• *El sujeto se observa en el espejo... en silencio tapando sus pensamientos con el humo de aquel cigarro*

    "Ya no puedo seguir con esto..."

    *Arrojo el resto del cigarro al lavamanos provocando que se apague con unas pocas gotas que habia por ahi...Decidió volver a dormir sin mucho exito en el intento*
    *El sujeto se observa en el espejo... en silencio tapando sus pensamientos con el humo de aquel cigarro* "Ya no puedo seguir con esto..." *Arrojo el resto del cigarro al lavamanos provocando que se apague con unas pocas gotas que habia por ahi...Decidió volver a dormir sin mucho exito en el intento*
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    — "Viki Media Navaja SL" queda oficialmente inaugurado —Abre ambos brazos teatralmente. — ¿Tienes algún problema amoroso? ¿Necesitas un tesoro que claramente ya es tuyo pero está en el escaparate de otro? ¿Sientes que tú ex merece una pequeña... lección? ¡NO TE PREOCUPES! —Sonrió maliciosamente—. ¡Ven, toma asiento y cuéntanos! Te escuchamos, te asesoramos y ayudamos. —Guiño, guiño—. Te esperamos en nuestra sede oficial en el centro de la ciudad. —
    — "Viki Media Navaja SL" queda oficialmente inaugurado —Abre ambos brazos teatralmente. — ¿Tienes algún problema amoroso? ¿Necesitas un tesoro que claramente ya es tuyo pero está en el escaparate de otro? ¿Sientes que tú ex merece una pequeña... lección? ¡NO TE PREOCUPES! —Sonrió maliciosamente—. ¡Ven, toma asiento y cuéntanos! Te escuchamos, te asesoramos y ayudamos. —Guiño, guiño—. Te esperamos en nuestra sede oficial en el centro de la ciudad. —
    Mi socia 𝙉𝙞𝙠𝙞 y yo no creemos en el crimen tal y cómo está estipulado, sólo existe una ley universal: nacemos LIBRES.

    En "Viki media navaja SL" creemos en el todo es de todos.

    Me gusta ése coche? Es mío.
    Me gusta ese diamante? Es mío.
    Me gustas TU. Eres mío.

    La posesión es una ilusión, más en nuestro ADN nos imponen la obligación de poseer para ser.

    Amigo, tuyo és el mundo.

    Quieres ser amado, quieres riqueza, pero TODO eso ya te pertenece.

    Pasa, PAGA, y te mostraremos todo lo que ya está a tu alcance.
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  • Aun tengo esa costumbre, de algo que jamas volvera ..... ay loki aveces eres idiota ..... -entre sus pensamientos.-
    Ya hace tiempo debia dame por vencido eso
    Aun tengo esa costumbre, de algo que jamas volvera ..... ay loki aveces eres idiota ..... -entre sus pensamientos.- Ya hace tiempo debia dame por vencido eso
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  • - Sería una pena que explote misteriosamente un fusible dentro de la casa...Últimamente se están metiendo demasiado un cucarachin [???]
    - Sería una pena que explote misteriosamente un fusible dentro de la casa...Últimamente se están metiendo demasiado un cucarachin [???]
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  • <Rol abierto>

    Su andar persistió hasta llegar a un poblado; desde lejos se lograba apreciar ese aroma a comida casera, uno que otro auto por las pocas carreteras; se recalcaban las bestias que eran montadas por los pueblerinos y las bicicletas que marcaban las ruedas sobre la terracería.

    Con una maleta en mano, un arma en la espalda que era cubierta con la chamarra oscura que portaba, se dirigió a una posada sumamente humilde, la que era atendida por un anciano gruñón que fumaba un cigarrillo, con el ceño fruncido, al limpiar una vieja escopeta. -

    — ¡Buenas tardes!.- Saludó el exmilitar al llegar frente a aquel hombre, cual estaba tras un mostrador, mismo que no dudó en ignorar las palabras contrarias. - Necesito una habitación. -dijo respetuosamente, el ajeno se detuvo al mirar a "B", sin mucha importancia, dejó la franela polvosa encima del arma y descolgó de una base oxidada la llave. 

