• No tengo mucha paciencia ahora mismo, así que será mejor que respondas a lo que te voy a preguntar.
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  • No te lo volveré a preguntar...Dime....El número de tus aliados y en dónde están!
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  • ᆖ 𝚎𝚗𝚝𝚛𝚢 𝟶𝟶𝟸 : 𝚌𝚊𝚙𝚝𝚒𝚟𝚒𝚝𝚢, 𝚙𝚊𝚛𝚝 𝟶𝟷 . . .

    — Aplastada desde todas direcciones con la presión de un sufrimiento inimaginable, la mente humana se rompe, implosiona. Las voces se callan, las identidades se borran, y sus rostros, que antes mostraban vida, ahora son máscaras que emulan lo que alguna vez fueron.

    La X-entelequia, la muerte del potencial humano, colapsando sobre sus propios cimientos.

    No parece haber mucha diferencia entre nosotros. Como una máquina que se corrompe cuando su sistema se daña, es normal preguntarse qué tan distintos somos. Es normal soñar con una resolucion en la que la mente humana pudiese ser formateada y reemplazada.

    . . .

    Pero ellos no son reemplazables.
    ᆖ 𝚎𝚗𝚝𝚛𝚢 𝟶𝟶𝟸 : 𝚌𝚊𝚙𝚝𝚒𝚟𝚒𝚝𝚢, 𝚙𝚊𝚛𝚝 𝟶𝟷 . . . — Aplastada desde todas direcciones con la presión de un sufrimiento inimaginable, la mente humana se rompe, implosiona. Las voces se callan, las identidades se borran, y sus rostros, que antes mostraban vida, ahora son máscaras que emulan lo que alguna vez fueron. La X-entelequia, la muerte del potencial humano, colapsando sobre sus propios cimientos. No parece haber mucha diferencia entre nosotros. Como una máquina que se corrompe cuando su sistema se daña, es normal preguntarse qué tan distintos somos. Es normal soñar con una resolucion en la que la mente humana pudiese ser formateada y reemplazada. . . . Pero ellos no son reemplazables.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    ****Lo que se oculta en la oscuridad.****
    (Cuarta Edad)

    El silencio del pueblo maldito aún pesaba en el aire, las sombras seguían corriendo…
    aunque sus dueños jamás volverían a moverse.

    Oz permaneció allí unos instantes más, observando lo que había hecho y entonces lo sintió, por primera vez desde que había tomado aquel cuerpo… su poder fluía sin restricciones. Era una sensación antigua, familiar y sin embargo… casi olvidada.

    Durante todo ese tiempo junto a Selin, Oz había vivido limitado. no por incapacidad… sino por elección. Sabía que ese cuerpo tenía un propósito y un final. Cuando Selin muriera por el paso del tiempo, él también dejaría morir ese cuerpo, no quería ser eterno en un mundo donde ella no lo sería.

    Oz habia planeado que regresaría a su estado original, sin dolor, sin pérdida, sin tener que ver morir a sus hijas. Ese había sido el plan pero ese futuro ya no existía. El poder siguió creciendo dentro de él, era demasiado. Oz comprendió rápidamente que su cuerpo no podría soportarlo por mucho tiempo, así que hizo lo único que sabía hacer, adaptarse, de todas formas no seria su primera vez. Su forma cambió, la piel se tensó, su estructura se volvió más densa… más salvaje, más cercana a lo que realmente era.

    No era una transformación elegante, simplemente era necesaria. Luego de enterrar a Selin salio del pueblo ahora ya sin mirar atrás, tenía un destino en mente, los templos de los Elunai.

    Cuando llegó a uno de ellos, algo le resultó extraño, el poder que habitaba ese lugar… había cambiado, Selin siempre hablaba de esa energía como algo sagrado, como algo puro, pero lo que Oz sentía ahora no tenía nada de eso, era un poder corrompido, denso, doloroso, casi enfermo.

