• El último timbre había sonado hacía varios minutos. Los pasillos de la facultad estaban casi vacíos y el único sonido que rompía el silencio era la lluvia golpeando los ventanales.
    Anne permanecía sentada en su lugar, fingiendo revisar sus apuntes. En realidad, esperaba que todos salieran antes de acercarse al escritorio.
    Con una sonrisa tranquila, caminó hasta quedar frente al profesor.
    —¿Tiene un momento?
    El profesor levantó la vista de los exámenes que estaba calificando.
    —Claro, Anne. ¿En qué puedo ayudarte?
    Ella apoyó suavemente una mano sobre el escritorio.
    —Quería preguntarle sobre el trabajo de investigación... aunque, si soy sincera, creo que solo quería hablar con usted un rato.
    La confesión hizo que el profesor arqueara ligeramente una ceja.
    —Eso no parece una duda relacionada con la materia.
    Anne soltó una pequeña risa.
    —Lo sé... pero tenía que intentarlo.
    Por un instante, ambos guardaron silencio. El profesor cerró la carpeta con calma.
    —Eres una estudiante brillante. No necesitas inventar pretextos para hacer preguntas.
    —¿Y si la pregunta no es académica?
    La mirada de Anne era curiosa, casi desafiante, pero sin perder la dulzura.
    El profesor respiró hondo antes de responder.
    —Entonces probablemente no sea una pregunta que pueda responder.
    Ella bajó la vista unos segundos antes de sonreír de nuevo.
    —Siempre encuentra la manera de esquivarme.
    —Siempre encuentro la manera de mantener los límites.
    Anne asintió lentamente.
    —Lo entiendo... y, precisamente por eso, lo admiro.
    Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
    El profesor la observó con una mezcla de sorpresa y serenidad.
    —Agradezco tu sinceridad. Pero mientras seas mi alumna, mi responsabilidad es cuidar de esa línea.
    Anne tomó su mochila y dio un paso hacia la puerta.
    —Entonces tendré que graduarme primero.
    Por primera vez en toda la conversación, el profesor dejó escapar una leve risa.
    —Primero preocúpate por terminar el semestre con las mismas buenas calificaciones.
    Ella sonrió con complicidad.
    —Eso está hecho.
    Antes de salir del aula, giró apenas el rostro.
    —Buenas noches, profesor.
    —Buenas noches, Anne.
    La puerta se cerró lentamente. Mientras caminaba por el pasillo, Anne no pudo evitar sonreír. Sabía que algunas historias no empiezan con una confesión, sino con la paciencia suficiente para esperar el momento adecuado.
    El último timbre había sonado hacía varios minutos. Los pasillos de la facultad estaban casi vacíos y el único sonido que rompía el silencio era la lluvia golpeando los ventanales. Anne permanecía sentada en su lugar, fingiendo revisar sus apuntes. En realidad, esperaba que todos salieran antes de acercarse al escritorio. Con una sonrisa tranquila, caminó hasta quedar frente al profesor. —¿Tiene un momento? El profesor levantó la vista de los exámenes que estaba calificando. —Claro, Anne. ¿En qué puedo ayudarte? Ella apoyó suavemente una mano sobre el escritorio. —Quería preguntarle sobre el trabajo de investigación... aunque, si soy sincera, creo que solo quería hablar con usted un rato. La confesión hizo que el profesor arqueara ligeramente una ceja. —Eso no parece una duda relacionada con la materia. Anne soltó una pequeña risa. —Lo sé... pero tenía que intentarlo. Por un instante, ambos guardaron silencio. El profesor cerró la carpeta con calma. —Eres una estudiante brillante. No necesitas inventar pretextos para hacer preguntas. —¿Y si la pregunta no es académica? La mirada de Anne era curiosa, casi desafiante, pero sin perder la dulzura. El profesor respiró hondo antes de responder. —Entonces probablemente no sea una pregunta que pueda responder. Ella bajó la vista unos segundos antes de sonreír de nuevo. —Siempre encuentra la manera de esquivarme. —Siempre encuentro la manera de mantener los límites. Anne asintió lentamente. —Lo entiendo... y, precisamente por eso, lo admiro. Las palabras quedaron suspendidas en el aire. El profesor la observó con una mezcla de sorpresa y serenidad. —Agradezco tu sinceridad. Pero mientras seas mi alumna, mi responsabilidad es cuidar de esa línea. Anne tomó su mochila y dio un paso hacia la puerta. —Entonces tendré que graduarme primero. Por primera vez en toda la conversación, el profesor dejó escapar una leve risa. —Primero preocúpate por terminar el semestre con las mismas buenas calificaciones. Ella sonrió con complicidad. —Eso está hecho. Antes de salir del aula, giró apenas el rostro. —Buenas noches, profesor. —Buenas noches, Anne. La puerta se cerró lentamente. Mientras caminaba por el pasillo, Anne no pudo evitar sonreír. Sabía que algunas historias no empiezan con una confesión, sino con la paciencia suficiente para esperar el momento adecuado.
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  • [después de haber visto que el arma no estaba en el laboratorio Keinshi busco por todos lados información sobre dónde podría estar pero no encontró nada, después decidió ir a la azotea de un edificio durante la noche]

    Esto es extraño, ¿Porque ninguno sabe dónde está..? Si el arma de verdad eligió a alguien, ese alguien debe estar por la ciudad.

    ???: te volverás viejo antes de poder encontrarla, solo admite la derrota Keinshi~

    •el arma de Keinshi muy pocas veces le hablaba a este y cuando lo hacía era para molestarlo, Keinshi simplemente suspiro de forma pesada y mientras veía de reojo la ciudad muchas preguntas pasaron por su cabeza•

    ¿Quien la tiene? Debe ser alguien poderoso o sino no lo eligirán ¿O si? Vamos piensa, piensa.. alguien debe ser solo necesito un nombre.

    ???: deja de pensar tanto o tu poder se va a salir de control ¡Debes relajar tu mente!

    •en el cuerpo de Keinshi comenzaron a mostrarse varias escamas de dragón, eran de un color oscuro con un intenso brillo morado, dicho brillo hacia que pudieran notarse las escamas bajo su ropa•

    ???: ¿Viste lo que provocas? Debes mantener la calma o no vas a controlarme correctamente.

    Necesito investigar más a fondo, alguien debe tener información.

    [Después de aquello Keinshi solo se quedó ahí mirando a las estrellas sin dejar de preguntarse ¿Quien la tenía?]
    [después de haber visto que el arma no estaba en el laboratorio Keinshi busco por todos lados información sobre dónde podría estar pero no encontró nada, después decidió ir a la azotea de un edificio durante la noche] Esto es extraño, ¿Porque ninguno sabe dónde está..? Si el arma de verdad eligió a alguien, ese alguien debe estar por la ciudad. ???: te volverás viejo antes de poder encontrarla, solo admite la derrota Keinshi~ •el arma de Keinshi muy pocas veces le hablaba a este y cuando lo hacía era para molestarlo, Keinshi simplemente suspiro de forma pesada y mientras veía de reojo la ciudad muchas preguntas pasaron por su cabeza• ¿Quien la tiene? Debe ser alguien poderoso o sino no lo eligirán ¿O si? Vamos piensa, piensa.. alguien debe ser solo necesito un nombre. ???: deja de pensar tanto o tu poder se va a salir de control ¡Debes relajar tu mente! •en el cuerpo de Keinshi comenzaron a mostrarse varias escamas de dragón, eran de un color oscuro con un intenso brillo morado, dicho brillo hacia que pudieran notarse las escamas bajo su ropa• ???: ¿Viste lo que provocas? Debes mantener la calma o no vas a controlarme correctamente. Necesito investigar más a fondo, alguien debe tener información. [Después de aquello Keinshi solo se quedó ahí mirando a las estrellas sin dejar de preguntarse ¿Quien la tenía?]
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  • «A mitad de un capítulo me pregunto si no es una cobardía preferir la tinta sobre la voz. Si la fascinación por las historias no debería ser, al menos, una invitación a salir del margen.

    Me hace preguntarme si en otro lugar hay alguien leyendo el mismo libro. La misma página. La misma frase, buscando una señal.

    Pero el papel lo aguanta todo, y la realidad es propensa a derrumbes, ¿no?

    Entonces... ¿pesa más el deseo de intentar?

    ¿O el miedo a que todo se deshaga por hacerlo?»

    Alaska cierra el libro. Lo abre. Lo vuelve a cerrar.

    Todavía no sabe la respuesta.
    «A mitad de un capítulo me pregunto si no es una cobardía preferir la tinta sobre la voz. Si la fascinación por las historias no debería ser, al menos, una invitación a salir del margen. Me hace preguntarme si en otro lugar hay alguien leyendo el mismo libro. La misma página. La misma frase, buscando una señal. Pero el papel lo aguanta todo, y la realidad es propensa a derrumbes, ¿no? Entonces... ¿pesa más el deseo de intentar? ¿O el miedo a que todo se deshaga por hacerlo?» Alaska cierra el libro. Lo abre. Lo vuelve a cerrar. Todavía no sabe la respuesta.
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  • Continuación de lo ocurrido la noche anterior...

    [La pelea contra el mercenario fue intensa pero la diferencia entre ambos era bastante clara y llegó el momento decisivo]

    Mercenario: no voy a perder contra alguien como tu.. los dragones de tu tipo son traidores que decidieron no luchar y a causa de eso estamos donde estamos..

    Fue tu decisión tomar el camino en el que te encuentras y ahora que no salió como esperabas culpas a los demás, esto se acaba ahora.

    ×alcance a ver una apertura en la defensa de mí oponente y no tarde en aprovecharlo, me lanzaría a gran velocidad mientras que hizo el intento de arrojar un corte, fue un momento que duro pocos segundos y al rato me encontraba detrás de el mientras que mí enemigo solo soltaba un suspiro suave×

    Mercenario: supongo que hasta aquí llegue, pero me gustaria preguntar ¿Cómo hiciste eso?

    Antes de que me llames tramposo quiero decirte que esto lo conseguí al nacer.. recibí una bendición conocida como la santa de la espada.. eso significa que por más que utilice un cuchillo este hará el mismo daño que una espada

    Mercenario: ya veo.. es una increíble ventaja la que tienes muchacho, no la desperdicies..

    ×las manos del mercenario caerían al suelo como si hubieran recibido el corte limpio de una espada y luego una línea roja comenzó a dibujarse lentamente alrededor de su cintura×

    Mercenario: quiero que me respondas una última cosa.. ¿Podré ver a la reina de la que tanto hablas?

    Despues de lo que has hecho no creo que te reciban en el cielo, lo mismo va para mí.. se que no volveré a verla cuando muera.

    Mercenario: entonces solo nos veremos tu y yo en el infierno, a su debido tiempo..

    ×despues de que esa línea se dibujara el torso del mercenario se desprendio de sus caderas para caer al suelo y liberar un charco de sangre, después de que esto ocurriera un corte me apareció en el vientre y lo cubriría rápidamente con mí mano×

    Tch.. ghmm.. ese fue un buen corte, estoy algo oxidado como para salir sin un solo rasguño..

