• ❝ El grupo tenía razon, habían escapado y la Terminal estaba perdida, pero… ¿acaso aquellos malnacidos no llevaban haciendo esas barbaridades a todo el que se habia cruzado con ellos?

    Pero, cualquier duda en la mente de Daryl se esfumó cuando escuchó unos pasos en el bosque, a su espalda. Y los ojos azules del arquero se encontraron directamente con la figura de Carol Peletier. Allí. De pie. Armada con mas armas de las que un ser humano podía cargar. Cansada y con el rostro aun manchado de barro que no habia logrado limpiar del todo. Pero era ella. Carol. A la que Rick habia echado de la prisión semanas atrás tras enterarse de lo que ella habia hecho con Karen y David para tratar de evitar el brote de gripe. Daryl no lo dudó. Siquiera pensó. Y, aunque hubiera deseado ver a Kate allí, era Carol. Y la queria. Era su mejor amiga. Y la habia dado por perdida… Y ahora estaba allí. Cubrió la distancia entre los dos en una corta carrera y la estrechó rápidamente entre los brazos, enterrando su rostro en el hombro de la mujer porque no era demasiado dado a que nadie viera su parte mas emocional. Esa que solo habia logrado sacar con las tres mujeres que habían marcado su vida: Kate, Carol y Beth.

    Se resistía a soltarla ni a dejarla ir, como si soltarla en ese momento fuera a hacerla desaparecer de nuevo. Y no podía arriesgarse a aquello. No otra vez.

    Tan solo se apartó cuando escuchó las pisadas de Rick a su espalda y buscó un espacio donde poder recomponerse.

    -¿Has sido tu? -preguntó Rick.

    Carol asintió imperceptiblemente.

    -Y Kate…

    Daryl la miró rápidamente mientras la mujer abrazaba al líder del grupo y luego miró a su alrededor, buscando a Kate con la mirada.

    -¿Dónde…? ¿Dónde está? -preguntó sintiendo que su corazón estaba a punto de escapársele del pecho.

    Y entonces… la vio. Allí. De pie. Agotada tambien. Con evidentes signos de haberlo pasado bastante mal a juzgar por la postura de su cuerpo. Demasiado pequeña y demasiado grande al mismo tiempo. Se quedó clavado en el sitio dando gracias mentalmente a quien todavia quedara observando aquel mundo podrido. Y cuando vio como Kate caminaba hacia él con evidentes signos de un dolor físico que Daryl no pudo apreciar a simple vista, fue él quien llegó hasta ella y tomó su rostro entre sus manos sin poder contener la emoción por verla, dándole igual que ella lo viera llorar.

    -Sabia que eras tú -dijo viendo el fusil de francotirador a la espalda de ella- Tenías que ser tu…

    Apoyó su frente contra la de Kate, solo para respirar el mismo aire que ella. Su aliento, su respiración entrecortada y jadeante, emocionada como la de él. Porque solo asi sintió que él podía volver a respirar de nuevo. Desde que la prisión habia caído habia sentido que una parte de si mismo nunca regresaría. Y volver a ver a Kate y a Carol habia reconstruido aquel vacío a una velocidad tan grande que daba vértigo.

    -Tenías que ser tú…- repitió como un mantra antes de buscar un beso en los labios de la mujer de su vida. Rodeó la cintura de Kate con sus brazos estrechándola contra sí. Y fue entonces cuando se dio cuenta del vendaje a su espalda, asi que se esforzó por tratar de no hacerle daño. Pero aun asi se meció con ella levemente. Y solo cuando Carol avisó de que tenían que acompañarla fue capaz de soltar a Kate para dejar que los demás la abrazaran también.❞


    ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 Kate Blake
    ❝ El grupo tenía razon, habían escapado y la Terminal estaba perdida, pero… ¿acaso aquellos malnacidos no llevaban haciendo esas barbaridades a todo el que se habia cruzado con ellos? Pero, cualquier duda en la mente de Daryl se esfumó cuando escuchó unos pasos en el bosque, a su espalda. Y los ojos azules del arquero se encontraron directamente con la figura de Carol Peletier. Allí. De pie. Armada con mas armas de las que un ser humano podía cargar. Cansada y con el rostro aun manchado de barro que no habia logrado limpiar del todo. Pero era ella. Carol. A la que Rick habia echado de la prisión semanas atrás tras enterarse de lo que ella habia hecho con Karen y David para tratar de evitar el brote de gripe. Daryl no lo dudó. Siquiera pensó. Y, aunque hubiera deseado ver a Kate allí, era Carol. Y la queria. Era su mejor amiga. Y la habia dado por perdida… Y ahora estaba allí. Cubrió la distancia entre los dos en una corta carrera y la estrechó rápidamente entre los brazos, enterrando su rostro en el hombro de la mujer porque no era demasiado dado a que nadie viera su parte mas emocional. Esa que solo habia logrado sacar con las tres mujeres que habían marcado su vida: Kate, Carol y Beth. Se resistía a soltarla ni a dejarla ir, como si soltarla en ese momento fuera a hacerla desaparecer de nuevo. Y no podía arriesgarse a aquello. No otra vez. Tan solo se apartó cuando escuchó las pisadas de Rick a su espalda y buscó un espacio donde poder recomponerse. -¿Has sido tu? -preguntó Rick. Carol asintió imperceptiblemente. -Y Kate… Daryl la miró rápidamente mientras la mujer abrazaba al líder del grupo y luego miró a su alrededor, buscando a Kate con la mirada. -¿Dónde…? ¿Dónde está? -preguntó sintiendo que su corazón estaba a punto de escapársele del pecho. Y entonces… la vio. Allí. De pie. Agotada tambien. Con evidentes signos de haberlo pasado bastante mal a juzgar por la postura de su cuerpo. Demasiado pequeña y demasiado grande al mismo tiempo. Se quedó clavado en el sitio dando gracias mentalmente a quien todavia quedara observando aquel mundo podrido. Y cuando vio como Kate caminaba hacia él con evidentes signos de un dolor físico que Daryl no pudo apreciar a simple vista, fue él quien llegó hasta ella y tomó su rostro entre sus manos sin poder contener la emoción por verla, dándole igual que ella lo viera llorar. -Sabia que eras tú -dijo viendo el fusil de francotirador a la espalda de ella- Tenías que ser tu… Apoyó su frente contra la de Kate, solo para respirar el mismo aire que ella. Su aliento, su respiración entrecortada y jadeante, emocionada como la de él. Porque solo asi sintió que él podía volver a respirar de nuevo. Desde que la prisión habia caído habia sentido que una parte de si mismo nunca regresaría. Y volver a ver a Kate y a Carol habia reconstruido aquel vacío a una velocidad tan grande que daba vértigo. -Tenías que ser tú…- repitió como un mantra antes de buscar un beso en los labios de la mujer de su vida. Rodeó la cintura de Kate con sus brazos estrechándola contra sí. Y fue entonces cuando se dio cuenta del vendaje a su espalda, asi que se esforzó por tratar de no hacerle daño. Pero aun asi se meció con ella levemente. Y solo cuando Carol avisó de que tenían que acompañarla fue capaz de soltar a Kate para dejar que los demás la abrazaran también.❞ ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 [KateBlake] ⸻
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  • ★Stelarium

    El polvo de estrellas lo pueden ver pocas personas. Es raro que se muestre a uno de los signos, pero Leo lo podía observar e incluso tocar. El polvo de estrellas había aparecido justo delante suyo, así que no dudó en extender sus palmas e intentar sostenerlo, pero el polvo desaparecía al tocar su piel. Quizás no eran compatibles.

    Levantó una ceja y ladeó su rostro observándolo caer a su alrededor, luego de repente tuvo un pensamiento que le disgustó.

    — Debe ser alguna broma de Géminis.

    Dijo en voz baja con cierto recelo. Decidió ignorar el polvo brillante que caía sin timidez, volviendo la noche hermosa y luminosa, pero no estaba dispuesto a darle atención a alguna de esas travesuras de ese signo estúpido. Continuó su camino por el bosque buscando su propio interés.
    ★Stelarium El polvo de estrellas lo pueden ver pocas personas. Es raro que se muestre a uno de los signos, pero Leo lo podía observar e incluso tocar. El polvo de estrellas había aparecido justo delante suyo, así que no dudó en extender sus palmas e intentar sostenerlo, pero el polvo desaparecía al tocar su piel. Quizás no eran compatibles. Levantó una ceja y ladeó su rostro observándolo caer a su alrededor, luego de repente tuvo un pensamiento que le disgustó. — Debe ser alguna broma de Géminis. Dijo en voz baja con cierto recelo. Decidió ignorar el polvo brillante que caía sin timidez, volviendo la noche hermosa y luminosa, pero no estaba dispuesto a darle atención a alguna de esas travesuras de ese signo estúpido. Continuó su camino por el bosque buscando su propio interés.
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  • -Fria e inespresiva, se detuvo mirando, nuevamente opto por cambiar de look, pero su mirada sigue siendo la misma, una llena de vacío y dolor, soledad.