    Oz no entendía el concepto de lo “sagrado” pero sí entendía el poder y eso… no era lo mismo. Aun así, entró, el templo estaba vacío, demasiado para su gusto. Tras explorar, encontró un pasaje oculto que descendía hacia las profundidades.
    Allí, bajo la estructura divina había celdas y guardianes, no eran guerreros, sino carceleros.

    Oz no dudó, los eliminó sin esfuerzo, ni siquiera fue una pelea, simplemente era como aplastar cucarachas pero entonces lo escuchó, era un llanto, na niña. Por un instante el mundo se detuvo, su mente no pensó, su poder no reaccionó, solo quedó una idea: Yen’naferiel.

    Corrió sin medir, sin sentir, solo con una pequña luz de esperanza, pero al abrir la celda no encontró a su hija. Era otra niña de piel verde, de la raza que los Elunai despreciaban, los llamados nómadas.

    A su alrededor, había cuerpos sin vida, otros niños, Oz la observó en silencio. La niña temblab pero seguía viva.

    Cuando la liberó, ella lo miró con ojos llenos de miedoy gratitud. -Me llamo… Onix…- Comento la niña pero Oz no respondió, no le importaba, no era quien buscaba.

    -Vete- Le dijo con frialdad. -Voy a destruir este lugar.-

    La niña no se movió al principio pero Oz ya se había dado la vuelta, el templo comenzo a ardió luego que ambos salieron, las llamas consumieron todo rastro de aquel poder corrupto Y aun asi, cuando Oz se alejo, la niña lo siguió en silencio, pero Oz no la detuvo, ni siquiera le importó, su mente estaba en otro lugar, en alguien más...

    Arcyelle Veltharys, la maestra de Selin, la mujer que la formó y que decia ser como su madre, pero aun asi no hizo nada. Si alguien sabía la verdad, era ella y esta vez, Oz no iba a preguntar con paciencia, no iba a fingir ser algo que no era. La haría hablar y si no lo hacía… Moriría.
    ****Lo que se oculta en la oscuridad.**** (Cuarta Edad) El silencio del pueblo maldito aún pesaba en el aire, las sombras seguían corriendo… aunque sus dueños jamás volverían a moverse. Oz permaneció allí unos instantes más, observando lo que había hecho y entonces lo sintió, por primera vez desde que había tomado aquel cuerpo… su poder fluía sin restricciones. Era una sensación antigua, familiar y sin embargo… casi olvidada. Durante todo ese tiempo junto a Selin, Oz había vivido limitado. no por incapacidad… sino por elección. Sabía que ese cuerpo tenía un propósito y un final. Cuando Selin muriera por el paso del tiempo, él también dejaría morir ese cuerpo, no quería ser eterno en un mundo donde ella no lo sería. Oz habia planeado que regresaría a su estado original, sin dolor, sin pérdida, sin tener que ver morir a sus hijas. Ese había sido el plan pero ese futuro ya no existía. El poder siguió creciendo dentro de él, era demasiado. Oz comprendió rápidamente que su cuerpo no podría soportarlo por mucho tiempo, así que hizo lo único que sabía hacer, adaptarse, de todas formas no seria su primera vez. Su forma cambió, la piel se tensó, su estructura se volvió más densa… más salvaje, más cercana a lo que realmente era. No era una transformación elegante, simplemente era necesaria. Luego de enterrar a Selin salio del pueblo ahora ya sin mirar atrás, tenía un destino en mente, los templos de los Elunai. Cuando llegó a uno de ellos, algo le resultó extraño, el poder que habitaba ese lugar… había cambiado, Selin siempre hablaba de esa energía como algo sagrado, como algo puro, pero lo que Oz sentía ahora no tenía nada de eso, era un poder corrompido, denso, doloroso, casi enfermo. Oz no entendía el concepto de lo “sagrado” pero sí entendía el poder y eso… no era lo mismo. Aun así, entró, el templo estaba vacío, demasiado para su gusto. Tras explorar, encontró un pasaje oculto que descendía hacia las profundidades. Allí, bajo la estructura divina había celdas y guardianes, no eran guerreros, sino carceleros. Oz no dudó, los eliminó sin esfuerzo, ni siquiera fue una pelea, simplemente era como aplastar cucarachas pero entonces lo escuchó, era un llanto, na niña. Por un instante el mundo se detuvo, su mente no pensó, su poder no reaccionó, solo quedó una idea: Yen’naferiel. Corrió sin medir, sin sentir, solo con una pequña luz de esperanza, pero al abrir la celda no encontró a su hija. Era otra niña de piel verde, de la raza que los Elunai despreciaban, los llamados nómadas. A su alrededor, había cuerpos sin vida, otros niños, Oz la observó en silencio. La niña temblab pero seguía viva. Cuando la liberó, ella lo miró con ojos llenos de miedoy gratitud. -Me llamo… Onix…- Comento la niña pero Oz no respondió, no le importaba, no era quien buscaba. -Vete- Le dijo con frialdad. -Voy a destruir este lugar.- La niña no se movió al principio pero Oz ya se había dado la vuelta, el templo comenzo a ardió luego que ambos salieron, las llamas consumieron todo rastro de aquel poder corrupto Y aun asi, cuando Oz se alejo, la niña lo siguió en silencio, pero Oz no la detuvo, ni siquiera le importó, su mente estaba en otro lugar, en alguien más... Arcyelle Veltharys, la maestra de Selin, la mujer que la formó y que decia ser como su madre, pero aun asi no hizo nada. Si alguien sabía la verdad, era ella y esta vez, Oz no iba a preguntar con paciencia, no iba a fingir ser algo que no era. La haría hablar y si no lo hacía… Moriría.
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  • ¿Qué sucede? Te veo algo cansada ¿Todo bien?

