• (Momento lore)

    [Debido a que le recomendaron hacer reposo unos dias, Gyuseki se encontraria en su departamento, se había quedado dormido en el sofá mientras leía un libro, para su mala suerte le tocaría tener una extraña pesadilla]

    Aagh mí cabeza~
    ¿Hmm? Pero que clase de sitio es este.. ¿Donde estoy..?

    ×me levantaría del suelo para poder ver mejor la zona pero solo pude observar varios árboles carbonizados, crucifijos de gran tamaño y una densa niebla, sin mencionar que el cielo estaba teñido de rojo×

    Debe ser una pesadilla ¿Verdad? Claramente me quedé dormido leyendo ese estupido libro.

    ???: para mí se siente muy real, ¿Cuál sería la pesadilla?~

    ×al escuchar aquella voz me voltearia rápidamente para prepararme en caso de verme obligado a atacar pero terminaría abriendo mis ojos de par en par al ver a un sujeto idéntico a mi×

    Esto no puede ser real es imposible que lo sea.. ¿Quien eres..?

    Gyuseki 2: la pregunta ofende muchísimo, ¿Quien soy? Obviamente soy tu pero sin duda soy la mejor versión de ti.

    ×ambos quedaríamos de pie mirándonos mutuamente pero en mi caso solo estaba alerta pues no sabía las intenciones de aquel ser desconocido×

    Gyuseki 2: soy mucho más fuerte que tu. Mucho más veloz que tu. Mucho más inteligente que tu. Muchisimo más serio y despiadado que tu.

    Ya veo tu eres mí yo del pasado ¿No es así? Creí haberte sepultado en lo más profundo de mis recuerdos, justo donde no pudiera recordar nada de ti.

    Gyuseki 2: exacto eso hiciste pero no sirvió ¿Verdad? Aquí me tienes.. tu pedazo de escoria, cobarde, bueno para nada, debilucho. ¿Para que viniste al mundo? Lo único que haces es estorbarle a personas como yo

    Di todo lo que quieras pero quien siempre tendrá el control seré yo ¡Jamás voy a liberar a alguien como tu!

    Gyuseki 2: descuida eso es cuestión de tiempo las agujas del reloj ya empezaron a moverse, y una vez que el detonante aparezca frente a ti yo seré libre.

    ×en solo un segundo aquel otro Gyuseki apareció delante de mí y me atravezo el vientre usando su mano como cuchilla. para mí sorpresa el dolor de sentio tan real que no pude evitar soltar un fuerte grito de dolor al mismo tiempo que la sangre salía por mí boca×

    Gyuseki 2: no me importa si son humanos, dragones o incluso elfos.. los voy a destrozar y les quitaré sus corazones para comermelos

    ¡Aagh! ¡Ahhhh! ¡Maldito!
    No voy a dejarte hacer tal cosa.. alguien como tu no va a vencerme..

    Gyuseki 2: eso ya lo veremos..

    ×todo se oscureció de repente y al rato desperté de aquella pesadilla llevando rápidamente mí mano a la zona de mí vientre revisando que todo estuviera bien×