    Pese que su rostro no mostraba signos de algún sentimiento, su ojos mostraban lo que ella callaba.

    Una mirada no es capaz de engañar a nadie, en su pecho aun arde ese dolor de haber perdido alguien que no deseaba perder, por quien sería capaz de cualquier cosa hasta dar su vida... Pero ya no estaba a su lado.

    Ese mismo dolor, llamo a la oscuridad y la consumieron hasta que perdió su "armonía", sus sentimientos ahora inestables, es lo que le queda ahora.

    Solo es la sombra de lo que alguna vez fue. -
    -Fria e inespresiva, se detuvo mirando, nuevamente opto por cambiar de look, pero su mirada sigue siendo la misma, una llena de vacío y dolor, soledad. Pese que su rostro no mostraba signos de algún sentimiento, su ojos mostraban lo que ella callaba. Una mirada no es capaz de engañar a nadie, en su pecho aun arde ese dolor de haber perdido alguien que no deseaba perder, por quien sería capaz de cualquier cosa hasta dar su vida... Pero ya no estaba a su lado. Ese mismo dolor, llamo a la oscuridad y la consumieron hasta que perdió su "armonía", sus sentimientos ahora inestables, es lo que le queda ahora. Solo es la sombra de lo que alguna vez fue. -
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  • – “Ruido Blanco”
    Nombre: Circe
    Edad: 21 años
    Signos: Auriculares grandes, tinta en la piel, mirada de mil silencios.
    Playlist favorita: Una mezcla entre Nirvana, Mitski y audios de notas de voz que nunca mandó.

    Circe vive en una habitación blanca y agrietada, como su alma.
    Se sienta en el suelo con los audífonos puestos, no para escuchar música, sino para no oír sus propios pensamientos.
    Graba audios sin enviarlos. Escribe mensajes sin nombre. Se mira al espejo como si buscara a alguien más.

    Tiene el corazón lleno de nombres que ya no pronuncia.

    Los tatuajes en sus brazos no son moda, son recuerdos:
    ✦ Uno por cada promesa que le rompieron.
    ✦ Uno por cada noche en que lloró fingiendo estar bien en una videollamada.
    ✦ Uno por ella misma, el día que casi no regresa.

    Y aún así…

    Circe es fuerte.
    No en el sentido de que no se cae, sino en el de que sabe cómo levantarse sola sin que nadie se dé cuenta.
    Nadie la ha visto llorar en persona. Solo su reflejo, y a veces… el chico de la ventana del edificio de enfrente.

    —"Si no puedes oírme, al menos mírame. Aquí sigo."
    – “Ruido Blanco” Nombre: Circe Edad: 21 años Signos: Auriculares grandes, tinta en la piel, mirada de mil silencios. Playlist favorita: Una mezcla entre Nirvana, Mitski y audios de notas de voz que nunca mandó. Circe vive en una habitación blanca y agrietada, como su alma. Se sienta en el suelo con los audífonos puestos, no para escuchar música, sino para no oír sus propios pensamientos. Graba audios sin enviarlos. Escribe mensajes sin nombre. Se mira al espejo como si buscara a alguien más. Tiene el corazón lleno de nombres que ya no pronuncia. Los tatuajes en sus brazos no son moda, son recuerdos: ✦ Uno por cada promesa que le rompieron. ✦ Uno por cada noche en que lloró fingiendo estar bien en una videollamada. ✦ Uno por ella misma, el día que casi no regresa. Y aún así… Circe es fuerte. No en el sentido de que no se cae, sino en el de que sabe cómo levantarse sola sin que nadie se dé cuenta. Nadie la ha visto llorar en persona. Solo su reflejo, y a veces… el chico de la ventana del edificio de enfrente. —"Si no puedes oírme, al menos mírame. Aquí sigo."
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  • '╭❥ ¿Crees que la feminidad y la sensibilidad son signos de debilidad? Qué equivocado estás, estar en contacto con las emociones y ser empática con los dos demás me permite percibir el mundo de una manera que jamás podrás experimentar pues, tu ser egocentrista te impide ver mas allá de tus narices.
    '╭❥ ¿Crees que la feminidad y la sensibilidad son signos de debilidad? Qué equivocado estás, estar en contacto con las emociones y ser empática con los dos demás me permite percibir el mundo de una manera que jamás podrás experimentar pues, tu ser egocentrista te impide ver mas allá de tus narices.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Si decido reabrir el fandom de los signos celtas, alguien regresaría?
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  • - Kremlin Rusia, fue a encontrarse con unos directores de un grupo de maquinaria pesada. En la reunión había un invitado que no estaba en la lista pero pensó que venía con uno de los directores, su nombre @Dominus Umbra Eterna. La joven ño mantuvo en su radar ya que tenía la misma energía que ella , "¿Era un demonio o una sombra?" pensó la joven mientras movía su bolígrafo. La habitación era inundada de la proyección de uno de los empresarios que indicaba estadística y números, la mujer tomo el vaso de agua para beber un poco de este, realmente estás presentaciones le aburrían de sobremanera -

