• Alguien voló sobre el nido del cuco
    Fandom Clan Ishtar
    Categoría Original
    https://www.youtube.com/watch?v=_1_IXFQY5Wk&list=LL&index=113

    Aeropuerto Internacional de San Francisco.
    Noche. No importa la hora.
    Multitud. Cada uno de ellos, cual animal de pastoreo se dirige a su destino.
    Sin mirar a los lados. Con sus ojos sobre sus pertenencias, móvil o pendientes de alguna tontería del estilo.

    Hacía unas semanas, las dudas habían asaltado mi mente.
    Mi familia había comenzado a preocuparse. Los cambios en mi actitud eran evidentes.
    Pero no había forma de que les dijese que mi propia personalidad estaba indefinida.
    Que, como dice el dicho, la cabra tira al monte. Y lo que siempre había sido, estaba volviendo para reclamar su lugar.

    Al inicio me encontraba reticente.
    Era consciente de la oscuridad que albergaba. Del peligro que podía suponer. De que, entregarle el mando a alguien más podría suponer el fin de lo que conocía.
    Por otra parte, era cuestión de tiempo que acabase pasando.
    Y pedir ayuda no era una opción.
    No cuando hay una parte de mi que comienza a aceptar lo que está pasando.
    Y tras aquel día donde por primera vez tras mucho tiempo, mi cabello platinado comenzaba a ennegrecerse en sus raíces mientras me había manchado de sangre de la misma forma que podría haber estado lloviendo sobre mi, cada vez una dualidad que no tenía lugar estaba comenzando a manifestarse.

    Sin embargo, no tardé tanto en decidir.

    No pasó nada. Simplemente, quise hacerlo.

    Me levanté. Me vi al espejo. Me di cuenta de lo muerta que se había vuelto mi mirada. De que mi impecablemente peinado cabello hacía días que comenzaba a estar revuelto.

    Y, como quien se encuentra tras tanto tiempo con un viejo amigo, abracé la oscuridad por completo.

    Sin miedo, de manera inesperada y por primera vez, cerré los ojos.
    Extendí la mano.
    Concentré todo el poder del contrato en las puntas de mis dedos.
    Y haciendo el gesto de haber girado una llave, entré a su plano.

    Cuando abrí los ojos, me encontraba en ese lugar.

    Veinte años atrás, estaba totalmente aterrorizado. Yo mismo y sin poderes, no entendía nada. ¿Era un lugar? ¿Una presencia? ¿Por qué mi cabeza me decía que estas escaleras de Escher eran correctas e incorrectas al mismo tiempo? ¿Que lo estaba entendiendo y a la vez no?
    Sentía un miedo que me rebajaba a lo humano.
    Me sometía ante el.
    Y ante todo, me recordaba que había siempre algo por encima de mi a lo que me convenía someterme.

    En este momento, lo estaba haciendo con determinación.
    Conciencia.
    Sabía de sobra lo que había.
    La presencia seguía siendo igual de abrumadora.
    Pero yo había cambiado.
    Entiendo que no entiendo. Sé que puedo lo que no puedo. Donde todo comienza y termina, sé y a la vez no sé lo que hay y deja de haber.

    ── Debes estar confuso. ── dije. Mi antigua personalidad había resquebrajado un sello que parecía imposible. Y de igual manera, la conjunción y armonía de ambas personalidades, pasada y presente, habían encontrado un hilo del que tirar.

    Una voz parece oírse. Desde todas partes, desde dentro de mi, en mi propia mente. Esta presencia omnipotente, omnisciente…era su manera de hacerse ver.
    Él sabía mejor que nadie que haber decidido trascender y existir como algo mucho más allá de algo físico era la manera de ser el más poderoso.
    Nadie podía atacar su propia mente.
    Nadie podía acorralar algo que no pudiese definir.
    Se había refugiado en cada presencia, cada mente, cada individuo capaz de interpretar la realidad.
    Él existía a través de ello. Y mientras la realidad siguiese en el mismo plano, su existencia sería eterna.

    ── Mi Apóstol. Algo te inquieta. ──. Sus palabras son medidas. Nunca se ha expresado más de lo necesario. No lo consideraba.

    ── No. Simplemente he venido a tomar lo que considero mío. ──

    Son palabras mayores frente a la mismísima identidad que rige lo que cada individuo hasta la fecha ha considerado como “alma”.
    Nadie tenía la respuesta acerca de su propia conciencia.
    Montones de religiones habían surgido, creado a sus dioses, sus demonios, conceptualizado lo que había tras la muerte.
    La misma ciencia era incapaz de explicar del todo la realidad que rodea a cada individuo.
    Y no dejaba de ser tremendamente presuntuoso que un único individuo con su poder prestado pareciese desafiarle.

    ── ¿Será? ──

    El susurro, proveniente de cada centímetro y de cada espacio visible o imperceptible se deja sentir.

    ── Eres un ciclo. Yo también lo soy. Cuando me muera, dejarás de tener poder sobre mi. Esa es la primera ley: tu poder no es omnipotente. Tu alcance está limitado, y juegas con ello. Sabes que la existencia se repite. Cambia su forma. Muta su esencia. Evoluciona e involuciona

    Manejas lo que hace que la existencia tenga parte de su sentido. Si no hay nada o nadie capaz de ver, ser parte y perpetuar el ciclo, simplemente tu poder se apagaría.

    Navaja de Ockam. El alma…son impulsos. Eléctricos, a nuestro parecer y definición. Hacen que a través de ello y gracias a ello, puedas canalizarte.

    Sin nada de ello, sólo tú sabes lo que serías.

    Pero que incluso algo omnisciente sepa que debe… ──

    Mis palabras son interrumpidas por su risa.
    Grave.
    Absoluta.