    Carajo.. eso fue demasiado real (¿Las agujas comenzaron a moverse? Esto no me gusta.. que me está sucediendo..)
    (Momento lore) [Debido a que le recomendaron hacer reposo unos dias, Gyuseki se encontraria en su departamento, se había quedado dormido en el sofá mientras leía un libro, para su mala suerte le tocaría tener una extraña pesadilla] Aagh mí cabeza~ ¿Hmm? Pero que clase de sitio es este.. ¿Donde estoy..? ×me levantaría del suelo para poder ver mejor la zona pero solo pude observar varios árboles carbonizados, crucifijos de gran tamaño y una densa niebla, sin mencionar que el cielo estaba teñido de rojo× Debe ser una pesadilla ¿Verdad? Claramente me quedé dormido leyendo ese estupido libro. ???: para mí se siente muy real, ¿Cuál sería la pesadilla?~ ×al escuchar aquella voz me voltearia rápidamente para prepararme en caso de verme obligado a atacar pero terminaría abriendo mis ojos de par en par al ver a un sujeto idéntico a mi× Esto no puede ser real es imposible que lo sea.. ¿Quien eres..? Gyuseki 2: la pregunta ofende muchísimo, ¿Quien soy? Obviamente soy tu pero sin duda soy la mejor versión de ti. ×ambos quedaríamos de pie mirándonos mutuamente pero en mi caso solo estaba alerta pues no sabía las intenciones de aquel ser desconocido× Gyuseki 2: soy mucho más fuerte que tu. Mucho más veloz que tu. Mucho más inteligente que tu. Muchisimo más serio y despiadado que tu. Ya veo tu eres mí yo del pasado ¿No es así? Creí haberte sepultado en lo más profundo de mis recuerdos, justo donde no pudiera recordar nada de ti. Gyuseki 2: exacto eso hiciste pero no sirvió ¿Verdad? Aquí me tienes.. tu pedazo de escoria, cobarde, bueno para nada, debilucho. ¿Para que viniste al mundo? Lo único que haces es estorbarle a personas como yo Di todo lo que quieras pero quien siempre tendrá el control seré yo ¡Jamás voy a liberar a alguien como tu! Gyuseki 2: descuida eso es cuestión de tiempo las agujas del reloj ya empezaron a moverse, y una vez que el detonante aparezca frente a ti yo seré libre. ×en solo un segundo aquel otro Gyuseki apareció delante de mí y me atravezo el vientre usando su mano como cuchilla. para mí sorpresa el dolor de sentio tan real que no pude evitar soltar un fuerte grito de dolor al mismo tiempo que la sangre salía por mí boca× Gyuseki 2: no me importa si son humanos, dragones o incluso elfos.. los voy a destrozar y les quitaré sus corazones para comermelos ¡Aagh! ¡Ahhhh! ¡Maldito! No voy a dejarte hacer tal cosa.. alguien como tu no va a vencerme.. Gyuseki 2: eso ya lo veremos.. ×todo se oscureció de repente y al rato desperté de aquella pesadilla llevando rápidamente mí mano a la zona de mí vientre revisando que todo estuviera bien× Carajo.. eso fue demasiado real (¿Las agujas comenzaron a moverse? Esto no me gusta.. que me está sucediendo..)
    Me shockea
    2
    2 turnos 0 maullidos
  • Mi don, tu maldición
    Fandom Crossover
    Categoría Acción
    El Mito y la Condena
    En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz.

    Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre.

    Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos.

    Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera.

    A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó.

    Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso.

    Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar.

    En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una.

    El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza.

    La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable.

    El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna.

    Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir.

    "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos."
    — Verso Dessendre.

    ____________________________________
    «Época actual»

    Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino.

    Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica.

    «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo»

    Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa.

    Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento.
    Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora.

    El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave.

    Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí.

    Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
    El Mito y la Condena En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz. Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre. Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos. Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera. A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó. Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso. Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar. En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una. El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza. La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable. El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna. Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir. "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos." — Verso Dessendre. ____________________________________ «Época actual» Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino. Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica. «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo» Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa. Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento. Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora. El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave. Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí. Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    2
    1 turno 0 maullidos
  • Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar .....

    Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo.

    ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas.

    ​Y tal vez tenían razón.

    ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado.

    ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo.

    ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar.

    ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada.
    ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa.
    ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos.
    ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara.

    ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente.

    ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo.
    ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios.

    ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera.

    ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
    Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar ..... Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo. ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas. ​Y tal vez tenían razón. ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado. ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo. ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar. ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada. ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa. ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos. ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara. ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente. ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo. ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios. ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera. ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • El olor a lluvia ácida y a asfalto mojado siempre hacian que se me revolviera el estómago, pero esta noche el olor a sangre lo cubría todo. Me deslicé por el callejón, apoyando la espalda contra el frío muro de ladrillos mientras me presionaba la herida del costado; las chispas de mi magia estropeada bailaban débilmente sobre mi piel, quemando los bordes de mis tatuajes.

    (-Eso me pasa por tratar de ser una anomalía amabale...)

    Mis pensamientos se verian interrumpidos al escuchar unos pasos apresurados acercándose. Sabía que no eras uno de los que me perseguían—las pisadas eran demasiado rústicas, demasiado humanas—.

    En una esquina estaría allí tirado, a medio camino entre la luz de la farola y las sombras, clavando mis ojos dorados en los tuyos.