    -Preguntaría el hombre inglés que había llegado recién a Metrópolis por una misión y había notado a la kryptoniana sentada en aquella banqueta por lo que decide sentarse por igual.-

    ᴬⁿⁱˡˡᵒ Superchica ᔆᵗᵃʳ ᔆᵃᵖᵖʰⁱʳᵉ
    ¿Qué sucede? Te veo algo cansada ¿Todo bien? -Preguntaría el hombre inglés que había llegado recién a Metrópolis por una misión y había notado a la kryptoniana sentada en aquella banqueta por lo que decide sentarse por igual.- [An0uk]
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  • Si me preguntaran como describiría a V la primera vez que lo conocí, diría que me parecía un personaje de Visual Kei. Ésta banda definitivamente me recuerdan a él.

    https://youtu.be/ESrQoIEsdqg?si=4bd04ZW2IcLprRJ0
    Si me preguntaran como describiría a V la primera vez que lo conocí, diría que me parecía un personaje de Visual Kei. Ésta banda definitivamente me recuerdan a él. https://youtu.be/ESrQoIEsdqg?si=4bd04ZW2IcLprRJ0
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  • *Dicen por ahí que las promesas hay que cumplirlas. Había Sido una semana complicada y no lograba planear con claridad aquella promesa que le hice a mi buena amiga [Dragon_Blood] aquel día que me acompañó a mirar las estrellas.

    Ambos tenemos sangre dracónica en las venas y por el legado de nuestra especie prometí que si encontraba algún lugar que fuese interesante la invitaría, sin embargo, no sabía qué tipo de lugares serían de su agrado, así que opté por proponerle ir a aquellas tierras donde dicen las leyendas, los Dragones primordiales nacían para que también ella pudiera conocer el origen de ambos antepasados. Aquel plano existencial tenía vistas preciosas y un paisaje único donde se podían ver 5 soles de distintos colores.

    Pero.....¿Sería un buen panorama? ¿Frecuentará ella este tipo de lugares? Tal vez no sea de su agrado, Tal vez ni siquiera sería algo novedoso, o interesante, tal vez se termine aburriendo, como si la invitase una especie de "nerd" que va a museos y hace cosas que puedan parecer 'ñoñas'.

    Muy pocas veces he invitado a nadie a ningún lado y la poca sociabilidad que manejo hacía esta, una labor bastante difícil para mí, juntando primero el valor para poder invitarla, a la vez que me planteaba dichas preguntas.

