• Dulce mentira.
    Fandom OC
    Categoría Drama
    Cambia Formas

    "Cuando caigan las máscaras, cuando toda mentira sea descubierta, tu identidad será todo lo que te quede, pero a ti, que usas cada rostro como si de una moneda se tratase... ¿Qué te quedará?"

    [París - x/x/1885 - 11:28]

    Una época incierta en la que el nombre de Morana aún resonaba en alguna historia de los pueblos, pero como nada más que una fábula, la historia de una bruja avariciosa que se llevaba a los que se alejaban demasiado de las ciudades...

    La verdad era que no importaba dónde estuvieras, si le interesabas, incluso a plena vista era capaz de tomar lo que ella veía suyo... Pero no estamos aquí para hablar de eso ¿Verdad?

    Un mensaje, una carta, una invitación... El papel aún en su mano, su mirada leía las letras tratando de descifrar un mensaje oculto que... Sencillamente no había.

    "Hola, llevábamos tiempo sin hablar, así que pensé que una reunión estaría bien, te esperaré en ____ a mediodía."

    Una invitación tan simple y directa era algo extraño en el cerrado círculo de Morana, pero no era algo impensable ¿Quizás alguno de sus conocidos quería arrimar el hombro? Era posible.

    Caminaba sin prisa pero con paso firme, como era costumbre, el tiempo era algo tan abundante para ella como lo era el aire mismo, beneficios de tener una vida inmortal.

    Esta persona con la que había quedado era de las pocas que conocían el estado de su... Corazón, vamos a decir. Sabía que su esposo había fallecido, aunque no la forma y sabía que Morana prácticamente vivía en luto.

    Cierto era que la soledad por su parte había cobrado bastante, si no fuera por su regeneración, el insomnio constante al que se somete Morana se hubiera cobrado su vida y su cordura hace siglos, y es que dormir le traía las pesadillas más horribles que podía concebir... Los recuerdos.

    Apenas se dio cuenta de que se acercaba al sitio, guardó el papel en el bolsillo interior de su abrigo, no sin antes doblarlo un par de veces. Su mirada recorrió el lugar, tratando de ver si con quien se iba a reunir había llegado.

    Una cafetería, lo suficientemente simple como para no acumular gente, pero lo suficientemente buena como para ser uno de los lugares favoritos de Morana. Fue ahí que reconoció a la mujer y con calma se acercó.

    Una tenue sonrisa se dibujó en su rostro, alzó la mano un poco a modo de saludo y fue entonces que alzó la voz. — Hola, cuanto tiempo... — Su voz era tranquila, pues desconocía totalmente que ella no era la persona que aparentaba ser...
    [cyclone_jade_cow_411] "Cuando caigan las máscaras, cuando toda mentira sea descubierta, tu identidad será todo lo que te quede, pero a ti, que usas cada rostro como si de una moneda se tratase... ¿Qué te quedará?" [París - x/x/1885 - 11:28] Una época incierta en la que el nombre de Morana aún resonaba en alguna historia de los pueblos, pero como nada más que una fábula, la historia de una bruja avariciosa que se llevaba a los que se alejaban demasiado de las ciudades... La verdad era que no importaba dónde estuvieras, si le interesabas, incluso a plena vista era capaz de tomar lo que ella veía suyo... Pero no estamos aquí para hablar de eso ¿Verdad? Un mensaje, una carta, una invitación... El papel aún en su mano, su mirada leía las letras tratando de descifrar un mensaje oculto que... Sencillamente no había. "Hola, llevábamos tiempo sin hablar, así que pensé que una reunión estaría bien, te esperaré en ____ a mediodía." Una invitación tan simple y directa era algo extraño en el cerrado círculo de Morana, pero no era algo impensable ¿Quizás alguno de sus conocidos quería arrimar el hombro? Era posible. Caminaba sin prisa pero con paso firme, como era costumbre, el tiempo era algo tan abundante para ella como lo era el aire mismo, beneficios de tener una vida inmortal. Esta persona con la que había quedado era de las pocas que conocían el estado de su... Corazón, vamos a decir. Sabía que su esposo había fallecido, aunque no la forma y sabía que Morana prácticamente vivía en luto. Cierto era que la soledad por su parte había cobrado bastante, si no fuera por su regeneración, el insomnio constante al que se somete Morana se hubiera cobrado su vida y su cordura hace siglos, y es que dormir le traía las pesadillas más horribles que podía concebir... Los recuerdos. Apenas se dio cuenta de que se acercaba al sitio, guardó el papel en el bolsillo interior de su abrigo, no sin antes doblarlo un par de veces. Su mirada recorrió el lugar, tratando de ver si con quien se iba a reunir había llegado. Una cafetería, lo suficientemente simple como para no acumular gente, pero lo suficientemente buena como para ser uno de los lugares favoritos de Morana. Fue ahí que reconoció a la mujer y con calma se acercó. Una tenue sonrisa se dibujó en su rostro, alzó la mano un poco a modo de saludo y fue entonces que alzó la voz. — Hola, cuanto tiempo... — Su voz era tranquila, pues desconocía totalmente que ella no era la persona que aparentaba ser...
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  • El eco de las sirenas se pierde con el ventarrón nocturno. Desde las alturas, la ciudad parece tan indómita como impasible; mas el incandescente escenario teñido de neón esconde a quienes se atreven a vivir como si no existiera el peligro de la obliteración.