    —Si tienes un poco de sentido común... darás media vuelta y correrás en la otra dirección

    Susurré, con una sonrisa amarga y la voz rota por el cansancio

    —Porque si te quedas, vas a terminar igual de mal que yo.
    El olor a lluvia ácida y a asfalto mojado siempre hacian que se me revolviera el estómago, pero esta noche el olor a sangre lo cubría todo. Me deslicé por el callejón, apoyando la espalda contra el frío muro de ladrillos mientras me presionaba la herida del costado; las chispas de mi magia estropeada bailaban débilmente sobre mi piel, quemando los bordes de mis tatuajes. (-Eso me pasa por tratar de ser una anomalía amabale...) Mis pensamientos se verian interrumpidos al escuchar unos pasos apresurados acercándose. Sabía que no eras uno de los que me perseguían—las pisadas eran demasiado rústicas, demasiado humanas—. En una esquina estaría allí tirado, a medio camino entre la luz de la farola y las sombras, clavando mis ojos dorados en los tuyos. ​ —Si tienes un poco de sentido común... darás media vuelta y correrás en la otra dirección Susurré, con una sonrisa amarga y la voz rota por el cansancio —Porque si te quedas, vas a terminar igual de mal que yo.
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Se dice que el trono demoníaco nunca permanece vacío para siempre. Cuando una era termina, otra comienza, y en algún rincón del mundo surge alguien dispuesto a desafiar el destino. El camino hacia la corona no está marcado por la nobleza ni por la sangre heredada, sino por la determinación de seguir avanzando cuando todos los demás se detienen. A través de batallas, pérdidas y decisiones que cambiarán el curso de innumerables vidas, una sola voluntad se alzará sobre las demás. Y cuando llegue ese día, el mundo conocerá el nacimiento de un nuevo Rey Demonio.
    Se dice que el trono demoníaco nunca permanece vacío para siempre. Cuando una era termina, otra comienza, y en algún rincón del mundo surge alguien dispuesto a desafiar el destino. El camino hacia la corona no está marcado por la nobleza ni por la sangre heredada, sino por la determinación de seguir avanzando cuando todos los demás se detienen. A través de batallas, pérdidas y decisiones que cambiarán el curso de innumerables vidas, una sola voluntad se alzará sobre las demás. Y cuando llegue ese día, el mundo conocerá el nacimiento de un nuevo Rey Demonio.
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • -Cadáveres frente a el, sangre en el suelo, su ropa era mas de civil que tactica. Cabello largo, barba crecida lleva tiempo andando solo. Salia de las sombras sin su mascara ouesto que estaba analizando como acaba de matar a 5 jovenes militares enviados por los hombres que lo torturaron por siglos. -

    Les dije que se rindieran...

    -dijo el sabueso con frialdad notandose en su rostro una mirada de seriedad. No arrepentimiento debido a que aquellos chicos pudieron elegir y tomaron la peor decisión. Pelear con lo que se consideraria un dios, no lo es debido a que no es tan inmortal como se cree-
    -Cadáveres frente a el, sangre en el suelo, su ropa era mas de civil que tactica. Cabello largo, barba crecida lleva tiempo andando solo. Salia de las sombras sin su mascara ouesto que estaba analizando como acaba de matar a 5 jovenes militares enviados por los hombres que lo torturaron por siglos. - Les dije que se rindieran... -dijo el sabueso con frialdad notandose en su rostro una mirada de seriedad. No arrepentimiento debido a que aquellos chicos pudieron elegir y tomaron la peor decisión. Pelear con lo que se consideraria un dios, no lo es debido a que no es tan inmortal como se cree-
    Me gusta
    Me shockea
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • —¡Era una niña, Kira! —fue lo último que le dije a Voss al volver de la misión con menos de la mitad de los efectivos.

    Acheronte se llevó a la cría.

    Se llevó a sus muertos.

    Se esfumó después.

    No me quité ni el puto equipo. Sólo dejé las armas. Salí de allí a pesar de que intentaron detenerme.

    No bastó.

    Ahora el chaleco, los guantes y las botas están en el suelo. Todo esparcido como proyectiles de una bomba de racimo.

    Estoy sentado en el viejo sofá. La cabeza apoyada en la mano que sujeta un cigarro que se consume solo.

    Hace media hora que apagué el teléfono de trabajo. Y luego el personal. Kira vino a golpear la puerta de mi apartamento. Ha estado gritando un buen rato hasta que se cansó y se largó.

    No me quito de la cabeza la imagen de esa niña rota en el suelo junto a su oso de peluche.

    Me descubro mordiéndome el pulgar. Me he hecho sangre. Observo la pequeña herida y la gota de carmín resbalar por la yema.

    Los monstruos existen.

