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    Admin is back.
    Semanitas de estudio y reprobé. Me ví todo Harry Potter para calmarme y parte del señor de los anillos.
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  • El portal se cerró detrás de ellas con un chasquido seco. La incertidumbre del futuro invadió el lugar, el ambiente se sentía denso

    Raora Panthera , Dohanna ,
    Aikaterine Ouro y Baelz Cruzaron la barrera dimensional, llegando a un lugar muy apartado de la civilización. Este lugar, cubierto de árboles, estaba perfectamente protegido por la guardiana de la naturaleza, Fauna . Quien esperaba junto a Tsukumo Sana Espacio y a Serithra

    La sensación fue un choque violento, el olor y vista del lugar hacia contraste con el verdadero motivo de la reunión y con el desorden del grupo que acababa de llegar

    Fauna esperaba allí, serena e inmutable. A su lado se encontraba Sana, su presencia hacia que el asunto se sintiera diminuto a comparación del cosmos que representaba. Además la diosa del sol también acompañaba la reunión, con un aura imponente

    Baelz sintió un escalofrío, pero no podia temer, en ese momento, el futuro del mundo estaba en juego. Observó a todos los presentes que esperaban en silencio

    —Así que estamos de vuelta — dijo, su voz era baja, por fin había probado la libertad aunque sabia que la paz no duraría mucho tiempo
    El portal se cerró detrás de ellas con un chasquido seco. La incertidumbre del futuro invadió el lugar, el ambiente se sentía denso [divine_eyes], [moon_energy_goddess], [Mercenary1x] y Baelz Cruzaron la barrera dimensional, llegando a un lugar muy apartado de la civilización. Este lugar, cubierto de árboles, estaba perfectamente protegido por la guardiana de la naturaleza, [Fauna_Nature] . Quien esperaba junto a [blaze_titanium_scorpion_916] y a [Sun_Goddess] La sensación fue un choque violento, el olor y vista del lugar hacia contraste con el verdadero motivo de la reunión y con el desorden del grupo que acababa de llegar Fauna esperaba allí, serena e inmutable. A su lado se encontraba Sana, su presencia hacia que el asunto se sintiera diminuto a comparación del cosmos que representaba. Además la diosa del sol también acompañaba la reunión, con un aura imponente Baelz sintió un escalofrío, pero no podia temer, en ese momento, el futuro del mundo estaba en juego. Observó a todos los presentes que esperaban en silencio —Así que estamos de vuelta — dijo, su voz era baja, por fin había probado la libertad aunque sabia que la paz no duraría mucho tiempo
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  • Para Vee, el mundo se siente suave, parecía casi transparente, sus brazos pesaban demasiado pero.. sus piernas parecían nubes. Azul, verde, morado, sentía como los colores la tocaban y ella los perseguía para hacer lo mismo pero no lo lograba, acababa estampandose con alguna pared. Era la primera vez que vee se drogaba, y lo había hecho por error. Sus antenas, antes erguidas, parecian dos globos desinflados, y ella no estaba segura de si lo que veía era real o solamente un sueño. No sabía bien qué hacía, estaba aparentemente dando vueltas en la calle, la gente la miraba extraño y todo advertía a que estaba a punto de meterse en problemas... de nuevo.
    Para Vee, el mundo se siente suave, parecía casi transparente, sus brazos pesaban demasiado pero.. sus piernas parecían nubes. Azul, verde, morado, sentía como los colores la tocaban y ella los perseguía para hacer lo mismo pero no lo lograba, acababa estampandose con alguna pared. Era la primera vez que vee se drogaba, y lo había hecho por error. Sus antenas, antes erguidas, parecian dos globos desinflados, y ella no estaba segura de si lo que veía era real o solamente un sueño. No sabía bien qué hacía, estaba aparentemente dando vueltas en la calle, la gente la miraba extraño y todo advertía a que estaba a punto de meterse en problemas... de nuevo.
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    //Actualización de estado: User lo suficientemente estable mentalmente como para responder interacciones breves y publicar en sus cuentas, más aún le falla medio cerebro como para responder roles extensos/largos, también tiene antojo de un buen choripan con monster sabor mango, la combinación más destruye intestinos que ah probado (?)
    //Actualización de estado: User lo suficientemente estable mentalmente como para responder interacciones breves y publicar en sus cuentas, más aún le falla medio cerebro como para responder roles extensos/largos, también tiene antojo de un buen choripan con monster sabor mango, la combinación más destruye intestinos que ah probado (?) :STK-25:
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  • Cap: 00.

