• No supo bien si fue aquel vaso roto en el suelo de la cocina o los pequeños rastros de sangre que se extendían por la habitación, subiendo por las sillas y la brillante mesa de mármol, como si la escena fuera el desgaste de una lucha que poco a poco perdió su fuerza y las ganas de sobrevivir.

    Quizá fueron los trozos de carne rasgada en partes aleatorias de su cuerpo, que aún sangrando leve le advertían qué el vidrio había sido por instantes su enemigo casi mortal.
    No lo sabía, no sabía si el intenso dolor en su cabeza o el mareo persistente lo habían orillado a aquel destino que esa tarde decidió para sí.

    ¿Cuanto tiempo había estado inconsciente?

    No podía ser demasiado, pues aquel puré de tomate espeso y exageradamente condimentado que había dejado sobre el fuego aún no se quemaba ¿segundos? ¿A caso había sido eso realmente suerte?

    Sin dar más vueltas, apagó la estufa y recogió el cristal partido en pequeños trozos en el suelo, aunque siempre había pequeñas partículas filosas qué nunca lograba juntar ¿le quedaban vasos de vidrio en la casa?

    Como fuera, esa tarde Daniel desapareció: no más llamadas, ni de su madre, ni de su representante, ni de la empresa con la que acababa de firmar. No más amigos que no sabía qué tenía, no más supuestos amantes, se escondió de todos y de todo.
    Lo buscaron, por supuesto que lo hiciero, lo buscaron llamando y preguntando a conocidos, a su familia, pero ninguna persona buscó en donde siempre debieron pensar.
    Daniel estaba en su casa, dos semanas para ser exactos, en las que no respondió y esa casa se veía tan cerrada que resultaba imposible pensar que alguien estuviera dentro. No huyó lejos, no tomó un vuelo en la madrugada, simplemente se quedó allí, refugiado de su propia existencia.
    No supo bien si fue aquel vaso roto en el suelo de la cocina o los pequeños rastros de sangre que se extendían por la habitación, subiendo por las sillas y la brillante mesa de mármol, como si la escena fuera el desgaste de una lucha que poco a poco perdió su fuerza y las ganas de sobrevivir. Quizá fueron los trozos de carne rasgada en partes aleatorias de su cuerpo, que aún sangrando leve le advertían qué el vidrio había sido por instantes su enemigo casi mortal. No lo sabía, no sabía si el intenso dolor en su cabeza o el mareo persistente lo habían orillado a aquel destino que esa tarde decidió para sí. ¿Cuanto tiempo había estado inconsciente? No podía ser demasiado, pues aquel puré de tomate espeso y exageradamente condimentado que había dejado sobre el fuego aún no se quemaba ¿segundos? ¿A caso había sido eso realmente suerte? Sin dar más vueltas, apagó la estufa y recogió el cristal partido en pequeños trozos en el suelo, aunque siempre había pequeñas partículas filosas qué nunca lograba juntar ¿le quedaban vasos de vidrio en la casa? Como fuera, esa tarde Daniel desapareció: no más llamadas, ni de su madre, ni de su representante, ni de la empresa con la que acababa de firmar. No más amigos que no sabía qué tenía, no más supuestos amantes, se escondió de todos y de todo. Lo buscaron, por supuesto que lo hiciero, lo buscaron llamando y preguntando a conocidos, a su familia, pero ninguna persona buscó en donde siempre debieron pensar. Daniel estaba en su casa, dos semanas para ser exactos, en las que no respondió y esa casa se veía tan cerrada que resultaba imposible pensar que alguien estuviera dentro. No huyó lejos, no tomó un vuelo en la madrugada, simplemente se quedó allí, refugiado de su propia existencia.
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  • #Seducrivesunday

    Hoy estaba hablando con uno de mis representantes y me dió una propuesta interesante. No soy mucho de hacer esto, pero que les parecería si pareciera como modelo en la portada de Playboy o iniciar un canal de OF??

    Verían ese contenido y comprarían esas fotocards??

    Los leo, además les dejo una foto que tomamos en ese momento picaro.
    #Seducrivesunday Hoy estaba hablando con uno de mis representantes y me dió una propuesta interesante. No soy mucho de hacer esto, pero que les parecería si pareciera como modelo en la portada de Playboy o iniciar un canal de OF?? Verían ese contenido y comprarían esas fotocards?? Los leo, además les dejo una foto que tomamos en ese momento picaro.
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  • ❝Un villano a mi altura❞
    Fandom The Originals
    Categoría Drama
    𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒆𝒆𝒓:

    Esta trama contiene alusiones y referencias a la última temporada de "Los Originales"

    𝑷𝒆𝒓𝒔𝒐𝒏𝒂𝒋𝒆𝒔 𝒑𝒂𝒓𝒕𝒊𝒄𝒊𝒑𝒂𝒏𝒕𝒆𝒔:

    𝕮𝖆𝖗𝖔𝖑𝖎𝖓𝖊 𝕱𝖔𝖗𝖇𝖊𝖘
    Elijah Mikaelson
    Hayley Marshall
    Freya Mikaelson
    Keelan Malraux
    Hope Mikaelson
    𝑬𝒗𝒂
    Pierre LeRoi


    𝑬𝒏𝒍𝒂𝒄𝒆𝒔 𝒓𝒆𝒇𝒆𝒓𝒊𝒅𝒐𝒔 𝒑𝒐𝒓 𝒂𝒍𝒖𝒔𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔:

    Esta trama contiene alusiones a aspectos roleados en otros starter:
    https://ficrol.com/posts/151270
    https://ficrol.com/posts/235248
    https://ficrol.com/posts/151277
    https://ficrol.com/posts/300895
    https://ficrol.com/posts/151274
    https://ficrol.com/posts/337154



    Convencer a Alaric Saltzman de ayudar a la familia Mikaelson, y más específicamente al propio Klaus como representante de toda la familia Mikaelson presente en Mystic Falls, no fue facil. Para nada facil. Las heridas del pasado no habían llegado a cerrarse del todo y, aunque Alaric habia sido una excelente figura paterna para Hope y aparentemente Saltzman tambien habia desarrollado cariño por la tríbrida, lo cierto era que esa relacion no habia ayudado a sanar los horrores del pasado ni el daño entre Alaric y Klaus.

    Pero, gracias a la intervención de Caroline, alguien cuya parcialidad por fin jugaba en favor de Klaus, Alaric terminó por consentir ayudar a los Mikaelson con la búsqueda del misterio de su extraña marca. Asi que Klaus y Alaric pasaron bastantes horas en la biblioteca. Uno no dejaba de traer libros seguro de haber visto antes ese símbolo en alguna parte. Y el otro, leía ávidamente agradeciendo los litros de café que Caroline traía para ellos de tanto en tanto. Llegado cierto punto de la noche incluso Caroline se habia unido al equipo de búsqueda de aquel extraño símbolo. Hasta que…

    -¡Lo sabía! -exclamó Alaric cuando las únicas luces de las que podían valerse eran las de las lámparas de la biblioteca. Hacia bastante rato que el sol se habia ocultado y que el silencio habia caído sobre la Escuela Salvatore.

    Klaus y Caroline lo miraron inmediatamente.

    -¿Qué? -preguntó Klaus poniéndose en pie a la vez que Caroline, rodeando los dos la mesa por extremos opuestos para llegar hasta Alaric quien dejó un libro extendido sobre la mesa.

    -Esa marca que tienes…- Alaric señaló el antebrazo de Klaus- Es antigua. Muy antigua. Tanto que he tenido que remontarme a mitos y leyendas. Nunca nadie habia visto esa marca antes, al menos no hay constancia de ello, por eso no está archivada en símbolos celta…

    -Al grano, amigo. ¿Qué es? -preguntó Klaus rodando los ojos.

    -Es la marca de una nigromante poderosa. La más antigua y poderosa del mundo. Su magia es tan antigua que no hay registros… Apenas leyendas en Inglaterra… Hablan de una bruja capaz de dominar la vida y la muerte… y de un hechicero cuyo poder rivalizaba con el suyo.

    Caroline cruzó los brazos.

    -De acuerdo, pero… ¿Qué tiene eso que ver con Klaus o con los resucitados?

    Alaric bajó la mirada hacia las páginas envejecidas.

    -Se amaban. Al menos eso dicen las historias. Durante años fueron inseparables. Pero algo ocurrió entre ellos… algo tan terrible que acabó convirtiendo su amor en una guerra. Él empezó a temer en quién podía convertirse ella. Y ella vio esa traición como el peor de los ataques.

    Klaus permaneció inmóvil, desviando la mirada hacia la marca de su brazo.

    -El problema -continuó Alaric- es que ninguno podía matar al otro. Habían sellado un pacto de sangre siglos atrás. Sus vidas quedaron unidas. Si uno moría… el otro también.

    Caroline frunció el ceño.

    -Pero entonces la guerra nunca podía terminar.

