• ⸻ Serás ese amor que nunca se pudo dar, durante toda mi "eternidad" tendré que llevar la carga de lo que no pudo ser, y en tu honor esparciré las semillas con mi sangre esperando que el camino que este trace sea el punto final dónde mi cuerpo pueda descansar. ⸻
    ⸻ Serás ese amor que nunca se pudo dar, durante toda mi "eternidad" tendré que llevar la carga de lo que no pudo ser, y en tu honor esparciré las semillas con mi sangre esperando que el camino que este trace sea el punto final dónde mi cuerpo pueda descansar. ⸻
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • La familia no siempre es sangre. A veces son las personas que deciden quedarse.
    La familia no siempre es sangre. A veces son las personas que deciden quedarse.
    Me gusta
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Se dejó caer con cuidado en la orilla del lago, apoyando la espalda contra una roca húmeda, el agua estaba inmóvil, como si el mundo entero hubiese decidido guardar silencio después de la violencia de la noche. A su lado, el hacha descansaba manchada de sangre oscura, y ella la limpiaba lentamente con un trozo de tela arrancado de su chaqueta.

    Sus brazos dolían, los hombros le ardían y cada músculo le recordaba las horas que pasó despejando caminantes uno por uno. Aun así, su postura seguía alerta, la mirada turquesa recorría los árboles, el reflejo del agua, cualquier sombra que pudiera moverse.

    El aire frío del amanecer le llenó los pulmones, y por primera vez desde hacía mucho, no escuchó gruñidos, ni pasos arrastrados, ni gritos humanos. Solo el leve murmullo del agua y el canto lejano de un ave, apoyó los codos sobre las rodillas, bajó un poco la cabeza y cerró los ojos unos segundos, no era descanso verdadero, pero era lo más cercano a la paz que ese mundo le permitía, por ahora era suficiente.
    Se dejó caer con cuidado en la orilla del lago, apoyando la espalda contra una roca húmeda, el agua estaba inmóvil, como si el mundo entero hubiese decidido guardar silencio después de la violencia de la noche. A su lado, el hacha descansaba manchada de sangre oscura, y ella la limpiaba lentamente con un trozo de tela arrancado de su chaqueta. Sus brazos dolían, los hombros le ardían y cada músculo le recordaba las horas que pasó despejando caminantes uno por uno. Aun así, su postura seguía alerta, la mirada turquesa recorría los árboles, el reflejo del agua, cualquier sombra que pudiera moverse. El aire frío del amanecer le llenó los pulmones, y por primera vez desde hacía mucho, no escuchó gruñidos, ni pasos arrastrados, ni gritos humanos. Solo el leve murmullo del agua y el canto lejano de un ave, apoyó los codos sobre las rodillas, bajó un poco la cabeza y cerró los ojos unos segundos, no era descanso verdadero, pero era lo más cercano a la paz que ese mundo le permitía, por ahora era suficiente.
    Me encocora
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • — Sí que lo es... O la sangre se me ha acomulado en mi otra cabeza o estoy teniendo alucinaciones.
    — Sí que lo es... O la sangre se me ha acomulado en mi otra cabeza o estoy teniendo alucinaciones.
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Los ojos de Chantle Parte II
    Fandom Linaje Queen
    Categoría Acción
    Akane Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar Akane
    Hannah Queen Queen Hannah
    Ryu リュウ・イシュタル・ヨキン Ryu
    Chantle Queen Ishtar Chantle
    Jenny Queen Orc Jenny
    𝐀yane 𝐈𝐬𝐡𝐭𝐚𝐫 Ayane
    Jason Jaegerjaquez Ishtar Jason

    El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad.

    No es una construcción.
    Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua.

    Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama.

    Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra.

    En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona.

    Las paredes se mueven con violencia.

    El suelo cruje.

    Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne.

    —Un laberinto… —alcanza a decir Akane.

    El castillo intenta separarnos.
    Confundirnos.
    Jugar con nosotras.
    Y entonces algo dentro de mí revienta.

