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    Gracias por el interés que mostraron en el anuncio para ser el partner de Baal, por suerte ya lo hemos encontrado, bueno él lo encontró jajaja. En fin, gracias. Les recuerdo que aún tenemos personajes disponibles para la familia Morningstar, será un placer recibirlos. //
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  • — Llegas tarde. Te voy a cobrar extra por eso. —

    Guarda su celular en un bolsillo de la chaqueta térmica. Ladea el rostro al ver la expresión perpleja en el rostro ajeno, de la persona que la había contactado por internet.

    — ¿Qué pasa? Sí, yo soy la "hechicera de los recuerdos". . . Que no elegí yo ese nombre, me lo pusieron en internet. ¿Qué esperabas? ¿Una bruja de caricatura, con la nariz encorvada, piel verde y una verruga? —

    Suspira. Cierra la sombrilla y se truena los dedos.

    — Ya. A lo que venimos. ¿Qué quieres perder? ¿Qué quieres olvidar? ¿Qué quieres recordar, modificar o recuperar? Ah, sí, te advierto que va a doler un poco. —
    — Llegas tarde. Te voy a cobrar extra por eso. — Guarda su celular en un bolsillo de la chaqueta térmica. Ladea el rostro al ver la expresión perpleja en el rostro ajeno, de la persona que la había contactado por internet. — ¿Qué pasa? Sí, yo soy la "hechicera de los recuerdos". . . Que no elegí yo ese nombre, me lo pusieron en internet. ¿Qué esperabas? ¿Una bruja de caricatura, con la nariz encorvada, piel verde y una verruga? — Suspira. Cierra la sombrilla y se truena los dedos. — Ya. A lo que venimos. ¿Qué quieres perder? ¿Qué quieres olvidar? ¿Qué quieres recordar, modificar o recuperar? Ah, sí, te advierto que va a doler un poco. —
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  • [Antes de la invasión de los heraldos de Alhoon. Kyrie y Owen comparten una platica en la azotea del departamento de Bianca]

    Owen: -Te comprendo perfectamente. Es sumamente extraño ser un espectro con todos nuestros recuerdos de cuándo estabámos vivos y manteniendo nuestra forma humana. Pero hey. No te deprimas. Tiene sus puntos positivos. Puedo ayudarte aprender si quieres. Aunque yo también estoy aprendiendo.

    Kyrie Hourglass: *Asiente con la cabeza y luego esboza una sonrisa* -Gracias Owen. Desde que fuimos al inframundo a buscar el alma de Drizz has sido muy amable conmigo. Aún tengo miedo de si desapareceré un día para el otro de forma repentina. O si ni siquiera alcanzaré a ver a Drizz despertar. Pero tener un amigo como tú. Ha alivianado mi pesar. ¿De verdad me enseñarías?. ¿Crees que puedo ser más que "la chica del reloj/compás"?

    Owen: -Por supuesto. Eres mucho más que eso. Ya eres parte del equipo. Ni por un segundo lo dudes. ¿De acuerdo?. *Extiende su mano y acaricio su cabeza*

    Kyrie Hourglas: -¿Lo soy? *Sonríe ampliamente y asiente con la cabeza* -Digo. Si. Lo soy. Gracias. *Sonríe cálidamente*

