• *Sin importar cual herida resultó en esa batalla, Lilithia no se iba a rendir, la sangre de sus heridas, escurre.

    Pese a ese dolor, no soltó sus armas, pues estaba en una feroz batalla contra una criatura que había asesinado a una de sus mejores amigas.

    Eso es algo que no podía perdonar, más cuando ella misma la miró morir en sus brazos, ese dolor de ese recuerdo le quema el corazón como si fuera una profunda daga que le corta el inferir. *
    *Sin importar cual herida resultó en esa batalla, Lilithia no se iba a rendir, la sangre de sus heridas, escurre. Pese a ese dolor, no soltó sus armas, pues estaba en una feroz batalla contra una criatura que había asesinado a una de sus mejores amigas. Eso es algo que no podía perdonar, más cuando ella misma la miró morir en sus brazos, ese dolor de ese recuerdo le quema el corazón como si fuera una profunda daga que le corta el inferir. *
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  • ⟩ *Al irrumpir en el corazón de aquella metrópolis, me sentí instantáneamente consumido por el caos y el movimiento incesante de la multitud. Para evitar convertirme en el centro de todas las miradas, decidí canalizar y contener mi energía, envolviéndome en un velo de discreción que me permitiera pasar desapercibido entre los mortales. Sin embargo, aun con mis esfuerzos, notaba cómo algunos transeúntes me observaban con curiosidad, lanzando susurros a mi paso; ¿sería que mi comportamiento delataba mi naturaleza, o quizás mis gestos resultaban extraños para quienes me rodeaban?
    Mientras caminaba, una ola de nostalgia me invadió al recordar los días en que mi madre me traía a este mundo humano para disfrutar de unas breves vacaciones. Me sumergí en un profundo laberinto mental, tratando de calcular cuánto tiempo había pasado realmente desde aquellos días, mientras el presente parecía desdibujarse.
    La confusión aumentó cuando escuché los comentarios de la gente a mi alrededor. Algunos sugerían, entre risas y señalamientos, que tal vez se estaba rodando una película, convencidos de que mi indumentaria era parte de un vestuario de utilería que desentonaba por completo con la moda actual. Otros, con total naturalidad, mencionaban la palabra "cosplay". Me detuve un instante, repitiendo el término en mi cabeza: cosplay. ¿Qué significaba aquello? ¿Se trataba acaso de una costumbre extraña o de una actividad poco frecuente que yo desconocía? Todo aquello era un enigma total para mí.
    Sintiéndome cada vez más fuera de lugar y superado por la incomprensión de este mundo que ya no reconocía, opté por cubrirme la cabeza con la capucha de mi atuendo. Con el corazón agitado y la mente enfocada en el pasado, retomé mi marcha, aferrándome a los vagos recuerdos de los lugares que alguna vez visité junto a mi madre, esperando que algún rastro me guiara hacia ellos.*⟨
    ⟩ *Al irrumpir en el corazón de aquella metrópolis, me sentí instantáneamente consumido por el caos y el movimiento incesante de la multitud. Para evitar convertirme en el centro de todas las miradas, decidí canalizar y contener mi energía, envolviéndome en un velo de discreción que me permitiera pasar desapercibido entre los mortales. Sin embargo, aun con mis esfuerzos, notaba cómo algunos transeúntes me observaban con curiosidad, lanzando susurros a mi paso; ¿sería que mi comportamiento delataba mi naturaleza, o quizás mis gestos resultaban extraños para quienes me rodeaban? Mientras caminaba, una ola de nostalgia me invadió al recordar los días en que mi madre me traía a este mundo humano para disfrutar de unas breves vacaciones. Me sumergí en un profundo laberinto mental, tratando de calcular cuánto tiempo había pasado realmente desde aquellos días, mientras el presente parecía desdibujarse. La confusión aumentó cuando escuché los comentarios de la gente a mi alrededor. Algunos sugerían, entre risas y señalamientos, que tal vez se estaba rodando una película, convencidos de que mi indumentaria era parte de un vestuario de utilería que desentonaba por completo con la moda actual. Otros, con total naturalidad, mencionaban la palabra "cosplay". Me detuve un instante, repitiendo el término en mi cabeza: cosplay. ¿Qué significaba aquello? ¿Se trataba acaso de una costumbre extraña o de una actividad poco frecuente que yo desconocía? Todo aquello era un enigma total para mí. Sintiéndome cada vez más fuera de lugar y superado por la incomprensión de este mundo que ya no reconocía, opté por cubrirme la cabeza con la capucha de mi atuendo. Con el corazón agitado y la mente enfocada en el pasado, retomé mi marcha, aferrándome a los vagos recuerdos de los lugares que alguna vez visité junto a mi madre, esperando que algún rastro me guiara hacia ellos.*⟨
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  • Y me encontraba allí, justo donde hace tiempo mis compañeros y yo conversábamos. Planeábamos estrategias contra los Oscuros donde discutía con Elena varias veces y, cuando Emma calmaba la situación, todo era risas al final. Las extrañas esculturas de gema o las demostraciones de fuerza de Cristian, ahora todo hecho escombros. ¿Y mis compañeros? ¿Quién sabe dónde se encontraban? Y, a pesar de que la esperanza estaba perdida, bueno, me quedaban por lo menos estos recuerdos, además de que tenía que recuperar ciertas cosas.
    Y me encontraba allí, justo donde hace tiempo mis compañeros y yo conversábamos. Planeábamos estrategias contra los Oscuros donde discutía con Elena varias veces y, cuando Emma calmaba la situación, todo era risas al final. Las extrañas esculturas de gema o las demostraciones de fuerza de Cristian, ahora todo hecho escombros. ¿Y mis compañeros? ¿Quién sabe dónde se encontraban? Y, a pesar de que la esperanza estaba perdida, bueno, me quedaban por lo menos estos recuerdos, además de que tenía que recuperar ciertas cosas.
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  • Rastro de violencia
    Fandom Wind Breaker/OC
    Categoría Acción
    Kiro iba caminando por las calles, llovía, aunque se se molestó en cubrirse con la capucha de la sudadera. Sus brazos descansan a los lados, los puños aún cerrados, aunque sin la misma tensión que antes. Gotas de sangre caían desde sus nudillos hasta el suelo, tiñendo el agua de rojo.