    Pueden ir al grano, ¿Cuánta perdida habrá en 3 años, y quien asumirá esa perdida?

    - miro a uno de los directores y luego a otro para que le respondieran , mientras ella escribía en su cuaderno de nota signos de preguntas , "¿Nadie le daría una respuesta concreta?, esto si es una perdida de tiempo" suspiro la joven algo decepcionada -
    - Kremlin Rusia, fue a encontrarse con unos directores de un grupo de maquinaria pesada. En la reunión había un invitado que no estaba en la lista pero pensó que venía con uno de los directores, su nombre @[UmbraEterna]. La joven ño mantuvo en su radar ya que tenía la misma energía que ella , "¿Era un demonio o una sombra?" pensó la joven mientras movía su bolígrafo. La habitación era inundada de la proyección de uno de los empresarios que indicaba estadística y números, la mujer tomo el vaso de agua para beber un poco de este, realmente estás presentaciones le aburrían de sobremanera - Pueden ir al grano, ¿Cuánta perdida habrá en 3 años, y quien asumirá esa perdida? - miro a uno de los directores y luego a otro para que le respondieran , mientras ella escribía en su cuaderno de nota signos de preguntas , "¿Nadie le daría una respuesta concreta?, esto si es una perdida de tiempo" suspiro la joven algo decepcionada -
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  • Ubicación: Bosque estatal de ██████.
    Misión: Reconocimiento.
    Equipo: Bravo-1.
    Hora: 06:33 AM.

    Cada metro del corredor que recorrían era idéntico al anterior: paredes de papel tapiz florido, lámparas colgantes con luz cálida, alfombra impecable. Sólo cuando giraron hacia una repentina puerta lateral el equipo lo notó. Las puertas estaban fijas, eran falsas, estaban pintadas y las perillas eran de yeso.

    — Esto no tiene sentido —gruñó Rourke, golpeando la pared con la culata del fusil.

    — Aquí Bravo-1 en el objetivo. Se trata de una... anomalía estructural no reconocida, ¿Me copia? —Spider tocó el intercomunicador.

    Estática. Luego, nada. Viper alzó una mano.

    — Avancemos. No se separen. Regla de oro: nadie responde si escucha su nombre.

    — ¿Por qué alguien escucharía su nombre? —preguntó Dorsey.

    Viper no respondió.

    Caminaron otros diez minutos hasta que la luz se apagó. Fueron tres segundos de oscuridad total y cuando volvió… Mason ya no estaba.

    — ¿Mason? —susurró Rourke, girando sobre sí mismo—. ¡Mason!

    Sólo se escuchaba su propia voz. Ni un sólo disparo, ni un grito. Viper escaneó la zona. No había signos de lucha. Ninguna huella. Como si Mason jamás hubiera estado ahí.

    La angustia se coló como un pinchazo en el pecho de Viper, pero no permitió que fuera por mucho.

    — No se detengan —tenía que sacarlos de ahí.

    Spider comenzó a respirar por la boca. Dorsey murmuraba para sí mismo.

    Siguieron caminando. Al cabo de cinco minutos y un breve apagón más... la casa volvió a cambiar. Ya no era una mansión, ahora estaban en un pasillo de hospital de luces parpadeantes, paredes blancas, carteles de salidas de emergencia. Pero no había puertas.

