• "NO ME VEAS ASI, YO DUERMO HASTA LA HORA QUE QUIERA... Y el sandwich es de jamón con crema de mani."


    |No recuerdo si ya me habia hecho una cuenta acá
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  • Adrián salió a la calle sin un destino claro, como solía hacerlo cuando necesitaba ordenar la cabeza. No llevaba prisa ni un plan. Solo las manos en los bolsillos y la sensación de que el mundo, allá afuera, todavía tenía algo que mostrarle.

    Se sentó en un banco, a un costado de la acera, desde donde podía ver el flujo constante de la gente. Personas caminando con sonrisas distraídas, parejas hablando en voz baja, amigos riendo sin preocuparse por el tiempo. Más adelante, unos niños corrían de un lado a otro, persiguiéndose bajo la mirada atenta de sus padres. Sus risas rompían el ruido habitual de la ciudad, como si por un momento todo se volviera más liviano.

    Adrián observaba en silencio.

    Su madre no le había enseñado muchas cosas antes de morir. No hubo largas lecciones ni grandes discursos. Pero le enseño algo que la fotografia le enseño a ella y quiso mostrarle lo que alguna vez sus ojos miraron. le enseñó algo que nadie más pudo: a mirar. A detenerse en lo que otros pasaban por alto. A encontrar sentido en los detalles pequeños, en los instantes que parecían no importar.

    Las luces de la calle comenzaban a encenderse, tiñendo el asfalto de reflejos cálidos. Los edificios se alzaban imponentes, llenos de ventanas iluminadas que escondían historias ajenas. Adrián pensó en cuántas vidas transcurrían detrás de esos muros, cuántas rutinas, cuántos recuerdos nacían y morían sin que nadie los notara.

    Para él, todo eso era distinto.

    Donde otros veían solo una calle concurrida, él veía escenas. Donde otros veían ruido, él encontraba ritmo. Su madre le había dejado esa forma de mirar el mundo, como una herencia silenciosa que seguía viva en él.

    Se quedó ahí un buen rato, sin hacer nada más que admirar. Sin fotos, sin música, sin distracciones. Solo él y el mundo moviéndose frente a sus ojos.

    Y por primera vez en el día, Adrián sintió que no necesitaba nada más.
    Adrián salió a la calle sin un destino claro, como solía hacerlo cuando necesitaba ordenar la cabeza. No llevaba prisa ni un plan. Solo las manos en los bolsillos y la sensación de que el mundo, allá afuera, todavía tenía algo que mostrarle. Se sentó en un banco, a un costado de la acera, desde donde podía ver el flujo constante de la gente. Personas caminando con sonrisas distraídas, parejas hablando en voz baja, amigos riendo sin preocuparse por el tiempo. Más adelante, unos niños corrían de un lado a otro, persiguiéndose bajo la mirada atenta de sus padres. Sus risas rompían el ruido habitual de la ciudad, como si por un momento todo se volviera más liviano. Adrián observaba en silencio. Su madre no le había enseñado muchas cosas antes de morir. No hubo largas lecciones ni grandes discursos. Pero le enseño algo que la fotografia le enseño a ella y quiso mostrarle lo que alguna vez sus ojos miraron. le enseñó algo que nadie más pudo: a mirar. A detenerse en lo que otros pasaban por alto. A encontrar sentido en los detalles pequeños, en los instantes que parecían no importar. Las luces de la calle comenzaban a encenderse, tiñendo el asfalto de reflejos cálidos. Los edificios se alzaban imponentes, llenos de ventanas iluminadas que escondían historias ajenas. Adrián pensó en cuántas vidas transcurrían detrás de esos muros, cuántas rutinas, cuántos recuerdos nacían y morían sin que nadie los notara. Para él, todo eso era distinto. Donde otros veían solo una calle concurrida, él veía escenas. Donde otros veían ruido, él encontraba ritmo. Su madre le había dejado esa forma de mirar el mundo, como una herencia silenciosa que seguía viva en él. Se quedó ahí un buen rato, sin hacer nada más que admirar. Sin fotos, sin música, sin distracciones. Solo él y el mundo moviéndose frente a sus ojos. Y por primera vez en el día, Adrián sintió que no necesitaba nada más.
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  • Hoy me invitaron a cenar, estoy muy emocionada. No recuerdo cuándo fué la última vez que salí con un chico. Deseénme suerte. (⁠◕⁠ᴗ⁠◕⁠✿⁠)
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    PONGANME LA DE