    — Vaya...

    Suspiró al tiempo que un pitidito salía de su bolsillo, Kiro sacó al que originaba aquel sonido, o más bien lo que, ya no era un ser vivo, aunque Kiro lo trataba como tal.

    — Mercury, ¿tienes hambre? Ahora no me puedo poner a cuidar de ti, está lloviendo y si te mojas te estropearas.

    Volvió a guardar al tamagochi en el bolsillo. Era el único recuerdo material que le quedaba de su anterior pandilla, era lo que más le importaba desde que se mudó, cuidando aquel cacharro como si fuera la pandilla en sí.

    — Porque me molestan... Todas las pandillas o delincuentes de pacotilla me atacan sin motivo alguno... Qué cansancio.
    Kiro iba caminando por las calles, llovía, aunque se se molestó en cubrirse con la capucha de la sudadera. Sus brazos descansan a los lados, los puños aún cerrados, aunque sin la misma tensión que antes. Gotas de sangre caían desde sus nudillos hasta el suelo, tiñendo el agua de rojo. — Vaya... Suspiró al tiempo que un pitidito salía de su bolsillo, Kiro sacó al que originaba aquel sonido, o más bien lo que, ya no era un ser vivo, aunque Kiro lo trataba como tal. — Mercury, ¿tienes hambre? Ahora no me puedo poner a cuidar de ti, está lloviendo y si te mojas te estropearas. Volvió a guardar al tamagochi en el bolsillo. Era el único recuerdo material que le quedaba de su anterior pandilla, era lo que más le importaba desde que se mudó, cuidando aquel cacharro como si fuera la pandilla en sí. — Porque me molestan... Todas las pandillas o delincuentes de pacotilla me atacan sin motivo alguno... Qué cansancio.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
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    Estado
    Disponible
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  • ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    -: ❈ :- 𝕄𝕚𝕣𝕒𝕕𝕒𝕤 𝕞𝕒𝕝𝕕𝕚𝕥𝕒𝕤.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El recuerdo rítmico del tren de las doce y media siempre se sentía como una llaga mal curada en la memoria de Kenji. Durante meses, la rutina había sido implacable: el traqueteo sordo sobre las vías oxidadas, el olor a ozono y a asientos de vinilo frío, y esa densa niebla de puerto que se pegaba a los cristales como grasa.

