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  • [ahora que Seryn debía estar pendiente del embarazo Gyuseki se encargaba de vigilar el club dando órdenes donde haciera falta, por suerte lo estaba haciendo bien ya que antes solía ver cómo su jefa se hacía cargo, aprendiendo de ella]

    ×me encontraba en el bar de la sección para clientes normales viendo a los bartender hacer su trabajo y de ves en cuando ellos me traían una bebida para degustar y que estuviera correcto×

    Mmh mmh la bebida no está mal aunque podrías mejorarlo, prueba con un poco de limón y verás que queda excelente

    ×despues de revisar y asegurarme de que los clientes estuvieran satisfechos me dirigi hacia la zona donde las bailarinas hacían sus shows para cuidar de ellas junto a los guardias×
    [ahora que Seryn debía estar pendiente del embarazo Gyuseki se encargaba de vigilar el club dando órdenes donde haciera falta, por suerte lo estaba haciendo bien ya que antes solía ver cómo su jefa se hacía cargo, aprendiendo de ella] ×me encontraba en el bar de la sección para clientes normales viendo a los bartender hacer su trabajo y de ves en cuando ellos me traían una bebida para degustar y que estuviera correcto× Mmh mmh la bebida no está mal aunque podrías mejorarlo, prueba con un poco de limón y verás que queda excelente ×despues de revisar y asegurarme de que los clientes estuvieran satisfechos me dirigi hacia la zona donde las bailarinas hacían sus shows para cuidar de ellas junto a los guardias×
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  • ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘𝖨𝗇𝗀𝗋𝗂𝖽 𝖵𝖺𝗅𝖾𝗇𝗍𝗂𝗇𝖾 ⫘⫘⫘

    El pasillo del segundo piso olía a madera húmeda y a la ceniza densa de los puros cerberus avanzó, su enorme silueta bloqueaba la tenue luz de los apliques de la pared. No hubo advertencias ni hubo palabras.

    La orden del supervisor de la sección técnica había sido directa: Eliminación total.

    La primera puerta cedió bajo el impacto de su bota con el estrépito de un trueno , el espacio se convirtió de inmediato en un matadero claustrofóbico.

    Dos guardaespaldas, cuyos rostros estaban grabados en su memoria táctica, ni siquiera alcanzaron a desenfundar , la mano enguantada de cerberus, masiva y pesada como el hierro, se cerró en torno al cuello del primero, aplastando la laringe antes de arrojar el cuerpo contra el segundo.

    La fuerza del impacto fracturó el cráneo de ambos contra la pared de hormigón, el olor cambió instantáneamente, el perfume barato y el tabaco desaparecieron, sepultados por el aroma denso, ferroso y caliente de la sangre fresca.

    Los deudores y los mafiosos de la mesa central gritaron, volcando el mobiliario en un intento inútil de crear una barrera comenzando a disparar, tres balas de nueve milímetros impactaron directamente en el chaleco táctico de su pecho, y una cuarta le perforó la piel del hombro izquierdo.

    Cerberus ni siquiera parpadeó, su tolerancia al dolor, alterada quirúrgicamente en los laboratorios de su infancia, transformó el daño en un mero estímulo de posicionamiento, en un incentivo en ir a sentir...MÁS.

    Se movió con una agilidad monstruosa que desafiaba su tamaño , aquello fue una coreografía de brutalidad muda , rompió extremidades, hundió cajas torácicas con la palma de la mano y ejecutó cada baja con la precisión de una máquina. Uno de los líderes de la mafia intentó arrastrarse hacia la ventana, suplicando, ofreciendo dinero, llorando lágrimas de puro terror.

    Cerberus lo miró desde arriba a través de las rendijas de su máscara obligatoria, sus ojos cansados, habitualmente apagados, brillaban ahora con la determinación de un propósito, alzó su bota, comenzando a aplastar su cabeza cual cucaracha en el suelo, haciendo que el crujido final puso fin al ruido. Silencio.... De nuevo el maldito silencio.


    Cerberus permaneció de pie en el centro de la sala destruida, rodeado de escombros y cuerpos inertes. Su respiración agitada subía y bajaba en un ritmo violento, la adrenalina quemaba sus venas como ácido, manteniendo sus músculos tensos, listos para seguir despedazando carne.


    No se quejó del hombro sangrante.
    No se movió para limpiarse la cara.
    Esperaba la orden de retirada por el auricular de su oído. Esperaba que alguien le dijera qué hacer ahora.

    ---creeeek---

    El sonido no provino de su radio. Provino de la puerta rota del pasillo.
    El olor a pólvora y sangre del cuarto fue cortado de golpe por un aroma nuevo, ajeno al matadero en el que se encontraba. Los ojos de Cerberus se abrieron de golpe, dilatados por la hipervigilancia extrema.
    Sus mandíbulas se apretaron detrás de la máscara

