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    Tenlo en cuenta al responder.
    *El nacimiento del Caos.*
    Vharkhul Braknak

    -La tormenta no cambió.

    Pero algo más sí lo hizo.

    No fue un sonido… no fue un movimiento… fue una sensación. Como si el propio aire se hubiera vuelto incorrecto de repente.

    Más pesado.

    Más denso.

    Más vivo.

    Un paso.

    Aparecí.

    No desde un lugar… sino desde todos a la vez. Mi figura se formó entre la lluvia como si siempre hubiera estado ahí, como si la realidad simplemente hubiera decidido recordarme.

    Pasé junto a Fenrir.

    Sin mirarla al principio.

    Sin detenerme.

    Pero mi presencia la atravesó como un golpe seco en el pecho.

    —Aparta, niña.

    Mi voz ya no era un susurro.

    Era materia.

    Era peso.

    —Se acabó el jugar a las enfermeras con tu tía.

    Mis ojos se alzaron hacia el ogro… y entonces sonreí.

    Una sonrisa torcida.

    Hambre.

    —La reina reclama este espécimen…

    Mis huesos crujieron.

    No como algo que se rompe…

    Como algo que se libera.

    Mi espalda se arqueó con violencia, los músculos se tensaron bajo la piel mientras el Caos emergía sin permiso, sin control, sin intención de ocultarse. La carne cambió, se adaptó, se deformó con elegancia brutal.

    La piel se endureció.

    Las venas se marcaron como ríos oscuros latiendo con poder.

    Mis colmillos asomaron lentamente entre mis labios mientras mi respiración se volvía más profunda… más pesada… más animal.

    Mis ojos dejaron de ser humanos.

    Y cuando volví a erguirme…

    Ya no era Lili.

    Era algo mucho más antiguo.

    Más correcto.

    —Yo te enseñaré… cómo se usa un alma de verdad.

    Me coloqué detrás del ogro.

    Mi mano se cerró sobre el mango de la espada.

    No dudé.

    No medí.

    No calculé.

    Empujé.

    La hoja se hundió aún más en su cuerpo con una estocada seca, brutal, definitiva. La carne cedió, los huesos crujieron, y la sangre brotó en un pulso caliente que se mezcló con la lluvia.

    El ogro apenas reaccionó.

    Solo una mueca.

    Solo un sonido contenido.

    Me incliné sobre él.

    Lento.

    Disfrutándolo.

    Mi lengua recorrió la sangre que escapaba de su boca, limpiándola con calma, saboreando cada matiz como si leyera su historia en ella.

    —Sí…

    Una risa baja escapó de mi garganta.

    —Este servirá…

    —Khkhehe…

    Levanté la mano izquierda.

    Y el cadáver cercano respondió.

    No con vida.

    Con violencia.

    Se elevó en el aire de forma antinatural, su cuerpo temblando como si algo dentro de él se resistiera. Mis dedos se cerraron en el vacío… y tiré.

    El alma salió.

    No como luz.

    Como algo que no quería ser arrancado.

    El cuerpo crujió.

    Los huesos estallaron dentro de la carne, uno tras otro, en una sinfonía grotesca que ahogó incluso el rugido de los truenos. La piel se tensó, se rasgó, colapsó… mientras aquello que era su esencia quedaba atrapado en mi mano.

    Vivo.

    Furioso.

    Inestable.

    Entonces…

    Arranqué la espada.

    De un solo tirón.

    El cuerpo del ogro colapsó al instante, la herida se abrió, la vida abandonándolo en un latido.

    Y ahí…

    Sin transición.

    Sin delicadeza.

    Hundí el alma dentro de la herida.

    No guié.

    No pedí permiso.

    La forcé.

    El impacto fue inmediato.

    La carne se cerró como si nunca hubiera sido abierta, los músculos se tensaron violentamente, la energía recorrió su cuerpo como una tormenta atrapada bajo la piel.

    Sellado.

    Forzado.

    Perfecto.

    Mi mano subió hasta uno de sus cuernos.

    Y tiré.

    Obligándolo a girarse.

    A mirarme.

    A entender.

    Mi rostro quedó frente al suyo, a escasos centímetros, mi sonrisa abierta, peligrosa… absoluta.

    —Mírame bien, Vharkhul Braknak…

    Mis ojos brillaban con una intensidad antinatural.

    —Estás frente a tu reina.

    ....

    No había duda.

    No había opción.

    —No te arrodilles nunca ante mí… ni ante nadie.