    — Nos está jodiendo... —la voz de Rourke tembló—. Esto no es real... Esto no puede ser real.

    Viper intentó contenerle, quiso evitar que el miedo se apoderara de él.

    — ¡Rourke! —Demasiado tarde.

    La luz sobre él se apagó solo un instante. Y cuando regresó… Rourke se había ido.

    — ¡Hijo de puta! —Spider dio dos pasos atrás.

    — No puedo… no puedo seguir... —Dorsey cayó de rodillas.

    Viper se agachó frente a él.

    — Sí puedes. Tienes que hacerlo. De pie.

    Dorsey obedeció quizás por reflejo o por respeto... o por miedo.
    Siguieron avanzando.

    En una pared del pasillo apareció un ventanal, varias camillas vacías y desacomodadas se veían a través del cristal. No había puertas, pero tras un parpadeo más de las luces, Dorsey apareció del otro lado.

    — ¿Dorsey? —Viper miró a su alrededor, aquello no era una ilusión—. ¡Dorsey! —Golpeó el ventanal con los puños.

    Dorsey golpeaba desde el otro lado con desesperación.

    — Voy a sacarte de ahí —dijo Viper.

    Pero el cristal fue mutando poco a poco, hasta convertirse en pared. El ventanal había desaparecido.

    — ¡Dorsey!

    Ya sólo quedaban dos.

    Spider estaba en shock, sus años de experiencia le servían para nada bajo estas circunstancias. Murmuraba los nombres de los caídos mientras se sostenía en la pared para no desplomarse.

    — ¡Tenemos que salir! ¡Tenemos que…!

    Y se detuvo.

    Viper lo volteó a ver.

    Spider estaba mirando una puerta roja en la pared, justo a su lado. Su nombre real estaba grabado en ella con letras infantiles y colores brillantes.

    — ¿Qué…? —Spider miraba la puerta con espanto, pero también con anhelo.

    Antes de que Viper pudiera impedirlo o siquiera advertirle, Spider la abrió.

    La habitación era un dormitorio infantil. Había fotografías de su infancia sobre una mesita de noche, dibujos pegados en las paredes. Ecos de las voces de sus padres venían de todas y ninguna parte, sonidos distantes de risas les seguían.

    — ¡Spider, no!

    Spider dio un paso dentro… y desapareció. La puerta se cerró sola. Viper quiso abrirla, pero el pomo de yeso no giró.

    La puerta era falsa.

    Viper se quedó quieto. Respiró hondo, apretó la mandíbula... y avanzó.