    — $200.00 la noche, pague por adelantado. - El anciano dejó la llave en el mostrador, con la intención de que el contrario la tomara; Abel sacó de su bolsillo una cartera de piel seminueva, dejó unos cuantos billetes sobre el mostrador, tomando la llave con el número 8 marcado en ella. — ¡Forasteros!, mala idea llegar a este lugar invadido por "ratas".- Musitó entre dientes al anciano, que continuó limpiando la escopeta, tras ver al desconocido entrar a la habitación y cerrar la puerta. 
    <Rol abierto> Su andar persistió hasta llegar a un poblado; desde lejos se lograba apreciar ese aroma a comida casera, uno que otro auto por las pocas carreteras; se recalcaban las bestias que eran montadas por los pueblerinos y las bicicletas que marcaban las ruedas sobre la terracería. Con una maleta en mano, un arma en la espalda que era cubierta con la chamarra oscura que portaba, se dirigió a una posada sumamente humilde, la que era atendida por un anciano gruñón que fumaba un cigarrillo, con el ceño fruncido, al limpiar una vieja escopeta. - — ¡Buenas tardes!.- Saludó el exmilitar al llegar frente a aquel hombre, cual estaba tras un mostrador, mismo que no dudó en ignorar las palabras contrarias. - Necesito una habitación. -dijo respetuosamente, el ajeno se detuvo al mirar a "B", sin mucha importancia, dejó la franela polvosa encima del arma y descolgó de una base oxidada la llave.  — $200.00 la noche, pague por adelantado. - El anciano dejó la llave en el mostrador, con la intención de que el contrario la tomara; Abel sacó de su bolsillo una cartera de piel seminueva, dejó unos cuantos billetes sobre el mostrador, tomando la llave con el número 8 marcado en ella. — ¡Forasteros!, mala idea llegar a este lugar invadido por "ratas".- Musitó entre dientes al anciano, que continuó limpiando la escopeta, tras ver al desconocido entrar a la habitación y cerrar la puerta. 
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  • https://www.youtube.com/watch?v=zdZtMJySQio

    Despertar sin necesariamente ser consciente, atrapado en la oscuridad más deslumbrante, vuelve imposible diferenciar ese estado de somnolencia intelectual de la vivacidad exclusiva de los iluminados. No hay extremidades que padezcan el entumecimiento de haber flotado a la deriva; así debería entenderse el significado del vacío, pero asumir que en la nada nada existe sería tan ingenuo como intentar divisar un horizonte.

    Sabe dónde se encuentra: el océano formado por el primer lamento, tan denso que niega cualquier clase de disparidad; ni siquiera los pensamientos tienen forma. No obstante, allí produjo una ínfima corriente que amenazó con perderse en la más ansiada tranquilidad.

    ¿Para qué huir? Fue la cuna, y desde ese momento no existió más un final; el encierro en la infinitud es la hipérbole más genuina de la libertad. Seguir pensando es limitarse; fingir es definirse, erosionar esa naturaleza empujada por el hambre y el eco de espejismos intangibles, ocurrencias de un lugar que no le es propio y al que jamás debió llegar.

    ¿Para qué despertar? ¿Por qué seguir durmiendo? Tantos años desperdiciados con inaudita soberbia no son sino un esfuerzo innecesario. La relevancia se vuelve lejana con la percepción; ¿y si el cierre de todo es lo ya predispuesto? Ese momento iba a llegar, más temprano que tarde, aunque el terror indique lo contrario.

    Es tan sencillo como decidir una vez más: vuelve a cerrar los ojos, que los párpados se fundan con el silencio. Nadie esperará tu regreso; el reencuentro ocurrirá cuando todos sean reducidos a la mínima expresión, y te ahogarás en ellos.

    Una tentación sin gusto sedujo sus inmensurables fauces; como nunca antes, debió cerrarlas, devorar la insulsa eternidad. Mas su cuerpo dejó de ser tan extenso como irreconocible.

    Sus dedos se flexionaron con pétrea rigidez. Las falanges, forjadas desde un conocimiento imaginario, y los incontables tejidos crearon vulnerabilidad. Un soplido lunar pigmentó aquella carcasa y, cuando supo del firmamento, lo que parecía impenetrable se desdibujó en el celeste de una bóveda tan imperfecta como embaucadora.

    Sensaciones abrumadoras sobrepasaron la descoordinación. De forma intermitente, la brisa del mediodía anunció la reciente poda del césped. Bisbiseos, zumbidos y maquinarias móviles quebraron su blanca quietud con la desprolijidad de un horrísono exabrupto; la superposición violenta de una frecuencia que no condice con la mal llamada realidad. Peor aún ocurrió con su visión, cuando lo que era tan colorido y armonioso perdió toda configuración en la duración de un parpadeo.

    Un recordatorio de toda aquella pretensión: fingir que importa, que se convertirá en el aliento del mundo, que habrá siquiera un motivo por el cual todo tenga sentido.

