Estaba sentado junto a la entrada de su tienda, con la espalda apoyada en un poste, la katana Rentetsu descansando a su lado como si también vigilara. Había terminado de limpiar el filo con una paciencia que parecía contradecirlo: un tipo que maldecía fácil, que respondía con gruñidos a los saludos y que tenía el talento de convertir cualquier conversación en un choque... y aun así, capaz de dedicarle minutos enteros a un detalle mínimo.

La precisión era un vicio. O una religión. En E=== , a veces era lo mismo.

El viento movió las lonas. La fogata más cercana escupió una chispa y se la tragó en el aire. “S” alzó la vista hacia el cielo, sin buscar constelaciones ni respuestas. Solo estaba meditando, recordando su hogar, recordando el pasado...

Ese día...

No quiero fallar otra vez.

Esa frase no la decía. Ni se la permitía con palabras. Era más bien un músculo tenso bajo la piel.
Estaba sentado junto a la entrada de su tienda, con la espalda apoyada en un poste, la katana Rentetsu descansando a su lado como si también vigilara. Había terminado de limpiar el filo con una paciencia que parecía contradecirlo: un tipo que maldecía fácil, que respondía con gruñidos a los saludos y que tenía el talento de convertir cualquier conversación en un choque... y aun así, capaz de dedicarle minutos enteros a un detalle mínimo. La precisión era un vicio. O una religión. En E=== , a veces era lo mismo. El viento movió las lonas. La fogata más cercana escupió una chispa y se la tragó en el aire. “S” alzó la vista hacia el cielo, sin buscar constelaciones ni respuestas. Solo estaba meditando, recordando su hogar, recordando el pasado... Ese día... No quiero fallar otra vez. Esa frase no la decía. Ni se la permitía con palabras. Era más bien un músculo tenso bajo la piel.
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