    Las paredes volvieron a temblar, igual que hace muchas veces, con la misma intensidad que hacía temblar el agua estancada en aquel cuarto que engendra penumbras más allá de la ausencia lumínica. Cuando los movimientos, aquellos que aquél ya los tomaba como un suceso inmutable de su rutina, el mundo, su pequeño páramo de sombras, murió, o más bien se transformó, bajo una presencia delgada, pero intensa para él; luz nocturna, cayendo como cascada por encima de su rojiza cabeza.

    Para esa luz no le fue suficiente con hostigar desde arriba sino que también lo hizo desde abajo, usando el agua como un trampolín para fragmentarse en mil rayos que rebotaron en mil direcciones distintas. No hubo centímetro de ladrillo negro que se salvará de la iluminación.

    Las manos, delgadas y pálidas, cubrieron los párpados en un intento por esconder sus adoloridos ojos. Un frote tras otro fue suficiente, así pudo volver a posar la mirada en lo que escondían las penumbras a las que llamaba compañía; una recamara fría, inundada de aguas turbias que le llegan hasta las rodillas, con cuatro paredes que se repiten en patrón y medidas.

    El niño de cabello rojo estaba absorto en el paisaje, pero un susurro distante le hizo mirar hacia arriba. El cielo miró al niño y este le devolvió la mirada. Esa noche, de manera abrupta, el resplandor del firmamento fue trastornado por la mera presencia de aquel que por primera vez pudo hacer uso de la palabra belleza.
    No pudo descifrar el susurro, así como tampoco logró cortar el contacto visual con las estrellas. Era perturbador para él, quien era totalmente ajeno al desprecio que recibía desde lo alto. Algo presionó el centro de su pecho, algo que pronto se extendería hasta su garganta y culminaría en sus temblorosos labios.

    Flexionó las piernas, acto que pronto provocaría un nuevo temblor entre los ladrillos y el agua de la recamara. Al entorno se le sumaron los anillos, esas piezas doradas con trazos y fragmentos de rocas rojas, pero con una intensidad mayor. Él era el origen, motivado por una necesidad que jamás había sentido; Saber el porque las estrellas le odiaban.

    El niño de cabello rojo fue el factor que rompería con la quietud de la noche, el desencadenante de un catastrófico efecto mariposa para el destino. Un estruendo recorrió los oscuros bosques, como el rugido de los truenos durante las tormentas, mientras que un borrón escarlata cortó la distancia entre la tierra y el firmamento con una velocidad vertiginosa.

    Sus delgados dedos fueron extendidos en dirección a la infinidad del glorioso cielo, y él los extendió sin importar que una delgada capa ardiente y blanca cubriera desde las puntas de sus uñas negras hasta la mitad de sus antebrazos.

    No alcanzó a las estrellas.
    La distancia entre la tierra y el cielo, entre él y las estrellas, fue retornando a su forma original.
    Con el alejamiento creciente, con cada metro que se alejaba, la presión en su pecho fue grabándose, como si quisiera quedarse allí para toda la eternidad.

