6
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  • ❝Tenemos un trato❞
    Fandom The Originals || OC
    Categoría Fantasía
    La lluvia golpeaba el parabrisas con insistencia mientras el limpiaparabrisas arrastraba el agua de un lado a otro en un movimiento casi hipnótico. Rue llevaba demasiadas horas en carretera. Café frío. Gasolineras perdidas. El mapa lleno de marcas y nombres tachados. Y, aun asi, aquella pista era la primera real en semanas: Jebediah Voss había vuelto. Solo pensar en aquel nombre le revolvía algo oscuro en el pecho y le provocaba náuseas. Porque recordaba perfectamente la noche en la que le clavó una estaca en el corazón la primera vez. Recordaba la sangre. La sonrisa enferma de aquel vampiro incluso mientras moría. Recordaba el cuerpo de Logan tirado sobre el suelo del salón de su propia casa.

    Todavia seguía soñando con ello.

    Y ahora alguien estaba trayendo monstruos de vuelta de entre los muertos. Vampiros. Hombres lobo. Brujas. Criaturas que deberían haberse quedado pudriéndose bajo tierra. Todos con la misma marca grabada en la piel. Como ganado marcado antes del sacrificio. La última pista la habia llevado hasta un pueblo perdido entre montañas y bosque. No muy diferente al pueblo donde se habría criado: Uno de esos lugares donde las calles quedan vacías demasiado pronto y donde la gente evita mirar a los desconocidos demasiado tiempo. Un lugar donde nunca pasaba nada…

    >> Llevaba en ese pueblo apenas unas horas y ya habia encontrado suficiente sangre como para saber que Jebediah estaba cerca. Muy cerca. El problema fue darse cuenta demasiado tarde de que él también la había encontrado a ella.

    Rue avanzaba entre los árboles con la estaba de madera bien aferrada a su mano derecha y la linterna temblando ligeramente entre sus dedos. El bosque estaba demasiado silencioso. Sin grillos, ni viento, ni animales. Mala señal. Una rama crujió detrás de ella a pesar de la maleza húmeda por la lluvia.

    La mujer reaccionó rápido, girándose con la estaca ya en mano, pero no fue suficientemente rápida. Jebediah apareció de entre un par de árboles como una sombra siniestra, estampándola contra el tronco de un árbol con una fuerza brutal. El golpe le arrancó el aire de los pulmones.

    -Oh…. -dijo Jebediah en un tétrico arrullo- Cuanto te he echado de menos, Rue -la voz del vampiro sonó pegada a su oído, suave, enfermiza- Aunque debo admitir que esperaba que el duelo te hubiese envejecido peor.

    Rue forcejeó, intentando mover la mano que sostenía la estaca, a pesar de que él le sujetaba la muñeca con fuerza sobrenatural.

    -Debería haberte arrancado la cabeza aquella noche -escupió ella entre dientes.

    Jebediah sonrió. Y aquella sonrisa, a pesar de la lluvia que empapaba el rostro del vampiro seguía siendo exactamente igual que años atrás.

    -Y aun así aquí me tienes. Una estupenda segunda oportunidad… Para mí… Por fin sabré a qué sabe tu sangre…