    ¿Quién estaba ahi? ¿falló? ¿porque el aroma le podía tan alterado?
    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘[Damage.Punk]⫘⫘⫘ El pasillo del segundo piso olía a madera húmeda y a la ceniza densa de los puros cerberus avanzó, su enorme silueta bloqueaba la tenue luz de los apliques de la pared. No hubo advertencias ni hubo palabras. La orden del supervisor de la sección técnica había sido directa: Eliminación total. La primera puerta cedió bajo el impacto de su bota con el estrépito de un trueno , el espacio se convirtió de inmediato en un matadero claustrofóbico. Dos guardaespaldas, cuyos rostros estaban grabados en su memoria táctica, ni siquiera alcanzaron a desenfundar , la mano enguantada de cerberus, masiva y pesada como el hierro, se cerró en torno al cuello del primero, aplastando la laringe antes de arrojar el cuerpo contra el segundo. La fuerza del impacto fracturó el cráneo de ambos contra la pared de hormigón, el olor cambió instantáneamente, el perfume barato y el tabaco desaparecieron, sepultados por el aroma denso, ferroso y caliente de la sangre fresca. Los deudores y los mafiosos de la mesa central gritaron, volcando el mobiliario en un intento inútil de crear una barrera comenzando a disparar, tres balas de nueve milímetros impactaron directamente en el chaleco táctico de su pecho, y una cuarta le perforó la piel del hombro izquierdo. Cerberus ni siquiera parpadeó, su tolerancia al dolor, alterada quirúrgicamente en los laboratorios de su infancia, transformó el daño en un mero estímulo de posicionamiento, en un incentivo en ir a sentir...MÁS. Se movió con una agilidad monstruosa que desafiaba su tamaño , aquello fue una coreografía de brutalidad muda , rompió extremidades, hundió cajas torácicas con la palma de la mano y ejecutó cada baja con la precisión de una máquina. Uno de los líderes de la mafia intentó arrastrarse hacia la ventana, suplicando, ofreciendo dinero, llorando lágrimas de puro terror. Cerberus lo miró desde arriba a través de las rendijas de su máscara obligatoria, sus ojos cansados, habitualmente apagados, brillaban ahora con la determinación de un propósito, alzó su bota, comenzando a aplastar su cabeza cual cucaracha en el suelo, haciendo que el crujido final puso fin al ruido. Silencio.... De nuevo el maldito silencio. Cerberus permaneció de pie en el centro de la sala destruida, rodeado de escombros y cuerpos inertes. Su respiración agitada subía y bajaba en un ritmo violento, la adrenalina quemaba sus venas como ácido, manteniendo sus músculos tensos, listos para seguir despedazando carne. No se quejó del hombro sangrante. No se movió para limpiarse la cara. Esperaba la orden de retirada por el auricular de su oído. Esperaba que alguien le dijera qué hacer ahora. ---creeeek--- El sonido no provino de su radio. Provino de la puerta rota del pasillo. El olor a pólvora y sangre del cuarto fue cortado de golpe por un aroma nuevo, ajeno al matadero en el que se encontraba. Los ojos de Cerberus se abrieron de golpe, dilatados por la hipervigilancia extrema. Sus mandíbulas se apretaron detrás de la máscara ¿Quién estaba ahi? ¿falló? ¿porque el aroma le podía tan alterado?
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  • ❝Todo colapsó...❞
    Fandom Supernatural
    Categoría Acción
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ Dean Winchester


    ¿Nunca has pensado en la posibilidad de la existencia de mundos paralelos? Ya sabes, mundos que parecen iguales al tuyo y que difieren en pequeños y simples aspectos. El efecto mariposa elevado a la máxima potencia. Tal vez si le hubieras plantado cara a esa abusona en el instituto en lugar de agachar la cabeza y continuar por el pasillo hoy serias dueña de una multinacional. Decisiones mínimas que tomamos a diario pueden desentrañar cambios impresionantes. ¡BUM! Mundos paralelos.

    Bueno, en nuestro caso no es tan sencillo. Digamos que en esta realidad la creación de mundos paralelos no depende de nuestras decisiones, más bien de las de un ser codicioso, despreciable y aburrido. Un tipo que crea mundos enteros y los deshecha cuando no le entretienen lo suficiente. Y uno de estos mundos descartados y abandonado a su buena suerte era el mundo en el que Sadie vivía. Claro que las personas del planeta no sabían que Dios habia cerrado la puerta y se habia mudado de edificio. Ellos vivían sus vidas cotidianas, con el vaivén de las vicisitudes del día a día.

    Y luego estaba la cara B. El mundo sobrenatural, los Hombres de Letras y los cazadores. Los que aterrorizaban a los inocentes por la noche y los que los combatían. Sadie Torres era una de ellas. Se habia formado como bruja y habia terminado viendo como su vida era destrozada por un grupo de vampiros. No os voy a mentir, aquel desenlace fue terrible, pero abrió una puerta desconocida para Sadie y le consiguió un puesto en la prestigiosa organización de Los Hombres de Letras de Estados Unidos.

    Los Hombres de Letras era el cuerpo de elite del conocimiento sobrenatural, contaban con equipos de cazadores, de agentes y estudiosos. Poseían búnkeres por todo el mundo. Varios en Estados Unidos, Inglaterra, Francia, España, Bélgica. En fin… En cada parte del mundo la organización habia extendido sus largos dedos con intención de mantener el orden y la estabilidad de un mundo cada vez más caótico.

    Y los lideres de esa organización en Estados Unidos eran los Winchester. John dirigía el bunker de Kansas y se coordinaba con el resto de búnkeres y miembros del país. Mary, su mujer, prefería el trabajo de campo y entrenaba y salvaba a nuevos cazadores y futuros reclutas. Luego estaban sus hijos: Sam y Dean. Sam era experto en demonología y Angeología. Y Dean… el mayor, era de los que preferían mancharse las manos. Un excelente estratega, habilidoso en la batalla y con una mente brillante y avispada. A menudo Sadie bromeaba con él diciendo que bien parecía McGyver, capaz de construir una bomba con un chiche y un boli bic.

    Sadie y Dean se compenetraban a la perfección. Tanto que comenzaron a realizar salidas juntos: cacerías, salvamento de inocentes, resolución de misterios… Y, como era de esperar, se enamoraron. Tanto que Dean se sintió con la confianza de dar el siguiente paso tres años después de conocer a Sadie. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que… el universo empezó a colapsar sobre sí mismo…

    Literalmente.

    Al principio eran solamente noticias raras sobre meteoritos y extraños movimientos de tierra. Después comenzaron las catástrofes naturales: maremotos en Indonesia y Europa, terremotos en Estados Unidos, derrumbamiento de acantilados y puentes… Y entonces… llegó el fin del mundo sin que nadie supiera qué hacer para detener aquello.

    John Winchester se pasó una mano por el rostro, abatido. Apenas se sentía capaz de alzar la mirada hacia los cazadores y miembros de la organización. Sadie pudo ver que no sabía qué decirles a pesar de haberlos reunido allí como su líder. Sadie sabía que, ante el fin del mundo, ni siquiera el todopoderoso John Winchester, su suegro, sabia como proteger a su gente y que solo era cuestión de tiempo que el bunker cayera sobre sus cabezas.

    -Ha llegado la hora… El mundo se va al infierno y no hay forma de pararlo. No voy a pediros que os quedéis. Si teneis familia, si teneis algo ahí afuera, volved a casa con vuestros seres queridos. Me duele decir esto pero, por primera vez, no encuentro la forma de detener esto…

    Sadie tragó saliva de forma pesada y se aferró aún más a la mano de Dean. Este captó el gesto y alzó ese brazo para rodear el cuello de Sadie estrechándola contra sí y dejar después un beso en su cabello.

    -Saldremos de esta, ¿vale? -le dijo en voz baja- No sé cómo, pero te pondré a salvo…

    Sadie asintió solamente.