    En ese vagón desierto, que avanzaba por la periferia como un ataúd de metal flotante, las miradas entre ambos eran el único punto fijo. Nunca un saludo, nunca un asentimiento con la cabeza, ni un mísero amago de cortesía civil. Solo dos pares de ojos cruzándose en el vacío, midiendo distancias con una hostilidad silenciosa que hacía que el aire pesara el doble. Ella, sentada justo en el asiento de enfrente, era la anomalía exacta que descuadraba sus balances matemáticos diarios; su peor pesadilla vestida de calma.

    Para que se hagan una idea, el escenario se alzaba como un granero de energías opuestas en donde el lobo y el cazador compartían el mismo corral. Sus razones variaban, pero la paz entre ambos mundos; otrora oficio de muerte que el rubio impartía, distanciaba el conflicto bélico entre las dos partes. No siendo eso suficiente, el panorama no siempre era el mismo, en ocasiones rodeándolos de gallinas inocentes que se pavoneaban frente a las fauces de una bestia impredecible.

    Pero esa noche en particular, el engranaje perfecto de Saito se había roto. Un desfase burocrático de última hora en los muelles lo dejó varado lejos de su horario habitual, empujándolo a saltarse el tren y a caminar sin rumbo fijo por el asfalto mojado hasta terminar en los límites de la última estación.

    Al final terminó su desfase dentro de la arquitectura de un bar mala muerte, un espacio confinado que olía a madera vieja barnizada con alcohol barato, humedad estancada y el zumbido mortecino de un letrero de neón rojo que parpadeaba tras la barra. Kenji se había acomodado en la mesa más apartada del rincón, donde la penumbra le ofrecía una tregua temporal. Se había quitado la gabardina, dejándola doblada con una simetría enfermiza sobre la silla contigua. El nudo de su corbata seguía intacto, pero el primer botón de su camisa almidonada cedía apenas un milímetro, delatando el sutil cansancio que le cargaba los hombros.

    Entre sus dedos, un cigarrillo encendido consumía su papel con lentitud, dejando escapar una espiral delgada de humo gris que se enredaba en la luz ámbar de su vaso de whisky. Para un hombre que calculaba cada minuto de su existencia, ese trago y esa brasa eran lo único que lo mantenía anclado a la realidad mientras contemplaba el lento goteo de la lluvia contra el ventanal mugriento.

    Entonces, el tintineo metálico de la campana de la entrada cortó el murmullo del local.

    La corriente de aire frío que entró de la calle arrastró el olor a salitre y asfalto, abriendo una brecha en la pesadez del tabaco. Kenji no se movió, pero sus ojos, ocultos tras los cristales de carey, se fijaron de inmediato en la silueta que cruzaba el umbral.

    Y entonces la volvió a ver...