    La imagen de Jason cayendo.
    Su despedida.
    El sacrificio que no pude impedir.

    No.
    No voy a seguirle el juego a este maldito lugar.
    Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño.

    El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede.

    Igual que cuando era pequeña.
    Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar.
    El día que conocí a Oz.
    El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea.

    —¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas!

    Vuelvo a golpear.
    El castillo tiembla, pero se burla.

    —¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate!

    Un tercer golpe.

    —¡Mentiroso!
    —¡Tramposo!
    —¡Estoy aquí… padre!

    El último impacto abre mi piel.
    La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene.

    Durante un instante eterno, nada se mueve.

    La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración.

    Entonces, cede.

    Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa.

    La biblioteca.

    Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido.

    Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario.
    Su mirada se fija directamente en Chantle.

    —Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—.
    —Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto...

    Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente.

    Hannah se aferra a mí.
    Y entonces ocurre.
    Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas.

    ¿Magia Elunai?
    ¿La protección de Selin?
    No lo sé. Solo sé que funciona.
    Respiro de nuevo.
    Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio.

    No lo ofrece a nadie más.
    Solo a Chantle.
    Y en ese instante, un frío recorre mi espalda.

    —¿Ayane…? —susurro.
    Miro alrededor.
    No está.

    La comprensión llega tarde.

    Demasiado tarde.
    [akane_qi] Akane [stellar_white_bear_102] Hannah [Ryu] Ryu [frost_platinum_hare_393] Chantle [queen_0] Jenny [Ayane_Ishtar] Ayane [Jason07] Jason El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad. No es una construcción. Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua. Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama. Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra. En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona. Las paredes se mueven con violencia. El suelo cruje. Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne. —Un laberinto… —alcanza a decir Akane. El castillo intenta separarnos. Confundirnos. Jugar con nosotras. Y entonces algo dentro de mí revienta. La imagen de Jason cayendo. Su despedida. El sacrificio que no pude impedir. No. No voy a seguirle el juego a este maldito lugar. Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño. El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede. Igual que cuando era pequeña. Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar. El día que conocí a Oz. El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea. —¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas! Vuelvo a golpear. El castillo tiembla, pero se burla. —¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate! Un tercer golpe. —¡Mentiroso! —¡Tramposo! —¡Estoy aquí… padre! El último impacto abre mi piel. La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene. Durante un instante eterno, nada se mueve. La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración. Entonces, cede. Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa. La biblioteca. Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido. Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario. Su mirada se fija directamente en Chantle. —Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—. —Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto... Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente. Hannah se aferra a mí. Y entonces ocurre. Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas. ¿Magia Elunai? ¿La protección de Selin? No lo sé. Solo sé que funciona. Respiro de nuevo. Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio. No lo ofrece a nadie más. Solo a Chantle. Y en ese instante, un frío recorre mi espalda. —¿Ayane…? —susurro. Miro alrededor. No está. La comprensión llega tarde. Demasiado tarde.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    9
    6 turnos 0 maullidos
  • De nuevo la pesadilla.
    Una vez más, no tuvo las mejores de las noches; removiéndose entre sueños su mente volvió a reproducirle aquel fatídico momento. Aquella experiencia tan horrible que se le había grabado a fuego en el alma; inolvidable, aterradora, desgarradora...
    Y es que una vez más allí estaba: en el infierno. Rodeada de gritos, aullidos de dolor y el chocar del metal de las armas al encontrarse en su camino. Frente a ella, un cuerpo tirado, abandonado e ignorado, rodeado de un mar dorado producido por su propia sangre.

    Su corazón dolía al latir, su alma quebrándose en una mitad irrecuperable mientras el aire se iba de sus pulmones. Los sonidos a su alrededor no volviéndose más que ecos en la distancia mientras su cuerpo perdía fuerza, sus piernas parecían haberse vuelto inútiles, como si nunca hubiera aprendido a caminar. Un tropezón y luego otro hasta que por fin pudo ponerse en pie y correr, como si una mano le hubiese empujado en la espalda para impulsarla a ir hacia adelante; un impulso que no le duraría demasiado pues tan solo llegar junto al cuerpo es que toda fuerza acumulada se desvanecería una vez más.