    Tras aquella funesta reunión fueron muchos de sus amigos los que decidieron abandonar el bunker para poder pasar sus últimos dias con sus seres queridos. En las despedidas todo eran buenos deseos, abrazos y lágrimas silenciosas de dolor y frustración. Y menos de tres dias después solo la familia Winchester restaba en el bunker. Aunque estos eran resilientes y cabezotas. Sadie sobre todo. Intentó buscar y crear hechizos que pudieran protegerlos pero ninguno funcionaba…

    Absolutamente. Ninguno.

    Y entonces… no hubo escapatoria.

    Era de noche en el resto del mundo pero en el interior del bunker de Lebanon la familia superviviente corría para salvar sus vidas. La corriente eléctrica habia fallado y el color rojizo de las luces de emergencia parpadeando iluminaban el pasillo de forma mortecina. El primer temblor habia puesto a la familia Winchester en alerta. Después llegó una sacudida aún más fuerte y el panel de seguridad empezó a timbrar de forma estridente y aguda avisando de un fallo de seguridad en la estructura. No era tal, pues lo cierto era que medio edificio se habia derrumbado desde uno de los lados cayendo sobre la gruesa capa de hormigón y piedra.

    Sadie, Sam y Dean corrían por el pasillo que llegaba hasta la biblioteca. Corazones latiendo a toda velocidad, compungidos ante los sonidos de golpes sobre sus cabezas y el tintineo de los azulejos de las paredes al resquebrajarse a su paso. Sadie aferraba la mano de Dean y sentía clavarse el anillo de compromiso entre sus otros dedos al ser estos oprimidos por la fuerza de la mano de su prometido.

    De pronto el pasillo colapsó sobre sí mismo y los tres tuvieron que retroceder entre el polvo y los cascotes de hormigón. Dean agarró a Sadie apartándola de la trayectoria de los escombros que caían y la estrechó contra la pared, cubriéndola con su cuerpo y sus manos.

    -¿Estás bien? -preguntó él con la voz ronca a causa del polvo en el ambiente.

    Sadie asintió tosiendo ligeramente.

    -¡Por aquí! -bramó la voz de John desde la entrada de la cocina. No podían verle con el humo reinante en el ambiente, pero todos sabían dónde se encontraba la puerta asi que retrocedieron hasta dar con las manos de Mary y John que los guiaron hasta el interior de la cocina.

    -¡Esto se va a la mierda! -gritó Dean- ¿Podemos llegar al garaje?

    John negó con la cabeza.

    -El techo se ha derrumbado y la puerta está bloqueada… -dijo Mary.

    -Joder… -masculló Dean.

    John posó una mano en la espalda de Mary guiándola hacia la otra salida de la sala.

    -Tenemos que irnos ahora mismo. O moriremos aquí abajo. Solo podemos salir por la puerta de la sala de guerra… Es arriesgado…

    Sadie todavia tosía el humo y polvo que habia aspirado.

    -Puedo intentar contener el derrumbe y daros una oportunidad -dijo ella con voz débil.

    Dean la miró como si acabara de ver a ET recién aterrizado.

    -¿Estás loca? No, ni de coña. Nos vamos. Todos.

    John hizo una seña con un gesto de su cabeza.

    -Pues tiene que ser ahora. ¡Ya! ¡Vamos!

    De modo que los cinco salieron corriendo por la segunda puerta de la cocina, la que quedaba más cerca de la biblioteca. Las luces rojas impedían estar seguro de por donde uno pisaba y tener que esquivar mesas y sillas no era una tarea facil mientras el escenario temblaba.

    De pronto un enorme estruendo y una sacudida al edificio hizo que Sam, Dean y Sadie cayeran al suelo.

    -¡NO! ¡MAMÁ!

    Sadie pudo escuchar el grito desgarrador de Dean cuando al incorporarse descubrió que John y Mary Winchester no habían podido llegar a la biblioteca antes de que el pasillo colapsara sobre ellos, atrapándolos bajo los escombros. El cazador corrió a intentar quitar las piedras, con la esperanza de poder llegar hasta sus padres a pesar de la mancha de sangre que comenzaba a brotar en el suelo en un fino reguero.

    -¡DEAN! -lo llamó Sam mientras Sadie y él llegaban hasta Dean para intentar detenerlo.

    -¡Dean! ¡Cariño, tenemos que salir de aquí! -le pidió la bruja a su prometido- ¡Dean! ¡Por favor!

    El cazador cejó en su empeño con rabia, dolor y frustración. Se incorporó pasándose el dorso de la muñeca por el rostro para limpiar su visión de polvo y lágrimas y asintió tomando rápidamente la mano de Sadie para salir corriendo hacia la salida. Estaban cerca. Tan cerca…

    Y de pronto…

    -¡DEAN! -fue todo lo que Sadie escuchó antes de que Sam apartara a Dean de un empujón. Dean cayó al suelo y Sam desapareció de la vista de los dos debajo de una nube de piedra y polvo.

    -No… Nonononono…¡NO! ¡SAM! -la voz rota de Dean destrozó el corazón de Sadie.

    -Dean… Dean… Tenemos que irnos… ¡Dean!

    Sadie buscó el brazo de su prometido con la mano y trató de tirar de él para apartarlo de aquelle enorme grieta en el techo. Todo sucedió muy rapido después de aquello. Sadie advirtió el sonido de la piedra desprendiéndose. Su mirada buscó a Dean y vio el miedo en los ojos verdes de Dean un segundo antes de que el techo comenzara a caer sobre él.

    -¡DEAN!- gritó Sadie. Alargó sus manos hacia él liberando una onda expansiva de magia con intención de apartarlo del derrumbe. Pero esta golpeó contra uno de los símbolos de protección tallados en la piedra del arco principal de la entrada a la biblioteca y entonces…. Todo explotó. Y se volvió negro.

    >> Todo era normal en el bunker, o al menos tan normal como esos dias en que no se terminaba el mundo. Sam se habia levantado a las seis de la mañana, habia salido a correr… Habia recogido el correo de la oficina de correos del pueblo y habia regresado a casa. Mientras esperaba al regreso de Dean, quien habia bajado a comprar, habia preparado la comida… Como digo, un día absolutamente normal.

    Esa tarde compartían un bourbon ya que Sam habia decidido apartar la mirada de la sección de noticias de la página web que mostraba su ordenador portátil, un rato al ser traicioneramente seducido por la botella que su hermano habia llevado hasta la mesa. Si no habían encontrado a Amara en una semana, no la encontrarían en los siguientes veinte minutos.