    Su mano encierra el sol; lo devora como podredumbres errantes lo harían en su imaginario. Cierra los ojos para cerciorarse de que no ha desmenuzado su entorno, solo las texturas deben imperar en la imperfección a la que decidió aferrarse una vez más.

    Aunque hace trampa, porque se ahorra el malestar y la desprolijidad de haber convertido unos quince minutos en la totalidad de un mes.

    Tenía una vida qué retomar.
    https://www.youtube.com/watch?v=zdZtMJySQio Despertar sin necesariamente ser consciente, atrapado en la oscuridad más deslumbrante, vuelve imposible diferenciar ese estado de somnolencia intelectual de la vivacidad exclusiva de los iluminados. No hay extremidades que padezcan el entumecimiento de haber flotado a la deriva; así debería entenderse el significado del vacío, pero asumir que en la nada nada existe sería tan ingenuo como intentar divisar un horizonte. Sabe dónde se encuentra: el océano formado por el primer lamento, tan denso que niega cualquier clase de disparidad; ni siquiera los pensamientos tienen forma. No obstante, allí produjo una ínfima corriente que amenazó con perderse en la más ansiada tranquilidad. ¿Para qué huir? Fue la cuna, y desde ese momento no existió más un final; el encierro en la infinitud es la hipérbole más genuina de la libertad. Seguir pensando es limitarse; fingir es definirse, erosionar esa naturaleza empujada por el hambre y el eco de espejismos intangibles, ocurrencias de un lugar que no le es propio y al que jamás debió llegar. ¿Para qué despertar? ¿Por qué seguir durmiendo? Tantos años desperdiciados con inaudita soberbia no son sino un esfuerzo innecesario. La relevancia se vuelve lejana con la percepción; ¿y si el cierre de todo es lo ya predispuesto? Ese momento iba a llegar, más temprano que tarde, aunque el terror indique lo contrario. Es tan sencillo como decidir una vez más: vuelve a cerrar los ojos, que los párpados se fundan con el silencio. Nadie esperará tu regreso; el reencuentro ocurrirá cuando todos sean reducidos a la mínima expresión, y te ahogarás en ellos. Una tentación sin gusto sedujo sus inmensurables fauces; como nunca antes, debió cerrarlas, devorar la insulsa eternidad. Mas su cuerpo dejó de ser tan extenso como irreconocible. Sus dedos se flexionaron con pétrea rigidez. Las falanges, forjadas desde un conocimiento imaginario, y los incontables tejidos crearon vulnerabilidad. Un soplido lunar pigmentó aquella carcasa y, cuando supo del firmamento, lo que parecía impenetrable se desdibujó en el celeste de una bóveda tan imperfecta como embaucadora. Sensaciones abrumadoras sobrepasaron la descoordinación. De forma intermitente, la brisa del mediodía anunció la reciente poda del césped. Bisbiseos, zumbidos y maquinarias móviles quebraron su blanca quietud con la desprolijidad de un horrísono exabrupto; la superposición violenta de una frecuencia que no condice con la mal llamada realidad. Peor aún ocurrió con su visión, cuando lo que era tan colorido y armonioso perdió toda configuración en la duración de un parpadeo. Un recordatorio de toda aquella pretensión: fingir que importa, que se convertirá en el aliento del mundo, que habrá siquiera un motivo por el cual todo tenga sentido. Su mano encierra el sol; lo devora como podredumbres errantes lo harían en su imaginario. Cierra los ojos para cerciorarse de que no ha desmenuzado su entorno, solo las texturas deben imperar en la imperfección a la que decidió aferrarse una vez más. Aunque hace trampa, porque se ahorra el malestar y la desprolijidad de haber convertido unos quince minutos en la totalidad de un mes. Tenía una vida qué retomar.
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  • Un nuevo capítulo...
    Fandom OC/JJK
    Categoría Romance
    Leo

    "Mi mayor miedo es que, eventualmente, me verás de la misma forma que me veo yo."

    [Alemania. - Berlín. - El apartamento de Morana. - 21:34]

    Cuan tortuosa podía ser la vida de una persona solitaria, no por necesidad, ni por comodidad, una soledad autoimpuesta, una penitencia en busca de la redención.

    Morana, que últimamente andaba más sumida en pensamiento de lo normal, se dirigió al balcón con cigarro en mano, portando un vestido negro largo y unos tacones; hoy habría visita.

    La ciudad brillaba tanto como siempre, luces que nunca se apagaban, coches que iban de un lado a otro, todos vivían una vida normal... — Los envidio. — Su voz era suave, su mirada observaba el mundo como si fuera un cuadro, y ella no era la pintora, sino una mancha.