    — No, no, no, no.... —

    Tan solo una súplica inaudible. Un rezo ignorado mientras la vista se volvía borrosa, sus manos temblorosas volteando a ver la identidad del cuerpo caído mientras su corazón acababa por casi detenerse al corroborarlo.

    — Adán... ¡¡Adán!! —

    Más la respuesta nunca llegó. Tan solo una sonrisa cariñosa esbozada mientras veía el dorado de sus ojos, tan brillantes como el sol, desvanecerse hasta volverse un apagado opaco. La luz de su vida desaparecida mientras una mitad de ella se la había llevado al morir.

    — ¡¡Adán!! —

    Repitió pero ya nada hubo, aunque suavemente lo sacudió con la única mano que le quedaba.
    La sonrisa se quedó inmóvil en aquellos labios ajenos, imborrable, pero ya no hubo ningún otro movimiento. Su respiración acelerada y el líquido rodando por su mejillas.

    — ¡ADÁN! —

    Sin embargo, al gritar, se encontró sentándose abruptamente en la cama. A su alrededor solo su habitación.
    Ni un rastro de demonios, del paisaje infernal, ni siquiera de la sangre dorada cubriéndola o el cuerpo que tanto había quebrado su alma. Nada había.
    Con pies temblorosos se levantó de la cama y caminó hasta el ventanal, ya reparado, de su habitación; sólo el paisaje celestial la recibió.
    Observó su brazo izquierdo, dorado y prostetico, con la ausencia de una aureola que ella juraba había tomado entre sus manos para usar de pulsera y un recordatorio constante de una venganza jurada en silencio.

    Su corazón aún latía acelerado y podía sentir el rastro de lágrimas que habían humedecido sus mejillas pero solo la ausencia de la aureola en su mano le trajo paz pues eso significaba que había sido todo un sueño, un mal recuerdo, y en realidad su señor en ese momento, probablemente, ya la estuviera esperando en el campo de entrenamiento como siempre lo hacía.
    Se pasó las manos por las mejillas para limpiarse cualquier mojado rastro de sus lágrimas y se dispuso a prepararse para un nuevo día.