    [Antes de la invasión de los heraldos de Alhoon. Kyrie y Owen comparten una platica en la azotea del departamento de Bianca] Owen: -Te comprendo perfectamente. Es sumamente extraño ser un espectro con todos nuestros recuerdos de cuándo estabámos vivos y manteniendo nuestra forma humana. Pero hey. No te deprimas. Tiene sus puntos positivos. Puedo ayudarte aprender si quieres. Aunque yo también estoy aprendiendo. Kyrie Hourglass: *Asiente con la cabeza y luego esboza una sonrisa* -Gracias Owen. Desde que fuimos al inframundo a buscar el alma de Drizz has sido muy amable conmigo. Aún tengo miedo de si desapareceré un día para el otro de forma repentina. O si ni siquiera alcanzaré a ver a Drizz despertar. Pero tener un amigo como tú. Ha alivianado mi pesar. ¿De verdad me enseñarías?. ¿Crees que puedo ser más que "la chica del reloj/compás"? Owen: -Por supuesto. Eres mucho más que eso. Ya eres parte del equipo. Ni por un segundo lo dudes. ¿De acuerdo?. *Extiende su mano y acaricio su cabeza* Kyrie Hourglas: -¿Lo soy? *Sonríe ampliamente y asiente con la cabeza* -Digo. Si. Lo soy. Gracias. *Sonríe cálidamente*
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  • ・❥・ Fenrir Queen・❥・ [A pesar de que Bianca lleva 4 años ya retirada de hacer clases. La oportunidad de enseñar en una academía de magia impartiendo la asignatura de "Bestiología" es una oportunidad que parece ser única en la vida para nuestra querida conspiranoica]

    A ver. ¿Cómo se hacía esto?. No recuerdo que tengo que escribir aquí. ¿Qué cursos hice hace 2 años?. ¿Contará como actividad práctica todas las horas que estuve persiguiendo al Yeti?. ¿Que cuáles son mis virtudes, fortalezas y debilidades?. AAAAAAAAAAAHG. *Mi cerebro echa humitos con el estrés* Vamos Bianca. No te puede vencer un simple papeleo burocrático.
    [Sury_Sakai_1724] [A pesar de que Bianca lleva 4 años ya retirada de hacer clases. La oportunidad de enseñar en una academía de magia impartiendo la asignatura de "Bestiología" es una oportunidad que parece ser única en la vida para nuestra querida conspiranoica] A ver. ¿Cómo se hacía esto?. No recuerdo que tengo que escribir aquí. ¿Qué cursos hice hace 2 años?. ¿Contará como actividad práctica todas las horas que estuve persiguiendo al Yeti?. ¿Que cuáles son mis virtudes, fortalezas y debilidades?. AAAAAAAAAAAHG. *Mi cerebro echa humitos con el estrés* Vamos Bianca. No te puede vencer un simple papeleo burocrático. :STK-24:
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  • [después de lo ocurrido esa noche en el club Gyuseki no podía seguir yendo con su apariencia normal debido a que desde hace rato lo miraban con sospechas y era muy probable que ya supieran que el era ese dragón, esto lo llevo a tomar ciertas medidas]

    ¿Donde esta? ¿¡En donde lo puse!? Vamos piensa piensa tiene que estar en algúna.. ¡Mí caja de recuerdos!

    ×iria hacia mí habitación dentro del departamento para estirar mí brazo bajo la cama y retirar una caja de madera algo descuidada que su único seguro eran pequeñas cuerdas en mal estado, recogí la caja entre mis manos para ir hacia la sala y tomar asiento en el sofá para desatar esas cuerdas y al abrirla el contenido de la caja era un collar dorado con un cristal de color rosa×

    Por un momento creí haberte perdido.. eres uno de los pocos recuerdos que tengo de su majestad así que perderte sería muy malo para mí salud mental.. según lo que me dijo la reina ella usaba esto para tomar una forma humana y pasar desapercibida así que lo lamento pero tendré que usarlo

    ×sin pensarlo más tiempo colocaría la cadena del collar alrededor de mí cuello y entonces el collar se volvió invisible frente a mis narices×

    ¿Y el collar? No puede ser no me digan que ya lo perdí.. aunque sinceramente no siento ningún cambio

    ×me levanté del sofá y lo primero que hice fue acercarme al espejo donde observaria mí reflejo con sorpresa y a la vez vergüenza×