    -En efecto. Así que el hechicero hizo lo único que se le ocurrió, lo único que estaba en su mano. Creó un arma capaz de romper las leyes de ese pacto. Una espada forjada con magia antigua… entregada después a un rey que, según la profecía, sería el único capaz de detener a la bruja si algún día ella cruzaba el límite.

    Klaus alzó lentamente la mirada.

    -¿Excalibur…? -preguntó de forma irónica, pues era el único nombre de una espada que le vino a la mente. Y, no podía imaginarse lo acertado que estaba.

    Alaric asintió despacio. Klaus frunció las cejas y miró al primero esperando que aquello fuera una broma.

    -¿Qué tiene que ver la marca con esto…?

    Alaric tragó saliva de forma pesada antes de volver la página del libro. Las ilustraciones de los grabados estaban desgastadas por el tiempo, pero el símbolo dibujado sobre el papel era exactamente el mismo que ardía sobre la piel de Klaus. La medialuna entrelazada con una triqueta simple.

    -Porque esta marca no representa una maldición… No al uso, al menos… Representa pertenencia.

    Caroline dirigió tambien la mirada hacia el brazo de Klaus inmediatamente.

    -La leyenda dice -prosiguió Alaric- que, cuando comenzó la guerra, la bruja entendió algo: jamás podría derrotar al hechicero sola. No mientras él siguiera teniendo a reyes, ejércitos y magos luchando de su lado. Así que empezó a buscar una forma de crear su propio ejército.

    Klaus apretó la mandíbula, comprendiéndolo al instante. Después de haberse criado con una madre como la suya, comprendía que habia personas que no conocían el límite. Tampoco él, puede que le viniera por rama materna. Irónicamente.

    -Nigromancia… -dijo. No era una pregunta.

    -Al principio resucitaba soldados caídos -asintió Alaric- Guerreros. Brujos. Pero su magia evolucionó. Se volvió más oscura y mucho más poderosa. La marca era el vínculo que utilizaba para atar las almas resucitadas a su voluntad. Una llamada. Una invocación permanente.

    El silencio cayó entre los tres.

    -Según las leyendas -continuó Alaric en voz más baja-, aquellos que estaban marcados dejaban de pertenecer al mundo de los muertos. La bruja podía sentirlos, encontrarlos… incluso reclamar sus vidas otra vez si la traicionaban.

    Caroline negó con la cabeza lentamente.

    -No…

    -Y lo peor es que... -Alaric levantó la vista del libro-. Cuanto más poderoso era el resucitado, más valiosa resultaba la marca para ella. Porque no estaba creando simples soldados… estaba formando un ejército capaz de enfrentarse al único hombre al que jamás pudo destruir.

    Klaus sostuvo la mirada de Alaric unos segundos.

    -¿Y ese hombre era…?

    Alaric cerró el libro despacio.

    -Merlín. Y la mujer que te marcó… Morgana.

    Klaus dejó ir el aire de sus pulmones e intercambió una mirada con Caroline.

    -¿Hay algún modo de deshacernos de la marca? -preguntó Klaus- Como comprenderás, es una duda bastante acuciante para nosotros ahora mismo… Si esa bruja sigue resucitando gente, pronto Mystic Falls se encontrará ante una plaga de vampiros, brujos y lobos muertos hace siglos. ¿Qué tal os fue con el brujo Silas?

    Alaric tensó la mandíbula mirando el rostro de Klaus de abajo arriba.

    -Oye, que yo no tengo la culpa… Pero no… No hay registros que hablen de como deshacerse de la marca… -negó con la cabeza- Pero hay un hechizo de invocación. Podeis llamar a Morgana… Puede que tengas una oportunidad contra ella…

    Sin apartar la mirada de Klaus cerró el libro y se lo entregó.

    -Asegúrate de que nos devuelves el libro cuando termináis.

    Klaus tomó el libro sin apartar sus acerados orbes azules de los parejos de Alaric.

    -Solo una pregunta… en tu experiencia… Si matamos a Morgana… ¿moriremos tambien?

    Alaric no respondió. No al principio.

    -No lo sé.

    >> Regresar a Nueva Orleans fue más dulce que la marcha. Al menos ahora tenían un libro y le habían dado un nombre a su enemigo. Además, Klaus no regresó solo. Si bien Caroline sabia que Alaric sabría ocupar su puesto como director en funciones ninguno de los dos ocupantes del Audi de Klaus podían saber que les depararía aquella aventura. Pero saber que contaba con la presencia alentadora de Caroline era ya más que una ayuda para Klaus. No pretendía recuperar el tiempo perdido con ella, mucho menos sin saber si habría más tiempo después de aquella aventura. Pero Caroline no le habia abandonado la primera vez que su final se avecinaba y no quiso hacerlo aquella segunda vez.

    -Gracias, Caroline -le dijo el hibrido una vez que llegaron a Nueva Orleans- Es importante para mi que… quieras quedarte con nosotros. Y tu pericia nos será más útil en persona que por teléfono

    Salió del coche y recorrió a velocidad vampírica la distancia hasta la puerta de Caroline una vez que entraron en el complejo Mikaelson.

    -Estás a punto de entrar en la boca del lobo. ¿Lista, amor? -preguntó ofreciendo su mano para salir del coche.