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰
    Co: Jane
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ -: ❈ :- 𝕄𝕚𝕣𝕒𝕕𝕒𝕤 𝕞𝕒𝕝𝕕𝕚𝕥𝕒𝕤. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El recuerdo rítmico del tren de las doce y media siempre se sentía como una llaga mal curada en la memoria de Kenji. Durante meses, la rutina había sido implacable: el traqueteo sordo sobre las vías oxidadas, el olor a ozono y a asientos de vinilo frío, y esa densa niebla de puerto que se pegaba a los cristales como grasa. En ese vagón desierto, que avanzaba por la periferia como un ataúd de metal flotante, las miradas entre ambos eran el único punto fijo. Nunca un saludo, nunca un asentimiento con la cabeza, ni un mísero amago de cortesía civil. Solo dos pares de ojos cruzándose en el vacío, midiendo distancias con una hostilidad silenciosa que hacía que el aire pesara el doble. Ella, sentada justo en el asiento de enfrente, era la anomalía exacta que descuadraba sus balances matemáticos diarios; su peor pesadilla vestida de calma. Para que se hagan una idea, el escenario se alzaba como un granero de energías opuestas en donde el lobo y el cazador compartían el mismo corral. Sus razones variaban, pero la paz entre ambos mundos; otrora oficio de muerte que el rubio impartía, distanciaba el conflicto bélico entre las dos partes. No siendo eso suficiente, el panorama no siempre era el mismo, en ocasiones rodeándolos de gallinas inocentes que se pavoneaban frente a las fauces de una bestia impredecible. Pero esa noche en particular, el engranaje perfecto de Saito se había roto. Un desfase burocrático de última hora en los muelles lo dejó varado lejos de su horario habitual, empujándolo a saltarse el tren y a caminar sin rumbo fijo por el asfalto mojado hasta terminar en los límites de la última estación. Al final terminó su desfase dentro de la arquitectura de un bar mala muerte, un espacio confinado que olía a madera vieja barnizada con alcohol barato, humedad estancada y el zumbido mortecino de un letrero de neón rojo que parpadeaba tras la barra. Kenji se había acomodado en la mesa más apartada del rincón, donde la penumbra le ofrecía una tregua temporal. Se había quitado la gabardina, dejándola doblada con una simetría enfermiza sobre la silla contigua. El nudo de su corbata seguía intacto, pero el primer botón de su camisa almidonada cedía apenas un milímetro, delatando el sutil cansancio que le cargaba los hombros. Entre sus dedos, un cigarrillo encendido consumía su papel con lentitud, dejando escapar una espiral delgada de humo gris que se enredaba en la luz ámbar de su vaso de whisky. Para un hombre que calculaba cada minuto de su existencia, ese trago y esa brasa eran lo único que lo mantenía anclado a la realidad mientras contemplaba el lento goteo de la lluvia contra el ventanal mugriento. Entonces, el tintineo metálico de la campana de la entrada cortó el murmullo del local. La corriente de aire frío que entró de la calle arrastró el olor a salitre y asfalto, abriendo una brecha en la pesadez del tabaco. Kenji no se movió, pero sus ojos, ocultos tras los cristales de carey, se fijaron de inmediato en la silueta que cruzaba el umbral. Y entonces la volvió a ver... ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ Co: [solar_sapphire_turtle_967]
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  • No tiene sentido, pero veo ésta rosa... Y te recuerdo.
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  • Dra Luna Steel [solar_brass_fox_952]

    -Tras el encuentro entre la científica y la dragona.-

    -La misma noche, sin saberlo, las dos mujeres contemplaron el mismo sueño.-

    -La dragona y la científica.-

    -Dos desconocidas unidas únicamente por una roca que ninguna máquina conseguía comprender.-

    -En el sueño no había laboratorios.-

    -No había tecnología.-

    -No había nombres.-

    -Solo un inmenso océano de estrellas extendiéndose hasta el infinito.-

    -Y allí, suspendida en el vacío primordial, flotaba una pequeña criatura dracónica de escamas blancas y rojizas.-

    -Dormía.-

    -Como si hubiera estado durmiendo desde antes del nacimiento de los mundos.-

    -Como si el tiempo no tuviera significado para ella.-

    -Y mientras dormía, una vieja melodía parecía recorrer el cosmos.-

    -La misma nana olvidada que una vez cantaron dos seres capaces de desafiar la guerra eterna.-

    -Cuando ambas despertaron, el recuerdo comenzó a difuminarse de inmediato.-

    -Pero la sensación permaneció.-

    -La sensación de haber presenciado algo antiguo.-

    -Algo imposible.-

    -Algo real.-

    -Mientras tanto, en el laboratorio de Umbra Corp, algo había cambiado.-

    -El huevo ya no era exactamente igual.-

    -Las cámaras de vigilancia fueron las primeras en detectarlo.-

    -Luego los sensores de masa.-

    -Luego los escáneres volumétricos.-

    -El objeto había aumentado de tamaño durante la noche.-

    -Y por primera vez desde que fue adquirido al mercader goblin, aparecieron grietas sobre la superficie pétrea.-

    -Finas líneas recorrían algunas de las antiguas escamas fosilizadas.-

    -De ciertas grietas escapaban delicados cristales de escarcha que cubrían lentamente los soportes metálicos cercanos.-