    ¿¡Porque el cabello y los ojos son rosas!? Debí haberlo suponido.. es su color favorito después de todo.. TnT
    [después de lo ocurrido esa noche en el club Gyuseki no podía seguir yendo con su apariencia normal debido a que desde hace rato lo miraban con sospechas y era muy probable que ya supieran que el era ese dragón, esto lo llevo a tomar ciertas medidas] ¿Donde esta? ¿¡En donde lo puse!? Vamos piensa piensa tiene que estar en algúna.. ¡Mí caja de recuerdos! ×iria hacia mí habitación dentro del departamento para estirar mí brazo bajo la cama y retirar una caja de madera algo descuidada que su único seguro eran pequeñas cuerdas en mal estado, recogí la caja entre mis manos para ir hacia la sala y tomar asiento en el sofá para desatar esas cuerdas y al abrirla el contenido de la caja era un collar dorado con un cristal de color rosa× Por un momento creí haberte perdido.. eres uno de los pocos recuerdos que tengo de su majestad así que perderte sería muy malo para mí salud mental.. según lo que me dijo la reina ella usaba esto para tomar una forma humana y pasar desapercibida así que lo lamento pero tendré que usarlo ×sin pensarlo más tiempo colocaría la cadena del collar alrededor de mí cuello y entonces el collar se volvió invisible frente a mis narices× ¿Y el collar? No puede ser no me digan que ya lo perdí.. aunque sinceramente no siento ningún cambio ×me levanté del sofá y lo primero que hice fue acercarme al espejo donde observaria mí reflejo con sorpresa y a la vez vergüenza× ¿¡Porque el cabello y los ojos son rosas!? Debí haberlo suponido.. es su color favorito después de todo.. TnT
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  • Encontré estás fotitos en nuestro álbum de fotos, eran cuando íbamos al instituto.
    Aaron Mckein
    Que lindos recuerdos.
    Encontré estás fotitos en nuestro álbum de fotos, eran cuando íbamos al instituto. [Aaron_Mckein] Que lindos recuerdos.
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    ****Edad del Caos.****
    "Cuando el Ángel Dudó"

    Asuna se quedó paralizada. Conocía ese poder, no entendía cómo, pero lo conocía y eso la asustó más que cualquier otra cosa. De pronto, imágenes aparecieron en su mente como fragmentos de recuerdos olvidados. Vio un templo blanco, columnas bañadas por la luz de la luna y varias niñas jugando entre los jardines. Entonces vio a una pequeña niña muy parecida a Yen, solo que con piel normal de Elunai. La niña corría y reía dentro del templo mientras mujeres vestidas de blanco la observaban. Asuna sintió un fuerte dolor en la cabeza y retrocedió confundida. No entendía por qué conocía ese lugar ni por qué sentía nostalgia al verlo.

    Las imágenes desaparecieron y Asuna volvió en sí respirando agitadamente. Miró a Yen con furia.

    -¿Cómo puedes usar ese poder? ¡La bendición de Yue solo puede ser otorgada por la Diosa!

    Sujetó a Yen por el cuello y la estrelló contra la pared. -¡Los seres del caos no pueden usar luz sagrada!

    Yen apenas podía respirar. El sellado seguía debilitándola y había usado lo poco que le quedaba de energía para curar a Onix. -No sé… de qué hablas…-

    Asuna apretó más fuerte mientras los recuerdos seguían golpeando su mente. Ya no estaba segura de nada. Aquella energía era idéntica a la que las sacerdotisas usaban en los recuerdos que acababa de ver pero entonces las cadenas detrás de ella se tensaron de golpe.

    Onix había despertado, sin decir una palabra rompió los grilletes de sus brazos y atrapó el cuello de Asuna usando las mismas cadenas. Ambas cayeron al suelo mientras Yen terminaba desplomándose a un lado, demasiado débil para levantarse.

    Asuna intentó liberarse usando su fuerza y extendiendo sus alas, pero Onix tiraba con todas sus fuerzas. Las cadenas se hundían cada vez más en el cuello del ángel. Las manos de Onix comenzaron a sangrar por la presión, pero ella no se detuvo. Lo único que veía era a esa mujer intentando matar a Yen.

    Asuna golpeó el suelo desesperadamente mientras trataba de respirar. Sus alas comenzaron a desaparecer poco a poco. Intentó usar magia, pero no podía concentrarse. Onix siguió tirando de las cadenas incluso cuando sus brazos temblaban por el esfuerzo.