    No dieron ni dos pasos dentro del Atrio del complejo cuando Freya y Keelan aparecieron por la puerta del salón de baile.
    𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒆𝒆𝒓: Esta trama contiene alusiones y referencias a la última temporada de "Los Originales" 𝑷𝒆𝒓𝒔𝒐𝒏𝒂𝒋𝒆𝒔 𝒑𝒂𝒓𝒕𝒊𝒄𝒊𝒑𝒂𝒏𝒕𝒆𝒔: [BarbieBxtch] [Nbl3Stag] [LittleWxlfie] [THE0LDERSISTER] [las7malraux] [thetribrid] [JUST.EVA] [ALS0NAMEDARTHUR] 𝑬𝒏𝒍𝒂𝒄𝒆𝒔 𝒓𝒆𝒇𝒆𝒓𝒊𝒅𝒐𝒔 𝒑𝒐𝒓 𝒂𝒍𝒖𝒔𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔: Esta trama contiene alusiones a aspectos roleados en otros starter: — https://ficrol.com/posts/151270 — https://ficrol.com/posts/235248 — https://ficrol.com/posts/151277 — https://ficrol.com/posts/300895 — https://ficrol.com/posts/151274 — https://ficrol.com/posts/337154 Convencer a Alaric Saltzman de ayudar a la familia Mikaelson, y más específicamente al propio Klaus como representante de toda la familia Mikaelson presente en Mystic Falls, no fue facil. Para nada facil. Las heridas del pasado no habían llegado a cerrarse del todo y, aunque Alaric habia sido una excelente figura paterna para Hope y aparentemente Saltzman tambien habia desarrollado cariño por la tríbrida, lo cierto era que esa relacion no habia ayudado a sanar los horrores del pasado ni el daño entre Alaric y Klaus. Pero, gracias a la intervención de Caroline, alguien cuya parcialidad por fin jugaba en favor de Klaus, Alaric terminó por consentir ayudar a los Mikaelson con la búsqueda del misterio de su extraña marca. Asi que Klaus y Alaric pasaron bastantes horas en la biblioteca. Uno no dejaba de traer libros seguro de haber visto antes ese símbolo en alguna parte. Y el otro, leía ávidamente agradeciendo los litros de café que Caroline traía para ellos de tanto en tanto. Llegado cierto punto de la noche incluso Caroline se habia unido al equipo de búsqueda de aquel extraño símbolo. Hasta que… -¡Lo sabía! -exclamó Alaric cuando las únicas luces de las que podían valerse eran las de las lámparas de la biblioteca. Hacia bastante rato que el sol se habia ocultado y que el silencio habia caído sobre la Escuela Salvatore. Klaus y Caroline lo miraron inmediatamente. -¿Qué? -preguntó Klaus poniéndose en pie a la vez que Caroline, rodeando los dos la mesa por extremos opuestos para llegar hasta Alaric quien dejó un libro extendido sobre la mesa. -Esa marca que tienes…- Alaric señaló el antebrazo de Klaus- Es antigua. Muy antigua. Tanto que he tenido que remontarme a mitos y leyendas. Nunca nadie habia visto esa marca antes, al menos no hay constancia de ello, por eso no está archivada en símbolos celta… -Al grano, amigo. ¿Qué es? -preguntó Klaus rodando los ojos. -Es la marca de una nigromante poderosa. La más antigua y poderosa del mundo. Su magia es tan antigua que no hay registros… Apenas leyendas en Inglaterra… Hablan de una bruja capaz de dominar la vida y la muerte… y de un hechicero cuyo poder rivalizaba con el suyo. Caroline cruzó los brazos. -De acuerdo, pero… ¿Qué tiene eso que ver con Klaus o con los resucitados? Alaric bajó la mirada hacia las páginas envejecidas. -Se amaban. Al menos eso dicen las historias. Durante años fueron inseparables. Pero algo ocurrió entre ellos… algo tan terrible que acabó convirtiendo su amor en una guerra. Él empezó a temer en quién podía convertirse ella. Y ella vio esa traición como el peor de los ataques. Klaus permaneció inmóvil, desviando la mirada hacia la marca de su brazo. -El problema -continuó Alaric- es que ninguno podía matar al otro. Habían sellado un pacto de sangre siglos atrás. Sus vidas quedaron unidas. Si uno moría… el otro también. Caroline frunció el ceño. -Pero entonces la guerra nunca podía terminar. -En efecto. Así que el hechicero hizo lo único que se le ocurrió, lo único que estaba en su mano. Creó un arma capaz de romper las leyes de ese pacto. Una espada forjada con magia antigua… entregada después a un rey que, según la profecía, sería el único capaz de detener a la bruja si algún día ella cruzaba el límite. Klaus alzó lentamente la mirada. -¿Excalibur…? -preguntó de forma irónica, pues era el único nombre de una espada que le vino a la mente. Y, no podía imaginarse lo acertado que estaba. Alaric asintió despacio. Klaus frunció las cejas y miró al primero esperando que aquello fuera una broma. -¿Qué tiene que ver la marca con esto…? Alaric tragó saliva de forma pesada antes de volver la página del libro. Las ilustraciones de los grabados estaban desgastadas por el tiempo, pero el símbolo dibujado sobre el papel era exactamente el mismo que ardía sobre la piel de Klaus. La medialuna entrelazada con una triqueta simple. -Porque esta marca no representa una maldición… No al uso, al menos… Representa pertenencia. Caroline dirigió tambien la mirada hacia el brazo de Klaus inmediatamente. -La leyenda dice -prosiguió Alaric- que, cuando comenzó la guerra, la bruja entendió algo: jamás podría derrotar al hechicero sola. No mientras él siguiera teniendo a reyes, ejércitos y magos luchando de su lado. Así que empezó a buscar una forma de crear su propio ejército. Klaus apretó la mandíbula, comprendiéndolo al instante. Después de haberse criado con una madre como la suya, comprendía que habia personas que no conocían el límite. Tampoco él, puede que le viniera por rama materna. Irónicamente. -Nigromancia… -dijo. No era una pregunta. -Al principio resucitaba soldados caídos -asintió Alaric- Guerreros. Brujos. Pero su magia evolucionó. Se volvió más oscura y mucho más poderosa. La marca era el vínculo que utilizaba para atar las almas resucitadas a su voluntad. Una llamada. Una invocación permanente. El silencio cayó entre los tres. -Según las leyendas -continuó Alaric en voz más baja-, aquellos que estaban marcados dejaban de pertenecer al mundo de los muertos. La bruja podía sentirlos, encontrarlos… incluso reclamar sus vidas otra vez si la traicionaban. Caroline negó con la cabeza lentamente. -No… -Y lo peor es que... -Alaric levantó la vista del libro-. Cuanto más poderoso era el resucitado, más valiosa resultaba la marca para ella. Porque no estaba creando simples soldados… estaba formando un ejército capaz de enfrentarse al único hombre al que jamás pudo destruir. Klaus sostuvo la mirada de Alaric unos segundos. -¿Y ese hombre era…? Alaric cerró el libro despacio. -Merlín. Y la mujer que te marcó… Morgana. Klaus dejó ir el aire de sus pulmones e intercambió una mirada con Caroline. -¿Hay algún modo de deshacernos de la marca? -preguntó Klaus- Como comprenderás, es una duda bastante acuciante para nosotros ahora mismo… Si esa bruja sigue resucitando gente, pronto Mystic Falls se encontrará ante una plaga de vampiros, brujos y lobos muertos hace siglos. ¿Qué tal os fue con el brujo Silas? Alaric tensó la mandíbula mirando el rostro de Klaus de abajo arriba. -Oye, que yo no tengo la culpa… Pero no… No hay registros que hablen de como deshacerse de la marca… -negó con la cabeza- Pero hay un hechizo de invocación. Podeis llamar a Morgana… Puede que tengas una oportunidad contra ella… Sin apartar la mirada de Klaus cerró el libro y se lo entregó. -Asegúrate de que nos devuelves el libro cuando termináis. Klaus tomó el libro sin apartar sus acerados orbes azules de los parejos de Alaric. -Solo una pregunta… en tu experiencia… Si matamos a Morgana… ¿moriremos tambien? Alaric no respondió. No al principio. -No lo sé. >> Regresar a Nueva Orleans fue más dulce que la marcha. Al menos ahora tenían un libro y le habían dado un nombre a su enemigo. Además, Klaus no regresó solo. Si bien Caroline sabia que Alaric sabría ocupar su puesto como director en funciones ninguno de los dos ocupantes del Audi de Klaus podían saber que les depararía aquella aventura. Pero saber que contaba con la presencia alentadora de Caroline era ya más que una ayuda para Klaus. No pretendía recuperar el tiempo perdido con ella, mucho menos sin saber si habría más tiempo después de aquella aventura. Pero Caroline no le habia abandonado la primera vez que su final se avecinaba y no quiso hacerlo aquella segunda vez. -Gracias, Caroline -le dijo el hibrido una vez que llegaron a Nueva Orleans- Es importante para mi que… quieras quedarte con nosotros. Y tu pericia nos será más útil en persona que por teléfono Salió del coche y recorrió a velocidad vampírica la distancia hasta la puerta de Caroline una vez que entraron en el complejo Mikaelson. -Estás a punto de entrar en la boca del lobo. ¿Lista, amor? -preguntó ofreciendo su mano para salir del coche. No dieron ni dos pasos dentro del Atrio del complejo cuando Freya y Keelan aparecieron por la puerta del salón de baile.
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  • — Me dijeron que tengo pinta de idol, pero... Lo que nadie sabe es qué tengo un pasado idol. —

    Una flashback invade la escena de cuando Baelz antes de pertenecer al Consejo, estaba en un escenario con público masivo, la gente ovacionaba a Baelz, era una de las idols del momento, pero la carrera de idol de Baelz cuando llegó a su pico más alto, empezarían los problemas con contratos, representantes y muchos espacios publicitarios.
    — Me dijeron que tengo pinta de idol, pero... Lo que nadie sabe es qué tengo un pasado idol. — Una flashback invade la escena de cuando Baelz antes de pertenecer al Consejo, estaba en un escenario con público masivo, la gente ovacionaba a Baelz, era una de las idols del momento, pero la carrera de idol de Baelz cuando llegó a su pico más alto, empezarían los problemas con contratos, representantes y muchos espacios publicitarios.
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  • Hace cientos de años, hubo un enfrentamiento feroz entre dos enemigos mortales, la representante del Sol, la luz máxima de los planetas, contra el representante de la oscuridad absoluta.
    Una batalla que se desencadenó cuando la profecía indicaba que el amo de la oscuridad haría su aparición en la Tierra, y que apagaría el Sol y convertiría la Luna en una Luna Roja, para vivir en un eterno eclipse. Sin embargo, la humanidad consiguió adelantarse y decidió invocar en sus tierras, a la Deidad Solar, la única capaz de impedir aquel tal atroz destino, y esto provocó un combate a muerte en quienes por obvias razones, eran enemigos.

    Darakox
    Hace cientos de años, hubo un enfrentamiento feroz entre dos enemigos mortales, la representante del Sol, la luz máxima de los planetas, contra el representante de la oscuridad absoluta. Una batalla que se desencadenó cuando la profecía indicaba que el amo de la oscuridad haría su aparición en la Tierra, y que apagaría el Sol y convertiría la Luna en una Luna Roja, para vivir en un eterno eclipse. Sin embargo, la humanidad consiguió adelantarse y decidió invocar en sus tierras, a la Deidad Solar, la única capaz de impedir aquel tal atroz destino, y esto provocó un combate a muerte en quienes por obvias razones, eran enemigos. [Darakox_DarkGod]
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  • Vida vs Pestilencia
    Fandom Cualquiera
    Categoría Acción
    [Absolute_Annihilation]
    Morgana Blight

    Fauna llegaba a un lugar con un césped verde y hermoso, representando la vida que emanaba el mismo, sin embargo, se ha cruzado con partes del mismo en dónde se ha mostrado de un color desagradable, y con una fuerte energía negativa, amén de acompañado de un olor putrefacto. Un jóven que se hallaba por el área, le informó que tuvo que enfrentarse a un ser que cada vez que pisaba el césped, el mismo se pudría, le dejó en claro que volvería a atacarlo. Sin embargo, Fauna, La Guardiana de la Naturaleza, iba a ser la encargada de restaurar lo que ese ser representante de la Pestilencia provocó, pero no sería fácil.
    [Absolute_Annihilation] [pulse_pink_fox_501] Fauna llegaba a un lugar con un césped verde y hermoso, representando la vida que emanaba el mismo, sin embargo, se ha cruzado con partes del mismo en dónde se ha mostrado de un color desagradable, y con una fuerte energía negativa, amén de acompañado de un olor putrefacto. Un jóven que se hallaba por el área, le informó que tuvo que enfrentarse a un ser que cada vez que pisaba el césped, el mismo se pudría, le dejó en claro que volvería a atacarlo. Sin embargo, Fauna, La Guardiana de la Naturaleza, iba a ser la encargada de restaurar lo que ese ser representante de la Pestilencia provocó, pero no sería fácil.
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  • La antigua sala de entrenamiento de la Orgullo del Emperador aún conservaba la estructura perfecta de sus épocas de esplendor. Ahora, esa perfección de la que orgullosamente se había jactado durante esos tiempos dorados, no era más que la sombra de algo perverso. Un instrumento afinado para los más exquisitos excesos.