    -¿Qué harías tú? -preguntó Sam de pronto, dando voz a una pregunta que habia pasado algunas veces por su cabeza- Si tuviésemos la opción de una vida normal, quiero decir. Yo querría retomar Derecho y… seria increible graduarme antes de los cuarenta y cinco…- bromeó negando con la cabeza- Y el bunker… Podríamos convertirlo en algo más… En algo mejor… Un lugar que ayudase a otros cazadores… ¿Cuál sería tu plan?

    Entonces recordó algo.

    -Antes de que se me olvide… -dijo inclinándose hacia su portátil y cambiando de pestaña en el navegador- Garth cree que hay un caso de poltergeist en Utah. Le dije que le echaríamos un vistazo…

    Y entonces… un fogonazo de luz los sorprendió a ambos. Una luz amarilla que duró un segundo, un destello de una luz de emergencia lejana y de pronto… Una humareda de polvo y algunos cascotes de piedra cayeron sobre el suelo de madera. Sam se levantó a toda velocidad dejando su vaso sobre la mesa y corriendo a ver qué ocurría.

    -¡Dean! -llamó a su hermano al ver el cuerpo de una mujer joven, inconsciente en el suelo. Estaba cubierta de polvo, magullada y tenía heridas recientes en la frente, en la mejilla, en el hombro- ¿Qué demonios…?

    Entonces la muchacha abrió los ojos apenas un par de segundos.

    -¿Dean? -preguntó esbozando una sonrisa cansada.

    Sam miró a su hermano y luego descubrió algo al lado de la muchacha. Se agachó a recogerlo al tiempo que la joven preguntaba de nuevo, casi sin voz ni consciencia:

    -¿Sam…?

    Sam frunció las cejas mientras tomaba un cascote de piedra y se lo enseñaba a su hermano. Era el emblema de la estrella de Acuario que adornaba el arco de la entrada a la biblioteca. Exactamente. El. Mismo. Escudo. De. Piedra.

    Sam lo alzó para compararlo con el que presidia el arco.