    Por primera vez sintió emociones; tristeza, frustración e ira. Pero también sintió algo aún mayor: Esperanza. La esperanza de algún día poder cambiar las estrellas.
    Cap: 00. Las paredes volvieron a temblar, igual que hace muchas veces, con la misma intensidad que hacía temblar el agua estancada en aquel cuarto que engendra penumbras más allá de la ausencia lumínica. Cuando los movimientos, aquellos que aquél ya los tomaba como un suceso inmutable de su rutina, el mundo, su pequeño páramo de sombras, murió, o más bien se transformó, bajo una presencia delgada, pero intensa para él; luz nocturna, cayendo como cascada por encima de su rojiza cabeza. Para esa luz no le fue suficiente con hostigar desde arriba sino que también lo hizo desde abajo, usando el agua como un trampolín para fragmentarse en mil rayos que rebotaron en mil direcciones distintas. No hubo centímetro de ladrillo negro que se salvará de la iluminación. Las manos, delgadas y pálidas, cubrieron los párpados en un intento por esconder sus adoloridos ojos. Un frote tras otro fue suficiente, así pudo volver a posar la mirada en lo que escondían las penumbras a las que llamaba compañía; una recamara fría, inundada de aguas turbias que le llegan hasta las rodillas, con cuatro paredes que se repiten en patrón y medidas. El niño de cabello rojo estaba absorto en el paisaje, pero un susurro distante le hizo mirar hacia arriba. El cielo miró al niño y este le devolvió la mirada. Esa noche, de manera abrupta, el resplandor del firmamento fue trastornado por la mera presencia de aquel que por primera vez pudo hacer uso de la palabra belleza. No pudo descifrar el susurro, así como tampoco logró cortar el contacto visual con las estrellas. Era perturbador para él, quien era totalmente ajeno al desprecio que recibía desde lo alto. Algo presionó el centro de su pecho, algo que pronto se extendería hasta su garganta y culminaría en sus temblorosos labios. Flexionó las piernas, acto que pronto provocaría un nuevo temblor entre los ladrillos y el agua de la recamara. Al entorno se le sumaron los anillos, esas piezas doradas con trazos y fragmentos de rocas rojas, pero con una intensidad mayor. Él era el origen, motivado por una necesidad que jamás había sentido; Saber el porque las estrellas le odiaban. El niño de cabello rojo fue el factor que rompería con la quietud de la noche, el desencadenante de un catastrófico efecto mariposa para el destino. Un estruendo recorrió los oscuros bosques, como el rugido de los truenos durante las tormentas, mientras que un borrón escarlata cortó la distancia entre la tierra y el firmamento con una velocidad vertiginosa. Sus delgados dedos fueron extendidos en dirección a la infinidad del glorioso cielo, y él los extendió sin importar que una delgada capa ardiente y blanca cubriera desde las puntas de sus uñas negras hasta la mitad de sus antebrazos. No alcanzó a las estrellas. La distancia entre la tierra y el cielo, entre él y las estrellas, fue retornando a su forma original. Con el alejamiento creciente, con cada metro que se alejaba, la presión en su pecho fue grabándose, como si quisiera quedarse allí para toda la eternidad. Por primera vez sintió emociones; tristeza, frustración e ira. Pero también sintió algo aún mayor: Esperanza. La esperanza de algún día poder cambiar las estrellas.
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  • Raden había limpiado y ordenado muy bien el sótano de la tienda, un espacio amplio que casi siempre permanecía cerrado y oscuro. Sin embargo, hoy daba la bienvenida a sus dos nuevas inquilinas. En la pared más despejada, destacaba una pizarra enorme, donde las palabras 'REGLAS DE LA CASA' estaban escritas con una caligrafía impecable.

    — Bienvenidas, pequeñas traviesas ~ —su voz fue un suave arrullo, pero sus ojos, de un azul demasiado intenso, recorrían a Mococo Abyssgard y Fuwawa Abyssgard con la curiosidad de una coleccionista ante dos piezas potencialmente peligrosas— espero que encuentren este... refugio, a su gusto. He hecho los arreglos personalmente, uhum.

    Con un movimiento fluido, giró sobre sus tacones y se plantó frente a la pizarra. El abanico, como una extensión natural de su gestualidad, se cerró para apuntar con un extremo a la primera regla de la pizarra.

    — Ahora, hablemos de las normas. Son pocas, pero... cruciales para la armonía. Y para su seguridad, jeje ~ ...