    Ahora solo quedaba él.
    Ubicación: Bosque estatal de ██████. Misión: Reconocimiento. Equipo: Bravo-1. Hora: 06:33 AM. Cada metro del corredor que recorrían era idéntico al anterior: paredes de papel tapiz florido, lámparas colgantes con luz cálida, alfombra impecable. Sólo cuando giraron hacia una repentina puerta lateral el equipo lo notó. Las puertas estaban fijas, eran falsas, estaban pintadas y las perillas eran de yeso. — Esto no tiene sentido —gruñó Rourke, golpeando la pared con la culata del fusil. — Aquí Bravo-1 en el objetivo. Se trata de una... anomalía estructural no reconocida, ¿Me copia? —Spider tocó el intercomunicador. Estática. Luego, nada. Viper alzó una mano. — Avancemos. No se separen. Regla de oro: nadie responde si escucha su nombre. — ¿Por qué alguien escucharía su nombre? —preguntó Dorsey. Viper no respondió. Caminaron otros diez minutos hasta que la luz se apagó. Fueron tres segundos de oscuridad total y cuando volvió… Mason ya no estaba. — ¿Mason? —susurró Rourke, girando sobre sí mismo—. ¡Mason! Sólo se escuchaba su propia voz. Ni un sólo disparo, ni un grito. Viper escaneó la zona. No había signos de lucha. Ninguna huella. Como si Mason jamás hubiera estado ahí. La angustia se coló como un pinchazo en el pecho de Viper, pero no permitió que fuera por mucho. — No se detengan —tenía que sacarlos de ahí. Spider comenzó a respirar por la boca. Dorsey murmuraba para sí mismo. Siguieron caminando. Al cabo de cinco minutos y un breve apagón más... la casa volvió a cambiar. Ya no era una mansión, ahora estaban en un pasillo de hospital de luces parpadeantes, paredes blancas, carteles de salidas de emergencia. Pero no había puertas. — Nos está jodiendo... —la voz de Rourke tembló—. Esto no es real... Esto no puede ser real. Viper intentó contenerle, quiso evitar que el miedo se apoderara de él. — ¡Rourke! —Demasiado tarde. La luz sobre él se apagó solo un instante. Y cuando regresó… Rourke se había ido. — ¡Hijo de puta! —Spider dio dos pasos atrás. — No puedo… no puedo seguir... —Dorsey cayó de rodillas. Viper se agachó frente a él. — Sí puedes. Tienes que hacerlo. De pie. Dorsey obedeció quizás por reflejo o por respeto... o por miedo. Siguieron avanzando. En una pared del pasillo apareció un ventanal, varias camillas vacías y desacomodadas se veían a través del cristal. No había puertas, pero tras un parpadeo más de las luces, Dorsey apareció del otro lado. — ¿Dorsey? —Viper miró a su alrededor, aquello no era una ilusión—. ¡Dorsey! —Golpeó el ventanal con los puños. Dorsey golpeaba desde el otro lado con desesperación. — Voy a sacarte de ahí —dijo Viper. Pero el cristal fue mutando poco a poco, hasta convertirse en pared. El ventanal había desaparecido. — ¡Dorsey! Ya sólo quedaban dos. Spider estaba en shock, sus años de experiencia le servían para nada bajo estas circunstancias. Murmuraba los nombres de los caídos mientras se sostenía en la pared para no desplomarse. — ¡Tenemos que salir! ¡Tenemos que…! Y se detuvo. Viper lo volteó a ver. Spider estaba mirando una puerta roja en la pared, justo a su lado. Su nombre real estaba grabado en ella con letras infantiles y colores brillantes. — ¿Qué…? —Spider miraba la puerta con espanto, pero también con anhelo. Antes de que Viper pudiera impedirlo o siquiera advertirle, Spider la abrió. La habitación era un dormitorio infantil. Había fotografías de su infancia sobre una mesita de noche, dibujos pegados en las paredes. Ecos de las voces de sus padres venían de todas y ninguna parte, sonidos distantes de risas les seguían. — ¡Spider, no! Spider dio un paso dentro… y desapareció. La puerta se cerró sola. Viper quiso abrirla, pero el pomo de yeso no giró. La puerta era falsa. Viper se quedó quieto. Respiró hondo, apretó la mandíbula... y avanzó. Ahora solo quedaba él.
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  • No hay nada más ruidoso que un “haber” donde debió ir un “a ver”. Nada más violento que una frase decapitada por comas en huelga. La ignorancia no siempre grita: a veces susurra desde una pantalla, desde un perfil lleno de opiniones disfrazadas de certezas y errores vestidos con indiferencia.

    Hay quienes se jactan de su autenticidad mientras degüellan la lengua con cada palabra mal escrita. Creen que la forma no importa, que el fondo se sostiene solo. Pero el fondo, sin forma, se pudre. ¿Cómo respetar un pensamiento que no sabe sostenerse sobre un verbo correctamente conjugado?

    El analfabeto sutil no es aquel que nunca aprendió, sino el que pudo haber aprendido y decidió no hacerlo. El que presume ideas sin las herramientas para expresarlas. El que ignora que escribir con corrección no es elitismo, sino respeto: por uno mismo y por quien te lee.

    Y así, entre tildes ausentes, signos huérfanos y confusiones básicas, la decadencia se disfraza de libertad. No es rebeldía, es renuncia. No es autenticidad, es pereza. Porque quien no sabe escribir, tampoco sabe pensar con claridad. La lengua no solo comunica: ordena el mundo.

    Y si el lenguaje es el mapa del pensamiento, muchos están perdidos sin saberlo.
    No hay nada más ruidoso que un “haber” donde debió ir un “a ver”. Nada más violento que una frase decapitada por comas en huelga. La ignorancia no siempre grita: a veces susurra desde una pantalla, desde un perfil lleno de opiniones disfrazadas de certezas y errores vestidos con indiferencia. Hay quienes se jactan de su autenticidad mientras degüellan la lengua con cada palabra mal escrita. Creen que la forma no importa, que el fondo se sostiene solo. Pero el fondo, sin forma, se pudre. ¿Cómo respetar un pensamiento que no sabe sostenerse sobre un verbo correctamente conjugado? El analfabeto sutil no es aquel que nunca aprendió, sino el que pudo haber aprendido y decidió no hacerlo. El que presume ideas sin las herramientas para expresarlas. El que ignora que escribir con corrección no es elitismo, sino respeto: por uno mismo y por quien te lee. Y así, entre tildes ausentes, signos huérfanos y confusiones básicas, la decadencia se disfraza de libertad. No es rebeldía, es renuncia. No es autenticidad, es pereza. Porque quien no sabe escribir, tampoco sabe pensar con claridad. La lengua no solo comunica: ordena el mundo. Y si el lenguaje es el mapa del pensamiento, muchos están perdidos sin saberlo.
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  • //Un vistazo al futuro. Un despedida. Escena de rol con Kazuo