    -¿Qué está pasando? -preguntó.
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ [IMPALA.DRIVER] ¿Nunca has pensado en la posibilidad de la existencia de mundos paralelos? Ya sabes, mundos que parecen iguales al tuyo y que difieren en pequeños y simples aspectos. El efecto mariposa elevado a la máxima potencia. Tal vez si le hubieras plantado cara a esa abusona en el instituto en lugar de agachar la cabeza y continuar por el pasillo hoy serias dueña de una multinacional. Decisiones mínimas que tomamos a diario pueden desentrañar cambios impresionantes. ¡BUM! Mundos paralelos. Bueno, en nuestro caso no es tan sencillo. Digamos que en esta realidad la creación de mundos paralelos no depende de nuestras decisiones, más bien de las de un ser codicioso, despreciable y aburrido. Un tipo que crea mundos enteros y los deshecha cuando no le entretienen lo suficiente. Y uno de estos mundos descartados y abandonado a su buena suerte era el mundo en el que Sadie vivía. Claro que las personas del planeta no sabían que Dios habia cerrado la puerta y se habia mudado de edificio. Ellos vivían sus vidas cotidianas, con el vaivén de las vicisitudes del día a día. Y luego estaba la cara B. El mundo sobrenatural, los Hombres de Letras y los cazadores. Los que aterrorizaban a los inocentes por la noche y los que los combatían. Sadie Torres era una de ellas. Se habia formado como bruja y habia terminado viendo como su vida era destrozada por un grupo de vampiros. No os voy a mentir, aquel desenlace fue terrible, pero abrió una puerta desconocida para Sadie y le consiguió un puesto en la prestigiosa organización de Los Hombres de Letras de Estados Unidos. Los Hombres de Letras era el cuerpo de elite del conocimiento sobrenatural, contaban con equipos de cazadores, de agentes y estudiosos. Poseían búnkeres por todo el mundo. Varios en Estados Unidos, Inglaterra, Francia, España, Bélgica. En fin… En cada parte del mundo la organización habia extendido sus largos dedos con intención de mantener el orden y la estabilidad de un mundo cada vez más caótico. Y los lideres de esa organización en Estados Unidos eran los Winchester. John dirigía el bunker de Kansas y se coordinaba con el resto de búnkeres y miembros del país. Mary, su mujer, prefería el trabajo de campo y entrenaba y salvaba a nuevos cazadores y futuros reclutas. Luego estaban sus hijos: Sam y Dean. Sam era experto en demonología y Angeología. Y Dean… el mayor, era de los que preferían mancharse las manos. Un excelente estratega, habilidoso en la batalla y con una mente brillante y avispada. A menudo Sadie bromeaba con él diciendo que bien parecía McGyver, capaz de construir una bomba con un chiche y un boli bic. Sadie y Dean se compenetraban a la perfección. Tanto que comenzaron a realizar salidas juntos: cacerías, salvamento de inocentes, resolución de misterios… Y, como era de esperar, se enamoraron. Tanto que Dean se sintió con la confianza de dar el siguiente paso tres años después de conocer a Sadie. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que… el universo empezó a colapsar sobre sí mismo… Literalmente. Al principio eran solamente noticias raras sobre meteoritos y extraños movimientos de tierra. Después comenzaron las catástrofes naturales: maremotos en Indonesia y Europa, terremotos en Estados Unidos, derrumbamiento de acantilados y puentes… Y entonces… llegó el fin del mundo sin que nadie supiera qué hacer para detener aquello. John Winchester se pasó una mano por el rostro, abatido. Apenas se sentía capaz de alzar la mirada hacia los cazadores y miembros de la organización. Sadie pudo ver que no sabía qué decirles a pesar de haberlos reunido allí como su líder. Sadie sabía que, ante el fin del mundo, ni siquiera el todopoderoso John Winchester, su suegro, sabia como proteger a su gente y que solo era cuestión de tiempo que el bunker cayera sobre sus cabezas. -Ha llegado la hora… El mundo se va al infierno y no hay forma de pararlo. No voy a pediros que os quedéis. Si teneis familia, si teneis algo ahí afuera, volved a casa con vuestros seres queridos. Me duele decir esto pero, por primera vez, no encuentro la forma de detener esto… Sadie tragó saliva de forma pesada y se aferró aún más a la mano de Dean. Este captó el gesto y alzó ese brazo para rodear el cuello de Sadie estrechándola contra sí y dejar después un beso en su cabello. -Saldremos de esta, ¿vale? -le dijo en voz baja- No sé cómo, pero te pondré a salvo… Sadie asintió solamente. Tras aquella funesta reunión fueron muchos de sus amigos los que decidieron abandonar el bunker para poder pasar sus últimos dias con sus seres queridos. En las despedidas todo eran buenos deseos, abrazos y lágrimas silenciosas de dolor y frustración. Y menos de tres dias después solo la familia Winchester restaba en el bunker. Aunque estos eran resilientes y cabezotas. Sadie sobre todo. Intentó buscar y crear hechizos que pudieran protegerlos pero ninguno funcionaba… Absolutamente. Ninguno. Y entonces… no hubo escapatoria. Era de noche en el resto del mundo pero en el interior del bunker de Lebanon la familia superviviente corría para salvar sus vidas. La corriente eléctrica habia fallado y el color rojizo de las luces de emergencia parpadeando iluminaban el pasillo de forma mortecina. El primer temblor habia puesto a la familia Winchester en alerta. Después llegó una sacudida aún más fuerte y el panel de seguridad empezó a timbrar de forma estridente y aguda avisando de un fallo de seguridad en la estructura. No era tal, pues lo cierto era que medio edificio se habia derrumbado desde uno de los lados cayendo sobre la gruesa capa de hormigón y piedra. Sadie, Sam y Dean corrían por el pasillo que llegaba hasta la biblioteca. Corazones latiendo a toda velocidad, compungidos ante los sonidos de golpes sobre sus cabezas y el tintineo de los azulejos de las paredes al resquebrajarse a su paso. Sadie aferraba la mano de Dean y sentía clavarse el anillo de compromiso entre sus otros dedos al ser estos oprimidos por la fuerza de la mano de su prometido. De pronto el pasillo colapsó sobre sí mismo y los tres tuvieron que retroceder entre el polvo y los cascotes de hormigón. Dean agarró a Sadie apartándola de la trayectoria de los escombros que caían y la estrechó contra la pared, cubriéndola con su cuerpo y sus manos. -¿Estás bien? -preguntó él con la voz ronca a causa del polvo en el ambiente. Sadie asintió tosiendo ligeramente. -¡Por aquí! -bramó la voz de John desde la entrada de la cocina. No podían verle con el humo reinante en el ambiente, pero todos sabían dónde se encontraba la puerta asi que retrocedieron hasta dar con las manos de Mary y John que los guiaron hasta el interior de la cocina. -¡Esto se va a la mierda! -gritó Dean- ¿Podemos llegar al garaje? John negó con la cabeza. -El techo se ha derrumbado y la puerta está bloqueada… -dijo Mary. -Joder… -masculló Dean. John posó una mano en la espalda de Mary guiándola hacia la otra salida de la sala. -Tenemos que irnos ahora mismo. O moriremos aquí abajo. Solo podemos salir por la puerta de la sala de guerra… Es arriesgado… Sadie todavia tosía el humo y polvo que habia aspirado. -Puedo intentar contener el derrumbe y daros una oportunidad -dijo ella con voz débil. Dean la miró como si acabara de ver a ET recién aterrizado. -¿Estás loca? No, ni de coña. Nos vamos. Todos. John hizo una seña con un gesto de su cabeza. -Pues tiene que ser ahora. ¡Ya! ¡Vamos! De modo que los cinco salieron corriendo por la segunda puerta de la cocina, la que quedaba más cerca de la biblioteca. Las luces rojas impedían estar seguro de por donde uno pisaba y tener que esquivar mesas y sillas no era una tarea facil mientras el escenario temblaba. De pronto un enorme estruendo y una sacudida al edificio hizo que Sam, Dean y Sadie cayeran al suelo. -¡NO! ¡MAMÁ! Sadie pudo escuchar el grito desgarrador de Dean cuando al incorporarse descubrió que John y Mary Winchester no habían podido llegar a la biblioteca antes de que el pasillo colapsara sobre ellos, atrapándolos bajo los escombros. El cazador corrió a intentar quitar las piedras, con la esperanza de poder llegar hasta sus padres a pesar de la mancha de sangre que comenzaba a brotar en el suelo en un fino reguero. -¡DEAN! -lo llamó Sam mientras Sadie y él llegaban hasta Dean para intentar detenerlo. -¡Dean! ¡Cariño, tenemos que salir de aquí! -le pidió la bruja a su prometido- ¡Dean! ¡Por favor! El cazador cejó en su empeño con rabia, dolor y frustración. Se incorporó pasándose el dorso de la muñeca por el rostro para limpiar su visión de polvo y lágrimas y asintió tomando rápidamente la mano de Sadie para salir corriendo hacia la salida. Estaban cerca. Tan cerca… Y de pronto… -¡DEAN! -fue todo lo que Sadie escuchó antes de que Sam apartara a Dean de un empujón. Dean cayó al suelo y Sam desapareció de la vista de los dos debajo de una nube de piedra y polvo. -No… Nonononono…¡NO! ¡SAM! -la voz rota de Dean destrozó el corazón de Sadie. -Dean… Dean… Tenemos que irnos… ¡Dean! Sadie buscó el brazo de su prometido con la mano y trató de tirar de él para apartarlo de aquelle enorme grieta en el techo. Todo sucedió muy rapido después de aquello. Sadie advirtió el sonido de la piedra desprendiéndose. Su mirada buscó a Dean y vio el miedo en los ojos verdes de Dean un segundo antes de que el techo comenzara a caer sobre él. -¡DEAN!- gritó Sadie. Alargó sus manos hacia él liberando una onda expansiva de magia con intención de apartarlo del derrumbe. Pero esta golpeó contra uno de los símbolos de protección tallados en la piedra del arco principal de la entrada a la biblioteca y entonces…. Todo explotó. Y se volvió negro. >> Todo era normal en el bunker, o al menos tan normal como esos dias en que no se terminaba el mundo. Sam se habia levantado a las seis de la mañana, habia salido a correr… Habia recogido el correo de la oficina de correos del pueblo y habia regresado a casa. Mientras esperaba al regreso de Dean, quien habia bajado a comprar, habia preparado la comida… Como digo, un día absolutamente normal. Esa tarde compartían un bourbon ya que Sam habia decidido apartar la mirada de la sección de noticias de la página web que mostraba su ordenador portátil, un rato al ser traicioneramente seducido por la botella que su hermano habia llevado hasta la mesa. Si no habían encontrado a Amara en una semana, no la encontrarían en los siguientes veinte minutos. -¿Qué harías tú? -preguntó Sam de pronto, dando voz a una pregunta que habia pasado algunas veces por su cabeza- Si tuviésemos la opción de una vida normal, quiero decir. Yo querría retomar Derecho y… seria increible graduarme antes de los cuarenta y cinco…- bromeó negando con la cabeza- Y el bunker… Podríamos convertirlo en algo más… En algo mejor… Un lugar que ayudase a otros cazadores… ¿Cuál sería tu plan? Entonces recordó algo. -Antes de que se me olvide… -dijo inclinándose hacia su portátil y cambiando de pestaña en el navegador- Garth cree que hay un caso de poltergeist en Utah. Le dije que le echaríamos un vistazo… Y entonces… un fogonazo de luz los sorprendió a ambos. Una luz amarilla que duró un segundo, un destello de una luz de emergencia lejana y de pronto… Una humareda de polvo y algunos cascotes de piedra cayeron sobre el suelo de madera. Sam se levantó a toda velocidad dejando su vaso sobre la mesa y corriendo a ver qué ocurría. -¡Dean! -llamó a su hermano al ver el cuerpo de una mujer joven, inconsciente en el suelo. Estaba cubierta de polvo, magullada y tenía heridas recientes en la frente, en la mejilla, en el hombro- ¿Qué demonios…? Entonces la muchacha abrió los ojos apenas un par de segundos. -¿Dean? -preguntó esbozando una sonrisa cansada. Sam miró a su hermano y luego descubrió algo al lado de la muchacha. Se agachó a recogerlo al tiempo que la joven preguntaba de nuevo, casi sin voz ni consciencia: -¿Sam…? Sam frunció las cejas mientras tomaba un cascote de piedra y se lo enseñaba a su hermano. Era el emblema de la estrella de Acuario que adornaba el arco de la entrada a la biblioteca. Exactamente. El. Mismo. Escudo. De. Piedra. Sam lo alzó para compararlo con el que presidia el arco. -¿Qué está pasando? -preguntó.
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  • Jamás se había caracterizado por ser un médico petulante, ni había abusado de su autoridad frente a sus colegas, a pesar del abrumador peso que suponía ostentar la Jefatura de Cirugía a su edad. Poseía la facultad de delegar el trabajo, pero su estoica devoción siempre lo empujaba a colocarse en la primera línea de los casos más críticos.