    Fauces impredecibles, silenciosas y disformes advirtieron, pero quienes decidieron no escuchar frustran el frágil ordenamiento que impide un nuevo colapso.

    Perseguidos, castigados. No obstante, la retribución carece de sentido ante la laxitud nacida de la necesidad. Y quien desentiende la misericordia declara que no hay lugar para la reinserción.

    No todo puede salvarse: la carne se viste de pecado, y es su labor desollar a los lobos entre corderos.

    Una sombra que se vuelve mito urbano; brutalidad que escandaliza, pero que, por algún motivo, es encubierta para no tentar a la desobediencia colectiva. Reclamarán justicia humana quienes son los primeros en ofenderla.

    El recuerdo carmesí, inmortalizado en el pavimento: una vida que solo genera decepción e hiriente frustración. La voz enmudecida y el terror se manifiestan eternamente en los maxilares; una advertencia para quienes escuchan a través de la sombra, un terror viviente para quienes temen, y absolución para aquellos a quienes encuentra bajo su rojiza mirada.

    Desnudada la carcasa de la humanidad, contempla las cuencas vacías bajo la oscuridad formada por la capucha. Una extremidad que ya no se molesta en ocultar; el reflejo de presionar y hacer crujir las contadas soldaduras del ejemplar óseo.

    Era una noche más en la nueva ciudad fundada tras la catástrofe del Limbo. Dormirán y reirán quienes necesiten refugiarse en la ignorancia; los ángeles son reales y están dispuestos a acechar desde las alturas.

    Malaventurado quien encuentre en la noche a su cómplice.
    El eco de las sirenas se pierde con el ventarrón nocturno. Desde las alturas, la ciudad parece tan indómita como impasible; mas el incandescente escenario teñido de neón esconde a quienes se atreven a vivir como si no existiera el peligro de la obliteración. Fauces impredecibles, silenciosas y disformes advirtieron, pero quienes decidieron no escuchar frustran el frágil ordenamiento que impide un nuevo colapso. Perseguidos, castigados. No obstante, la retribución carece de sentido ante la laxitud nacida de la necesidad. Y quien desentiende la misericordia declara que no hay lugar para la reinserción. No todo puede salvarse: la carne se viste de pecado, y es su labor desollar a los lobos entre corderos. Una sombra que se vuelve mito urbano; brutalidad que escandaliza, pero que, por algún motivo, es encubierta para no tentar a la desobediencia colectiva. Reclamarán justicia humana quienes son los primeros en ofenderla. El recuerdo carmesí, inmortalizado en el pavimento: una vida que solo genera decepción e hiriente frustración. La voz enmudecida y el terror se manifiestan eternamente en los maxilares; una advertencia para quienes escuchan a través de la sombra, un terror viviente para quienes temen, y absolución para aquellos a quienes encuentra bajo su rojiza mirada. Desnudada la carcasa de la humanidad, contempla las cuencas vacías bajo la oscuridad formada por la capucha. Una extremidad que ya no se molesta en ocultar; el reflejo de presionar y hacer crujir las contadas soldaduras del ejemplar óseo. Era una noche más en la nueva ciudad fundada tras la catástrofe del Limbo. Dormirán y reirán quienes necesiten refugiarse en la ignorancia; los ángeles son reales y están dispuestos a acechar desde las alturas. Malaventurado quien encuentre en la noche a su cómplice.
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  • La noche en la ciudad nunca es realmente silenciosa, pero para Alberto, el zumbido de los neones y el eco de los motores a lo lejos no eran más que ruido blanco. Estaba allí, apoyado contra el frío metal de una barandilla, pero su mente se encontraba a kilómetros —y años— de distancia.

    Con un movimiento mecánico, casi ritual, se llevó el cigarrillo a los labios. El chasquido del encendedor rompió el aire por un segundo, y la pequeña llama bailó en sus pupilas antes de prender la brasa. Al inhalar, el calor del humo llenó sus pulmones, dándole esa extraña y momentánea sensación de plenitud que el vacío en su pecho le negaba durante el día.

    — Una calada por lo que fue... y otra por lo que no pudo ser —pensó, dejando que el humo escapara lentamente de sus labios.

    Sus ojos, cansados y fijos en un punto indefinido del horizonte iluminado por luces difusas, buscaban un rostro que ya solo existía en su memoria. El peso de los cuernos sobre su frente se sentía más real que nunca, como una corona de verdades amargas que aceptaba llevar. Echar de menos no era un sentimiento punzante para él, sino una presencia constante, como la niebla que se aferraba a los edificios de la ciudad; algo que no podías tocar, pero que lo empapaba todo.

    Cada vez que cerraba los ojos, el olor del tabaco se mezclaba con el recuerdo de un perfume, o el eco de una risa que solía silenciar el caos de la metrópoli. Alberto sabía que la ciudad seguiría girando, indiferente a su luto silencioso, pero en ese rincón de sombra, mientras la ceniza se acumulaba en la punta de su cigarro, él se permitía el lujo de no ser un demonio, ni un mito, ni una amenaza. Solo un hombre que deseaba, por un instante, no tener que encender el siguiente cigarrillo a solas.
    La noche en la ciudad nunca es realmente silenciosa, pero para Alberto, el zumbido de los neones y el eco de los motores a lo lejos no eran más que ruido blanco. Estaba allí, apoyado contra el frío metal de una barandilla, pero su mente se encontraba a kilómetros —y años— de distancia. Con un movimiento mecánico, casi ritual, se llevó el cigarrillo a los labios. El chasquido del encendedor rompió el aire por un segundo, y la pequeña llama bailó en sus pupilas antes de prender la brasa. Al inhalar, el calor del humo llenó sus pulmones, dándole esa extraña y momentánea sensación de plenitud que el vacío en su pecho le negaba durante el día. — Una calada por lo que fue... y otra por lo que no pudo ser —pensó, dejando que el humo escapara lentamente de sus labios. Sus ojos, cansados y fijos en un punto indefinido del horizonte iluminado por luces difusas, buscaban un rostro que ya solo existía en su memoria. El peso de los cuernos sobre su frente se sentía más real que nunca, como una corona de verdades amargas que aceptaba llevar. Echar de menos no era un sentimiento punzante para él, sino una presencia constante, como la niebla que se aferraba a los edificios de la ciudad; algo que no podías tocar, pero que lo empapaba todo. Cada vez que cerraba los ojos, el olor del tabaco se mezclaba con el recuerdo de un perfume, o el eco de una risa que solía silenciar el caos de la metrópoli. Alberto sabía que la ciudad seguiría girando, indiferente a su luto silencioso, pero en ese rincón de sombra, mientras la ceniza se acumulaba en la punta de su cigarro, él se permitía el lujo de no ser un demonio, ni un mito, ni una amenaza. Solo un hombre que deseaba, por un instante, no tener que encender el siguiente cigarrillo a solas.
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  • |||Anécdotas del ayer|||

    —"Esto es lo que somos, Almas atrapadas en nuestros cuerpos, algunas más bondadosas que otras..."

    —"Cada alma representa alguna parte que nos identifica, alguna virtud o maldición dada antes de que siquiera nacieramos..."

    —"Hay millones de almas que aún no encontraron dónde quedarse hasta el día de hoy, pobres de ellas, pero con calma llegarán a sus nuevos hogares."

    —"Mi collar tiene la capacidad de absorber almas y utilizarlas como fuente de poder, afortunadamente no lastima al alma y cuando necesito liberar algunas, las mismas se purifican durante el proceso, sirve como un recurso renovable de alguna extraña forma."

    —"Retomando lo anterior, las mismas Almas de ustedes me ayudaron a salvar mi hogar, el mundo donde crecí, por un precio..."

    —"El planeta llevaba cargando consigo almas bondadosas, como de gente muy peligrosa que habían caído siglos, mi collar podía purificarlos Pero debía sentír el dolor si quería ello, al principio solo faltaban encima de mi, al mismo que recolectaba a las mismas almas para aumentar mi poder y salvar el mundo."

    —"Suelo decir que una de ellas aumenta su poder si en su vida pasada tuvo muchas bajas, es deprimente, pero esas almas emanan un poder grande, Pero muchísimo más difícil de controlar"

    —"una de ellas logro colarse dentro de la absorción, luego otra, y otra más... Perdí el control y el collar, tuvo que ayudarme a controlar algo que estaba a punto de romperse, mi cordura."