    "El hermoso atardecer... Preludio del inevitable ocaso que a casi todos llega."

    Los años fueron pasando y con estos, miles y diversos momentos, tanto buenos como malos.
    La senda fue dura y en algunos momentos pensó que su fuerza flaquearía haciéndole desistir, perder. Pero no ocurrió, no podía darse por vencido después de tantos sacrificios y tantas batallas. Después de las incontables veces que recibió ayuda de los que llegó a considerar sus seres queridos, no iba a tirar todo eso por la borda.

    Y hablando de sus seres queridos... Kazuo. Ese kitsune que conoció por obra del azar o quizá fue el destino. Sus inicios quizá no fueron los mejores pues la desconfianza de Shinobu no permitía a nadie acercarse a él. Pero ese hombre logró ir derribando sus barreras y no solo ganarse la confianza y respeto del joven lobo, también su cariño y amistad.

    Tal como Kazuo le prometió, se mantuvo a su lado hasta que lograsen enderezar su vida, conseguir que Shinobu pudiera vivir tranquilo sin temer por su vida a cada segundo de esta. Y lo consiguieron. Arduas batallas, muchas preocupaciones y momentos tensos. Pero al final todo se solucionó.

    La vida del joven omega cada vez era mejor, quizá algunos aún le vieran como un hombre solitario pero le bastaba y sobraba con las pocas personas de confianza con las que contaba. No necesitaba más.

    Siguió viendo a Kazuo de tanto en tanto, así como a la otra mitad de este, Elizabeth, una mujer a la que una vez que la llegó a conocer, también ganó la confianza y cariño del lobo. Intentaba pasar tiempo con ellos cuando podían, se contaban las cosas que ocurrían en el día a día.
    Shinobu hizo muchos cambios, logró un empleo estable como dependiente en una pequeña frutería, aunque por desgracia no logró entrar en ninguna universidad a estudiar botánica, como siempre quiso. Sin embargo trabajar en aquella tienda le gustaba, por lo que no habían quejas.

    Consiguió un pequeño apartamento algo alejado del bullicioso centro y vivió allí felizmente. Adoptó un gatito de pelaje anaranjado que encontró en las calles, abandonado y lo nombró Ash.
    La vida le iba bien, le sonreía, sin necesidad de lujos, tan solo una vida cómoda y tranquila que fue lo que siempre deseó.

    El paso de los años siguió casi sin darse cuenta, estación tras estación iban pasando.

    Su amigo felino falleció por avanzada edad y en ese momento, fue cuando realmente empezó a percatarse del imparable paso del tiempo. Hizo un pequeño funeral para Ash, despidiéndose de él y agradeciéndole los años de cariño y compañía.

    Días, semanas, meses, años, décadas...

    Jubilado. Varios años habían pasado desde que dejó de trabajar. Ya no contaba con la fuerza y agilidad de su juventud. Las manos y piernas le temblaban un poco cuando caminaba o debía hacer esfuerzos y aún así, disfrutaba salir a dar largos paseos.
    La piel llena de arrugas, signos inequívocos de avanzada senectud junto a su ahora canoso cabello.

    Algo dentro de él parecía querer avisarlo. Sentía algo... Distinto. Extraño. Inexplicable como tal. Simplemente sabía que su tiempo estaba llegando al final del recorrido.

    Decidió salir a pasear y finalmente acabó en uno de los parques de la ciudad. Que recuerdos... Pues fue ese mismo en el que una noche conoció a Kazuo.
    Se acercó a uno de los columpios del lugar para sentarse pero sin balancearse mucho, no era buena idea tampoco. Observó el atardecer con una suave y cálida sonrisa en los labios mientras pensaba en su vida y seres amados.