    ── Una respuesta muy humana. ──

    Se queda callado.
    Me quedo quieto.
    Mi mirada sigue sin cambiar.
    ¿Siquiera pienso que he acertado en algo? ¿Que he podido ganarle a una entidad de la que depende directamente que cada ser actuante, más divino, más inmortal o más todopoderoso que exista pueda hacer hasta el más mínimo acto?
    El solo planteamiento suena como una mala broma.

    ── Sabía que te llegarías a dar cuenta. Negar una parte de ti. Tratar de aceptar sólo lo que quieres. Has entendido que es ilógico. ──

    El silencio sigue un momento más.

    ── Sin embargo, hay algo que no has entendido hasta ahora. No eres mi siervo. Eres mi Apóstol. Siempre has sido capaz de usar mi poder a tu libertad. Jamás te impuse límite alguno. Recuerda. ──

    Y entonces, me doy cuenta.
    Los términos del contrato nunca especificaban castigo alguno si lo “rompía”.
    Ni siquiera tenía prohibido hablar del demonio.

    ── Veo que lo entiendes. ──

    Vuelvo a abrir los ojos.
    A ver el ordinario y tan normal mundo que me rodea.
    Y ahora, mi alma resuena plenamente. He comprendido todo.

    No es que tuviese prohibido hablar del demonio de la cognición. Es que yo mismo no iba a permitir que semejante poder pudiese siquiera conocerlo alguien más. Hacerlo hubiese supuesto un punto débil. Desventajoso, tremendamente, en mi contra.

    No es que yo me estuviese defendiendo. Es que, aquella noche esperé a que se confiasen cada uno de los doce asaltantes.
    Pude haberlos inhabilitado. Y los maté a sangre fría. Todos y cada uno.

    Ante todo, el motivo real de que esta mi personalidad hubiese quebrantado un sello que parecía tan prohibido.
    Piedad. Amor. Egoísmo. Desconozco como definirlo.
    Pero cuando Fenrir nació, algo dentro de mi me dijo que su bondad, su inocencia, su integridad en un mundo tan corrupto, sería a cambio de volver a lo que había olvidado.
    Usar la cognición rompía el sello que me permitía ser un demonio más. Pertenecer a la nobleza Jaegerjaquez e Ishtar de pleno derecho. Apartar un lado humano que no necesitaba.
    Irónicamente, un lado demoníaco con un corazón más humano era el que estaba negando a un humano con el corazón más demoníaco.
    Un poco de luz en la sombra y un poco de sombra en la luz. Todo se encontraba en equilibrio.
    Pero en este momento, soy un demonio puro con un corazón demoníaco.
    El amor de un padre, dirían algunos.
    La continuación de un legado, podría decir yo.

    Y sobre todo, no es que estuviese dándome cuenta de todo esto ahora.
    Por pura comodidad, no he querido asumirlo antes.
    Pero por dentro, hervía de ganas.