    1. Tratar con sumo cuidado las reliquias. La tienda no es un parque de atracciones. Cada objeto tiene una historia... y la mayoría, un temperamento.

    2. Mantener el orden.

    3. Los clientes son... clientes. Si alguno baja y las ve, una sonrisa y un 'la propietaria no está' bastará. Nada de travesuras que los asusten. Ahem, aunque algunos se lo merezcan.

    4. Prohibidas las peleas en la tienda. Los duelos a muerte, si son estrictamente necesarios, se reservan para el sótano. El sofá es vintage, por favor, no manchen la tapicería...

    5. Nada de invitados indeseados. Traer problemas externos aquí es de pésimo gusto. Yo ya tengo los míos propios.

    6. ¡Y LA MAS IMPORTANTE!... —aquí, su voz bajó a un susurro dramático— No tocar, jugar, romper o, por todos los abismos, beber de mis objetos o reliquias. ¡Prohibido!

    Hizo una pausa, dejando que el silencio las dejara procesar la advertencia. Luego, de repente, lanzó sus manos hacia adelante con los dedos curvados como garras, haciendo una mueca exagerada.

    — ¡Grrr! ¡Porque si lo hacen, los objetos podrían molestarse, despertar... y ATACAR! —soltó una risita, como si fuera una broma adorable.

    Era broma. Aunque no era del todo improbable que algo así pudiera ocurrir.

    —En fin ~ —continuó, recuperando su compostura y abriendo el abanico de nuevo con un gesto elegante— El incumplimiento de alguna de estas reglas conllevará a... hm... —se llevó la punta del abanico a la barbilla, pensativa. Sus ojos se iluminaron con un destello púrpura— ¡Ah, ya sé! Me veré en la obligación de llamar a Shiori. Sí, ella será la adulta responsable de ustedes...

    Era inevitable para Raden ver a las dos chicas como si fueran dos niñas traviesas, por lo cual hacia falta algún adulto responsable. Y ella era adulta, claro, pero no responsable.

    — Y... creo que es todo, si, ¿alguna pregunta, mis pequeñas futuras causas de canas?
    Raden había limpiado y ordenado muy bien el sótano de la tienda, un espacio amplio que casi siempre permanecía cerrado y oscuro. Sin embargo, hoy daba la bienvenida a sus dos nuevas inquilinas. En la pared más despejada, destacaba una pizarra enorme, donde las palabras 'REGLAS DE LA CASA' estaban escritas con una caligrafía impecable. — Bienvenidas, pequeñas traviesas ~ —su voz fue un suave arrullo, pero sus ojos, de un azul demasiado intenso, recorrían a [haze_peridot_bat_137] y [Inu_blue_1] con la curiosidad de una coleccionista ante dos piezas potencialmente peligrosas— espero que encuentren este... refugio, a su gusto. He hecho los arreglos personalmente, uhum. Con un movimiento fluido, giró sobre sus tacones y se plantó frente a la pizarra. El abanico, como una extensión natural de su gestualidad, se cerró para apuntar con un extremo a la primera regla de la pizarra. — Ahora, hablemos de las normas. Son pocas, pero... cruciales para la armonía. Y para su seguridad, jeje ~ ... 1. Tratar con sumo cuidado las reliquias. La tienda no es un parque de atracciones. Cada objeto tiene una historia... y la mayoría, un temperamento. 2. Mantener el orden. 3. Los clientes son... clientes. Si alguno baja y las ve, una sonrisa y un 'la propietaria no está' bastará. Nada de travesuras que los asusten. Ahem, aunque algunos se lo merezcan. 4. Prohibidas las peleas en la tienda. Los duelos a muerte, si son estrictamente necesarios, se reservan para el sótano. El sofá es vintage, por favor, no manchen la tapicería... 5. Nada de invitados indeseados. Traer problemas externos aquí es de pésimo gusto. Yo ya tengo los míos propios. 6. ¡Y LA MAS IMPORTANTE!... —aquí, su voz bajó a un susurro dramático— No tocar, jugar, romper o, por todos los abismos, beber de mis objetos o reliquias. ¡Prohibido! Hizo una pausa, dejando que el silencio las dejara procesar la advertencia. Luego, de repente, lanzó sus manos hacia adelante con los dedos curvados como garras, haciendo una mueca exagerada. — ¡Grrr! ¡Porque si lo hacen, los objetos podrían molestarse, despertar... y ATACAR! —soltó una risita, como si fuera una broma adorable. Era broma. Aunque no era del todo improbable que algo así pudiera ocurrir. —En fin ~ —continuó, recuperando su compostura y abriendo el abanico de nuevo con un gesto elegante— El incumplimiento de alguna de estas reglas conllevará a... hm... —se llevó la punta del abanico a la barbilla, pensativa. Sus ojos se iluminaron con un destello púrpura— ¡Ah, ya sé! Me veré en la obligación de llamar a Shiori. Sí, ella será la adulta responsable de ustedes... Era inevitable para Raden ver a las dos chicas como si fueran dos niñas traviesas, por lo cual hacia falta algún adulto responsable. Y ella era adulta, claro, pero no responsable. — Y... creo que es todo, si, ¿alguna pregunta, mis pequeñas futuras causas de canas?
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  • Un policía y un demonio
    Fandom Resident evil y hazbin hotel
    Categoría Suspenso
    La sirena de patrulla se alejaba lentamente mientras la lluvia comenzaba a caer sobre el callejón. Cintas amarillas ondeaban con el viento y las luces rojas y azules iluminaban los cuerpos sin vida que yacían sobre el pavimento. León Kennedy se agachó, cubriéndose con su abrigo mientras observaba las marcas en el cadáver: cortes profundos, casi ceremoniales… y aquella sonrisa macabra dibujada a la fuerza en el rostro de la víctima.

    —Esto no es humano… —murmuró, apretando la mandíbula.

    Los oficiales del departamento susurraban rumores: una voz extraña escuchada por las radios de patrulla, risas estáticas que congelaban la sangre, grabaciones que parecían hablar solas. Una entidad desconocida, decían. Un ser que no dejaba huellas… excepto una sensación de burla y espectáculo.

    León tomó fotos, recogió una muestra de un polvo rojizo que no supo identificar y se levantó. Sabía que esa escena sería sólo una más en una cadena que parecía extenderse por todo el mundo. Algo —o alguien— estaba disfrutando este juego.

    Horas después, ya en su departamento, se dejó caer en el sofá. Se pasó la mano por el rostro, agotado. Encendió la pequeña radio que usaba para monitorear frecuencias policiales… pero en lugar de la transmisión habitual, un chasquido de estática llenó la habitación.

    —¿Qué…? No había ningún reporte en esta franja… —frunció el ceño, intentando ajustar la perilla.

    La estática se ordenó, como si algo del otro lado intentara formar palabras. Luego, una risa suave, elegante… inquietantemente alegre, inundó la habitación.

    ꧁༒☬𝓐𝓛𝓐𝓢𝓣𝓞𝓡 𝓡𝓔𝓓 𝓓𝓔𝓜𝓞𝓝 𝓞𝓥𝓔𝓡𝓛𝓞𝓡𝓓☬༒꧂
    La sirena de patrulla se alejaba lentamente mientras la lluvia comenzaba a caer sobre el callejón. Cintas amarillas ondeaban con el viento y las luces rojas y azules iluminaban los cuerpos sin vida que yacían sobre el pavimento. León Kennedy se agachó, cubriéndose con su abrigo mientras observaba las marcas en el cadáver: cortes profundos, casi ceremoniales… y aquella sonrisa macabra dibujada a la fuerza en el rostro de la víctima. —Esto no es humano… —murmuró, apretando la mandíbula. Los oficiales del departamento susurraban rumores: una voz extraña escuchada por las radios de patrulla, risas estáticas que congelaban la sangre, grabaciones que parecían hablar solas. Una entidad desconocida, decían. Un ser que no dejaba huellas… excepto una sensación de burla y espectáculo. León tomó fotos, recogió una muestra de un polvo rojizo que no supo identificar y se levantó. Sabía que esa escena sería sólo una más en una cadena que parecía extenderse por todo el mundo. Algo —o alguien— estaba disfrutando este juego. Horas después, ya en su departamento, se dejó caer en el sofá. Se pasó la mano por el rostro, agotado. Encendió la pequeña radio que usaba para monitorear frecuencias policiales… pero en lugar de la transmisión habitual, un chasquido de estática llenó la habitación. —¿Qué…? No había ningún reporte en esta franja… —frunció el ceño, intentando ajustar la perilla. La estática se ordenó, como si algo del otro lado intentara formar palabras. Luego, una risa suave, elegante… inquietantemente alegre, inundó la habitación. [Alastor_rabbit]
    Tipo
    Individual
    Líneas
    5
    Estado
    Disponible
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    El regreso

    Regreso a casa con una ilusión que me calienta el pecho.
    Voy pensando en Ryu, en su sonrisa torcida, en su manera torpe de querer, en el café compartido… en esa paz que hacía tanto no sentía.

    Pero al doblar una esquina, el aire se vuelve frío.

    Una de las sombras del Jardín emerge de la pared como arrancada del propio asfalto. Sus ojos vacíos se fijan en mí, y entonces habla, en la lengua que solo lo oculto recuerda:

    Sombra:
    “Tus súplicas fueron escuchadas por la chica…
    mas no quiso volver.
    No hasta hoy.”

    Y desaparece.

    Mi sangre se congela al instante.
    No pienso, solo corro.
    Corro como si mis pulmones ardieran y mis latidos fueran látigos golpeándome por dentro.


    ---

    El reencuentro

    Entro al castillo Queen casi rompiendo las puertas.

    Allí está.
    Sentada junto a Jennifer.
    Akane.

    Jennifer se levanta apenas me ve. No dice nada. No hace falta.
    Se va en silencio, como quien sabe que ese momento no le pertenece.

    Yo me abalanzo sobre Akane antes de que mi mente pueda interponerse.
    Ella me recibe con una sonrisa calmada, elegante, perfecta… como si nunca se hubiera ido. Como si nunca me hubiera dejado con las manos vacías, pidiendo respuestas al viento.

    Nos besamos.
    Nos abrazamos.
    Nos volvemos a mirar, solas… juntas…
    Fue como si el mundo se detuviera para dejarnos respirar la misma nostalgia.

    Akane baja la mirada, suspira, y su voz acaricia y hiere a la vez.

    Akane:
    “Perdóname.
    No volví porque… estaba enfadada.
    La desaparición de Jennifer…
    No supe manejarlo.
    Y lo pagué con ustedes.
    Contigo.
    Pero volví… por ti.”

    Ese “por ti” desarma todas mis defensas.

    No supe castigarla.
    No supe exigirle nada.
    No supe pedir explicaciones.

