• Ahhh, pensar en que cada hijo mío es tan hermoso a su apariencia, pero dirán como tengo este chulo físico al tener 4 hijos casi adultos a excepción del menor? fácil, ninguno salío de mi cuerpo, bueno, no de la manera que entienden, jaja sencillo

    ×Reia divertida, pero muy tranqulla×
    Ahhh, pensar en que cada hijo mío es tan hermoso a su apariencia, pero dirán como tengo este chulo físico al tener 4 hijos casi adultos a excepción del menor? fácil, ninguno salío de mi cuerpo, bueno, no de la manera que entienden, jaja sencillo ×Reia divertida, pero muy tranqulla×
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  • Recuerdo incompleto — I

    Hay enemigos con los que no se puede negociar; así rezan los supervivientes.

    Los hombres son esclavos de sus razones: incluso de haber florecido bajo la guía de un dogma demencial, aquellos descarriados del camino de la cordura pueden ser abordados para alabar la blasfemia y nombrar correctamente los males que los someten. Son impuros en el juego de la supervivencia, mas en la certidumbre que necesitan los mortales hallan en la fechoría un sitio donde anidar.

    De las bestias se ha de reclamar que, si estas aún lamentan el llanto del mundo, el comportamiento goza de predictibilidad. El temor surge frente a lo desconocido, y los que han nacido sin oír la doliente voz de la Gran Bestia no son sino parásitos de la piel muerta de esta. Afinidades, lenguas extrañas y la veneración son necesarias para lograr una comunión y hacer de cada fiera recelosa un aliado.

    Sombras comunes, todos y cada uno de ellos; incapaces de una convivencia plena, mas conocedores del lenguaje universal de la violencia. No porque busquen atentar contra quienes comparten la miseria, sino porque incluso en la vulgaridad hay un límite que marca la decadencia terrenal de aquella que está intacta de vergüenza.

    No son los sacerdotes de la esencia fundamental, sino los vástagos moldeados a imagen y semejanza de un pecado original.

    Un alma anónima una vez habló: «Hay rugidos que quiebran voluntades. Desde que me hice esta herida en el brazo, en situaciones límites el pecho se retuerce ante el abrazo de mil espinas, pero de solo recordar cómo esas monstruosidades gruñían, siento cómo el calor se escapa por la garganta. Olieron el miedo; juro que los escuché reír mientras se daban un festín con el resto de los compañeros. Al salir el sol, con los milicianos pretendimos buscar los restos, pero ni los huesos quedaron, y donde la sangre de aquellos fue derramada, los árboles y las flores se pudrieron».

    Entre lágrimas, y con palabras tanto burdas como titubeantes, el recuerdo se expresaba así.
    Y entre todos los presentes uno en particular lo escuchó; tal fue la indignación que de su asiento se levantó y con una agresividad impertinente exigió: «Muéstrame exactamente dónde los has visto». Ni siquiera los más bravos pudieron ignorar tal orden.

    Prendas largas que no se asemejaban al gardecorps habitual. El andar pesado desvelaba la presencia de una cota de mallas y el trinar de unas placas, mas el abrigo oscuro impedía vislumbrar detalle alguno. La imponente silueta portaba un rostro resguardado de la nariz hacia abajo, reacio a enseñar el rostro, presuntamente por la presencia de heridas que carecían de estética. De por sí destacaba demasiado, pero no conforme con eso, el cabello cenizo, coincidente con una jovial vejez, era oculto bajo un bycocket de proporciones incoherentes. Admitía sin palabras un origen foráneo, pero si entre creyentes caminaba era por algo más que la necesidad de un cuerpo dedicado al exterminio y la servidumbre.

    En las fronteras de la oscura arboleda, el extranjero de ojos desgastados prescindió de cualquier apoyo militar. No fue lo imperante las sospechas, sino una genuina preocupación por quien había sido recordado por honrar con ferviente devoción a un grupo de campesinos desaparecidos ante la ignorancia de la durmiente luna.