    Sus imponentes puertas y solidas paredes habían sido profanadas con símbolos oscuros. En otro tiempo, la Orgullo del Emperador habría sido un paraíso para los amantes del arte de Terra, con célebres esculturas erigiéndose como representantes de piedra de la belleza y la naturaleza, y cuadros enmarcados en oro decorando las paredes. Cualquiera que entrara en su interior habría pensado que se encontraba dentro de un museo andante, más que una nave insignia. Ahora la corrupción del caos exaltaba su presencia en formas imposibles y deformes. El aire estaba cargado del aroma del metal caliente y algo dulce, corrupto, que se adhería a los sentidos.

    El piso, del color del más fino vino, le devolvió el reflejo de su armadura. La música del caos reverberaba en el interior de la sala, expectante, como un testigo sin ojos ni voz, preparado para vitorear gritos de asombro por lo que iba a ocurrir allí dentro a continuación. Cersei observó las marcas en el suelo, antes habían sido líneas rectas, disciplinadas; ahora se extendían en surcos irregulares marcados por uñas y algo que quizá había sido acero. O quizá no.

    ────Antes solía entrenar aquí para servir al Emperador… ─murmuró. La música era lenta, como un espectador llegando a un estadio y buscaba su asiento entre las filas antes del espectáculo── Ahora… ahora puede tener un uso mucho más divertido, ¿no lo crees? Morgana Blight
    La antigua sala de entrenamiento de la Orgullo del Emperador aún conservaba la estructura perfecta de sus épocas de esplendor. Ahora, esa perfección de la que orgullosamente se había jactado durante esos tiempos dorados, no era más que la sombra de algo perverso. Un instrumento afinado para los más exquisitos excesos. Sus imponentes puertas y solidas paredes habían sido profanadas con símbolos oscuros. En otro tiempo, la Orgullo del Emperador habría sido un paraíso para los amantes del arte de Terra, con célebres esculturas erigiéndose como representantes de piedra de la belleza y la naturaleza, y cuadros enmarcados en oro decorando las paredes. Cualquiera que entrara en su interior habría pensado que se encontraba dentro de un museo andante, más que una nave insignia. Ahora la corrupción del caos exaltaba su presencia en formas imposibles y deformes. El aire estaba cargado del aroma del metal caliente y algo dulce, corrupto, que se adhería a los sentidos. El piso, del color del más fino vino, le devolvió el reflejo de su armadura. La música del caos reverberaba en el interior de la sala, expectante, como un testigo sin ojos ni voz, preparado para vitorear gritos de asombro por lo que iba a ocurrir allí dentro a continuación. Cersei observó las marcas en el suelo, antes habían sido líneas rectas, disciplinadas; ahora se extendían en surcos irregulares marcados por uñas y algo que quizá había sido acero. O quizá no. ────Antes solía entrenar aquí para servir al Emperador… ─murmuró. La música era lenta, como un espectador llegando a un estadio y buscaba su asiento entre las filas antes del espectáculo── Ahora… ahora puede tener un uso mucho más divertido, ¿no lo crees? [pulse_pink_fox_501]
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  • Do you remember me? Remember all of that?
    Fandom IT
    Categoría Terror
    Los Ángeles, 2016.

    Aquel fin de semana no pudo ir a visitar a Nathan, estaba demasiado ocupada, su agenda estaba completa. Su teléfono no dejaba de sonar, Alice, su representante, estaba concertándole mil y una citas con agencias de actores, muchas ellas estaban buscando gente para micro teatros, otras para anuncios, y las que más le importaban a ella: las películas y las series. Llevaba años persiguiendo el papel de protagonista y hasta ahora no había pasado ninguno de los castings a los que se había presentado. ¿Tendría tal vez algo que ver con que ella jamás se marchó de Derry? ¿No del todo? Ese sitio te ataba, te estancaba, te hacía miserable en la vida. Si Ally hubiera coincidido con los que fueron en su día sus amigos, “los perdedores”, se hubiera asombrado de ver que cada uno de ellos había obtenido la fama y el trabajo de sus sueños. Sin embargo, ahí estaba ella, persiguiendo un sueño que parecía jamás lograr alcanzar. Alice le había conseguido, además de un casting como antagonista en una película de terror (de la cual aún no sabía el nombre), un piso en el centro a un buen precio.

    Las mudanzas nunca le habían gustado, y de no ser porque no tenía demasiadas cosas que transportar, se hubiera negado en rotundo, y hubiera continuado viviendo en ese cuchitril asqueroso al que llamaba casa.

    Eso le recordaba a Neibolt Street, a la casa de su hermano. Ella había pasado un año entero durmiendo en un sótano acondicionado como habitación, estaba acostumbrada al olor a humedad, a las telarañas… A todo eso que cualquiera que viviera en Los Ángeles detestaría.

    Ese día fue un día de lo más estresante: tuvo dos entrevistas de trabajo, tres castings y la dichosa mudanza. No le importaba que no le escogieran en ninguno de los dos ámbitos porque tanto los trabajos como los proyectos asignados a esos castings, eran aburridos, más de lo mismo que había hecho durante toda su vida; dependienta de una tienda de telefonía, y canguro. ¿Y más obras de teatro sobre la edad media? Estaba muy cansada de aquello. Necesitaba algo nuevo, romper con lo cuotidiano, salirse de su zona de confort.

    Lo que Ally no sabía, es que ese día, unos minutos antes de llegar al paseo de la fama, encontraría su respuesta en uno de los carteles del Hollywood Pantages Theatre. Llevaba consigo una de las últimas cajas de la mudanza, pues el apartamento estaba a unos 10 minutos desde allí, y menos mal que en el interior de ésta no había cosas demasiado pesadas, porque ésta se le cayó sobre los pies cuando vio aquello:

    LA DIVERSIÓN ACABA DE EMPEZAR, CON RICHIE TOZIER.
    ESTA NOCHE A LAS 22:00, EN EL PANTAGES THEATRE.

    La muchacha, en cuanto vio aquel nombre en pantalla y la foto que identificaba al protagonista de ese número, sintió cómo todo su cuerpo se tensaba. Pudo notar el corazón bombeándole en el interior del pecho con tanta intensidad, que incluso se preocupó. Una alerta en su reloj inteligente vibró en su muñeca: “Frecuencia cardiaca alta, date un respiro.”