    Hacía todo lo humana y científicamente posible. El noventa por ciento de sus intervenciones culminaba en éxito, desafiando a menudo las nefastas estadísticas... Elias se desvivía por ser un cirujano de excelencia, un buen hombre, un ser humano competente. ¿Entonces por qué? ¿Por qué el universo se ensañaba con él? ¿Por qué siempre era su rostro el que recibía el repudio y la furia de las familias cuando la muerte ganaba la partida?

    El impacto lo había derribado contra el frío linóleo del pasillo, y el latido punzante en el centro de su rostro le advertía que, muy probablemente, le habían fracturado la nariz. Estaba aturdido. La sangre caliente comenzaba a resbalar por su labio superior mientras escuchaba, como si estuviera sumergido bajo el agua, los alaridos rotos y las preguntas incriminatorias del hombre enfurecido frente a él. ¿Por qué su hija no había salido viva del quirófano?

    Elias también anhelaba saberlo. Había seguido cada protocolo con precisión milimétrica, e incluso se había aventurado en terrenos que otros cirujanos temían: ejecutó una craneotomía descompresiva de emergencia combinada con un bypass extracraneal-intracraneal de altísimo riesgo, navegando a ciegas entre el tejido para drenar una hemorragia masiva que ya estaba asfixiando el tronco encefálico. Había suturado arterias microscópicas durante ocho agónicas horas... pero fue inútil. La necrosis fue inclemente.

    Sin embargo, lo que le helaba la sangre y le aceleraba el pulso no era la amenaza de recibir un segundo golpe por parte de aquel hombre. Era esa macabra y asfixiante sensación de déjà vu. La escena le resultaba tan familiar... tan dolorosamente calcada de su pasado.