    El coraje tiñó la voz, incluso cuando intentó actuar en disonancia; en la rigidez de su postura, con un desprecio humano comunicó: allí el resto de los hombres entendió que un aliado ellos habían encontrado. Y de no quedar claro, se expresó en una súplica que le permitió mantenerse digno:

    «No me ha de ser menester lastrar con tal pérdida a varones íntegros a quienes en sus lares aguardan; que los hijos de estos jamás hereden la memoria de un enemigo tan desamorado.»

    Y aquel hombre marchó, dejándose engullir por las fauces de la noche.

    No ha de ser una sorpresa que de él nada más se supo. Los vientos gélidos provenientes del distante norte evocan la voz, así como aquella promesa cumplida sin jamás haber sido formulada: ni siquiera fue necesaria la presencia del alba para que los infantes volvieran a dormitar en paz y las almas de bien contaran con la certeza de un mañana alejado de una tragedia que no había sido perpetuada por ídolos humanos.
    Recuerdo incompleto — I Hay enemigos con los que no se puede negociar; así rezan los supervivientes. Los hombres son esclavos de sus razones: incluso de haber florecido bajo la guía de un dogma demencial, aquellos descarriados del camino de la cordura pueden ser abordados para alabar la blasfemia y nombrar correctamente los males que los someten. Son impuros en el juego de la supervivencia, mas en la certidumbre que necesitan los mortales hallan en la fechoría un sitio donde anidar. De las bestias se ha de reclamar que, si estas aún lamentan el llanto del mundo, el comportamiento goza de predictibilidad. El temor surge frente a lo desconocido, y los que han nacido sin oír la doliente voz de la Gran Bestia no son sino parásitos de la piel muerta de esta. Afinidades, lenguas extrañas y la veneración son necesarias para lograr una comunión y hacer de cada fiera recelosa un aliado. Sombras comunes, todos y cada uno de ellos; incapaces de una convivencia plena, mas conocedores del lenguaje universal de la violencia. No porque busquen atentar contra quienes comparten la miseria, sino porque incluso en la vulgaridad hay un límite que marca la decadencia terrenal de aquella que está intacta de vergüenza. No son los sacerdotes de la esencia fundamental, sino los vástagos moldeados a imagen y semejanza de un pecado original. Un alma anónima una vez habló: «Hay rugidos que quiebran voluntades. Desde que me hice esta herida en el brazo, en situaciones límites el pecho se retuerce ante el abrazo de mil espinas, pero de solo recordar cómo esas monstruosidades gruñían, siento cómo el calor se escapa por la garganta. Olieron el miedo; juro que los escuché reír mientras se daban un festín con el resto de los compañeros. Al salir el sol, con los milicianos pretendimos buscar los restos, pero ni los huesos quedaron, y donde la sangre de aquellos fue derramada, los árboles y las flores se pudrieron». Entre lágrimas, y con palabras tanto burdas como titubeantes, el recuerdo se expresaba así. Y entre todos los presentes uno en particular lo escuchó; tal fue la indignación que de su asiento se levantó y con una agresividad impertinente exigió: «Muéstrame exactamente dónde los has visto». Ni siquiera los más bravos pudieron ignorar tal orden. Prendas largas que no se asemejaban al gardecorps habitual. El andar pesado desvelaba la presencia de una cota de mallas y el trinar de unas placas, mas el abrigo oscuro impedía vislumbrar detalle alguno. La imponente silueta portaba un rostro resguardado de la nariz hacia abajo, reacio a enseñar el rostro, presuntamente por la presencia de heridas que carecían de estética. De por sí destacaba demasiado, pero no conforme con eso, el cabello cenizo, coincidente con una jovial vejez, era oculto bajo un bycocket de proporciones incoherentes. Admitía sin palabras un origen foráneo, pero si entre creyentes caminaba era por algo más que la necesidad de un cuerpo dedicado al exterminio y la servidumbre. En las fronteras de la oscura arboleda, el extranjero de ojos desgastados prescindió de cualquier apoyo militar. No fue lo imperante las sospechas, sino una genuina preocupación por quien había sido recordado por honrar con ferviente devoción a un grupo de campesinos desaparecidos ante la ignorancia de la durmiente luna. El coraje tiñó la voz, incluso cuando intentó actuar en disonancia; en la rigidez de su postura, con un desprecio humano comunicó: allí el resto de los hombres entendió que un aliado ellos habían encontrado. Y de no quedar claro, se expresó en una súplica que le permitió mantenerse digno: «No me ha de ser menester lastrar con tal pérdida a varones íntegros a quienes en sus lares aguardan; que los hijos de estos jamás hereden la memoria de un enemigo tan desamorado.» Y aquel hombre marchó, dejándose engullir por las fauces de la noche. No ha de ser una sorpresa que de él nada más se supo. Los vientos gélidos provenientes del distante norte evocan la voz, así como aquella promesa cumplida sin jamás haber sido formulada: ni siquiera fue necesaria la presencia del alba para que los infantes volvieran a dormitar en paz y las almas de bien contaran con la certeza de un mañana alejado de una tragedia que no había sido perpetuada por ídolos humanos.
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  • The demon that surpassed the sun ~
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  • "Hunhow, siempre juraste destruirnos, te aliaste con Ballas, te aliaste con la sombra, nunca superaste la pérdida de tu hija, Natah."