    Mi agarre se tensó ligeramente.

    —Porque mi gobierno no se rige desde la servidumbre…

    Mi voz bajó.

    Más grave.

    Más profunda.

    —…sino desde la lealtad a lo que nunca debió existir…

    Una sonrisa más amplia.

    Más oscura.

    —…pero decidió hacerlo.

    Mis ojos se clavaron en los suyos.

    —El Caos te reclama…

    Un susurro final.

    —…y a la vez te entrega.
    *El nacimiento del Caos.* [lunar_turquoise_elephant_284] -La tormenta no cambió. Pero algo más sí lo hizo. No fue un sonido… no fue un movimiento… fue una sensación. Como si el propio aire se hubiera vuelto incorrecto de repente. Más pesado. Más denso. Más vivo. Un paso. Aparecí. No desde un lugar… sino desde todos a la vez. Mi figura se formó entre la lluvia como si siempre hubiera estado ahí, como si la realidad simplemente hubiera decidido recordarme. Pasé junto a Fenrir. Sin mirarla al principio. Sin detenerme. Pero mi presencia la atravesó como un golpe seco en el pecho. —Aparta, niña. Mi voz ya no era un susurro. Era materia. Era peso. —Se acabó el jugar a las enfermeras con tu tía. Mis ojos se alzaron hacia el ogro… y entonces sonreí. Una sonrisa torcida. Hambre. —La reina reclama este espécimen… Mis huesos crujieron. No como algo que se rompe… Como algo que se libera. Mi espalda se arqueó con violencia, los músculos se tensaron bajo la piel mientras el Caos emergía sin permiso, sin control, sin intención de ocultarse. La carne cambió, se adaptó, se deformó con elegancia brutal. La piel se endureció. Las venas se marcaron como ríos oscuros latiendo con poder. Mis colmillos asomaron lentamente entre mis labios mientras mi respiración se volvía más profunda… más pesada… más animal. Mis ojos dejaron de ser humanos. Y cuando volví a erguirme… Ya no era Lili. Era algo mucho más antiguo. Más correcto. —Yo te enseñaré… cómo se usa un alma de verdad. Me coloqué detrás del ogro. Mi mano se cerró sobre el mango de la espada. No dudé. No medí. No calculé. Empujé. La hoja se hundió aún más en su cuerpo con una estocada seca, brutal, definitiva. La carne cedió, los huesos crujieron, y la sangre brotó en un pulso caliente que se mezcló con la lluvia. El ogro apenas reaccionó. Solo una mueca. Solo un sonido contenido. Me incliné sobre él. Lento. Disfrutándolo. Mi lengua recorrió la sangre que escapaba de su boca, limpiándola con calma, saboreando cada matiz como si leyera su historia en ella. —Sí… Una risa baja escapó de mi garganta. —Este servirá… —Khkhehe… Levanté la mano izquierda. Y el cadáver cercano respondió. No con vida. Con violencia. Se elevó en el aire de forma antinatural, su cuerpo temblando como si algo dentro de él se resistiera. Mis dedos se cerraron en el vacío… y tiré. El alma salió. No como luz. Como algo que no quería ser arrancado. El cuerpo crujió. Los huesos estallaron dentro de la carne, uno tras otro, en una sinfonía grotesca que ahogó incluso el rugido de los truenos. La piel se tensó, se rasgó, colapsó… mientras aquello que era su esencia quedaba atrapado en mi mano. Vivo. Furioso. Inestable. Entonces… Arranqué la espada. De un solo tirón. El cuerpo del ogro colapsó al instante, la herida se abrió, la vida abandonándolo en un latido. Y ahí… Sin transición. Sin delicadeza. Hundí el alma dentro de la herida. No guié. No pedí permiso. La forcé. El impacto fue inmediato. La carne se cerró como si nunca hubiera sido abierta, los músculos se tensaron violentamente, la energía recorrió su cuerpo como una tormenta atrapada bajo la piel. Sellado. Forzado. Perfecto. Mi mano subió hasta uno de sus cuernos. Y tiré. Obligándolo a girarse. A mirarme. A entender. Mi rostro quedó frente al suyo, a escasos centímetros, mi sonrisa abierta, peligrosa… absoluta. —Mírame bien, Vharkhul Braknak… Mis ojos brillaban con una intensidad antinatural. —Estás frente a tu reina. .... No había duda. No había opción. —No te arrodilles nunca ante mí… ni ante nadie. Mi agarre se tensó ligeramente. —Porque mi gobierno no se rige desde la servidumbre… Mi voz bajó. Más grave. Más profunda. —…sino desde la lealtad a lo que nunca debió existir… Una sonrisa más amplia. Más oscura. —…pero decidió hacerlo. Mis ojos se clavaron en los suyos. —El Caos te reclama… Un susurro final. —…y a la vez te entrega.
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  • -La tormenta no habia cesado, desde lo mas alto del castillo, donde el viento golpeaba con furia y la lluvia caia como agujas heladas, la figura del ogro azul permanecia inmovil. De frente a sus seguidores, sus manos, enormes, descansaban sobre la piedra humeda del balcon, El agua recorria cada surco de sus musculos, cada cicatriz, cada marca de guerra grabada en su piel, sus cuernos se alzaban oscuros contra los relampagos que partian el cielo en dos, y abajo.. abajo no habia un simple ejercito, habia un oceano, antorchas encendidas hasta donde alcanzaba la vista, Banderas agitandose, Millones de criaturas, orcos, goblins, lizzardmens, kobolds, trolls, Ogros y Hombres bestia de diferentes clases, pegados unos contra los otros, formando una masa viva que respiraba, rugia y esperaba por su amo, todo ese poder, todo ese caos, le pertenecia solo a el-