    Hasta que finalmente Asuna dejó de moverse, Onix permaneció unos segundos inmóvil, respirando agitadamente, todavía sujetando las cadenas por si aquella mujer volvía a levantarse. Cuando entendió que ya no reaccionaba, soltó las cadenas y corrió hacia Yen. Sus manos estaban destrozadas y llenas de sangre, pero ni siquiera las miró.

    Tomó a Yen entre sus brazos mientras ella apenas seguía consciente. -Nos largamos de aqui…

    Yen intentó responder, pero no tuvo fuerzas, entonces Onix salió de la celda cargándola y escapó a través de las ruinas iluminadas por la luna.
    ****Edad del Caos.**** "Cuando el Ángel Dudó" Asuna se quedó paralizada. Conocía ese poder, no entendía cómo, pero lo conocía y eso la asustó más que cualquier otra cosa. De pronto, imágenes aparecieron en su mente como fragmentos de recuerdos olvidados. Vio un templo blanco, columnas bañadas por la luz de la luna y varias niñas jugando entre los jardines. Entonces vio a una pequeña niña muy parecida a Yen, solo que con piel normal de Elunai. La niña corría y reía dentro del templo mientras mujeres vestidas de blanco la observaban. Asuna sintió un fuerte dolor en la cabeza y retrocedió confundida. No entendía por qué conocía ese lugar ni por qué sentía nostalgia al verlo. Las imágenes desaparecieron y Asuna volvió en sí respirando agitadamente. Miró a Yen con furia. -¿Cómo puedes usar ese poder? ¡La bendición de Yue solo puede ser otorgada por la Diosa! Sujetó a Yen por el cuello y la estrelló contra la pared. -¡Los seres del caos no pueden usar luz sagrada! Yen apenas podía respirar. El sellado seguía debilitándola y había usado lo poco que le quedaba de energía para curar a Onix. -No sé… de qué hablas…- Asuna apretó más fuerte mientras los recuerdos seguían golpeando su mente. Ya no estaba segura de nada. Aquella energía era idéntica a la que las sacerdotisas usaban en los recuerdos que acababa de ver pero entonces las cadenas detrás de ella se tensaron de golpe. Onix había despertado, sin decir una palabra rompió los grilletes de sus brazos y atrapó el cuello de Asuna usando las mismas cadenas. Ambas cayeron al suelo mientras Yen terminaba desplomándose a un lado, demasiado débil para levantarse. Asuna intentó liberarse usando su fuerza y extendiendo sus alas, pero Onix tiraba con todas sus fuerzas. Las cadenas se hundían cada vez más en el cuello del ángel. Las manos de Onix comenzaron a sangrar por la presión, pero ella no se detuvo. Lo único que veía era a esa mujer intentando matar a Yen. Asuna golpeó el suelo desesperadamente mientras trataba de respirar. Sus alas comenzaron a desaparecer poco a poco. Intentó usar magia, pero no podía concentrarse. Onix siguió tirando de las cadenas incluso cuando sus brazos temblaban por el esfuerzo. Hasta que finalmente Asuna dejó de moverse, Onix permaneció unos segundos inmóvil, respirando agitadamente, todavía sujetando las cadenas por si aquella mujer volvía a levantarse. Cuando entendió que ya no reaccionaba, soltó las cadenas y corrió hacia Yen. Sus manos estaban destrozadas y llenas de sangre, pero ni siquiera las miró. Tomó a Yen entre sus brazos mientras ella apenas seguía consciente. -Nos largamos de aqui… Yen intentó responder, pero no tuvo fuerzas, entonces Onix salió de la celda cargándola y escapó a través de las ruinas iluminadas por la luna.
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    Maral Romanov se encontraba de pie en el centro de la capilla, su silueta negra recortada contra el resplandor de los vitrales. Habían pasado exactamente dos meses desde la noche en que su hermano Vladimir fue arrebatado. Sesenta días de un silencio sepulcral que la habían impulsado, hoy, a buscar un refugio en la antigua capilla familiar, donde las sombras parecían ofrecerle un consuelo esquivo.