    Reflexiona en el silencio de la noche, la tenue luz de la fogata y el cansancion de los músculos del cuerpo de Chroma, el último mensaje de Hunhow, recibido en la red de los tennos, definitivamente no fue una disculpa, ni una súplica, simplemente un favor de respeto mutuo entre rivales.

    "Tal vez otros tennos cuidarán bien de Natah, ahí te fallaré, sin embargo, ¿sabes lo raro que es la vida que brota fuera de la ciencia? gracias por darle un futuro a la Sombra y su descendencia, Orión o Sirius, a ellos, si comprometo a su bienestar, al menos se lo debemos a Jade."

    "Hunhow, siempre juraste destruirnos, te aliaste con Ballas, te aliaste con la sombra, nunca superaste la pérdida de tu hija, Natah." Reflexiona en el silencio de la noche, la tenue luz de la fogata y el cansancion de los músculos del cuerpo de Chroma, el último mensaje de Hunhow, recibido en la red de los tennos, definitivamente no fue una disculpa, ni una súplica, simplemente un favor de respeto mutuo entre rivales. "Tal vez otros tennos cuidarán bien de Natah, ahí te fallaré, sin embargo, ¿sabes lo raro que es la vida que brota fuera de la ciencia? gracias por darle un futuro a la Sombra y su descendencia, Orión o Sirius, a ellos, si comprometo a su bienestar, al menos se lo debemos a Jade."
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  • Lorenzo abrió los ojos unos días después de todo lo ocurrido. Despertó en una habitación del Sanatorio Ridley. Lo conocía bien por las veces que Elian estuvo internado ahí. Su cuerpo pesaba y sentía un dolor sordo en partes de su cuerpo que no podía nombrar.
    Estaba conectado a un suero, era la única forma de mantenerlo nutrido e hidratado pues se negaba a comer. Se mantenía con la mirada perdida viendo hacia la nada, sólo sentado. En un par de ocasiones pareció reaccionar pues de sus ojos empezaron a correr lágrimas, pero nada más. No hizo más. Ni siquiera se inmutó cuando su hermano menor llegó a cortarle un poco el pelo con la esperanza de que al verse más como él mismo, decidiera volver. Sin éxito. Ahora mismo se encontraba en un sillón en el jardín del sanatorio, el sol le daba en el rostro pero él sólo miraba sus manos y lloraba. Como cada día.
    Lorenzo abrió los ojos unos días después de todo lo ocurrido. Despertó en una habitación del Sanatorio Ridley. Lo conocía bien por las veces que Elian estuvo internado ahí. Su cuerpo pesaba y sentía un dolor sordo en partes de su cuerpo que no podía nombrar. Estaba conectado a un suero, era la única forma de mantenerlo nutrido e hidratado pues se negaba a comer. Se mantenía con la mirada perdida viendo hacia la nada, sólo sentado. En un par de ocasiones pareció reaccionar pues de sus ojos empezaron a correr lágrimas, pero nada más. No hizo más. Ni siquiera se inmutó cuando su hermano menor llegó a cortarle un poco el pelo con la esperanza de que al verse más como él mismo, decidiera volver. Sin éxito. Ahora mismo se encontraba en un sillón en el jardín del sanatorio, el sol le daba en el rostro pero él sólo miraba sus manos y lloraba. Como cada día.
    Me entristece
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  • Shiori Novella