    -El ogro no se movio al principio, dejo que el silencio pesara, que la expectativa creciera como una precion insoportable en la garganta de miles, entonces hablo, su voz descendio desde lo alto, profunda, arrastrada por el viento, imposible de ignorar-

    "Este era vuestro Amo."

    -Dijo el Ogro levantando el craneo enorme de un demonio, el cual ya no tenia carne en su calavera, solo huesos y sangre, un murmullo se agito en la inmensidad, como una bestia removiendose bajo la superficie. Todos podian ver el estado de su antiguo señor-

    "Se autoproclamaba como el señor de todo, pero termino suplicando por su vida..le arranque los ojos, le corte la lengua y aun pedia piedad, no se defendio, solo huyo como un cobarde! UNA BASURA ASI NO MERECE LLAMARSE AMO DE ESTAS TIERRAS!"

    -Dijo aplastando el craneo entre sus manos, al hacerlo todo el oceano de Bestias, ese ejercito de millones comenzo a gritar y festejar, un nuevo señor habia aparecido, un señor que no moriria aunque lo reducieran a cenizas-
    -La tormenta no habia cesado, desde lo mas alto del castillo, donde el viento golpeaba con furia y la lluvia caia como agujas heladas, la figura del ogro azul permanecia inmovil. De frente a sus seguidores, sus manos, enormes, descansaban sobre la piedra humeda del balcon, El agua recorria cada surco de sus musculos, cada cicatriz, cada marca de guerra grabada en su piel, sus cuernos se alzaban oscuros contra los relampagos que partian el cielo en dos, y abajo.. abajo no habia un simple ejercito, habia un oceano, antorchas encendidas hasta donde alcanzaba la vista, Banderas agitandose, Millones de criaturas, orcos, goblins, lizzardmens, kobolds, trolls, Ogros y Hombres bestia de diferentes clases, pegados unos contra los otros, formando una masa viva que respiraba, rugia y esperaba por su amo, todo ese poder, todo ese caos, le pertenecia solo a el- -El ogro no se movio al principio, dejo que el silencio pesara, que la expectativa creciera como una precion insoportable en la garganta de miles, entonces hablo, su voz descendio desde lo alto, profunda, arrastrada por el viento, imposible de ignorar- "Este era vuestro Amo." -Dijo el Ogro levantando el craneo enorme de un demonio, el cual ya no tenia carne en su calavera, solo huesos y sangre, un murmullo se agito en la inmensidad, como una bestia removiendose bajo la superficie. Todos podian ver el estado de su antiguo señor- "Se autoproclamaba como el señor de todo, pero termino suplicando por su vida..le arranque los ojos, le corte la lengua y aun pedia piedad, no se defendio, solo huyo como un cobarde! UNA BASURA ASI NO MERECE LLAMARSE AMO DE ESTAS TIERRAS!" -Dijo aplastando el craneo entre sus manos, al hacerlo todo el oceano de Bestias, ese ejercito de millones comenzo a gritar y festejar, un nuevo señor habia aparecido, un señor que no moriria aunque lo reducieran a cenizas-
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  • La justicia de cada uno
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    Categoría Acción
    Danniel estaba en un callejón, la espalda apoyada en una de las paredes medio derruidas, la pistola en su mano izquierda aún humeaba por el disparo, mezclándose con el humo del cigarrillo en sus labios. Danniel era diestro, pero había aprendido a disparar y en general a hacer su trabajo con ambas manos, así habría menos sospechas.