    Tragó saliva, poniéndose nerviosa. En seguida se paró a recoger todo lo que se le había caído al suelo, sin mirar siquiera el interior de la caja, o si se dejaba algo sobre el suelo. No le importó, no podía dejar de mirar la enorme pantalla, con el rostro de su amigo. Corrió hacia la taquilla, ésta estaba a punto de cerrar, de hecho, la muchacha del interior, bajó la persiana delante de sus narices.
    —H-hola —dijo la chica, nerviosa, sintiendo que perdería aquella oportunidad—. Q-quería una entrada para —alzó la cabeza hacia la plantilla con todos los shows, para recordar el nombre—. La diversión ac-
    Pero la taquillera le interrumpió, con un tono borde y desganado. Se notaba que se había memorizado aquella frase, porque la dictaba como un robot.
    —Está cerrado. Abrimos de 10:00 a 14:00 y de 19:00 a 20:00 antes de la función. Gracias.
    —¡Eh! ¡Espera! Por favor, es un amigo mío.
    La muchacha de la cabina rodó los ojos.
    —Te pagaré la entrada doble, quédate con el resto, por favor…
    —Está cerrado, vuelva más tarde.
    —Escucha… Puedo pagarte una entrada y darte a ti el equivalente a tres entradas más. Tú te lo quedas, nadie se entera, y todos felices. ¿Qué me dices?
    —Abrimos de 19:00-
    Ally la interrumpió:
    —¡OH, POR FAVOR! ¡Ya sé a qué hora abrís, te estoy pidiendo por favor que-
    Pero la contraria cerró por completo la persiana, y la chica se quedó con la palabra en la boca.
    En aquel momento la hubiera estrangulado con sus propias manos. Ally era una persona impaciente, alguien que quería algo YA si se le antojaba.
    Acababa de encontrarle, a él, en Los Ángeles, después de 25 años sin verle. Al terminar con Eso, en agosto, Ally volvió con su familia a Ludlow, y no volvió hasta unos años más tarde, cuando Richie había dejado la ciudad de Derry, junto a sus padres. Desde entonces, Ally solo volvía para pasar fines de semana con su hermano, o alguna que otra festividad. Y ahora, después de tanto tiempo, la casualidad de la que hablaba cuando eran niños, la había llevado hasta allí.
    —Mira, entiendo lo que es que alguien venga a molestarte fuera de tu horario laboral, créeme… Pero de verdad que necesito esas entradas. Te daré lo que me pidas, de verdad.
    No supo cómo, pero la convenció. La muchacha del interior de la cabina tecleó en su ordenador dispuesta a imprimirle las entradas.
    —¿Asiento?
    —¡Gracias!... ¡Gracias! El que sea, de verdad que no me importa.
    —¿Hora?
    Ally frunció el ceño, confusa, y revisó de nuevo el cartel en el que aparecían los horarios de la función.
    —Solo hay un espectáculo…
    —¿Qué espectáculo desea ver? —realmente la voz cortante e inapetente de la contraria, la hacía parecer una máquina, un robot en el cuerpo de un humano.
    Ally chasqueó la lengua, molesta por tener que volver a revisar el título del show.
    —La diversión acaba de empezar.
    Después de un par de segundos, la chica respondió:
    —No quedan entradas para esta noche a la función de “La diversión acaba de empezar.”
    —¿Qué? Me tienes que estar tomando el pelo…
    —¿Quiere comprar una entrada para mañana?
    —C-claro… —respondió dubitativa. Ella no quería ir al día siguiente, quería verlo ese mismo día. Ya le iba a costar esperar 8 horas, como para esperar 32.
    —¿A qué hora?
    —A la… única maldita hora que hay —masculló entre dientes, esa mujer estaba acabando con su paciencia.
    —De acuerdo. Mañana a las 22:00 “La diversión acaba de empezar” —dijo antes de confirmar la compra.
    —Sí —respondió, hastiada.
    —Lo siento, no quedan entradas. ¿Quiere comprar una para pasado mañana?
    Ally soltó todo el aire de sus pulmones, completamente irritada.
    —No, déjalo. No importa.
    —De acuerdo, que tenga un buen día.
    Y una vez más la persiana volvió a cerrarse frente a ella.
    No podía tener tan mala suerte. O sí… Sí, por supuesto que podía.
    —¡EH! ¡OIGA! ¡VUELVA AQUÍ, SEÑOR!
    Cuando pensabas que las cosas no podían irte peor, era sin duda porque las cosas podían irte muchísimo peor. La caja de ropa que había dejado a un lado de la taquilla había desaparecido, y ahora estaba en los brazos de un anciano que no dejaba de correr, como si tuviera 15 años. Intentó ir tras él, pero estaba tan furiosa, que, en lugar de eso, se rindió, sentándose sobre los escalones que daban paso a la puerta del teatro.
    —Por dios, pero qué te he hecho… —preguntó mirando al cielo—. Dame una tregua, vamos…
    El teléfono sonó en el interior de su bolsillo, y sobre su muñeca, la pantalla del reloj se iluminó con el nombre de Alice. Ally se sacó el teléfono del bolsillo, deslizó el dedo hacia la derecha y contestó.
    —Alice, no es un buen momento.
    —Claro que lo es. Me han llamado del Journal para hacerte una entrevista.
    —¿Una entrevista? ¿En el Journal? ¿Necesitan secretaria? —preguntó con un tono sarcástico.
    —No, idiota. Quieren hacerte una prueba, un casting.
    —Joder, Alice, pues di las cosas bien si quieres que te entiendan a la primera. ¿Sobre qué es?
    —Te quieren como protagonista para una serie —dijo con ilusión la voz tras el teléfono.
    —¿De verdad?... —preguntó Ally, relajándose por fin.
    —¡Sí! Aún no sé cuál es la trama, pero pinta muy bien. Netflix ha comprado los derechos, ¡estarás en mil pantallas!
    —Eso si me cogen.
    —Ey, ¿qué te pasa? Acabo de conseguirte la entrevista de tu vida y estás con ese tonito todo el rato.
    —No es un buen momento…
    —¿Qué ha pasado?
    —¿Podemos vernos? Es demasiado fuerte como para contártelo por teléfono —dijo la chica, observando con admiración el rostro de su amigo en la gran pantalla sobre el teatro.

    3 horas después, en el Holly West Restaurant.

    —¡¿Qué?!
    —Baja la voz… —le pidió Ally, pero Alice no pudo contener la sorpresa ante lo que acababa de escuchar—.Y es una mierda porque no he conseguido entradas para verle. Era la única forma que tenía de volver a hablar con él, ¿sino cómo? Ahora que es famoso a poca gente le dejará acercarse.
    —¿Y cómo pensabas hacerlo si conseguías las entradas?
    —Conozco el Hollywood Pantages como la palma de mi mano. He hecho ahí unas cuantas obras, sé por dónde salen los actores.
    —¿Y por qué no le esperas a la entrada en lugar de a la salida?
    —No quiero ponerle nervioso antes del espectáculo. ¿Sabes cómo se pondrá cuando me vea? Hace 25 años que no le veo, los dos hemos cambiado.
    —Espera un segundo… ¿Has dicho que actúa en el Pantages?
    —Sí.
    —¿Esta noche?
    —¿Conoces a alguien que me pueda colar sin que nadie se entere? —preguntó con una sonrisa fingida, pues sabía que las cosas no serían tan sencillas como lo esperaba. ¿O sí?
    —¿Cómo se llama?
    —Richie. Richie Tozier —jamás olvidaría ese nombre.
    —No. Él no. Su show.
    —Ah. Oh… La diversión acaba de empezar.
    Alice sacó su teléfono, con el entrecejo fruncido, como si buscara algo.
    —No las vas a conseguir, yo también las he buscado pensando que esa zorra de la taquilla me la tenía jurada… —espetó Ally, dándole un sorbo a la coca-cola, sintiendo cómo el hielo le adormecía el labio superior. Pero cuando su amiga le mostró su correo en la pantalla, y en éste aparecieron las entradas, no logró contener el líquido en su boca, escupiéndoselo en la cara sin poder evitarlo, ante la sorpresa—. ¡Oh, joder! Mierda, lo siento, ¿estás bien? ¿Te he dado en el ojo?
    Alice apretó los ojos, cerrándolos con fuerza para que no le entrara el líquido y le provocara una tremenda irritación, limpiándose los restos de refresco y saliva, con la servilleta sobre la mesa.
    —¿Cómo cojones las has conseguido?
    —Sam…
    Sam era el tipo que estaba empezando a conocer, el mismo que Ally días antes había estado criticando, y no era porque el chico no fuera una buena persona, lo poco que le había contado de él era suficiente para saber que era un buen tío. Lo que verdaderamente le sucedió para detestarlo tanto, es que sabía que si Alice conseguía un novio, dejaría de tenerla disponible las 24 horas, así que, egoístamente, lo hizo por eso.
    —¡Sam! —dijo de pronto, como si le hubiera recordado— .¡Sam, claro! ¡Ese gran tipo! ¿Por qué nunca me lo has presentado?
    —Te lo presenté, y le llamaste raro a la cara…
    —¿Qué? ¿De verdad? Por dios, no me acuerdo de haber hecho eso, pero ya sabes que soy una bocazas, no me lo tomes en cuenta, sabes que me encanta ese chico —mintió.
    —Le detestas. Siempre me dices que lo mande a la mierda.
    —¡Yo nunca he dicho eso!
    —Si querías las entradas no hacía falta que me mintieras, sabes que te basta con pedírmelas.
    Ally subió los codos sobre le mesa, juntó sus manos, entrelazando sus dedos y le suplicó inclinándose hacia ella.
    —Por favor, necesito esa entrada…
    Alice suspiró, mirándola como una madre miraría a su hija, una mirada que decía: “no tiene remedio”. El único inconveniente era que Alice tenía 23 años, y Ally 38, así que nunca podría ser su madre.

    Por fin la suerte estaba de su parte, había conseguido la maldita entrada y ya tenía su plan bien detallado mentalmente. Disfrutaría de ver a su amigo hacer lo que mejor se le daba; hacer reír a la gente. Lo esperaría en el parking de coches, donde se situaba la puerta de la salida de los camerinos, perfectamente disimulada con un cartel que el bar de enfrente les había prestado, en el que podía leerse: SALA DE CONTADORES.
    A nadie le hubiera interesado entrar en una sala de contadores, así que era un buen método para mantener a los fans alejados. Ella en cambio, siempre habría deseado salir de allí después de un estreno y encontrarse a millones de personas esperándola, pidiéndole autógrafos y fotos que después publicarían en sus redes sociales. Pero ese día aún no había llegado, la gente no le reconocía por la calle, y con esa suerte, seguramente nunca lo harían.

    El tiempo pasó lento, despacio, excepto cuando tuvo que escoger qué ropa ponerse y de qué color pintar sus labios, en ese momento el reloj corrió dando la vuelta por completo. Había perdido una hora en arreglarse, y poco era para el reencuentro que estaría a punto de vivir…
    Al final se decantó por una blusa blanca, con un escote que dejaba apreciar su esternón y una pequeña parte de la curvatura de sus pechos, descotados. En la parte inferior de su cintura llevaba unos pantalones negros, pitillos, junto con unas converse de color negro y blanco. No se había cargado de maquillaje, únicamente había usado su lápiz de ojos negro, marcando la línea inferior de su párpado, un poco de rímel para acentuar sus pestañas, y un pintalabios rojo oscuro, de esos que aguantaban toda la noche y que luego te costaba quitarte.
    El cuchitril en el que vivía, de momento, quedaba a más de una hora de allí, y ya eran las 20:30, así que se dio prisa en llamar a un taxi.
    Para cuando éste la dejó en la puerta del Hollywood Pantages, eran las 21:40. El maldito tráfico de L.A.

    Estuvo a punto de llegar tarde, a punto de que le cerraran la puerta en las narices, pero al no tratarse de una obra como tal, al ser un espectáculo de humor, algo que en esos sitios infravaloraban muchísimo, la dejaron pasar. Su asiento estaba situado en Platea B, justo la zona superior derecha frente al escenario, la parte alta de las butacas. No era un mal sitio, mejor que haber estado en primera fila, pues no quería sorprenderle en mitad de un número, quería verle la cara de cerca, saber cuáles eran sus pensamientos, sus sensaciones…
    Estaba nerviosa, casi como si la que tuviera que subirse al escenario fuera ella. Cuando su nombre resonó en los altavoces de la sala, sintió un hormigueo en el estómago, la emoción apoderándose de ella. Y al verle… al contemplar cómo salía, con qué andares y qué seguridad se acercaba al centro del escenario, se sintió temblar sobre el asiento.
    Los recuerdos la bombardearon, y no solo lloró de la risa por sus comentarios jocosos y sus chistes durante todo el espectáculo, sino que lo hizo por la emoción, la ilusión de ese reencuentro, de verle una vez más, de encontrarse después de tantos años. Él había cambiado físicamente, pero sus rasgos eran los mismos, y su personalidad no había cambiado en absoluto. Seguía haciendo ese tipo de comentarios subiditos de tono…
    El sexo siempre había sido un tema que él trataba con humor, tal vez porque esa era su forma de normalizar algo que con el resto de sus amigos no tenía en común.