    -De otras surgía un tenue resplandor rojizo semejante a brasas ocultas bajo la roca.-

    -Fuego y escarcha coexistiendo sobre el mismo cascarón.-

    -Como si dos naturalezas opuestas compartieran un mismo corazón.-

    -Cuando Luna llegó al laboratorio y revisó los registros, esta vez el escáner mostraba algo.-

    -Algo que jamás había mostrado antes.-

    -En el interior de la roca aparecía una figura diminuta encogida sobre sí misma.-

    -Con forma humanoide.-

    -Las rodillas recogidas contra el pecho.-

    -Los pequeños cuernos apenas visibles.-

    -Y una larga cola dracónica rodeando su cuerpo como si todavía buscara refugio dentro del huevo.-

    -No se detectaban signos vitales convencionales.-

    -No había pulso.-

    -No había respiración.-

    -No había actividad cerebral medible.-

    -Y sin embargo... allí estaba.-

    -Como si la criatura existiera en algún lugar situado entre la vida, el sueño y el recuerdo.-

    -Por primera vez desde el inicio de la investigación, el laboratorio registró oficialmente una nueva clasificación para el objeto.-

    -EVENTO SIN PRECEDENTES.-
    [Luna_I_UMBRA] [solar_brass_fox_952] -Tras el encuentro entre la científica y la dragona.- -La misma noche, sin saberlo, las dos mujeres contemplaron el mismo sueño.- -La dragona y la científica.- -Dos desconocidas unidas únicamente por una roca que ninguna máquina conseguía comprender.- -En el sueño no había laboratorios.- -No había tecnología.- -No había nombres.- -Solo un inmenso océano de estrellas extendiéndose hasta el infinito.- -Y allí, suspendida en el vacío primordial, flotaba una pequeña criatura dracónica de escamas blancas y rojizas.- -Dormía.- -Como si hubiera estado durmiendo desde antes del nacimiento de los mundos.- -Como si el tiempo no tuviera significado para ella.- -Y mientras dormía, una vieja melodía parecía recorrer el cosmos.- -La misma nana olvidada que una vez cantaron dos seres capaces de desafiar la guerra eterna.- -Cuando ambas despertaron, el recuerdo comenzó a difuminarse de inmediato.- -Pero la sensación permaneció.- -La sensación de haber presenciado algo antiguo.- -Algo imposible.- -Algo real.- -Mientras tanto, en el laboratorio de Umbra Corp, algo había cambiado.- -El huevo ya no era exactamente igual.- -Las cámaras de vigilancia fueron las primeras en detectarlo.- -Luego los sensores de masa.- -Luego los escáneres volumétricos.- -El objeto había aumentado de tamaño durante la noche.- -Y por primera vez desde que fue adquirido al mercader goblin, aparecieron grietas sobre la superficie pétrea.- -Finas líneas recorrían algunas de las antiguas escamas fosilizadas.- -De ciertas grietas escapaban delicados cristales de escarcha que cubrían lentamente los soportes metálicos cercanos.- -De otras surgía un tenue resplandor rojizo semejante a brasas ocultas bajo la roca.- -Fuego y escarcha coexistiendo sobre el mismo cascarón.- -Como si dos naturalezas opuestas compartieran un mismo corazón.- -Cuando Luna llegó al laboratorio y revisó los registros, esta vez el escáner mostraba algo.- -Algo que jamás había mostrado antes.- -En el interior de la roca aparecía una figura diminuta encogida sobre sí misma.- -Con forma humanoide.- -Las rodillas recogidas contra el pecho.- -Los pequeños cuernos apenas visibles.- -Y una larga cola dracónica rodeando su cuerpo como si todavía buscara refugio dentro del huevo.- -No se detectaban signos vitales convencionales.- -No había pulso.- -No había respiración.- -No había actividad cerebral medible.- -Y sin embargo... allí estaba.- -Como si la criatura existiera en algún lugar situado entre la vida, el sueño y el recuerdo.- -Por primera vez desde el inicio de la investigación, el laboratorio registró oficialmente una nueva clasificación para el objeto.- -EVENTO SIN PRECEDENTES.-
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  • "-El insomnio se había convertido en una presencia asfixiante, una vez más que no me permitía encontrar descanso alguno. Incapaz de seguir luchando contra las sábanas, decidí levantarme y vestirme con movimientos mecánicos. Sabía perfectamente a dónde debía ir. Con un gesto decidido, invoqué un portal, un paso directo hacia el único refugio capaz de apaciguar el caos que reinaba en mi mente.
    Al cruzar el umbral, me envolvió instantáneamente la espesura de un bosque ancestral. El aire, cargado con el perfume inconfundible a tierra húmeda, resina y madera antigua, recorrió mis sentidos como un escalofrío que me obligó a estremecerme. Una sonrisa llena de una profunda nostalgia se dibujó en mi rostro mientras me adentraba en la penumbra arbolada, guiado por la familiaridad del camino, hasta que, entre la vegetación, comenzó a vislumbrarse la silueta de aquella cabaña que no visitaba desde hacía una eternidad.-"