    Tras unos segundos, Danniel volvió a guardar su arma en el interior de su chaqueta. Su mirada permaneció fija en el cadáver que tenía ente él durante unos segundos más. El cuerpo estaba apoyado contra la pared de enfrente, con un disparo limpio entre ceja y ceja, la sangre que emanaba debido a este descendiendo por la frente del hombre. Con un suspiro, Danniel sacó su móvil e hizo una foto al cadáver, la mandó con un mensaje de texto breve.

    «Hecho :) »

    Sonrió mirando la pantalla y volvió a guardarselo en el bolsillo. Danniel era así, alguien que aparentemente no se tomaba su trabajo en serio, soez, algunos dirían que algo excéntrico incluso, pero lo que no se podía negar es que era bueno en su trabajo. Mientras se alejaba, se recolocó la gorra y se subió la mascarilla, aunque fuera de noche siempre podía haber gente.

    Danniel estaba en un callejón, la espalda apoyada en una de las paredes medio derruidas, la pistola en su mano izquierda aún humeaba por el disparo, mezclándose con el humo del cigarrillo en sus labios. Danniel era diestro, pero había aprendido a disparar y en general a hacer su trabajo con ambas manos, así habría menos sospechas. Tras unos segundos, Danniel volvió a guardar su arma en el interior de su chaqueta. Su mirada permaneció fija en el cadáver que tenía ente él durante unos segundos más. El cuerpo estaba apoyado contra la pared de enfrente, con un disparo limpio entre ceja y ceja, la sangre que emanaba debido a este descendiendo por la frente del hombre. Con un suspiro, Danniel sacó su móvil e hizo una foto al cadáver, la mandó con un mensaje de texto breve. «Hecho :) » Sonrió mirando la pantalla y volvió a guardarselo en el bolsillo. Danniel era así, alguien que aparentemente no se tomaba su trabajo en serio, soez, algunos dirían que algo excéntrico incluso, pero lo que no se podía negar es que era bueno en su trabajo. Mientras se alejaba, se recolocó la gorra y se subió la mascarilla, aunque fuera de noche siempre podía haber gente.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    10
    Estado
    Disponible
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  • - Vamos, no me mires así. Normalmente lo hago rápido y sin todo este rollo, pero parece que has cabreado a mi cliente, y me ha pedido que te grabe mientras sufres lentamente... Oye que esto también es un marrón para mí, con un tiro en la cabeza no tengo que limpiar tanta sangre, pero de esta forma... En fin. ¡Sonríe a la cámara!
    - Vamos, no me mires así. Normalmente lo hago rápido y sin todo este rollo, pero parece que has cabreado a mi cliente, y me ha pedido que te grabe mientras sufres lentamente... Oye que esto también es un marrón para mí, con un tiro en la cabeza no tengo que limpiar tanta sangre, pero de esta forma... En fin. ¡Sonríe a la cámara!
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  • ― El campo de batalla sigue exigiendo la presencia incluso de fantasmas como nosotros, de reliquias que, a todas luces, pudrirse en los anaqueles del olvido deberían.

    ¿Son mi presencia aquí y mi añoranza por sentir el calor del acero y sangre una vez más, prueba de que este mundo le ha fallado a sus nuevas generaciones? ¿O es sólo evidencia de mi obstinación, un sabueso viejo al que más trucos no es posible enseñarle?
    ― El campo de batalla sigue exigiendo la presencia incluso de fantasmas como nosotros, de reliquias que, a todas luces, pudrirse en los anaqueles del olvido deberían. ¿Son mi presencia aquí y mi añoranza por sentir el calor del acero y sangre una vez más, prueba de que este mundo le ha fallado a sus nuevas generaciones? ¿O es sólo evidencia de mi obstinación, un sabueso viejo al que más trucos no es posible enseñarle?
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  • — El castaño se acomodó en el regazo del pelinegro y acarició sus mejillas con delicadeza.—

    ¿Estás seguro de que estás bien?, aún tienes rastros de sangre...

    — La expresión de Mike era de preocupación pura, aquel joven se había presentado en su casa para cenar juntos, pero había un pequeño detalle que había llamado al más pequeño, Alessandro tenía rastros de sangre en sus manos.—

    Oh dios, ¿ estás bien?