    Tirado en el suelo, llevándose una mano temblorosa al rostro ensangrentado, Elias se sintió minúsculo. Volvía a tener diez años en lugar de 28. El pasillo del hospital se desvaneció, siendo reemplazado por la lúgubre sala de su infancia. Y el hombre que le gritaba ya no era un padre en duelo, sino la imponente y aterradora sombra de su propio progenitor, moliéndolo a golpes sin piedad, castigando con furia el más mínimo error en una práctica de disección.
    Jamás se había caracterizado por ser un médico petulante, ni había abusado de su autoridad frente a sus colegas, a pesar del abrumador peso que suponía ostentar la Jefatura de Cirugía a su edad. Poseía la facultad de delegar el trabajo, pero su estoica devoción siempre lo empujaba a colocarse en la primera línea de los casos más críticos. Hacía todo lo humana y científicamente posible. El noventa por ciento de sus intervenciones culminaba en éxito, desafiando a menudo las nefastas estadísticas... Elias se desvivía por ser un cirujano de excelencia, un buen hombre, un ser humano competente. ¿Entonces por qué? ¿Por qué el universo se ensañaba con él? ¿Por qué siempre era su rostro el que recibía el repudio y la furia de las familias cuando la muerte ganaba la partida? El impacto lo había derribado contra el frío linóleo del pasillo, y el latido punzante en el centro de su rostro le advertía que, muy probablemente, le habían fracturado la nariz. Estaba aturdido. La sangre caliente comenzaba a resbalar por su labio superior mientras escuchaba, como si estuviera sumergido bajo el agua, los alaridos rotos y las preguntas incriminatorias del hombre enfurecido frente a él. ¿Por qué su hija no había salido viva del quirófano? Elias también anhelaba saberlo. Había seguido cada protocolo con precisión milimétrica, e incluso se había aventurado en terrenos que otros cirujanos temían: ejecutó una craneotomía descompresiva de emergencia combinada con un bypass extracraneal-intracraneal de altísimo riesgo, navegando a ciegas entre el tejido para drenar una hemorragia masiva que ya estaba asfixiando el tronco encefálico. Había suturado arterias microscópicas durante ocho agónicas horas... pero fue inútil. La necrosis fue inclemente. Sin embargo, lo que le helaba la sangre y le aceleraba el pulso no era la amenaza de recibir un segundo golpe por parte de aquel hombre. Era esa macabra y asfixiante sensación de déjà vu. La escena le resultaba tan familiar... tan dolorosamente calcada de su pasado. Tirado en el suelo, llevándose una mano temblorosa al rostro ensangrentado, Elias se sintió minúsculo. Volvía a tener diez años en lugar de 28. El pasillo del hospital se desvaneció, siendo reemplazado por la lúgubre sala de su infancia. Y el hombre que le gritaba ya no era un padre en duelo, sino la imponente y aterradora sombra de su propio progenitor, moliéndolo a golpes sin piedad, castigando con furia el más mínimo error en una práctica de disección.
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  • Habían pasado unos días desde que se manifestase nuevamente en el mundo humano, sin embargo para mala fortuna de este mismo, los cadáveres habían sido retirados de las morgues y puestos bajo vigilancia de la iglesia ante sospecha de corrupción en la gran ciudad, sus seguidores habían hecho lo posible por conseguir alguno sin llamar la atención, pero no hubo caso.
    Ante tal situación, ordeno a sus súbditos otra cosa, había escuchado hablar sobre un nuevo libro que ocultaba la iglesia, un libro que contenía información prohibida, para evitar que los descubrieran y este volviera a perder la conexión con el mundo humano, simplemente les ordeno encontrar la ubicación de donde lo tendrían escondido y el mismo se encargaría de acceder al lugar. La iglesia no tenia poder sobre él, puesto a que no era de esta tierra y tampoco poseía un cadáver, nada le pasaría.
    Así fue como pasado unos días terrestres, dieron con el lugar, por lo que no espero a ir a buscar conocimiento que quizás le ayudaría a al fin escapar de su prisión.
    El día era extraño, puesto a que si bien la luz del sol iluminaba, había una espesa niebla que cubría la ciudad, pero eso no importaba, paseo por las calles vaciás de la ciudad, hasta encontrarse con el lugar que buscaba, la biblioteca de la Iglesia, un guardia estaba en la puerta, el simplemente lo observo y continuo caminando, haciéndose cada vez mas grande para imponer miedo en la pobre alma que solo cumplía su trabajo, puesto a que con el miedo, los humanos sueltan mas fácil la información.
    Este se detuvo ante el guardia. —Sección prohibida.— Su voz retumbo en el aire vació, el guardia temblando, le indico la zona donde estaba dicha sección, a lo que entro.
    No demoro mucho en encontrar la zona de libros prohibidos, así que se acerco buscando el tomo, encontrándolo en un pedestal. Por lo visto había sido leído con anterioridad por alguien, con su psicoquinesis tomo el libro y busco un lugar para sentarse a leer, pasaron unos cuantos minutos en su lectura cuando sintió claramente que alguien le observaba escondido, sin apartar su visión del libro, soltó un suspiro.
    —¿Puedo ayudarte en algo?— Consulto para avisar que quien sea que estuviera escondido, ya fue descubierto.
    Habían pasado unos días desde que se manifestase nuevamente en el mundo humano, sin embargo para mala fortuna de este mismo, los cadáveres habían sido retirados de las morgues y puestos bajo vigilancia de la iglesia ante sospecha de corrupción en la gran ciudad, sus seguidores habían hecho lo posible por conseguir alguno sin llamar la atención, pero no hubo caso. Ante tal situación, ordeno a sus súbditos otra cosa, había escuchado hablar sobre un nuevo libro que ocultaba la iglesia, un libro que contenía información prohibida, para evitar que los descubrieran y este volviera a perder la conexión con el mundo humano, simplemente les ordeno encontrar la ubicación de donde lo tendrían escondido y el mismo se encargaría de acceder al lugar. La iglesia no tenia poder sobre él, puesto a que no era de esta tierra y tampoco poseía un cadáver, nada le pasaría. Así fue como pasado unos días terrestres, dieron con el lugar, por lo que no espero a ir a buscar conocimiento que quizás le ayudaría a al fin escapar de su prisión. El día era extraño, puesto a que si bien la luz del sol iluminaba, había una espesa niebla que cubría la ciudad, pero eso no importaba, paseo por las calles vaciás de la ciudad, hasta encontrarse con el lugar que buscaba, la biblioteca de la Iglesia, un guardia estaba en la puerta, el simplemente lo observo y continuo caminando, haciéndose cada vez mas grande para imponer miedo en la pobre alma que solo cumplía su trabajo, puesto a que con el miedo, los humanos sueltan mas fácil la información. Este se detuvo ante el guardia. —Sección prohibida.— Su voz retumbo en el aire vació, el guardia temblando, le indico la zona donde estaba dicha sección, a lo que entro. No demoro mucho en encontrar la zona de libros prohibidos, así que se acerco buscando el tomo, encontrándolo en un pedestal. Por lo visto había sido leído con anterioridad por alguien, con su psicoquinesis tomo el libro y busco un lugar para sentarse a leer, pasaron unos cuantos minutos en su lectura cuando sintió claramente que alguien le observaba escondido, sin apartar su visión del libro, soltó un suspiro. —¿Puedo ayudarte en algo?— Consulto para avisar que quien sea que estuviera escondido, ya fue descubierto.
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  • Kinger Físico:

    *Había estado con el “Proyecto Caine” durante estos días metido en el taller sin dejar de lado obviamente el trabajo como director de la sección I+D, por el momento el proyecto iba viento en popa, aunque hay que hacer mejoras ya que los prototipos andaban fallando cada uno con problemas distintos, me tome un descanso estando en la terraza cerca de la barandilla de mi ático de uno de los edificios más lujosos de la zona teniendo una copa en mano disfrutando de las vistas*

    Veremos que nos depara el futuro, no me gustaría que hubiesen más problemas como la última vez… eso casi me cuesta perder a personas muy valiosas.

    *Mirando de reojo al interior concretamente el salón pudiendo ver el cuerpo animatronico de Anima sentado en el sofá inmóvil, sabía que en su modo reparación no podría usar su cuerpo ya que sería gasto de energía innecesario para su recuperación, con una leve sonrisa volví a mirar hacia la ciudad dando un sorbo de mi copa*
    Kinger Físico: *Había estado con el “Proyecto Caine” durante estos días metido en el taller sin dejar de lado obviamente el trabajo como director de la sección I+D, por el momento el proyecto iba viento en popa, aunque hay que hacer mejoras ya que los prototipos andaban fallando cada uno con problemas distintos, me tome un descanso estando en la terraza cerca de la barandilla de mi ático de uno de los edificios más lujosos de la zona teniendo una copa en mano disfrutando de las vistas* Veremos que nos depara el futuro, no me gustaría que hubiesen más problemas como la última vez… eso casi me cuesta perder a personas muy valiosas. *Mirando de reojo al interior concretamente el salón pudiendo ver el cuerpo animatronico de Anima sentado en el sofá inmóvil, sabía que en su modo reparación no podría usar su cuerpo ya que sería gasto de energía innecesario para su recuperación, con una leve sonrisa volví a mirar hacia la ciudad dando un sorbo de mi copa*
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  • -La cueva no rugia, por una vez.. no habia gritos, ni acero chocando, ni huesos rompiendose en sus manos, solo el sonido lento... calmado y metodico de algo siendo colocado con cuidado, el Ogro se encontraba de Pie en el centro de su caverna, iluminado por antorchas clavadas entre las grietas de la roca. La luz anaranjada danzaba sobre su piel azul, resaltando cada cicatriz como si fueran marcas sagradas. A su alrededor, las paredes no eran simples piedras, eran historia para el, filas y filas de craneos-