    [Después de la batalla Gyuseki se marchó a lo profundo de un bosque donde llego a un lago cercano para sentarse frente a un árbol y apoyar su espalda en el mismo antes de cerrar los ojos mientras perdía sangre poco a poco]
    Continuación de lo ocurrido la noche anterior... [La pelea contra el mercenario fue intensa pero la diferencia entre ambos era bastante clara y llegó el momento decisivo] Mercenario: no voy a perder contra alguien como tu.. los dragones de tu tipo son traidores que decidieron no luchar y a causa de eso estamos donde estamos.. Fue tu decisión tomar el camino en el que te encuentras y ahora que no salió como esperabas culpas a los demás, esto se acaba ahora. ×alcance a ver una apertura en la defensa de mí oponente y no tarde en aprovecharlo, me lanzaría a gran velocidad mientras que hizo el intento de arrojar un corte, fue un momento que duro pocos segundos y al rato me encontraba detrás de el mientras que mí enemigo solo soltaba un suspiro suave× Mercenario: supongo que hasta aquí llegue, pero me gustaria preguntar ¿Cómo hiciste eso? Antes de que me llames tramposo quiero decirte que esto lo conseguí al nacer.. recibí una bendición conocida como la santa de la espada.. eso significa que por más que utilice un cuchillo este hará el mismo daño que una espada Mercenario: ya veo.. es una increíble ventaja la que tienes muchacho, no la desperdicies.. ×las manos del mercenario caerían al suelo como si hubieran recibido el corte limpio de una espada y luego una línea roja comenzó a dibujarse lentamente alrededor de su cintura× Mercenario: quiero que me respondas una última cosa.. ¿Podré ver a la reina de la que tanto hablas? Despues de lo que has hecho no creo que te reciban en el cielo, lo mismo va para mí.. se que no volveré a verla cuando muera. Mercenario: entonces solo nos veremos tu y yo en el infierno, a su debido tiempo.. ×despues de que esa línea se dibujara el torso del mercenario se desprendio de sus caderas para caer al suelo y liberar un charco de sangre, después de que esto ocurriera un corte me apareció en el vientre y lo cubriría rápidamente con mí mano× Tch.. ghmm.. ese fue un buen corte, estoy algo oxidado como para salir sin un solo rasguño.. [Después de la batalla Gyuseki se marchó a lo profundo de un bosque donde llego a un lago cercano para sentarse frente a un árbol y apoyar su espalda en el mismo antes de cerrar los ojos mientras perdía sangre poco a poco]
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    | Que turbio, dios voy a preguntar la edad del usuario que usen personajes menor para temas 18+

    Tuve que llevarme un mal rato con un user que roleaba a Isha de Arcane.
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  • Esperanza recuperada:
    Zelkova anduvo por un paraje incierto y yermo, semejante a una comarca olvidada por los siglos. Las sendas eran de tierra apisonada, y a lo lejos apenas se divisaban algunas matas y herbazales que quebrantaban la monotonía del erial. En su diestra sostenía un farol de menguada lumbre, cuya llama trémula rasgaba apenas el velo de las tinieblas.

    Mientras avanzaba por aquel derrotero silencioso, topóse con un anciano encorvado y macilento, de rostro surcado por arrugas tan hondas como barrancos. El viejo escupió al suelo con desdén y dijo:

    โ—‹Decidme, zagal, ¿adónde os encamináis con esa exigua luminaria? ¿No advertís que vuestra lucecilla nada puede contra esta lobreguez?

    El joven cura alzó el semblante y respondió con sosiego:

    โ—Hacia adelante marcho. Y no temo a la noche, pues el sol se alzará tras de mí como un padre que ampara a su hijo.

    El anciano prorrumpió en sonoras carcajadas.

    โ—‹Nada hallaréis allá. Ningún bien mora en esa dirección.

    Mas Zelkova replicó:

    โ—Dios se encargará de mostrarme el sendero.

    El viejo frunció el ceño.

    โ—‹¿Dios? No existe tal deidad. Y si existiere, os aguarda un destino de aflicción y desventura. Tal será la voluntad del dios que tanto veneráis.

    El cura guardó silencio un instante antes de preguntar:

    โ—¿Y por qué vos no lleváis luz alguna para orientaros en la oscuridad?

    El anciano bajó la vista hacia el polvo de la senda.

    โ—‹No preciso de ella. Mis ojos y mis pies bastan para moverme por estos parajes. Así lo quiso vuestro Señor. Nada bueno me concedió jamás.

    Zelkova observó al hombre con sincera compasión.

    โ—Extraña condición la del hombre. Culpa al cielo de sus pesares, mas jamás aparta la vista de la tierra.

    Dio algunos pasos y prosiguió:

    โ—Fui yo quien cometió yerros, no mi Dios. Fui yo quien forjó muchas de mis desgracias, no Él. Mis faltas fueron mías, y no del Altísimo.

    Alejóse entonces, aferrándose a su esperanza como quien protege la última centella en medio de una tempestad.

    โ—Mas Dios me defenderá cuando nadie lo haga. Dios me absolverá cuando nadie lo haga. Y Dios me perdonará, porque me ama.

    Se detuvo, volvió el rostro hacia el anciano y añadió con voz apacible:

    โ—Y os ama también a vos.

    Aquellas palabras atravesaron las murallas que años de rencor habían levantado en el corazón del viejo. Sus labios temblaron, sus rodillas flaquearon y, por vez primera en mucho tiempo, lágrimas silenciosas surcaron sus mejillas ajadas. Y allí quedó, bajo la noche inmensa, llorando no de tristeza, sino porque aún existía alguien que le hablaba de misericordia cuando él ya se había juzgado indigno de ella.
    Esperanza recuperada: Zelkova anduvo por un paraje incierto y yermo, semejante a una comarca olvidada por los siglos. Las sendas eran de tierra apisonada, y a lo lejos apenas se divisaban algunas matas y herbazales que quebrantaban la monotonía del erial. En su diestra sostenía un farol de menguada lumbre, cuya llama trémula rasgaba apenas el velo de las tinieblas. Mientras avanzaba por aquel derrotero silencioso, topóse con un anciano encorvado y macilento, de rostro surcado por arrugas tan hondas como barrancos. El viejo escupió al suelo con desdén y dijo: โ—‹Decidme, zagal, ¿adónde os encamináis con esa exigua luminaria? ¿No advertís que vuestra lucecilla nada puede contra esta lobreguez? El joven cura alzó el semblante y respondió con sosiego: โ—Hacia adelante marcho. Y no temo a la noche, pues el sol se alzará tras de mí como un padre que ampara a su hijo. El anciano prorrumpió en sonoras carcajadas. โ—‹Nada hallaréis allá. Ningún bien mora en esa dirección. Mas Zelkova replicó: โ—Dios se encargará de mostrarme el sendero. El viejo frunció el ceño. โ—‹¿Dios? No existe tal deidad. Y si existiere, os aguarda un destino de aflicción y desventura. Tal será la voluntad del dios que tanto veneráis. El cura guardó silencio un instante antes de preguntar: โ—¿Y por qué vos no lleváis luz alguna para orientaros en la oscuridad? El anciano bajó la vista hacia el polvo de la senda. โ—‹No preciso de ella. Mis ojos y mis pies bastan para moverme por estos parajes. Así lo quiso vuestro Señor. Nada bueno me concedió jamás. Zelkova observó al hombre con sincera compasión. โ—Extraña condición la del hombre. Culpa al cielo de sus pesares, mas jamás aparta la vista de la tierra. Dio algunos pasos y prosiguió: โ—Fui yo quien cometió yerros, no mi Dios. Fui yo quien forjó muchas de mis desgracias, no Él. Mis faltas fueron mías, y no del Altísimo. Alejóse entonces, aferrándose a su esperanza como quien protege la última centella en medio de una tempestad. โ—Mas Dios me defenderá cuando nadie lo haga. Dios me absolverá cuando nadie lo haga. Y Dios me perdonará, porque me ama. Se detuvo, volvió el rostro hacia el anciano y añadió con voz apacible: โ—Y os ama también a vos. Aquellas palabras atravesaron las murallas que años de rencor habían levantado en el corazón del viejo. Sus labios temblaron, sus rodillas flaquearon y, por vez primera en mucho tiempo, lágrimas silenciosas surcaron sus mejillas ajadas. Y allí quedó, bajo la noche inmensa, llorando no de tristeza, sino porque aún existía alguien que le hablaba de misericordia cuando él ya se había juzgado indigno de ella.
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  • -La noche habia caido hacia horas sobre la ciudad, cubriendo los edificios con un manto de sombras y luces dispersas. Desde uno de los Balcones mas altos, una figura permanecia apoyada contra la baranda de hierro forjado, observando el movimiento lejano de las calles, El viento agitaba suavemente su cabello negro mientras sus ojos dorados recorrian el horizonte con una tranquilidad totalmente inquietante-

    -Vestia impecablemente, como siempre. Cada detalle parecia calculado, desde la caida de su abrigo oscuro hasta la forma que sostenia una copa entre sus dedos. La imagen perfecta de un Caballero, y sin embargo.. Habia algo en el, que no encajaba. Algo que hacia que las personas se preguntaran si aquella sonrisa amable era genuina o simplemente otra de las muchas mascaras que utilizaba-

    "Curioso.." -Su voz rompio el silencio apenas por encima de un murmullo- "La Gente suele decir que los monstruos se enconden en la oscuridad." -Una sonrisa lenta aparecio en sus labios- "Pero la verdad es que los mas peligrosos aprenden a caminar bajo la luz."

    -Giro apenas el rostro, como si hubiera percibido una presencia cercana mucho antes de escucharla. Sus ojos dorados se encontraron con los de aquella persona desconocida (Quien este leyendo el rol, eres tu), no hubo sorpresa, tampoco incomodidad, solo una calma extraña-

    "Buenas noches."-Su voz era suave, Educada y Agradable- "Digame en que puedo ayudarle?"
    -La noche habia caido hacia horas sobre la ciudad, cubriendo los edificios con un manto de sombras y luces dispersas. Desde uno de los Balcones mas altos, una figura permanecia apoyada contra la baranda de hierro forjado, observando el movimiento lejano de las calles, El viento agitaba suavemente su cabello negro mientras sus ojos dorados recorrian el horizonte con una tranquilidad totalmente inquietante- -Vestia impecablemente, como siempre. Cada detalle parecia calculado, desde la caida de su abrigo oscuro hasta la forma que sostenia una copa entre sus dedos. La imagen perfecta de un Caballero, y sin embargo.. Habia algo en el, que no encajaba. Algo que hacia que las personas se preguntaran si aquella sonrisa amable era genuina o simplemente otra de las muchas mascaras que utilizaba- "Curioso.." -Su voz rompio el silencio apenas por encima de un murmullo- "La Gente suele decir que los monstruos se enconden en la oscuridad." -Una sonrisa lenta aparecio en sus labios- "Pero la verdad es que los mas peligrosos aprenden a caminar bajo la luz." -Giro apenas el rostro, como si hubiera percibido una presencia cercana mucho antes de escucharla. Sus ojos dorados se encontraron con los de aquella persona desconocida (Quien este leyendo el rol, eres tu), no hubo sorpresa, tampoco incomodidad, solo una calma extraña- "Buenas noches."-Su voz era suave, Educada y Agradable- "Digame en que puedo ayudarle?"
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  • [Durante la noche anterior cuando Gyuseki termino de trabajar puso su plan en marcha y en el horario de las 01:30am se dirigió a un puerto industrial donde los barcos se encargaban de comercializar cosas de gran valor]

    ×una vez en el lugar me oculte detrás de una pila de maderas para observar a cuatro miembros de la organización que vine a buscar, podía oírlos hablar desde ahi×

    Sujeto 1: oigan la última carga que nos llegó es sin duda muy valiosa, deben ser como 500 millones de tenés

    Sujeto 2: ¿¡Tanta cantidad!? Cielos no sabía que esas cosas daban tanto dinero

    Sujeto 3: pues son escamas de diferentes dragones, incluso vi escamas de oro ¿Puedes creerlo?

    Sujeto 4: oigan no hablen tan fuerte haber si el dragón ejecutor viene por nuestras cabezas

    Sujeto 1: jajajaja esa historia es más falsa que tus relaciones todos saben que ese dragón murió junto a su reina, seguramente fue algo como "su majestad no se preocupe la protegeré con mí vida" ¡Y no protegió un carajo! Jajaja

    ×sin dudarlo ni un solo segundo salí de mí escondite y moviéndome a la velocidad de un fuerte viento alcance por la espalda al primero de ellos dejándole clavados ambos cuchillos en el cuello, uno en cada lado y entonces los gire como si fueran una rueda para así arrancar su cabeza de lugar y está iría rodando hasta sus compañeros×

    Sujeto 2: ¿¡Que acabas de hacerle!? ¡Eres un desgraciado!

    ×todos empezaron a disparar siendo inútil al cubrirme con las escamas únicamente en las zonas donde iban a impactar las balas, me coloque en posición y volví a moverme a esa velocidad y cuando estuve delate del segundo di un salto junto a un giro para así encajarle un fuerte golpe con mí pierna izquierda en su cuello el cual se quebraria en el acto, el siguiente fue el tercero por el que fui acercándome a medida que esquivaba el resto de balas y al llegar hice aparecer escamas en los nudillos de mí puño para golpearlo con fuerza en las costillas de la derecha para así fracturarlas todas y mandarlo a volar contra un monton de madera×

    ya solo quedas tu ¿verdad? no voy a preguntar dónde está el hangar que busco ya lo encontraré yo mismo

    Sujeto 4: desquiciado.. los mataste a todos ¿¡quien se supone que eres!?

    ¿no es obvio? te lo diré, me llaman el ejecutor.

    ×al escuchar esto el último de ellos empezó a disparar todo el cartucho pero con los cuchillos bloquearía cada una de sus balas antes de lanzarme con rapidez y acabar con su vida no sin antes escuchar como este me llamaba monstruo con su último aliento×

    [después de ese enfrentamiento Gyuseki encontró el hangar que estaba buscando pero como era de esperarse quedó completamente rodeado de enemigos al entrar]

    que amables son al esperarme con tanta paciencia.. no me enorgullezco de lo que voy a hacerles pero obviamente me odiarán..

    ×todos ellos empezaron a atacarme utilizando armas de filo pero antes de que me alcanzaran sacaría mis alas para elevarme en el cielo y así formar una X con estás mismas×

    que sus almas descansen sin importan en donde les toque estar ¡Ventisca asesina!

    ×separaria mis alas hacia los lados con rapidez provocando un fuerte viento por el aleteo que los alcanzo a todos ellos y de la nada aparecieron cortes muy profundos en el cuerpo de cada uno provocándoles una muerte rápida, mientras tanto me encargaría de los pocos que quedaban y al terminar subí unas escaleras que me llevaron a una vieja oficina y antes de que pueda notar su presencia alguien colocaría una pistola cerca de mí frente×

    ???: déjame decir que tienes agallas chico muchas agallas.. vienes a mí puerto comercial y masacras a todos mis hombres haciéndote pasar por el difunto Ejecutor aunque nosotros los humanos le pusimos un apodo distinto.. El Juggernaut.

    me da igual que apodo hayan usado así como también me da igual si me crees o no cuando digo que soy el ejecutor.. creí haber podido dejar todo ese pasado atrás y vivir sin tener que asesinar a otros.. tengo pesadillas cada noche donde escucho los gritos de todos a los que hice sufrir.. pero en este momento sin duda puedo admitir que he regresado una vez más para cumplir mí último deber.. ¡Protegeré a ese niño! ¡se volverá el nuevo príncipe!

    ×ditia esto con una larga sonrisa en el rostro mientras me acercaba a el dejando que el cañón de su arma quede apoyado en mí frente×

    Ese pequeño va a ser la persona que lleve a nuestra raza hacia un nuevo destino ¡una vez más los dragones se levantaran!

    ???: ahora entiendo así que de eso se trata.. ¿buscas a ese mercenario? estás loco si crees que te diré algo

    no te preocupes con revisar los archivos de tu celular y computadora será suficiente.. ahora respóndeme algo, ¿disfrutas siendo un traficante de escamas? maldito asesino.

    ×aquel sujeto no tardo en soltar el disparo y esto provocó que su arma explotará debido a que en mí frente habían escamas que recibieron la bala haciéndola estallar dentro del cañón, sin embargo este no se quiso rendir y se lanzó a golpearme con su puño derecho pero simplemente me agache y con un corte rápido de mí cuchillo le abrí el vientre provocándole una muerte agonizante mientras me quedaba mirando como se retorcía en el suelo igual que un gusano×