    Como demonio que soy, si ni siquiera mis propios congéneres me maldicen, mal honor habré hecho a mi especie.
    https://www.youtube.com/watch?v=_1_IXFQY5Wk&list=LL&index=113 Aeropuerto Internacional de San Francisco. Noche. No importa la hora. Multitud. Cada uno de ellos, cual animal de pastoreo se dirige a su destino. Sin mirar a los lados. Con sus ojos sobre sus pertenencias, móvil o pendientes de alguna tontería del estilo. Hacía unas semanas, las dudas habían asaltado mi mente. Mi familia había comenzado a preocuparse. Los cambios en mi actitud eran evidentes. Pero no había forma de que les dijese que mi propia personalidad estaba indefinida. Que, como dice el dicho, la cabra tira al monte. Y lo que siempre había sido, estaba volviendo para reclamar su lugar. Al inicio me encontraba reticente. Era consciente de la oscuridad que albergaba. Del peligro que podía suponer. De que, entregarle el mando a alguien más podría suponer el fin de lo que conocía. Por otra parte, era cuestión de tiempo que acabase pasando. Y pedir ayuda no era una opción. No cuando hay una parte de mi que comienza a aceptar lo que está pasando. Y tras aquel día donde por primera vez tras mucho tiempo, mi cabello platinado comenzaba a ennegrecerse en sus raíces mientras me había manchado de sangre de la misma forma que podría haber estado lloviendo sobre mi, cada vez una dualidad que no tenía lugar estaba comenzando a manifestarse. Sin embargo, no tardé tanto en decidir. No pasó nada. Simplemente, quise hacerlo. Me levanté. Me vi al espejo. Me di cuenta de lo muerta que se había vuelto mi mirada. De que mi impecablemente peinado cabello hacía días que comenzaba a estar revuelto. Y, como quien se encuentra tras tanto tiempo con un viejo amigo, abracé la oscuridad por completo. Sin miedo, de manera inesperada y por primera vez, cerré los ojos. Extendí la mano. Concentré todo el poder del contrato en las puntas de mis dedos. Y haciendo el gesto de haber girado una llave, entré a su plano. Cuando abrí los ojos, me encontraba en ese lugar. Veinte años atrás, estaba totalmente aterrorizado. Yo mismo y sin poderes, no entendía nada. ¿Era un lugar? ¿Una presencia? ¿Por qué mi cabeza me decía que estas escaleras de Escher eran correctas e incorrectas al mismo tiempo? ¿Que lo estaba entendiendo y a la vez no? Sentía un miedo que me rebajaba a lo humano. Me sometía ante el. Y ante todo, me recordaba que había siempre algo por encima de mi a lo que me convenía someterme. En este momento, lo estaba haciendo con determinación. Conciencia. Sabía de sobra lo que había. La presencia seguía siendo igual de abrumadora. Pero yo había cambiado. Entiendo que no entiendo. Sé que puedo lo que no puedo. Donde todo comienza y termina, sé y a la vez no sé lo que hay y deja de haber. ── Debes estar confuso. ── dije. Mi antigua personalidad había resquebrajado un sello que parecía imposible. Y de igual manera, la conjunción y armonía de ambas personalidades, pasada y presente, habían encontrado un hilo del que tirar. Una voz parece oírse. Desde todas partes, desde dentro de mi, en mi propia mente. Esta presencia omnipotente, omnisciente…era su manera de hacerse ver. Él sabía mejor que nadie que haber decidido trascender y existir como algo mucho más allá de algo físico era la manera de ser el más poderoso. Nadie podía atacar su propia mente. Nadie podía acorralar algo que no pudiese definir. Se había refugiado en cada presencia, cada mente, cada individuo capaz de interpretar la realidad. Él existía a través de ello. Y mientras la realidad siguiese en el mismo plano, su existencia sería eterna. ── Mi Apóstol. Algo te inquieta. ──. Sus palabras son medidas. Nunca se ha expresado más de lo necesario. No lo consideraba. ── No. Simplemente he venido a tomar lo que considero mío. ── Son palabras mayores frente a la mismísima identidad que rige lo que cada individuo hasta la fecha ha considerado como “alma”. Nadie tenía la respuesta acerca de su propia conciencia. Montones de religiones habían surgido, creado a sus dioses, sus demonios, conceptualizado lo que había tras la muerte. La misma ciencia era incapaz de explicar del todo la realidad que rodea a cada individuo. Y no dejaba de ser tremendamente presuntuoso que un único individuo con su poder prestado pareciese desafiarle. ── ¿Será? ── El susurro, proveniente de cada centímetro y de cada espacio visible o imperceptible se deja sentir. ── Eres un ciclo. Yo también lo soy. Cuando me muera, dejarás de tener poder sobre mi. Esa es la primera ley: tu poder no es omnipotente. Tu alcance está limitado, y juegas con ello. Sabes que la existencia se repite. Cambia su forma. Muta su esencia. Evoluciona e involuciona Manejas lo que hace que la existencia tenga parte de su sentido. Si no hay nada o nadie capaz de ver, ser parte y perpetuar el ciclo, simplemente tu poder se apagaría. Navaja de Ockam. El alma…son impulsos. Eléctricos, a nuestro parecer y definición. Hacen que a través de ello y gracias a ello, puedas canalizarte. Sin nada de ello, sólo tú sabes lo que serías. Pero que incluso algo omnisciente sepa que debe… ── Mis palabras son interrumpidas por su risa. Grave. Absoluta. ── Una respuesta muy humana. ── Se queda callado. Me quedo quieto. Mi mirada sigue sin cambiar. ¿Siquiera pienso que he acertado en algo? ¿Que he podido ganarle a una entidad de la que depende directamente que cada ser actuante, más divino, más inmortal o más todopoderoso que exista pueda hacer hasta el más mínimo acto? El solo planteamiento suena como una mala broma. ── Sabía que te llegarías a dar cuenta. Negar una parte de ti. Tratar de aceptar sólo lo que quieres. Has entendido que es ilógico. ── El silencio sigue un momento más. ── Sin embargo, hay algo que no has entendido hasta ahora. No eres mi siervo. Eres mi Apóstol. Siempre has sido capaz de usar mi poder a tu libertad. Jamás te impuse límite alguno. Recuerda. ── Y entonces, me doy cuenta. Los términos del contrato nunca especificaban castigo alguno si lo “rompía”. Ni siquiera tenía prohibido hablar del demonio. ── Veo que lo entiendes. ── Vuelvo a abrir los ojos. A ver el ordinario y tan normal mundo que me rodea. Y ahora, mi alma resuena plenamente. He comprendido todo. No es que tuviese prohibido hablar del demonio de la cognición. Es que yo mismo no iba a permitir que semejante poder pudiese siquiera conocerlo alguien más. Hacerlo hubiese supuesto un punto débil. Desventajoso, tremendamente, en mi contra. No es que yo me estuviese defendiendo. Es que, aquella noche esperé a que se confiasen cada uno de los doce asaltantes. Pude haberlos inhabilitado. Y los maté a sangre fría. Todos y cada uno. Ante todo, el motivo real de que esta mi personalidad hubiese quebrantado un sello que parecía tan prohibido. Piedad. Amor. Egoísmo. Desconozco como definirlo. Pero cuando Fenrir nació, algo dentro de mi me dijo que su bondad, su inocencia, su integridad en un mundo tan corrupto, sería a cambio de volver a lo que había olvidado. Usar la cognición rompía el sello que me permitía ser un demonio más. Pertenecer a la nobleza Jaegerjaquez e Ishtar de pleno derecho. Apartar un lado humano que no necesitaba. Irónicamente, un lado demoníaco con un corazón más humano era el que estaba negando a un humano con el corazón más demoníaco. Un poco de luz en la sombra y un poco de sombra en la luz. Todo se encontraba en equilibrio. Pero en este momento, soy un demonio puro con un corazón demoníaco. El amor de un padre, dirían algunos. La continuación de un legado, podría decir yo. Y sobre todo, no es que estuviese dándome cuenta de todo esto ahora. Por pura comodidad, no he querido asumirlo antes. Pero por dentro, hervía de ganas. Como demonio que soy, si ni siquiera mis propios congéneres me maldicen, mal honor habré hecho a mi especie.
    Tipo
    Individual
    Líneas
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    Estado
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  • ​La demonio sostiene la taza con una delicadeza casi irreal. Sus dedos, adornados con joyas que brillan bajo la luz crepuscular, rozan el borde de la porcelana. Sus grandes alas negras están parcialmente recogidas, pero de vez en cuando se agitan con un leve estremecimiento, revelando su impaciencia.