    Y TÚ TE VAS JUGANDO A ENAMORAR
    TE ENREDAS POR LAS NOCHES ENTRE HISTORIAS QUE NUNCA TIENEN FINAL
    TE PERDERÁS DENTRO DE MIS RECUERDOS POR HABERME HECHO LLORAR
    PONGANME LA DE Y TÚ TE VAS JUGANDO A ENAMORAR TE ENREDAS POR LAS NOCHES ENTRE HISTORIAS QUE NUNCA TIENEN FINAL TE PERDERÁS DENTRO DE MIS RECUERDOS POR HABERME HECHO LLORAR
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  • De viaje con mi hermano, es tan nostálgico todo... Nada solo recuerdos.
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  • La huellas que dejamos las borra el tiempo aunque no lo queramos, lo que comenzó como hobbie hoy se transformo en una tradición para mi. Dibujo los lugares donde paro, una forma fácil de llevar mis propios recuerdos en la mochila.
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  • ─ Hoy no son buenos días, hoy descubrí que el chico guapo y mudo me puso una orden de restricción y ya no lo puedo espiar. Tan guapetón y encantador que era. Debi robarle un pañuelo o el cordel de su zapato como recuerdo. ─ # Hikiko Sad
    ─ Hoy no son buenos días, hoy descubrí que el chico guapo y mudo me puso una orden de restricción y ya no lo puedo espiar. Tan guapetón y encantador que era. Debi robarle un pañuelo o el cordel de su zapato como recuerdo. ─ # Hikiko Sad 💔
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    || of recuerdo que soy tan liberal que si me etiquetan en un post con una biblia roleando (para mi) sin avisarme yo no me quejo, sino que respondo... de hecho aprovechando que la chamba me solto respondere roles pendientes.... oh mierda Zack y su biblia en un rol de 3 lineas
    || of recuerdo que soy tan liberal que si me etiquetan en un post con una biblia roleando (para mi) sin avisarme yo no me quejo, sino que respondo... de hecho aprovechando que la chamba me solto respondere roles pendientes.... oh mierda Zack y su biblia en un rol de 3 lineas
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    - Futuro incierto.

    Akane y Veythra Lili Queen Ishtar discutían, quizás por una pequeñez, nada que no pudiera arreglarse después… o eso creía Akane.

    El aire se volvió extraño de repente.
    Un instante de silencio absoluto. Entonces ocurrió... Un rayo de energía surgió sin aviso, traicionero, brutal. Atravesó primero a Lili por la espalda, desgarrando su pecho en una explosión de luz y dolor. El impacto continuó su camino y alcanzó a Akane de frente, atravesándola sin darle tiempo siquiera a reaccionar.

    El mundo se quebró y ambas cayeron al suelo. Lili quedó inmóvil casi de inmediato; su respiración era débil, irregular. Akane, aunque herida, aún conservaba un hilo de conciencia. El dolor quemaba su pecho como fuego líquido, pero al ver a Lili comprendió que ella estaba peor… había recibido el ataque completo.

    —Lili…— Intentó llamarla, pero su voz apenas salió.

    Arrastrándose entre la neblina espesa, con el cuerpo negándose a obedecerle, Akane avanzó centímetro a centímetro. Cada movimiento era una tortura. Finalmente logró alcanzar la mano de Lili y la sujetó con las pocas fuerzas que le quedaban.

    Estaba fría, la vista de Akane comenzó a nublarse. El mundo se redujo a una sola imagen, el rostro inmóvil de Lili, sus ojos cerrados, sin vida. Quiso gritar, negar lo que veía, pero ya no podía.

    La oscuridad la envolvió por completo, Akane despertó sobresaltada en su cama, jadeando. El corazón le golpeaba el pecho con violencia. Instintivamente llevó la mano a su torso, esperando sentir la herida… pero no había nada, ni sangre, ni dolor físico, solo piel intacta. Aun así, el calor persistía. Esa sensación abrasadora en el pecho, como si el rayo de energía hubiese sido real. Como si la pesadilla no hubiera sido solo un sueño.

    -Fue… solo un sueño- murmuró, intentando convencerse.

    Respiró hondo, tratando de calmar el temblor de sus manos. Entonces el recuerdo volvió con claridad: Chantle, el hijo de Lili, había despertado un nuevo poder, algo desconocido, algo peligroso tal vez. Hoy debían reunirse con su abuela Jennifer para buscar pistas sobre ese poder y comprender qué significaba.

    Akane se sentó al borde de la cama, aún nerviosa. Se obligó a respirar despacio, a anclarse a la realidad.