    La gente lo adoraba, aplaudían, reían, gritaban, era todo un ídolo allí. Y aquello la enorgulleció, la hizo sentir feliz del hombre en el que se había convertido, sobre todo por haber podido llegar hasta allí, cumpliendo su sueño, eso que tanto quería; hacer reír al mundo entero. Ally esperó impaciente a que terminara el espectáculo, no por aburrimiento, sino porque no aguantaba más tiempo allí sentada, imaginándose cómo sería el reencuentro. Necesitaba tenerle ya delante, y cuando eso sucedió… cuando divisó que la puerta del cartel de la sala de contadores falsa, se abría, viéndolo, saliendo de allí encendiéndose el cigarro con el mechero, se deshizo por dentro. Se sintió como una de esas adolescentes que acampaban en las entradas de los conciertos días y días, esperando ver únicamente el coche en el que iban montados sus ídolos, con los cristales tintados. Era absurdo, ¿verdad? Sí, por supuesto que lo era, al igual que esos estúpidos nervios que estaba sintiendo, ese temblor en sus piernas. Necesitaba acabar ya con ese momento de tensión. Richie se quedó ahí de pie, abrazando con la palma de su mano el cigarro y la llama, evitando así que el viento la apagara. Ally se acercó, despacio. Lo único que los alumbraba era una farola en medio de aquella calle, que daba al patio trasero del edificio, cerca del parking de coches.
    Cuando estaba lo suficientemente cerca, musitó:
    —Hola, Richie.
    —¡OH, MIERDA! — masculló con el tabaco entre los labios. Sobresaltándose tanto, que por poco se tragó el cigarro, cayéndoseles éste junto con mechero. En seguida se puso en posición de defensa, con las palmas de las manos por delante, y los brazos estirados hacia la chica—. ¿Quién coño eres? —le preguntó con cierta sospecha. Era habitual últimamente que la gente lo acosara, muchos de sus fans incluso habían averiguado dónde vivía, y su última experiencia con una fan loca dejó mucho que desear.
    —¿No te acuerdas de mí?...
    Richie miró hacia todas partes, por si aquella tía venía acompañada de sus amiguitas las locas. Se separó, poniéndose a andar, con las manos en los bolsillos, alejándose de ella.
    —No te conozco de nada, lo siento —le dijo, ceñudo.
    —Pues yo a ti sí que te conozco —respondió ella, desde donde estaba. No se había movido, pero sí había alzado el tono para qué este le escuchara.
    —Todas me conocéis demasiado —murmuró él entre dientes, sacando las llaves de su Mustang Cabrío, de color burdeos. La luz del vehículo parpadeó dos veces, haciéndose ver entre el resto. Era un cochazo, desde luego.
    —Jamás podría olvidar al chico que me salvó de una paliza —dijo entonces ella, esperando que él recordaba aquello.
    Richie se detuvo en seco, con el ceño fruncido, dándole aún la espalda.
    —Al chico que me llevó en su bicicleta hasta su casa, porque yo estaba aterrorizada…
    Los Ángeles, 2016. Aquel fin de semana no pudo ir a visitar a Nathan, estaba demasiado ocupada, su agenda estaba completa. Su teléfono no dejaba de sonar, Alice, su representante, estaba concertándole mil y una citas con agencias de actores, muchas ellas estaban buscando gente para micro teatros, otras para anuncios, y las que más le importaban a ella: las películas y las series. Llevaba años persiguiendo el papel de protagonista y hasta ahora no había pasado ninguno de los castings a los que se había presentado. ¿Tendría tal vez algo que ver con que ella jamás se marchó de Derry? ¿No del todo? Ese sitio te ataba, te estancaba, te hacía miserable en la vida. Si Ally hubiera coincidido con los que fueron en su día sus amigos, “los perdedores”, se hubiera asombrado de ver que cada uno de ellos había obtenido la fama y el trabajo de sus sueños. Sin embargo, ahí estaba ella, persiguiendo un sueño que parecía jamás lograr alcanzar. Alice le había conseguido, además de un casting como antagonista en una película de terror (de la cual aún no sabía el nombre), un piso en el centro a un buen precio. Las mudanzas nunca le habían gustado, y de no ser porque no tenía demasiadas cosas que transportar, se hubiera negado en rotundo, y hubiera continuado viviendo en ese cuchitril asqueroso al que llamaba casa. Eso le recordaba a Neibolt Street, a la casa de su hermano. Ella había pasado un año entero durmiendo en un sótano acondicionado como habitación, estaba acostumbrada al olor a humedad, a las telarañas… A todo eso que cualquiera que viviera en Los Ángeles detestaría. Ese día fue un día de lo más estresante: tuvo dos entrevistas de trabajo, tres castings y la dichosa mudanza. No le importaba que no le escogieran en ninguno de los dos ámbitos porque tanto los trabajos como los proyectos asignados a esos castings, eran aburridos, más de lo mismo que había hecho durante toda su vida; dependienta de una tienda de telefonía, y canguro. ¿Y más obras de teatro sobre la edad media? Estaba muy cansada de aquello. Necesitaba algo nuevo, romper con lo cuotidiano, salirse de su zona de confort. Lo que Ally no sabía, es que ese día, unos minutos antes de llegar al paseo de la fama, encontraría su respuesta en uno de los carteles del Hollywood Pantages Theatre. Llevaba consigo una de las últimas cajas de la mudanza, pues el apartamento estaba a unos 10 minutos desde allí, y menos mal que en el interior de ésta no había cosas demasiado pesadas, porque ésta se le cayó sobre los pies cuando vio aquello: LA DIVERSIÓN ACABA DE EMPEZAR, CON RICHIE TOZIER. ESTA NOCHE A LAS 22:00, EN EL PANTAGES THEATRE. La muchacha, en cuanto vio aquel nombre en pantalla y la foto que identificaba al protagonista de ese número, sintió cómo todo su cuerpo se tensaba. Pudo notar el corazón bombeándole en el interior del pecho con tanta intensidad, que incluso se preocupó. Una alerta en su reloj inteligente vibró en su muñeca: “Frecuencia cardiaca alta, date un respiro.” Tragó saliva, poniéndose nerviosa. En seguida se paró a recoger todo lo que se le había caído al suelo, sin mirar siquiera el interior de la caja, o si se dejaba algo sobre el suelo. No le importó, no podía dejar de mirar la enorme pantalla, con el rostro de su amigo. Corrió hacia la taquilla, ésta estaba a punto de cerrar, de hecho, la muchacha del interior, bajó la persiana delante de sus narices. —H-hola —dijo la chica, nerviosa, sintiendo que perdería aquella oportunidad—. Q-quería una entrada para —alzó la cabeza hacia la plantilla con todos los shows, para recordar el nombre—. La diversión ac- Pero la taquillera le interrumpió, con un tono borde y desganado. Se notaba que se había memorizado aquella frase, porque la dictaba como un robot. —Está cerrado. Abrimos de 10:00 a 14:00 y de 19:00 a 20:00 antes de la función. Gracias. —¡Eh! ¡Espera! Por favor, es un amigo mío. La muchacha de la cabina rodó los ojos. —Te pagaré la entrada doble, quédate con el resto, por favor… —Está cerrado, vuelva más tarde. —Escucha… Puedo pagarte una entrada y darte a ti el equivalente a tres entradas más. Tú te lo quedas, nadie se entera, y todos felices. ¿Qué me dices? —Abrimos de 19:00- Ally la interrumpió: —¡OH, POR FAVOR! ¡Ya sé a qué hora abrís, te estoy pidiendo por favor que- Pero la contraria cerró por completo la persiana, y la chica se quedó con la palabra en la boca. En aquel momento la hubiera estrangulado con sus propias manos. Ally era una persona impaciente, alguien que quería algo YA si se le antojaba. Acababa de encontrarle, a él, en Los Ángeles, después de 25 años sin verle. Al terminar con Eso, en agosto, Ally volvió con su familia a Ludlow, y no volvió hasta unos años más tarde, cuando Richie había dejado la ciudad de Derry, junto a sus padres. Desde entonces, Ally solo volvía para pasar fines de semana con su hermano, o alguna que otra festividad. Y ahora, después de tanto tiempo, la casualidad de la que hablaba cuando eran niños, la había llevado hasta allí. —Mira, entiendo lo que es que alguien venga a molestarte fuera de tu horario laboral, créeme… Pero de verdad que necesito esas entradas. Te daré lo que me pidas, de verdad. No supo cómo, pero la convenció. La muchacha del interior de la cabina tecleó en su ordenador dispuesta a imprimirle las entradas. —¿Asiento? —¡Gracias!... ¡Gracias! El que sea, de verdad que no me importa. —¿Hora? Ally frunció el ceño, confusa, y revisó de nuevo el cartel en el que aparecían los horarios de la función. —Solo hay un espectáculo… —¿Qué espectáculo desea ver? —realmente la voz cortante e inapetente de la contraria, la hacía parecer una máquina, un robot en el cuerpo de un humano. Ally chasqueó la lengua, molesta por tener que volver a revisar el título del show. —La diversión acaba de empezar. Después de un par de segundos, la chica respondió: —No quedan entradas para esta noche a la función de “La diversión acaba de empezar.” —¿Qué? Me tienes que estar tomando el pelo… —¿Quiere comprar una entrada para mañana? —C-claro… —respondió dubitativa. Ella no quería ir al día siguiente, quería verlo ese mismo día. Ya le iba a costar esperar 8 horas, como para esperar 32. —¿A qué hora? —A la… única maldita hora que hay —masculló entre dientes, esa mujer estaba acabando con su paciencia. —De acuerdo. Mañana a las 22:00 “La diversión acaba de empezar” —dijo antes de confirmar la compra. —Sí —respondió, hastiada. —Lo siento, no quedan entradas. ¿Quiere comprar una para pasado mañana? Ally soltó todo el aire de sus pulmones, completamente irritada. —No, déjalo. No importa. —De acuerdo, que tenga un buen día. Y una vez más la persiana volvió a cerrarse frente a ella. No podía tener tan mala suerte. O sí… Sí, por supuesto que podía. —¡EH! ¡OIGA! ¡VUELVA AQUÍ, SEÑOR! Cuando pensabas que las cosas no podían irte peor, era sin duda porque las cosas podían irte muchísimo peor. La caja de ropa que había dejado a un lado de la taquilla había desaparecido, y ahora estaba en los brazos de un anciano que no dejaba de correr, como si tuviera 15 años. Intentó ir tras él, pero estaba tan furiosa, que, en lugar de eso, se rindió, sentándose sobre los escalones que daban paso a la puerta del teatro. —Por dios, pero qué te he hecho… —preguntó mirando al cielo—. Dame una tregua, vamos… El teléfono sonó en el interior de su bolsillo, y sobre su muñeca, la pantalla del reloj se iluminó con el nombre de Alice. Ally se sacó el teléfono del bolsillo, deslizó el dedo hacia la derecha y contestó. —Alice, no es un buen momento. —Claro que lo es. Me han llamado del Journal para hacerte una entrevista. —¿Una entrevista? ¿En el Journal? ¿Necesitan secretaria? —preguntó con un tono sarcástico. —No, idiota. Quieren hacerte una prueba, un casting. —Joder, Alice, pues di las cosas bien si quieres que te entiendan a la primera. ¿Sobre qué es? —Te quieren como protagonista para una serie —dijo con ilusión la voz tras el teléfono. —¿De verdad?... —preguntó Ally, relajándose por fin. —¡Sí! Aún no sé cuál es la trama, pero pinta muy bien. Netflix ha comprado los derechos, ¡estarás en mil pantallas! —Eso si me cogen. —Ey, ¿qué te pasa? Acabo de conseguirte la entrevista de tu vida y estás con ese tonito todo el rato. —No es un buen momento… —¿Qué ha pasado? —¿Podemos vernos? Es demasiado fuerte como para contártelo por teléfono —dijo la chica, observando con admiración el rostro de su amigo en la gran pantalla sobre el teatro. 3 horas después, en el Holly West Restaurant. —¡¿Qué?! —Baja la voz… —le pidió Ally, pero Alice no pudo contener la sorpresa ante lo que acababa de escuchar—.Y es una mierda porque no he conseguido entradas para verle. Era la única forma que tenía de volver a hablar con él, ¿sino cómo? Ahora que es famoso a poca gente le dejará acercarse. —¿Y cómo pensabas hacerlo si conseguías las entradas? —Conozco el Hollywood Pantages como la palma de mi mano. He hecho ahí unas cuantas obras, sé por dónde salen los actores. —¿Y por qué no le esperas a la entrada en lugar de a la salida? —No quiero ponerle nervioso antes del espectáculo. ¿Sabes cómo se pondrá cuando me vea? Hace 25 años que no le veo, los dos hemos cambiado. —Espera un segundo… ¿Has dicho que actúa en el Pantages? —Sí. —¿Esta noche? —¿Conoces a alguien que me pueda colar sin que nadie se entere? —preguntó con una sonrisa fingida, pues sabía que las cosas no serían tan sencillas como lo esperaba. ¿O sí? —¿Cómo se llama? —Richie. Richie Tozier —jamás olvidaría ese nombre. —No. Él no. Su show. —Ah. Oh… La diversión acaba de empezar. Alice sacó su teléfono, con el entrecejo fruncido, como si buscara algo. —No las vas a conseguir, yo también las he buscado pensando que esa zorra de la taquilla me la tenía jurada… —espetó Ally, dándole un sorbo a la coca-cola, sintiendo cómo el hielo le adormecía el labio superior. Pero cuando su amiga le mostró su correo en la pantalla, y en éste aparecieron las entradas, no logró contener el líquido en su boca, escupiéndoselo en la cara sin poder evitarlo, ante la sorpresa—. ¡Oh, joder! Mierda, lo siento, ¿estás bien? ¿Te he dado en el ojo? Alice apretó los ojos, cerrándolos con fuerza para que no le entrara el líquido y le provocara una tremenda irritación, limpiándose los restos de refresco y saliva, con la servilleta sobre la mesa. —¿Cómo cojones las has conseguido? —Sam… Sam era el tipo que estaba empezando a conocer, el mismo que Ally días antes había estado criticando, y no era porque el chico no fuera una buena persona, lo poco que le había contado de él era suficiente para saber que era un buen tío. Lo que verdaderamente le sucedió para detestarlo tanto, es que sabía que si Alice conseguía un novio, dejaría de tenerla disponible las 24 horas, así que, egoístamente, lo hizo por eso. —¡Sam! —dijo de pronto, como si le hubiera recordado— .¡Sam, claro! ¡Ese gran tipo! ¿Por qué nunca me lo has presentado? —Te lo presenté, y le llamaste raro a la cara… —¿Qué? ¿De verdad? Por dios, no me acuerdo de haber hecho eso, pero ya sabes que soy una bocazas, no me lo tomes en cuenta, sabes que me encanta ese chico —mintió. —Le detestas. Siempre me dices que lo mande a la mierda. —¡Yo nunca he dicho eso! —Si querías las entradas no hacía falta que me mintieras, sabes que te basta con pedírmelas. Ally subió los codos sobre le mesa, juntó sus manos, entrelazando sus dedos y le suplicó inclinándose hacia ella. —Por favor, necesito esa entrada… Alice suspiró, mirándola como una madre miraría a su hija, una mirada que decía: “no tiene remedio”. El único inconveniente era que Alice tenía 23 años, y Ally 38, así que nunca podría ser su madre. Por fin la suerte estaba de su parte, había conseguido la maldita entrada y ya tenía su plan bien detallado mentalmente. Disfrutaría de ver a su amigo hacer lo que mejor se le daba; hacer reír a la gente. Lo esperaría en el parking de coches, donde se situaba la puerta de la salida de los camerinos, perfectamente disimulada con un cartel que el bar de enfrente les había prestado, en el que podía leerse: SALA DE CONTADORES. A nadie le hubiera interesado entrar en una sala de contadores, así que era un buen método para mantener a los fans alejados. Ella en cambio, siempre habría deseado salir de allí después de un estreno y encontrarse a millones de personas esperándola, pidiéndole autógrafos y fotos que después publicarían en sus redes sociales. Pero ese día aún no había llegado, la gente no le reconocía por la calle, y con esa suerte, seguramente nunca lo harían. El tiempo pasó lento, despacio, excepto cuando tuvo que escoger qué ropa ponerse y de qué color pintar sus labios, en ese momento el reloj corrió dando la vuelta por completo. Había perdido una hora en arreglarse, y poco era para el reencuentro que estaría a punto de vivir… Al final se decantó por una blusa blanca, con un escote que dejaba apreciar su esternón y una pequeña parte de la curvatura de sus pechos, descotados. En la parte inferior de su cintura llevaba unos pantalones negros, pitillos, junto con unas converse de color negro y blanco. No se había cargado de maquillaje, únicamente había usado su lápiz de ojos negro, marcando la línea inferior de su párpado, un poco de rímel para acentuar sus pestañas, y un pintalabios rojo oscuro, de esos que aguantaban toda la noche y que luego te costaba quitarte. El cuchitril en el que vivía, de momento, quedaba a más de una hora de allí, y ya eran las 20:30, así que se dio prisa en llamar a un taxi. Para cuando éste la dejó en la puerta del Hollywood Pantages, eran las 21:40. El maldito tráfico de L.A. Estuvo a punto de llegar tarde, a punto de que le cerraran la puerta en las narices, pero al no tratarse de una obra como tal, al ser un espectáculo de humor, algo que en esos sitios infravaloraban muchísimo, la dejaron pasar. Su asiento estaba situado en Platea B, justo la zona superior derecha frente al escenario, la parte alta de las butacas. No era un mal sitio, mejor que haber estado en primera fila, pues no quería sorprenderle en mitad de un número, quería verle la cara de cerca, saber cuáles eran sus pensamientos, sus sensaciones… Estaba nerviosa, casi como si la que tuviera que subirse al escenario fuera ella. Cuando su nombre resonó en los altavoces de la sala, sintió un hormigueo en el estómago, la emoción apoderándose de ella. Y al verle… al contemplar cómo salía, con qué andares y qué seguridad se acercaba al centro del escenario, se sintió temblar sobre el asiento. Los recuerdos la bombardearon, y no solo lloró de la risa por sus comentarios jocosos y sus chistes durante todo el espectáculo, sino que lo hizo por la emoción, la ilusión de ese reencuentro, de verle una vez más, de encontrarse después de tantos años. Él había cambiado físicamente, pero sus rasgos eran los mismos, y su personalidad no había cambiado en absoluto. Seguía haciendo ese tipo de comentarios subiditos de tono… El sexo siempre había sido un tema que él trataba con humor, tal vez porque esa era su forma de normalizar algo que con el resto de sus amigos no tenía en común. La gente lo adoraba, aplaudían, reían, gritaban, era todo un ídolo allí. Y aquello la enorgulleció, la hizo sentir feliz del hombre en el que se había convertido, sobre todo por haber podido llegar hasta allí, cumpliendo su sueño, eso que tanto quería; hacer reír al mundo entero. Ally esperó impaciente a que terminara el espectáculo, no por aburrimiento, sino porque no aguantaba más tiempo allí sentada, imaginándose cómo sería el reencuentro. Necesitaba tenerle ya delante, y cuando eso sucedió… cuando divisó que la puerta del cartel de la sala de contadores falsa, se abría, viéndolo, saliendo de allí encendiéndose el cigarro con el mechero, se deshizo por dentro. Se sintió como una de esas adolescentes que acampaban en las entradas de los conciertos días y días, esperando ver únicamente el coche en el que iban montados sus ídolos, con los cristales tintados. Era absurdo, ¿verdad? Sí, por supuesto que lo era, al igual que esos estúpidos nervios que estaba sintiendo, ese temblor en sus piernas. Necesitaba acabar ya con ese momento de tensión. Richie se quedó ahí de pie, abrazando con la palma de su mano el cigarro y la llama, evitando así que el viento la apagara. Ally se acercó, despacio. Lo único que los alumbraba era una farola en medio de aquella calle, que daba al patio trasero del edificio, cerca del parking de coches. Cuando estaba lo suficientemente cerca, musitó: —Hola, Richie. —¡OH, MIERDA! — masculló con el tabaco entre los labios. Sobresaltándose tanto, que por poco se tragó el cigarro, cayéndoseles éste junto con mechero. En seguida se puso en posición de defensa, con las palmas de las manos por delante, y los brazos estirados hacia la chica—. ¿Quién coño eres? —le preguntó con cierta sospecha. Era habitual últimamente que la gente lo acosara, muchos de sus fans incluso habían averiguado dónde vivía, y su última experiencia con una fan loca dejó mucho que desear. —¿No te acuerdas de mí?... Richie miró hacia todas partes, por si aquella tía venía acompañada de sus amiguitas las locas. Se separó, poniéndose a andar, con las manos en los bolsillos, alejándose de ella. —No te conozco de nada, lo siento —le dijo, ceñudo. —Pues yo a ti sí que te conozco —respondió ella, desde donde estaba. No se había movido, pero sí había alzado el tono para qué este le escuchara. —Todas me conocéis demasiado —murmuró él entre dientes, sacando las llaves de su Mustang Cabrío, de color burdeos. La luz del vehículo parpadeó dos veces, haciéndose ver entre el resto. Era un cochazo, desde luego. —Jamás podría olvidar al chico que me salvó de una paliza —dijo entonces ella, esperando que él recordaba aquello. Richie se detuvo en seco, con el ceño fruncido, dándole aún la espalda. —Al chico que me llevó en su bicicleta hasta su casa, porque yo estaba aterrorizada…
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  • La carita de ángel no significa que lo sea ¿Verdad? ¿En qué momento las personas comenzaron a verme como un muñeco de porcelana? Si mi representante me viera ahora mismo estoy seguro de que renunciaría...
    ¿Por qué cada día que pasa me siento... menos humano? ¿Qué hay detrás de eso que me atormenta?
    No me siento hijo de mis padres, ni dueño de este cuerpo tan mundano, a la vez que lo que habita en mi se siente etéreo... ¿Por qué me siento encerrado, si se supone que los hombres somos libres?

    — Le hablaba a esa luna llena, divagando en sus horas muertas, el reloj giraba vacío de tiempos y la noche le hundía en una penumbra ilusoria, vacía, porque en el mundo humano hasta la oscuridad tenía un sentido, que él simplemente, no lograba ver. —
    La carita de ángel no significa que lo sea ¿Verdad? ¿En qué momento las personas comenzaron a verme como un muñeco de porcelana? Si mi representante me viera ahora mismo estoy seguro de que renunciaría... ¿Por qué cada día que pasa me siento... menos humano? ¿Qué hay detrás de eso que me atormenta? No me siento hijo de mis padres, ni dueño de este cuerpo tan mundano, a la vez que lo que habita en mi se siente etéreo... ¿Por qué me siento encerrado, si se supone que los hombres somos libres? — Le hablaba a esa luna llena, divagando en sus horas muertas, el reloj giraba vacío de tiempos y la noche le hundía en una penumbra ilusoria, vacía, porque en el mundo humano hasta la oscuridad tenía un sentido, que él simplemente, no lograba ver. —
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  • ¿Qué tiene que hacer uno aquí para que lo atiendan rápido? Además tan temprano, siquiera pude maquillarme, me siento desnudo...
    Se acabó, no más papeleos, solo seré una cara bonita, para lo demás hablen con mi representante.

    — Estuvo veinte minutos esperando en una oficina y en su cabeza fue una eternidad. Si tiene que hacer fila en el supermercado se va y no compra nada.
    Un malcriado total. —
    ¿Qué tiene que hacer uno aquí para que lo atiendan rápido? Además tan temprano, siquiera pude maquillarme, me siento desnudo... Se acabó, no más papeleos, solo seré una cara bonita, para lo demás hablen con mi representante. — Estuvo veinte minutos esperando en una oficina y en su cabeza fue una eternidad. Si tiene que hacer fila en el supermercado se va y no compra nada. Un malcriado total. —
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