    Con las manos enguantadas, Maral se acercó al altar mayor, donde un ramillete de rosas oscuras y azules recordaba los colores que tanto le gustaban a Vladimir. Su mirada, de un rojo profundo que contrastaba con la palidez de su piel, se clavó en las llamas de las velas que parpadeaban. En el fondo, otros dolientes guardaban un silencio respetuoso, pero para Maral, el mundo entero se había detenido en ese instante, en ese lugar, con la única presencia de sus recuerdos.

    Ella no vino a llorar; las lágrimas se habían secado semanas atrás. Vino a rezar, a recordarlo, a reconectarse con su memoria. Su vestido de terciopelo negro y el velo de encaje no eran solo prendas de luto, sino un recordatorio de la solemnidad de su juramento: nunca dejaría que la llama de Vladimir se apagara. Con la espalda recta, se inclinó ligeramente, cerrando los ojos para rezar en silencio, esperando que, en algún rincón de ese espacio sagrado, el espíritu de su hermano la escuchara.
    Maral Romanov se encontraba de pie en el centro de la capilla, su silueta negra recortada contra el resplandor de los vitrales. Habían pasado exactamente dos meses desde la noche en que su hermano Vladimir fue arrebatado. Sesenta días de un silencio sepulcral que la habían impulsado, hoy, a buscar un refugio en la antigua capilla familiar, donde las sombras parecían ofrecerle un consuelo esquivo. ​ Con las manos enguantadas, Maral se acercó al altar mayor, donde un ramillete de rosas oscuras y azules recordaba los colores que tanto le gustaban a Vladimir. Su mirada, de un rojo profundo que contrastaba con la palidez de su piel, se clavó en las llamas de las velas que parpadeaban. En el fondo, otros dolientes guardaban un silencio respetuoso, pero para Maral, el mundo entero se había detenido en ese instante, en ese lugar, con la única presencia de sus recuerdos. ​ Ella no vino a llorar; las lágrimas se habían secado semanas atrás. Vino a rezar, a recordarlo, a reconectarse con su memoria. Su vestido de terciopelo negro y el velo de encaje no eran solo prendas de luto, sino un recordatorio de la solemnidad de su juramento: nunca dejaría que la llama de Vladimir se apagara. Con la espalda recta, se inclinó ligeramente, cerrando los ojos para rezar en silencio, esperando que, en algún rincón de ese espacio sagrado, el espíritu de su hermano la escuchara.
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  • No recuerdo cuándo fue la última vez que caminé por la playa...se siente...cómo estar en un mundo alterno, un mundo donde hay paz y calma...
    No recuerdo cuándo fue la última vez que caminé por la playa...se siente...cómo estar en un mundo alterno, un mundo donde hay paz y calma...
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  • • Las Crónicas De Fenrir Queen •

    ~El día que ella se marchó..~

    Después de semanas oculto entre montañas nevadas y restos de una guerra que todavía seguía ardiendo dentro de su cabeza, Kael Vireon finalmente había conseguido volver a caminar gracias a la ayuda constante de Fenrir Queen. Para él, aquella chica se había convertido lentamente en algo mucho más importante de lo que quería admitir. En un mundo donde todo olía a humo, sangre y cenizas, Fenrir era la única cosa que todavía parecía cálida. Cada vez que aparecía entrando a la cueva con comida, agua o vendas improvisadas, Kael sentía por unos instantes que el dolor desaparecía un poco. Ella hablaba poco, pero incluso su silencio transmitía tranquilidad. Y para un niño que acababa de perder absolutamente todo… aquello terminó convirtiéndose en un refugio emocional del que ni siquiera era consciente.

    Había noches donde Kael despertaba sobresaltado por las pesadillas, escuchando nuevamente los gritos de su pueblo, viendo otra vez el fuego devorando las casas mientras el cielo se llenaba de aquellas monstruosas estructuras flotantes. Recordaba el abrazo desesperado de su madre, el último grito de su padre y la sensación de impotencia mientras el mundo entero colapsaba frente a él. Pero entonces veía a Fenrir dormida cerca del fuego o escuchaba su voz tranquila preguntándole si las heridas todavía dolían… y por un momento podía respirar otra vez.