    Dio una profunda calada al cigarro y mientras exhalaba el humo, dejó caer las cenizas por el balcón. — Tan ignorantes, y sin embargo... Tan felices. — Así era la gente para ella, pero era esa misma ignorancia la que envidiaba, pues tantos años de vida le habían enseñado algo; cuanto más sabes del mundo, más horrible se vuelve la vida.

    Tiró el cigarro por el balcón, suspirando profundamente antes de volver al interior del piso. Se dirigió al sillón que había en el centro del salón, se cruzó de piernas, juntó sus manos y con su mirada fija en las mismas, su mente comenzó a divagar.

    El pasado pesaba demasiado para ella, la soledad se había vuelto una tortura con el pasar de los siglos, y le había quedado claro que, por mucho que se esforzara y por mucho que odiase admitirlo... No podía seguir así.

    La vida eterna se había convertido en una cárcel desde que "cumplió" su objetivo, pues una vida sin propósito carecía de belleza. La persona que ella amaba, le gustase o no, había desaparecido en la rueda de la vida, así haya reencarnado, nunca sería la misma persona... Y eso dolía más que arder en la pira.

    ¿Desde cuándo se había vuelto tan blanda? Una pregunta que se repetía a menudo, pero la respuesta era simple... Siempre lo fue, en el fondo, su corazón, aunque desgastado, siempre fue blando, pero en sus intentos por convencerse de que no, el daño se había ido acumulando.

    Una historia de amor de un milenio... Un desperdicio, meras mentiras para convencerse a si misma de que podía cambiar lo sucedido... Motivo por el cual, en su juventud, terminó volviéndose tan diestra en la nigromancia. No quería aceptar el resultado, nunca pudo aceptarlo, nunca pudo superarlo... Pero conocer a cierta persona, le hizo darle vueltas a la cabeza.

    Leo, un hechicero que parecía no tener más preocupación que el presente, su actitud tan aparentemente despreocupada se había vuelto contagiosa para Morana… Se había dado cuenta que, en esos momentos de adrenalina que compartían en la carretera, en esas risas por bromas estúpidas, en esa mirada suave que parecía nunca juzgarla... Había hallado refugio.

    ¿En qué estaba pensando? Tras un milenio de asegurar que su corazón solo le pertenecía a un difunto... Estaba pensando en la posibilidad de... Avanzar sin él.

    Morana volvió a la realidad, sacada de su trance por el ruido de los coches... Echa de menos cuando la vida eran herramientas y caballos. Aprovechó el momento para dirigirse a la cocina, sacar su mejor vino y preparar las cosas en la pequeña mesa que había en el salón.

    Terminado esto, la puerta sonó... ¿Sería el hechicero...?