    Alessandro Wang Balissari
    — El castaño se acomodó en el regazo del pelinegro y acarició sus mejillas con delicadeza.— ¿Estás seguro de que estás bien?, aún tienes rastros de sangre... — La expresión de Mike era de preocupación pura, aquel joven se había presentado en su casa para cenar juntos, pero había un pequeño detalle que había llamado al más pequeño, Alessandro tenía rastros de sangre en sus manos.— Oh dios, ¿ estás bien? [flare_onyx_bear_870]
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  • Tan...predecibles. Son como las desgraciadas polillas, incapaces de resistirse a la luz...así son ellos, incapaces de resistirse a unos cuántos billetes y unas migajas de poder, ¿no es así?

    El cuerpo de un hombre con varias heridas desde el cuello hasta el vientre, yacía tendido a los pies de Alessandro en un charco de su propio líquido vital mientras éste lo miraba con fría indiferencia a pesar de la sangre que cubría su hermoso rostro.

    — Con él, ¿cuántos faltan, Lorenzo?—preguntó mientras miraba sus manos llenas de sangre.

    — Unos 20, señor. Sospecharan y podría ser peligroso para usted.

    —Lo sé, pero es más peligroso para ellos, se metieron con mi familia y tú sabes que eso no se hace...— respondió él como si hablara con un niño pequeño.

    — No creí que fuera tan duro, señor Balissari.

    —En mi defensa, jamás dije que sería una conversación amistosa...pero, Lorenzo...¿debo recordarte que juraste permanecer a mi lado hasta la muerte?

    —No, señor.

    —Encárgate del cuerpo.
    Y, como si hubiera ido a tomar el té, se limpió la sangre de cara y manos y salió del lugar.
    Tan...predecibles. Son como las desgraciadas polillas, incapaces de resistirse a la luz...así son ellos, incapaces de resistirse a unos cuántos billetes y unas migajas de poder, ¿no es así? El cuerpo de un hombre con varias heridas desde el cuello hasta el vientre, yacía tendido a los pies de Alessandro en un charco de su propio líquido vital mientras éste lo miraba con fría indiferencia a pesar de la sangre que cubría su hermoso rostro. — Con él, ¿cuántos faltan, Lorenzo?—preguntó mientras miraba sus manos llenas de sangre. — Unos 20, señor. Sospecharan y podría ser peligroso para usted. —Lo sé, pero es más peligroso para ellos, se metieron con mi familia y tú sabes que eso no se hace...— respondió él como si hablara con un niño pequeño. — No creí que fuera tan duro, señor Balissari. —En mi defensa, jamás dije que sería una conversación amistosa...pero, Lorenzo...¿debo recordarte que juraste permanecer a mi lado hasta la muerte? —No, señor. —Encárgate del cuerpo. Y, como si hubiera ido a tomar el té, se limpió la sangre de cara y manos y salió del lugar.
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  • Luego de poder cortar un dedo a un dragón, si hubiese sabido que su sangre quema como magma no hubiese tomado el encargo.

    ¿Cuántas veces me habrá matado... ? ¿10, 14? No lo recuerdo. Es difícil hacer memoria con el cerebro muerto, aún así mi cuerpo no cedió, pero las placas si.

    Mis costillas, clavícula y quien sabe el nombre de la mayoría de los huesos del cuerpo quedaron hechas polvo. Quiza pase meses en el mismo lugar sin poder moverme hasta sentirme descente, no logre contar las veces que vi el sol salir en la misma y humillante posicion.

    Al menos logré entregar el dedo y la paga fue abundante.
    Luego de poder cortar un dedo a un dragón, si hubiese sabido que su sangre quema como magma no hubiese tomado el encargo. ¿Cuántas veces me habrá matado... ? ¿10, 14? No lo recuerdo. Es difícil hacer memoria con el cerebro muerto, aún así mi cuerpo no cedió, pero las placas si. Mis costillas, clavícula y quien sabe el nombre de la mayoría de los huesos del cuerpo quedaron hechas polvo. Quiza pase meses en el mismo lugar sin poder moverme hasta sentirme descente, no logre contar las veces que vi el sol salir en la misma y humillante posicion. Al menos logré entregar el dedo y la paga fue abundante.
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  • - ¿Amor? ¿Que es eso?

    Buscando en la base de datos: Respuesta no encontrada.
    Buscando en los archivos unidos a la computadora madre: Respues no encontrada.

    - Si no hay reapuesta entonces ya no vale la pena seguir buscando o esperando lo que los humanos llaman "Amor". Es mejor solo seguir el propósito por el que fuimos creados como simples armas con la mision de encontrar a la persona que provocó el fin de los tiempos. Aunque tengo muy claro que cuando la encontremos sera el fin de nuestra raza.

    La albina creo una espada de sangre cortando la palma de su mano y sonrío lista para ir a cazar bestias y seguir buscando.

    - No importa, es mejor desaparecer que buscar o esperar u ilusión. Ademas el amo me quito algunas restricciones asique podré divertirme a gusto. ~
    - ¿Amor? ¿Que es eso? Buscando en la base de datos: Respuesta no encontrada. Buscando en los archivos unidos a la computadora madre: Respues no encontrada. - Si no hay reapuesta entonces ya no vale la pena seguir buscando o esperando lo que los humanos llaman "Amor". Es mejor solo seguir el propósito por el que fuimos creados como simples armas con la mision de encontrar a la persona que provocó el fin de los tiempos. Aunque tengo muy claro que cuando la encontremos sera el fin de nuestra raza. La albina creo una espada de sangre cortando la palma de su mano y sonrío lista para ir a cazar bestias y seguir buscando. - No importa, es mejor desaparecer que buscar o esperar u ilusión. Ademas el amo me quito algunas restricciones asique podré divertirme a gusto. ~
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  • -La lluvia caia pesada sobre las rocas negras del risco, golpeando la piedra como si el cielo mismo quisiera borrar las huellas de la batalla. El viente arrastraba el olor del hierro y la tierra mojada, mezclandolo con el silencio que queda cuando todo termina, alli en lo alto de la montaña, estaba el, El enorme Ogro de piel azulada, permanecia sentado sobre una roca desgarrada por el combate. Su cuerpo era ancho y poderoso, musculos tensos como si todavia estuviera en mitad del combate. Dos grandes cuernos curvos nacian de su cabeza, recortandose contra el cielo gris de la tormenta sobre su cabeza, habilidad usada por su contrincante, interesante para el ogro, una habilidad nueva para su catalogo, el agua resbalaba por su rostro y por las marcas que recorrian su piel, descendiendo lentamente hasta la herida abierta en su pecho, una espada Gigantesca lo atravezaba desde su espalda hacia su pecho-

    -La hoja habia entrado por su espalda, perforando y saliendo por su pecho, el mango habia quedado enterrado en su espalda, trabado por sus musculos y huesos, cada vez que respiraba, apenas la herida se movia con un sonido humedo, pero seguia vivo, sus ojos brillaban con un tenue resplandor rojizo mientras observaba el cuerpo en el suelo, su enemigo, uno de muchos tontos que creyeron haberle ganado por atravezar su cuerpo, su mano se movio hacia la cabeza del cuerpo y la levanto en sus manos, dejando que la sangre brotara de la misma y cayera sobre su rostro, bañandose en la sangre y la lluvia de ese duelo-
    -La lluvia caia pesada sobre las rocas negras del risco, golpeando la piedra como si el cielo mismo quisiera borrar las huellas de la batalla. El viente arrastraba el olor del hierro y la tierra mojada, mezclandolo con el silencio que queda cuando todo termina, alli en lo alto de la montaña, estaba el, El enorme Ogro de piel azulada, permanecia sentado sobre una roca desgarrada por el combate. Su cuerpo era ancho y poderoso, musculos tensos como si todavia estuviera en mitad del combate. Dos grandes cuernos curvos nacian de su cabeza, recortandose contra el cielo gris de la tormenta sobre su cabeza, habilidad usada por su contrincante, interesante para el ogro, una habilidad nueva para su catalogo, el agua resbalaba por su rostro y por las marcas que recorrian su piel, descendiendo lentamente hasta la herida abierta en su pecho, una espada Gigantesca lo atravezaba desde su espalda hacia su pecho- -La hoja habia entrado por su espalda, perforando y saliendo por su pecho, el mango habia quedado enterrado en su espalda, trabado por sus musculos y huesos, cada vez que respiraba, apenas la herida se movia con un sonido humedo, pero seguia vivo, sus ojos brillaban con un tenue resplandor rojizo mientras observaba el cuerpo en el suelo, su enemigo, uno de muchos tontos que creyeron haberle ganado por atravezar su cuerpo, su mano se movio hacia la cabeza del cuerpo y la levanto en sus manos, dejando que la sangre brotara de la misma y cayera sobre su rostro, bañandose en la sangre y la lluvia de ese duelo-
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