    "Solo fue una pesadilla", repitió en su mente. Pero el calor en su pecho no desaparecía y en el fondo, una inquietante sensación le decía que aquel sueño no había sido una simple ilusión… sino una advertencia.
    - Futuro incierto. Akane y [Lili.Queen] discutían, quizás por una pequeñez, nada que no pudiera arreglarse después… o eso creía Akane. El aire se volvió extraño de repente. Un instante de silencio absoluto. Entonces ocurrió... Un rayo de energía surgió sin aviso, traicionero, brutal. Atravesó primero a Lili por la espalda, desgarrando su pecho en una explosión de luz y dolor. El impacto continuó su camino y alcanzó a Akane de frente, atravesándola sin darle tiempo siquiera a reaccionar. El mundo se quebró y ambas cayeron al suelo. Lili quedó inmóvil casi de inmediato; su respiración era débil, irregular. Akane, aunque herida, aún conservaba un hilo de conciencia. El dolor quemaba su pecho como fuego líquido, pero al ver a Lili comprendió que ella estaba peor… había recibido el ataque completo. —Lili…— Intentó llamarla, pero su voz apenas salió. Arrastrándose entre la neblina espesa, con el cuerpo negándose a obedecerle, Akane avanzó centímetro a centímetro. Cada movimiento era una tortura. Finalmente logró alcanzar la mano de Lili y la sujetó con las pocas fuerzas que le quedaban. Estaba fría, la vista de Akane comenzó a nublarse. El mundo se redujo a una sola imagen, el rostro inmóvil de Lili, sus ojos cerrados, sin vida. Quiso gritar, negar lo que veía, pero ya no podía. La oscuridad la envolvió por completo, Akane despertó sobresaltada en su cama, jadeando. El corazón le golpeaba el pecho con violencia. Instintivamente llevó la mano a su torso, esperando sentir la herida… pero no había nada, ni sangre, ni dolor físico, solo piel intacta. Aun así, el calor persistía. Esa sensación abrasadora en el pecho, como si el rayo de energía hubiese sido real. Como si la pesadilla no hubiera sido solo un sueño. -Fue… solo un sueño- murmuró, intentando convencerse. Respiró hondo, tratando de calmar el temblor de sus manos. Entonces el recuerdo volvió con claridad: Chantle, el hijo de Lili, había despertado un nuevo poder, algo desconocido, algo peligroso tal vez. Hoy debían reunirse con su abuela Jennifer para buscar pistas sobre ese poder y comprender qué significaba. Akane se sentó al borde de la cama, aún nerviosa. Se obligó a respirar despacio, a anclarse a la realidad. "Solo fue una pesadilla", repitió en su mente. Pero el calor en su pecho no desaparecía y en el fondo, una inquietante sensación le decía que aquel sueño no había sido una simple ilusión… sino una advertencia.
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  • Nueva vida
    Categoría Drama
    Dante Son Of Sparda
    Vergil Sparda
    Sparda The King Devil

    El proceso de traer a mis crías a este mundo se convirtió en una travesía de sufrimiento absoluto, una tortura que, aunque elegí por voluntad propia, estuvo a punto de quebrar mi espíritu. El destino se mostró caprichoso y el parto se manifestó antes de tiempo, mucho antes de que mis sombras pudieran traer a mis esposos de vuelta a mi lado. En medio de esa soledad compartida solo con el dolor, Belfegor se convirtió en mi único guía; sus indicaciones eran precisas, pero mi propio poder, espoleado por la agonía, comenzó a desbordarse sin control.
    Sentir cómo mi cuerpo y mi cadera se abría para dar paso a la vida fue una experiencia extrema que me arrancó maldiciones dirigidas a mis parejas; en la cima del tormento, los culpaba por haberme dejado en tal estado. El eco de mi sufrimiento fue tan vasto que el mismísimo Anillo de la Pereza respondió a mi agonía: el clima se tornó violento, transformándose en una tormenta de gritos desgarradores que reflejaban mi lucha interna.
    Sin embargo, tras el último aliento de fatiga, el silencio regresó. Cuando finalmente depositaron en mis brazos a esos tres pequeños bultos, tan perfectos, frágiles y delicados, el mundo se detuvo. En ese instante, toda la rabia que había acumulado y el recuerdo del dolor insoportable se disolvieron, dejando en su lugar una paz absoluta ante la perfección de mis hijos.
    [solar_yellow_frog_924] [Vergil_Sparda_Oficial] [vortex_yellow_pigeon_115] El proceso de traer a mis crías a este mundo se convirtió en una travesía de sufrimiento absoluto, una tortura que, aunque elegí por voluntad propia, estuvo a punto de quebrar mi espíritu. El destino se mostró caprichoso y el parto se manifestó antes de tiempo, mucho antes de que mis sombras pudieran traer a mis esposos de vuelta a mi lado. En medio de esa soledad compartida solo con el dolor, Belfegor se convirtió en mi único guía; sus indicaciones eran precisas, pero mi propio poder, espoleado por la agonía, comenzó a desbordarse sin control. Sentir cómo mi cuerpo y mi cadera se abría para dar paso a la vida fue una experiencia extrema que me arrancó maldiciones dirigidas a mis parejas; en la cima del tormento, los culpaba por haberme dejado en tal estado. El eco de mi sufrimiento fue tan vasto que el mismísimo Anillo de la Pereza respondió a mi agonía: el clima se tornó violento, transformándose en una tormenta de gritos desgarradores que reflejaban mi lucha interna. Sin embargo, tras el último aliento de fatiga, el silencio regresó. Cuando finalmente depositaron en mis brazos a esos tres pequeños bultos, tan perfectos, frágiles y delicados, el mundo se detuvo. En ese instante, toda la rabia que había acumulado y el recuerdo del dolor insoportable se disolvieron, dejando en su lugar una paz absoluta ante la perfección de mis hijos.
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