    ​—"¿Cuánto más, mi señor? El aire de Nazarick se siente vacío sin vuestra imponente presencia..." —

    Susurra para sí misma, con una voz que oscila entre la devoción religiosa y un anhelo profundamente terrenal.
    ​Sus ojos amarillos, intensos y fijos, no se apartan del horizonte. No está mirando el paisaje, está buscando la distorsión en el espacio, ese portal de [Gate] que anunciará el regreso del Ser Supremo, Ainz Ooal Gown, junto a los demás guardianes.
    ​La demonio sostiene la taza con una delicadeza casi irreal. Sus dedos, adornados con joyas que brillan bajo la luz crepuscular, rozan el borde de la porcelana. Sus grandes alas negras están parcialmente recogidas, pero de vez en cuando se agitan con un leve estremecimiento, revelando su impaciencia. ​—"¿Cuánto más, mi señor? El aire de Nazarick se siente vacío sin vuestra imponente presencia..." — Susurra para sí misma, con una voz que oscila entre la devoción religiosa y un anhelo profundamente terrenal. ​Sus ojos amarillos, intensos y fijos, no se apartan del horizonte. No está mirando el paisaje, está buscando la distorsión en el espacio, ese portal de [Gate] que anunciará el regreso del Ser Supremo, Ainz Ooal Gown, junto a los demás guardianes.
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  • ¿Qué es más valioso: el sacrificio de Jesús o que un padre se sacrifique por su hijo?
    Yo también moriría por tus pecados si resucitara al tercer día.
    Hay una diferencia abismal entre el padre que muere para que su hijo viva y el semidiós que se deja ejecutar sabiendo que su sangre comprará la adoración de los siglos.
    El sacrificio de un humano es trágico porque es definitivo; el de un Dios es teatral porque es reversible.
    Si sabes que vas a resucitar y que serás el centro de la historia, morir no es un sacrifico, es una inversión de capital simbólico.
    El ego de Dios requiere un mártir para poder ejercer el perdón.
    ¿Por qué un Dios omnipotente necesita sangre para "limpiar" errores?
    Es el colmo de la vanidad: crear un sistema donde la única moneda de cambio es la agonía de su propio hijo.
    No fue un acto de entrega, fue una puesta en escena de poder.
    Se necesitó un libro y una estructura religiosa para convencerte de que ese evento fue "grande", cuando en realidad, cualquier madre que muere por su hijo en una calle oscura, sin cámaras ni evangelios, tiene una dignidad moral infinitamente superior.
    Ella pierde su todo para siempre; Él solo perdió un fin de semana para ganar la eternidad.
    El "sacrificio" es el anzuelo para que te sientas eternamente en deuda.
    Notas que ésto genera un vínculo de apego ansioso.
    Te hacen sentir culpable de una muerte que no pediste para que aceptes una salvación que no puedes rechazar.
    El "amor" de Jesús es la herramienta perfecta del ego divino: "Mira lo que hice por ti, ahora dame tu voluntad".
    Al final, no fue amor, fue el pago de una fianza en un juicio donde el Juez, el Verdugo y el Abogado son la misma persona.
    ¿Qué es más valioso: el sacrificio de Jesús o que un padre se sacrifique por su hijo? Yo también moriría por tus pecados si resucitara al tercer día. Hay una diferencia abismal entre el padre que muere para que su hijo viva y el semidiós que se deja ejecutar sabiendo que su sangre comprará la adoración de los siglos. El sacrificio de un humano es trágico porque es definitivo; el de un Dios es teatral porque es reversible. Si sabes que vas a resucitar y que serás el centro de la historia, morir no es un sacrifico, es una inversión de capital simbólico. El ego de Dios requiere un mártir para poder ejercer el perdón. ¿Por qué un Dios omnipotente necesita sangre para "limpiar" errores? Es el colmo de la vanidad: crear un sistema donde la única moneda de cambio es la agonía de su propio hijo. No fue un acto de entrega, fue una puesta en escena de poder. Se necesitó un libro y una estructura religiosa para convencerte de que ese evento fue "grande", cuando en realidad, cualquier madre que muere por su hijo en una calle oscura, sin cámaras ni evangelios, tiene una dignidad moral infinitamente superior. Ella pierde su todo para siempre; Él solo perdió un fin de semana para ganar la eternidad. El "sacrificio" es el anzuelo para que te sientas eternamente en deuda. Notas que ésto genera un vínculo de apego ansioso. Te hacen sentir culpable de una muerte que no pediste para que aceptes una salvación que no puedes rechazar. El "amor" de Jesús es la herramienta perfecta del ego divino: "Mira lo que hice por ti, ahora dame tu voluntad". Al final, no fue amor, fue el pago de una fianza en un juicio donde el Juez, el Verdugo y el Abogado son la misma persona.
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  • Giros, existe el cielo y un estado de coma.

    ​La jornada se había extendido hasta volverse asfixiante; una ironía molesta para el día de su cumpleaños. Sin embargo, la necesidad dictaba sus pasos: sus ahorros se habían desangrado, gota a gota, entre las estériles paredes del hospital. Ahora, se hallaba inmerso en el gélido abrazo del invierno citadino. Resultaba asombroso cómo la nieve persistía en su danza interminable; aunque el calendario sugería que el final de febrero o los albores de marzo marcarían el retiro del frío, el paisaje blanco parecía reclamar un dominio eterno. No es que detestara el invierno, pero anhelaba la caricia reconfortante del verano, ese calor que su cuerpo, delgado y quebradizo por una fragilidad congénita, rara vez lograba retener. Un onsen, pensó con un suspiro, sería el paraíso en ese instante.

    ​Afortunadamente, su corazón le daba una tregua. Tras un largo periodo sin incidentes, el deseo de celebrar, aunque fuese de forma mínima, comenzaba a germinar en su pecho. Consideró la idea de beber con sus antiguos compañeros de orquesta, una noción que oscilaba entre lo agradable y lo agridulce. Sabía que la velada derivaría en esa insistente e incómoda pregunta: ¿por qué no volvía al violín? No podía culparlos por su curiosidad; después de todo, se había guardado para sí los motivos que lo obligaron a abandonar las cuerdas a mitad de su carrera, protegiendo su secreto con un celo casi religioso.