    Había vuelto.
    Y nada más importaba.
    NADA MÁS.
    Relato en Post y comentario de la imagen 🩷 El regreso Regreso a casa con una ilusión que me calienta el pecho. Voy pensando en Ryu, en su sonrisa torcida, en su manera torpe de querer, en el café compartido… en esa paz que hacía tanto no sentía. Pero al doblar una esquina, el aire se vuelve frío. Una de las sombras del Jardín emerge de la pared como arrancada del propio asfalto. Sus ojos vacíos se fijan en mí, y entonces habla, en la lengua que solo lo oculto recuerda: Sombra: “Tus súplicas fueron escuchadas por la chica… mas no quiso volver. No hasta hoy.” Y desaparece. Mi sangre se congela al instante. No pienso, solo corro. Corro como si mis pulmones ardieran y mis latidos fueran látigos golpeándome por dentro. --- El reencuentro Entro al castillo Queen casi rompiendo las puertas. Allí está. Sentada junto a Jennifer. Akane. Jennifer se levanta apenas me ve. No dice nada. No hace falta. Se va en silencio, como quien sabe que ese momento no le pertenece. Yo me abalanzo sobre Akane antes de que mi mente pueda interponerse. Ella me recibe con una sonrisa calmada, elegante, perfecta… como si nunca se hubiera ido. Como si nunca me hubiera dejado con las manos vacías, pidiendo respuestas al viento. Nos besamos. Nos abrazamos. Nos volvemos a mirar, solas… juntas… Fue como si el mundo se detuviera para dejarnos respirar la misma nostalgia. Akane baja la mirada, suspira, y su voz acaricia y hiere a la vez. Akane: “Perdóname. No volví porque… estaba enfadada. La desaparición de Jennifer… No supe manejarlo. Y lo pagué con ustedes. Contigo. Pero volví… por ti.” Ese “por ti” desarma todas mis defensas. No supe castigarla. No supe exigirle nada. No supe pedir explicaciones. Había vuelto. Y nada más importaba. NADA MÁS.
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    El regreso

    Regreso a casa con una ilusión que me calienta el pecho.
    Voy pensando en Ryu, en su sonrisa torcida, en su manera torpe de querer, en el café compartido… en esa paz que hacía tanto no sentía.

    Pero al doblar una esquina, el aire se vuelve frío.

    Una de las sombras del Jardín emerge de la pared como arrancada del propio asfalto. Sus ojos vacíos se fijan en mí, y entonces habla, en la lengua que solo lo oculto recuerda:

    Sombra:
    “Tus súplicas fueron escuchadas por la chica…
    mas no quiso volver.
    No hasta hoy.”

    Y desaparece.

    Mi sangre se congela al instante.
    No pienso, solo corro.
    Corro como si mis pulmones ardieran y mis latidos fueran látigos golpeándome por dentro.


    ---

    El reencuentro

    Entro al castillo Queen casi rompiendo las puertas.

    Allí está.
    Sentada junto a Jennifer.
    Akane.

    Jennifer se levanta apenas me ve. No dice nada. No hace falta.
    Se va en silencio, como quien sabe que ese momento no le pertenece.

    Yo me abalanzo sobre Akane antes de que mi mente pueda interponerse.
    Ella me recibe con una sonrisa calmada, elegante, perfecta… como si nunca se hubiera ido. Como si nunca me hubiera dejado con las manos vacías, pidiendo respuestas al viento.

    Nos besamos.
    Nos abrazamos.
    Nos volvemos a mirar, solas… juntas…
    Fue como si el mundo se detuviera para dejarnos respirar la misma nostalgia.

    Akane baja la mirada, suspira, y su voz acaricia y hiere a la vez.

    Akane:
    “Perdóname.
    No volví porque… estaba enfadada.
    La desaparición de Jennifer…
    No supe manejarlo.
    Y lo pagué con ustedes.
    Contigo.
    Pero volví… por ti.”

    Ese “por ti” desarma todas mis defensas.

    No supe castigarla.
    No supe exigirle nada.
    No supe pedir explicaciones.

    Había vuelto.
    Y nada más importaba.
    NADA MÁS.
    Me entristece
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    El regreso

    Regreso a casa con una ilusión que me calienta el pecho.
    Voy pensando en Ryu, en su sonrisa torcida, en su manera torpe de querer, en el café compartido… en esa paz que hacía tanto no sentía.

    Pero al doblar una esquina, el aire se vuelve frío.

    Una de las sombras del Jardín emerge de la pared como arrancada del propio asfalto. Sus ojos vacíos se fijan en mí, y entonces habla, en la lengua que solo lo oculto recuerda:

    Sombra:
    “Tus súplicas fueron escuchadas por la chica…
    mas no quiso volver.
    No hasta hoy.”

    Y desaparece.

    Mi sangre se congela al instante.
    No pienso, solo corro.
    Corro como si mis pulmones ardieran y mis latidos fueran látigos golpeándome por dentro.