    Ansel
    La lluvia golpeaba el parabrisas con insistencia mientras el limpiaparabrisas arrastraba el agua de un lado a otro en un movimiento casi hipnótico. Rue llevaba demasiadas horas en carretera. Café frío. Gasolineras perdidas. El mapa lleno de marcas y nombres tachados. Y, aun asi, aquella pista era la primera real en semanas: Jebediah Voss había vuelto. Solo pensar en aquel nombre le revolvía algo oscuro en el pecho y le provocaba náuseas. Porque recordaba perfectamente la noche en la que le clavó una estaca en el corazón la primera vez. Recordaba la sangre. La sonrisa enferma de aquel vampiro incluso mientras moría. Recordaba el cuerpo de Logan tirado sobre el suelo del salón de su propia casa. Todavia seguía soñando con ello. Y ahora alguien estaba trayendo monstruos de vuelta de entre los muertos. Vampiros. Hombres lobo. Brujas. Criaturas que deberían haberse quedado pudriéndose bajo tierra. Todos con la misma marca grabada en la piel. Como ganado marcado antes del sacrificio. La última pista la habia llevado hasta un pueblo perdido entre montañas y bosque. No muy diferente al pueblo donde se habría criado: Uno de esos lugares donde las calles quedan vacías demasiado pronto y donde la gente evita mirar a los desconocidos demasiado tiempo. Un lugar donde nunca pasaba nada… >> Llevaba en ese pueblo apenas unas horas y ya habia encontrado suficiente sangre como para saber que Jebediah estaba cerca. Muy cerca. El problema fue darse cuenta demasiado tarde de que él también la había encontrado a ella. Rue avanzaba entre los árboles con la estaba de madera bien aferrada a su mano derecha y la linterna temblando ligeramente entre sus dedos. El bosque estaba demasiado silencioso. Sin grillos, ni viento, ni animales. Mala señal. Una rama crujió detrás de ella a pesar de la maleza húmeda por la lluvia. La mujer reaccionó rápido, girándose con la estaca ya en mano, pero no fue suficientemente rápida. Jebediah apareció de entre un par de árboles como una sombra siniestra, estampándola contra el tronco de un árbol con una fuerza brutal. El golpe le arrancó el aire de los pulmones. -Oh…. -dijo Jebediah en un tétrico arrullo- Cuanto te he echado de menos, Rue -la voz del vampiro sonó pegada a su oído, suave, enfermiza- Aunque debo admitir que esperaba que el duelo te hubiese envejecido peor. Rue forcejeó, intentando mover la mano que sostenía la estaca, a pesar de que él le sujetaba la muñeca con fuerza sobrenatural. -Debería haberte arrancado la cabeza aquella noche -escupió ella entre dientes. Jebediah sonrió. Y aquella sonrisa, a pesar de la lluvia que empapaba el rostro del vampiro seguía siendo exactamente igual que años atrás. -Y aun así aquí me tienes. Una estupenda segunda oportunidad… Para mí… Por fin sabré a qué sabe tu sangre… [THEFIRST.ALPHA]
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
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  • † 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓 𝖕𝖆𝖗𝖙𝖓𝖊𝖗 †
    Categoría Terror
    El silencio sepulcral inundaba las salas, como si se tratase de una maldición, pero la bruja disfrutaba la soledad de su hogar, el gran caserón que parecía eterno, pasillos largos, amplios y llenos de habitaciones que tal vez nunca habían tenido dueño, pero existían; habitaciones con el propósito de llenarlas de vida. La reina anterior del aquelarre, la madre de Catherine, siempre quiso tener muchos hijos. Pero un parto como el que ella tuvo le secó la matriz. Ni un hijo más podría nacer de ella, pues la parte demoníaca de Cath le arrancó cada vestigio de nueva vida, su egoísmo existía desde que ella era del tamaño de un haba.

    No había manera entonces de que esa casa tuviera tantas brujas como en su momento deseó ella. Cuando se hizo del aquelarre, todas las brujas incluyéndola, llegaron a un acuerdo, cada luna llena iban a reunirse, el árbol gigantesco en el bosque de la Luna era el lugar de reunión, a la vista el trono de madera de la Reina bruja. Así que... El silencio siempre era el acompañante de Catherine, pero a veces... Ciertas veces... Necesitaba sentir que alguien le escuchaba. No necesitaba consejo, una bruja como ella no.

    En una de esas tantas noches de insomnio, donde las sombras de los que se ha llevado danzaban alrededor de su cama, la vela revelaba sus formas sobre la pared, ansiosos de ser notados por su ama. ¿Debería hacer que una sombra sea su acompañante? No, una sombra no... Las sombras son sus esclavos. Las sombras aprenden a torturar, a guiar a los demás a la locura. No hablan, no gritan, solo danzan hasta que la persona no puede resistir y su esencia viene a Cath, su nueva dueña.

    Necesitaba a alguien inteligente, que pudiera hacer todo tipo de cosas... Alguien con voz. Un humano adulador no iba a servir. Sabía ahora lo que tenía que hacer, una hija de la unión de la noche tenía que poseer a alguien que pudiera con todo lo que Catherine representaba.

    — 𝖀𝖓 𝖉𝖊𝖒𝖔𝖓𝖎𝖔... 𝕹𝖔. 𝖀𝖓𝖆 𝖉𝖊𝖒𝖔𝖓𝖎𝖔. —

    En el infierno las clasificaciones eran estúpidas y la mayoría no tenía género, pero ella no podía confiarle su espalda a algo que pudiera mínimamente ser hombre, masculino, agh.

    Movió la diestra para hacer que las sombras se fueran, el espectáculo terminó. Se levantó en su perfecta desnudez a su área de trabajo. Dibujó un círculo en el suelo con pintura roja, conocía el ritual de invocación muy bien, alguna vez trajo algo horrores Elritch, usó su propia sangre para invocar eso que ella tanto deseaba, aunque al principio quisiera ocultarlo. El sacrificio era la sangre demoníaca con humana, su deseo de una compañía apta para ella, para la bruja más fuerte.

    — 𝖁𝖊𝖓 𝖆 𝖒í, 𝖕𝖊𝖖𝖚𝖊ñ𝖆. 𝖁𝖊𝖓 𝖆 𝖙𝖔𝖒𝖆𝖗 𝖙𝖚 𝖑𝖚𝖌𝖆𝖗 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖒𝖎 𝖆𝖈𝖔𝖒𝖕𝖆ñ𝖆𝖓𝖙𝖊. —
    El silencio sepulcral inundaba las salas, como si se tratase de una maldición, pero la bruja disfrutaba la soledad de su hogar, el gran caserón que parecía eterno, pasillos largos, amplios y llenos de habitaciones que tal vez nunca habían tenido dueño, pero existían; habitaciones con el propósito de llenarlas de vida. La reina anterior del aquelarre, la madre de Catherine, siempre quiso tener muchos hijos. Pero un parto como el que ella tuvo le secó la matriz. Ni un hijo más podría nacer de ella, pues la parte demoníaca de Cath le arrancó cada vestigio de nueva vida, su egoísmo existía desde que ella era del tamaño de un haba. No había manera entonces de que esa casa tuviera tantas brujas como en su momento deseó ella. Cuando se hizo del aquelarre, todas las brujas incluyéndola, llegaron a un acuerdo, cada luna llena iban a reunirse, el árbol gigantesco en el bosque de la Luna era el lugar de reunión, a la vista el trono de madera de la Reina bruja. Así que... El silencio siempre era el acompañante de Catherine, pero a veces... Ciertas veces... Necesitaba sentir que alguien le escuchaba. No necesitaba consejo, una bruja como ella no. En una de esas tantas noches de insomnio, donde las sombras de los que se ha llevado danzaban alrededor de su cama, la vela revelaba sus formas sobre la pared, ansiosos de ser notados por su ama. ¿Debería hacer que una sombra sea su acompañante? No, una sombra no... Las sombras son sus esclavos. Las sombras aprenden a torturar, a guiar a los demás a la locura. No hablan, no gritan, solo danzan hasta que la persona no puede resistir y su esencia viene a Cath, su nueva dueña. Necesitaba a alguien inteligente, que pudiera hacer todo tipo de cosas... Alguien con voz. Un humano adulador no iba a servir. Sabía ahora lo que tenía que hacer, una hija de la unión de la noche tenía que poseer a alguien que pudiera con todo lo que Catherine representaba. — 𝖀𝖓 𝖉𝖊𝖒𝖔𝖓𝖎𝖔... 𝕹𝖔. 𝖀𝖓𝖆 𝖉𝖊𝖒𝖔𝖓𝖎𝖔. — En el infierno las clasificaciones eran estúpidas y la mayoría no tenía género, pero ella no podía confiarle su espalda a algo que pudiera mínimamente ser hombre, masculino, agh. Movió la diestra para hacer que las sombras se fueran, el espectáculo terminó. Se levantó en su perfecta desnudez a su área de trabajo. Dibujó un círculo en el suelo con pintura roja, conocía el ritual de invocación muy bien, alguna vez trajo algo horrores Elritch, usó su propia sangre para invocar eso que ella tanto deseaba, aunque al principio quisiera ocultarlo. El sacrificio era la sangre demoníaca con humana, su deseo de una compañía apta para ella, para la bruja más fuerte. — 𝖁𝖊𝖓 𝖆 𝖒í, 𝖕𝖊𝖖𝖚𝖊ñ𝖆. 𝖁𝖊𝖓 𝖆 𝖙𝖔𝖒𝖆𝖗 𝖙𝖚 𝖑𝖚𝖌𝖆𝖗 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖒𝖎 𝖆𝖈𝖔𝖒𝖕𝖆ñ𝖆𝖓𝖙𝖊. —
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  • El comienzo del fin
    Fandom Persona 3
    Categoría Terror
    Todo ruido que había a mí alrededor se vuelve silencio cuando el reloj de mi móvil marcan las 0:00. La hora oscura vuelve a sus andadas. Estoy en el foco donde todo empezó.

    Donde perdieron la vida muchos científicos al intentar parar la locura de mi suegro, pero no fue del todo en vano. Aunque con ello nacieron los humanos que podían tener la habilidad de tener un Persona, entre ellas la puta mocosa. Pero ahora yo también tengo el poder, estaba buscando unos archivos cuando escucho unos pasos acercase a mí y me gire viendo a dos hombres.

    Takaya Sakaki
    Jim Shirato
    Todo ruido que había a mí alrededor se vuelve silencio cuando el reloj de mi móvil marcan las 0:00. La hora oscura vuelve a sus andadas. Estoy en el foco donde todo empezó. Donde perdieron la vida muchos científicos al intentar parar la locura de mi suegro, pero no fue del todo en vano. Aunque con ello nacieron los humanos que podían tener la habilidad de tener un Persona, entre ellas la puta mocosa. Pero ahora yo también tengo el poder, estaba buscando unos archivos cuando escucho unos pasos acercase a mí y me gire viendo a dos hombres. [Streg1boy] [Deathboy3]
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