    —Oh, mi pequeño refugio… mi nido maternal —
    susurré para mí mismo, con la voz cargada de emocion y nostalgia
    —. Por fin he vuelto a casa.—

    "-Al posar mi mano sobre el pomo frío de la puerta, una sensación de calidez me invadió al instante. Al abrirla, la estancia cobró vida propia: las luces se encendieron automáticamente, revelando una decoración que parecía haber quedado congelada en el tiempo, esperando pacientemente mi retorno. Mis pasos me llevaron hacia una pequeña mesa donde descansaba un retrato. Con delicadeza, acaricié la superficie del cristal, reviviendo recuerdos en el silencio del lugar antes de devolverlo con suavidad a su sitio.
    Mi atención fue atraído hacia un rincón, una figura alta e inamovible cubierta por una sábana blanca, que ocultaba un secreto bien guardado. Con un movimiento lento, retiré la tela, dejando al descubierto un piano antiguo, una pieza adornada con grabados intrincados que brillaban bajo la luz tenue.-"

    —Oh, mi viejo amigo… —
    murmuré con ternura, rozando con reverencia la madera.
    — Cuántos años han pasado desde nuestro último encuentro. Debes haberte sentido muy solo esperando mi regreso, ¿verdad? Pero no te preocupes, ya estoy aquí es momento de devolverte la vida. Acompáñame esta noche, ¿qué te parece?—

    "-Me acomodé en el asiento y, con una suavidad, apoyé mis dedos sobre las teclas. Al primer contacto, una melodía empezó a fluir, llenando cada rincón de la cabaña con notas que hablaban de ausencias y reencuentros. Cerré los ojos, dejándome arrastrar por la armonía, sumergiéndome profundamente en cada nota hasta desaparecer dentro de la propia música.-"