    ​Había abandonado su puesto de trabajo al filo de la noche. Tras encadenar sesiones de canto y piano, el agotamiento pesaba en sus hombros; sentía las manos agarrotadas y la garganta como un desierto de ceniza. Definitivamente, necesitaba un trago. Nada pretencioso: un gurin sería el capricho perfecto para sellar la jornada.

    ​Al cruzar el umbral hacia el exterior, observó cómo la última luz del sol agonizaba en el horizonte. El frío golpeó con saña, tiñendo de carmín sus mejillas y nariz, mientras sus dedos se entumecían pese al resguardo de sus preciados guantes de lana. Sin paraguas, inició una caminata pausada, permitiendo que el dolor sordo de sus articulaciones marcara el ritmo de sus pasos. De pronto, el cielo arreció en su nevada, obligándolo a apresurarse. Su abrigo, aunque generoso, dejaba su rostro a merced de los copos que, como fragmentos de cristal, se enredaban en sus cortas pestañas. Pese a la inclemencia, una chispa de júbilo le iluminó el rostro; caminaba con una sonrisa discreta, casi risueña, abriéndose paso entre la multitud anónima de la metrópoli.

    ​Alcanzó el bar antes de lo previsto. Nunca había sido un devoto de la ciudad; prefería el susurro del campo o la salitre de la costa, la claridad del aire y el calor húmedo que abraza la piel. No obstante, empezaba a comprender que debía hacer las paces con su entorno. Se acomodó en una mesa retirada, lejos de la corriente de la puerta y del bullicio excesivo. Al despojarse de la chaqueta con un movimiento un tanto brusco, la tela se ciñó revelando la prominencia de su cadera, un vestigio de su delgadez. Finalmente se sentó, entregándose a la espera de ese primer sorbo del sake y ron japonés en el gurin, cuyo aroma azucarado prometía adormecer sus sentidos en una solitaria y necesaria celebración.
    Giros, existe el cielo y un estado de coma. ​La jornada se había extendido hasta volverse asfixiante; una ironía molesta para el día de su cumpleaños. Sin embargo, la necesidad dictaba sus pasos: sus ahorros se habían desangrado, gota a gota, entre las estériles paredes del hospital. Ahora, se hallaba inmerso en el gélido abrazo del invierno citadino. Resultaba asombroso cómo la nieve persistía en su danza interminable; aunque el calendario sugería que el final de febrero o los albores de marzo marcarían el retiro del frío, el paisaje blanco parecía reclamar un dominio eterno. No es que detestara el invierno, pero anhelaba la caricia reconfortante del verano, ese calor que su cuerpo, delgado y quebradizo por una fragilidad congénita, rara vez lograba retener. Un onsen, pensó con un suspiro, sería el paraíso en ese instante. ​Afortunadamente, su corazón le daba una tregua. Tras un largo periodo sin incidentes, el deseo de celebrar, aunque fuese de forma mínima, comenzaba a germinar en su pecho. Consideró la idea de beber con sus antiguos compañeros de orquesta, una noción que oscilaba entre lo agradable y lo agridulce. Sabía que la velada derivaría en esa insistente e incómoda pregunta: ¿por qué no volvía al violín? No podía culparlos por su curiosidad; después de todo, se había guardado para sí los motivos que lo obligaron a abandonar las cuerdas a mitad de su carrera, protegiendo su secreto con un celo casi religioso. ​Había abandonado su puesto de trabajo al filo de la noche. Tras encadenar sesiones de canto y piano, el agotamiento pesaba en sus hombros; sentía las manos agarrotadas y la garganta como un desierto de ceniza. Definitivamente, necesitaba un trago. Nada pretencioso: un gurin sería el capricho perfecto para sellar la jornada. ​Al cruzar el umbral hacia el exterior, observó cómo la última luz del sol agonizaba en el horizonte. El frío golpeó con saña, tiñendo de carmín sus mejillas y nariz, mientras sus dedos se entumecían pese al resguardo de sus preciados guantes de lana. Sin paraguas, inició una caminata pausada, permitiendo que el dolor sordo de sus articulaciones marcara el ritmo de sus pasos. De pronto, el cielo arreció en su nevada, obligándolo a apresurarse. Su abrigo, aunque generoso, dejaba su rostro a merced de los copos que, como fragmentos de cristal, se enredaban en sus cortas pestañas. Pese a la inclemencia, una chispa de júbilo le iluminó el rostro; caminaba con una sonrisa discreta, casi risueña, abriéndose paso entre la multitud anónima de la metrópoli. ​Alcanzó el bar antes de lo previsto. Nunca había sido un devoto de la ciudad; prefería el susurro del campo o la salitre de la costa, la claridad del aire y el calor húmedo que abraza la piel. No obstante, empezaba a comprender que debía hacer las paces con su entorno. Se acomodó en una mesa retirada, lejos de la corriente de la puerta y del bullicio excesivo. Al despojarse de la chaqueta con un movimiento un tanto brusco, la tela se ciñó revelando la prominencia de su cadera, un vestigio de su delgadez. Finalmente se sentó, entregándose a la espera de ese primer sorbo del sake y ron japonés en el gurin, cuyo aroma azucarado prometía adormecer sus sentidos en una solitaria y necesaria celebración.
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  • Estaba sentado junto a la entrada de su tienda, con la espalda apoyada en un poste, la katana Rentetsu descansando a su lado como si también vigilara. Había terminado de limpiar el filo con una paciencia que parecía contradecirlo: un tipo que maldecía fácil, que respondía con gruñidos a los saludos y que tenía el talento de convertir cualquier conversación en un choque... y aun así, capaz de dedicarle minutos enteros a un detalle mínimo.

    La precisión era un vicio. O una religión. En E=== , a veces era lo mismo.

    El viento movió las lonas. La fogata más cercana escupió una chispa y se la tragó en el aire. “S” alzó la vista hacia el cielo, sin buscar constelaciones ni respuestas. Solo estaba meditando, recordando su hogar, recordando el pasado...

    Ese día...