    Adán estaba vivo, tan vivo como ella. Y los demonios igual con sólo un reloj de arena cuyos granos caían lentamente anunciando un inminente final que les aguardaba bajo sus manos.
    Sí, Adán estaría vivo pero no libre de amenaza; no mientras los demonios continuaran con sus tranquilas vidas allí abajo, libres de preocupaciones gracias a las nuevas órdenes de Sera. Pero ese era su error, creer que eran libres de preocupaciones pues no era nada más lejano a la realidad mientras ella siguiera con vida. Tarde o temprano su momento llegaría y sería entonces cuando ella tomaría la oportunidad que se le brindaría bajando a aquel agujero infernal una vez más, exterminando hasta al último demonio que pueda suponer una amenaza a la vida del hombre que ella amaba
    De nuevo la pesadilla. Una vez más, no tuvo las mejores de las noches; removiéndose entre sueños su mente volvió a reproducirle aquel fatídico momento. Aquella experiencia tan horrible que se le había grabado a fuego en el alma; inolvidable, aterradora, desgarradora... Y es que una vez más allí estaba: en el infierno. Rodeada de gritos, aullidos de dolor y el chocar del metal de las armas al encontrarse en su camino. Frente a ella, un cuerpo tirado, abandonado e ignorado, rodeado de un mar dorado producido por su propia sangre. Su corazón dolía al latir, su alma quebrándose en una mitad irrecuperable mientras el aire se iba de sus pulmones. Los sonidos a su alrededor no volviéndose más que ecos en la distancia mientras su cuerpo perdía fuerza, sus piernas parecían haberse vuelto inútiles, como si nunca hubiera aprendido a caminar. Un tropezón y luego otro hasta que por fin pudo ponerse en pie y correr, como si una mano le hubiese empujado en la espalda para impulsarla a ir hacia adelante; un impulso que no le duraría demasiado pues tan solo llegar junto al cuerpo es que toda fuerza acumulada se desvanecería una vez más. — No, no, no, no.... — Tan solo una súplica inaudible. Un rezo ignorado mientras la vista se volvía borrosa, sus manos temblorosas volteando a ver la identidad del cuerpo caído mientras su corazón acababa por casi detenerse al corroborarlo. — Adán... ¡¡Adán!! — Más la respuesta nunca llegó. Tan solo una sonrisa cariñosa esbozada mientras veía el dorado de sus ojos, tan brillantes como el sol, desvanecerse hasta volverse un apagado opaco. La luz de su vida desaparecida mientras una mitad de ella se la había llevado al morir. — ¡¡Adán!! — Repitió pero ya nada hubo, aunque suavemente lo sacudió con la única mano que le quedaba. La sonrisa se quedó inmóvil en aquellos labios ajenos, imborrable, pero ya no hubo ningún otro movimiento. Su respiración acelerada y el líquido rodando por su mejillas. — ¡ADÁN! — Sin embargo, al gritar, se encontró sentándose abruptamente en la cama. A su alrededor solo su habitación. Ni un rastro de demonios, del paisaje infernal, ni siquiera de la sangre dorada cubriéndola o el cuerpo que tanto había quebrado su alma. Nada había. Con pies temblorosos se levantó de la cama y caminó hasta el ventanal, ya reparado, de su habitación; sólo el paisaje celestial la recibió. Observó su brazo izquierdo, dorado y prostetico, con la ausencia de una aureola que ella juraba había tomado entre sus manos para usar de pulsera y un recordatorio constante de una venganza jurada en silencio. Su corazón aún latía acelerado y podía sentir el rastro de lágrimas que habían humedecido sus mejillas pero solo la ausencia de la aureola en su mano le trajo paz pues eso significaba que había sido todo un sueño, un mal recuerdo, y en realidad su señor en ese momento, probablemente, ya la estuviera esperando en el campo de entrenamiento como siempre lo hacía. Se pasó las manos por las mejillas para limpiarse cualquier mojado rastro de sus lágrimas y se dispuso a prepararse para un nuevo día. Adán estaba vivo, tan vivo como ella. Y los demonios igual con sólo un reloj de arena cuyos granos caían lentamente anunciando un inminente final que les aguardaba bajo sus manos. Sí, Adán estaría vivo pero no libre de amenaza; no mientras los demonios continuaran con sus tranquilas vidas allí abajo, libres de preocupaciones gracias a las nuevas órdenes de Sera. Pero ese era su error, creer que eran libres de preocupaciones pues no era nada más lejano a la realidad mientras ella siguiera con vida. Tarde o temprano su momento llegaría y sería entonces cuando ella tomaría la oportunidad que se le brindaría bajando a aquel agujero infernal una vez más, exterminando hasta al último demonio que pueda suponer una amenaza a la vida del hombre que ella amaba
    Me entristece
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • ¡Bienvenida a casa!
    Fandom Crónicas Vampirícas
    Categoría Original
    Adentrandome en las profundidades de la cripta donde bajo diferentes hechizos que pedí a mi bruja, se encuentran guardados los ataudes del resto de mi hermanos.
    Personalmente me ocupe de que transportaran el de mi Rebekah Mikaelson, hasta nuestro hogar.
    Su cuarto esta preparado pero no es ahí donde coloqué el ataúd, al destaparlo quedo unos segundo contemplándola.
    También me he encargado de traerla un gran festín, lleva muchos siglos dormida debido a la daga que la clave y cuando despierte estará sedienta de sangre.

    Tardará unos horas en despertar, previamente Elijah fue a comprar en las mejores tiendas exclusivas a las que las mujeres les gusta tanto y en donde se dejan cientos de miles de dólares.

    ⸻Querida Rebeka, en pocas horas volveremos a estar los tres juntos como en los viejos tiempos.
    Adentrandome en las profundidades de la cripta donde bajo diferentes hechizos que pedí a mi bruja, se encuentran guardados los ataudes del resto de mi hermanos. Personalmente me ocupe de que transportaran el de mi [ThxBlondeMikaelson13], hasta nuestro hogar. Su cuarto esta preparado pero no es ahí donde coloqué el ataúd, al destaparlo quedo unos segundo contemplándola. También me he encargado de traerla un gran festín, lleva muchos siglos dormida debido a la daga que la clave y cuando despierte estará sedienta de sangre. Tardará unos horas en despertar, previamente Elijah fue a comprar en las mejores tiendas exclusivas a las que las mujeres les gusta tanto y en donde se dejan cientos de miles de dólares. ⸻Querida Rebeka, en pocas horas volveremos a estar los tres juntos como en los viejos tiempos.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Terminado
    Me encocora
    1
    55 turnos 0 maullidos
  • Sentado sobre una rama alta, con un poleron cubriéndole el torso y la luna colándose entre las hojas, Sniffles observaba su reflejo distorsionado en la superficie del lago oscuro. “¿La raza define quién eres?”, se preguntaba en silencio, sus dedos tocaba sin querer el pelaje de su mejilla, como recordando una infancia que parecía lejana. Si su sangre provenía de vermilinguos. ¿Era un animal disfrazado de humano?. Por primera vez en mucho tiempo, dudó si realmente podía escapar del legado que fluía en sus venas… o si, como la niebla que invocaba, su destino estaba condenado a tomar la forma del animal que siempre ha reprimido.
    Sentado sobre una rama alta, con un poleron cubriéndole el torso y la luna colándose entre las hojas, Sniffles observaba su reflejo distorsionado en la superficie del lago oscuro. “¿La raza define quién eres?”, se preguntaba en silencio, sus dedos tocaba sin querer el pelaje de su mejilla, como recordando una infancia que parecía lejana. Si su sangre provenía de vermilinguos. ¿Era un animal disfrazado de humano?. Por primera vez en mucho tiempo, dudó si realmente podía escapar del legado que fluía en sus venas… o si, como la niebla que invocaba, su destino estaba condenado a tomar la forma del animal que siempre ha reprimido.
    Me entristece
    Me gusta
    3
    13 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Uh... un poco de sangre, no tiene importancia.. No es de alguien que conoces~
    Uh... un poco de sangre, no tiene importancia.. No es de alguien que conoces~
    Me shockea
    1
    0 comentarios 0 compartidos
  • Muerte.

    Sangre.

    Su día a día provocaba que su nariz sólo percibiera el hedor a podredumbre. No había escapatoria ya que impregnaba a su mente, su boca casi parecía saborearlo, ello era el precio a pagar por su estilo de vida.

    Y no importaba lo que hiciese, demasiado tarde era ya para cambiar, porque...

    𝐈𝐧 𝐭𝐡𝐞 𝐞𝐧𝐝, 𝐨𝐧𝐥𝐲 𝐛𝐥𝐨𝐨𝐝 𝐫𝐞𝐦𝐚𝐢𝐧𝐬.
    Muerte. Sangre. Su día a día provocaba que su nariz sólo percibiera el hedor a podredumbre. No había escapatoria ya que impregnaba a su mente, su boca casi parecía saborearlo, ello era el precio a pagar por su estilo de vida. Y no importaba lo que hiciese, demasiado tarde era ya para cambiar, porque... 𝐈𝐧 𝐭𝐡𝐞 𝐞𝐧𝐝, 𝐨𝐧𝐥𝐲 𝐛𝐥𝐨𝐨𝐝 𝐫𝐞𝐦𝐚𝐢𝐧𝐬.
    Me gusta
    Me enjaja
    Me shockea
    4
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados