• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ─── ❖ ── ✦ ── ❖ ───Human love is so fragile... but ours is perfect because it is eternal. I desire to intertwine with you so deeply that sometimes I do not know where I end and you begin.....
    ​If one day the world dares to tear you from my side, I will not hesitate to devour you completely; piece by piece, until your blood runs through my veins and you become part of me forever. No one else may touch you, no one else may look at you.

    ​You are mine, my sweet husband... and this mutual desire to destroy one another is the ultimate proof of just how much I adore you. ─── ❖ ── ✦ ── ❖ ───
    ─── ❖ ── ✦ ── ❖ ───Human love is so fragile... but ours is perfect because it is eternal. I desire to intertwine with you so deeply that sometimes I do not know where I end and you begin..... ​If one day the world dares to tear you from my side, I will not hesitate to devour you completely; piece by piece, until your blood runs through my veins and you become part of me forever. No one else may touch you, no one else may look at you. ​You are mine, my sweet husband... and this mutual desire to destroy one another is the ultimate proof of just how much I adore you. ─── ❖ ── ✦ ── ❖ ───
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  • "-El insomnio se había convertido en una presencia asfixiante, una vez más que no me permitía encontrar descanso alguno. Incapaz de seguir luchando contra las sábanas, decidí levantarme y vestirme con movimientos mecánicos. Sabía perfectamente a dónde debía ir. Con un gesto decidido, invoqué un portal, un paso directo hacia el único refugio capaz de apaciguar el caos que reinaba en mi mente.
    Al cruzar el umbral, me envolvió instantáneamente la espesura de un bosque ancestral. El aire, cargado con el perfume inconfundible a tierra húmeda, resina y madera antigua, recorrió mis sentidos como un escalofrío que me obligó a estremecerme. Una sonrisa llena de una profunda nostalgia se dibujó en mi rostro mientras me adentraba en la penumbra arbolada, guiado por la familiaridad del camino, hasta que, entre la vegetación, comenzó a vislumbrarse la silueta de aquella cabaña que no visitaba desde hacía una eternidad.-"

    —Oh, mi pequeño refugio… mi nido maternal —
    susurré para mí mismo, con la voz cargada de emocion y nostalgia
    —. Por fin he vuelto a casa.—

    "-Al posar mi mano sobre el pomo frío de la puerta, una sensación de calidez me invadió al instante. Al abrirla, la estancia cobró vida propia: las luces se encendieron automáticamente, revelando una decoración que parecía haber quedado congelada en el tiempo, esperando pacientemente mi retorno. Mis pasos me llevaron hacia una pequeña mesa donde descansaba un retrato. Con delicadeza, acaricié la superficie del cristal, reviviendo recuerdos en el silencio del lugar antes de devolverlo con suavidad a su sitio.
    Mi atención fue atraído hacia un rincón, una figura alta e inamovible cubierta por una sábana blanca, que ocultaba un secreto bien guardado. Con un movimiento lento, retiré la tela, dejando al descubierto un piano antiguo, una pieza adornada con grabados intrincados que brillaban bajo la luz tenue.-"

    —Oh, mi viejo amigo… —
    murmuré con ternura, rozando con reverencia la madera.
    — Cuántos años han pasado desde nuestro último encuentro. Debes haberte sentido muy solo esperando mi regreso, ¿verdad? Pero no te preocupes, ya estoy aquí es momento de devolverte la vida. Acompáñame esta noche, ¿qué te parece?—

    "-Me acomodé en el asiento y, con una suavidad, apoyé mis dedos sobre las teclas. Al primer contacto, una melodía empezó a fluir, llenando cada rincón de la cabaña con notas que hablaban de ausencias y reencuentros. Cerré los ojos, dejándome arrastrar por la armonía, sumergiéndome profundamente en cada nota hasta desaparecer dentro de la propia música.-"

    https://music.youtube.com/watch?v=PiCa76Ch5O8&si=v4kHGcww6bQ8mSds
    "-El insomnio se había convertido en una presencia asfixiante, una vez más que no me permitía encontrar descanso alguno. Incapaz de seguir luchando contra las sábanas, decidí levantarme y vestirme con movimientos mecánicos. Sabía perfectamente a dónde debía ir. Con un gesto decidido, invoqué un portal, un paso directo hacia el único refugio capaz de apaciguar el caos que reinaba en mi mente. Al cruzar el umbral, me envolvió instantáneamente la espesura de un bosque ancestral. El aire, cargado con el perfume inconfundible a tierra húmeda, resina y madera antigua, recorrió mis sentidos como un escalofrío que me obligó a estremecerme. Una sonrisa llena de una profunda nostalgia se dibujó en mi rostro mientras me adentraba en la penumbra arbolada, guiado por la familiaridad del camino, hasta que, entre la vegetación, comenzó a vislumbrarse la silueta de aquella cabaña que no visitaba desde hacía una eternidad.-" —Oh, mi pequeño refugio… mi nido maternal — susurré para mí mismo, con la voz cargada de emocion y nostalgia —. Por fin he vuelto a casa.— "-Al posar mi mano sobre el pomo frío de la puerta, una sensación de calidez me invadió al instante. Al abrirla, la estancia cobró vida propia: las luces se encendieron automáticamente, revelando una decoración que parecía haber quedado congelada en el tiempo, esperando pacientemente mi retorno. Mis pasos me llevaron hacia una pequeña mesa donde descansaba un retrato. Con delicadeza, acaricié la superficie del cristal, reviviendo recuerdos en el silencio del lugar antes de devolverlo con suavidad a su sitio. Mi atención fue atraído hacia un rincón, una figura alta e inamovible cubierta por una sábana blanca, que ocultaba un secreto bien guardado. Con un movimiento lento, retiré la tela, dejando al descubierto un piano antiguo, una pieza adornada con grabados intrincados que brillaban bajo la luz tenue.-" —Oh, mi viejo amigo… — murmuré con ternura, rozando con reverencia la madera. — Cuántos años han pasado desde nuestro último encuentro. Debes haberte sentido muy solo esperando mi regreso, ¿verdad? Pero no te preocupes, ya estoy aquí es momento de devolverte la vida. Acompáñame esta noche, ¿qué te parece?— "-Me acomodé en el asiento y, con una suavidad, apoyé mis dedos sobre las teclas. Al primer contacto, una melodía empezó a fluir, llenando cada rincón de la cabaña con notas que hablaban de ausencias y reencuentros. Cerré los ojos, dejándome arrastrar por la armonía, sumergiéndome profundamente en cada nota hasta desaparecer dentro de la propia música.-" https://music.youtube.com/watch?v=PiCa76Ch5O8&si=v4kHGcww6bQ8mSds
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  • || 𝚀𝚞𝚎𝚛𝚒𝚍𝚘 𝙳𝚒𝚊𝚛𝚒𝚘 𝙿𝚜𝚒𝚌𝚘́𝚙𝚊𝚝𝚊: ||

    ✎. . . ❝El día de hoy tuve un episodio bastante extraordinario y peculiar. Un idiota comenzó a gritarme energicamente. . .

    Según decía ser mi hijo.

    En serio que hay gente que se aprovecha de la nobleza de las personas.

    Al final, tuve que despacharlo. Creo que ese tipo no sabía la diferencia entre un paciente de un manicomio y yo. . . Y es que yo sigo afuera. . .❞
    || 𝚀𝚞𝚎𝚛𝚒𝚍𝚘 𝙳𝚒𝚊𝚛𝚒𝚘 𝙿𝚜𝚒𝚌𝚘́𝚙𝚊𝚝𝚊: || ✎. . . ❝El día de hoy tuve un episodio bastante extraordinario y peculiar. Un idiota comenzó a gritarme energicamente. . . Según decía ser mi hijo. En serio que hay gente que se aprovecha de la nobleza de las personas. Al final, tuve que despacharlo. Creo que ese tipo no sabía la diferencia entre un paciente de un manicomio y yo. . . Y es que yo sigo afuera. . .❞
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  • — ¿Y qué esperabas Persephone ᵠᵘᵉᵉᶰ ᵒᶠ ᵗʰᵉ ᵁᶰᵈᵉʳʷᵒʳˡᵈ? Esas cosas sólo me provocan mareos, diarrea y erecciones constantes. Siendo sincero, es bastante incómodo estar en esas condiciones. (?)
    — ¿Y qué esperabas [Perse2612]? Esas cosas sólo me provocan mareos, diarrea y erecciones constantes. Siendo sincero, es bastante incómodo estar en esas condiciones. (?)
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  • —Prométeme que tú no te pondrás celoso solo por meterme en casas ajenas. —Si, tiene sus patos aún pero ahora los esconde. (?)
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  • El inicio de todo
    Categoría Original
    Lucius Queen

    Alina revisó la hora en su teléfono por tercera vez en menos de cinco minutos.

    No estaba nerviosa. Bueno… tal vez un poco.

    Pero tampoco era para tanto. ¿O sí?
    Había salido con Lucius varias veces desde aquel extraño encuentro en el parque. Habían recorrido calles sin rumbo fijo, discutido sobre música —aunque seguía cuestionando algunos de sus gustos— y compartido suficientes conversaciones como para que la idea de verlo ya formara parte de su rutina. Incluso habían desarrollado la costumbre de buscarse mutuamente cada vez que tenían algo interesante que contar. Así que no entendía por qué estaba actuando de esa manera.

    Se observó una vez más en el espejo de la entrada antes de acomodar distraídamente un mechón de cabello detrás de su oreja.

    ¿Por qué estaba nerviosa? No era como si le gustara. ¿O sí?

    Apretó ligeramente los labios ante ese pensamiento. Bueno, él era atractivo. Y divertido. Y atento. Y hacía que conversaciones completamente normales terminaran convirtiéndose en una de las mejores partes de sus días.

    Pero eso no significaba nada...

    Además, era solo una cita en el departamento de Lucius. Él iba a cocinar para ella —algo que todavía estaba pendiente de evaluación oficial— y pasarían tiempo juntos, como siempre hacían.

    ¿O era una cita romántica? ¿Por qué sentía ese cosquilleo en el estómago cada vez que pensaba en verlo?

    Antes de que pudiera seguir cuestionándose demasiado, el sonido del timbre la sacó de sus pensamientos.

    Su corazón dio un pequeño salto que decidió ignorar inmediatamente.

    Tomó su bolso, inhaló profundamente y caminó hacia la puerta.

    Al abrirla, una sonrisa apareció en su rostro casi de forma automática.

    —Espero que sepas que estoy confiando muchísimo en ti al aceptar una cena preparada por ti. —comentó con diversión—. Todavía no estoy completamente convencida de que no vayas a envenenarme. —Salió de su casa y cerró la puerta con llave. —¿Nos vamos?
    [phantasm_indigo_pigeon_207] Alina revisó la hora en su teléfono por tercera vez en menos de cinco minutos. No estaba nerviosa. Bueno… tal vez un poco. Pero tampoco era para tanto. ¿O sí? Había salido con Lucius varias veces desde aquel extraño encuentro en el parque. Habían recorrido calles sin rumbo fijo, discutido sobre música —aunque seguía cuestionando algunos de sus gustos— y compartido suficientes conversaciones como para que la idea de verlo ya formara parte de su rutina. Incluso habían desarrollado la costumbre de buscarse mutuamente cada vez que tenían algo interesante que contar. Así que no entendía por qué estaba actuando de esa manera. Se observó una vez más en el espejo de la entrada antes de acomodar distraídamente un mechón de cabello detrás de su oreja. ¿Por qué estaba nerviosa? No era como si le gustara. ¿O sí? Apretó ligeramente los labios ante ese pensamiento. Bueno, él era atractivo. Y divertido. Y atento. Y hacía que conversaciones completamente normales terminaran convirtiéndose en una de las mejores partes de sus días. Pero eso no significaba nada... Además, era solo una cita en el departamento de Lucius. Él iba a cocinar para ella —algo que todavía estaba pendiente de evaluación oficial— y pasarían tiempo juntos, como siempre hacían. ¿O era una cita romántica? ¿Por qué sentía ese cosquilleo en el estómago cada vez que pensaba en verlo? Antes de que pudiera seguir cuestionándose demasiado, el sonido del timbre la sacó de sus pensamientos. Su corazón dio un pequeño salto que decidió ignorar inmediatamente. Tomó su bolso, inhaló profundamente y caminó hacia la puerta. Al abrirla, una sonrisa apareció en su rostro casi de forma automática. —Espero que sepas que estoy confiando muchísimo en ti al aceptar una cena preparada por ti. —comentó con diversión—. Todavía no estoy completamente convencida de que no vayas a envenenarme. —Salió de su casa y cerró la puerta con llave. —¿Nos vamos?
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
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  • (Momento lore)

    [Debido a que le recomendaron hacer reposo unos dias, Gyuseki se encontraria en su departamento, se había quedado dormido en el sofá mientras leía un libro, para su mala suerte le tocaría tener una extraña pesadilla]

    Aagh mí cabeza~
    ¿Hmm? Pero que clase de sitio es este.. ¿Donde estoy..?

    ×me levantaría del suelo para poder ver mejor la zona pero solo pude observar varios árboles carbonizados, crucifijos de gran tamaño y una densa niebla, sin mencionar que el cielo estaba teñido de rojo×

    Debe ser una pesadilla ¿Verdad? Claramente me quedé dormido leyendo ese estupido libro.

    ???: para mí se siente muy real, ¿Cuál sería la pesadilla?~

    ×al escuchar aquella voz me voltearia rápidamente para prepararme en caso de verme obligado a atacar pero terminaría abriendo mis ojos de par en par al ver a un sujeto idéntico a mi×

    Esto no puede ser real es imposible que lo sea.. ¿Quien eres..?

    Gyuseki 2: la pregunta ofende muchísimo, ¿Quien soy? Obviamente soy tu pero sin duda soy la mejor versión de ti.

    ×ambos quedaríamos de pie mirándonos mutuamente pero en mi caso solo estaba alerta pues no sabía las intenciones de aquel ser desconocido×

    Gyuseki 2: soy mucho más fuerte que tu. Mucho más veloz que tu. Mucho más inteligente que tu. Muchisimo más serio y despiadado que tu.

    Ya veo tu eres mí yo del pasado ¿No es así? Creí haberte sepultado en lo más profundo de mis recuerdos, justo donde no pudiera recordar nada de ti.

    Gyuseki 2: exacto eso hiciste pero no sirvió ¿Verdad? Aquí me tienes.. tu pedazo de escoria, cobarde, bueno para nada, debilucho. ¿Para que viniste al mundo? Lo único que haces es estorbarle a personas como yo

    Di todo lo que quieras pero quien siempre tendrá el control seré yo ¡Jamás voy a liberar a alguien como tu!

    Gyuseki 2: descuida eso es cuestión de tiempo las agujas del reloj ya empezaron a moverse, y una vez que el detonante aparezca frente a ti yo seré libre.

    ×en solo un segundo aquel otro Gyuseki apareció delante de mí y me atravezo el vientre usando su mano como cuchilla. para mí sorpresa el dolor de sentio tan real que no pude evitar soltar un fuerte grito de dolor al mismo tiempo que la sangre salía por mí boca×

    Gyuseki 2: no me importa si son humanos, dragones o incluso elfos.. los voy a destrozar y les quitaré sus corazones para comermelos

    ¡Aagh! ¡Ahhhh! ¡Maldito!
    No voy a dejarte hacer tal cosa.. alguien como tu no va a vencerme..

    Gyuseki 2: eso ya lo veremos..

    ×todo se oscureció de repente y al rato desperté de aquella pesadilla llevando rápidamente mí mano a la zona de mí vientre revisando que todo estuviera bien×

    Carajo.. eso fue demasiado real (¿Las agujas comenzaron a moverse? Esto no me gusta.. que me está sucediendo..)
    (Momento lore) [Debido a que le recomendaron hacer reposo unos dias, Gyuseki se encontraria en su departamento, se había quedado dormido en el sofá mientras leía un libro, para su mala suerte le tocaría tener una extraña pesadilla] Aagh mí cabeza~ ¿Hmm? Pero que clase de sitio es este.. ¿Donde estoy..? ×me levantaría del suelo para poder ver mejor la zona pero solo pude observar varios árboles carbonizados, crucifijos de gran tamaño y una densa niebla, sin mencionar que el cielo estaba teñido de rojo× Debe ser una pesadilla ¿Verdad? Claramente me quedé dormido leyendo ese estupido libro. ???: para mí se siente muy real, ¿Cuál sería la pesadilla?~ ×al escuchar aquella voz me voltearia rápidamente para prepararme en caso de verme obligado a atacar pero terminaría abriendo mis ojos de par en par al ver a un sujeto idéntico a mi× Esto no puede ser real es imposible que lo sea.. ¿Quien eres..? Gyuseki 2: la pregunta ofende muchísimo, ¿Quien soy? Obviamente soy tu pero sin duda soy la mejor versión de ti. ×ambos quedaríamos de pie mirándonos mutuamente pero en mi caso solo estaba alerta pues no sabía las intenciones de aquel ser desconocido× Gyuseki 2: soy mucho más fuerte que tu. Mucho más veloz que tu. Mucho más inteligente que tu. Muchisimo más serio y despiadado que tu. Ya veo tu eres mí yo del pasado ¿No es así? Creí haberte sepultado en lo más profundo de mis recuerdos, justo donde no pudiera recordar nada de ti. Gyuseki 2: exacto eso hiciste pero no sirvió ¿Verdad? Aquí me tienes.. tu pedazo de escoria, cobarde, bueno para nada, debilucho. ¿Para que viniste al mundo? Lo único que haces es estorbarle a personas como yo Di todo lo que quieras pero quien siempre tendrá el control seré yo ¡Jamás voy a liberar a alguien como tu! Gyuseki 2: descuida eso es cuestión de tiempo las agujas del reloj ya empezaron a moverse, y una vez que el detonante aparezca frente a ti yo seré libre. ×en solo un segundo aquel otro Gyuseki apareció delante de mí y me atravezo el vientre usando su mano como cuchilla. para mí sorpresa el dolor de sentio tan real que no pude evitar soltar un fuerte grito de dolor al mismo tiempo que la sangre salía por mí boca× Gyuseki 2: no me importa si son humanos, dragones o incluso elfos.. los voy a destrozar y les quitaré sus corazones para comermelos ¡Aagh! ¡Ahhhh! ¡Maldito! No voy a dejarte hacer tal cosa.. alguien como tu no va a vencerme.. Gyuseki 2: eso ya lo veremos.. ×todo se oscureció de repente y al rato desperté de aquella pesadilla llevando rápidamente mí mano a la zona de mí vientre revisando que todo estuviera bien× Carajo.. eso fue demasiado real (¿Las agujas comenzaron a moverse? Esto no me gusta.. que me está sucediendo..)
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  • Sophie ᴸᵘᶜᵉˡˡᵃ

    Da igual que los golpes sean falsos, pocos eventos deportivos son capaces de juntar a tanta gente como el wrestling. Y, a pesar de que la muchedumbre lleva toda la noche gritando, cuando las luces se apagan para la entrada de Oba Femi, se empieza a escuchar el cántico de "OOOOBA OOOOBA" más fuerte de nada de lo que ha sonado a lo largo de la jornada.

    Cuando el nigeriano sube al ring, lo hace con una forma de caminar muy peculiar, a medio camino entre el paso y el baile. Se puede ver en el público a la gente bailando en el sitio junto a él, al ritmo de la música que suena.

    Ya en el ring, hace su pose, separando los brazos y piernas de su tronco, mientras la luz que proyectan sobre su espalda le da un aura casi mística.

    Esa noche tiene que pelear contra Grayson Waller, que se ve pequeño a su lado, esperando contra las cuerdas a que la camapana suene y el combate comience.

    No hay misterio, todos los combates están amañados, por supuesto, el público lo sabe, es parte del espectáculo. Oba va a ganar esa noche. Eso también se sabe, Grayson es lo que es llamado en la industria como "Jobber" una persona a la que ponen para ser machacada rápidamente. Se usan para elevar a figuras que a la empresa le gusta promocionar, como, en este caso, Oba, ya que es bastante popular.

    —Piledriver.

    Le dice Oba, mientras le mira con rostro enfadado. La expresión es para el público. La palabra, el movimiento con el que va a empezar cuando suene la campana, para que Grayson se prepare para recibirlo.

    || Vídeo de la entrada de OBA (?) https://www.youtube.com/watch?v=gvSHeJ0P3yI ||
    [sophie_lucella] Da igual que los golpes sean falsos, pocos eventos deportivos son capaces de juntar a tanta gente como el wrestling. Y, a pesar de que la muchedumbre lleva toda la noche gritando, cuando las luces se apagan para la entrada de Oba Femi, se empieza a escuchar el cántico de "OOOOBA OOOOBA" más fuerte de nada de lo que ha sonado a lo largo de la jornada. Cuando el nigeriano sube al ring, lo hace con una forma de caminar muy peculiar, a medio camino entre el paso y el baile. Se puede ver en el público a la gente bailando en el sitio junto a él, al ritmo de la música que suena. Ya en el ring, hace su pose, separando los brazos y piernas de su tronco, mientras la luz que proyectan sobre su espalda le da un aura casi mística. Esa noche tiene que pelear contra Grayson Waller, que se ve pequeño a su lado, esperando contra las cuerdas a que la camapana suene y el combate comience. No hay misterio, todos los combates están amañados, por supuesto, el público lo sabe, es parte del espectáculo. Oba va a ganar esa noche. Eso también se sabe, Grayson es lo que es llamado en la industria como "Jobber" una persona a la que ponen para ser machacada rápidamente. Se usan para elevar a figuras que a la empresa le gusta promocionar, como, en este caso, Oba, ya que es bastante popular. —Piledriver. Le dice Oba, mientras le mira con rostro enfadado. La expresión es para el público. La palabra, el movimiento con el que va a empezar cuando suene la campana, para que Grayson se prepare para recibirlo. || Vídeo de la entrada de OBA (?) https://www.youtube.com/watch?v=gvSHeJ0P3yI ||
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  • Mi don, tu maldición
    Fandom Crossover
    Categoría Acción
    El Mito y la Condena
    En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz.

    Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre.

    Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos.

    Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera.

    A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó.

    Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso.

    Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar.

    En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una.

    El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza.

    La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable.

    El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna.

    Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir.

    "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos."
    — Verso Dessendre.

    ____________________________________
    «Época actual»

    Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino.

    Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica.

    «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo»

    Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa.

    Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento.
    Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora.

    El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave.

    Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí.

    Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
    El Mito y la Condena En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz. Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre. Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos. Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera. A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó. Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso. Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar. En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una. El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza. La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable. El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna. Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir. "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos." — Verso Dessendre. ____________________________________ «Época actual» Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino. Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica. «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo» Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa. Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento. Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora. El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave. Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí. Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
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  • Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar .....

    Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo.

    ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas.

    ​Y tal vez tenían razón.

    ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado.

    ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo.

    ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar.

    ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada.
    ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa.
    ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos.
    ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara.

    ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente.

    ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo.
    ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios.

    ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera.

    ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
    Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar ..... Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo. ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas. ​Y tal vez tenían razón. ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado. ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo. ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar. ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada. ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa. ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos. ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara. ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente. ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo. ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios. ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera. ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
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