    https://music.youtube.com/watch?v=PiCa76Ch5O8&si=v4kHGcww6bQ8mSds
    "-El insomnio se había convertido en una presencia asfixiante, una vez más que no me permitía encontrar descanso alguno. Incapaz de seguir luchando contra las sábanas, decidí levantarme y vestirme con movimientos mecánicos. Sabía perfectamente a dónde debía ir. Con un gesto decidido, invoqué un portal, un paso directo hacia el único refugio capaz de apaciguar el caos que reinaba en mi mente. Al cruzar el umbral, me envolvió instantáneamente la espesura de un bosque ancestral. El aire, cargado con el perfume inconfundible a tierra húmeda, resina y madera antigua, recorrió mis sentidos como un escalofrío que me obligó a estremecerme. Una sonrisa llena de una profunda nostalgia se dibujó en mi rostro mientras me adentraba en la penumbra arbolada, guiado por la familiaridad del camino, hasta que, entre la vegetación, comenzó a vislumbrarse la silueta de aquella cabaña que no visitaba desde hacía una eternidad.-" —Oh, mi pequeño refugio… mi nido maternal — susurré para mí mismo, con la voz cargada de emocion y nostalgia —. Por fin he vuelto a casa.— "-Al posar mi mano sobre el pomo frío de la puerta, una sensación de calidez me invadió al instante. Al abrirla, la estancia cobró vida propia: las luces se encendieron automáticamente, revelando una decoración que parecía haber quedado congelada en el tiempo, esperando pacientemente mi retorno. Mis pasos me llevaron hacia una pequeña mesa donde descansaba un retrato. Con delicadeza, acaricié la superficie del cristal, reviviendo recuerdos en el silencio del lugar antes de devolverlo con suavidad a su sitio. Mi atención fue atraído hacia un rincón, una figura alta e inamovible cubierta por una sábana blanca, que ocultaba un secreto bien guardado. Con un movimiento lento, retiré la tela, dejando al descubierto un piano antiguo, una pieza adornada con grabados intrincados que brillaban bajo la luz tenue.-" —Oh, mi viejo amigo… — murmuré con ternura, rozando con reverencia la madera. — Cuántos años han pasado desde nuestro último encuentro. Debes haberte sentido muy solo esperando mi regreso, ¿verdad? Pero no te preocupes, ya estoy aquí es momento de devolverte la vida. Acompáñame esta noche, ¿qué te parece?— "-Me acomodé en el asiento y, con una suavidad, apoyé mis dedos sobre las teclas. Al primer contacto, una melodía empezó a fluir, llenando cada rincón de la cabaña con notas que hablaban de ausencias y reencuentros. Cerré los ojos, dejándome arrastrar por la armonía, sumergiéndome profundamente en cada nota hasta desaparecer dentro de la propia música.-" https://music.youtube.com/watch?v=PiCa76Ch5O8&si=v4kHGcww6bQ8mSds
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  • (Momento lore)

    [Debido a que le recomendaron hacer reposo unos dias, Gyuseki se encontraria en su departamento, se había quedado dormido en el sofá mientras leía un libro, para su mala suerte le tocaría tener una extraña pesadilla]

    Aagh mí cabeza~
    ¿Hmm? Pero que clase de sitio es este.. ¿Donde estoy..?

    ×me levantaría del suelo para poder ver mejor la zona pero solo pude observar varios árboles carbonizados, crucifijos de gran tamaño y una densa niebla, sin mencionar que el cielo estaba teñido de rojo×

    Debe ser una pesadilla ¿Verdad? Claramente me quedé dormido leyendo ese estupido libro.

    ???: para mí se siente muy real, ¿Cuál sería la pesadilla?~

    ×al escuchar aquella voz me voltearia rápidamente para prepararme en caso de verme obligado a atacar pero terminaría abriendo mis ojos de par en par al ver a un sujeto idéntico a mi×

    Esto no puede ser real es imposible que lo sea.. ¿Quien eres..?

    Gyuseki 2: la pregunta ofende muchísimo, ¿Quien soy? Obviamente soy tu pero sin duda soy la mejor versión de ti.

    ×ambos quedaríamos de pie mirándonos mutuamente pero en mi caso solo estaba alerta pues no sabía las intenciones de aquel ser desconocido×

    Gyuseki 2: soy mucho más fuerte que tu. Mucho más veloz que tu. Mucho más inteligente que tu. Muchisimo más serio y despiadado que tu.

    Ya veo tu eres mí yo del pasado ¿No es así? Creí haberte sepultado en lo más profundo de mis recuerdos, justo donde no pudiera recordar nada de ti.

    Gyuseki 2: exacto eso hiciste pero no sirvió ¿Verdad? Aquí me tienes.. tu pedazo de escoria, cobarde, bueno para nada, debilucho. ¿Para que viniste al mundo? Lo único que haces es estorbarle a personas como yo

    Di todo lo que quieras pero quien siempre tendrá el control seré yo ¡Jamás voy a liberar a alguien como tu!

    Gyuseki 2: descuida eso es cuestión de tiempo las agujas del reloj ya empezaron a moverse, y una vez que el detonante aparezca frente a ti yo seré libre.

    ×en solo un segundo aquel otro Gyuseki apareció delante de mí y me atravezo el vientre usando su mano como cuchilla. para mí sorpresa el dolor de sentio tan real que no pude evitar soltar un fuerte grito de dolor al mismo tiempo que la sangre salía por mí boca×

    Gyuseki 2: no me importa si son humanos, dragones o incluso elfos.. los voy a destrozar y les quitaré sus corazones para comermelos

    ¡Aagh! ¡Ahhhh! ¡Maldito!
    No voy a dejarte hacer tal cosa.. alguien como tu no va a vencerme..