    Al principio, dudó en sus pasos, pero tras un par de segundos, se dirigió a la puerta, tomó aire antes de abrirla ¿Por qué estaba tan nerviosa? No lo sabía, pero lo controlaría, como siempre lo hace... Lentamente abrió la puerta...
    [Cursed_Bastard] "Mi mayor miedo es que, eventualmente, me verás de la misma forma que me veo yo." [Alemania. - Berlín. - El apartamento de Morana. - 21:34] Cuan tortuosa podía ser la vida de una persona solitaria, no por necesidad, ni por comodidad, una soledad autoimpuesta, una penitencia en busca de la redención. Morana, que últimamente andaba más sumida en pensamiento de lo normal, se dirigió al balcón con cigarro en mano, portando un vestido negro largo y unos tacones; hoy habría visita. La ciudad brillaba tanto como siempre, luces que nunca se apagaban, coches que iban de un lado a otro, todos vivían una vida normal... — Los envidio. — Su voz era suave, su mirada observaba el mundo como si fuera un cuadro, y ella no era la pintora, sino una mancha. Dio una profunda calada al cigarro y mientras exhalaba el humo, dejó caer las cenizas por el balcón. — Tan ignorantes, y sin embargo... Tan felices. — Así era la gente para ella, pero era esa misma ignorancia la que envidiaba, pues tantos años de vida le habían enseñado algo; cuanto más sabes del mundo, más horrible se vuelve la vida. Tiró el cigarro por el balcón, suspirando profundamente antes de volver al interior del piso. Se dirigió al sillón que había en el centro del salón, se cruzó de piernas, juntó sus manos y con su mirada fija en las mismas, su mente comenzó a divagar. El pasado pesaba demasiado para ella, la soledad se había vuelto una tortura con el pasar de los siglos, y le había quedado claro que, por mucho que se esforzara y por mucho que odiase admitirlo... No podía seguir así. La vida eterna se había convertido en una cárcel desde que "cumplió" su objetivo, pues una vida sin propósito carecía de belleza. La persona que ella amaba, le gustase o no, había desaparecido en la rueda de la vida, así haya reencarnado, nunca sería la misma persona... Y eso dolía más que arder en la pira. ¿Desde cuándo se había vuelto tan blanda? Una pregunta que se repetía a menudo, pero la respuesta era simple... Siempre lo fue, en el fondo, su corazón, aunque desgastado, siempre fue blando, pero en sus intentos por convencerse de que no, el daño se había ido acumulando. Una historia de amor de un milenio... Un desperdicio, meras mentiras para convencerse a si misma de que podía cambiar lo sucedido... Motivo por el cual, en su juventud, terminó volviéndose tan diestra en la nigromancia. No quería aceptar el resultado, nunca pudo aceptarlo, nunca pudo superarlo... Pero conocer a cierta persona, le hizo darle vueltas a la cabeza. Leo, un hechicero que parecía no tener más preocupación que el presente, su actitud tan aparentemente despreocupada se había vuelto contagiosa para Morana… Se había dado cuenta que, en esos momentos de adrenalina que compartían en la carretera, en esas risas por bromas estúpidas, en esa mirada suave que parecía nunca juzgarla... Había hallado refugio. ¿En qué estaba pensando? Tras un milenio de asegurar que su corazón solo le pertenecía a un difunto... Estaba pensando en la posibilidad de... Avanzar sin él. Morana volvió a la realidad, sacada de su trance por el ruido de los coches... Echa de menos cuando la vida eran herramientas y caballos. Aprovechó el momento para dirigirse a la cocina, sacar su mejor vino y preparar las cosas en la pequeña mesa que había en el salón. Terminado esto, la puerta sonó... ¿Sería el hechicero...? Al principio, dudó en sus pasos, pero tras un par de segundos, se dirigió a la puerta, tomó aire antes de abrirla ¿Por qué estaba tan nerviosa? No lo sabía, pero lo controlaría, como siempre lo hace... Lentamente abrió la puerta...
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  • ⸻ Toda la vida es una batalla silenciosa con monstruos que reflejan nuestro propio interior, que muestran la carga del trauma que vamos cargando y que, curiosamente, lo llevamos con nosotros todo el tiempo. ⸻ Tomo el encendedor y su cigarro, echo humo hacia un costado desviando de reojo su mirada.

    ⸻ Créeme cuando te digo que amarme será el peor error de tu vida.⸻
    ⸻ Toda la vida es una batalla silenciosa con monstruos que reflejan nuestro propio interior, que muestran la carga del trauma que vamos cargando y que, curiosamente, lo llevamos con nosotros todo el tiempo. ⸻ Tomo el encendedor y su cigarro, echo humo hacia un costado desviando de reojo su mirada. ⸻ Créeme cuando te digo que amarme será el peor error de tu vida.⸻
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  • +estando encerrado en sus pensamientos, era como si aquel ser que siempre busca mantener raya se aprovecha de sus estados caóticos+

    Demi: cansado de pedir perdón por solo seguir órdenes

    +Michael con una cigarro en la boca y la mirada perdida+

    Mich: porque no te vas a la mierda
    Demi: pero que vocabulario y eso que el demonio soy yo
    Mich: tch solo eres una parte de mi que debo mantener a raya
    Demi: y dime en el infierno lo lograrás

    +Esté solo le da una calada profunda a su cigarro, como intentando controlarse+
    +estando encerrado en sus pensamientos, era como si aquel ser que siempre busca mantener raya se aprovecha de sus estados caóticos+ Demi: cansado de pedir perdón por solo seguir órdenes +Michael con una cigarro en la boca y la mirada perdida+ Mich: porque no te vas a la mierda Demi: pero que vocabulario y eso que el demonio soy yo Mich: tch solo eres una parte de mi que debo mantener a raya Demi: y dime en el infierno lo lograrás +Esté solo le da una calada profunda a su cigarro, como intentando controlarse+
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  • +temprano en la mañana ya habría realizado su entrenamiento así como las actividades matinales por lo cual estaría dentro de una tina perdido en sus pensamientos mientras observa la nada, teniendo un poco de música en su radio+

    Debo mantenerme serenó, porque si delanto algo no dejarán de fastidiarme
    +temprano en la mañana ya habría realizado su entrenamiento así como las actividades matinales por lo cual estaría dentro de una tina perdido en sus pensamientos mientras observa la nada, teniendo un poco de música en su radio+ Debo mantenerme serenó, porque si delanto algo no dejarán de fastidiarme
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