    *El sol empezaba a amenazar con esconderse y quitarnos su calor.
    Irónico hecho para mi, pues siendo una vampira debia de odiar su luz. Pero... los atardeceres me recordaban como a cada minuto que pasaba, era fácil perder esa sensación de calidez que abrigaba mio frio cuerpo y me llevaban a esas horas donde mi lado mas sombrío le gustaba jugar con los bocadillos que se me cruzaban..
    Aunque talvez no seria asi, en ese atardecer me acompañaba aquella muchacha de aura extraña y profunda que había aceptado a ayudarme..
    Debia controlarme, no quería que la ama shiori volviera regañarme...
    Por fin volvía a ese escabroso caminó por conseguir entrar a ese ardiente mundo que muchos llamaban infierno.
    Ciertamente eso tenia mi corazón latente, la ansiedad por encontrar algo util se notaba en como venía devorando la uña de mi dedo pulgar mientras me aferraba con fuerza a la mano de la chica de Cabello bi-color, casi jalandola hacia donde mi nariz habia captado un fuerte aroma a esos vejestorios aue los humanos llamaban obispos..
    solo que me tome el trabajó de buscar un lugar con Aquel aroma y un inmenso e intenso cumulo de esas energías diabólicas que solo las sextas solian emanar al ambiente.
    De esa forma llegamos a ese viejo monasterio, aue Aunque oculto en una cueva en donde mostraba mileños de edad, yacia casi en perfecto estado..
    Ademas Parecía estar lleno de sombras que observaban, Aunque parecía vacío, sentia demasiadas presencias extrañas que erizaban mi piel*

    Es aqui, si mi nariz no me engaña.. esto huele a una sexta mas que a una santa iglesia, bonito lugar~ debería volverme la Virgen maria de este de aquí ~

    *Dije en una satirica broma aue ocultaban esos deseos míos por ser objeto de algún tipo de adoración en lo aue ingresaba con la cautela de una furtiva cazadora*
    [specter_copper_horse_768] *El sol empezaba a amenazar con esconderse y quitarnos su calor. Irónico hecho para mi, pues siendo una vampira debia de odiar su luz. Pero... los atardeceres me recordaban como a cada minuto que pasaba, era fácil perder esa sensación de calidez que abrigaba mio frio cuerpo y me llevaban a esas horas donde mi lado mas sombrío le gustaba jugar con los bocadillos que se me cruzaban.. Aunque talvez no seria asi, en ese atardecer me acompañaba aquella muchacha de aura extraña y profunda que había aceptado a ayudarme.. Debia controlarme, no quería que la ama shiori volviera regañarme... Por fin volvía a ese escabroso caminó por conseguir entrar a ese ardiente mundo que muchos llamaban infierno. Ciertamente eso tenia mi corazón latente, la ansiedad por encontrar algo util se notaba en como venía devorando la uña de mi dedo pulgar mientras me aferraba con fuerza a la mano de la chica de Cabello bi-color, casi jalandola hacia donde mi nariz habia captado un fuerte aroma a esos vejestorios aue los humanos llamaban obispos.. solo que me tome el trabajó de buscar un lugar con Aquel aroma y un inmenso e intenso cumulo de esas energías diabólicas que solo las sextas solian emanar al ambiente. De esa forma llegamos a ese viejo monasterio, aue Aunque oculto en una cueva en donde mostraba mileños de edad, yacia casi en perfecto estado.. Ademas Parecía estar lleno de sombras que observaban, Aunque parecía vacío, sentia demasiadas presencias extrañas que erizaban mi piel* Es aqui, si mi nariz no me engaña.. esto huele a una sexta mas que a una santa iglesia, bonito lugar~ debería volverme la Virgen maria de este de aquí ~ *Dije en una satirica broma aue ocultaban esos deseos míos por ser objeto de algún tipo de adoración en lo aue ingresaba con la cautela de una furtiva cazadora*
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  • Decía mientras corría, perdiéndose entre pasillos hasta llegar a la zona de los cuneros. Al ver a todos los bebés ahí, su realidad se deformó de maneras grotescas y asquerosas. Una culpa horrible le corrió por el cuerpo y, cuando pudo distinguir la cara de un bebé, se aterró al "ver" cómo el pequeño sangraba mientras señalaba directamente a Theo. Una ilusión, una mala jugada de su cabeza. Esto lo asustó unos segundos y después...

    —AHHHH!!!

    Empezó a gritar de horror de una manera desgarradora e intensa, algunos bebés se alteraron y empezaron a llorar igual, Theo los escucho a través del cristal y relacionaba esos gritos como si su hijo estuviera sufriendo molesto por qué Theo lo mato, Su padre y el doctor lo habían perdido de vista cuando este escapó pero cuando empezó a gritar corriendo rápidamente hacia el, al encontrarlo solo lo vieron en el suelo llorando tapandose los oídos y cerrando los ljos con fuerza, estaba llorando, sus gritos llenaban casi todo el hospital llegando a oídos de Seung y Elian Vanthasel mientras el solo aún que cerrara los ojos solo veia la cara de su hijo culpandolo por matarlo

    — NOOO....AHHHHHH!!!
    Decía mientras corría, perdiéndose entre pasillos hasta llegar a la zona de los cuneros. Al ver a todos los bebés ahí, su realidad se deformó de maneras grotescas y asquerosas. Una culpa horrible le corrió por el cuerpo y, cuando pudo distinguir la cara de un bebé, se aterró al "ver" cómo el pequeño sangraba mientras señalaba directamente a Theo. Una ilusión, una mala jugada de su cabeza. Esto lo asustó unos segundos y después... —AHHHH!!! Empezó a gritar de horror de una manera desgarradora e intensa, algunos bebés se alteraron y empezaron a llorar igual, Theo los escucho a través del cristal y relacionaba esos gritos como si su hijo estuviera sufriendo molesto por qué Theo lo mato, Su padre y el doctor lo habían perdido de vista cuando este escapó pero cuando empezó a gritar corriendo rápidamente hacia el, al encontrarlo solo lo vieron en el suelo llorando tapandose los oídos y cerrando los ljos con fuerza, estaba llorando, sus gritos llenaban casi todo el hospital llegando a oídos de [Bvnny_20] y [echo_topaz_fox_144] mientras el solo aún que cerrara los ojos solo veia la cara de su hijo culpandolo por matarlo — NOOO....AHHHHHH!!!
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  • En una región cuyo nombre había sido borrado de los mapas y de la memoria de los hombres, una multitud de sacerdotes y sacerdotisas permanecía arrodillada. Sus vestiduras ceremoniales estaban empapadas de sangre consagrada, formando un mar carmesí bajo la tenue luz de centenares de cirios.

    En lo alto de una escalinata de piedra negra se hallaba el patriarca del clan rival de la Flor Imperial.

    Su semblante reflejaba una preocupación poco habitual.

    Frente a él permanecía su mejor guerrero, inmóvil como una estatua.

    ○No podemos continuar así

    Declaró el patriarca.

    ○Necesitamos recuperar el control de la narrativa. Nuestros aliados comienzan a dudar y nuestros enemigos ganan influencia con cada día que pasa.

    Descendió un escalón.

    ○Debemos romper el pacto de paz y declarar la guerra de inmediato.

    La multitud guardó silencio.

    ○Tengo a Mister M respirándome en la nuca. Si seguimos esperando, terminará exigiendo resultados que no podremos ofrecer.

    El guerrero cruzó los brazos.

    ¤¿Creéis que podemos vencer?

    El patriarca sostuvo su mirada.

    ○Esa es precisamente la pregunta que te hago.

    El campeón sonrió apenas.

    ¤Puedo matar a Retsudo.

    Las palabras resonaron por el santuario como una blasfemia.

    ¤Pero necesitaré un equipo.

    Los murmullos comenzaron a extenderse entre los presentes.