    No quiero fallar otra vez.

    Esa frase no la decía. Ni se la permitía con palabras. Era más bien un músculo tenso bajo la piel.
    Estaba sentado junto a la entrada de su tienda, con la espalda apoyada en un poste, la katana Rentetsu descansando a su lado como si también vigilara. Había terminado de limpiar el filo con una paciencia que parecía contradecirlo: un tipo que maldecía fácil, que respondía con gruñidos a los saludos y que tenía el talento de convertir cualquier conversación en un choque... y aun así, capaz de dedicarle minutos enteros a un detalle mínimo. La precisión era un vicio. O una religión. En E=== , a veces era lo mismo. El viento movió las lonas. La fogata más cercana escupió una chispa y se la tragó en el aire. “S” alzó la vista hacia el cielo, sin buscar constelaciones ni respuestas. Solo estaba meditando, recordando su hogar, recordando el pasado... Ese día... No quiero fallar otra vez. Esa frase no la decía. Ni se la permitía con palabras. Era más bien un músculo tenso bajo la piel.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    Feliz año nuevo a todos, muchas gracias por acompañarme este año con roles y charlas, que Dios los bendiga siempre y los cuide, que se cumplan los anhelos de su corazón y que este año que viene sea de bendiciones, ayyy parezco la tía religiosa de la familia, pero fin de año siempre me pone nostálgica.( Vuelvo mañana en la noche para responder roles, hoy se bebe hasta no poder más)
    Feliz año nuevo a todos, muchas gracias por acompañarme este año con roles y charlas, que Dios los bendiga siempre y los cuide, que se cumplan los anhelos de su corazón y que este año que viene sea de bendiciones, ayyy parezco la tía religiosa de la familia, pero fin de año siempre me pone nostálgica.( Vuelvo mañana en la noche para responder roles, hoy se bebe hasta no poder más)
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  • El maleficio
    Fandom Nier Réplicant/Autómata x Hazbin hotel (Crossover)
    Categoría Terror


    ✩₊˚.⋆☾⋆⁺₊✧ ✩₊˚.⋆☾⋆⁺₊✧
    Participantes
    ༒𓂀 𝔸𝕝𝕒𝕤𝕥𝕠𝕣 𝕿𝖍𝖊 𝕽𝖆𝖉𝖎𝖔 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓𓂀༒
    ❁ Yᴏʀʜᴀ ɴᴜᴍʙᴇʀ 12 ᴛʏᴘᴇ B ❁
    ✩₊˚.⋆☾⋆⁺₊✧ ✩₊˚.⋆☾⋆⁺₊✧

    Las maldiciones crean una marca que destruye a todo aquel que se le acerca, dejando una estela de dolor y muerte.


    ××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××

    Hace 2 años atrás antes del proyecto Gestalt

    Todo estaba fuera de control, no se sabe como una enfermedad altamente mortal y contagiosa se les había salido de las manos, por lo cual ese proyecto del cual han estado trabajado desde hace tiempo atrás. Los científicos habían experimentado con todo, principalmente con niños que sentía que nadie recuerda pues esos pequeños solo eran huérfanos, de esos experimentos se creo lo que podría ser una arma altamente letal, pero como la supervivencia de la humanidad es mas importante, por lo que eso quedo descartado y “sellado” luego de su suceso que puso en peligro a toda la instalación.

    Fueron muchas pérdidas confirmadas, aun así había tiempo de lamentarse, se debe seguir.

    Mientras todo paso, en otro lugar, se explora una ruina, posiblemente buscando una pista qué les ayude contra el. Síndrome de Cloracion blanca, la cual actualmente estaba en todo el mundo, causado grandes pérdidas, mermado la humanidad.

    El científico a cabeza de esa expedición, llego a lo que a su tiempo fue una hermosa mansión, hoy yace en ruinas, entrando por la puerta principal, camino por los polvorientos pasillos, llego a una habitación cerrada, con algunos sellos de muchas religiones pegadas en la puerta, es como si de buscará mantener lo que sea dentro de esa habitación.

    Aunque sentía un escalofrío recorrer su cuerpo, el científico rompe cada sello, pues buscar una forma de eliminar el síndrome de Cloracion blanca, es prioridad. Una vez que la puerta quedo despejada de los sellos, este la abre entrando en la habitación, la cual a diferencia del resto de la mansión, esa misma habitación se encontraba helada, eso no pintaba bien, aun así se aventura por la misma, comenzado a buscar una posible cura.. ¿Por qué lo hace en esa mansión?... Porque se corria un rumor de que la personas que vivieron ahí, había recaudado información sobre el síndrome.

    Bueno no tenía mucho que perder, fue lo que pensó, aunque eso es lo mas lejano que podría estar, pues estaba apuntó de desatar algo.

    El científico encontró una caja fuerte, también con varios sellos, no debía pero su curiosidad fue mas grande, que quito todos los sellos y con ingenio, se las arreglo para abrir eso.

    Dentro no había nada, solo lo que parece una pequeña escultura, la tomo para analizar mejor, gran error porque sea lo que sea que contenía, fue liberado..

    Salió una sombra de la nada, la cual antes de irse, asesina al científico y huye por la ventana, buscado donde dejar una marca maldita para comenzar con una reinado de terror maldito.

    ××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××

    Presente…. Inicia el cuidado y vigilancia del proyecto Gestalt

    Devola estaba como siempre en su despacho en la biblioteca, Nier había ido a verla para ponerla al tanto de lo que había descubierto, pues Nier debía buscar cura para la enfermedad que aqueja el cuerpo de su hermana menor, Yoona.

    Una vez terminado la platica, Nier decide ir a la Fachada en el desierto, para visitar al rey para saber si tenía alguna información.

    Mientras una vez que se marcho, Popola entro al despacho.

    —Todo hasta ahora va bien, es difícil no ser sinceras —. Comento Popola con algo de culpa.