    Finalmente decidí preguntarle directamente si le apetece dicho plan, o quizás tenga alguna propuesta mejor. Si le llegase a gustar la idea bien, pero si ya de plano rechaza el plan, no pasa nada y tan amigos como siempre. Así que dependiendo de su respuesta veremos si se lleva a cabo esta salida o no.*
    *Dicen por ahí que las promesas hay que cumplirlas. Había Sido una semana complicada y no lograba planear con claridad aquella promesa que le hice a mi buena amiga [Dragon_Blood] aquel día que me acompañó a mirar las estrellas. Ambos tenemos sangre dracónica en las venas y por el legado de nuestra especie prometí que si encontraba algún lugar que fuese interesante la invitaría, sin embargo, no sabía qué tipo de lugares serían de su agrado, así que opté por proponerle ir a aquellas tierras donde dicen las leyendas, los Dragones primordiales nacían para que también ella pudiera conocer el origen de ambos antepasados. Aquel plano existencial tenía vistas preciosas y un paisaje único donde se podían ver 5 soles de distintos colores. Pero.....¿Sería un buen panorama? ¿Frecuentará ella este tipo de lugares? Tal vez no sea de su agrado, Tal vez ni siquiera sería algo novedoso, o interesante, tal vez se termine aburriendo, como si la invitase una especie de "nerd" que va a museos y hace cosas que puedan parecer 'ñoñas'. Muy pocas veces he invitado a nadie a ningún lado y la poca sociabilidad que manejo hacía esta, una labor bastante difícil para mí, juntando primero el valor para poder invitarla, a la vez que me planteaba dichas preguntas. Finalmente decidí preguntarle directamente si le apetece dicho plan, o quizás tenga alguna propuesta mejor. Si le llegase a gustar la idea bien, pero si ya de plano rechaza el plan, no pasa nada y tan amigos como siempre. Así que dependiendo de su respuesta veremos si se lleva a cabo esta salida o no.*
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  • Cuentan (aunque nadie se atreve a preguntarle)que hubo un tiempo en que Hakuja no conocía el miedo. La serpiente blanca no albergaba malicia en su corazón; era antigua, sí, pero no cruel, después de todo había visto siglos pasar.

    Aquella noche, la lluvia caía con una insistencia casi dolorosa cuando lo encontró: un humano herido, apenas consciente, abandonado a su suerte; Hakuja no dudó y enroscó su cuerpo alrededor de él, no para aprisionarlo sino para protegerlo del frío, cubríendo su respiración como si fuera un tesoro. Lo cuidó hasta que el humano despertó y sus ojos se encontraron: los de ella, grandes y translúcidos, llenos de una calma imposible; los de él… llenos de intención, porque donde Hakuja veía vida, él vio oportunidad.

    Esperó lo suficiente, paciente en su miseria, hasta que el cansancio venció a la criatura que nunca aprendió a desconfiar, y cuando Hakuja cerró los ojos, el humano mostró lo que realmente era: con manos torpes, movidas por codicia y miedo, desgarró su párpado sin honor ni duelo, solo violencia cruda, y arrancó uno de sus ojos como si fuera un objeto, no parte de un ser que sentía; el bosque entero guardó silencio, con horror.

    Hakuja despertó con un grito que no pertenecía a este mundo… pero no atacó, no lo persiguió, no buscó venganza ni reclamó lo que era suyo; solo lloró, y sus lágrimas, pesadas marcaban la tierra como si el suelo mismo recordara su dolor, porque lo que realmente se rompió no fue su cuerpo sino su creencia: había pensado que si era buena, el mundo lo sería también, y esa idea fue lo que la destruyó por dentro.

    Dicen que sus sollozos viajaron tan lejos que incluso un dios los escuchó, uno cruel, cansado del ruido del mundo; descendió no por compasión, sino por curiosidad, y lo que encontró lo detuvo: una criatura poderosa, rota no por debilidad, sino por haber creído demasiado.

    Sin palabras, el dios se acercó, al tocarla, cerró la herida y devolvió el ojo a su lugar; entonces Hakuja alzó la mirada, y por primera vez en su larga existencia no había fe en ella… solo silencio.

    Desde entonces sigue vagando, noble y gentil pero aun con el dolor de no comprender qué hizo para merecer aquel ataque.
    Cuentan (aunque nadie se atreve a preguntarle)que hubo un tiempo en que Hakuja no conocía el miedo. La serpiente blanca no albergaba malicia en su corazón; era antigua, sí, pero no cruel, después de todo había visto siglos pasar. Aquella noche, la lluvia caía con una insistencia casi dolorosa cuando lo encontró: un humano herido, apenas consciente, abandonado a su suerte; Hakuja no dudó y enroscó su cuerpo alrededor de él, no para aprisionarlo sino para protegerlo del frío, cubríendo su respiración como si fuera un tesoro. Lo cuidó hasta que el humano despertó y sus ojos se encontraron: los de ella, grandes y translúcidos, llenos de una calma imposible; los de él… llenos de intención, porque donde Hakuja veía vida, él vio oportunidad. Esperó lo suficiente, paciente en su miseria, hasta que el cansancio venció a la criatura que nunca aprendió a desconfiar, y cuando Hakuja cerró los ojos, el humano mostró lo que realmente era: con manos torpes, movidas por codicia y miedo, desgarró su párpado sin honor ni duelo, solo violencia cruda, y arrancó uno de sus ojos como si fuera un objeto, no parte de un ser que sentía; el bosque entero guardó silencio, con horror. Hakuja despertó con un grito que no pertenecía a este mundo… pero no atacó, no lo persiguió, no buscó venganza ni reclamó lo que era suyo; solo lloró, y sus lágrimas, pesadas marcaban la tierra como si el suelo mismo recordara su dolor, porque lo que realmente se rompió no fue su cuerpo sino su creencia: había pensado que si era buena, el mundo lo sería también, y esa idea fue lo que la destruyó por dentro. Dicen que sus sollozos viajaron tan lejos que incluso un dios los escuchó, uno cruel, cansado del ruido del mundo; descendió no por compasión, sino por curiosidad, y lo que encontró lo detuvo: una criatura poderosa, rota no por debilidad, sino por haber creído demasiado. Sin palabras, el dios se acercó, al tocarla, cerró la herida y devolvió el ojo a su lugar; entonces Hakuja alzó la mirada, y por primera vez en su larga existencia no había fe en ella… solo silencio. Desde entonces sigue vagando, noble y gentil pero aun con el dolor de no comprender qué hizo para merecer aquel ataque.
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  • —¿Me dejas pintarte? Prometo que no voy a usar tu imagen para rituales oscuros... —detras de ella, Dread, uno de sus tentáculos, se agitó como villano de película, hizo poses de "mwahaha" y movimientos que claramente insinuaban lo contrario— ...O bueno, no sin preguntar antes.
    —¿Me dejas pintarte? Prometo que no voy a usar tu imagen para rituales oscuros... —detras de ella, Dread, uno de sus tentáculos, se agitó como villano de película, hizo poses de "mwahaha" y movimientos que claramente insinuaban lo contrario— ...O bueno, no sin preguntar antes.
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  • -La noche caía sobre la ciudad con esa calma engañosa que tienen las madrugadas, cuando casi todo el mundo ya se ha ido a dormir y solo quedan las luces lejanas y el murmullo distante de los autos que pasan por las avenidas. El balcón del bar estaba iluminado apenas por una lámpara tenue colgada en la pared, lo suficiente para dibujar sombras largas sobre el suelo de madera. Ryuji se apoyaba en la barandilla con los brazos cruzados, mirando la ciudad como si estuviera leyendo algo escrito en el horizonte. Su expresión era tranquila, casi indiferente, pero en sus ojos había ese cansancio que solo deja el tiempo.

    Por unos segundos no dijo nada. Solo dejó que el silencio se asentara entre ambos, como si estuviera esperando que el viento terminara de llevarse algo que ya no valía la pena conservar. Luego dejó escapar un pequeño suspiro, sin dramatismo, sin rabia… más parecido al gesto de alguien que ya entendió algo hace mucho tiempo. Sus ojos rojos se movieron apenas hacia ella, y entonces habló con esa calma que tenía cuando decía algo que consideraba simple-

    Las palabras son curiosas…

    -Murmuró finalmente, su voz baja pero clara en la quietud del balcón-

    pueden sonar sinceras mientras se dicen, pero pierden todo valor cuando cualquiera puede escucharlas.

    -Se enderezó un poco, apoyando ahora las manos sobre la barandilla mientras observaba la calle varios pisos más abajo. Durante un momento pareció que estaba recordando algo lejano, algo que ya no dolía, pero tampoco había sido fácil de aprender. Cuando volvió a hablar, su tono seguía siendo tranquilo, casi didáctico, como si no estuviera juzgando a nadie, solo explicando una verdad sencilla-

    La gente suele pensar que lo importante es lo que alguien dice… pero con el tiempo te das cuenta de que lo único que realmente importa es a quién decide decírselo… y a cuántos más se lo ha dicho antes.

    -Finalmente giró un poco el rostro hacia ella, lo suficiente para mirarla directamente, aunque su expresión seguía siendo calmada. No había reproche en su mirada, ni enojo… solo la serenidad de alguien que ya había aprendido esa lección mucho antes-

    Así que no te preocupes demasiado por las palabras bonitas

    -Añadió con una ligera inclinación de cabeza-

    Si realmente significan algo, nunca vas a tener que preguntarte si eran solo para ti.
    -La noche caía sobre la ciudad con esa calma engañosa que tienen las madrugadas, cuando casi todo el mundo ya se ha ido a dormir y solo quedan las luces lejanas y el murmullo distante de los autos que pasan por las avenidas. El balcón del bar estaba iluminado apenas por una lámpara tenue colgada en la pared, lo suficiente para dibujar sombras largas sobre el suelo de madera. Ryuji se apoyaba en la barandilla con los brazos cruzados, mirando la ciudad como si estuviera leyendo algo escrito en el horizonte. Su expresión era tranquila, casi indiferente, pero en sus ojos había ese cansancio que solo deja el tiempo. Por unos segundos no dijo nada. Solo dejó que el silencio se asentara entre ambos, como si estuviera esperando que el viento terminara de llevarse algo que ya no valía la pena conservar. Luego dejó escapar un pequeño suspiro, sin dramatismo, sin rabia… más parecido al gesto de alguien que ya entendió algo hace mucho tiempo. Sus ojos rojos se movieron apenas hacia ella, y entonces habló con esa calma que tenía cuando decía algo que consideraba simple- Las palabras son curiosas… -Murmuró finalmente, su voz baja pero clara en la quietud del balcón- pueden sonar sinceras mientras se dicen, pero pierden todo valor cuando cualquiera puede escucharlas. -Se enderezó un poco, apoyando ahora las manos sobre la barandilla mientras observaba la calle varios pisos más abajo. Durante un momento pareció que estaba recordando algo lejano, algo que ya no dolía, pero tampoco había sido fácil de aprender. Cuando volvió a hablar, su tono seguía siendo tranquilo, casi didáctico, como si no estuviera juzgando a nadie, solo explicando una verdad sencilla- La gente suele pensar que lo importante es lo que alguien dice… pero con el tiempo te das cuenta de que lo único que realmente importa es a quién decide decírselo… y a cuántos más se lo ha dicho antes. -Finalmente giró un poco el rostro hacia ella, lo suficiente para mirarla directamente, aunque su expresión seguía siendo calmada. No había reproche en su mirada, ni enojo… solo la serenidad de alguien que ya había aprendido esa lección mucho antes- Así que no te preocupes demasiado por las palabras bonitas -Añadió con una ligera inclinación de cabeza- Si realmente significan algo, nunca vas a tener que preguntarte si eran solo para ti.
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