    (me da igual a quien deba asesinar.. cumpliré mí objetivo y quizás después logré descansar en paz..)
    [Durante la noche anterior cuando Gyuseki termino de trabajar puso su plan en marcha y en el horario de las 01:30am se dirigió a un puerto industrial donde los barcos se encargaban de comercializar cosas de gran valor] ×una vez en el lugar me oculte detrás de una pila de maderas para observar a cuatro miembros de la organización que vine a buscar, podía oírlos hablar desde ahi× Sujeto 1: oigan la última carga que nos llegó es sin duda muy valiosa, deben ser como 500 millones de tenés Sujeto 2: ¿¡Tanta cantidad!? Cielos no sabía que esas cosas daban tanto dinero Sujeto 3: pues son escamas de diferentes dragones, incluso vi escamas de oro ¿Puedes creerlo? Sujeto 4: oigan no hablen tan fuerte haber si el dragón ejecutor viene por nuestras cabezas Sujeto 1: jajajaja esa historia es más falsa que tus relaciones todos saben que ese dragón murió junto a su reina, seguramente fue algo como "su majestad no se preocupe la protegeré con mí vida" ¡Y no protegió un carajo! Jajaja ×sin dudarlo ni un solo segundo salí de mí escondite y moviéndome a la velocidad de un fuerte viento alcance por la espalda al primero de ellos dejándole clavados ambos cuchillos en el cuello, uno en cada lado y entonces los gire como si fueran una rueda para así arrancar su cabeza de lugar y está iría rodando hasta sus compañeros× Sujeto 2: ¿¡Que acabas de hacerle!? ¡Eres un desgraciado! ×todos empezaron a disparar siendo inútil al cubrirme con las escamas únicamente en las zonas donde iban a impactar las balas, me coloque en posición y volví a moverme a esa velocidad y cuando estuve delate del segundo di un salto junto a un giro para así encajarle un fuerte golpe con mí pierna izquierda en su cuello el cual se quebraria en el acto, el siguiente fue el tercero por el que fui acercándome a medida que esquivaba el resto de balas y al llegar hice aparecer escamas en los nudillos de mí puño para golpearlo con fuerza en las costillas de la derecha para así fracturarlas todas y mandarlo a volar contra un monton de madera× ya solo quedas tu ¿verdad? no voy a preguntar dónde está el hangar que busco ya lo encontraré yo mismo Sujeto 4: desquiciado.. los mataste a todos ¿¡quien se supone que eres!? ¿no es obvio? te lo diré, me llaman el ejecutor. ×al escuchar esto el último de ellos empezó a disparar todo el cartucho pero con los cuchillos bloquearía cada una de sus balas antes de lanzarme con rapidez y acabar con su vida no sin antes escuchar como este me llamaba monstruo con su último aliento× [después de ese enfrentamiento Gyuseki encontró el hangar que estaba buscando pero como era de esperarse quedó completamente rodeado de enemigos al entrar] que amables son al esperarme con tanta paciencia.. no me enorgullezco de lo que voy a hacerles pero obviamente me odiarán.. ×todos ellos empezaron a atacarme utilizando armas de filo pero antes de que me alcanzaran sacaría mis alas para elevarme en el cielo y así formar una X con estás mismas× que sus almas descansen sin importan en donde les toque estar ¡Ventisca asesina! ×separaria mis alas hacia los lados con rapidez provocando un fuerte viento por el aleteo que los alcanzo a todos ellos y de la nada aparecieron cortes muy profundos en el cuerpo de cada uno provocándoles una muerte rápida, mientras tanto me encargaría de los pocos que quedaban y al terminar subí unas escaleras que me llevaron a una vieja oficina y antes de que pueda notar su presencia alguien colocaría una pistola cerca de mí frente× ???: déjame decir que tienes agallas chico muchas agallas.. vienes a mí puerto comercial y masacras a todos mis hombres haciéndote pasar por el difunto Ejecutor aunque nosotros los humanos le pusimos un apodo distinto.. El Juggernaut. me da igual que apodo hayan usado así como también me da igual si me crees o no cuando digo que soy el ejecutor.. creí haber podido dejar todo ese pasado atrás y vivir sin tener que asesinar a otros.. tengo pesadillas cada noche donde escucho los gritos de todos a los que hice sufrir.. pero en este momento sin duda puedo admitir que he regresado una vez más para cumplir mí último deber.. ¡Protegeré a ese niño! ¡se volverá el nuevo príncipe! ×ditia esto con una larga sonrisa en el rostro mientras me acercaba a el dejando que el cañón de su arma quede apoyado en mí frente× Ese pequeño va a ser la persona que lleve a nuestra raza hacia un nuevo destino ¡una vez más los dragones se levantaran! ???: ahora entiendo así que de eso se trata.. ¿buscas a ese mercenario? estás loco si crees que te diré algo no te preocupes con revisar los archivos de tu celular y computadora será suficiente.. ahora respóndeme algo, ¿disfrutas siendo un traficante de escamas? maldito asesino. ×aquel sujeto no tardo en soltar el disparo y esto provocó que su arma explotará debido a que en mí frente habían escamas que recibieron la bala haciéndola estallar dentro del cañón, sin embargo este no se quiso rendir y se lanzó a golpearme con su puño derecho pero simplemente me agache y con un corte rápido de mí cuchillo le abrí el vientre provocándole una muerte agonizante mientras me quedaba mirando como se retorcía en el suelo igual que un gusano× (me da igual a quien deba asesinar.. cumpliré mí objetivo y quizás después logré descansar en paz..)
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  • โ›‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ๐‘จ๐‘ผ: ๐‘ซ๐‘จ๐‘น๐‘ฒ ๐‘ญ๐‘จ๐‘ต๐‘ป๐‘จ๐‘บ๐’€/๐‘บ๐‘ถ๐‘ผ๐‘ณ๐‘บ๐‘ฉ๐‘ถ๐‘น๐‘ต๐‘ฌ



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ โ๐‘‚๐‘› ๐‘ก๐˜ฉ๐‘’ ๐‘“๐‘œ๐‘œ๐‘ก๐‘ ๐‘ก๐‘’๐‘๐‘  ๐‘ก๐˜ฉ๐‘Ž๐‘ก ๐‘ค๐‘’๐‘Ÿ๐‘’ ๐‘›๐‘’๐‘ฃ๐‘’๐‘Ÿ ๐‘“๐‘œ๐‘ข๐‘›๐‘‘โž

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    ‎โ› ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Los ancianos de Vargfjall contaban que los Vaeltaja no temían a la oscuridad. La conocían demasiado bien para desperdiciar el esfuerzo temiéndola.

    Cuando los caminos desaparecían bajo la nieve y las campanas de las aldeas dejaban de sonar una a una, aquellas figuras de hierro negro abandonaban sus fortalezas. No marchaban en grupos, tampoco llevaban estandartes, no pronunciaban juramentos antes de partir. Simplemente aparecían donde otros hombres se negaban a poner un pie. Una luz solitaria moviéndose entre la tormenta.

    Los niños se escondían al verlos pasar, los adultos bajaban la mirada; nadie celebraba su llegada, aunque todos dormían mejor cuando sabían que uno de ellos se encontraba cerca. Porque el mundo había aprendido una verdad incómoda de aceptar: los Vaeltaja siempre llegaban donde algo terrible estaba ocurriendo, y rara vez regresaban siendo los mismos.

    Entre todas las reliquias que portaban existía una especialmente extraña. Una lámpara alimentada por antiguos sellos cuya llama no producía calor ni humo. Su luz era pálida, un azul casi enfermizo, pero podía atravesar nieblas que apagaban cualquier antorcha. Los sacerdotes afirmaban que revelaba senderos ocultos. Los eruditos insistían en que se trataba de una forma olvidada de hechicería; pero los Vaeltaja nunca ofrecieron explicación alguna.

    ๐˜˜๐˜ถ๐˜ช๐˜ป๐˜ขฬ ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ญ๐˜ข ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ฅ ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ถ๐˜ญ๐˜ต๐˜ข๐˜ฃ๐˜ข ๐˜ฎ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฐ๐˜ด ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฏ๐˜ง๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ต๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ.

    Existe un relato de un joven caballero que preguntó por qué seguían cargando aquellas lámparas si la mayoría de ellos podía orientarse incluso en completa oscuridad. Su maestro observó el sello ardiendo durante un largo rato, en silencio. La luz danzaba lánguida sobre el hierro ennegrecido de sus guanteletes, reflejándose en las cicatrices que cruzaban sus manos.

    —๐‘ƒ๐‘œ๐‘Ÿ๐‘ž๐‘ข๐‘’ ๐‘›๐‘œ ๐‘ก๐‘œ๐‘‘๐‘Ž ๐‘œ๐‘ ๐‘๐‘ข๐‘Ÿ๐‘–๐‘‘๐‘Ž๐‘‘ ๐‘‘๐‘’๐‘ ๐‘’๐‘Ž ๐‘๐‘’๐‘Ÿ๐‘š๐‘Ž๐‘›๐‘’๐‘๐‘’๐‘Ÿ ๐‘๐‘’๐‘Ÿ๐‘‘๐‘–๐‘‘๐‘Ž —respondió el hombre.

    El joven creyó que se trataba de una metáfora. Los jóvenes suelen creer eso, y confunden sabiduría con poesía.

    Años después fue enviado más allá de los últimos caminos conocidos, a una región donde los bosques crecían sobre ciudades olvidadas y ruinas que se hundían lentamente bajo raíces negras. Allí encontró aldeas vacías, mesas preparadas para personas que jamás regresarían y cunas meciéndose en habitaciones donde no quedaba nadie a quien dormir.

    Cada noche escuchaba pasos detrás de él. Jamás delante, siempre atrás y a la misma distancia. Esperando.

    Intentó ignorarlos durante días. Luego durante semanas, y cuando finalmente reunió el valor para girarse, no encontró nada. Sólo árboles inmóviles y niebla. Sin embargo, al amanecer descubría huellas rodeando su campamento. Demasiado grandes para un hombre y demasiado humanas para una bestia.

    Y aún así continuó avanzando. Porque esa era la tragedia de los Vaeltaja; no eran héroes. Los héroes tienen la posibilidad de regresar. Ellos tenían la obligación de seguir caminando.

    Décadas más tarde volvió a Vargfjall. El cabello se había vuelto gris bajo el casco y la lámpara seguía ardiendo exactamente igual que el primer día. Los pocos hermanos que aún permanecían con vida preguntaron qué había encontrado en aquellas tierras. El hombre permaneció largo rato observando la llama, inmóvil.

    Luego respondió:

    —๐ฟ๐‘Ž ๐‘œ๐‘ ๐‘๐‘ข๐‘Ÿ๐‘–๐‘‘๐‘Ž๐‘‘ ๐‘›๐‘œ ๐‘ ๐‘–๐‘’๐‘š๐‘๐‘Ÿ๐‘’ ๐‘–๐‘›๐‘ก๐‘’๐‘›๐‘ก๐‘Ž ๐‘‘๐‘’๐‘ฃ๐‘œ๐‘Ÿ๐‘Ž๐‘Ÿ๐‘›๐‘œ๐‘ .

    Nadie habló. La lámpara continuó brillando entre sus manos.

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    Jamás explicó qué significaban aquellas palabras. Jamás volvió a abandonar la fortaleza. Y cuando murió, encontraron la lámpara todavía encendida junto a su cuerpo, aunque el sello que la alimentaba se había consumido hacía años. Desde entonces, cuando los viajeros ven una luz solitaria moviéndose entre los bosques durante la noche, procuran no seguirla.

    No por miedo al Vaeltaja, sino porque existe una vieja creencia en Vargfjall:

    ๐‘†๐‘– ๐‘ข๐‘›๐‘Ž ๐‘™๐‘ข๐‘ง ๐‘ ๐‘’ ๐‘‘๐‘’๐‘ก๐‘–๐‘’๐‘›๐‘’ ๐‘ฆ ๐‘Ž๐‘™๐‘”๐‘ข๐‘–๐‘’๐‘› ๐‘Ÿ๐‘’๐‘ ๐‘๐‘œ๐‘›๐‘‘๐‘’ ๐‘Ž ๐‘™๐‘œ๐‘  ๐‘๐‘Ž๐‘ ๐‘œ๐‘  ๐‘ž๐‘ข๐‘’ ๐‘™๐‘Ž ๐‘ ๐‘–๐‘”๐‘ข๐‘’๐‘›, ๐‘™๐‘Ž ๐‘œ๐‘ ๐‘๐‘ข๐‘Ÿ๐‘–๐‘‘๐‘Ž๐‘‘ ๐‘“๐‘–๐‘›๐‘Ž๐‘™๐‘š๐‘’๐‘›๐‘ก๐‘’ ๐‘Ÿ๐‘’๐‘๐‘œ๐‘Ÿ๐‘‘๐‘Ž๐‘Ÿ๐‘Žฬ ๐‘ž๐‘ข๐‘’ ๐‘™๐‘™๐‘’๐‘ฃ๐‘Ž ๐‘ ๐‘–๐‘”๐‘™๐‘œ๐‘  ๐‘๐‘Ž๐‘š๐‘–๐‘›๐‘Ž๐‘›๐‘‘๐‘œ ๐‘ ๐‘œ๐‘™๐‘Ž. ๐‘Œ ๐‘Ž๐‘™๐‘”๐‘ข๐‘›๐‘Ž๐‘  ๐‘๐‘œ๐‘ ๐‘Ž๐‘ , ๐‘๐‘ข๐‘Ž๐‘›๐‘‘๐‘œ ๐‘‘๐‘’๐‘—๐‘Ž๐‘› ๐‘‘๐‘’ ๐‘’๐‘ ๐‘ก๐‘Ž๐‘Ÿ ๐‘ ๐‘œ๐‘™๐‘Ž๐‘ , ๐‘ฆ๐‘Ž ๐‘›๐‘œ ๐‘‘๐‘’๐‘ ๐‘’๐‘Ž๐‘› ๐‘ฃ๐‘œ๐‘™๐‘ฃ๐‘’๐‘Ÿ ๐‘Ž ๐‘๐‘’๐‘Ÿ๐‘‘๐‘’๐‘Ÿ๐‘ ๐‘’.


    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ แ›‹แšขแ›˜แ›แ›ฆ แ›‹แ›…แšดแ›แ›… แ›…แ› แšผแ›…แšพ แš แ›…แšพ แ›‹แšดแšขแšดแ›… แ›‹แ›แšพ
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    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎โ๐˜š๐˜ฐ๐˜ฎ๐˜ฆ ๐˜ด๐˜ข๐˜บ ๐˜ฉ๐˜ฆ ๐˜ง๐˜ฐ๐˜ถ๐˜ฏ๐˜ฅ ๐˜ฉ๐˜ช๐˜ด ๐˜ด๐˜ฉ๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ๐˜ธ. ๐˜–๐˜ต๐˜ฉ๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ด ๐˜ด๐˜ข๐˜บ ๐˜ต๐˜ฉ๐˜ฆ ๐˜ด๐˜ฉ๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ๐˜ธ ๐˜ง๐˜ฐ๐˜ถ๐˜ฏ๐˜ฅ ๐˜ฉ๐˜ช๐˜ฎ ๐˜ง๐˜ช๐˜ณ๐˜ด๐˜ตโž



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ แšฆแ›ฆ


    ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎โ›‎ ‎ https://youtu.be/bLVJ5SdGCes โœ
    โ›‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ๐‘จ๐‘ผ: ๐‘ซ๐‘จ๐‘น๐‘ฒ ๐‘ญ๐‘จ๐‘ต๐‘ป๐‘จ๐‘บ๐’€/๐‘บ๐‘ถ๐‘ผ๐‘ณ๐‘บ๐‘ฉ๐‘ถ๐‘น๐‘ต๐‘ฌ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ โ๐‘‚๐‘› ๐‘ก๐˜ฉ๐‘’ ๐‘“๐‘œ๐‘œ๐‘ก๐‘ ๐‘ก๐‘’๐‘๐‘  ๐‘ก๐˜ฉ๐‘Ž๐‘ก ๐‘ค๐‘’๐‘Ÿ๐‘’ ๐‘›๐‘’๐‘ฃ๐‘’๐‘Ÿ ๐‘“๐‘œ๐‘ข๐‘›๐‘‘โž ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎โ› ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Los ancianos de Vargfjall contaban que los Vaeltaja no temían a la oscuridad. La conocían demasiado bien para desperdiciar el esfuerzo temiéndola. Cuando los caminos desaparecían bajo la nieve y las campanas de las aldeas dejaban de sonar una a una, aquellas figuras de hierro negro abandonaban sus fortalezas. No marchaban en grupos, tampoco llevaban estandartes, no pronunciaban juramentos antes de partir. Simplemente aparecían donde otros hombres se negaban a poner un pie. Una luz solitaria moviéndose entre la tormenta. Los niños se escondían al verlos pasar, los adultos bajaban la mirada; nadie celebraba su llegada, aunque todos dormían mejor cuando sabían que uno de ellos se encontraba cerca. Porque el mundo había aprendido una verdad incómoda de aceptar: los Vaeltaja siempre llegaban donde algo terrible estaba ocurriendo, y rara vez regresaban siendo los mismos. Entre todas las reliquias que portaban existía una especialmente extraña. Una lámpara alimentada por antiguos sellos cuya llama no producía calor ni humo. Su luz era pálida, un azul casi enfermizo, pero podía atravesar nieblas que apagaban cualquier antorcha. Los sacerdotes afirmaban que revelaba senderos ocultos. Los eruditos insistían en que se trataba de una forma olvidada de hechicería; pero los Vaeltaja nunca ofrecieron explicación alguna. ๐˜˜๐˜ถ๐˜ช๐˜ป๐˜ขฬ ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ญ๐˜ข ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ฅ ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ถ๐˜ญ๐˜ต๐˜ข๐˜ฃ๐˜ข ๐˜ฎ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฐ๐˜ด ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฏ๐˜ง๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ต๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ. 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Allí encontró aldeas vacías, mesas preparadas para personas que jamás regresarían y cunas meciéndose en habitaciones donde no quedaba nadie a quien dormir. Cada noche escuchaba pasos detrás de él. Jamás delante, siempre atrás y a la misma distancia. Esperando. Intentó ignorarlos durante días. Luego durante semanas, y cuando finalmente reunió el valor para girarse, no encontró nada. Sólo árboles inmóviles y niebla. Sin embargo, al amanecer descubría huellas rodeando su campamento. Demasiado grandes para un hombre y demasiado humanas para una bestia. Y aún así continuó avanzando. Porque esa era la tragedia de los Vaeltaja; no eran héroes. Los héroes tienen la posibilidad de regresar. Ellos tenían la obligación de seguir caminando. Décadas más tarde volvió a Vargfjall. El cabello se había vuelto gris bajo el casco y la lámpara seguía ardiendo exactamente igual que el primer día. Los pocos hermanos que aún permanecían con vida preguntaron qué había encontrado en aquellas tierras. 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