    -Kazuo...- Le llamaba, con aquella voz algo temblorosa propia de su edad.

    Sabía que si le llamaba por su nombre el kitsune, de alguna forma, le encontraría.

    Tan solo quería verlo de nuevo, sentirse acompañado antes de que, inevitablemente, su alma abandonase el cuerpo que habitó por tantas décadas.
    //Un vistazo al futuro. Un despedida. Escena de rol con [8KazuoAihara8] "El hermoso atardecer... Preludio del inevitable ocaso que a casi todos llega." Los años fueron pasando y con estos, miles y diversos momentos, tanto buenos como malos. La senda fue dura y en algunos momentos pensó que su fuerza flaquearía haciéndole desistir, perder. Pero no ocurrió, no podía darse por vencido después de tantos sacrificios y tantas batallas. Después de las incontables veces que recibió ayuda de los que llegó a considerar sus seres queridos, no iba a tirar todo eso por la borda. Y hablando de sus seres queridos... Kazuo. Ese kitsune que conoció por obra del azar o quizá fue el destino. Sus inicios quizá no fueron los mejores pues la desconfianza de Shinobu no permitía a nadie acercarse a él. Pero ese hombre logró ir derribando sus barreras y no solo ganarse la confianza y respeto del joven lobo, también su cariño y amistad. Tal como Kazuo le prometió, se mantuvo a su lado hasta que lograsen enderezar su vida, conseguir que Shinobu pudiera vivir tranquilo sin temer por su vida a cada segundo de esta. Y lo consiguieron. Arduas batallas, muchas preocupaciones y momentos tensos. Pero al final todo se solucionó. La vida del joven omega cada vez era mejor, quizá algunos aún le vieran como un hombre solitario pero le bastaba y sobraba con las pocas personas de confianza con las que contaba. No necesitaba más. Siguió viendo a Kazuo de tanto en tanto, así como a la otra mitad de este, Elizabeth, una mujer a la que una vez que la llegó a conocer, también ganó la confianza y cariño del lobo. Intentaba pasar tiempo con ellos cuando podían, se contaban las cosas que ocurrían en el día a día. Shinobu hizo muchos cambios, logró un empleo estable como dependiente en una pequeña frutería, aunque por desgracia no logró entrar en ninguna universidad a estudiar botánica, como siempre quiso. Sin embargo trabajar en aquella tienda le gustaba, por lo que no habían quejas. Consiguió un pequeño apartamento algo alejado del bullicioso centro y vivió allí felizmente. Adoptó un gatito de pelaje anaranjado que encontró en las calles, abandonado y lo nombró Ash. La vida le iba bien, le sonreía, sin necesidad de lujos, tan solo una vida cómoda y tranquila que fue lo que siempre deseó. El paso de los años siguió casi sin darse cuenta, estación tras estación iban pasando. Su amigo felino falleció por avanzada edad y en ese momento, fue cuando realmente empezó a percatarse del imparable paso del tiempo. Hizo un pequeño funeral para Ash, despidiéndose de él y agradeciéndole los años de cariño y compañía. Días, semanas, meses, años, décadas... Jubilado. Varios años habían pasado desde que dejó de trabajar. Ya no contaba con la fuerza y agilidad de su juventud. Las manos y piernas le temblaban un poco cuando caminaba o debía hacer esfuerzos y aún así, disfrutaba salir a dar largos paseos. La piel llena de arrugas, signos inequívocos de avanzada senectud junto a su ahora canoso cabello. Algo dentro de él parecía querer avisarlo. Sentía algo... Distinto. Extraño. Inexplicable como tal. Simplemente sabía que su tiempo estaba llegando al final del recorrido. Decidió salir a pasear y finalmente acabó en uno de los parques de la ciudad. Que recuerdos... Pues fue ese mismo en el que una noche conoció a Kazuo. Se acercó a uno de los columpios del lugar para sentarse pero sin balancearse mucho, no era buena idea tampoco. Observó el atardecer con una suave y cálida sonrisa en los labios mientras pensaba en su vida y seres amados. -Kazuo...- Le llamaba, con aquella voz algo temblorosa propia de su edad. Sabía que si le llamaba por su nombre el kitsune, de alguna forma, le encontraría. Tan solo quería verlo de nuevo, sentirse acompañado antes de que, inevitablemente, su alma abandonase el cuerpo que habitó por tantas décadas.
    Me entristece
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