    ---

    El reencuentro

    Entro al castillo Queen casi rompiendo las puertas.

    Allí está.
    Sentada junto a Jennifer.
    Akane.

    Jennifer se levanta apenas me ve. No dice nada. No hace falta.
    Se va en silencio, como quien sabe que ese momento no le pertenece.

    Yo me abalanzo sobre Akane antes de que mi mente pueda interponerse.
    Ella me recibe con una sonrisa calmada, elegante, perfecta… como si nunca se hubiera ido. Como si nunca me hubiera dejado con las manos vacías, pidiendo respuestas al viento.

    Nos besamos.
    Nos abrazamos.
    Nos volvemos a mirar, solas… juntas…
    Fue como si el mundo se detuviera para dejarnos respirar la misma nostalgia.

    Akane baja la mirada, suspira, y su voz acaricia y hiere a la vez.

    Akane:
    “Perdóname.
    No volví porque… estaba enfadada.
    La desaparición de Jennifer…
    No supe manejarlo.
    Y lo pagué con ustedes.
    Contigo.
    Pero volví… por ti.”

    Ese “por ti” desarma todas mis defensas.

    No supe castigarla.
    No supe exigirle nada.
    No supe pedir explicaciones.

    Había vuelto.
    Y nada más importaba.
    NADA MÁS.
    Relato en Post y comentario de la imagen 🩷 El regreso Regreso a casa con una ilusión que me calienta el pecho. Voy pensando en Ryu, en su sonrisa torcida, en su manera torpe de querer, en el café compartido… en esa paz que hacía tanto no sentía. Pero al doblar una esquina, el aire se vuelve frío. Una de las sombras del Jardín emerge de la pared como arrancada del propio asfalto. Sus ojos vacíos se fijan en mí, y entonces habla, en la lengua que solo lo oculto recuerda: Sombra: “Tus súplicas fueron escuchadas por la chica… mas no quiso volver. No hasta hoy.” Y desaparece. Mi sangre se congela al instante. No pienso, solo corro. Corro como si mis pulmones ardieran y mis latidos fueran látigos golpeándome por dentro. --- El reencuentro Entro al castillo Queen casi rompiendo las puertas. Allí está. Sentada junto a Jennifer. Akane. Jennifer se levanta apenas me ve. No dice nada. No hace falta. Se va en silencio, como quien sabe que ese momento no le pertenece. Yo me abalanzo sobre Akane antes de que mi mente pueda interponerse. Ella me recibe con una sonrisa calmada, elegante, perfecta… como si nunca se hubiera ido. Como si nunca me hubiera dejado con las manos vacías, pidiendo respuestas al viento. Nos besamos. Nos abrazamos. Nos volvemos a mirar, solas… juntas… Fue como si el mundo se detuviera para dejarnos respirar la misma nostalgia. Akane baja la mirada, suspira, y su voz acaricia y hiere a la vez. Akane: “Perdóname. No volví porque… estaba enfadada. La desaparición de Jennifer… No supe manejarlo. Y lo pagué con ustedes. Contigo. Pero volví… por ti.” Ese “por ti” desarma todas mis defensas. No supe castigarla. No supe exigirle nada. No supe pedir explicaciones. Había vuelto. Y nada más importaba. NADA MÁS.
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  • -Salia de la habitacion se encontraba directamente con su hermana- Fuwawa! porque rompiste mi juguete? Era nuevo y apenas lo habia conseguido -Sus mejillas se enrojecian ligeramente al reprochar a su hermana inclinandose hacia adelante ligeramente con ambas manos en sus caderas-

    Fuwawa Abyssgard
    -Salia de la habitacion se encontraba directamente con su hermana- Fuwawa! porque rompiste mi juguete? Era nuevo y apenas lo habia conseguido -Sus mejillas se enrojecian ligeramente al reprochar a su hermana inclinandose hacia adelante ligeramente con ambas manos en sus caderas- [Inu_blue_1]
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