    —"El poder del collar de aplificaba que se llenaba de almas de inocentes y delincuentes, no recuerdo cuántas absorbió, pero tuve el poder suficiente para, purificarlas y dispararlas al cielo, un rayo verdoso tan potente que con el mismo, cree esporas con las almas que se ofrecieron a bajar del rayo, sitio donde caía una alma, sitio donde volvió a existir vegetación..."

    —"Sin saberlo, estaba sanando mi hogar con su ayuda, sus almas regresaron a sus cuerpos una vez logré purificarlas a todas durante el arranque de locura que me provocó el absorber almas de delincuentes peligrosos..."
    |||Anécdotas del ayer||| —"Esto es lo que somos, Almas atrapadas en nuestros cuerpos, algunas más bondadosas que otras..." —"Cada alma representa alguna parte que nos identifica, alguna virtud o maldición dada antes de que siquiera nacieramos..." —"Hay millones de almas que aún no encontraron dónde quedarse hasta el día de hoy, pobres de ellas, pero con calma llegarán a sus nuevos hogares." —"Mi collar tiene la capacidad de absorber almas y utilizarlas como fuente de poder, afortunadamente no lastima al alma y cuando necesito liberar algunas, las mismas se purifican durante el proceso, sirve como un recurso renovable de alguna extraña forma." —"Retomando lo anterior, las mismas Almas de ustedes me ayudaron a salvar mi hogar, el mundo donde crecí, por un precio..." —"El planeta llevaba cargando consigo almas bondadosas, como de gente muy peligrosa que habían caído siglos, mi collar podía purificarlos Pero debía sentír el dolor si quería ello, al principio solo faltaban encima de mi, al mismo que recolectaba a las mismas almas para aumentar mi poder y salvar el mundo." —"Suelo decir que una de ellas aumenta su poder si en su vida pasada tuvo muchas bajas, es deprimente, pero esas almas emanan un poder grande, Pero muchísimo más difícil de controlar" —"una de ellas logro colarse dentro de la absorción, luego otra, y otra más... Perdí el control y el collar, tuvo que ayudarme a controlar algo que estaba a punto de romperse, mi cordura." —"El poder del collar de aplificaba que se llenaba de almas de inocentes y delincuentes, no recuerdo cuántas absorbió, pero tuve el poder suficiente para, purificarlas y dispararlas al cielo, un rayo verdoso tan potente que con el mismo, cree esporas con las almas que se ofrecieron a bajar del rayo, sitio donde caía una alma, sitio donde volvió a existir vegetación..." —"Sin saberlo, estaba sanando mi hogar con su ayuda, sus almas regresaron a sus cuerpos una vez logré purificarlas a todas durante el arranque de locura que me provocó el absorber almas de delincuentes peligrosos..."
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  • Aveces quisiera una compañía... Como los humanos entre ellos que se dan algo llamado " amor" de forma recíproca. Me es interesante.... Pero después recuerdo que estoy condenada a servir y mantener la ordenanza de la primavera.

    #rol
    Aveces quisiera una compañía... Como los humanos entre ellos que se dan algo llamado " amor" de forma recíproca. Me es interesante.... Pero después recuerdo que estoy condenada a servir y mantener la ordenanza de la primavera. #rol
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  • "D-donde... Mierda estoy..."

    *temblando de panico mientras recuerdo que estaba entrenando a agnes y ahora estoy atado a una silla en una habitación*
    "D-donde... Mierda estoy..." *temblando de panico mientras recuerdo que estaba entrenando a agnes y ahora estoy atado a una silla en una habitación*
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  • ────Even if the sky does fall
    Even if they take it all
    There's no pain that I won't go through
    Even if I have to die for you
    And when all the fires burn
    When everything is overturning
    There's no thing that I won't go through
    Even if I have to die for you...

    Las cuerdas de la guitarra vibraron debajo de la púa. Por muy tentadora que le resultara la idea de cerrar los ojos, sabía que, si lo hacía, abriría una ventana a momentos que no quería invocar. Volvería a sentir el tacto helado de aquella mano cerrándose alrededor de la suya, perdiendo fuerza poco a poco, volviéndose cada vez más pesada. Hundiéndose en la oscuridad. Dejándola atrás en un lugar al que jamás podría alcanzarlo.

    Deseó seguirle, pero ella le había hecho una promesa... y la iba a cumplir. Como tantas otras que le hizo sin que él llegara a saberlo.