    —Lo se.. Pero es nuestro deber como vigilantes del proyecto —. Suspira mientras se talla los ojos con cansancio.

    —Ojala haya algo que hacer. —Popola le sirve algo de te a su hermana. —Nier no estará podemos ir a investigar a uba zona. — Comentó al sacar un mapa y ponerlo en la mesa.

    Devola recibe el te para ver el mapa, su hermana le señaló una zona donde podría ir para tener mas seguro el éxito del proyecto.

    —Bueno, no perdemos nada. —


    Con esa mentalidad ambas chicas emprenden viaje a la zona asignada, al llegar encuentran las ahora ruinas de la mansión.

    Sin mas entrar al lugar comenzaron a explorar, pasillo destruido y lleno de polvo, llegado a esa habitación donde se haya el mal.

    Esas energías al sentir la presencia de las hermanas, entro a una reliquia, la cual pudieron sentirse atraídas, no se sabe como pero tan pronto como lo tocaron pudieron ver lo qur se enfrentarian.

    —Eso está mal, debemos irnos. — Imágenes malditas llegaron a sus mentes, ambas corren mientras algo las persigue por los pasillos.

    Mientras correr una de ellas se lastima, provocando un sangrado, mientras corren, la sangre derramada es vertida eb un pentagrama, ambas quedaron acorraladas.. ¿Será el fin de ellas?.. No, no puede terminar así…

    —Por favor.. Que alguien nos ayude—. Grito despertada Devola mientras abraza a su hermana.

    El pentagrama comenzó a brillar y como si trajera a algo o alguien del mismo infierno, una figura comenzó a aparecer.
    ¿Sera la esperanza o desesperanza? Que ahora llevaran ellas sobre sus espaldas.
    ✩₊˚.⋆☾⋆⁺₊✧ ✩₊˚.⋆☾⋆⁺₊✧ Participantes [Alastor_rabbit] [Robin] ✩₊˚.⋆☾⋆⁺₊✧ ✩₊˚.⋆☾⋆⁺₊✧ Las maldiciones crean una marca que destruye a todo aquel que se le acerca, dejando una estela de dolor y muerte. ×××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××× Hace 2 años atrás antes del proyecto Gestalt Todo estaba fuera de control, no se sabe como una enfermedad altamente mortal y contagiosa se les había salido de las manos, por lo cual ese proyecto del cual han estado trabajado desde hace tiempo atrás. Los científicos habían experimentado con todo, principalmente con niños que sentía que nadie recuerda pues esos pequeños solo eran huérfanos, de esos experimentos se creo lo que podría ser una arma altamente letal, pero como la supervivencia de la humanidad es mas importante, por lo que eso quedo descartado y “sellado” luego de su suceso que puso en peligro a toda la instalación. Fueron muchas pérdidas confirmadas, aun así había tiempo de lamentarse, se debe seguir. Mientras todo paso, en otro lugar, se explora una ruina, posiblemente buscando una pista qué les ayude contra el. Síndrome de Cloracion blanca, la cual actualmente estaba en todo el mundo, causado grandes pérdidas, mermado la humanidad. El científico a cabeza de esa expedición, llego a lo que a su tiempo fue una hermosa mansión, hoy yace en ruinas, entrando por la puerta principal, camino por los polvorientos pasillos, llego a una habitación cerrada, con algunos sellos de muchas religiones pegadas en la puerta, es como si de buscará mantener lo que sea dentro de esa habitación. Aunque sentía un escalofrío recorrer su cuerpo, el científico rompe cada sello, pues buscar una forma de eliminar el síndrome de Cloracion blanca, es prioridad. Una vez que la puerta quedo despejada de los sellos, este la abre entrando en la habitación, la cual a diferencia del resto de la mansión, esa misma habitación se encontraba helada, eso no pintaba bien, aun así se aventura por la misma, comenzado a buscar una posible cura.. ¿Por qué lo hace en esa mansión?... Porque se corria un rumor de que la personas que vivieron ahí, había recaudado información sobre el síndrome. Bueno no tenía mucho que perder, fue lo que pensó, aunque eso es lo mas lejano que podría estar, pues estaba apuntó de desatar algo. El científico encontró una caja fuerte, también con varios sellos, no debía pero su curiosidad fue mas grande, que quito todos los sellos y con ingenio, se las arreglo para abrir eso. Dentro no había nada, solo lo que parece una pequeña escultura, la tomo para analizar mejor, gran error porque sea lo que sea que contenía, fue liberado.. Salió una sombra de la nada, la cual antes de irse, asesina al científico y huye por la ventana, buscado donde dejar una marca maldita para comenzar con una reinado de terror maldito. ×××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××××× Presente…. Inicia el cuidado y vigilancia del proyecto Gestalt Devola estaba como siempre en su despacho en la biblioteca, Nier había ido a verla para ponerla al tanto de lo que había descubierto, pues Nier debía buscar cura para la enfermedad que aqueja el cuerpo de su hermana menor, Yoona. Una vez terminado la platica, Nier decide ir a la Fachada en el desierto, para visitar al rey para saber si tenía alguna información. Mientras una vez que se marcho, Popola entro al despacho. —Todo hasta ahora va bien, es difícil no ser sinceras —. Comento Popola con algo de culpa. —Lo se.. Pero es nuestro deber como vigilantes del proyecto —. Suspira mientras se talla los ojos con cansancio. —Ojala haya algo que hacer. —Popola le sirve algo de te a su hermana. —Nier no estará podemos ir a investigar a uba zona. — Comentó al sacar un mapa y ponerlo en la mesa. Devola recibe el te para ver el mapa, su hermana le señaló una zona donde podría ir para tener mas seguro el éxito del proyecto. —Bueno, no perdemos nada. — Con esa mentalidad ambas chicas emprenden viaje a la zona asignada, al llegar encuentran las ahora ruinas de la mansión. Sin mas entrar al lugar comenzaron a explorar, pasillo destruido y lleno de polvo, llegado a esa habitación donde se haya el mal. Esas energías al sentir la presencia de las hermanas, entro a una reliquia, la cual pudieron sentirse atraídas, no se sabe como pero tan pronto como lo tocaron pudieron ver lo qur se enfrentarian. —Eso está mal, debemos irnos. — Imágenes malditas llegaron a sus mentes, ambas corren mientras algo las persigue por los pasillos. Mientras correr una de ellas se lastima, provocando un sangrado, mientras corren, la sangre derramada es vertida eb un pentagrama, ambas quedaron acorraladas.. ¿Será el fin de ellas?.. No, no puede terminar así… —Por favor.. Que alguien nos ayude—. Grito despertada Devola mientras abraza a su hermana. El pentagrama comenzó a brillar y como si trajera a algo o alguien del mismo infierno, una figura comenzó a aparecer. ¿Sera la esperanza o desesperanza? Que ahora llevaran ellas sobre sus espaldas.
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    ||[Rumb1ing] y yo ya planeando todo un metaverso que combine religiones y sean justificables para ser los dioses supremos y sus acordes divisiones en cada plano terrenal.

    Pero si somos una cosa barbara~
    ||[Rumb1ing] y yo ya planeando todo un metaverso que combine religiones y sean justificables para ser los dioses supremos y sus acordes divisiones en cada plano terrenal. Pero si somos una cosa barbara~ :STK-9:
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  • • 𝙁𝙪𝙘𝙠, 𝘐'𝘮 𝘱𝘳𝘰𝘤𝘳𝘢𝘴𝘵𝘪𝘯𝘢𝘵𝘪𝘯𝘨 𝘮𝘺 𝘭𝘪𝘧𝘦 𝘢𝘸𝘢𝘺 𝘢𝘨𝘢𝘪𝘯 •

    Trabajar en fin de semana debería ser ilegal. ¿Ah? ¿Lo es en ciertas religiones? Pásenme el crucifijo, o lo que sea que usen
    • 𝙁𝙪𝙘𝙠, 𝘐'𝘮 𝘱𝘳𝘰𝘤𝘳𝘢𝘴𝘵𝘪𝘯𝘢𝘵𝘪𝘯𝘨 𝘮𝘺 𝘭𝘪𝘧𝘦 𝘢𝘸𝘢𝘺 𝘢𝘨𝘢𝘪𝘯 • Trabajar en fin de semana debería ser ilegal. ¿Ah? ¿Lo es en ciertas religiones? Pásenme el crucifijo, o lo que sea que usen
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  • Meses. Eso fue lo que tuve que aguantar. Fingiendo rezar, repitiendo letanías vacías y vistiendo túnicas que olían a polvo y miedo. Me infiltré en una secta religiosa en Europa del Este, un grupo que jugaba a ser santos mientras comerciaban con armas y compraban lealtades de oficiales corruptos. No podía entrar disparando, no podía desaparecerlos a todos… tenía que convertirme en uno de ellos.

    Me hice llamar “hermano Gabriel”. Sonaba irónico, pero funcionó. Me mostré disciplinado, callado, obediente. Ellos lo vieron como fe, cuando en realidad era paciencia. Gané terreno rápido, tanto que el propio líder empezó a confiar en mí. Pobre bastardo.

    En cada ceremonia, usaban un martillo como símbolo de purificación. Lo vi desde el primer día y supe que ese sería el final del falso profeta. Pesado, sólido… letal en las manos correctas. No podía usar armas de fuego, no podía arriesgarme a dejar rastro. Así que esperé.

    La noche llegó durante un ritual privado. Él me llevó a su cámara, rodeada de incienso y símbolos que pretendían inspirar devoción. Se arrodilló frente al altar, dándome la espalda. No dudé. Tomé el martillo y lo levanté. El primer golpe lo silenció. El segundo aseguró que no se levantaría.

    Salí de la sala como si nada hubiera pasado. Para ellos, “hermano Gabriel” había cumplido un acto de fe. Para mí, era solo otro trabajo sucio terminado.

    Nunca recé, nunca lo haré. Pero mientras dejaba atrás las ruinas de aquella secta, me dije lo que siempre he sabido...

    “A veces, un martillo es todo lo que necesitas para derrumbar un imperio.”
    Meses. Eso fue lo que tuve que aguantar. Fingiendo rezar, repitiendo letanías vacías y vistiendo túnicas que olían a polvo y miedo. Me infiltré en una secta religiosa en Europa del Este, un grupo que jugaba a ser santos mientras comerciaban con armas y compraban lealtades de oficiales corruptos. No podía entrar disparando, no podía desaparecerlos a todos… tenía que convertirme en uno de ellos. Me hice llamar “hermano Gabriel”. Sonaba irónico, pero funcionó. Me mostré disciplinado, callado, obediente. Ellos lo vieron como fe, cuando en realidad era paciencia. Gané terreno rápido, tanto que el propio líder empezó a confiar en mí. Pobre bastardo. En cada ceremonia, usaban un martillo como símbolo de purificación. Lo vi desde el primer día y supe que ese sería el final del falso profeta. Pesado, sólido… letal en las manos correctas. No podía usar armas de fuego, no podía arriesgarme a dejar rastro. Así que esperé. La noche llegó durante un ritual privado. Él me llevó a su cámara, rodeada de incienso y símbolos que pretendían inspirar devoción. Se arrodilló frente al altar, dándome la espalda. No dudé. Tomé el martillo y lo levanté. El primer golpe lo silenció. El segundo aseguró que no se levantaría. Salí de la sala como si nada hubiera pasado. Para ellos, “hermano Gabriel” había cumplido un acto de fe. Para mí, era solo otro trabajo sucio terminado. Nunca recé, nunca lo haré. Pero mientras dejaba atrás las ruinas de aquella secta, me dije lo que siempre he sabido... “A veces, un martillo es todo lo que necesitas para derrumbar un imperio.”
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