    -Humanos, bestias, criaturas que ya no existian.. algunos pequeños como los de niños, otros enormes, con colmillos aun intactos, habia cuernos, mandivulas deformes, placas oseas extrañas, cada uno limpio, cada uno conservado, cada uno recordado, el ogro sostenia uno nuevo entre sus manos, todavia tenia restos de sangre seca en las grietas del hueso, Era pesado, de una criatura claramente poderosa, sus dedos gruesos giraban lentamente, observandolo desde distintos angulos, como si estuviera evaluando una obra de arte, gruño en voz baja, totalmente satisfecho-

    "Fuiste fuerte, y un gran alimento para mi cuerpo, ahora te otorgare un lugar comodo para observarme."

    -Su voz no era violeta esta vez, no habia furia, si no reconocimiento, camino lentamente hacia una seccion especifica en la pared, no cualquiera, alli estaban los trofeos de aquellos que lo habian hecho sangrar, emocionarse por la batalla, se detuvo y miro el espacio, y con lentitud acomodo el craneo entre otros dos, ajustandolo apenas unos milimetros hacia la izquierda.. luego hacia la derecha, hasta que quedo perfecto, recien entonces solto el hueso, el ogro retrocedio un paso y observo, sus ojos brillaron con algo distinto, no era hambre, no era Ira... era mucho mas profundo, cada craneo era una batalla. Cada batalla, una prueba. Cada prueba.. una razon para seguir existiendo, avanzo hacia otra seccion, esta vez tomo un craneo antiguo, cubierto por una fina capa de polvo, fruncio el ceño puesto que, no le gustaba eso-

    "Tsk..."

    -Con una tela gruesa, comenzo a limpiarlo con cuidado, movimientos lentos, casi pacientes, sus manos, capaces de arrancar una cabeza de un tiron, ahora se movian con delicadeza inquietante.-

    "No te vuelvas debil.. ni en la muerte canalla."

    -La devolvio al lugar, el ogro finalmente se sento sobre una roca grande, que hacia de trono improvisado dentro de su cueva, apoyo los brazos sobre sus piernas y dejo escapar un largo suspiro pesado, sus ojos recorrieron la pared, cada trofeo, cada historia que jamas se permitiria contar a nadie, solo viviencias y recuerdos en su memoria, y alli, el ogro guardo silencio, hundido en sus pensamientos-
    -La cueva no rugia, por una vez.. no habia gritos, ni acero chocando, ni huesos rompiendose en sus manos, solo el sonido lento... calmado y metodico de algo siendo colocado con cuidado, el Ogro se encontraba de Pie en el centro de su caverna, iluminado por antorchas clavadas entre las grietas de la roca. La luz anaranjada danzaba sobre su piel azul, resaltando cada cicatriz como si fueran marcas sagradas. A su alrededor, las paredes no eran simples piedras, eran historia para el, filas y filas de craneos- -Humanos, bestias, criaturas que ya no existian.. algunos pequeños como los de niños, otros enormes, con colmillos aun intactos, habia cuernos, mandivulas deformes, placas oseas extrañas, cada uno limpio, cada uno conservado, cada uno recordado, el ogro sostenia uno nuevo entre sus manos, todavia tenia restos de sangre seca en las grietas del hueso, Era pesado, de una criatura claramente poderosa, sus dedos gruesos giraban lentamente, observandolo desde distintos angulos, como si estuviera evaluando una obra de arte, gruño en voz baja, totalmente satisfecho- "Fuiste fuerte, y un gran alimento para mi cuerpo, ahora te otorgare un lugar comodo para observarme." -Su voz no era violeta esta vez, no habia furia, si no reconocimiento, camino lentamente hacia una seccion especifica en la pared, no cualquiera, alli estaban los trofeos de aquellos que lo habian hecho sangrar, emocionarse por la batalla, se detuvo y miro el espacio, y con lentitud acomodo el craneo entre otros dos, ajustandolo apenas unos milimetros hacia la izquierda.. luego hacia la derecha, hasta que quedo perfecto, recien entonces solto el hueso, el ogro retrocedio un paso y observo, sus ojos brillaron con algo distinto, no era hambre, no era Ira... era mucho mas profundo, cada craneo era una batalla. Cada batalla, una prueba. Cada prueba.. una razon para seguir existiendo, avanzo hacia otra seccion, esta vez tomo un craneo antiguo, cubierto por una fina capa de polvo, fruncio el ceño puesto que, no le gustaba eso- "Tsk..." -Con una tela gruesa, comenzo a limpiarlo con cuidado, movimientos lentos, casi pacientes, sus manos, capaces de arrancar una cabeza de un tiron, ahora se movian con delicadeza inquietante.- "No te vuelvas debil.. ni en la muerte canalla." -La devolvio al lugar, el ogro finalmente se sento sobre una roca grande, que hacia de trono improvisado dentro de su cueva, apoyo los brazos sobre sus piernas y dejo escapar un largo suspiro pesado, sus ojos recorrieron la pared, cada trofeo, cada historia que jamas se permitiria contar a nadie, solo viviencias y recuerdos en su memoria, y alli, el ogro guardo silencio, hundido en sus pensamientos-
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  • Muy buenos días, espero esten pasado un dia maravilloso.
    Si deseas intersección, se pueden acercar.
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  • Feliz y bello domingo mis queridos corazones de pollo aquí tomando un pequeño descanso de mi sección de fotos para
    Ishtar’s Demonic Déesse Infernal Glamour
    Como prometí una linda selfi para Katrin Ishtar Schrodinger espero la regreses Mariposa rosa No olvides el #SeductiveSunday
    Feliz y bello domingo mis queridos corazones de pollo aquí tomando un pequeño descanso de mi sección de fotos para Ishtar’s Demonic Déesse Infernal Glamour Como prometí una linda selfi para [KatrinIshtar] espero la regreses Mariposa rosa No olvides el #SeductiveSunday :STK-13:
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