    «Prométemelo, madre....».

    El pomo de Rompeviento descansaba junto a su muslo. El frío del bronce de la espada le resultó extrañamente reconfortante. La espada había sido suya y después de ella. Una compañera que entendía que ni siquiera una eternidad bastaría para que el tiempo borrara por completo el dolor más grande que puede experimentar un ser. La pérdida de un hijo.

    Y, a pesar de todo, lo recordaba con una sonrisa. A veces forzada, cuando el peso del recuerdo amenazaba con quebrarla; otras como un estallido de luz dorada. Las fechas se acercaban. La última vez que lo abrazó. La última vez que le pidió que le cantará una canción.

    «¿Recuerdas cuando te cantaba para espantar a las pesadillas? Esta podría gustarte. No importa cuán lejos estés... sé que puedes escucharme. Siempre lo haces. Esta canción es para ti, Eneas».

    ────And if the Sun grows cold for you along the way
    And if the stars don't line to light the way
    And when you fall away and crash back down below
    I'll search the skies for you and I'll follow
    I'll be in your afterglow
    And I'll bring you home...

    https://youtu.be/_Nrx8cbVf98?si=JA_Qqxr8Vbgqb51j
    ────Even if the sky does fall Even if they take it all There's no pain that I won't go through Even if I have to die for you And when all the fires burn When everything is overturning There's no thing that I won't go through Even if I have to die for you... Las cuerdas de la guitarra vibraron debajo de la púa. Por muy tentadora que le resultara la idea de cerrar los ojos, sabía que, si lo hacía, abriría una ventana a momentos que no quería invocar. Volvería a sentir el tacto helado de aquella mano cerrándose alrededor de la suya, perdiendo fuerza poco a poco, volviéndose cada vez más pesada. Hundiéndose en la oscuridad. Dejándola atrás en un lugar al que jamás podría alcanzarlo. Deseó seguirle, pero ella le había hecho una promesa... y la iba a cumplir. Como tantas otras que le hizo sin que él llegara a saberlo. «Prométemelo, madre....». El pomo de Rompeviento descansaba junto a su muslo. El frío del bronce de la espada le resultó extrañamente reconfortante. La espada había sido suya y después de ella. Una compañera que entendía que ni siquiera una eternidad bastaría para que el tiempo borrara por completo el dolor más grande que puede experimentar un ser. La pérdida de un hijo. Y, a pesar de todo, lo recordaba con una sonrisa. A veces forzada, cuando el peso del recuerdo amenazaba con quebrarla; otras como un estallido de luz dorada. Las fechas se acercaban. La última vez que lo abrazó. La última vez que le pidió que le cantará una canción. «¿Recuerdas cuando te cantaba para espantar a las pesadillas? Esta podría gustarte. No importa cuán lejos estés... sé que puedes escucharme. Siempre lo haces. Esta canción es para ti, Eneas». ────And if the Sun grows cold for you along the way And if the stars don't line to light the way And when you fall away and crash back down below I'll search the skies for you and I'll follow I'll be in your afterglow And I'll bring you home... https://youtu.be/_Nrx8cbVf98?si=JA_Qqxr8Vbgqb51j
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  • Algunas veces cuando tengo que escribir, ya no puedo hacerlo. Busco inspiración, pero solo recuerdo y me gustaría escribir sobre lo que pienso, pero no puedo... Algún día, pero no hoy... Después pienso más y me pregunto ¿volveré a amar?
    Algunas veces cuando tengo que escribir, ya no puedo hacerlo. Busco inspiración, pero solo recuerdo y me gustaría escribir sobre lo que pienso, pero no puedo... Algún día, pero no hoy... Después pienso más y me pregunto ¿volveré a amar?
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  • Aun recuerdo sus palabras...En medio del mismo fin del mundo, un hombre misterioso, con un aura que daba repelús apareció frente a mi. A pesar de ello, no era como el resto de dioses. Nisiquiera era un demonio. Aquella travesía juntos me ayudó a tomar el impulso de hacer el cambio. A pesar de que, él era frio, estoy segura que al final, me aprecia como su aprendiz.

    Gracias, V.
    Aun recuerdo sus palabras...En medio del mismo fin del mundo, un hombre misterioso, con un aura que daba repelús apareció frente a mi. A pesar de ello, no era como el resto de dioses. Nisiquiera era un demonio. Aquella travesía juntos me ayudó a tomar el impulso de hacer el cambio. A pesar de que, él era frio, estoy segura que al final, me aprecia como su aprendiz. Gracias, V.
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