    Y sangran.
    —¡Era una niña, Kira! —fue lo último que le dije a Voss al volver de la misión con menos de la mitad de los efectivos. Acheronte se llevó a la cría. Se llevó a sus muertos. Se esfumó después. No me quité ni el puto equipo. Sólo dejé las armas. Salí de allí a pesar de que intentaron detenerme. No bastó. Ahora el chaleco, los guantes y las botas están en el suelo. Todo esparcido como proyectiles de una bomba de racimo. Estoy sentado en el viejo sofá. La cabeza apoyada en la mano que sujeta un cigarro que se consume solo. Hace media hora que apagué el teléfono de trabajo. Y luego el personal. Kira vino a golpear la puerta de mi apartamento. Ha estado gritando un buen rato hasta que se cansó y se largó. No me quito de la cabeza la imagen de esa niña rota en el suelo junto a su oso de peluche. Me descubro mordiéndome el pulgar. Me he hecho sangre. Observo la pequeña herida y la gota de carmín resbalar por la yema. Los monstruos existen. Y sangran.
    Me gusta
    Me shockea
    3
    2 turnos 0 maullidos
  • -El inmenso salón del trono permanecía sumido en una penumbra rojiza. Las velas ardían lentamente a ambos lados de la estancia, proyectando sombras danzantes sobre las columnas negras y los enormes cortinajes de terciopelo carmesí. En lo alto de la escalinata, sentado sobre un trono de oscura majestuosidad, se encontraba el elfo. Su piel semejante a obsidiana reflejaba los destellos de las llamas, mientras delicadas vetas doradas recorrían su cuerpo como grietas de oro fundido. Sus largos cabellos blancos caían sobre sus hombros y pecho, contrastando con la oscuridad de su figura de una forma casi irreal.-

    -Permanecía reclinado con elegancia, apoyando el rostro sobre una mano mientras observaba el vacío con sus brillantes ojos carmesí. Las sedas rojas envolvían parcialmente su cuerpo, descendiendo por los brazos del trono como una cascada de sangre y terciopelo. No parecía un rey esperando audiencia, sino una entidad antigua que había contemplado el nacimiento y la caída de innumerables imperios. Su expresión era serena, distante, imposible de descifrar, como si sus pensamientos vagaran por recuerdos mucho más antiguos que la propia historia.-

    "Llegas tarde, cuanto tiempo pensabas hacerme esperar."
    -El inmenso salón del trono permanecía sumido en una penumbra rojiza. Las velas ardían lentamente a ambos lados de la estancia, proyectando sombras danzantes sobre las columnas negras y los enormes cortinajes de terciopelo carmesí. En lo alto de la escalinata, sentado sobre un trono de oscura majestuosidad, se encontraba el elfo. Su piel semejante a obsidiana reflejaba los destellos de las llamas, mientras delicadas vetas doradas recorrían su cuerpo como grietas de oro fundido. Sus largos cabellos blancos caían sobre sus hombros y pecho, contrastando con la oscuridad de su figura de una forma casi irreal.- -Permanecía reclinado con elegancia, apoyando el rostro sobre una mano mientras observaba el vacío con sus brillantes ojos carmesí. Las sedas rojas envolvían parcialmente su cuerpo, descendiendo por los brazos del trono como una cascada de sangre y terciopelo. No parecía un rey esperando audiencia, sino una entidad antigua que había contemplado el nacimiento y la caída de innumerables imperios. Su expresión era serena, distante, imposible de descifrar, como si sus pensamientos vagaran por recuerdos mucho más antiguos que la propia historia.- "Llegas tarde, cuanto tiempo pensabas hacerme esperar."
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    7
    16 turnos 0 maullidos
  • ㅤㅤㅤㅤ⸻ La noche guarda en sus pliegues las palabras que la conciencia destierra; en su seno germinan los secretos y bebe los pecados de su propia sombra. El día, en cambio, viste de oro las cadenas, adormece la fiera bajo la piel y sepulta los deseos bajo un jardín de apariencias.

    ¿No percibes el murmullo bajo el velo nocturno?

    Toda existencia gira en un remolino de espejismos, una danza de máscaras que se contemplan unas a otras y se llaman verdad. Nos alimentamos de ficciones cuidadosamente pulidas, de mentiras tan antiguas que han aprendido a confundirse con nuestra sangre.