    Por eso jamás imaginó lo que estaba a punto de descubrir.

    Aquella mañana el sonido regresó.

    Un estruendo profundo atravesó las montañas haciendo vibrar la nieve bajo sus pies. Kael abrió los ojos inmediatamente y su cuerpo reaccionó por puro instinto. Ese ruido… era exactamente el mismo. El mismo sonido que escuchó el día que comenzó la masacre.

    Sin decir nada salió rápidamente de la cueva mientras el viento helado golpeaba su rostro. Desde la altura de la montaña pudo ver enormes sombras moviéndose entre las nubes. Varias estructuras gigantescas descendían lentamente sobre el valle rodeadas de humo y energía, como depredadores regresando al lugar donde ya habían arrasado todo una vez.

    El corazón de Kael comenzó a acelerarse violentamente.

    No.

    No podía ser.

    Sus piernas avanzaron solas entre la nieve hasta alcanzar un punto desde donde podía observar mejor el valle… y entonces la vio.

    Fenrir.

    Estaba allí.

    De pie sobre una de aquellas enormes plataformas flotantes mientras el viento movía lentamente su vestido blanco. Detrás de ella caminaban soldados armados cubiertos con las mismas armaduras oscuras que Kael jamás había podido olvidar. Desde esa distancia ella parecía tranquila, completamente integrada entre aquel ejército monstruoso que dominaba el cielo.

    Y fue entonces cuando Kael empezó a reconocer los símbolos.

    Las banderas negras.

    Los emblemas grabados sobre el metal.

    Las marcas que vio entre humo y sangre el día que su hogar desapareció.

    Todo encajó de golpe.

    Fenrir no era una superviviente.
    No era una chica perdida.
    No era alguien que simplemente apareció en medio de la guerra.

    Ella pertenecía a ellos.

    Al mismo ejército que redujo su hogar a cenizas.
    Al mismo ejército que asesinó a su madre, a su padre, a sus vecinos… a todos.

    Kael sintió que algo dentro de él simplemente se rompía.

    Las imágenes comenzaron a mezclarse violentamente en su cabeza. Su madre abrazándolo mientras lloraba. Su padre cubierto de sangre intentando detener a aquellos soldados. El fuego consumiendo las calles. Los gritos. La nieve teñida de rojo. Y luego Fenrir… sentada junto al fuego de la cueva mirándolo con aquella expresión tranquila mientras curaba sus heridas.

    El contraste era demasiado.

    Su respiración empezó a fallar.

    —…no…—

    La voz apenas salió de su garganta mientras retrocedía un paso sobre la nieve. Abajo, varias naves comenzaron a elevarse lentamente y soldados seguían moviéndose alrededor de Fenrir como si aquel infierno fuera algo normal para ella.

    —…tú…?—

    Las lágrimas empezaron a caerle sin siquiera darse cuenta.

    Todo lo que había construido emocionalmente alrededor de ella empezó a derrumbarse de golpe. Porque Fenrir no solo había sido alguien importante para él. Había sido literalmente lo único que le quedaba después de perderlo todo. La única persona que logró hacerle sentir protegido otra vez. La única voz capaz de calmar sus pesadillas.

    Y ahora estaba viendo que esa misma persona pertenecía al monstruo que destruyó su vida.

    Kael apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas atravesaron la piel de sus manos. Su cuerpo entero comenzó a temblar mientras una mezcla insoportable de dolor, rabia y traición crecía dentro de él como algo vivo.

    Quería odiarla.

    Quería gritarle.

    Quería arrancarse de encima cada recuerdo relacionado con ella.

    Pero justamente eso era lo que más lo destruía… porque aun viendo todo aquello, una parte de él seguía recordando a la chica que se sentaba junto al fuego para hacerle compañía en silencio.

    Y esa contradicción terminó quebrándolo completamente.

    El aire empezó a vibrar.

    Primero levemente.

    Después violentamente.

    La nieve alrededor de Kael comenzó a agrietarse mientras una presión monstruosa explotaba desde su cuerpo de forma descontrolada. Rocas enteras empezaron a fracturarse bajo sus pies y el espacio alrededor suyo pareció deformarse por un instante.

    Kael cayó de rodillas gritando mientras el dolor emocional terminaba despertando algo dormido en lo más profundo de su existencia.

    La Resonancia Sísmica del Vacío.

    Una habilidad nacida del colapso absoluto de sus emociones y de un odio tan intenso que literalmente hacía vibrar el mundo a su alrededor. Ondas invisibles comenzaron a expandirse desde su cuerpo deformando el aire y resquebrajando todo lo que tocaban. La montaña explotó en múltiples fracturas gigantescas mientras árboles enteros eran arrancados desde la raíz y enormes pedazos de tierra colapsaban hacia el vacío.

    El cielo mismo parecía partirse.

    Las estructuras flotantes comenzaron a sacudirse violentamente.

    Varios soldados perdieron el equilibrio.

    Incluso el océano lejano empezó a agitarse bajo aquellas vibraciones monstruosas.

    Y en medio de aquel nacimiento aterrador… Kael solo podía mirar a Fenrir con el rostro completamente roto por el dolor.

    Porque en ese instante murió el niño que todavía quería creer en ella.

    Y nació alguien capaz de hacer temblar el mundo entero con su odio.
    • Las Crónicas De Fenrir Queen • ~El día que ella se marchó..~ Después de semanas oculto entre montañas nevadas y restos de una guerra que todavía seguía ardiendo dentro de su cabeza, Kael Vireon finalmente había conseguido volver a caminar gracias a la ayuda constante de Fenrir Queen. Para él, aquella chica se había convertido lentamente en algo mucho más importante de lo que quería admitir. En un mundo donde todo olía a humo, sangre y cenizas, Fenrir era la única cosa que todavía parecía cálida. Cada vez que aparecía entrando a la cueva con comida, agua o vendas improvisadas, Kael sentía por unos instantes que el dolor desaparecía un poco. Ella hablaba poco, pero incluso su silencio transmitía tranquilidad. Y para un niño que acababa de perder absolutamente todo… aquello terminó convirtiéndose en un refugio emocional del que ni siquiera era consciente. Había noches donde Kael despertaba sobresaltado por las pesadillas, escuchando nuevamente los gritos de su pueblo, viendo otra vez el fuego devorando las casas mientras el cielo se llenaba de aquellas monstruosas estructuras flotantes. Recordaba el abrazo desesperado de su madre, el último grito de su padre y la sensación de impotencia mientras el mundo entero colapsaba frente a él. Pero entonces veía a Fenrir dormida cerca del fuego o escuchaba su voz tranquila preguntándole si las heridas todavía dolían… y por un momento podía respirar otra vez. Por eso jamás imaginó lo que estaba a punto de descubrir. Aquella mañana el sonido regresó. Un estruendo profundo atravesó las montañas haciendo vibrar la nieve bajo sus pies. Kael abrió los ojos inmediatamente y su cuerpo reaccionó por puro instinto. Ese ruido… era exactamente el mismo. El mismo sonido que escuchó el día que comenzó la masacre. Sin decir nada salió rápidamente de la cueva mientras el viento helado golpeaba su rostro. Desde la altura de la montaña pudo ver enormes sombras moviéndose entre las nubes. Varias estructuras gigantescas descendían lentamente sobre el valle rodeadas de humo y energía, como depredadores regresando al lugar donde ya habían arrasado todo una vez. El corazón de Kael comenzó a acelerarse violentamente. No. No podía ser. Sus piernas avanzaron solas entre la nieve hasta alcanzar un punto desde donde podía observar mejor el valle… y entonces la vio. Fenrir. Estaba allí. De pie sobre una de aquellas enormes plataformas flotantes mientras el viento movía lentamente su vestido blanco. Detrás de ella caminaban soldados armados cubiertos con las mismas armaduras oscuras que Kael jamás había podido olvidar. Desde esa distancia ella parecía tranquila, completamente integrada entre aquel ejército monstruoso que dominaba el cielo. Y fue entonces cuando Kael empezó a reconocer los símbolos. Las banderas negras. Los emblemas grabados sobre el metal. Las marcas que vio entre humo y sangre el día que su hogar desapareció. Todo encajó de golpe. Fenrir no era una superviviente. No era una chica perdida. No era alguien que simplemente apareció en medio de la guerra. Ella pertenecía a ellos. Al mismo ejército que redujo su hogar a cenizas. Al mismo ejército que asesinó a su madre, a su padre, a sus vecinos… a todos. Kael sintió que algo dentro de él simplemente se rompía. Las imágenes comenzaron a mezclarse violentamente en su cabeza. Su madre abrazándolo mientras lloraba. Su padre cubierto de sangre intentando detener a aquellos soldados. El fuego consumiendo las calles. Los gritos. La nieve teñida de rojo. Y luego Fenrir… sentada junto al fuego de la cueva mirándolo con aquella expresión tranquila mientras curaba sus heridas. El contraste era demasiado. Su respiración empezó a fallar. —…no…— La voz apenas salió de su garganta mientras retrocedía un paso sobre la nieve. Abajo, varias naves comenzaron a elevarse lentamente y soldados seguían moviéndose alrededor de Fenrir como si aquel infierno fuera algo normal para ella. —…tú…?— Las lágrimas empezaron a caerle sin siquiera darse cuenta. Todo lo que había construido emocionalmente alrededor de ella empezó a derrumbarse de golpe. Porque Fenrir no solo había sido alguien importante para él. Había sido literalmente lo único que le quedaba después de perderlo todo. La única persona que logró hacerle sentir protegido otra vez. La única voz capaz de calmar sus pesadillas. Y ahora estaba viendo que esa misma persona pertenecía al monstruo que destruyó su vida. Kael apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas atravesaron la piel de sus manos. Su cuerpo entero comenzó a temblar mientras una mezcla insoportable de dolor, rabia y traición crecía dentro de él como algo vivo. Quería odiarla. Quería gritarle. Quería arrancarse de encima cada recuerdo relacionado con ella. Pero justamente eso era lo que más lo destruía… porque aun viendo todo aquello, una parte de él seguía recordando a la chica que se sentaba junto al fuego para hacerle compañía en silencio. Y esa contradicción terminó quebrándolo completamente. El aire empezó a vibrar. Primero levemente. Después violentamente. La nieve alrededor de Kael comenzó a agrietarse mientras una presión monstruosa explotaba desde su cuerpo de forma descontrolada. Rocas enteras empezaron a fracturarse bajo sus pies y el espacio alrededor suyo pareció deformarse por un instante. Kael cayó de rodillas gritando mientras el dolor emocional terminaba despertando algo dormido en lo más profundo de su existencia. La Resonancia Sísmica del Vacío. Una habilidad nacida del colapso absoluto de sus emociones y de un odio tan intenso que literalmente hacía vibrar el mundo a su alrededor. Ondas invisibles comenzaron a expandirse desde su cuerpo deformando el aire y resquebrajando todo lo que tocaban. La montaña explotó en múltiples fracturas gigantescas mientras árboles enteros eran arrancados desde la raíz y enormes pedazos de tierra colapsaban hacia el vacío. El cielo mismo parecía partirse. Las estructuras flotantes comenzaron a sacudirse violentamente. Varios soldados perdieron el equilibrio. Incluso el océano lejano empezó a agitarse bajo aquellas vibraciones monstruosas. Y en medio de aquel nacimiento aterrador… Kael solo podía mirar a Fenrir con el rostro completamente roto por el dolor. Porque en ese instante murió el niño que todavía quería creer en ella. Y nació alguien capaz de hacer temblar el mundo entero con su odio.
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