    Gyuseki 2: eso ya lo veremos..

    ×todo se oscureció de repente y al rato desperté de aquella pesadilla llevando rápidamente mí mano a la zona de mí vientre revisando que todo estuviera bien×

    Carajo.. eso fue demasiado real (¿Las agujas comenzaron a moverse? Esto no me gusta.. que me está sucediendo..)
    (Momento lore) [Debido a que le recomendaron hacer reposo unos dias, Gyuseki se encontraria en su departamento, se había quedado dormido en el sofá mientras leía un libro, para su mala suerte le tocaría tener una extraña pesadilla] Aagh mí cabeza~ ¿Hmm? Pero que clase de sitio es este.. ¿Donde estoy..? ×me levantaría del suelo para poder ver mejor la zona pero solo pude observar varios árboles carbonizados, crucifijos de gran tamaño y una densa niebla, sin mencionar que el cielo estaba teñido de rojo× Debe ser una pesadilla ¿Verdad? Claramente me quedé dormido leyendo ese estupido libro. ???: para mí se siente muy real, ¿Cuál sería la pesadilla?~ ×al escuchar aquella voz me voltearia rápidamente para prepararme en caso de verme obligado a atacar pero terminaría abriendo mis ojos de par en par al ver a un sujeto idéntico a mi× Esto no puede ser real es imposible que lo sea.. ¿Quien eres..? Gyuseki 2: la pregunta ofende muchísimo, ¿Quien soy? Obviamente soy tu pero sin duda soy la mejor versión de ti. ×ambos quedaríamos de pie mirándonos mutuamente pero en mi caso solo estaba alerta pues no sabía las intenciones de aquel ser desconocido× Gyuseki 2: soy mucho más fuerte que tu. Mucho más veloz que tu. Mucho más inteligente que tu. Muchisimo más serio y despiadado que tu. Ya veo tu eres mí yo del pasado ¿No es así? Creí haberte sepultado en lo más profundo de mis recuerdos, justo donde no pudiera recordar nada de ti. Gyuseki 2: exacto eso hiciste pero no sirvió ¿Verdad? Aquí me tienes.. tu pedazo de escoria, cobarde, bueno para nada, debilucho. ¿Para que viniste al mundo? Lo único que haces es estorbarle a personas como yo Di todo lo que quieras pero quien siempre tendrá el control seré yo ¡Jamás voy a liberar a alguien como tu! Gyuseki 2: descuida eso es cuestión de tiempo las agujas del reloj ya empezaron a moverse, y una vez que el detonante aparezca frente a ti yo seré libre. ×en solo un segundo aquel otro Gyuseki apareció delante de mí y me atravezo el vientre usando su mano como cuchilla. para mí sorpresa el dolor de sentio tan real que no pude evitar soltar un fuerte grito de dolor al mismo tiempo que la sangre salía por mí boca× Gyuseki 2: no me importa si son humanos, dragones o incluso elfos.. los voy a destrozar y les quitaré sus corazones para comermelos ¡Aagh! ¡Ahhhh! ¡Maldito! No voy a dejarte hacer tal cosa.. alguien como tu no va a vencerme.. Gyuseki 2: eso ya lo veremos.. ×todo se oscureció de repente y al rato desperté de aquella pesadilla llevando rápidamente mí mano a la zona de mí vientre revisando que todo estuviera bien× Carajo.. eso fue demasiado real (¿Las agujas comenzaron a moverse? Esto no me gusta.. que me está sucediendo..)
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  • Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar .....

    Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo.

    ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas.

    ​Y tal vez tenían razón.

    ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado.

    ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo.

    ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar.

    ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada.
    ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa.
    ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos.
    ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara.

    ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente.

    ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo.
    ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios.

    ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera.

    ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
    Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar ..... Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo. ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas. ​Y tal vez tenían razón. ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado. ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo. ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar. ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada. ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa. ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos. ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara. ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente. ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo. ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios. ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera. ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
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