    Retsudo Ogami. Aun entre sus enemigos aquel nombre poseía peso suficiente para sembrar inquietud.

    El patriarca cerró los ojos durante unos segundos.

    ○Entonces te daré el mejor equipo que podamos reunir.

    Muy lejos de allí, los protagonistas Unknown Nami y Zelkova disfrutaban de una calma relativa, ignorantes de lo que estaba ocurriendo en las sombras.

    No sabían que alianzas centenarias comenzaban a resquebrajarse. No sabían que antiguos juramentos estaban a punto de ser quebrantados. Y, sobre todo, no sabían que una auténtica guerra se estaba gestando. Una guerra que pronto arrastraría a clanes, cultos, corporaciones y monstruos hacia una misma conflagración. Las primeras piezas ya habían comenzado a moverse. Y cuando el primer disparo fuese efectuado, nadie podría detener lo que vendría después.
    En una región cuyo nombre había sido borrado de los mapas y de la memoria de los hombres, una multitud de sacerdotes y sacerdotisas permanecía arrodillada. Sus vestiduras ceremoniales estaban empapadas de sangre consagrada, formando un mar carmesí bajo la tenue luz de centenares de cirios. En lo alto de una escalinata de piedra negra se hallaba el patriarca del clan rival de la Flor Imperial. Su semblante reflejaba una preocupación poco habitual. Frente a él permanecía su mejor guerrero, inmóvil como una estatua. ○No podemos continuar así Declaró el patriarca. ○Necesitamos recuperar el control de la narrativa. Nuestros aliados comienzan a dudar y nuestros enemigos ganan influencia con cada día que pasa. Descendió un escalón. ○Debemos romper el pacto de paz y declarar la guerra de inmediato. La multitud guardó silencio. ○Tengo a Mister M respirándome en la nuca. Si seguimos esperando, terminará exigiendo resultados que no podremos ofrecer. El guerrero cruzó los brazos. ¤¿Creéis que podemos vencer? El patriarca sostuvo su mirada. ○Esa es precisamente la pregunta que te hago. El campeón sonrió apenas. ¤Puedo matar a Retsudo. Las palabras resonaron por el santuario como una blasfemia. ¤Pero necesitaré un equipo. Los murmullos comenzaron a extenderse entre los presentes. Retsudo Ogami. Aun entre sus enemigos aquel nombre poseía peso suficiente para sembrar inquietud. El patriarca cerró los ojos durante unos segundos. ○Entonces te daré el mejor equipo que podamos reunir. Muy lejos de allí, los protagonistas [Uni_Darkness_Softspot] [legend_opal_hare_231] y Zelkova disfrutaban de una calma relativa, ignorantes de lo que estaba ocurriendo en las sombras. No sabían que alianzas centenarias comenzaban a resquebrajarse. No sabían que antiguos juramentos estaban a punto de ser quebrantados. Y, sobre todo, no sabían que una auténtica guerra se estaba gestando. Una guerra que pronto arrastraría a clanes, cultos, corporaciones y monstruos hacia una misma conflagración. Las primeras piezas ya habían comenzado a moverse. Y cuando el primer disparo fuese efectuado, nadie podría detener lo que vendría después.
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  • Hey, definitivamente me tienes que enseñar a cocinar, eso se ve delicioso.

    — Mike había visitado la cafetería de su cuñado junto a su bebé, al ingresar al local había quedado bastante sorprendido.—

    Seung
    Hey, definitivamente me tienes que enseñar a cocinar, eso se ve delicioso. — Mike había visitado la cafetería de su cuñado junto a su bebé, al ingresar al local había quedado bastante sorprendido.— [Bvnny_20]
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  • Oh, pesado letargo que osas profanar mi templo... desvanece tu fría sombra y abandona este cuerpo que ha sido consagrado a la obra y al destino, pues la pereza no es más que un eco vacío ante la voluntad de mi alma.
    Oh, pesado letargo que osas profanar mi templo... desvanece tu fría sombra y abandona este cuerpo que ha sido consagrado a la obra y al destino, pues la pereza no es más que un eco vacío ante la voluntad de mi alma.
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