    Y mientras el abismo sonríe desde el fondo de cada certeza, seguimos llamando realidad al eco de nuestros propios engaños.
    ㅤㅤㅤㅤ⸻ La noche guarda en sus pliegues las palabras que la conciencia destierra; en su seno germinan los secretos y bebe los pecados de su propia sombra. El día, en cambio, viste de oro las cadenas, adormece la fiera bajo la piel y sepulta los deseos bajo un jardín de apariencias. ¿No percibes el murmullo bajo el velo nocturno? Toda existencia gira en un remolino de espejismos, una danza de máscaras que se contemplan unas a otras y se llaman verdad. Nos alimentamos de ficciones cuidadosamente pulidas, de mentiras tan antiguas que han aprendido a confundirse con nuestra sangre. Y mientras el abismo sonríe desde el fondo de cada certeza, seguimos llamando realidad al eco de nuestros propios engaños.
    Me gusta
    Me encocora
    3
    2 turnos 0 maullidos
  • Saw you there
    Fandom Hellaverse
    Categoría Acción
    — 𝙍𝙤𝙡 𝙘𝙤𝙣: Alastor
    — 𝙇𝙪𝙜𝙖𝙧: Algún punto del anillo del orgullo.
    — 𝙀𝙨𝙩𝙚 𝙧𝙤𝙡 𝙥𝙚𝙧𝙩𝙚𝙣𝙚𝙘𝙚 𝙖𝙡 𝙥𝙧𝙚𝙨𝙚𝙣𝙩𝙚.

    Había días tontos, y tontos todos los días. Esa frase se hacía más latente que nunca en el hecho desde que, Vox suplantó a, que se suponía que era el Vox de aquella realidad, había ignorado brutalmente a Alastor. Pues no le interesaba, todo lo que aquel Vox quería era vivir tranquilo con sus V.

    Algo que el demonio de la radio no parecía entender ya que cada vez aumentaban más sus provocaciones, cuanto más insistía Alastor, menos paciencia le quedaba a Vox. Ese día debía acudir al palacio de Lucifer a alimentarse de su sangre para contener aquella afección que había azotado su dimensión entera hasta destruirla por completo. Podría haberse trasladado a la velocidad de la luz a través del corriente eléctrico pero ese día le apetecía tomárselo con más calma, por lo que sencillamente ni coche agarró. Solo un paseo. Pero, nunca imaginó que sería interrumpido y menos por nada más ni nada menos que Alastor.

    —¿Es que nunca te cansas?—preguntó con voz áspera, manos tras la espalda y enarcando una resignada ceja. Y es que, dado que Vox tenía la protección de Lu en cuanto a lo de venir de otra dimensión, Habia ocasiones que ni le apetecía disimular. Y esa, era una de esas ocasiones.
    — 𝙍𝙤𝙡 𝙘𝙤𝙣: [eclipse_teal_mule_272] — 𝙇𝙪𝙜𝙖𝙧: Algún punto del anillo del orgullo. — 𝙀𝙨𝙩𝙚 𝙧𝙤𝙡 𝙥𝙚𝙧𝙩𝙚𝙣𝙚𝙘𝙚 𝙖𝙡 𝙥𝙧𝙚𝙨𝙚𝙣𝙩𝙚. Había días tontos, y tontos todos los días. Esa frase se hacía más latente que nunca en el hecho desde que, Vox suplantó a, que se suponía que era el Vox de aquella realidad, había ignorado brutalmente a Alastor. Pues no le interesaba, todo lo que aquel Vox quería era vivir tranquilo con sus V. Algo que el demonio de la radio no parecía entender ya que cada vez aumentaban más sus provocaciones, cuanto más insistía Alastor, menos paciencia le quedaba a Vox. Ese día debía acudir al palacio de Lucifer a alimentarse de su sangre para contener aquella afección que había azotado su dimensión entera hasta destruirla por completo. Podría haberse trasladado a la velocidad de la luz a través del corriente eléctrico pero ese día le apetecía tomárselo con más calma, por lo que sencillamente ni coche agarró. Solo un paseo. Pero, nunca imaginó que sería interrumpido y menos por nada más ni nada menos que Alastor. —¿Es que nunca te cansas?—preguntó con voz áspera, manos tras la espalda y enarcando una resignada ceja. Y es que, dado que Vox tenía la protección de Lu en cuanto a lo de venir de otra dimensión, Habia ocasiones que ni le apetecía disimular. Y esa, era una de esas ocasiones.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    2 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados