• Soundtrack: https://youtu.be/WbA9Ro_7ynE?si=uFBH5-LJSV-Sz20k

    El blues se filtraba por sus venas como veneno dulce.

    Blues del infierno no era solo música. Era un pulso. Un llamado. Cada nota raspaba algo dentro de ella, encendiendo ese lugar oscuro que nunca dormía… ese lugar que la hacía sentir peligrosamente viva.

    Se detuvo bajo la luz moribunda de un farol. Sus dedos temblaron apenas, no por debilidad, sino por anticipación. Su pecho se alzó en una respiración lenta, profunda, como si estuviera inhalando la canción misma.

    Era como una droga que siempre la llevaba al cielo.

    Podía oírlos detrás.

    Los cazadores intentaban ser silenciosos, pero sus corazones los traicionaban. Latían rápido. Desordenados. Asustados, aunque todavía fingían no estarlo.

    La sonrisa no tardó en aparecer en su rostro, llena de emoción excitante.

    La música la hacía olvidar el paso del tiempo. El peso de los siglos. El vacío constante. Por unos segundos, no era un monstruo ni una maldición… era hambre. Era impulso. Era instinto puro.

    Uno de ellos levantó el arma. El clic fue suficiente.

    Más que una amenaza, fue una revelación que la guerra había iniciado.

    El cazador no tuvo tiempo de gritar cuando la pelinegra apareció frente a él, tan cerca que pudo ver el terror naciendo en sus ojos. Ese momento exacto en que comprendía que había cometido el peor error de su vida.

    Lo sostuvo con una calma inquietante, inclinando apenas la cabeza, como si escuchara la música desde dentro de su sangre.

    ♧ ¿Lo oyes?… -susurró, su voz apenas un aliento frío -También es tu final -Sus colmillos descendieron sin prisa.

    La sangre brotó caliente, viva… y la canción se volvió más intensa. Más brillante. Más real.

    Sus ojos se cerraron mientras bebía, y por un instante, el mundo tuvo sentido.

    El cuerpo cayó cuando dejó de latir.

    Los demás retrocedieron, temblando ahora sin vergüenza.

    Ella por su parte levantó el rostro, con la respiración más profunda, los labios manchados, los ojos encendidos con algo cercano al éxtasis.

    La música seguía sonando al igual que su corazón.

    Avanzó hacia ellos con pasos lentos, seguros… como alguien que no solo disfrutaba la cacería, sino que la necesitaba.

    Porque el blues no calmaba al monstruo.

    Lo hacía volar.
    Soundtrack: https://youtu.be/WbA9Ro_7ynE?si=uFBH5-LJSV-Sz20k El blues se filtraba por sus venas como veneno dulce. Blues del infierno no era solo música. Era un pulso. Un llamado. Cada nota raspaba algo dentro de ella, encendiendo ese lugar oscuro que nunca dormía… ese lugar que la hacía sentir peligrosamente viva. Se detuvo bajo la luz moribunda de un farol. Sus dedos temblaron apenas, no por debilidad, sino por anticipación. Su pecho se alzó en una respiración lenta, profunda, como si estuviera inhalando la canción misma. Era como una droga que siempre la llevaba al cielo. Podía oírlos detrás. Los cazadores intentaban ser silenciosos, pero sus corazones los traicionaban. Latían rápido. Desordenados. Asustados, aunque todavía fingían no estarlo. La sonrisa no tardó en aparecer en su rostro, llena de emoción excitante. La música la hacía olvidar el paso del tiempo. El peso de los siglos. El vacío constante. Por unos segundos, no era un monstruo ni una maldición… era hambre. Era impulso. Era instinto puro. Uno de ellos levantó el arma. El clic fue suficiente. Más que una amenaza, fue una revelación que la guerra había iniciado. El cazador no tuvo tiempo de gritar cuando la pelinegra apareció frente a él, tan cerca que pudo ver el terror naciendo en sus ojos. Ese momento exacto en que comprendía que había cometido el peor error de su vida. Lo sostuvo con una calma inquietante, inclinando apenas la cabeza, como si escuchara la música desde dentro de su sangre. ♧ ¿Lo oyes?… -susurró, su voz apenas un aliento frío -También es tu final -Sus colmillos descendieron sin prisa. La sangre brotó caliente, viva… y la canción se volvió más intensa. Más brillante. Más real. Sus ojos se cerraron mientras bebía, y por un instante, el mundo tuvo sentido. El cuerpo cayó cuando dejó de latir. Los demás retrocedieron, temblando ahora sin vergüenza. Ella por su parte levantó el rostro, con la respiración más profunda, los labios manchados, los ojos encendidos con algo cercano al éxtasis. La música seguía sonando al igual que su corazón. Avanzó hacia ellos con pasos lentos, seguros… como alguien que no solo disfrutaba la cacería, sino que la necesitaba. Porque el blues no calmaba al monstruo. Lo hacía volar.
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  • El sueño llega como llegan las tragedias: sin aviso.

    Dean está caminando por un lugar que no reconoce. No es el búnker, no es una carretera, no es ninguna ciudad que haya visitado antes. Es un espacio vacío, ni hay cielo, ni suelo, solo una extensión oscura donde todo parece detenido.

    Y allí está ella.

    Hope Mikaelson está de pie, tan solo a unos pocos metros de él. No se mueve. No va hacia él a pesar de que sabe que le ha escuchado mucho antes de verlo. No sonríe. Su cuerpo parece frágil, extraño.

    El cazador siente el miedo atenazando su pecho antes de saber el porque, y sin buscar explicaciones, corre hacia ella.
    Cuando la alcanza, Hope ya se está desplomando. Él la atrapa antes de que caiga al suelo, envolviéndola con los brazos como si así pudiera protegerla de lo que fuera que le estaba pasando. Su cuerpo no responde. Está demasiado quieta. Demasiado silenciosa.

    —Hope… —susurra, pero su voz apenas si consigue salir de sus labios.

    Ella lo mira con sus enormes ojos llenos de algo que no es miedo ni dolor, sino una calma terrible, mezclada con una profunda pena, como si ya supiera lo que va a pasar.

    No hay tiempo para hablar.

    No hay tiempo para promesas.

    Dean intenta sostenerla con más fuerza, como si apretarla contra su pecho pudiera evitar que la apartaran de su lado. Pero algo en ella está cambiando. Lo siente primero en la piel: pierde temperatura, pierde color, pierde vida.

    Como si el tiempo la estuviera consumiendo desde dentro.
    Hope se estaba apagando.
    Su cuerpo comienza a volverse rígido, seco, como una estatua que envejece en segundos. La calidez que siempre la rodeaba desaparece. La magia que solía vibrar bajo su piel ya no está. Solo queda un vacío imposible.

    El Winchester la llama por su nombre una y otra vez.
    No obtiene respuesta.
    La sostiene mientras su cuerpo empieza a quebrarse, mientras pequeñas grietas comienzan a recorrer su rostro, su cuello, sus manos.

    —No… no… no… —murmura Dean, con la voz rota.

    Hope Mikaelson poco a poco se va convirtiendo en polvo, frente a él.
    No cae al suelo.
    Se eleva.

    El viento aparece de la nada, llevándose fragmentos de Hope como si nunca hubiera sido real. Dean intenta atraparla, cerrar las manos, impedir que se vaya, pero sus manos se cierran entorno a la nada. Cada segundo hay menos de ella.

    Dean cae de rodillas abrazando un cuerpo que ya no existe.
    Donde estaba Hope, solo queda espacio vacío.
    El viento se ha llevado el último rastro.
    Y el mundo queda en silencio.

    Dean no grita, no llora, no lucha.
    No puede.
    El sonido se queda atrapado en su pecho.

    Sus manos tiemblan mientras intenta comprender cómo alguien tan real puede desaparecer sin dejar ni un cuerpo que llorar. No hay despedida. Solo polvo que se pierde en el aire como si jamás hubiera importado.

    —No tuve tiempo… —susurra al vacío. De nuevo aquel miedo absoluto, no a la muerte, no a la propia al menos, si no a la ausencia.

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  · ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·

    Despierta de golpe en el búnker, con el corazón desbocado y las manos cerradas como si aún estuviera sujetando cenizas. Las lagrimas le rompen la voz y su nombre sale de su boca sin permiso.

    —Hope…

    No está a su lado, colchón a su derecha está vacío. Se levanta, camina por los pasillos sin pensar, guiado solo por el pánico. La encuentra dormida, en su batcueva, respirando con tranquilidad, envuelta en una manta, viva.
    Dean se detiene en la puerta, no se acerca, la observa como si pudiera desvanecerse en cualquier momento, tratando de dejar atrás los últimos resquicios de una pesadilla que ojalá pudiera decir que no conocía ya.

    Una pesadilla que deja una certeza que lo persigue incluso despierto:

    Si Hope muere, no quedará nada que salvar.
    Ni siquiera un cuerpo que abrazar.

    Y ese es el tipo de pérdida al que Dean Winchester sabe que no sobrevivirá.
    El sueño llega como llegan las tragedias: sin aviso. Dean está caminando por un lugar que no reconoce. No es el búnker, no es una carretera, no es ninguna ciudad que haya visitado antes. Es un espacio vacío, ni hay cielo, ni suelo, solo una extensión oscura donde todo parece detenido. Y allí está ella. [thetribrid] está de pie, tan solo a unos pocos metros de él. No se mueve. No va hacia él a pesar de que sabe que le ha escuchado mucho antes de verlo. No sonríe. Su cuerpo parece frágil, extraño. El cazador siente el miedo atenazando su pecho antes de saber el porque, y sin buscar explicaciones, corre hacia ella. Cuando la alcanza, Hope ya se está desplomando. Él la atrapa antes de que caiga al suelo, envolviéndola con los brazos como si así pudiera protegerla de lo que fuera que le estaba pasando. Su cuerpo no responde. Está demasiado quieta. Demasiado silenciosa. —Hope… —susurra, pero su voz apenas si consigue salir de sus labios. Ella lo mira con sus enormes ojos llenos de algo que no es miedo ni dolor, sino una calma terrible, mezclada con una profunda pena, como si ya supiera lo que va a pasar. No hay tiempo para hablar. No hay tiempo para promesas. Dean intenta sostenerla con más fuerza, como si apretarla contra su pecho pudiera evitar que la apartaran de su lado. Pero algo en ella está cambiando. Lo siente primero en la piel: pierde temperatura, pierde color, pierde vida. Como si el tiempo la estuviera consumiendo desde dentro. Hope se estaba apagando. Su cuerpo comienza a volverse rígido, seco, como una estatua que envejece en segundos. La calidez que siempre la rodeaba desaparece. La magia que solía vibrar bajo su piel ya no está. Solo queda un vacío imposible. El Winchester la llama por su nombre una y otra vez. No obtiene respuesta. La sostiene mientras su cuerpo empieza a quebrarse, mientras pequeñas grietas comienzan a recorrer su rostro, su cuello, sus manos. —No… no… no… —murmura Dean, con la voz rota. Hope Mikaelson poco a poco se va convirtiendo en polvo, frente a él. No cae al suelo. Se eleva. El viento aparece de la nada, llevándose fragmentos de Hope como si nunca hubiera sido real. Dean intenta atraparla, cerrar las manos, impedir que se vaya, pero sus manos se cierran entorno a la nada. Cada segundo hay menos de ella. Dean cae de rodillas abrazando un cuerpo que ya no existe. Donde estaba Hope, solo queda espacio vacío. El viento se ha llevado el último rastro. Y el mundo queda en silencio. Dean no grita, no llora, no lucha. No puede. El sonido se queda atrapado en su pecho. Sus manos tiemblan mientras intenta comprender cómo alguien tan real puede desaparecer sin dejar ni un cuerpo que llorar. No hay despedida. Solo polvo que se pierde en el aire como si jamás hubiera importado. —No tuve tiempo… —susurra al vacío. De nuevo aquel miedo absoluto, no a la muerte, no a la propia al menos, si no a la ausencia. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  · ·  ·  ·  ·  ·  ·  · Despierta de golpe en el búnker, con el corazón desbocado y las manos cerradas como si aún estuviera sujetando cenizas. Las lagrimas le rompen la voz y su nombre sale de su boca sin permiso. —Hope… No está a su lado, colchón a su derecha está vacío. Se levanta, camina por los pasillos sin pensar, guiado solo por el pánico. La encuentra dormida, en su batcueva, respirando con tranquilidad, envuelta en una manta, viva. Dean se detiene en la puerta, no se acerca, la observa como si pudiera desvanecerse en cualquier momento, tratando de dejar atrás los últimos resquicios de una pesadilla que ojalá pudiera decir que no conocía ya. Una pesadilla que deja una certeza que lo persigue incluso despierto: Si Hope muere, no quedará nada que salvar. Ni siquiera un cuerpo que abrazar. Y ese es el tipo de pérdida al que Dean Winchester sabe que no sobrevivirá.
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  • ¿Cambiarías algo de tu pasado si pudieras...?

    [Alemania. - Berlín. - En el piso de Morana. - 22:18]

    El aire frío se colaba por la puerta del balcón, combatiendo con el vapor que salía del baño por ocupar la estancia. El ambiente parecía normal, solitario, quizás, pues el piso debería estar vacío ahora mismo.

    La escena en el baño era lo suficientemente normal. Morana dándose una ducha, el ruido del agua cayendo era lo único rompiendo el silencio que se había instalado en el lugar.

    La mirada de Morana, esos espejos plateados que todo lo veían, que tanto analizaban a los demás, esa mirada normalmente impasible, indescifrable, ahora revelaba todo lo que nadie era capaz de ver...

    Sus ojos eran dos cascadas de lágrimas.
    Su cuerpo era la cárcel.
    Su mente era el verdugo.
    Los recuerdos eran su cicuta.

    Los gritos eran audibles incluso tras un milenio, los recuerdos eran tan intensos que podía sentir que estaba nuevamente allí, observando como toda su familia ardía, como su esposo ardía, asesinados por un pueblo que ella amaba, por una fe que ella compartía.

    Cerró el grifo de la ducha, sus pasos eran lentos, llenos de duda y con un rostro que no reflejaba la vorágine que anidaba en ella. Su mirada se posó en el centro de su pecho, en el lugar donde un corazón debía latir, no quedaba más que el recuerdo, un órgano que apenas funcionaba, literal y metafóricamente.

    Fue alzándose, hasta que se encontró con sus propios ojos, y donde otros solamente verían a una mujer, ella veía una mirada llena de juicio, un odio tan intenso que si las miradas mataran, ella hubiera muerto 1000 veces. Se despreciaba a si misma, desde el inicio fue el origen de todos los problemas ¿Quizás el mundo hubiera sido mejor si ella nunca hubiera nacido?

    Tenerla a ella sería la perdición de su familia.
    Su madre perdió su título.
    Su padre comenzó a abusar de ambas.
    Su esposo perdió un ojo protegiéndola.

    Y finalmente, todos perdieron la vida de la misma forma horrible, ardiendo entre las llamas, rodeados de los insultos de una muchedumbre.

    Mientras aún lloraba, su rostro se llenó de rabia y con rapidez, propinó un golpe al cristal que reflejaba su desgracia. — ¡Cállate! — La desesperación era palpable en su voz ¿A quién se dirigía? Seguramente ni ella lo sabía... Quizás una plegaria en vano a su mente. — ¡Yo no elegí esta vida!¡Yo no elegí nacer así! — Se llevó una mano a la cabeza, haciendo su pelo mojado hacia atrás, mientras observó su otra mano, la cual, temblorosa, se acercó hacia su pecho.

    La sangre brotaba del reciente corte, aunque la herida ya se estaba cerrando... Su inmortalidad era una cárcel, la vida era su penitencia. — Yo no los maté a todos... — Su voz salió más débil, con una tristeza que era impensable ver en ella. — Gerhard... Te juro que no fue mi culpa... — Comenzó a sollozar, palabras vacías, sabía bien que era la responsable de todo lo que había ocurrido... Aunque nunca lo hubiera deseado. — No puedo más... Por favor... — Otra súplica en vano...

    Se encogió, apoyando el pecho sobre sus rodillas, y con una lentitud que reflejaba su pérdida de fuerzas, cayó hacia un lado. El frío del suelo le caló hasta los huesos más fuerte de lo que debería mientras las lágrimas fluían cual cascada.

    Allí, con su impotencia se mantuvo, llorando a todo pulmón, una escena que nadie deberá ver, pues su tortura es lo único que hace que pueda seguir considerándose humana.
    ¿Cambiarías algo de tu pasado si pudieras...? [Alemania. - Berlín. - En el piso de Morana. - 22:18] El aire frío se colaba por la puerta del balcón, combatiendo con el vapor que salía del baño por ocupar la estancia. El ambiente parecía normal, solitario, quizás, pues el piso debería estar vacío ahora mismo. La escena en el baño era lo suficientemente normal. Morana dándose una ducha, el ruido del agua cayendo era lo único rompiendo el silencio que se había instalado en el lugar. La mirada de Morana, esos espejos plateados que todo lo veían, que tanto analizaban a los demás, esa mirada normalmente impasible, indescifrable, ahora revelaba todo lo que nadie era capaz de ver... Sus ojos eran dos cascadas de lágrimas. Su cuerpo era la cárcel. Su mente era el verdugo. Los recuerdos eran su cicuta. Los gritos eran audibles incluso tras un milenio, los recuerdos eran tan intensos que podía sentir que estaba nuevamente allí, observando como toda su familia ardía, como su esposo ardía, asesinados por un pueblo que ella amaba, por una fe que ella compartía. Cerró el grifo de la ducha, sus pasos eran lentos, llenos de duda y con un rostro que no reflejaba la vorágine que anidaba en ella. Su mirada se posó en el centro de su pecho, en el lugar donde un corazón debía latir, no quedaba más que el recuerdo, un órgano que apenas funcionaba, literal y metafóricamente. Fue alzándose, hasta que se encontró con sus propios ojos, y donde otros solamente verían a una mujer, ella veía una mirada llena de juicio, un odio tan intenso que si las miradas mataran, ella hubiera muerto 1000 veces. Se despreciaba a si misma, desde el inicio fue el origen de todos los problemas ¿Quizás el mundo hubiera sido mejor si ella nunca hubiera nacido? Tenerla a ella sería la perdición de su familia. Su madre perdió su título. Su padre comenzó a abusar de ambas. Su esposo perdió un ojo protegiéndola. Y finalmente, todos perdieron la vida de la misma forma horrible, ardiendo entre las llamas, rodeados de los insultos de una muchedumbre. Mientras aún lloraba, su rostro se llenó de rabia y con rapidez, propinó un golpe al cristal que reflejaba su desgracia. — ¡Cállate! — La desesperación era palpable en su voz ¿A quién se dirigía? Seguramente ni ella lo sabía... Quizás una plegaria en vano a su mente. — ¡Yo no elegí esta vida!¡Yo no elegí nacer así! — Se llevó una mano a la cabeza, haciendo su pelo mojado hacia atrás, mientras observó su otra mano, la cual, temblorosa, se acercó hacia su pecho. La sangre brotaba del reciente corte, aunque la herida ya se estaba cerrando... Su inmortalidad era una cárcel, la vida era su penitencia. — Yo no los maté a todos... — Su voz salió más débil, con una tristeza que era impensable ver en ella. — Gerhard... Te juro que no fue mi culpa... — Comenzó a sollozar, palabras vacías, sabía bien que era la responsable de todo lo que había ocurrido... Aunque nunca lo hubiera deseado. — No puedo más... Por favor... — Otra súplica en vano... Se encogió, apoyando el pecho sobre sus rodillas, y con una lentitud que reflejaba su pérdida de fuerzas, cayó hacia un lado. El frío del suelo le caló hasta los huesos más fuerte de lo que debería mientras las lágrimas fluían cual cascada. Allí, con su impotencia se mantuvo, llorando a todo pulmón, una escena que nadie deberá ver, pues su tortura es lo único que hace que pueda seguir considerándose humana.
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  • Se despertaba con la primera luz del alba, enfundándose en una sudadera desgastada antes de que el mundo despertara. El parque estaba en silencio cuando llegaba, con solo el canto de algunos pájaros rompiendo la calma matutina. Corría por los senderos de tierra con una ligereza que había tardado meses en conquistar, sintiendo cómo el aire frío llenaba sus pulmones y el ritmo de sus zancadas disipaba las preocupaciones del día anterior. Para él, aquellas mañanas eran un refugio sagrado, un espacio donde nadie le exigía nada y donde, kilómetro a kilómetro, reconstruía su paz interior.
    Se despertaba con la primera luz del alba, enfundándose en una sudadera desgastada antes de que el mundo despertara. El parque estaba en silencio cuando llegaba, con solo el canto de algunos pájaros rompiendo la calma matutina. Corría por los senderos de tierra con una ligereza que había tardado meses en conquistar, sintiendo cómo el aire frío llenaba sus pulmones y el ritmo de sus zancadas disipaba las preocupaciones del día anterior. Para él, aquellas mañanas eran un refugio sagrado, un espacio donde nadie le exigía nada y donde, kilómetro a kilómetro, reconstruía su paz interior.
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  • — Hay belleza en las cenizas de un corazón que ardió por aquello que amaba…— Hoy, la grieta había decidió liberarme de las penalizaciones. Pero nada en este mundo es un regalo, todo exige un precio, al menos para nosotros, los vitralis. A cambio, debía hacer un intercambio con el mar.

    No pude fingir que no dolió.

    Sentí cómo algo en mi interior era arrancado con la misma suavidad cruel con la que las olas reclaman lo que les pertenece. Vaciló mi aliento, y por un instante, mi propia grieta tembló, como si también dudara de entregarse. Pero aun así, extendí las manos.

    Fue el costo a pagar.

    Y mientras el mar aceptaba mi ofrenda en silencio, comprendí que, por primera vez, no era yo quien sanaba la herida… sino quien debía aprender a sobrevivir con el vacío que dejaban en mi alma.
    — Hay belleza en las cenizas de un corazón que ardió por aquello que amaba…— Hoy, la grieta había decidió liberarme de las penalizaciones. Pero nada en este mundo es un regalo, todo exige un precio, al menos para nosotros, los vitralis. A cambio, debía hacer un intercambio con el mar. No pude fingir que no dolió. Sentí cómo algo en mi interior era arrancado con la misma suavidad cruel con la que las olas reclaman lo que les pertenece. Vaciló mi aliento, y por un instante, mi propia grieta tembló, como si también dudara de entregarse. Pero aun así, extendí las manos. Fue el costo a pagar. Y mientras el mar aceptaba mi ofrenda en silencio, comprendí que, por primera vez, no era yo quien sanaba la herida… sino quien debía aprender a sobrevivir con el vacío que dejaban en mi alma.
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  • —A veces hace falta tomarse unos días libres. Un poco de silencio, sol, nadie jodiendo. Y encima el paisaje mola. —
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  • Había lamentado el hecho de no asistir a la ópera junto a aquella mujer que parecía ser una compañía interesante: Rowan Blackthorn , quien con cautiva presencia semejante al de una intrigante sirena había llamado su atención desde el primer contacto.

    Su resaltada belleza no era lo que le atraía en primer lugar, sino aquel particular aroma que había despertado el apetito en sus sentidos. La piel tersa y el cuerpo ejercitado propiciaban calidad de sabor, según sus propios estándares, y ella cumplía con ambos, por lo que su hambre se había visto desatado en aquel primer encuentro. Sin embargo, un poco de diversión previa no sería un problema, ¿cierto?

    Como había prometido en aquella segunda carta enviada: compensaría su ausencia con una cena. Por lo tanto, ya había terminado de arreglarse e iba con algo de tiempo de sobra, sellando su gracia magnética con la cantidad adecuada de perfume y acomodando su plateado reloj de muñeca. Con el paso elegante de un felino y dejando tras de sí el eco de su andar, ya se había aproximado al oscuro automóvil para ir a buscar a su cita.

    Puntual, no había de otra. Era un hombre puntual y comprometido, no fallaría en esta oportunidad única que la fémina le había otorgado con su afirmación. Salió del auto con el mismo porte de su andar, una presencia elegante y serena que resaltaba por sí sola. Su blanca piel contrastaba perfectamente con la oscuridad que lo adornaba: sus ojos, cabellos y traje tan negros como la propia noche. Cabe destacar que no es un hombre pretencioso, sino todo lo contrario, es sencillo aunque le guste disfrutar sin medida de los mejores placeres, mantenía un perfil calmado y muchas veces rebosaba simpatía y gracia, aunque fuesen habilidades adoptadas por su personalidad camaleónica.

    Finalmente, ante la puerta de la vivienda (previamente escaneada) llamó a esta tres veces, cada golpe entre una pausa breve, evitando ser estridente. Silencio y espera, se mantenía firme frente a la residencia con la paciencia intacta y la curiosidad gobernando su mirada.
    Había lamentado el hecho de no asistir a la ópera junto a aquella mujer que parecía ser una compañía interesante: [rowan_the_seer] , quien con cautiva presencia semejante al de una intrigante sirena había llamado su atención desde el primer contacto. Su resaltada belleza no era lo que le atraía en primer lugar, sino aquel particular aroma que había despertado el apetito en sus sentidos. La piel tersa y el cuerpo ejercitado propiciaban calidad de sabor, según sus propios estándares, y ella cumplía con ambos, por lo que su hambre se había visto desatado en aquel primer encuentro. Sin embargo, un poco de diversión previa no sería un problema, ¿cierto? Como había prometido en aquella segunda carta enviada: compensaría su ausencia con una cena. Por lo tanto, ya había terminado de arreglarse e iba con algo de tiempo de sobra, sellando su gracia magnética con la cantidad adecuada de perfume y acomodando su plateado reloj de muñeca. Con el paso elegante de un felino y dejando tras de sí el eco de su andar, ya se había aproximado al oscuro automóvil para ir a buscar a su cita. Puntual, no había de otra. Era un hombre puntual y comprometido, no fallaría en esta oportunidad única que la fémina le había otorgado con su afirmación. Salió del auto con el mismo porte de su andar, una presencia elegante y serena que resaltaba por sí sola. Su blanca piel contrastaba perfectamente con la oscuridad que lo adornaba: sus ojos, cabellos y traje tan negros como la propia noche. Cabe destacar que no es un hombre pretencioso, sino todo lo contrario, es sencillo aunque le guste disfrutar sin medida de los mejores placeres, mantenía un perfil calmado y muchas veces rebosaba simpatía y gracia, aunque fuesen habilidades adoptadas por su personalidad camaleónica. Finalmente, ante la puerta de la vivienda (previamente escaneada) llamó a esta tres veces, cada golpe entre una pausa breve, evitando ser estridente. Silencio y espera, se mantenía firme frente a la residencia con la paciencia intacta y la curiosidad gobernando su mirada.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Diario del Príncipe Dimitri

    Desde que he llegado a este lugar, me he topado con personas verdaderamente interesantes. Aún desconozco qué fuerza o designio me trajo hasta aquí, sin embargo, estoy decidido a dar todo de mí para regresar algún día a mis tierras. No importa cuánto deba soportar o aprender en el proceso, mi determinación permanecera intacta

    Por ahora, me complace admitir que no he estado solo. He encontrado camaradas dignos de confianza, posibles amigos e incluso he tenido uno que otro encuentro tan intrigante como revelador. El peligro aguarda, lo percibo en el ambiente…pero estaré listo

    El conocimiento que estoy adquiriendo aquí es invaluable. Las costumbres, las técnicas, las estrategias e incluso las distintas formas de pensar de quienes habitan este sitio amplían mi perspectiva más de lo que habría imaginado. Quizás, cuando llegue el día de volver a casa, pueda aplicar al menos la mitad de lo aprendido. Si así fuera, no habría sido en vano mi estancia

    A veces me pregunto si soy el único que ha sido arrastrado hasta aquí. ¿Habrá otros como yo? ¿Alguno de mis antiguos compañeros o maestros habrá corrido la misma suerte? La posibilidad no es descabellada. Hasta ahora, solo me he encontrado con un rostro conocido… y ese pequeño vínculo con mi pasado ha traído una calma inesperada a mi corazón

    Confieso que dudé antes de comenzar a escribir estas líneas. No estoy acostumbrado a volcar mis pensamientos en papel. Sin embargo, hacerlo me concede una extraña serenidad, como si al ordenar mis ideas también lograra ordenar mis emociones. Tal vez este diario se convierta en un refugio silencioso mientras atravieso lo desconocido.
    Diario del Príncipe Dimitri Desde que he llegado a este lugar, me he topado con personas verdaderamente interesantes. Aún desconozco qué fuerza o designio me trajo hasta aquí, sin embargo, estoy decidido a dar todo de mí para regresar algún día a mis tierras. No importa cuánto deba soportar o aprender en el proceso, mi determinación permanecera intacta Por ahora, me complace admitir que no he estado solo. He encontrado camaradas dignos de confianza, posibles amigos e incluso he tenido uno que otro encuentro tan intrigante como revelador. El peligro aguarda, lo percibo en el ambiente…pero estaré listo El conocimiento que estoy adquiriendo aquí es invaluable. Las costumbres, las técnicas, las estrategias e incluso las distintas formas de pensar de quienes habitan este sitio amplían mi perspectiva más de lo que habría imaginado. Quizás, cuando llegue el día de volver a casa, pueda aplicar al menos la mitad de lo aprendido. Si así fuera, no habría sido en vano mi estancia A veces me pregunto si soy el único que ha sido arrastrado hasta aquí. ¿Habrá otros como yo? ¿Alguno de mis antiguos compañeros o maestros habrá corrido la misma suerte? La posibilidad no es descabellada. Hasta ahora, solo me he encontrado con un rostro conocido… y ese pequeño vínculo con mi pasado ha traído una calma inesperada a mi corazón Confieso que dudé antes de comenzar a escribir estas líneas. No estoy acostumbrado a volcar mis pensamientos en papel. Sin embargo, hacerlo me concede una extraña serenidad, como si al ordenar mis ideas también lograra ordenar mis emociones. Tal vez este diario se convierta en un refugio silencioso mientras atravieso lo desconocido.
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  • ♧ ¿Ahora te doy miedo? Por favor… no haría nada… a menos que tengas oscuras intenciones al acercarte. En ese caso, sí te destriparía (?) -Últimamente había permanecido entre las sombras, cada paso, cada silencio, tenía un propósito, recuperar el territorio que alguna vez le perteneció. El caos se acercaba cada vez más… y eso, eso encendía su alma. La hacía arder. La despertaba.

    Que tiemblen, entonces. Porque de las sombras no surge la duda… surge el juicio.





    // Lamento la ausencia. No me morí por si las dudas (?) JAJA. La vida de adulto...
    ♧ ¿Ahora te doy miedo? Por favor… no haría nada… a menos que tengas oscuras intenciones al acercarte. En ese caso, sí te destriparía (?) -Últimamente había permanecido entre las sombras, cada paso, cada silencio, tenía un propósito, recuperar el territorio que alguna vez le perteneció. El caos se acercaba cada vez más… y eso, eso encendía su alma. La hacía arder. La despertaba. Que tiemblen, entonces. Porque de las sombras no surge la duda… surge el juicio. // Lamento la ausencia. No me morí por si las dudas (?) JAJA. La vida de adulto...
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  • Nuestra boda "Darküs y Aiko"
    Fandom OC
    Categoría Romance
    El lago descansaba en silencio, como si incluso la naturaleza entendiera que aquella no era una mañana cualquiera. El agua, tranquila, reflejaba el cielo con una suavidad casi irreal, mientras la brisa ligera se deslizaba entre las flores blancas que custodiaban el camino.

    Cada asiento aguardaba.

    Cada pétalo parecía colocado con una precisión casi ceremonial.

    No había prisa. No había ruido. Solo esa calma extraña que precede a los momentos que cambian una vida.

    Porque ahí, frente a aquel paisaje que parecía suspendido en el tiempo, no se celebraba solo una boda.

    Se celebraba una elección.

    Aiko y Darkus no llegaron a ese instante por casualidad, ni por un romance efímero nacido del capricho. Su historia había conocido dudas, distancias, silencios… y aun así, contra toda lógica razonable, persistió.

    Como hacen las cosas que realmente importan.

    Entre flores blancas, bajo un cielo cómplice y con el lago como testigo mudo, el mundo parecía contener la respiración.

    El comienzo no siempre llega con estruendo.

    A veces llega en forma de promesa.

    Y esta… estaba a punto de pronunciarse.
    El lago descansaba en silencio, como si incluso la naturaleza entendiera que aquella no era una mañana cualquiera. El agua, tranquila, reflejaba el cielo con una suavidad casi irreal, mientras la brisa ligera se deslizaba entre las flores blancas que custodiaban el camino. Cada asiento aguardaba. Cada pétalo parecía colocado con una precisión casi ceremonial. No había prisa. No había ruido. Solo esa calma extraña que precede a los momentos que cambian una vida. Porque ahí, frente a aquel paisaje que parecía suspendido en el tiempo, no se celebraba solo una boda. Se celebraba una elección. Aiko y Darkus no llegaron a ese instante por casualidad, ni por un romance efímero nacido del capricho. Su historia había conocido dudas, distancias, silencios… y aun así, contra toda lógica razonable, persistió. Como hacen las cosas que realmente importan. Entre flores blancas, bajo un cielo cómplice y con el lago como testigo mudo, el mundo parecía contener la respiración. El comienzo no siempre llega con estruendo. A veces llega en forma de promesa. Y esta… estaba a punto de pronunciarse.
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